Bueno aquí el segundo capi. Para quien no entendió que paso entre Amun y ella, aquí se explica eso. No parecerá muy relevante pero dice porqué Arthur es tan sobreprotector con su hermana menor, o al menos una razón de eso.

Como saben, solo algunos personajes me pertenecen (Arthur, Nikolai, la guardia egipcia) y la trama es mía por completo. lo hago sin fines de lucro y blablabla.

Sin más parloteo inútil, el segundo capi.

Amun's POV

El avión de Carlisle llegó a las nueve en punto de la noche a El Cairo, nuestro punto de encuentro. Yo esperaba fuera del aeropuerto, no quería sentir el aroma de los humanos tan concentrado, no me agradaba.

Apenas vi a mi amigo salir por las puertas del aeropuerto, me asombré enormemente. Yo creía que él vendría solo, pues no sabía que tenía un clan. Detrás de él venían seis vampiros más. Uno enorme y musculoso, uno rubio más bajo y menos musculoso que el primero, y otro de pelo cobrizo, alto y delgado, no tan musculoso como los otros dos. Una de las chicas era alta y rubia, con un cuerpo de infarto, también una con el cabello castaño algo más baja, y finalmente una chica bastante baja, con el cabello negro y corto, las puntas apuntando hacia fuera.

Al frente de todos ellos venía mi amigo, tal y como lo recordaba. Alto y delgado, con el cabello rubio platinado peinado hacia atrás, dándole un aire formal pero juvenil, y sus ojos dorados cálidos y pacíficos.

El saludo fue igual de efusivo por ambas partes. Noté que su clan se veía desconfiado y receloso. Me los presentó alegremente. A juzgar por las expresiones de su clan, no era común que riera y sonriera tanto. Yo sabía que él era alegre, pero nunca lo había visto tan feliz.

Tomamos un autobús hasta las afueras de la ciudad a pesar de las quejas de Rosalie, la rubia. Desde ahí corrimos al campamento. Desde que transformé a Benjamín, hará cosa de un siglo, montábamos una pequeña tienda cada cierto tiempo, y nos quedábamos ahí por otro tanto. Era costumbre.

Llegamos y salieron de las tiendas. Ahora que éramos cuatro, cada uno con su pareja, montábamos dos tiendas separadas para que cada pareja tuviera toda la intimidad posible teniendo vampiros al lado. Generalmente Benjamín se encargaba de ello.

El clan de Carlisle se mostraba ahora más abierto. Hicieron buenas migas con Benjamín y Tia. El único que se veía desconfiado era Jasper, pero no era de extrañarse considerando que peleó en las guerras del sur de México.

Emmett y Benjamín compitieron durante un rato, hasta que nos arrojaron arena y los obligamos a detenerse.

Para cuando nos dimos cuenta ya era mediodía. El brillo del sol nos cegó momentáneamente. Entonces sentí que algo iba mal, una sensación que no había tenido en casi trescientos años.

- Tengo un mal presentimiento – musitó Alice.

- ¿Desde cuándo tienes presentimientos? – se burló Emmett. Era obvio que preguntara eso considerando que la pixie era una vidente.

- Desde que bloqueé mis visiones… - comenzó ella molesta.

- Algo no está bien – la cortó Edward, antes de que la discusión se hiciera más fuerte -. Yo también lo siento, algo se acerca… - así que él también lo había notado…

- Instinto de supervivencia – comenté tristemente recordando la sensación -. Sé quienes vienen, y créanme que no servirá de nada correr – cómo olvidar a esas ratas…

- Me alegra que nos recuerdes, Amun – dijo una voz escalofriantemente conocida.

Volteé y noté vagamente que los demás hacían lo mismo. Ahora mi atención estaba centrada en la pequeña figura de capa dorada que era rodeada por sus diez matones principales, tal como la última vez que le vi.

- ¿Qué quieres? – solté furioso adelantándome.

- Oh, vamos. Ni que fuera tan terrible – rió. Era una… maldita perra, hipócrita y sádica como ningún otro ser que hubiera conocido antes fuera de él -. Además, no tenemos porqué venir a hacer algo malo, ¿no? – bufé molesto.

- Sí cómo no. Ya suficiente daño me hiciste matando a todo mi clan como para que ahora vengas fingiendo que nada pasó – gruñí. Estaba tan molesto que me importaba un comino revelar mi pasado más prohibido.

- Tienes razón – replicó ella -. No venimos aquí por nada. Esos de ahí – supuse que estaría señalando al clan Cullen – entraron a mi territorio sin permiso - ¡mierda! Había ignorado esa estúpida autorización que tenía que dar la bruja o el imbécil de su hermano, y ahora mi amigo tendría que pagar las consecuencias.

- Disculpa… - habló Carlisle con su habitual diplomacia – No sabemos de qué hablas. Ésta es un país libre… - aún no les hablaba de eso. En verdad, no consideraba mucho al otro clan de la zona por un no declarado mutuo acuerdo. Yo no los molestaba ni ellos a mí.

- Para los humanos – lo cortó una figura enorme. Si no lo han cambiado, debería ser Nikolai… -. Esta tierra es de los Reyes de Egipto, señores del Nilo, amos del desierto…

- Cállate, Nikolai – espetó ella confirmando mis sospechas. Estábamos muertos en caso de lucha. Ese infeliz era el mejor luchador que había conocido en toda mi existencia -. Basta con que sepan que ésta es mi tierra, que es mi territorio, y que tendrán que venir con nosotros o morir.

- ¿Y quién eres tú para decirnos qué hacer? – la retó Jasper.

- Soy… - comenzó ella.

- La Reina de Egipto – completó su matón número uno.

- ¡NIKOLAI! – rugió ella fieramente. Él se encogió.

- Lo lamento – musitó asustado.

- Tómenlos – ordenó la bruja esa con su común prepotencia. Siete vampiros de su guardia se adelantaron un paso antes de que reaccionara.

- ¡Hey! No te los puedes llevar así – reclamé.

- Puedo, y lo haré – contestó desdeñosamente -. Creo que no necesito recordarte lo que pasó la última vez que te enfrentaste a mi poder, Amun, a no ser que ya hayas olvidado que en tu clan eran quince y solo quedaste tú. Aunque creo que te convenía olvidarlo, ¿no? Tu compañera murió entonces, pero parece que te conseguiste otra – terminó divertida. Maldita bruja sádica… Sus palabras desataron un torrente de recuerdos que me costó un montón frenar, pero no antes de que la recordara a ella… a mi primer amor, Elizabeth.

- No tienes que recordármelo – mascullé apretando los puños, lleno de dolor.

- Bien, me alegra que lo admitas. Espero que no opongas resistencia esta vez, no creo que soportes perder a dos compañeras – esta vez sí que se pasó. No pude contener el rugido que salió de mis labios y ataqué sin pensar.

Al parecer su prepotencia había aumentado en estos siglos. No quiso que su principal matón la defendiera. En lugar de ello, se defendió por sí misma.

En un repentino giro que dio para esquivarme, se le cayó la capucha y reveló el rostro que había odiado por tantos años. Si no la conociera y supiera de qué es capaz, hubiera jurado que no mataba una mosca por su rostro casi angelical.

- Ay, Amun, no entiendes – comentó divertida riendo.

- Te mataré – siseé furioso. Ella sacudió la cabeza sin dejar de reír.

- No ahora, querido amigo, ni nunca - ¿cómo se atreve a llamarme amigo después de lo que me hizo? ¿Después de matar a Elizabeth con sus propias manos frente a mis ojos?

Un par de segundos después, me noté tirado y su pequeño cuerpo reteniendo el mío contra la arena.

- ¿Quieres que mate a Kebi, Amun? ¿O a cualquier otro miembro de tu patético clan? ¿O que te aleje de tu tierra natal? No quieres nada de eso, ¿verdad? – mi silencio fue respuesta suficiente para ella -. No interfieras – se limitó a decir.

Dejé caer mi cabeza sobre la arena, derrotado. Carlisle era mi amigo, pero no podía arriesgar a Benjamín o a Tia, mucho menos a Kebi.

- Tómenlos – ordenó la bruja con una capa de calma cubriendo levemente la furia de su voz.

- ¿Puedo preguntar algo antes de que nos lleven? – solicitó Edward.

- Adelante – oí decir a la bruja.

- ¿Hacia dónde nos llevan? ¿Qué harán con nosotros? – no quieres saberlo…

- Vamos a mi hogar, y tranquilos, no les haremos nada – maldita perra.

No tenía fuerzas para hacer nada. Oí a los matones tironear a los Cullen, y supe que lo menos que podía hacer era dar una explicación del porqué hacía esto, pero solo pude murmurar una pequeña frase.

- Lo lamento, amigo. No quiero que mi clan muera, no lo soportaría.

Bueno, eso explicaba más o menos lo que sentía. Vagamente noté que Kebi y los chicos se inclinaban sobre mí y el susurro del aire cuando esos malditos se llevaron a mi amigo. Todo había sido mi culpa…

- ¿Amun? – susurró Kebi angustiada - ¿Quiénes eran ellos?

- Me temo que los conozco por algo malo – gemí sin levantar la cabeza. No quería enfrentarme a la mirada decepcionada de Benjamín, sabía que él no habría dudado en luchar para defender a un amigo.

- Cuéntanos – pidió él. Me arriesgué a levantar la vista, y solo vi a un muy confundido clan.

- Hace casi trescientos años – comencé con la voz quebrada – yo tenía una existencia completa y feliz. Tenía a un maravilloso clan y a una compañera increíble, Elizabeth era su nombre.

Un día común y corriente para nosotros, estábamos junto al río charlando y compartiendo como una gran familia, pues eso éramos, una familia, como la de… Carlisle. Entonces tuve un mal presentimiento. Algo no iba bien…

- Tal y como dijeron Alice y Edward – musitó Tia.

- Alí era el vampiro más experimentado del clan. Conocía al revés y al derecho toda la zona, tácticas de defensa, datos de clanes de todo el mundo. Por lo tanto, sabía lo que pasaba.

Llegaron en mitad de la noche, silenciosos como las ratas que son. Sabían de este clan, y no permitirían que algo estorbara en su camino al poder. Por eso decidieron atacar. No fue una lucha fácil, para ningún bando. Estábamos igualados en número y en capacidad. Hasta que él mató a Alí.

Todo se descontroló. Nosotros, sus hijos, no pudimos concentrarnos al oír los gritos de nuestro padre. Nos machacaron. Ahí apareció ella. Era parecidísima al infeliz que mató a Alí. Ambos usaban una capa dorada con la capucha abajo.

Cuando la vi casi me reí. Era pequeña, diminuta, pero me resultaba familiar. Ambos. La subestimé. Fue un error. Mató a Elizabeth ella misma, sonriendo, frente a mis ojos. El dolor me azotó con una fuerza incomparable y caí al suelo.

La lucha acabó minutos después de la caída de Elizabeth. Yo era el único que quedaba, y ellos lo sabían. Eran apenas quince, fuertes y hábiles. Diez matones rodeaban a la chica. La miré, miré a su hermano, y la reconocí. Yo fui quien transformó al chico, sabiendo que eran muy unidos y ella no se separaría de él. Fue una venganza. Sabía que él, al despertar, no se controlaría y mataría a su hermana pequeña. El dolor lo cegaría y sería infeliz el resto de su existencia.

Pero se controló. Lo supe cuando la vi convertida en un ser inmortal. Mi plan había fallado y yo nunca me enteré. Él me reconoció también. Como otra venganza, no me mató. Ordenó que me dejaran vivo, sabiendo que no viviría con el dolor de la muerte de Elizabeth. Antes de irse, me golpeó tan fuerte que casi me saca la cabeza. Con odio me dijo que por mi culpa, su hermana había sufrido la agonía del cambio. No mencionó nada sobre él. Solo dijo que me deseaba todo el dolor del mundo por torturar a su única familia. Luego se fue.

Fue un tiempo difícil. Estuve ciento cincuenta años agonizante, alma errante. Planeé ir a los Vulturi para acabar con mi pena. Pero apareció Carlisle. Me ayudó a sobrellevar el problema sin preguntar nada. Fue mi salvador. Si no fuera por él, yo no estaría aquí, y ustedes habrían muerto siglos atrás.

- Y aún así lo entregaste – me reprochó Benjamín. No hablaron durante mi explicación, bastante larga puesto que mi voz se cortaba a cada rato.

- Me amenazó – murmuré enterrando la cabeza en la arena.

- No te culpamos, Amun – replicó él. Levanté la mirada -. Creo que te entiendo. Sabías que era peligrosa, y no querías que tu familia sufriera por ella como fue tu caso.

- No me merezco tu comprensión – murmuré sentándome. Kebi me abrazó por los hombros -. Soy un monstruo.

- Solo si quieres creerlo – sonrió tristemente.

Asentí levemente. Miré uno por uno a cada miembro de mi clan. Entonces supe que no estaban enojados conmigo, de verdad no lo estaban. En sus rostros, solo había comprensión.

No lo soporté y comencé a sollozar. Los tres me abrazaron angustiados, y eso me hizo aumentar mis sollozos. Mi clan era muy bueno, no me lo merecía.


Pobre Amun, ¿no es cierto? Parece que no tiene una muy buena percepción del otro clan egipcio, menos de sus líderes. Pero hay que admitir que estos hermanos son de verdad sádicos.

La verdadera historia de los hermanos egipcios se revelará en un buen montón de capis más... pero les puedo decir que eran asesinos ya desde su vida humana, y que eso mismo les llevó a enfadar a Amun, claro que sin proponérselo.

Nos leemos luego, espero.