Perdón por la demora! Pensaba actualizar el sábado, pero me castigaron u.u Ahora les traigo un nuevo capi, les parecerá que no es importante (de hecho, no avanza mucho en el tiempo) pero lo es. Aclarará un par de cosas... si saben encontrarlas.
Bueno, basta de excusas. Como saben, solo algunos personajes me pertenecen y la trama es totalmente mía.
Arthur's POV
Como cada día, los recuerdos golpeaban mi mente con tal intensidad que no podía permanecer de pie. Mi hermana pequeña, Isabella, estaba en cada uno de ellos. Siempre tendría la sensación de culpabilidad por transformarla, aunque hubiera sido un accidente.
Jamás perdonaría a Amun por esto, todo había sido su culpa. ¿Cómo iban a saber dos chicos humanos que una de sus víctimas era el protegido de un vampiro? Para empezar, ni siquiera sabíamos que existían los vampiros. Queríamos comer, y ese tipo tenía dinero y comida, justo lo que necesitábamos. Pero no nos quiso dar nada, ni un pedazo de pan a pesar de que era riquísimo. Estábamos desesperados y lo matamos, le robamos todo lo que tenía puesto y huimos. Eso nos costó la vida a ambos.
Sentí las puertas de piedra de la pirámide abrirse y cerrarse. Eso significaba que alguien había salido o vuelto de un paseo. Sin embargo, solo mi hermana y yo podíamos controlar los elementos… Isabella había salido, y yo estaba tan inmerso en mis pensamientos que no me había dado cuenta de cuando se fue del salón. ¿Dónde estaba Nikolai? Se supone que él la cuida…
- Samuel – llamé a uno de mis mejores guardias. Al instante estaba frente a mí, arrodillado.
- ¿Qué necesita, mi señor? – murmuró con voz sumisa agachado aún.
- ¿Mi hermana salió? – inquirí frunciendo el ceño.
- Sí, mi señor. Salió con Nikolai y su guardia personal, tal como usted ordenó – eso me descolocó. ¿Cuándo había ordenado yo eso?
- ¿Disculpa? – el tono de mi voz asustó a Samuel, quien murmuró asustado.
- Mi señora dijo que usted le permitió salir esta vez a buscar a los intrusos, señor - ¿intrusos?
- ¿Y ella fue a buscarlos?
- Sí, mi señor.
- Vete – ordené furioso. El guardia notó mi molestia y se fue rápidamente sin pronunciar una palabra más.
Traté de calmarme, recién ahí me di cuenta de que estaba levantado. Me senté echando chispas y apoyé mi cabeza sobre mis manos entrelazadas. Vagamente noté que todos los vampiros presentes en el salón me miraban asustados y silenciosos, repartidos por el lugar.
Pasaron las horas y las puertas de la pirámide no se abrían para darle paso a mi hermana. Cada segundo que pasaba me enojaba más con Nikolai. Se supone que él debe cuidarla, impedir que salga de la pirámide y se exponga a los riesgos del exterior. Iba a tener una seria charla con él. El guardaespaldas de Isabella tenía órdenes estrictas de mantenerla aquí, y había desobedecido…
Sentí las puertas abrirse y la voz de mi hermana, aparentemente preguntando algo. La distancia y las barreras no me permitían oír bien, pero me bastaba saber que habían vuelto. William, el empático del clan, captó mi estado de ánimo y desapareció. La furia iba creciendo dentro de mí como un volcán en erupción, y no la contuve ni medio segundo.
- ¡NIKOLAI! – bramé corriendo a la entrada. En un segundo estaba frente a Isabella y su guardia, que tenía apresados a siete vampiros de extraños ojos dorados. Al parecer había interrumpido su discurso, pero no me importó -. ¿Cómo se te ocurre llevar a mi hermana a una expedición de caza?
- Arthur… - comenzó ella con voz apaciguadora. Nikolai estaba asustado y no pronunció media palabra.
- Silencio, Isabella – siseé molesto -. Hablaremos luego. Llévense a los prisioneros – primero lo primero. Diversión para mis fieles seguidores.
La guardia personal de mi hermana se llevó al clan capturado, y noté que uno de ellos, de cabello cobrizo, miraba a Isabella con una mezcla de emociones en el rostro.
Caminé furioso hacia el salón, con mi pequeña hermana tras de mí y Nikolai pisándole los talones.
Entré como una exhalación al salón principal, donde se encontraban al menos catorce vampiros del clan. Todos huyeron aterrados al ver mi expresión, tal y como William lo había hecho minutos antes.
Puse mi trono de lado y Nikolai hizo lo mismo con el de mi bella hermana. Ambos nos sentamos en silencio. Nadie dijo nada. Al cabo de un par de minutos rompí el silencio.
- ¿Nikolai? ¿Algo que decir?
- Lamento esto, señor – respondió inclinando la cabeza -. La señorita me dijo que usted se lo había permitido…
- Y preferiste creerle antes que confirmarlo – lo interrumpí.
- ¡Arthur! – saltó ella molesta – Ya no soy una niña, sé cuidarme…
- Pero no quiero que tengas que poner eso en práctica – la corté. Ella gruñó algo entre dientes -. No quiero que vuelva a pasar – le advertí.
- Como digas, hermano – musitó ella agachando la cabeza. Sonreí tristemente. Odiaba tratarla así.
- Nikolai, vete – ordené en voz baja. Él inclinó la cabeza y se marchó -. Bella, mírame – ella levantó el rostro asombrada. Hacía al menos dos siglos que no le llamaba así -. No quiero que estés así. Es por tu bien.
- Puedo cuidarme sola, Artie – murmuró. Sonreí por el nombre que ella no me daba hacía siglos.
- Lo sé, Bella, pero no quiero arriesgarme.
- Artie… - murmuró tras un rato de silencio - ¿Sabías que los nuevos prisioneros estaban con Amun cuando los encontramos?
- No lo sabía – suspiré pasando mi mano sobre mi rostro -. ¿Pasó algo?
- Nada importante. Nos desafió, trató de herirme, pateé su estúpido trasero y lo amenacé.
- Esa es mi hermanita – sonreí orgulloso -. ¿No te hizo daño, verdad?
- Nah, ni siquiera alcanzó a tocarme la capa – respondió con una sonrisa petulante.
- ¿No se metieron los demás?
- ¿Los nuestros o ellos? – rodeé los ojos -. Vale. La verdad, la lucha fue solo entre nosotros dos.
- Genial…
Un toque en la puerta del salón interrumpió nuestra conversación. Sonreí tristemente a mi hermana y devolví mi trono a su posición inicial. Ella me respondió la sonrisa y giró su trono al mismo tiempo que yo. Dos segundos después, Nikolai abrió la puerta y asomó la cabeza.
- Está todo listo, mis señores. Todos están en la arena, solo falta que elijan a los prisioneros – informó.
- Acompaña a Isabella a elegirlos – mi hermana me miró asombrada.
- ¿Estás seguro? – preguntó.
- Claro. Ahora ve, no quieres hacerlos esperar – sonreí. Ella me devolvió la sonrisa, asintió y siguió a Nikolai a la celda.
Me dirigí a la arena pensativo. Jamás podría enojarme con Isabella, toda mi furia la dirigía contra su guardaespaldas. Si ella me desobedecía, yo castigaba a Nikolai. Mi hermanita era lo único que me importaba en mi existencia, y así había sido desde que tengo memoria. Podía caer nuestro reino, podía desaparecer la raza vampírica de la faz de la Tierra, pero no me importaría. Si mi hermana pequeña estaba a salva, yo sería feliz.
En la arena estaba todo el clan murmurando las últimas noticias, prisioneros nuevos. Sería bueno, según oí, probar carne nueva en la arena. Mi trono en este sector estaba al otro lado del salón, atravesando el foso, así que rodeé el salón hasta llegar allá. Todos se inclinaron a mi paso. Unos minutos después, mi hermana se sentó a mi lado, con expresión severa. Maldita fachada, ella no era así, pero nadie lo sabía.
En cuanto ella se sentó, dos prisioneros fueron arrojados al foso por una puerta interior. Uno de ellos, que reconocí como Martin, era un veterano en estas cosas y se veía totalmente enfurruñado. El otro era uno de los nuevos, el chico de cabello cobrizo. Desde lo más profundo del foso, miraba alrededor confundido.
El clan calló inmediatamente y evaluó a los elegidos del día con ojo crítico y estratégico. Me levanté para dar inicio al entretenimiento de mis seguidores.
- Bienvenidos – anuncié con voz grave y solemne -. Cada dos días, nos reunimos aquí, traemos a dos prisioneros y los hacemos luchar a muerte – el nuevo abrió los ojos asustado -. No pongas esa cara, niño, hablo en serio.
- La ley de la selva – dijo mi hermana con una sonrisa sádica, ubicándose a mi lado -. Aquí, el mejor vive, niño. No hay espacio para perdedores ni débiles.
- Bien dicho – sonreí sádicamente -. Niño, espero que no seas un inútil, me parece que tienes potencial.
- Tu nombre – ordenó Bella.
- … - murmuró el nuevo en voz tan baja que no le entendimos.
- Más alto, niño – bufé.
- Edward – murmuró. Alcé una ceja -. Edward Cullen, señor – dijo con voz más clara y fuerte.
- Edward – dijo Bella con voz sedosa y persuasiva. Rodeé los ojos -. No seas un mal luchador, niño. No quiero a un chico como tú en la hoguera. Me parece – añadió pensativa – que serías un buen elemento para mi guardia. No me gusta equivocarme, y menos con los vampiros.
- Entiendo – murmuró.
- Basta de palabras. Estamos aquí para ver a uno de ustedes hacer pedazos al otro – lo corté -. Comiencen a luchar – bramé, y mi orden fue secundada por decenas de gritos enardecidos.
Ambos se pusieron en posición e iniciaron el asalto. Noté a mi hermana tensarse levemente cada vez que Martin rozaba al nuevo, pero no le presté importancia.
Más tarde, descubriría que ignorar esto sería un error enorme.
¿Qué les pareció? Amo a Arthur, es una mezcla de todos los chicos Cullen, tiene lo mejor de algunos y cosas no muy buenas de otros. El sobreprotector hermano mayor de Bella no parece tener un muy buen papel, pero sí lo tiene. No voy a revelar nada importante, pero sí puedo decirles que su actitud con Bella será clave para la supervivencia de los Cullen.
