En compensación por tardar tanto en actualizar la última vez, les traigo el siguiente capítulo después de dos días de subir el tercer capi. No podré actualizar quizás hasta el miércoles o jueves, así que también va por eso.
Solo algunos personajes me pertenecen (la mayoría son de la excelente escritora S. Meyer) y la trama es totalmente mía.
Edward's POV
Me levanté lentamente del suelo y miré alrededor. Era un salón enorme, circular de piedra antigua. El techo era altísimo, quizás unos diez o doce metros. Estaba todo oscuro, pero aún así logré ver a los demás habitantes de esta especie de prisión. Unos cincuenta vampiros de ropas rasgadas y sucias estaban repartidos por el lugar. Se veían aburridos y cansados. Murmuraban entre ellos mientras nos veían con un brillo extraño en los ojos.
- ¿Dónde estamos? – musitó Alice con un hilo de voz.
- Están en la prisión de los egipcios – contestó una voz serena tras nosotros. Volteamos y vimos a un vampiro alto y delgado de cabello negro y ojos escarlata -. Soy Ian – sonrió.
- ¿Prisión? – inquirió Carlisle después de que nos presentáramos.
- Los egipcios capturan a cada vampiro que entra en su territorio. Solo el clan de Amun puede estar aquí sin problemas – explicó su compañera, una tal Silvia.
- Con él estábamos – replicó Emmett -. Los que nos capturaron eran dirigidos por una chica, lo derrotó. Fue vergonzoso.
- ¿Una chica? – exclamó Ian asombrado. Al instante éramos rodeados por todos los prisioneros - ¿Bajita, cabello chocolate, capa dorada, custodiada por un mastodonte llamado Nikolai?
- Esa misma – contesté. Todos los prisioneros soltaron gritos agudos - ¿Qué pasa con ella?
- Ella…ella… – tartamudeó Ian – ella es… la Reina.
- Eso lo sabemos. Pero, ¿qué tiene que lo sea? – preguntó Carlisle frunciendo el ceño.
- Ella nunca sale de aquí – respondió Stanley, un amigo de Ian -. Siempre está encerrada en la pirámide, he oído que al Rey no le gusta que salga.
- ¿Por qué sería un problema que saliera? – inquirí frunciendo el ceño.
- Teme a la venganza de un antiguo enemigo… o eso escuché – murmuró Ian.
La conversación fue cortada abruptamente cuando sentimos remover el agujero del techo. La tensión y el temor eran palpables en la celda. Un pequeño rayo de luz alumbró levemente el lugar. Un vampiro de capa arena asomó la cabeza y escaneó a todos los prisioneros.
- ¿Cuáles quería, mi señora? – preguntó mirando a un lado.
- Saca a uno de los nuevos y a Martin – contestó una voz clara y musical, la voz de la Reina de Egipto.
- Ey, tú – me señaló y los que estaban aquí antes que nosotros me miraron apenados -. Ponte bajo el agujero. Martin, no seas idiota. Si no vienes entraré yo.
Un vampiro robusto y pelirrojo se adelantó refunfuñando. Se puso a mi lado, justo bajo el agujero de entrada. El suelo tembló suavemente y comenzó a elevarse, como un pedestal. Miré alrededor confundido. Los vampiros antiguos de la celda nos miraban apenados aún, y mi familia se veía preocupada y angustiada. Con los labios articulé un "estaré bien", y justo entonces perdí de vista a los demás prisioneros.
El sentimiento de angustia me golpeó fuertemente. Cuando el "pedestal" se niveló con el suelo de la pirámide, unos guardias nos empujaron para sacarnos de ahí. Escuché cómo el pedestal con que nos sacaron de la celda bajaba nuevamente. Volteé y vi que un círculo de piedra se encajaba en el suelo, sellando la celda. Dos guardias me tomaron de los brazos y me arrastraron por los pasillos de la pirámide.
Tras un rato de camino, el pasillo de acabó. Se me desencajó la mandíbula al ver que la piedra se abría, revelando un salón circular. Nos arrojaron al interior. Trastabillé en el suelo de arena y miré alrededor. Estaba en una especia de foso, a unos seis metros de altura, las paredes comenzaban a formar unas especies de graderías… ¿dónde estaba?
Todos los guardias de capas arena callaron en cuanto entramos al foso y sentí decenas de pares de ojos evaluándome críticamente. Me puse inmediatamente nervioso.
- Bienvenidos – dijo un hombre de capa dorada parado en la cuarta y última gradería, la más elevada -. Cada dos días, nos reunimos aquí, traemos a dos prisioneros y los hacemos luchar a muerte – mis ojos se abrieron a toda su capacidad al comprender el significado de sus palabras-. No pongas esa cara, niño, hablo en serio.
- La ley de la selva – dijo la chica de capa dorada con una sonrisa sádica ubicándose junto a su hermano -. Aquí, el mejor vive, niño. No hay espacio para perdedores ni débiles.
- Bien dicho – alabó él sonriendo de la misma manera que ella -. Niño, espero que no seas un inútil, me parece que tienes potencial.
- Tu nombre – ordenó la chica.
- Edward – murmuré en voz baja.
- Más alto, niño – bufó el hombre.
- Edward – murmuré. El Rey alzó una ceja -. Edward Cullen, señor – dije con voz más decidida y fuerte, aunque por dentro moría de miedo.
- Edward – dijo ella con voz sedosa -. No seas un mal luchador, niño. No quiero a un chico como tú en la hoguera. Me parece – añadió pensativa – que serías un buen elemento para mi guardia. No me gusta equivocarme, y menos con los vampiros.
- Entiendo – murmuré. Tenía que matar al tal Martin si no quería morir… y definitivamente no quería.
- Basta de palabras. Estamos aquí para ver a uno de ustedes hacer pedazos al otro – soltó el hombre -. Comiencen a luchar – rugió, y junto con su orden se elevaron decenas de gritos enardecidos.
Me puse en posición, al igual que Martin, y desbloqueé mi mente. Los pensamientos me invadieron con increíble fuerza, con una ligera mueca bloqueé todos los pensamientos menos los de Martin. Bueno… nunca me dijeron que no podía usar dones… todo esto debió suceder en un par de segundos.
Martin se lanzó al ataque y lo imité. Sus pensamientos revelaban cada paso que daría antes de hacerlo, y eso me daba cierta ventaja. Debo mencionar que mi oponente era de mente veloz, incluso para ser vampiro.
Aunque estaba usando mi ventaja, Martin no se quedaba atrás. Era un increíble luchador, ágil y fuerte.
Ya me estaba empezando a agotar. Incluso con mi don, lograba alcanzarme. No me hizo gran daño, aparte de destrozarme las ropas. Alice definitivamente me mataría…
Rato después, lo logré. Ataqué a Martin por detrás y le arranqué la cabeza de un veloz tirón, después de susurrarle un "lo siento" y recibir un "gracias" de su parte.
Asustado vi que el cuerpo de mi oponente se incineraba de la nada. Un vampiro entró y me sacó a rastras de la arena, donde se oían gritos enardecidos por el resultado de la lucha. En cada mente que leí, por separado claro, veía la decepción de que Martin hubiera perdido y asombro de que el chico nuevo hubiera ganado a un veterano… ¿gladiador? ¿En qué me había metido?
Nuevamente me arrojaron al interior de la celda, sin una sola palabra. Caí de bruces al fondo del salón, y fui inmediatamente rodeado por mi familia.
- ¿Estás bien, hijo? – preguntó Carlisle preocupado mientras me ayudaba a levantarme. Asentí levemente - ¿Dónde está Martin?
- Muerto – contestó Ian por mí. Seis pares de ojos lo miraron incrédulos -. Esto es lo que les íbamos a decir antes de que lo sacaran.
- Nos capturan para entretenerlos – escupió Stanley -. Somos sus malditos gladiadores.
- Bueno… al menos Martin ya no sufrirá más este infierno – soltó Ian sonriendo tristemente.
- ¿Nos hacen luchar a muerte para divertirlos? – inquirió Esme con un hilo de voz.
- Exactamente, Esme – contestó Silvia -. Pero no se preocupen tanto, nunca hacen que luchen entre los del mismo aquelarre. Según ellos lo hace menos divertido.
- Yo… no quería matar a Martin – murmuré enterrando mi rostro en mis manos -. No quería luchar.
- ¿Qué te dijo ella? – preguntó Stanley curioso – Digo, antes de que empezaran a luchar.
- Me dijo… que no quería decepcionarse conmigo, que sería un buen elemento para su guardia.
- Estás en problemas, chico – rió Ian -. Si se interesó en ti, te protegerá algo más que a los demás, pero si fallas… te matará ella misma.
Traté, al igual que mi familia, de procesar la información que nuestros nuevos amigos nos habían dado. Esta "realeza" era extraña y sus costumbres aún más. Sería el protegido de la Reina de Egipto hasta que fallara… que podría ser en cualquier momento…
- Edward Cullen – llamó un guardia asomando su cabeza por la entrada e interrumpiendo mis pensamientos -. Los amos quieren hablar contigo. Bajo el agujero, ahora – ordenó.
Obedecí tembloroso y el suelo me sacó nuevamente de la celda. Un guardia enorme me tomó del brazo y me arrastró por los pasillos, subiendo cada vez más. Rato después, abrió una puerta de madera oscura y me empujó dentro, cerrando la puerta tras de mí.
Miré alrededor confundido. Era un salón pequeño, de paredes rectas. Lo único en su interior era un pequeño sillón negro frente a la puerta. Una pequeña figura de capa dorada con la capucha levantada estaba de espaldas a mí, parada al centro del salón.
En cuanto se cerró la puerta, la figura volteó lentamente al tiempo que se bajaba la capucha. Sonrió al verme y me evaluó detenidamente de arriba abajo antes de clavar sus penetrantes ojos escarlata en los míos. Me encogí frente a la intensidad de su mirada.
Rió suavemente al ver mi aprensión y se acercó a mí. Tomó mi mano y me llevó al sillón. Se sentó y tiró de mí para que me sentara a su lado.
Fijó sus ojos en los míos por largo rato, hasta que rompí el silencio.
- ¿Sabes que en cualquier momento puedo escapar?
- No lo harás – replicó sonriendo maliciosamente.
- ¿Cómo lo sabes?
- Sabes perfectamente que no dejarías a tu clan, que te capturaríamos en cuestión de segundos y que podríamos tomarla contra tu familia.
- ¿Lees mentes?
- No. Leo personas. Sé de qué van tus pensamientos, no lo que piensas literalmente
- Wow. Eso es interesante.
- No tanto como tu don. Leer mentes suena genial.
- Suena genial, pero cuando todas las mentes te asaltan al mismo tiempo es un dolor de cabeza.
Ella comenzó a reír y la imité. Su risa era increíble, musical como su voz, alegre sin una pizca de sarcasmo. Sus ojos reflejaban felicidad pura y su sonrisa era radiante. En mi interior iba creciendo una emoción extraña, algo que jamás había sentido antes…
Era apresurado pero… no podía sacarla de mis pensamientos… ni de mi corazón.
Awwww Edward ya está sintiendo algo muy fuerte por Bella. Aviso que este fic no será tanta dificultad para reconocer sus sentimientos, el problema será más bien poder estar juntos.
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