¡Lo siento, lo siento, lo siento! Iba a subir el miércoles pasado, pero no adivinan qué me ocurrió: me redujeron el tiempo en el pc. Algunas dirán que no es para tanto, pero para mí lo es. Mi inspiración viene cuando estoy sentada frente a la pantalla. Creo que mi papa se dio cuenta de eso, porque ahora solo tengo una hora de computador. ¡UNA HORA! Eso es muy poco para mi libertad imaginativa, aunque algunas digan que es suficiente...

Bueno, sé que a más de alguna le sonará a excusa barata, pero es cierto. En fin, sin más, aquí les va el siguiente capi. Me salió bastante largo, así que lo corté en dos. Aquí tienen la primera parte.

Como ya saben, solo algunos personajes son míos y la trama es TOTALMENTE MÍA.


Su risa era hermosa, como su voz y ella misma… No sé qué expresión tenía pero un rato después caí en la cuenta de que ella me miraba divertida y que ambos habíamos dejado de reír hacía unos minutos.

- Este… - murmuré - ¿Para qué me llamaste?

- Me resultas interesante – confesó sonriente -. Tus ojos son extraños, tienes un don increíble y convives pacíficamente con seis vampiros de una forma poco común. Digamos que eso llama mucho la atención.

- ¿Tanto te interesa mi don? – me miró con una ceja alzada - ¿Qué?

- Bueno… aquí tenemos un par de lectores de mentes, pero no tienen tu alcance. Uno de ellos puede leer mentes a gran distancia, pero solo una a la vez, y el otro no tiene límite de mentes pero su alcance es mínimo, 200 metros como mucho – explicó -. Háblame de tus ojos.

- No tomo sangre humana. Mi familia y yo nos alimentamos de animales – no pude contener una risa por su cara de asco.

- ¿Viven con eso? La verdad… ¿a qué huelen?

- ¿Nunca has estado cerca de un animal? – negó con la cabeza -. Los carnívoros huelen bastante parecido a los humanos…

- ¿Qué es un carnívoro? – me interrumpió.

- ¿Bromeas?

- No. Ni siquiera sé leer, mucho menos escribir.

- Hubieras partido por decir eso – bromeé. Ella me sacó la lengua en un gesto muy… Alice - ¿Cuántos años tenías cuando te transformaron?

- Ehhh… dieciséis, creo – murmuró pensativa -. Dime qué es un carnívoro.

- Un carnívoro es un animal que se alimenta de otros animales– expliqué. Ella soltó un "ahhh" y luego me golpeó suavemente en el hombro - ¿Y eso porqué?

- Por tu cara. No soy tonta, ¿sabes? Tan solo jamás fui a una escuela porque en mis tiempos solo los nobles y los monjes sabían cosas así, el pueblo no sabía nada, una chica tampoco y una delincuente menos aún – la miré interrogante - ¿Qué?

- ¿Te parece si mejor me cuentas de tu vida?

- Resumen – replicó ella -. Verás, nací por el siglo XV en Inglaterra. Desde pequeña fui un dolor de cabeza para todos. Junto con mi hermano éramos un tornado, por donde pasábamos robábamos, mentíamos y matábamos. Tuvimos un pequeño problema con un vampiro y él nos transformó en venganza… aunque no estoy segura de qué ganaba él con eso – estuve casi seguro de que mentía, pero considerado que mi vida y la de mi familia estaban en sus manos, mejor no presionarla.

- Bueno, yo nací el año 1901 en Chicago, Estados Unidos – expliqué antes de que preguntara. Me sacó la lengua en respuesta -. Cuando tenía 17 años, hubo una epidemia de gripe española, caí enfermo y Carlisle me convirtió por petición de mi madre. Vivo con él desde entonces, salvo unos años en que viví solo y me alimenté de humanos. Eso es mi vida en resumen.

- ¿Carlisle es ese rubio que tiene el pelo hacia atrás?

- El mismo.

Nos quedamos mirando. Mis pensamientos volaban lejos de mi cuerpo. Bueno, no tan lejos. Todo mi ser estaba pendiente de cada imperceptible movimiento del ángel frente a mí.

No estoy seguro de cómo pasó, pero de repente me di cuenta de que estaba a centímetros de ella, de su boca específicamente. Sus carnosos labios estaban entreabiertos, al igual que los míos, y su embriagador aliento me golpeaba y mareaba.

Instantes después, mis labios estaban sobre los suyos, mis manos en sus mejillas y sus manos en mi cuello. Nuestros labios se movían acompasados, dulces y silenciosos.

Nos separamos lentamente, al mismo tiempo, y me perdí en sus ojos escarlata. Ella me sonrió y le sonreí en respuesta. Besé suavemente sus labios y la abracé.

- Esto es confuso – murmuré. La sentí reír contra mi pecho.

- Ya lo creo…

- Esto será un problema, ¿no? – se separó y me miró fijamente.

- Arthur se pondrá muy pesado en cuanto se entere, así que mejor guardarlo en secreto. Solo nosotros dos, ¿vale?

- Lo que quieras – respondí besándola suavemente.

- Los cuidaré. Lo sabes, ¿cierto? No quiero que nada te pase. Me preocuparé de su alimento, que estén a salvo. Ustedes no morirán, los ayudaré a escapar en cuanto pueda.

- No tienes que hacerlo…

- Pero quiero. Edward, me importas. Si no fuera por eso, te habría hecho trizas yo misma por atreverte a preguntar. Por algo te contesté. A un vampiro corriente lo hubiera quemado.

- ¿Cuántos dones tienes? – pregunté asombrado.

- Puedo controlar los elementos, leer personas, saber los dones de los demás, tengo un escudo mental y también sé cuando me mienten.

- ¿Y dices que mi don es interesante?

- ¡Hey! – reclamó – Yo no puedo leer mentes como tú.

- Pero es un dolor de cabeza.

- Ya lo creo – sonrió -. Prométeme algo – dijo de repente con seriedad.

- Depende – replique. Ella suspiró.

- Ya sabía que dirías eso. Es simple, cuídense. No los protegeré para que un vampiro cualquiera los mate en el campo de batalla. Frente a mi hermano no podré hacer nada.

- Bueno… Jasper peleó en las guerras de México. Venganzas y luchas por territorio – expliqué al ver que abría la boca. Ella rió entre dientes -. Alice ve el futuro, así que no será problema. Emmett es fuerza bruta, pero igual lucha bien. Carlisle es pacifista, pero sabe defenderse. Esme tuvo que aprender y Rosalie no se deja derrotar.

- No tengo que preguntar por ti – bromeó ella -. Pero en serio, ten más cuidado. Todos aquí son ágiles, tienen que serlo. No te fíes de sus pensamientos.

- Me di cuenta que lo son… ¿tú quemaste a Martin? – pregunté al recordar el cuerpo de mi oponente prendiéndose en llamas de la nada.

- Era un pesado – contestó simplemente encogiéndose de hombros -. Su don era atraer a la gente hacia sí. Lo intentó conmigo y no le resultó. No tenía excusa para matarlo, así que cuando lo decapitaste fue la ocasión perfecta.

Tenía el presentimiento de que no era cierto, pero preferí dejarlo pasar. Continuamos charlando un rato, besándonos de vez en cuando, cuando en mitad de un beso Bella se separó y miró furiosa a la puerta.

- Entra, Damián, sé que estás ahí – siseó amenazadora. Un vampiro alto y delgado de cabello rubio y capa arena entró con la mandíbula tensa y los ojos llameantes en mi dirección.

- ¿Para eso lo llamaste? ¿Tu nuevo juguete? – inquirió burlón.

- Cállate – gruñó Bella levantándose. Yo me sentía fuera de lugar, no entendía de qué rayos estaban hablando, y no me ayudaba el que los pensamientos del tal Damián estuvieran en hebreo antiguo. Me levanté silenciosamente.

- Sé que mataste a Martin porque no te gustó. ¿Tu hermano lo sabe? Yo creo que se decepcionaría mucho si se entera de que su inocente hermanita no es una santa.

- Él lo sabe, y estuvo de acuerdo. Por lo mismo mató a Ivonne.

- Tú estás conmigo – siseó el vampiro tomándola fuerte del brazo. Ella ni se inmutó, solo lo miró con asco.

- Una vez, idiota, y fue porque me forzaste - ¿el tipo la había violado acaso? Eso me enfureció y apenas noté cuando me levanté y lo tomé del cuello de la capa, elevándolo unos cuantos centímetros.

- ¿A este también lo tienes maravillado contigo? – inquirió burlón mirando a Bella.

- No usé ningún truco, imbécil – siseó ella furiosa -. Edward, suéltalo.

- Como quieras – dije arrojándolo al suelo. Resbaló un par de metros y se levantó furioso.

- Pronto sabrás que te usa, niño. Por cierto, buena pelea – se dio media vuelta para marcharse pero antes de dar un solo paso se prendió fuego. Volteé y Bella me devolvió la mirada apenada, sin importarle que el tipo se estuviera quemando junto a nosotros.

- Lamento que hayas visto eso – murmuró -. Él miente, a ti no te estoy usando.

- ¿A qué se refería? – pregunté abrazándola y enterrando mi rostro en su cabello.

- Este… - murmuró. Me separé de ella y la miré, se veía avergonzada – La eternidad es aburrida…

- Eso lo tengo claro – la corté frunciendo el ceño.

- Arthur no me deja salir y bueno… tenía que hacer algo, ¿no? – murmuró jugueteando con su capa.

- Ya di de una vez lo que pasa, ¿quieres? – pregunté exasperado. Ella me miró alzando una ceja y yo apreté los labios para no interrumpirla de nuevo.

- No seas impaciente – dijo rodando los ojos -. El caso es… que hace unos siglos Arthur y yo… bueno… se nos ocurrió algo… éramos humanos aún y… ladrones… fugitivos… a veces no encontrábamos alguna forma de comer algo o sencillamente estábamos muy hambrientos para… robar algo y…bueno… humanos lo hicimos unas cuatro veces cada uno… y vampiros… es costumbre, ya sabes… hábitos humanos… y nos aburríamos y…

- Bella, por favor – casi rogué. Sus titubeos no me llevaban a nada, no entendía de qué rayos hablaba.

- Bueno… unas cuantas veces de humanos… es el oficio más viejo del mundo, ya sabes qué… pero no fueron muchas veces de humanos, y fue solo por necesidad…

- ¿El oficio más viejo del mundo? – la corté, incrédulo.

- ¡Necesitábamos comer! – se excusó - ¡No fue culpa nuestra que nuestras vidas terminaran así, ni siquiera queríamos robar al principio!

- ¿Eras… una…?

- ¡No lo digas! – me cortó poniendo sus manos en mi boca – Suena peor cuando lo dices…

- ¿Sigues haciéndolo? - pregunté bajo sus manos.

- ¡Es aburrido estar aquí sin hacer nada! Prueba estar encerrado cuatro siglos en una pirámide y luego dime si no habrías hecho lo mismo – masculló.

- ¿A eso se refería?

- Solo prisioneros – se apresuró en contestar -. Y la verdad es que comúnmente mueren al poco tiempo. Ninguno de los que elegimos se transforma en parte de la guardia, y si lo hace tenemos cuidado de que muera cuando luchan entre ellos. Martin era malísimo. Prometía pero era un niño – bufó al decir lo último.

Hablaba ahora con tanta naturalidad de ello que resultaba difícil imaginar que segundos antes balbuceaba al tratar de decirlo. Yo aún no podía creer del todo que la chica que amaba había sido una… prosituta de humana.

- Sé lo que crees, y no era tanto – sonrió.

- Eres muy cambiante – sonreí también.

- Lo sé – replicó -. Arthur dice que soy bipolar – rió suavemente al decir eso.

Nos volvimos a sentar y estuvimos un rato hablando antes de que ella me dijera que tenía que volver a prisión. Nunca volvimos a mencionar el tema de sus… encuentros. Nos levantamos nuevamente, la abracé y besé y ella me sonrió antes de caminar a la puerta. La seguí.

- ¿Me escoltará Nikolai? – pregunté antes de salir.

- No. Él y sus copias están muy concentrados tratando de leer un jeroglífico. Te llevaré yo.

- ¿No nos verán? – ella chasqueó la lengua en un signo de desagrado y comenzó a caminar.

- Para nada. Ahora mismo, no hay vampiros en kilómetros a la redonda.

- ¿A qué…?

- No estamos en la pirámide – rió entre dientes ante mi expresión -. ¿Acaso creíste que Arthur y yo haríamos eso cerca de otros vampiros? Esa habitación es una cámara subterránea a kilómetros del salón principal. Mi hermano y yo la construimos, muebles incluidos.

- Ya veo…

Bella rió y me tironeó del brazo para tomar una desviación. Seguimos así durante un rato. Su mano tomaba la mía y me guiaba a través de innumerables pasadizos. Su mano era cálida y pequeña, difícilmente tendría 17 años cuando la transformaron, así que solo su época explicaba que no hubiera aprendido a leer.

- Tenía 16 – aseguró ella -. Vas a tener que enseñarme, Edward.

- No tengo que hacerlo obligado – sonreí -. ¿Segura que no lees la mente?

- Sí lo hago, pero no es muy útil. Leo de a una y apenas a diez metros de distancia. Tú alcanzas los seis kilómetros, ¿cierto?

- Siete y medio – sonreí orgulloso. Ella sacudió la cabeza divertida.

Definitivamente había vuelto de cabeza mi vida, literalmente.


¿Y? ¿Les gustó? Reviews plisssss, aunque sean simples tomatazos o amenazas de muerte.

Se despide desde su imaginativa nave espacial, Ayla