NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO ME DEMORE MUCHO EN ACTUALIZAR! ME TRANSFORME EN LO QUE MAS ODIO... UN AUTOR QUE DEMORA EN ACTUALIZAR! ME VOY A MORIIIIIIIIIIIIR

Sé qe no merezco perdon pero he estado muy complicada estos dias. Esta es la primera vez que me conecto en... bueno, varios días. Y bue, se que quizas no les interese esto pero...

En fin, agradezco a todas las que me han estado siguiendo. Sinceramente, si las nombrara a todas quizas se me olvidaria alguna. Mejor agradezco en general.

Como saben, solo algunos personajes son de mi loca mente.

Aquí el capítulo 6.


Alice y Emmett llevaban media hora discutiendo sobre qué se yo estupidez que se les ocurrió. Rose no les hacía caso, Jasper estaba más preocupado en analizar a sus potenciales oponentes que en cualquier otra cosa, Carlisle charlaba animadamente con Stanley, que al parecer era de la misma época y país que él. Esme y yo éramos los únicos que le prestábamos alguna atención.

¿Qué ha pasado últimamente? En resumen, esto.

Día uno: me sacan a luchar, gano y me transformo en un protegido secreto de la Reina de Egipto y su mejor amigo.

Día dos: Alice y Emmett discuten por primera vez desde que se conocen. Se repite cada segundo y por cualquier cosa.

Día tres: Jasper deja de hablar con su esposa.

Día cuatro: sacan a la arena a Ian y a un tal Lucas, quien tenía un enredo con Bella. Cabe decir que Lucas perdió en dos segundos (más tarde me enteré de que ella le puso una pequeña trampita y él se distrajo).

Día cinco: Rose discute furiosamente con Emmett. Desde entonces no le dirige la palabra.

Aquí todo es muy aburrido, lo único que se puede hacer es contar los segundos que pasan antes de una nueva ronda o contar las piedras que forman el salón o sencillamente sentarse a esperar la condena.

Jasper torció el gesto.

- Tranquilícense, ¿quieren? – casi gruñó.

- ¡Es que esta enana…! – comenzó Emmett molesto.

- ¿¡Enana! – rugió ella. Todos en la prisión callaron. Ya todos nos conocíamos, y sabían que mi hermana era alegría y dinamita pura - ¡Tu eres un maldito oso gruñón! ¡Lo único que sabes hacer es jugar y luchar! ¡MADURA EMMETT MCCARTY CULLEN! – bramó. ¿McCarty? Me parecía haberlo oído últimamente… McCarty… ¡Sam!

- ¡Al menos no soy un enclenque que lo único que sabe hacer es quejarse, ver el futuro, meterse donde no le llaman o lloriquear porque los demás sienten muy fuerte! – chilló Emmett sacándome de mis pensamientos.

- ¡Hey! – saltamos Jasper y yo al mismo tiempo.

- El problema no es con ustedes – sisearon al unísono.

Lo que fuera que Jasper quería decir fue cortado abruptamente cuando el techo se removió y se asomó un guardia.

- Si quieren arreglarse, esperen a la arena – ordenó frunciendo el ceño -. Alice Cullen, Frederick McGregor, a luchar, ahora.

- Pero… - protestó Alice.

- No me hagas bajar, Alice – advirtió la voz de Bella. Todos se estremecieron ante el musical sonido y ambos luchadores se prepararon para salir, refunfuñando.

Emmett se dirigió a una orilla del salón y se sentó apoyado en el muro. El encierro nos estaba cambiando mucho, y eso que ni siquiera llevábamos una semana aquí. Emmett era un gruñón, ya no hacía bromas y a cada comentario respondía ácidamente. Rose ni miraba a su esposo por temor a hacerlo enojar, y ya no era vanidosa ni enojona como antes. Esme no se preocupaba por detener las peleas entre nosotros, cada vez más frecuentes, y casi ni hablaba con Carlisle. Él tampoco nos hacía caso. Alice se enojaba por todo, discutía porque sí y ni miraba a Jasper. Su esposo no había hallado otra salida que volverse frío y calculador. Y yo… vivía en otra galaxia.

Diez mil ochocientos segundos más tarde, Alice era arrojada dentro del salón. Su ropa estaba rasgada y rota. Su mente maldecía a Frederick porque, al parecer, también veía el futuro y eso le complicó las cosas. Me acerqué a ella.

- Alice, ¿estás bien? – pregunté preocupado al ver que no se levantaba. Ella me dirigió una mirada envenenada.

- ¿Por qué te preocupa? – siseó.

- Eres mi hermana….

- ¡Maldición, Edward! ¿Es que no entiendes? ¡Aquí los parentescos no existen! ¡El pasado quedó atrás, más muerto que Lucas! ¡Me importa un comino lo que te preocupe o no! ¡Quiero salir viva de aquí, y si para eso tengo que matarlos a todos, eso haré! – rugió.

Todos la miramos asombrados. TODOS. El silencio en el salón era absoluto, nadie respiraba ni se movía. Éramos estatuas. El silencio se rompió cuando alguien comenzó a aplaudir lentamente. Nos giramos hacia la fuente del sonido. Una pequeña figura de capa dorada nos miraba desde una pared del salón, donde al parecer había estado apoyada.

- Bravo, Alice – medio rió la figura con su melodiosa voz apenas dejó de aplaudir. Se bajó la capucha. Bella. Todos nos estremecimos menos Alice.

- ¿Qué quieres? – preguntó hastiada.

- Escuché tu discursito… muy interesante – comentó mirando sus uñas -. Pero no tienes porqué matarlos a todos, al menos déjame algo de diversión – sonrió malévolamente.

- ¿Eso es todo? – medio gruñó mi hermana.

- Escucha – le dijo Bella repentinamente seria -. Te puedo ofrecer algo bueno…

- No me interesa nada que una perra como tú me pueda decir – escupió Alice. Todos nos paralizamos y Bella… ni se inmutó.

- ¿Me crees si te digo que no me afecta? – sopló más que habló.

- Entonces… – aunque Alice me había bloqueado, casi podía ver su mente trabajando a toda velocidad buscando un insulto lo suficientemente fuerte como para desestabilizarla – No me interesa nada que una hija de perra como tu me pueda ofrecer – soltó. El rostro de la egipcia se contorsionó durante un segundo, luego sonrió malévolamente y Alice se estremeció.

- Alice, Alice, Alice – sonrió negando con la cabeza -. ¿En verdad crees que eso me va a afectar? Sé que mi madre era una perra, y no hay absolutamente nada que me puedas decir acerca de esa… mujer – escupió las palabras con asco, al parecer no quería a su madre humana – que me haga algún daño.

- Entonces… - repitió Alice temerosa.

- Me gustó tu estilo – respondió Bella sonriendo de lado -. A mi hermano también, y estamos de acuerdo en ofrecerte un lugar privilegiado en mi guardia personal – todos abrimos los ojos como platos de la impresión, y un brillo calculador apareció en los ojos de mi hermana.

- ¿Hablas en serio? – preguntó emocionada. Genial, justo cuando le ofrecen unirse a ellos vuelve a ser como era.

- Por supuesto – contestó ella -. ¿Qué…? – comenzó, pero mi hermana no la dejó terminar.

- ¡Claro que acepto! – casi gritó. Bella sonrió y se adelantó. Se puso al lado de Alice y se elevaron hasta salir de la celda. La duende no cabía en sí de emoción, y no nos dirigió una mirada.

Día Seis: perdemos definitivamente a Alice.

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Alice POV

¡Al fin salía de esa estúpida celda! No es que ya no quiera a los demás, pero sabía que de cualquier modo íbamos a morir y prefería separarme de ellos. Resultado: si uno de ellos muere, en teoría no me afecta, y mi mente se centraba únicamente en la lucha.

Pero ahora eso no importa. Soy de la guardia egipcia, un gran honor. Sobretodo si me lo ofrecieron tras mi primera lucha.

Ahora seguía a la Reina de Egipto, mi nueva líder, por los pasillos de la pirámide. Sus pasos eran ligeros y necesitaba aguzar bastante el oído para captar el suave sonido. Parecía como si no rozara el suelo.

- Casi no lo hago – replicó ella.

- ¿Cómo…? – pregunté asombrada. ¿Acaso leía mentes?

- Más o menos. Poco alcance, pero sirve – sonrió.

- ¿A dónde vamos? – pregunté un rato después.

- A mi cuarto. Te daré una capa y ropa nueva. Sé que quizás no te guste, pero es lo que hay.

- ¿Para qué necesito la ropa?

- Formalidades. Es un distintivo que dice tu rango, líder, guardia, espía, soldado o cazador. Pero bajo ella, hay más rangos. Líder, favorito o común – explicó -. Gustos de Arthur, aunque yo elegí los uniformes – finalizó encogiéndose de hombros.

- ¿Y yo seré…?

- Guardia favorito – sonrió ella -. Tu ropa será más elegante, expresará tu alto rango. Tendrás ciertos beneficios. Por ejemplo, seguirme a donde sea o libertad de movimientos.

- ¿Cuáles combinaciones hay? – vale, me estoy pasando de curiosa. Pero, ¡por favor! No todos los días te conviertes en una favorita de tu jefa sin hacer ningún esfuerzo en el primer día.

- Entra – ordenó señalando una abertura en la pared. Apenas pasamos la piedra se cerró. La habitación era pequeña. Una antorcha en cada muro daba luz al lugar. Un sillón frente al muro por el que entramos, una mesa y un par de sillas eran todo lo que había dentro.

- ¿Qué rayos…?

- Controlo los elementos – explicó caminando hacia un baúl en un rincón. Lo abrió y comenzó a rebuscar en su interior -. Toma, vístete. Si te quieres duchar, solo dime y te abro la cueva.

- Quisiera darme un baño – contesté mirando mis ropas y mi piel. Ella asintió y abrió el muro. Entré y la piedra se cerro tras de mí.

Había un enorme lago y una cascada. Tal vez esto estuviese fuera de la pirámide. Me di un baño rápido y me vestí con lo que ella me había pasado. Eran una blusa sin mangas, unos pantalones cortos y una especie de vestido con adornos dorados bordados en el cuello cubriendo lo demás, sujetado por un grueso cinturón dorado. Toda la ropa era blanca. La tela de la blusa y los pantalones era gruesa y tosca, mientras que la del vestido parecía seda de tan delicada. Me calcé unas sandalias de cuero con detalles dorados, me puse un collar del mismo color y un brazalete de oro con una especie de ojo grabado. Me puse la capa de color entre arena y dorado y la sujeté con un broche de plata y zafiro. Estos egipcios sí que tenían riquezas.

Caminé hasta el muro y toqué un par de veces. Éste se abrió al instante y ella me miró con un brillo calculador en los ojos.

- Te queda bien, como pensé. Ya sabía yo que habías venido por algo – sonrió.

- ¿Todos usan tantos lujos? – pregunté mirando mi brazalete. La oí chasquear la lengua.

- No todos. Tu ropa tiene tanto dorado por ser una favorita, el brazalete lo usamos como distintivo y bueno… el broche azul significa guardia.

- Cuéntame más – pedí ansiosa. Ella rió alegremente.

- ¿Todo?

- Lo que quieras.

- Bueno, entonces. Te contaré mi historia, la historia de mi clan.

Caminó hasta sentarse en el sillón y me indicó que me sentara a su lado. Respiró para tranquilizarse y pareció perderse en el pasado.

- Todo comenzó en el siglo XV – comenzó con voz soñadora mirando al vacío.

¿Les gustó? ¿Tomatazos? Bueno, soy cruel, lo sé, pero lo peor aún está por venir. Espero actualizar luego, pero no prometo nada, he estado algo complicada con el colegio... Ya no las aburro más.

La loca de Ayla se despide de su loca nave imaginativa... cuyos motores han estado algo estropeados ultimamente