Aquí les va otro capi. La verdad no estaba muy seguro de subirlo, el anterior no tuvo ningún RR, extrañé sus coments u.u ¿Adónde quedaron sus mensajitos? Quiero RR_RR_RR_RR_RR Bueno, no las molesto mas... por ahora.
Como saben, la trama es totalmente mía y solo algunos personajes son míos.
LEER AL FINAL, NOTA DE AUTORA.
Emmett POV
Rose, mi Rose. Ella fue lo más duro de mi decisión, el tener que alejarme de ella y que mi amada esposa estuviera en riesgo de muerte casi lograron que rechazara la oferta de mi antepasado.
Finalmente lo entendí. Estuviera o no en prisión, mi Rosie corría igual peligro de morir. Pero si estaba fuera, podría convencer a mis amos de sacarla. Algo que no lograría dentro. Simple lógica.
Otro punto era que Alice estaba sola fuera, mientras que los demás estábamos juntos. Si alguno de nosotros salía, podría protegerla. Yo fui el primero en ser… postulado, por decirlo de alguna manera.
La paliza que le di a Nikolai fue memorable. Me costó, pero lo conseguí. Gracias a eso, ahora soy un guardia favorito de los egipcios, específicamente de Samuel, mi antepasado.
- ¡Emmett! – oí el grito de Alice interrumpiendo mis pensamientos. Volteé y la vi salir por la puerta trampa de la punta de la pirámide, que daba a una pequeña plataforma en la que me encontraba sentado al borde. A la luz de la luna llena se veía aún más pálida y ojerosa.
- ¿Qué pasa, Al? – le pregunté. Ella se sentó a mi lado y me taladró con sus ojos escarlata. Me estremecí, aunque sabía que no había matado humanos.
- Los amos te llaman – contestó con voz suave -. La extrañas – afirmó. Suspiré. Una semana había pasado y lo sentía como un año sin mi Rose.
- Igual que tú a Jasper – contraataqué. Ella solo rió entre dientes.
- Claro que sí, pero sé que se nos unirá pronto.
- ¿Lo viste?
- No. Bella me dijo que lo llamarían en un tiempo y lo uniría a nosotros. De a poco, hermano. Después de él viene Rose – sonreí.
- Voy donde los frikis – le dije levantándome. Ella solo me miró reprobatoriamente por el sobrenombre que le puse a nuestros líderes.
- Si ves a Bella, dile que estoy aquí – me pidió. Asentí a entré a la pirámide.
Recorrí los pasillos hasta llegar al salón principal, donde había cuatro tronos. En el de la izquierda estaba Sam, a su lado Bella, al otro lado el hermano de ésta y a la derecha un asiento vacío.
Nadie más estaba ahí. Caminé hasta el centro del lugar y me arrodillé, mirando al suelo.
- ¿Me llamaban? – pregunté agachado.
- Levántate, Emm – oí decir al hermano de Bella. Obedecí sorprendido y vi a los tres egipcios parados a un par de pasos de mí.
- ¿Tú hablas con él, Artie? – preguntó Bella en voz baja. Su hermano asintió.
- Déjenme solo con él, cuando estemos listos los mando llamar con alguien – ordenó. Ella rodó los ojos.
- Arthur, puedes hablar con Bella cómodamente estando a dos pirámides de distancia, no creo que sea necesario – bufó Sam.
- Tan solo váyanse – replicó él. Mi antepasado desapareció al instante, pero Bella volteó a verme.
- ¿Emm, has visto a Al? – preguntó ignorando mirada impaciente de su hermano mayor.
- Está en el mirador – le informé. Ella me sonrió y desapareció.
- Emmett – me llamó Arthur -. Ven.
Caminé hasta sentarme en el asiento junto al suyo, de lado para verlo bien. Un silencio algo incómodo para mi gusto llenó el salón. Un par de minutos después habló.
- Emmett, sabes que somos tres líderes, ¿no? – preguntó. Lo miré extrañado.
- ¿Qué clase de pregunta es esa?
- Limítate a contestarla.
- Sí, claro. Samuel, Isabella y usted – murmuré nervioso. El rió y negó con la cabeza.
- Sam y Bella – me corrigió -. Odian sus nombres. A mí llámame por el mío. Después de todo, no soy tan viejo – rodé los ojos.
- Como quieras, Arthur – contesté -. ¿Y a qué vino esa pregunta?
- Dios, Emmett, no creí que fueras tan despistado – suspiró él -. Cuenta los tronos – me levanté y me puse de frente a él.
- Uno… dos… tres… ¿cuatro? – conté en voz alta.
- Emmett – sonrió él levantándose también y abriendo los brazos en un gesto de bienvenida -. Este es un… negocio familiar, podría decirse.
- ¿Bromeas? – salté cayendo en la cuenta de lo que quería decir. El negó con la cabeza.
- Toma – me tendió unas ropas -. Cámbiate, no queremos que te confundan con un guardia, ¿no?
- Claro que no – balbuceé. Arthur sonrió y se fue.
- A velocidad vampírica me saqué la capa, quedando solo en esos extraños pantalones hasta la rodilla, anchos, de tela gruesa blanca y bordes dorados.
Tomé la ropa que Arthur me había dado. Una gruesa faja de oro, que abarcaba desde las caderas hasta el ombligo, fue lo primero que me puse. Luego me cambié las sandalias a unas de cuero con recubierta de oro (los egipcios tienen… tenemos mucho oro, ¿no?).
Luego me quité el primer collar y me puse otro (de oro, para variar, casi todo lo que usábamos era así) con un montón de cuadraditos y una oveja al final. Además, me puse un collar de cuantas rojas y un diente al final, y otro grueso y corto con un montón de cuentas azules y doradas. Estaba seguro que en el momento que tuviera que luchar esto sonaría como un diablo.
Terminado esto, me quité el brazalete y me puse dos iguales, azules con un ojo raro*.
Luego me puse la capa dorada sobre todo esto y el típico broche dorado con una piedra azul. Duh, muchos adornos.
Suspiré viéndome en un enorme espejo de cuerpo entero que había detrás de los tronos. Este no era yo, bueno sí, pero me parecía tanto a Sam que podríamos pasar por gemelos. Verme así, con los ojos rojos y vestido como un rey, me recordaron nuevamente que mi realidad ya no estaba ligada a los Cullen. Ahora yo formaba no solo mi destino, ahora yo decidía las vidas de cientos de vampiros bajo mi poder.
- Qué egocéntrico, Emmett – se burló Bella apareciendo de la nada detrás de mí. Sonreí.
- No soy egocéntrico, es la verdad.
- ¿Es difícil? – preguntó. Volteé y la vi a los ojos. Tenían una chispa, no sé, extraña. Como si siguiera siendo una niña, curiosa y juguetona.
- Bastante – murmuré. Sus ojos chispearon de emoción.
- Siéntate, Emm – obedecí y ella ocupó su asiento -. No tengo idea de cómo se siente esto, ¿sabes? Yo no dejé ninguna familia, ni al transformarme ni al venir aquí.
- ¿No tenías…?
- Oh, no – contestó ella despreocupadamente -. Arthur es mi hermano biológico, fuimos transformados casi al mismo tiempo. Nosotros matamos a nuestros padres biológicos siendo humanos aún – abrí los ojos de la impresión.
- ¿Bromeas?
- Nop – sonrió ella -. Te contaré mi historia…
Así comenzó su relato, una de las historias de vida más largas que había escuchado hasta ahora. Vida, no existencia. He conocido muchos vampiros con una existencia tanto o más difícil, pero sus vidas humanas no fueron para nada como esta.
Cuando terminó su relato, sentí tres efluvios muy conocidos en la puerta del salón. Volteamos al mismo tiempo. Parados y sonrientes estaban Alice, Sam y Arthur.
- Tenías que saberlo – comentó el último sentándose en su lugar.
- Por supuesto que sí – continuó mi antepasado sentándose en el suyo. Alice sonrió.
- ¿Le contaron de Amun? – inquirió curiosa.
- Ahora le iba a decir eso, Al – replicó Bella. Ella bufó y se dirigió a la puerta a grandes zancadas,
- Voy a por Nik – avisó. Arqueé una ceja.
- ¿Alice y Nikolai? – pregunté algo enojado. Arthur soltó una suave risa.
- Tan solo ella le está ayudando a preparar una venganza a Kiowa – reímos al unísono. Kiowa era un vampiro asiático, extremadamente calculador y letal al momento de luchar, pero un imbécil el resto del tiempo.
- Quiero ver eso – dijo Bella casi saltando en su asiento como una niña.
- Ahora no, Bells – la reprendió Sam. Ella hizo un puchero. Me recordaba mucho a Alice -. Tenemos que hablarle de Amun.
- ¿Qué pasa con él? – pregunté frunciendo el ceño. Arthur suspiró y comenzó a contar los problemas que llevaban desde siglos con el nómada.
Definitivamente, esto era raro. ¿Cómo podía ser que un clan fantasma como este tuviera tantas peleas con un solo vampiro?
- La verdad – finalizó Bella -. No lo hemos matado aún por dos razones. Una es nuestra venganza por lo que nos hizo, aunque ahora empiezo a pensar que nos hizo un favor…
- No – gruñó Arthur. Su mirada asesina me hizo estremecer -. Éramos felices como humanos ladrones, Isabella. No necesitábamos de Amun para…
- ¡Por Anubis, Arthur! – bramó ella -. ¡Han pasado quinientos años y él ya pagó lo que nos hizo! ¡Supéralo!
Arthur comenzó a replicar y Sam suspiró. Me hizo una seña con la cabeza y nos dirigimos a la plataforma. Comenzaba a amanecer cuando salimos. Sam se sentó al borde y lo imité. Permanecimos en silencio durante un par de horas.
- Es común – dijo él en voz baja mirando al desierto.
- ¿Qué cosa? – pregunté en el mismo tono.
- Que peleen por nada. Se quieren, pero sus personalidades son diametralmente opuestas. Como has visto, Bella es sumamente terca, alegre, infantil y una luchadora nata. Ella nació para esto, ¿entiendes? Pero él no entiende que su hermana pequeña habría terminado muerta inevitablemente si no fuera por su transformación.
- Sus vidas fueron muy duras, ¿no?
- Ni te lo imaginas – suspiró -. Sabes por qué pasaron, pero no tienes idea de cómo se sintieron. Estaban en peligro constante, si un guardia los veía en la calle, los mataba a palos.
- Pero sobrevivían.
- Eso es lo que Art no entiende. Bella fue educada en la calle, él fue un chico de casa por tres años. A él le costó más adaptarse, todavía recordaba a su madre y no entendía que los hubiera abandonado a su suerte. Pero ella no. Lo único que recuerda es la calle. La ley de la calle.
- Infancia dura, adultez asesina – murmuré. Él asintió.
- Es verdad, solo que ellos se hicieron adultos a temprana edad. Tuvieron que hacerlo.
Ahí se acabó la conversación. A mediodía, cuando la luz del sol se fragmentaba en millones de diamantes en nuestra piel, se abrió la puerta trampa y por ella se asomó un guardia.
- Reunión del clan – informó y desapareció al interior de la pirámide.
Sam y yo nos miramos y corrimos al salón de los tronos. A medio camino nos cruzamos con Bella y Alice, que iban lado a lado conversando alegremente.
- Llegamos al salón y nos encontramos con unos cuantos vampiros que parecían ser los líderes de rango. Alice siguió a su protectora hasta su trono y se paró a su lado, entre los asientos de Sam y Bella.
Arthur nos miró y nos hizo una seña para que fuéramos hasta allá. Cruzamos el salón y nos ubicamos a un lado. Nadie sabía que éramos…
- Sam, Emmett, siéntense – indicó el egipcio. Luego volteó a ver a su clan -. Ahora, los dividiremos entre nosotros cuatro. Ya saben que eso solo significa que están bajo su cargo, nada más. Seguirán obedeciendo a los demás. ¿Está claro?
- Sí, señor – contestaron todos a coro,
Arthur se levantó y apuntó a un vampiro rubio y no muy alto, un espía, deduje por su vestimenta.
- Marko, tú y tu tropa están a mi mando. Cualquier intruso me lo informas a mí.
- Sí, mi señor – dijo él inclinándose en una reverencia -. Mi tropa se quedó en el desierto, señor, cuidando la frontera norte de su reino – Arthur asintió pensativo.
- Ve con ellos e infórmales de los cambios – ordenó.
- Fred – dijo Bella. Un vampiro enorme se adelantó -. Tu tropa bajo mi mando – el vampiro se inclinó al igual que el anterior.
- Como ordene, mi señora. Mi tropa está en el desierto, cuidando la frontera sur de su reino.
- Ve con ellos – ordenó Bella.
- Mi tropa está a su mando, mi señor – dijo un vampiro de cabello negro adelantándose y dedicándome una reverencia -. Están en la frontera este, señor, cuidando su reino de los visitantes no deseados.
- Ve con ellos, eh… - 'Steve' me susurró Arthur – Steve – finalicé.
- Las tropas de la frontera oeste están bajo su mando, señor – se adelantó un vampiro pelirrojo -. Cuidan las fronteras de su reino.
- Ve con ellos, James – indicó Sam.
Los cuatro espías nos dedicaron una reverencia y desaparecieron.
- Kim – llamó Bella. Una cazadora se adelantó -. Tu grupo seguirá mis órdenes.
- Le traeremos la mejor sangre que se pueda hallar en todo Egipto, mi señora – contestó la vampiresa de cabello castaño.
- Judy – llamó Sam. Una cazadora pelirroja parecidísima a James se adelantó -. Espero que la sangre de tu equipo sea buena.
- La mejor que pueda probar, señor – replicó ella.
- Carlo – llamó Arthur -. La sangre de tu equipo será de Emmett.
- Como ordene, mi señor – dijo él -. Ya verá, señor – continuó dirigiéndose a mí – que la sangre que mi grupo vale la pena.
- Eso espero, Carlo – repliqué.
Arthur terminó de repartir rápidamente a los demás y los mandó a sus tareas. Es decir, limpiar sus nuevas pirámides, ordenarlas, repartirse las cámaras y demás. Ahora, mis vampiros tenían una pirámide para ellos, al igual que los grupos de los demás líderes. Esta pirámide era la principal, la nuestra. Además, en esta nos alimentaríamos y veríamos las peleas.
Todas las parejas habían quedado juntas, para alivio de los vampiros.
Alice permaneció callada todo el tiempo, como sombra que debía ser. Silenciosa. Nikolai ahora era el vampiro encargado de cuidar la pirámide de los chicos de Bella.
Arthur suspiró y se sentó. Cada uno se sumió en sus pensamientos. ¿Quién lo diría? Yo, pensando. Ja. Si Edward me viera. No lo creería.
Rato después, entró Nikolai seguido de Kiowa, Frank y Travis. Ellos cuatro eran nuestros ojos y oídos en las demás pirámides, nuestros guardias de mayor confianza.
Nik era el designado de Bella, Frank el de Sam, Travis el de Arthur y Kiowa mi encargado. Aunque solía portarse como un imbécil, era un líder nato y era perfectamente capaz de llevar a cabo cualquier tarea que yo le designara. No podía haber elegido mejor.
- Ya están todos listos para la pelea, mi señor – informó Kiowa adelantándose.
- Buen trabajo, chicos – los felicitó Arthur -. Demoraron menos que de costumbre.
- La verdad fue Kiowa el que organizó todo. Mandó a los suyos a por dos asientos más para ustedes, y luego envió a todos los vampiros a la arena – intervino Nik. Nosotros miramos sorprendidos al asiático.
- ¿Es eso cierto? – pregunté frunciendo el ceño. Él se estremeció.
- Bueno… la verdad yo… los demás estaban ocupados y aburridos… creí que, ya que los demás jefes de grupo estaban ocupados, podría encargarme de eso. Espero no le moleste, señor, no lo hice con mala intención – soltó todo tan rápido que me costó un poco seguirlo.
- No te preocupes – sonreí. Él levantó la vista, asombrado -. Me alegro de mi elección, eres el ideal para dirigir a los nuestros, ya sabes que son unos desordenados. No podría haber designado a un jefe mejor.
- Gracias, mi señor.
- Vamos – interrumpió Bella -. Muero por ver pelear a Jasper.
- ¿Es en serio? – soltó Alice. Todos la miramos y ella agachó la cabeza, avergonzada.
- Claro, Al. Te dije que lo haría – sonrió Bella. Nik y los demás suspiraron.
- Es común – me explicó Kiowa -. Ella prefiere que las parejas estén juntas en la guarida, así no se distraen o se rebelan.
- Buen método – alabé. Ella rió suavemente.
- El problema será cuando se una tu compañera. Ninguno de nosotros ha tenido pareja jamás, y tuvimos que cambiar todo nuestro sistema para arreglar esto – suspiró Arthur -. Pero eso da igual por el momento. Ahora vamos a ver la pelea.
Todos asentimos y lo seguimos a la arena. A medio camino me di cuenta que ni Alice ni Bella ni Nikolai estaban con nosotros.
- Fueron a por los luchadores – explicó Sam cuando se dio cuenta de lo mismo que yo.
- Ah – murmuré -. ¿Alguna vez los elegiré yo? – hice un pequeño puchero mientras daba saltitos con las manos juntas.
- Por supuesto – sonrió Arthur -. Esta vez era el turno de Bella, la próxima serás tú.
Solté un grito de emoción y corrí a la arena. Oí las risas de los demás detrás de mí y noté que me seguían. Pero no lo sentía con el oído, bueno sí, pero lo sentía con mayor intensidad bajo las plantas de mis pies. Ventajas del calzado supongo.
Ya ahí, nos sentamos en nuestros lugares y esperamos a los demás. Los jefes designados se ubicaron una grada bajo nosotros. Pasó un rato y Bella y Alice llegaron. La primera se sentó en su trono mientras que la segunda se paró entre ella y Sam. Un segundo después se abrió la piedra dando paso a un muy confundido Jasper y a un asustado vampiro de cabello corto negro.
La lucha comenzó. Jasper inmediatamente hizo un despliegue magistral de sus habilidades y venció pronto. Los restos del otro vampiro se prendieron en llamas de la nada. No me sorprendió, ya lo había visto un par de veces y sabía que eran o Bella o Arthur quienes lo hacían.
El silencio fue abrumador. Apenas era interrumpido por el crepitar de las llamas. Los guardias estaban sorprendidos de que no hubiéramos devuelto al superviviente a la celda, y nos miraban en silencio.
Nosotros cuatro estábamos inclinados para "conversar", aunque la decisión había sido tomada antes de la pelea misma.
Cuando nos cansamos de fingir unos cuatro minutos después, nos levantamos. Jasper estaba parado al centro de la arena, mirándonos expectante.
- Buena pelea – alabó Sam -. Si no me equivoco, estuviste en México, ¿no?
- Es correcto – contestó él decidido -. Cien años en México. Entrenaba neófitos y lideraba un ejército de recién nacidos, señor.
- Impresionante – dijo Arthur -. Quizás nos puedas servir.
- ¿Aceptas unirte a noso…?
- Jasper Withlock – dije interrumpiendo a Bella, que rodó los ojos -. Me parece que… sí, deberías unirte a nosotros.
- ¿Aceptas? – preguntó Bella. Él le dio una mirada fugaz a Alice y luego dirigió su vista hacia mí.
- Acepto – respondió -. Pero mantengo mi dieta, ¿no?
- Ya veremos – contestó Arthur enigmáticamente.
Un guardia se asomó por la piedra abierta y se llevó a Jasper. La reunión se disolvió y cada uno volvió a sus tareas.
Ahora, tiempo de continuar con el plan. Debíamos adaptar al veterano de México. Estaba totalmente seguro de que no le hacía ninguna gracia tomar esta posición, pero lo hacía por Alice.
El sacrificio de mi hermano me hizo recordar a mi esposa.
Rose, mi Rose. Pronto estaremos juntos, mi amor. Pronto. Lo prometo.
N/A: Creo que algo quedó medio confuso, y me di cuenta apenas cuando releía lo que había hecho. En el POV de Arthur, él dice que "Sam" es su mejor guardia. Aclaro. En ese entonces, Samuel McCarty era un guardia común y corriente. Cuando él y Bella idearon todo este enredo para sacar a los Cullen, decidieron que él asumiera su liderazgo. Pero lo hace al mismo tiempo que Emmett.
Para las que pedían un momento EdwardxBella, aviso que trataré de ponerlo en el otro capi. Quería ponerlo en este, pero me salió más largo de lo que esperaba (es el más largo que he escrito hasta ahora, la verdad) y decidí que alargarlo más no valía la pena. Las dejo en suspenso muajaja soy mala XDDDDDDDD no enserio, para las que le dieron una ojeada al prefacio de mi otra historia, "Arcángel", les aviso que la cosa se pone fea. díganme si quieren que empiece a subir estas dos al mismo tiempo o prefieren que termine esta para enfocarme en la línea.
Con el tema de los RR, el capi pasado me decepcionó. Lo lamento, pero es la verdad. Me da que les da igual que suba o no. Recibí dos alertas de favoritos, pero ningún RR. Por favor, me basta con un "te leo". Enserio, un simple clic a ese lindo botoncito de ahí abajo me motivará para actualizar más rápido. Ahora veo que las autoras tienen razón cuando dicen que los comentarios son el alimento de los escritores.
Nos leemos.
Ayla
P.D: ¿REVIEWS? Son gratis y solo toman un minutito.
P.P.D: Fotos de la ropa de Emmett en mi perfil (bueno, solo las sandalias y los accesorios). ¡Juro que yo no describo así! Fue Emmett, a él le dio lata mirar bien lo que se ponía, pero yo me di el trabajo de buscar todo lo que se ponía para que supieran de qué rayos hablaba el grandote.
