! T_T No puedo creer que me haya demorado cuanto, ¿dos semanas?, en actualizar UN CAPI! Definitivamente odio a mi suerte T_T Me explico. Primero, se me perdió el pen-drive donde guardo mis fanfics, sobretodo desde que mi PC que confiscado por el técnico para ponerle qué-se-yo por no-sé-qué y quién-sabe-cuándo-regresa hace... ¿uno o dos meses? Bueno, el punto es que sin mi pen-drive muero porque no tengo idea de cómo continuar. Ya sé, ya sé. EXISTE INTERNET PARA VER EN QUÉ QUEDASTE, TONTA! Bueno, mi genial excusa fue que, sencillamente, estoy cerca de los finales y no me puedo conectar mucho para algo que no sea estudiar o hacer tareas T_T Ahora, el pen-drive se me perdió al día siguiente de subir el capi anterior a este y lo encontré hace una semana, pero en eso se dio que mi FM se fue de vacaciones a China y se le ocurría llamar justo cuando no tenía el PC al frente. Todavía sigue allá, o eso me dijo, así que si alguien ve a esa desgraciada malagradecida de que la pongan en marcha en vez de encerrarla en un baúl, me la envía OK? O en su defecto, le dice que es urgentemente requerida por aquí.

Bueno, no las lateo más. En este capi, entran en escena los Denali. ¿Acaso creyeron que se quedarían fuera? Creyeron mal, pues aquí donde ven el capi aparecen... y no precisamente por buenos motivos.

Este es un capi... digamos de transición. No tiene mayor importancia, pero complica las cosas el que los Denali hayan aparecido, aunque fuera con buena intención.

Como ya saben, la mayor parte de los personajes y la totalidad de la trama son mías, y el resto pertenece o a Stephenie Meyer o al mundo en general.

Eleazar POV

Kate entró corriendo a la sala a velocidad vampírica con el teléfono en la mano.

- Carlisle – se limitó a decir pasándome el aparato. Lo tomé y contesté.

- ¿Bueno?

- Eleazar – respondió él a forma de saludo -. ¿Siguen en Denali?

- No, hace un mes nos mudamos a Londres – contesté frunciendo el ceño -. Laurent ya controla la sed, o al menos no se arroja al cuello de cada humano que pasa frente a él. Se alimenta como nosotros.

- ¿Irina lo ayudó? – intuyó él. Solté una risita baja, pero aún así me escuchó -. Ellos son los únicos que no se dan cuenta, ¿verdad?

- Así es. Creen que son 'solo amigos', pero por favor. Si ellos son solo amigos, yo soy un perro – bufé -. Ahora están en de caza.

- ¿Londres, eh? – murmuró pensativo. Pude oír de fondo un gritito de emoción de Alice y un bufido de exasperación de Edward -. ¿Al norte?

- Noreste – repliqué -. Creo que cerca de aquí…

- ¡Ya la compré, Eleazar! – chilló Alice. Aparté el teléfono de mi oreja. Juro que si no soy un vampiro me deja sordo.

- Qué bien, Alice. Pero no grites junto al teléfono – suspiré. Casi podía verla rodando los ojos -. Bueno, ¿por qué llamaban?

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Tres meses pasaron desde la llamada de Carlisle. Tres meses completos sin recibir una llamada o un correo electrónico, nada. Cero noticias.

Lo último que supimos de ellos fue que, antes de venir a Londres, pasarían por Egipto a visitar a Amun, un viejo amigo de Carlisle.

Se suponía que estarían poco más de un mes allí, y que mientras volvían, veríamos su casa.

La casa estaba instalada, pero a ellos se los había tragado la tierra.

- ¿Qué pasa, Eleazar? – preguntó Laurent en voz baja, sentado en el brazo del sofá que ocupaba Irina.

- Me preocupan – contesté. No preguntaron, sabían a quiénes me refería. A lo lejos oímos campanadas de media noche.

- Están bien – dijo Carmen en tono consolador pasándome el brazo por la cintura y arrastrándome al sillón de dos plazas. Me obligó a sentarme en él y obedecí casi en automático.

- Entonces, ¿por qué no han llegado o llamado? – preguntó Tanya haciendo eco de mis pensamientos. A veces era molesto que leyera la mente -. Hey, no es mi culpa – protestó, supongo que por mi pensamiento -. Claro que fue por tu pensamiento, Eleazar.

- Ya basta, Tanya – dijo Kate, recargando la espalda en su sofá favorito.

- Quizás están entretenidos y no han podido llamar – conjeturó Laurent, dudoso. Negué con la cabeza.

- Carlisle no es así. Ninguno de ellos.

- Podría ser – admitió Irina al mismo tiempo. Kate la fulminó con la mirada.

- Ya, Irina. Si van a darse la razón todo el tiempo, admitan de una buena vez que se quieren como más que amigos – ellos bajaron al cabeza, avergonzados. Kate sabía cómo dar en el punto.

- Dejen de pelear – reclamó Tanya, frotándose las sienes al tiempo que se sentaba en el único sofá libre -. Me basta con escuchar sus gritos mentales.

- ¿Qué haremos? – preguntó Carmen, cortando la discusión.

Todos nos sumimos en nuestros pensamientos. Incluso Tanya, vaya novedad. Al amanecer ya habíamos decidido qué hacer.

No soportábamos más esta falta de noticias. Iríamos a Egipto. Amun tendría noticias, era lo más seguro.

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- ¿Cómo se supone que saldremos siquiera del avión con todo este sol? – reclamó Kate en susurros, cerrando la cortina para bloquear los fuertes rayos solares de mediodía. La imitamos casi en automático – No se apresuren en contestar – dijo mordaz.

Tuvo que cerrar la boca cuando llegamos al aeropuerto y estaba…nublado. Salimos a las calles de El Cairo con apenas el teléfono en mano, lo único que llevamos, recelosos. Amun estaba en las puertas del aeropuerto, con cara de preocupación.

- Váyanse – espetó en voz baja y a velocidad vampírica -. Es mejor así.

- Hola, Amun, gusto de verte – dijo Irina mordazmente.

- ¿Acaso importan los saludos cuando están en peligro? – siseó fulminándola con la mirada.

- ¿De qué peligro hablas? – dije rápidamente para evitar una pelea. Seguro que Irina se quedó con un montón de insultos en la lengua. Vi a Tanya asentir levemente por el rabillo del ojo.

- Ellos, aparecieron de la nada y capturaron a los Cullen – dijo mirando al suelo. Tanya y yo jadeamos de la sorpresa. Tanya más por la imagen mental, supongo. Pero yo los conocía, había oído hablar de ellos, al menos.

- ¿Cómo es posible? - murmuré. Él solo hizo un gesto de dolor. Laurent se estremeció. Odiaba ser un empático, juro que si pudiera dejarlo lo haría.

- No lo sé. Váyanse, ¿sí? – casi suplicó. Kate rugió entre dientes.

- Me importa un reverendo pepino si tú quieres que los encontremos o no – espetó -. Llévanos – ordenó. Él asintió mansamente, asustado.

Una hora después, estábamos justo en la ribera oeste del Nilo, en el campamento de Amun y su clan. Presentaciones, saludos, explicaciones, y luego, lo que esperábamos con temor oír. Pisadas de vampiro. Lo suficientemente ligeras para apenas notarlas.

Cinco segundos después, diez vampiros con capas, dos de dorado, dos entre arena y dorado y el resto arena, y capuchas puestas estaban frente a nosotros. Una de las más pequeñas, de capa dorada al igual que la más grande, se adelantó y se quitó la capucha.

Era una chica de difícilmente diecisiete años. Cabello castaño oscuro largo hasta un poco más debajo de los hombros, labios rellenos curvados en una sonrisa despectiva, ojos escarlata intenso que miraban burlones y calculadores, extremadamente fríos.

- Amun – saludó con una inclinación de cabeza. Él se tensó.

- Isabella – respondió del mismo modo.

- Ay, no entiendes – suspiró fingidamente -. Ya es la cuarta vez en este ciclo que ingresas vampiros ilegalmente – destacó la palabra – a mi terreno.

- Y un cuerno – gruñó él entre divertido y furioso -. Me gusta hacerte enojar.

- Me doy cuenta – comentó escaneándonos con la mirada. Miró a Tanya y sonrió calculadoramente. A Kate le dirigió una sonrisa divertida, a Laurent otra igual, a mí una mirada algo sorprendida pero igualmente divertida. A Irina y Carmen las miró extrañada, como si no comprendiera qué hacían con nosotros.

- ¿Quién rayos eres? – espetó Kate adelantándose un paso, aparentemente sin fijarse en su evaluación.

- Ni siquiera lo intentes – dijo la chica con voz gélida y mirada asesina, dirigiéndose a Kate -. Te haría humo antes de que dijeras 'ups'.

- Retrocede, Kate – dijo una voz masculina que conocía bastante bien -. La he visto destruir vampiros cinco veces más grandes que tú sin mover un dedo.

- ¿Emmett? – preguntó ella confundida. El vampiro de capa dorada soltó una carcajada y se sacó la capucha. Sus ojos…rojos…

- Denali – dijo él inclinándose hasta añadir algo a su oído. ¿Acaso Emmett estaba con ella ahora? ¿Había dejado a Rosalie? La chica soltó una risita y nos miró.

- Eleazar, Carmen, Kate, Tanya, Irina y Laurent, ¿no? – comentó señalándonos a cada uno de nosotros. Asentimos recelosos -. Me interesan, pero pueden irse a la hoguera si son malos peleando.

- Bella, no puedes hacer eso – suspiró Emmett -. Arthur se enojaría – quizás el tal Arthur fuera su compañero…

- Iuc – dijo la chica arrugando la nariz -. Eso sería incesto – entonces era su hermano… que confuso.

- Bella, debemos irnos – comentó un mastodonte tanto o más grande que Emmett, de capa arena, con la capucha puesta aún.

- Oh, vamos, Nik – reclamó ella haciendo un puchero -. Déjame pelear contra ellos. Una sola vez, ¿sí? Juro que no los incendio – el vampiro suspiró y asintió -. ¡Gracias!

Se adelantó un paso. Nos miró calculadoramente en tanto se soltaba un broche y se sacaba la capa. Bajo ésta llevaba ropajes bastante…egipcios. Emmett tomó la capa de la chica y sonrió burlón. Unas risitas se oyeron de parte de los otros vampiros que acompañaban a los dos de capa dorada.

- ¿Quién va primero? – preguntó, relajada. Kate se adelantó instantáneamente.

Se pusieron en posición. Kate atacó por un costado, veloz. De alguna manera, la egipcia fue más rápida. Un segundo después de empezar, tomaba fuertemente los brazos de Kate. Supe que estaba lanzando sus famosas descargas. La chica rió suavemente y medio segundo después, la otra se retorcía de dolor en el suelo, Isabella arrodillada sobre ella y tocando suavemente su mano.

- Eso no fue divertido – se quejó arrojando a Kate a los pies de Tanya con una mano -. No valen la pena. ¿Emm? – él asintió, contento. Se sacó la capa, mostrando un traje similar al de la chica, y avanzó un paso. Ella palmeó su espalda.

- Bien… veamos – musitó -. Lamentablemente, los que ya conozco no querrán luchar conmigo así que… ¿tú? – señaló a Laurent.

La escena fue extraña. Emmett no era diestro en la lucha, a diferencia de Laurent, pero lo acabó en diez segundos, exactamente. La figura más pequeña dio un respingo y se adelantó.

- Al… - dijo el mastodonte con tono de advertencia, pero Irina lo cortó.

- Luchemos – espetó. La figura rió por lo bajo y asintió. No se quitó la capa.

Se repitió la primera lucha. Dos segundos habían pasado e Irina era arrojada a los pies de una maltrecha Kate. La figura dio saltitos y se colgó del cuello de otra figura de capa entre arena y dorado, igual que la suya. A ambos se les salió la capucha… ¿Alice y Jasper? ¿Con ojos rojos?

- Hey, Al, eso fue rápido – comentó Jasper bajando a Alice y besando su mejilla.

- Nuevo récord – se carcajeó ella. Soltó a Jasper y caminó hacia la otra chica, chocando ambas manos con las de ella.

- Bajaste medio segundo apenas – se quejó Emmett.

- Y tú dos, Emm – asintió Alice -. Pero sigues demorado mucho.

- Sam me hará más veloz ya verán – refunfuñó él, cruzando los brazos sobre la capa. ¿En qué momento se la había puesto? Me fijé en que la otra chica, Isabella, también la llevaba puesta.

- Lleva dos semanas intentándolo. ¿Ves algún progreso? – se burló Jasper.

- Mi señora – musitó una figura alta y delgada, un hombre -. Mi señor Arthur se molestará si no llegamos pronto – ella chasqueó la lengua y volteó hacia los suyos.

- Jane, Eric, Ben, Francis, Damon, Fred, captúrenlos – dijo apuntándonos sobre su hombro.

Sorprendentemente, en cinco minutos estábamos entrando al último lugar que creí iríamos… una pirámide.

Emmett, Isabella, Alice y Jasper se desentendieron de nosotros en cuanto entramos. El resto nos guió por los pasillos y terminó arrojándonos por una puerta trampa del suelo. Caímos de rodillas. Sin despegar la vista del suelo, olfateé.

Calculaba era una habitación circular de unos doce metros de altura y catorce de diámetro, y alrededor de cincuenta vampiros al interior, contándonos a nosotros. Un análisis más detallado de los aromas me llevó a concluir que, en efecto, los Cullen estaban aquí. Tras esta corta reflexión de unos diez segundos, me levanté lentamente.

Edward, Esme y Rosalie estaban frente a nosotros, atónitos. Junto a ellos había dos vampiros más, una hembra y dos machos, de ojos dorados también. ¿En qué momento se les habrían unido? No sabía nada de ellos. No pude dejar de notar que todos llevaban sus ropas colgando, sucias y rotas. Harapientas.

- Eleazar – musitó Esme con un tono de tristeza en la voz -. Lamento que te hayan capturado.

- Fue premeditado – me apresuré a decir -. Esperábamos encontrarlos, no sé, de vacaciones, no atrapados en este lugar.

- Bueno, nosotros no sabíamos absolutamente nada – se encogió de hombros la vampiresa que los acompañaba -. Me llamo Silvia.

- Yo soy su compañero, Ian – saludó otro.

- Stanley, mejor amigo de este par de cabezas duras – se presentó el último. La chica le dio un codazo -. ¡Hey! Es verdad.

Las risas inundaron el lugar. Estaba claro que no se deprimían aquí. Rápidamente, se presentaron y pasaron a la parte importante: qué hacíamos aquí.

- Somos algo así como gladiadores, pero en peores condiciones – dijo un tal Andrew.

- Sacan a dos de nosotros cada dos días para luchar a muerte y entretener a esos cuatro que tiene el clan por líderes – continuó Stanley.

- ¿Quiénes son los líderes? – preguntó Kate.

- Isabella, esa que seguramente los capturó, Arthur, su hermano, y Samuel, un amigo de ellos. Son los tres fundadores. El otro es Emmett, creo que era descendiente del hermano de Samuel o algo así y por eso lo hicieron uno de ellos – explicó Silvia con una mueca -. Esto se parece más a la mafia que a un clan de vampiros.

- Todos los guardias están aquí por voluntad propia – dijo Ian burlón -. No los retienen y pueden devolver la capa cuando les dé la gana. Eso sí, si los llaman de vuelta deben volver hasta que 'sus servicios ya no sean requeridos'.

- Aquí donde nos ven – dijo Esme abarcando el salón con su brazo -. Es nuestro hogar, prisión, dormitorio o como quieran llamarle.

- Hay turnos de alimentación – prosiguió Edward -. Y te enfrentas solo a aquellos de tu mismo turno. Dicen que si no, pierde la gracia porque uno tiene más energía que el otro. Generalmente, la alimentación se alterna con las luchas. Me explico. Al día siguiente de alimentarte, es probable que te saquen a pelear.

- Otro bonus es que no se lucha entre parejas o, sencillamente, clanes – medio sonrió Rose -. Para ser de la guardia de estos inútiles, debes demostrar tener un don poderoso o ser un dios de la lucha, casi. Y si tu pareja se une a ellos, tienes un 99,9% de probabilidad de unirte también si ganas tu siguiente pelea.

- Básicamente, eso es todo – dijo Silvia -. Respecto de sus rangos, es algo parecido a esto. Dorado, líder. Arena-dorado, favorito. Sencillamente arena, un común guardia.

- Están bien estructurados – se burló Ian -. Según sabemos, hasta dentro del clan hay cuatro grupos generales, y cada vampiro tiene algo que hacer.

- Alice, Emmett, Jasper y Carlisle se les unieron en ese orden – finalizó Edward con una mueca -. Considerando que Emm es uno de los líderes, sospechamos que Rose es la siguiente. Luego les seguirían Esme o quizás Stan.

- Mi compañera es una de ellos – explicó él en voz baja ante nuestras caras de incomprensión -. Hace algo así como… medio año.

Demonios. Gladiadores, prisioneros, poder, conspiraciones, jerarquía casi militar. ¿Dónde demonios nos habíamos metido? Pareciera que, en vez de encontrar a los Cullen, nos habíamos metido en un lío peor que los mismísimos Vulturi.

Wow, Eleazar. Qué inteligente (nótese el sarcasmo). En verdad, tiene razón. Los egipcios son peores que los Vulturi, más sádicos, letales, leales, fríos... peligrosos. Son una mafia vampírica, sin exagerar, pero digamos que... los Vulturi son una Mara centroamericana y los egipcios los Copano.

Vale, quizás crean que estoy exagerando, pero hablo en serio.

Por cierto, si alguien quedó con la duda de qué es mi FM... me envían review pidiendo explicaciones o se quedan en la duda. No es por ser mala, solo que quizás el significado ofenda a alguien y no es la idea causar malentendidos.

PD: Char, no me mates, ¿si? La demora no fue a propósito.