Bueno, aquí les va el último capi. Sí, el último. Obviamente, hay un epílogo. Sé que quizás la lucha no será lo que muchas/os esperan, pero si les soy sincera, no me siento capaz de mostrar la lucha desde un punto de vista neutral porque, claro, hay demasiados luchadores y personajes protagonistas como para hacerlo neutral. Tsk, ya ven, no será muy bueno pero muestro lo importante. Aquí les va.
Cada personaje pertenece a su respectivo autor, ya lo he dicho tantas veces que no vale la pena seguir haciéndolo.
Jasper POV
Pasado el minuto, los vimos en la lejanía. Un ejército de unos quinientos vampiros bien dotados, fríos y estratégicos, pero nada comparado con los nuestros.
Al frente de todo, una solitaria figura de capa negra.
Llegaron frente a nosotros y la figura de negro se adelantó.
- ¿Ustedes son el clan de Egipto? – preguntó con una etérea voz. Aro.
- ¿Acaso ves a otro clan por aquí? – replicó Bella sin sacarse la capucha. Se adelantó -. Váyanse, vuelvan ahora a Italia y no les haremos daño – una risa general sacudió a los Vulturi, mientras que los nuestros se tensaron, se pusieron en posición de ataque y gruñeron. Alcé la mano y todos se callaron. Era increíble la obediencia de estos vampiros.
- ¿Ustedes hacernos daño? Son poquísimos, caerán frente a nosotros - solo veían a unos 200 vampiros, el resto estaba oculto detrás de ellos de manera que no los podías ver si no sabías dónde buscar.
- ¿Quieres apostar?
- ¿Quién eres para faltarme el respeto así? – preguntó Aro fingiendo una calma que bien sabía yo que no tenía.
- ¿Qué quién es? – pregunté adelantándome un paso – Es la Reina Suprema de Egipto, eso es.
- ¿Y tú quién eres? – preguntó Aro tratando de ver bajo mi capa.
- Jasper Whitlock, General en Jefe del Ejército de Egipto – me saqué la capucha.
- Oh, ya veo. Ella no es capaz de dirigir su propio ejército, por eso tiene relegado el cargo a otro, ¿no? – dijo mordaz. Un rugido sacudió las filas egipcias y risas las italianas.
- ¡Cómo te atreves! – bramó Nikolai.
- Silencio – dijo Bella en voz baja cuando los rugidos acompañaban el reclamo del ruso. Todos callaron al instante.
- Veo que te obedecen – dijo Aro mirándonos fijamente. Sentí una extraña sensación, fácil de ignorar, pero supuse que Chelsea estaba usando su don.
- No le obedecemos – repuse -. Le somos leales, por eso tus manipulaciones no servirán.
- Son pocos, caerán igual – replicó Aro.
- ¿Pocos? – Bella sonrió sarcástica mientras se sacaba la capucha, mostrando su pálido rostro. A la luz de la luna se veía majestuoso, como perteneciente a la estatua de una diosa antigua. Al mismo tiempo los demás se mostraron, pero Aro no los tomó en cuenta, asombrado por la aparente edad de la Reina de Egipto.
- Eres solo una niña – exclamó Aro sorprendido -. No puedes tener tanto poder… ¿cuántos años tienes? ¿Doscientos?
- Seiscientos cuarenta y dos – replicó ella -. Y desde hace 542 años somos un poderoso clan.
- No lo son – negó él con una sonrisa maliciosa -. Viven escondidos. Si son poderosos, ¿por qué no se muestran al mundo?
- ¿Por qué no le dices, Félix? – preguntó ella mirando a un corpulento vampiro encapuchado. Sentí su sorpresa momentánea, seguida por una gran alegría.
- Mi Reina Isabella – dijo adelantándose y separándose de los Vulturi. Llegó hasta frente Bella y se arrodilló a sus pies.
- Félix Ryan – sonrió ella. Extendió su mano y Félix besó el dorso.
- Mi Reina Isabella, estoy listo para regresar a su lado y ofrecer mi vida por la suya – proclamó sacándose la capa gris y arrojándola al suelo.
- Bienvenido de vuelta – dijo ella -. Carlisle, capa para mi guardia.
Él se adelantó, de su saco tomó una capa diminuta, se la pasó a Felix y Greg la agrandó una vez estuvo en su mano. El corpulento inmortal se la puso y se levantó.
- Mi señor Arthur – hizo una reverencia hacia el vampiro. Él asintió a modo de saludo.
- Mi General – Félix se inclinó frente a mí -. Espero me acepte en su ejército.
- Ve a las filas, Ryan – le ordené. Él se dirigió hacia el punto que le había señalado. Aro rugió de ira.
- ¡Me has quitado a uno de mis mejores guardias! – bramó.
- No te lo he quitado, Aro. Él fue transformado en mi clan, criado y entrenado en él – repuso Bella -. Al igual que otros noventa y nueve miembros de tu guardia.
- ¿Qué? – Aro estaba tan asombrado que hasta se olvidó de gritar.
- Dimitri, Renata, Aftón, Corin, Santiago, Jaden… - a medida que nombraba a los guardias, éstos arrojaban al suelo las túnicas negras, caminaban hacia nosotros, nos reverenciaban a los líderes y a mí, solicitaban reintegrarse a la guardia y unirse al ejército, se ponían las capas y se unían a las filas egipcias.
Minutos después, los Vulturi parecían más pálidos al notar que ni siquiera el don de Chelsea lograba mantenerlos apegados a los italianos. Nuestro ejército había aumentado considerablemente, y ahora los Vulturi parecían insignificantes a nuestro lado, pero eso no parecía desanimar a Aro.
Hablaba en voz baja con Alec, y en ese momento supe que estábamos en problemas.
- Mi Reina – susurré a su oído posicionándome tras ella.
- ¿Qué sucede, General? – me susurró en respuesta - ¿Tiene que ver con el vampiro con el que habla el líder de los Vulturi?
- Se llama Alec, tiene un don muy poderoso.
- Te escucho.
- Su alcance es limitado, pero no en lo referente a número de objetivos afectados. Es como una especie de anestesia, te priva de todo sentido – la sentí enojarse.
- ¿Sería capaz de masacrarnos sin tener resistencia alguna?
- Ya lo han hecho miles de veces – repliqué y ella gruñó por lo bajo.
- Tramposo. Arthur – llamó a su hermano, y supe que comenzaron a hablar mentalmente en el momento en que se tomaron de las manos.
Aro y Alec dejaron de hablar al mismo tiempo que Arthur y Bella. En ese momento…no sentí nada. Alec estaba usando su don, dejando indefensos a 750 vampiros. Más que mi pronta muerte, me dolía el saber que mi Alice moriría, y que Esme y Carmen perderían a sus parejas y Edward al amor de su existencia.
Porque no importaba cuánto intentara ocultarlo, yo sabía lo que él sentía. Era un amor puro, de esos que se tenían mis padres o hermanos, Irina y Laurent, Eleazar y Carmen.
Un amor inquebrantable y eterno, pero no inmortal, ya que pronto moriríamos.
Isabella POV
Vi a ese vampiro idiota, presumido y ambicioso ordenar a su anestesista dormirnos a todos. Lo vi todo rojo y volví a tocar la mano de mi hermano. Los dos teníamos unos fuertes escudos completos (mentales y físicos), por lo que el don de mugre que tenía ese niño no nos afectaba.
En medio segundo teníamos listo un plan con el que no tardaríamos en acabar con Alec y esa rubia demoníaca que tenía a un lado, que tenía un don de tortura bastante poderoso y podría causar problemas para mi ejército.
Nos adelantamos rápidamente, ante la atónita mirada de Aro. Arthur dio un salto y se puso en medio de ambos ejércitos, sus manos extendidas con las palmas hacia el frente, y comenzó a lanzar unas ráfagas de viento tan fuertes que hasta los vampiros caían a su paso. Todos se agacharon por el viento, evitando que el ventarrón los botara.
De un rápido salto, caí en medio de sus manos extendidas (no era difícil, mi hermano era un mastodonte a mi lado) y extendí las mías para que lo que lanzaría por ellas fuera impulsado por el viento de Arthur.
Hablando del ventarrón, mi hermano mayor lo arrojaba cada vez con más fuerza, y ya los había hecho retroceder unos cuatro metros.
Sonreí sádicamente y lancé unas chispitas de fuego. Nada muy imponente, pero el ventarrón lo arrojó directo sobre Alec, quien comenzó a quemarse lentamente. Arrojé algo más, llegando siempre al vampiro. Luego, cansada de tanta demora, levanté un poco de arena, transformándola en un sólido disco afilado que voló a cortar la cabeza del estúpido que mantenía paralizado a mi clan. Más fuego, y pronto su cadáver ya no estaba. Aro soltó un rugido de ira.
Ignorando eso, mi hermano finalizó el ventarrón y todos los italianos cayeron hacia adelante. Bajó las manos y tocó mi hombro. La señal. Lancé fuego hacia la bruja rubia, y ya no existía.
Jasper POV
Tan repentino como comenzó, todo terminó. Podíamos sentir y movernos nuevamente, pero aún así no lo hacíamos. ¿La razón? Los hermanos egipcios.
Su desplante era increíble. Bella estaba parada entre los brazos extendidos de Arthur, quien lanzaba ráfagas de viento a los Vulturi. Al mismo tiempo, ella lanzaba pequeñas chispas de fuego a Alec, quien comenzó a quemarse lentamente, perdiendo los últimos retazos de control que tenía sobre nosotros. Luego ella afiló un disco de piedra, le cortó la cabeza, y quemó su cadáver.
Inmediatamente, Arthur bajó las manos, tocó el hombro de su hermana menor y se retiró de vuelta a nuestras filas. Ella no bajó las manos, de las cuales salió un chorro de fuego que acabó con Jane. Los elementos más fuertes de la guardia Vulturi estaban o con nosotros o muertos, acabando con toda posibilidad de los italianos de acabar con nosotros.
Nuestras filas se tensaron, esperando la señal para lanzarse. Pero yo aún no quería hacerlo. Esperaba que los Vulturi se dieran cuenta de que estaban acabados antes de lanzar a mi ejército tras ellos.
No demoraron en hacerlo. Cinco segundos después de que el cuerpo de Jane ya no fuera más que un montón de cenizas, Aro rugió y se lanzó contra Bella, quien seguía parada en medio de los dos ejércitos, con las manos relajadas a los costados de su cuerpo, sobresaliendo de la capa dorada.
Las filas italianas no se movían, esperando una señal para moverse. Las nuestras se tensaron y más de uno amenazó con avanzar antes de notar mi mano alzada, ordenando la detención. Había escuchado la voz de Arthur en mi mente, haciéndome notar que era la lucha de su hermana.
Hablando de la primera lucha entre egipcios e italianos, se veía bastante pareja para los invasores. Claro que ellos no sabían que nuestra Reina solo estaba jugando, que no se estaba esforzando en lo más mínimo.
Pasado un minuto, ella bostezó (doble burla, se aburría hasta el sueño, pero no dormíamos), y Aro rugió por enésima vez ese día. Gritó unas cuantas palabras malsonantes que hicieron retumbar los pechos de los egipcios en silenciosos rugidos y lograron que Bella se tomara enserio lo que pasaba.
Entonces ambos líderes pusieron sus manos alrededor del cuello del otro. El silencio fue absoluto en los ejércitos italiano y egipcio. Bella estaba de espaldas a mí, pero casi podía ver su sonrisa sarcástica y sádica antes de quemar completamente el cuello de Aro, cuyo cuerpo cayó separado de la cabeza.
Apenas tocó el suelo, estalló en llamas. Bajé la mano y mi ejército se lanzó contra los italianos, que ya se habían lanzado para vengar a su líder (claro que ninguno llegó a tocarla…no tengo idea de cómo, pero apareció a mi lado).
Lo habían definido bien. Esto no era una batalla, era una masacre. Había al menos dos egipcios por cada italiano, y si bien éstos eran estupendos luchadores, los nuestros eran más y mejores.
Sin que los favoritos, los líderes y jefes de pirámide nos metiéramos a la pelea, acabaron con todos en poco tiempo. Cuando Chelsea cayó, varios se dirigieron a nosotros y solicitaron unirse a nuestra guardia. Una vez aceptados, se lanzaban a ayudar a su nuevo clan.
Siglos después, un nómada alemán de nombre Vladimir Liebknech registraría toda la historia de la raza en un libro llamado 'Historia de nuestra inmortalidad', que pronto tendrían todos los vampiros del planeta.
En él se hablaba de la aparición de nuestra raza, las guerras de México, los Vulturi y sus leyes, así como de un misterioso clan que había salido a la luz tras cinco siglos de existir en las sombras.
Narraba esta misma batalla, los guardias Vulturi contra los soldados de Ra, como se pasaría a llamar el ejército. Era nombrada como la Batalla de las Dunas, la primera de la Guerra de los Titanes, que se prolongaría por más de un siglo, dándose enfrentamientos de soldados de Ra contra guardias Vulturi en diversos puntos del mundo.
Ninguno de los soldados que aquí estaban (fuera de Carlisle y Eleazar) se fue después de la victoria sobre los italianos. Nos lanzamos a una cacería sobre los Vulturi, en que las cabezas de los guardias y líderes valían oro para la Reina Isabella. Vampiros de todo el mundo se unían al clan, para luego arrojarse sobre los antiguos líderes del mundo vampírico en la mayor masacre de vampiros de la historia (como diría Vladimir).
Un siglo completo en que los Vulturi caían cada vez más bajo y los egipcios se consolidaban como el clan más poderoso que había existido alguna vez.
Ciento cincuenta años después, Volterra se alzaba como el último bastión de los Vulturi. Para estas alturas, los humanos ya sabían de nuestra existencia por causa de los mismos italianos, los cuales convertían al primer mortal que se les cruzara en la calle para hacerlo parte de su decadente clan.
Entonces, nosotros no sólo teníamos por misión atrapar y matar a cada Vulturi existente, sino que proteger a los humanos de los demás inmortales.
Nuestro mundo era bipolar. Estaban los que apoyaban a los italianos (que, por lo demás, eran pocos) y los que eran leales a los egipcios. De éstos últimos, varios grupos se separarían y patrullarían las calles protegiendo a los mortales de los Vulturi.
Un ser que ocupaba capa negra, era un demonio. Uno que usaba una capa arena, era un salvador. Arena-dorado, un héroe. Y dorado, un dios. Los cuatro dioses vampiro.
POV tercera persona
Volterra, año 2165.
La única ciudad en que habitaban únicamente vampiros se alzaba ruinosa sobre una colina. El último bastión de los Vulturi, antiguos todopoderosos del mundo vampírico.
Caius Vulturi era el único líder. Había matado personalmente a su hermano Marcus, a la compañera de éste, Dídima, y a Sulpicia, la viuda de su difunto hermano Aro, transformándose así en el único amo del decadente clan.
Y ahora le habían informado a Caius que todos los vampiros que estaban fuera de Volterra habían muerto o se habían unido a sus enemigos, dejando al clan italiano con solo quinientos vampiros frente a los mil cuatrocientos soldados de Ra, que ahora rodeaban Volterra. Y eso le enfurecía.
Por una estupidez de Aro habían logrado que el ejército del Sol se les lanzara sobre las cabezas. Merecía morir a manos de esa niña, pensaba Caius. Pero la realidad estaba muy lejos de ser la que Caius se formaba en su mente.
Su clan estaba sediento. Ya no había humanos de los que alimentarse. Si salían solo del castillo, los egipcios los matarían. Y ellos mismos habían cuidado a los humanos de los italianos. ¡Malditos egipcios!, pensaba.
La culpa era de Amun. Él mismo lo mató cuando se enteró de que su hermano solo había guiado a su ejército al desastre. Sus mejores elementos eran egipcios antes que italianos, y los otros habían muerto. Un desastre.
Los pensamientos del anciano se vieron interrumpidos cuando una cabeza cayó a sus pies. Alzó la vista. Las puertas estaban abiertas, y la niña Isabella lo veía con desdén mientras los soldados de Ra que la acompañaban acababan con todos y cada uno de los Vulturi, que se habían atrincherado en el salón principal.
Caius se levantó, cautivado ante tanta belleza. Se la había imaginado de mil maneras, pero jamás como una encantadora vampiresa que exhalaba grandeza y majestuosidad. Caius Vulturi se arrodilló en cuanto la Reina Isabella se paró frente a él, y de un golpe le sacó la cabeza.
La caída de los Vulturi estaba completa.
Listooooooooooooooo en tres días el epílogo (sí, escribí el anterior, este y el siguiente en un día, en un arranque de inspiración, así que no reclamen si no les parece bien). Mi enorme arranque aún no está completo, y al final del epílogo les diré algunas ideas que estoy desarrollando, a ver cual les parece que suba (luego de Arcángel, claro).
Si les soy sincera, estoy algo decepcionada. Hay algo que no encaja en toda la historia, y nadie me ha preguntado ni insinuado nada. Les pondré el tema, a ver si alguien se da cuenta, pero al epílogo lo explicaré. Es así de simple: a Bella su mamá no la quiso nunca, entonces, ¿cómo rayos ella tiene nombre? ¿Alguna sugerencia? (ya lo tengo escrito, así que serán solo algunas hipótesis, la causa real está en el epílogo) Espero que alguien se acerque al menos, es muy inesperado.
Nos leemos, espero sus RR!
Ayla
