EPÍLOGO

Cullen permaneció en silencio excepto por los gruñidos y gimoteos de la unión que venían de la habitación en la que residía la señorita Swan. Había sido una buena idea que él se marchara de la casa. Carlisle y Edward iban detrás de aquella mujer, y Jasper también, olfateándola como una posible compañera.

Jasper no quería tener nada que ver con aquello. Podía oler su Orsse incluso desde aquella distancia, encima de la colina, pero estaba a salvo en aquel lugar. Edward la poseía. Sonrió. Se sentía contento por su hermano y no podía esperar a averiguar lo que habría pasado entre su padre y Carlisle.

La señorita Swan era ahora un miembro de su familia y sus ositos nacerían en la mansión de Cullen. La fragancia de su Orsse hacía que a Jasper le temblara todo el cuerpo.

Nunca volvería a poseer a una compañera. Los escalofríos se desplegaron por su cuerpo. Tendría relaciones con una mujer alguna vez, pero solo una vez; después, la necesidad le haría marcharse de allí y seguir su camino.

Sus hermanos podían encargarse perfectamente bien de la familia. Él sería un tío excelente. Adoraba los oseznos, pero nunca sería el padre de uno de ellos.

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AHORA COMIENZA LA HISTORIA DE JASPER Y ASI SUCESIVAMENTE CON EMMETT Y CARLISLE

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