LO REPETIRE DE NUEVO… POR RAZONES DE FUERZA MAYOR SOLO ADAPTARE AHORA, NO SEGUIRE ESCRIBIENDO MIS PROPIAS HISTORIAS…

POR CONSIGUIENTE ESTA HISTORIA ES UNA ADAPTACION

CAPÍTULO 03

Las manos de Jasper se deslizaron por los generosos pechos de la mujer, y sus brazos tiraron de ella hacia sí. Estaba convencido de que alcanzaría pronto el éxtasis, y deseaba una cama en la que poder hacerlo. Ella echó la cabeza hacia atrás y la húmeda punta de su lengua giró sobre el lóbulo de su oreja. «Mmmm».

— ¿Dónde están sus aposentos?

La mujer se quedó inmóvil en sus brazos, luego chasqueó la lengua sobre el lóbulo de su oreja.

—Bajando por el pasillo —llevó la lengua al interior de su oreja —. A través de las puertas dobles que descansan al final, señor.

El sacó su falo del cierre cremoso y aterciopelado y ella gimoteó en protesta. En tan solo unos momentos él estaría de vuelta llevándola a un delicioso clímax. Rodeó su trasero con el brazo y acunó su pequeña y curvada figura contra su torso.

Su generosa cadera cedía ligeramente contra la dureza de su torso. Su masa rizada de pelo negro como el ébano acariciaba y danzaba contra su cuerpo a medida que atravesaban el pasillo. Unos cálidos escalofríos de deseo se abrieron paso por su cuerpo, poniéndole la piel de gallina. La sensación le asustaba.

El pasillo se volvía más opulento y refinado cuanto más se acercaban a las puertas que se levantaban desde el suelo hasta el techo, y que se elevaban al final. Dos criados, vestidos de rojo, se erguían a cada lado del pasillo. Unos enormes osos en posición de lucha, enseñando los dientes y las garras, estaban tallados en la madera de cada una de las puertas revestidas con paneles. Su mirada recayó una vez más en el atuendo de los sirvientes. La insignia real estaba bordada con hilo dorado en el pecho de sus ropas.

La mujer que llevaba en brazos vivía en el castillo, no era una de los parientes que regresaban a su tierra natal para disfrutar de la celebración.

Frunció el ceño. Ella era parte de la familia real, ¿pero quién era exactamente? ¿Las princesas Ann o Gloria, las hermanas del último rey? ¿O la princesa Alice, la hermana del actual rey? Atravesó las puertas y entró en la habitación.

Una seda traslúcida y de un profundo color grana colgaba de las paredes y del techo, enmarcando una enorme cama oval. Candelabros de oro incrustados en ámbar se levantaban en cada rincón de la habitación, y emitían un resplandor cálido y elegante.

La habitación era la adecuada para una reina. Él tomó una profunda bocanada de aire y la fragancia del lirio borbotó en sus sentidos. Se le tensó el cuerpo. Aquella no podía ser su habitación. La fragancia de lirio la identificaba como su compañera más fuerte. Se inclinó hacia delante y rozó los labios contra la piel de su hombro, y la fragancia del sándalo le abrumó.

— ¿De quién es esta habitación?

—Es la habitación de la princesa Alice, señor.

Él caminó hacia la cama, echó a un lado la cortina de color grana y la dejó con suavidad sobre la cama cubierta por cojines de seda roja. Sí, aquella era la habitación de la princesa.

¡Maldita sea! La princesa era una posible compañera para él. Aquello dejaría atónito a su padre Pero había algo que se estaba perdiendo. Encajó la mandíbula.

— ¿Y quién es usted?

Él bajó la cabeza para mirar el pelo negro como el ébano mientras ella levantaba la cara hacia él. Sus ojos de color castaño oscuro, unos ojos grandes y llenos de deseo por él, miraron directamente al animal que vivía en su interior.

Rodeó su pene con las manos, una la colocó en la base y la otra alrededor de la punta. Colocó la boca sobre la cima y deslizó la lengua a través de su agarrón, esparciendo la saliva sobre la tensa piel.

Él se sobresaltó.

Ella trabajó con la mano la humedad que se extendía por la cabeza, y tirando de su piel tensa, deslizó el mango hacia abajo.

No importaba quién fuera ella. Tener relaciones con una no compañera no tendría consecuencia alguna. Haría que él nunca olvidara aquella noche.

Con la mano que tenía debajo rodeó sus testículos y tiró de ellos suavemente, apartando sus bolitas de su cuerpo. La mano de arriba se movía en espiral, y apretaba, tiraba de su humedad hasta que la punta se dilató y se volvió de color carmesí.

Tensó los músculos de su estómago y ella colocó sus labios sobre la punta. Empujó la cabeza hacia él. Su cima aliaba hacia dentro de su boca y la firme presión de sus labios dio paso a una caverna de miel caliente y al dulce y plumoso roce de su lengua. La cascada de su pelo negro le cubría la espalda y dejaba su cara apartada de su vista. Él gimió; no deseaba otra cosa que ver sus labios bordeando la cúspide mientras se deslizaba dentro de ellos.

Él apretó sus testículos, levantó las caderas hacia delante y deslizó más de su humedad en su resbaladiza caverna.

Ella no dudo ni vaciló en ningún momento. Su lengua masajeó la parte de atrás de su cabeza, y los hormigueos le siguieron en su estela.

—Qué bueno, Su Alteza —tendió la mano para acariciar la masa de pelo que ocultaba su cara y que hacía que se le acelerara el pulso. Apartó sus mechones negros a ambos lados de la cabeza, y colocó algo de pelo en una de sus manos y después lo enrolló, tensándole el cabello ¡Dios! Necesitaba estar dentro de ella. La fragancia a lirio de la habitación llamaba a un deseo primitivo. El olor le confundía y abrumaba sus sentidos y le envolvía en una llama poderosa y terrible.

Tensó un poco más su pelo y ella se distanció hacia la punta de su humedad. Cuando él tiró de sus mechones, su cabeza se arqueó hacia atrás y su verga se deslizó fuera del cálido refugio de su boca. Ella abrió los ojos de par en par y las brasas incandescentes de sus ojos negros atraparon los suyos mientras su garganta latía nerviosamente y tragaba con fuerza.

—Bien. ¿Está preparada para mí?

Su lengua rosa se deslizó fuera y trazó sus labios húmedos. Las ascuas en sus ojos se encendieron hasta parecer resplandecientes llamas.

—Desde luego.

Él se inclinó hacia delante, presionó el cuerpo contra el suyo, y la empujó suavemente hasta tumbarla sobre la cama. No importaba la ropa. Se la follaría de aquella manera... de una vez, y con fuerza. La tomaría después por la mañana antes de que se retirara a sus propias dependencias.

Ella extendió las piernas a ambos lados de sus caderas, y tiró de sí misma hacia arriba para abrir su núcleo para él.

La necesidad palpitaba dentro de él. Su miembro presionaba contra la humeante humedad de sus labios vaginales, y con una mano retiró su cabeza hacia un lado. Se regaló la vista con la piel de su garganta y el latido de su pulso bajo la fina capa de alabastro.

Se le hizo la boca agua; necesitaba saborear su piel y sentir el palpitante latido de deseo bajo su lengua. Sus labios presionaron con intensidad sobre la palpitación aterciopelada y cubierta de rocío, y se dio un banquete con ella. Flexionó las caderas, y se deslizó completamente dentro del cálido guante de su sexo. Las paredes musculosas y resbaladizas absorbían y masajeaban su dureza en una serie de aceitadas ondulaciones.

Su falo palpitaba nerviosamente, y sus testículos se estimularon tensándole el cuerpo. Ella se agitó ante su invasión mientras él empujaba con más fuerza, aplastando la ingle contra su brote. El humeante terciopelo de su vulva sujetaba su pene, y la pasión y el éxtasis brotaban de ella y le atravesaban a medida que se contoneaba. Él le mordió cerca del hombro, en la base de su cuello, mientras la inmovilizaba con su peso. La resbaladiza carne de su verga se deslizaba hacia abajo por su endurecido miembro, a la vez que su humedad se volvía más densa, la llenaba y presionaba con más y más tirantez contra la esponjosa carne de su vagina.

La sangre bombeaba a través de su falo, y el sudor le calentaba la piel. Sus músculos se estiraron. Inhaló profundamente y la combinación del lirio de la habitación y la fragancia de su apetitosa mujer, cuyas suaves curvas temblaban en oleadas mientras él embestía dentro de su cuerpo expuesto, le hicieron estremecerse.

Los pulmones se le ensancharon en un calor centelleante, y los hombros se le hicieron más amplios. Gruñó y siseó a través de los muí discos que daba a su piel. Los gimoteos se escaparon de sus labios, cuando las aberturas en sus nudillos se apañaron y asomaron sus garras de oso a través de la piel.

La placentera sensación de permitir que aquella transformación tuviera lugar durante el apareamiento... era increíble.

Él dejó de morderla en el hombro. Deseaba ver su cara, observar la expresión que habían adoptado sus rasgos.

Su mirada, nublada por la lujuria, se dio un festín con el pulso de su cuello, el cual palpitaba salvajemente bajo la fina piel rosada; luego desvió los ojos hacia su boca. Ella tenía los labios abiertos, dilatados y brillantes por su lengua, que constantemente lamía y humedecía su superficie. Seguía con los ojos cerrados, con el precioso abanico de sus pestañas negras descansando sobre la piel de su mejilla.

Él arqueó las caderas, retiró la punta de su pene y se quedó quieto. Necesitaba ver sus ojos de osa, sentir su conexión mental, no solo el placer de su cuerpo que se derivaba de aquel acto.

Ella hizo la cabeza hacia un lado, y se agarró a la tela de su camisa, después tiró de él; deseaba tenerle de nuevo en su interior.

Él permaneció inmóvil... «Abre los ojos». Sus emociones llegaron a ella, deseaba que pudiera sentir su deseo sin tener que pronunciar palabra alguna.

Sus párpados se abrieron, redondos como los de un oso, y su alma animal se abalanzó sobre él. Una cruda pasión dio vueltas en su cabeza. La llamada de la lujuria animal pura le rodeó e infundió vida a sus venas.

Ella gruñó. Enseñó los dientes y él volvió a entrar dentro de ella. Las paredes sedosas y lubricadas de su sexo se expandieron, se deslizaron hacia abajo por su verga y la atraparon después. Ella se arqueó para él. Sus uñas presionaron contra su piel y después se le clavaron, arañándole la espalda. La tela de su camisa se desgarró. El sonido dio paso al dolor cuando su carne se abrió bajo sus garras.

Él siseó y una sensación de placer le atravesó, y su miembro explotó de la intensidad. Gruñó al deslizarse dentro y fuera con cada poderosa explosión de su semilla.

Ella sacudió el cuerpo, todo su ser se deshizo en júbilo al sentir su semilla cubriéndole las paredes de la matriz. Arqueó las caderas hacia arriba y frotó y frotó su trasero contra él.

Él encajó sus caderas contra ella, e impidió sus movimientos contra la cama. Sus labios y su vulva se vieron envueltos con su semilla y sus propios jugos mientras ella seguía deslizándose por su longitud. Emitió un grito y su cuerpo se sacudió bajo él.

Él se dio la vuelta y tiró de ella hacia sí hasta ponerse de espaldas sobre la cama. Ella se extendió a su lado y el cayó instantáneamente en un profundo sueño.

Jasper despertó ante el calor y el peso de la mujer que se tumbaba al otro lado de su pecho. Echó un vistazo alrededor de la habitación. No podía ver absolutamente nada. ¿Cuánto tiempo habían estado acostados de aquella manera? No es que aquello le importara mucho.

Inhaló y la fragancia del sándalo, del lirio y de su propio olor a clavo le excitó de nuevo. La fragancia confundía su deseo, pero lo inflamaba. Su falo se endureció y se extendió hasta su entera longitud, presionando a un lado de ella. Su pelo, negro como el ébano, sus generosas curvas, y sus ojos castaños de osa se habían grabado en su mente... la mujer que dormitaba a su lado.

Él no conocía su nombre. Tenía el cuerpo cubierto de rocío y gruñó. La deseaba otra vez. ¡En aquel mismo instante! La desesperación lo abrumó.

Aquella necesidad venía de la fragancia a lirio que expedía la habitación.

¡Eso era! La fragancia de una compañera era tan fuerte en la habitación que empujaba su necesidad hasta la desesperación por una mujer que nunca reclamaría como suya. ¿Bastaría aquella fragancia para enloquecer así su cuerpo? Bajó la cabeza para observar a la mujer durmiente que se abrazaba a él. Copular con una hembra Ursus alimentaba el animal que llevaba dentro.

Lo sabía. Si así lo deseaba, ella lucharía contra él, forcejearía y jugaría hasta desplomarse y acabar apareándose en el suelo. Su pene palpitó nervioso y la humedad cálida y pegajosa ensució la piel de su estómago. Al día siguiente por la tarde regresaría a ella y haría precisamente aquello.

Él deslizó su cuerpo inmóvil y durmiente para que quedara tumbada completamente sobre él. El peso de su cuerpo le tranquilizo y enmarañó sus emociones, atrayendo una posesión primitiva y profunda. Su atractivo animal le seducía mucho más de lo que Bella había hecho, y eso que ella había sido una posible compañera para él. La fragancia de la habitación...

Él acarició con la nariz el punto de palpitación de su cuello, y olfateó una vez más el sándalo. La fragancia le dejaba desconcertado. La piel del cuello se le puso de gallina. Pero, ¿por qué? La fragancia era la única manera por la que ellos solían determinar si la semilla del otro era compatible con la compañera.

Sus piernas se deslizaron a cada uno de sus lados y acabó tumbada a horcajadas sobre sus caderas. La humedad de su sexo presionó contra su estómago y su verga, y sus pulmones se quedaron sin respiración.

—Mmmm —ella movió suavemente sus hombros y acarició su pecho con la nariz antes de rendirse de nuevo al sueño. Él contoneó sus caderas, colocó la punta de su miembro sobre la dilatada carne de su sexo. Los labios de su vulva acariciaron la cabeza de su pene y después, cedió. Su humedad se deslizó dentro de su calor aceitoso. Unos escalofríos febriles se extendieron por su piel. Sus deseos, su lado animal deseaba más. ¿Quién era él para rechazar esa necesidad? Volver a tener relaciones con ella sería glorioso.

Él embistió sus caderas con fuerza y colocó su falo completamente dentro de ella. Sintió cómo a ella se le tensaba el cuerpo y presionó las palmas de sus manos contra su torso.

— ¡Espera!

Con lentitud, ella se sentó sobre él, aplastando su empapada vulva contra los pelos de su sexo. Ella arqueó el cuerpo, y él se inclinó hacia arriba, le mordió la carne de su pecho, después dejó un rastro con su lengua hacia la piel arrugada de su pezón.

— ¿Que espere? Yo creo que no —le susurró justo antes de succionar la cima endurecida e introducirla en su boca.

Ella se arrodilló y tensó sus esponjosas paredes alrededor de su dureza mientras se retiraba hacia su punta y volvía a desplomarse otra vez sobre él.

—Qué gracia, no puedo rechazarte.

—Espero que no lo hagas.

Unos deliciosos cosquilleos se extendieron por su vientre y fueron directamente hacia sus testículos, y una cálida sensación de apertura floreció en sus vesículas. ¡Dios santo! ¿Qué acababa de hacer ella? Se agarró a sus caderas con las manos, y sintió cómo le pesaban los testículos.

Increíble. Él le mordió el pezón y la inmovilizó con sus manos. Embistió hacia arriba con fuerza, golpeando la cabeza de su vientre. Ella soltó un grito, se dejó caer sobre él, y se aferró a sus hombros.

Él absorbió de la cima rugosa de su seno hacia la boca y volvió a balancear hacia arriba las caderas, y después lo hizo de nuevo. Cada vez que lo hacía, sentía un cosquilleo en los testículos, la presión que crecía, las sensaciones de su carne húmeda se deslizaban por su dura longitud en una ola tras otra de masaje.

Un resplandor destelló ante él y pudo distinguir la imagen. Su pelo negro extendido sobre la hierba mientras se follaba en un jardín. Las gárgolas sobre los arcos de la mansión Cullen asomaban cerca, sobre ellos.

Abrió los ojos, y sus dedos se clavaron en la carne suave y mullida de sus caderas. Una visión... La podría poseer de nuevo en su casa.

¡Maldita sea! Cómo deseaba aquello.

Ella se retorció y tensó los músculos de su sexo con más intensidad sobre toda su longitud. Bajo la tenue luz, ella echó la cabeza hacia atrás y gimoteó, con los dedos aferrados a hombros.

¡Maldita sea! La fragancia del lirio le abrumaba.

Él la mordió con brusquedad, y chupó su pezón más profundamente en su boca.

— ¡Ooh, aah! —ella tembló sobre su cuerpo y él volvió a deslizarse dentro de su temblorosa carne. ¡Ella gritó! El sonido, mucho más maravilloso de los que había emitido en el pasillo principal, descendió por su columna vertebral y sus vesículas estallaron, florecieron completamente y derramaron su esperma a borbotones en su interior. Él siseó y gruñó ante el alivio de su éxtasis. El corazón se le oprimió y su alma voló.

La intensidad sacudió su cuerpo. Aquel acto había excedido con creces el más energético de su éxtasis en experiencias anteriores. Más incluso que la primera vez que había tenido relaciones con una hembra Ursus, hacía ya muchos años.

Su lengua rodeó con círculos la punta dilatada y extendida de su pezón y sus manos la sujetaron inmóvil sobre su longitud.

Acomodado en su vagina, su pene seguía inundado por el hormigueo en pequeñas y jubilosas explosiones. Él se balanceó ligeramente fuera de ella, la sensación se extendió directamente hasta los dedos de sus pies. Maldita sea. Él tembló de placer y volvió a embestir contra su aceitoso calor, con una grande y emocionante ráfaga explotando de él.

Ella cayó hacia delante y reposó la cabeza contra su hombro. La humedad acariciaba la curva mientras la lamía y después besaba su abultamiento. Ella le abrazó con sus brazos y sus piernas, y tiró de su cuerpo hacia sí. Él gimió. Parpadeo al sentirse flotar en una neblina etérea. Deliciosos cosquilleos de éxtasis continuaron acariciando sus testículos y su miembro. ¿Venían de ella o de él mismo? No sabría decirlo.

Cerró los ojos, y una sensación de alegría y satisfacción por haberse aparcado y sentirse saciado se agitó en su mente. Sentía los párpados pesados y bostezó. Inhaló del pelo empapado en sudor de la base de su cuello. Lirio. Podía distinguir el olor del lirio con más intensidad que cualquier otra cosa en la habitación.

Jasper se sobresaltó. Se sentía repentinamente despierto. Lirio. Olía a lirio. La oscuridad reinaba todavía en la habitación Él inhaló profundamente, y los clavos —su propia fragancia— fue todo lo que pudo oler después. Imaginaciones. Cambió de posición y dio la vuelta a su maravillosa diosa hasta colocarla a su lado.

Se estiró y se incorporó para sentarse y dejar colgando sus pies a un lado de la cama. Se dio la vuelta y tiró de las sábanas hasta tapar a la mujer con la que acababa de aparearse dos veces. Una sensación de orgullo, de posesión, se arremolinó en su estómago. Frunció el ceño. Se levantó y después se dio vuelta y bajó la cabeza para observar su voluptuosa figura. Sus emociones se arremolinaron y se extendieron hacia ella. La satisfacción y el sueño radiaban de su interior.

¡Maldita sea! Confusión. Aquello era lo que sentía. ¿Quién era ella? ¿Y qué era exactamente lo que había ocurrido en mitad de la noche cuando habían estado follando? ¿Era toda aquella noche un sueño, o verdaderamente había distinguido el lirio de su fragancia después de haberse apareado? El vello de la nuca se le puso de punta. Siempre había poseído una habilidad excepcional para leer las emociones de otras personas, aunque ahora tenía problemas para descifrar las suyas propias.

Se inclinó hacia delante y le acarició la mejilla. Una energía erótica ascendió por su brazo y su miembro saltó y se endureció. Deseaba follársela otra vez y cuanto antes. Asintió, aquella era la verdad. Sería la mujer con la que se aparearía toda la celebración y era posible que también lo hiciera una vez que acabara. No había duda alguna.

DONDE ME CONSIGO UN JASPER ASI?

ESTE CAPITULO ME CALENTO JAJAJAJAJA SIENTO MUCHO LA FRANQUEZA

ME CUENTAN QUE LES PARECIO?

BESOS CHICAS LINDAS

DEPENDIENDO LOS REVIEWS SUBIRE CAPITULO…