Advertencia: este fic, debido a ciertos comentarios, puede ser ofensivo a casi todas las religiones existentes (por no decir todas), porque suele descalificarlas y tratarlas de supersticiones. Aclaro que estas opiniones y comentarios no reflejan necesariamente mi forma de pensar, sino la realidad en este universo paralelo.
Disclaimer: Twilight tiene su autor, y no soy yo ni de chiste. La trama es totalmente mía, además de unos cuantos personajes, y... bueno, ya saben. El punto es que cada personaje es de su dueño, al igual que lo demás.
Aviso que aquí tomo casi textual una parte muy cabrona de NM. Si no les gusta el capítulo N°3, este capi les va a caer como una patada en el estómago. De igual forma, fijo que alguien va a querer enviarme a los Vulturi, pero recuerden que nos quedaremos sin vampiros malos y ambiciosos si lo hacen (tengo a los 20 arcángeles como guardaespaldas). Ah, último punto. No está tomado textual, sino adaptado a la situación y a los personajes, así que... bueh, imaginen.
Mucho parloteo: hora de leer. Para variar, EPOV
Dos figuras discutían en medio del bosque. Tenían un teléfono en la mano, puesto el altavoz, y del otro lado gritaban al menos dos personas más. Miré a Alice, que estaba tan enfocada como yo en la discusión. Nuestra caza se había visto interrumpida cuando nos topamos con los dos encapuchados. Había niebla, no corría viento, y estaba tan oscuro que ni siquiera nosotros podíamos verlos bien. Solo eran dos siluetas borrosas.
Una voz de mujer gritaba furiosa al teléfono. La otra silueta, de voz masculina, trataba de calmarla. No tenía mucho éxito, cada vez gritaba más fuerte. Al otro lado del teléfono, una voz trataba de hacerse oír.
- Tranquila, Acalia. Podremos encontrarlo – dijo una voz de hombre. Estaba seguro de que pertenecía a la silueta de la derecha.
- ¡Dime cómo rayos encontraremos a Herodes! Seguro que Kenneth ya les dio a los vampiros las claves para encontrarlo. Tendremos suerte si sigue vivo para cumplir con su misión – replicó una mujer, la silueta de la izquierda.
- Oigan, sigo aquí – dijo una voz de hombre al otro lado del teléfono. Un carraspeo sonó y se apresuró en añadir -. Seguimos aquí.
- Cállate, Azariel. A ti nunca te ha importado Herodes, mejor cállate de una maldita vez – siseó la mujer.
- Acalia, tranquila. La encontraremos. Envía al enano a buscarlo – dijo otra mujer.
- El enano está aquí – dijo el hombre molesto.
- Demonios, dejen sus malditas discusiones para otro maldito momento – interrumpió Acalia -. Den ideas. Solo nosotros cuatro estamos en contacto, los otros imbéciles no han dado una maldita señal de vida.
- Estamos los más poderosos, ¿qué puede salir mal? – dijo arrogante la voz del tal Azariel.
- Tenemos al más débil también, estúpido – dijo la otra mujer.
- Ya cállense – interrumpió Acalia de nuevo -. Tú, irás a buscarlo – dijo apuntando al otro hombre. Vislumbramos una mano pálida y elegante sobresalir de la capa.
- Pero Acalia…
- Ya cumpliste, estás haciendo nada aquí y mejor que busques a Herodes si quieres que sigamos vivos – lo cortó -. Vete, ahora.
- Pero, ¿cómo explicaremos mi partida? – dijo el hombre.
- Se murió tu tía abuela y debes volver a tu país – sugirió Azariel -. Vete, niño. Ahora.
- ¡Tenemos la misma edad! – reclamó.
- Cállate y corre – dijo Acalia con voz asesina. Lo sentí tragar saliva con fuerza y desapareció -. Bien, debo irme. Espero noticias.
- Acalia…
La figura cortó el teléfono y se volteó a donde estábamos. Oí una risa melodiosa y al instante estaba frente a nosotros. Retrocedimos.
- No les haré daño, vampiritos – canturreó -. No cuenten de esto a nadie o lo sabré y su clan sufrirá las consecuencias.
- ¿Quién eres? – pregunté. Iba a decir qué, pero sonaba grosero.
- Un ser capaz de acabarte ahora mismo. Como sea, váyanse y cierren la boca. Ah, y no intenten entrometerse en mis asuntos, tampoco vuelvan a espiarme.
Luego desapareció. En cuanto se fue, la niebla se disipó, el viento volvió y todo se aclaró. Miramos al cielo, debían de ser las tres de la mañana y nosotros en Canadá. Echamos a correr. Llegamos a tiempo para vestirnos e irnos al instituto con los demás. No hablamos, tan solo dijimos que tuvimos que dar un rodeo para esquivar a un irritado nómada. No preguntaron nada, afortunadamente.
En el instituto, vi a Bella bajarse del auto de Jake con cara de pocos amigos. Él se fue de inmediato. Al llegar a nuestro lado, no habló, algo raro en ella. ¿Habría peleado con su familia? No pude evitar darme cuenta de que estaba más alta y parecía más fuerte.
- ¿Qué pasa? – le pregunté.
- Vlad tuvo que irse, Aiko lo volvió a insultar, nadie puede contactar a Paolo, el muy imbécil tiene a un montón de vampiros siguiéndole el rastro, Greg es más prepotente que nunca y yo solo puedo intentar organizar este circo – masculló más para ella que para nosotros.
- ¿Ah? – preguntamos todos perdidos.
- Ignórenme – medio gruñó. Entró al instituto y la seguimos.
- ¿Estás bien? – le pregunté abrazándola por la espalda. Suspiró y se relajó un poco. Noté que su temperatura corporal estaba altísima, pero ella no parecía darse cuenta o no le importaba.
- ¿Sinceramente? Mi vida es un asco ahora mismo.
Tocaron el timbre y nos fuimos a nuestros salones. Nos sentábamos juntos en Biología, la primera clase, y teníamos que hacer una práctica. Evaluar y clasificar las fases de la mitosis en una raíz de cebolla.
Mi novia murmuró un montón de insultos e incoherencias en idiomas que yo no tenía idea que ella supiera (entre ellos, italiano, francés, español, japonés, chino, griego y latín, claro que varios no los entendí. Nota mental: aprender más idiomas). Tomamos el microscopio y terminamos en cinco minutos. Ella miraba medio segundo la diapositiva antes de dar el resultado.
Cuando terminamos, entregó el trabajo y se fue. La seguí. En medio del estacionamiento, la detuve agarrándola del brazo.
- Bella, ¿qué pasa? – le pregunté. Sus ojos estaban apagados, no tenían la chispa que los caracterizaba.
- Siento lo que va a pasar – murmuró – y siento no poder decir ni hacer nada para evitarlo.
- ¿De qué hablas?
- Lo sabrás en cuanto lo pienses. Te prometo que haré lo posible por evitarlo.
- Bella, no entiendo nada de lo que dices.
- Llama a los Denali al llegar a tu casa. Haz lo que sea para que estén fuera de la zona de Greg el 13 de octubre.
- ¿Ah?
- La respuesta está en uno de los primeros acertijos que les hice. Ya sabes cuál es la zona, solo recuerda las conversaciones que hemos tenido.
- Hemos hablado mucho…
- Recuerda – luego sonrió tristemente y se dirigió al bosque.
- ¿A dónde vas?
- A casa.
- ¿Caminando?
- Tengo cosas que hacer. Haz lo que te dije si quieres que estén bien.
- Pero Bella…
- Nos vemos.
Dio la vuelta y se fue caminando por el bosque. Tocaron el timbre para salir al descanso. Volví a entrar y me encontré con mis hermanos en la cafetería.
- ¿Y Bella? – preguntó Alice.
- Se fue.
- ¿A dónde?
- A su casa.
- ¿Caminando?
- Seh, eso mismo pensé yo. No me dejó llevarla.
- ¿Qué rayos le pasa? – dijo Emm.
- No lo sé. Está así desde su cumpleaños hace dos semanas – Alice meditó un momento -. Jasper, ¿has sentido algo?
- Desesperación – contestó él -, tristeza, rabia, frustración… y luego, nada, como si no estuviera ahí.
- Tendremos que seguir investigando – dijo Alice.
'La respuesta está en uno de los acertijos'. Dejé de escuchar, rememorando cada conversación que había tenido con mi novia. Una en especial llamó mi atención. ¿Sabría que varias veces no entendíamos nada de lo que decía?
Pensé en las veces que su comentario me había dejado fuera de juego. 'Greg'. En una sola conversación sin respuesta estaba ese nombre.
- ¿Conocen algún vampiro en Canadá y Alaska?
- Unos primos viven en Alaska – contesté.
- ¿Solo ellos? – asentí - ¿Cuántos son?
- Seis…
- ¿Los únicos de la zona?
- ¿De Canadá y Alaska? – asintió – Eso creo.
- Greg tiene el trabajo más fácil – comentó mirando por la ventana de mi cuarto -. Solo seis vampiros… si será tonto, él se queja, es el segundo más poderoso y el que menos tiene…
¿De eso estaría hablando?
- ¡Edward! – oí un grito. Sentí que me agitaban, enfoqué la vista y me encontré con Emmett.
- ¿Ah? ¿Qué pasa?
- Eso me estaba preguntando yo, hermano.
- Estaba pensando en algo que me dijo antes de irse…
Les conté de la conversación y luego del recuerdo. Habíamos estado solos en la casa esa vez, así que era poco probable que ellos lo supieran. Al terminar, estaban más perdidos que yo.
- Entonces, según lo que dijo, ¿tenemos que hacer que los Denali salgan de Canadá y Alaska para el trece de octubre? – aventuró Alice.
- Eso creo – contesté.
- Vámonos. No creo que tenga sentido quedarnos aquí – dijo Emm. Asentimos.
Nos levantamos y nos fuimos al Volvo, y de ahí a casa. Al llegar, Esme nos miró entre preocupada y enojada.
- ¿Qué pasó? ¿Por qué no están en el instituto? Apenas era el primer descanso.
Le contamos lo que habíamos pensado. Estuvo de acuerdo con nosotros, y llamamos a los Denali. Los invitamos a venir por una semana, en medio de la cual estaba el día señalado por Bella.
Entre Alice y yo comenzamos a buscar en internet el escrito de los veinte. Cuando lo encontramos, buscamos más profundamente y encontramos algunos nombres.
Cada alma es tan solo la mínima expresión de lo que puede llegar a ser. Siempre una parte de cada alma predomina sobre las demás, de ahí a que alguien sea destructor, maternal, irritable, calmado, pesimista u optimista.
El alma (Amen-Ra, como se le llama en el único escrito sobre él) es la única que se desarrolla al máximo. Es ella la única que tiene el poder para estar completa. Las veinte partes del alma son llamadas de acuerdo a sus capacidades, dividida en diez partes femeninas y diez masculinas, cada una más poderosa que la anterior.
Solo son conocidos los nombres de los cuatro más poderosos, o como son llamadas en un antiguo libro egipcio, Los Cuatro Grandes. La más grande y poderosa de todas las partes, Acalia, refleja el inicio, el comienzo de todas las cosas, y la acogida, siendo su poder ilimitado. Le sigue Azariel, el poder sobre las aguas. La siguiente, Aurora, simboliza el amanecer, el comienzo del nuevo día, o la renovación. El último de los grandes es el opuesto de Azariel. Es Herodes, el poder del fuego. Las dos femeninas se complementan, pero los masculinos son enemigos, generando más de un problema o desastre en el mundo.
Nos miramos aterrados. ¿Acaso los que vimos en el bosque eran partes de esa alma? Jasper sintió nuestro terror y le contamos lo que habíamos descubierto.
- Entonces, ¿vieron a dos partes del alma?
- No solo eso. También pareciera que otro de ellos, el del fuego, está en peligro – dije.
- Es extraño…
Asentimos de acuerdo con el rubio. Luego le contamos todo a mi familia, Carlisle frunció el ceño y se pegó al computador. Tres horas más tarde, suspiró y nos miró sobre la pantalla.
- Los Vulturi no están solo detrás de una parte del alma, sino que siguen a un Arcángel.
- ¿A qué te refieres? – le pregunté.
- Está escrito en inglés de mi época, no se esfuercen en intentar entender – dijo cuando nos inclinamos sobre la pantalla -. Dice que las veinte partes de esta alma son llamadas Arcángeles, cada uno más poderoso que el anterior pero igual de débiles.
- ¿Cómo es eso?
- Ni idea. Parece que los Arcángeles son las encarnaciones del alma. No se puede sacar nada más en limpio.
Meditamos largo rato lo descubierto. Una hora más tarde sonó mi teléfono. 'Bella', dije a mi familia. Contesté.
- ¿Cómo estás? – le pregunté a mi novia.
- Yo… no importa. Ve al claro, te espero en cinco minutos – y colgó.
Mi familia me miró interrogante. Solo pude encogerme de hombros y salir. Estuve justo en el tiempo estipulado parado en el centro del claro. Repentinamente sentí una presencia detrás de mí, y cuando volteé la vi. Estaba pálida, más que nosotros mismos, sus ojos estaban oscurecidos casi negros y tenía unas profundas y marcadas ojeras moradas, además de haber crecido unos diez centímetros desde la mañana y parecer bastante más fuerte, y vestía una camisa unas cuatro tallas más grande y unos pantalones hasta la rodilla bastante viejos. Tenía el cabello corto hasta los hombros. Nada de eso era su estilo.
- Bella – susurré abrazándola. La sentí inmóvil y me separé lo justo para verle el rostro -. ¿Qué te pasa? Parece que no hubieras dormido en días.
- Algo así – musitó monótonamente -. Tenemos que hablar.
- ¿Qué pasa?
- Me voy.
- ¿Por qué ahora? Podemos esperar a la graduación…
- Me importa un pepino la graduación, que el diploma se vaya por el excusado – su respuesta me sorprendió. Siempre pensé que ella quería ir a la universidad, que se aplicaba por eso. Era una buena alumna, y no encajaba. Lo que sí encajó fue el significado de sus palabras.
- Cuando dices que te vas… - murmuré.
- Hablo de que voy sola – sacudí la cabeza intentando aclarar ideas. Esperó sin mostrarse impaciente. Eso era algo que amaba de ella. No se alteraba fácilmente. Me llevó unos minutos encontrar mi voz.
- Voy contigo.
- No puedes. El lugar al que voy no es para ti.
- El lugar para mí es junto a ti.
- No te convengo.
- No seas ridícula – quise parecer enfadado, pero sonó más bien suplicante -. Eres lo mejor que me ha pasado jamás.
- Mi mundo no es para ti.
- Soy un vampiro, ¿y dices eso? Además, me prometiste que siempre permanecerías…
- Lo más que pudiera – me interrumpió.
- ¡No! – explotaba en mi interior, pero seguía pareciendo suplicante - ¿Es por tu transformación? ¡No me importa!
Respiró hondo otra vez y clavó la mirada ausente en el suelo un buen rato. Torció levemente los labios. Cuando alzó la vista, los ojos me parecieron diferentes, mucho más duros, como si el cálido chocolate derretido se hubiera congelado y vuelto sólido.
- No quiero que me acompañes – habló de forma pausada y tranquila sin apartar los fríos ojos de mi rostro, observándome mientras yo comprendía sus palabras.
Hubo una pausa en la que repetí una y otra vez las palabras en mi interior, tratando de descifrar el verdadero contenido oculto de ellas.
- ¿Tú… no… me quieres? – me costó soltar las palabras, confundido por el modo en que sonaban en ese orden.
- No.
La miré sin entender todavía. Me devolvió la mirada sin remordimiento. Sus ojos brillaban, ahora como el ónice sólido, duros, claros y muy profundos. Me sentí caer dentro de ellos, buscando sin encontrar en sus inacabables profundidades algo que contrarrestara la simple palabra que había dado vuelta mi mundo.
- Eso… eso cambia todo – murmuré con la voz destrozada, aunque no tanto como mi corazón.
Cuando la conocí, sentí que volvía a latir, pero ahora se paralizaba de nuevo, y todo por esa palabrita. Miró a lo lejos, entre los árboles, cuando volvió a hablar.
- En cierto modo te he querido, por supuesto, pero me he dado cuenta que necesito un cambio. Porque me he cansado de fingir. No soy normal, tú tampoco, y lo nuestro no puede ser – me miró de nuevo, su rostro parecía tallado en piedra, inhumano -. Dejé que esto llegara demasiado lejos y lo lamento mucho.
- No – contesté con un hilo de voz; empezaba a entender lo que ocurría y la comprensión fluía como fuego por mis venas, como un implacable fuego destructor -. No lo hagas.
Se limitó a observarme durante un instante, pero pude ver en sus ojos que mis palabras habían llegado demasiado lejos. Sin embargo, las suyas también lo habían hecho.
- No me convienes, Edward.
Invirtió el sentido de sus primeras palabras, y no pude replicar eso. Siempre pensé que yo no estaba a su altura, que no le convenía. Abrí la boca para decir algo, pero volví a cerrarla. Aguardó pacientemente. La luna se alzaba majestuosa, alumbrando fantasmalmente su rostro, haciéndolo parecer más pálido aún. Su rostro permanecía inmutable, desprovisto de emoción, extrañamente inhumano. Lo intenté de nuevo.
- Si… es eso lo que quieres.
Se limitó a asentir una sola vez. Se me entumeció el cuerpo, a pesar de que eso era imposible. No sentía nada del cuello para abajo.
- Me gustaría pedirte algunos favores, a pesar de todo, si no es mucho – dijo.
Me pregunto qué habrá visto en mi rostro para que el suyo se descompusiera al mirarme, pero logró recuperar la máscara de fría serenidad antes de que lograra procesar algo.
- Lo que quieras – prometí con la voz ligeramente más fuerte.
Sus ojos helados se derritieron mientras le miraba y el ónice se convirtió por última vez en el chocolate fundido que se derramaba en los míos y me quemaba con una intensidad conmovedora.
- Primero, no hagas nada desesperado o estúpido – ordenó, sin mostrarse distante -. ¿Entiendes lo que digo?
Asentí. Sus ojos se enfriaron, ocultando el precioso chocolate y retornando el ónice, mostrándose más distante que antes.
- Hablo de tu familia, por supuesto. No puedes hacerles algo tan idiota como ir con los Vulturi – asentí de nuevo.
- Lo haré – murmuré. Pareció relajarse levemente.
- Segundo, evita estar por Estados Unidos o México el 13 de noviembre. Luego vuelvan y no se muevan de toda Norteamérica por al menos dos años.
- Supongo que… puedo hacerlo…
- Eso se extiende a tu familia – agregó. Asentí -. Y lo último, olvídame.
- ¿Ah?
- Haz tu vida, o existencia. No tienes que estar solo por siempre por mí.
- Pero…
- Lo prometiste – advirtió. Agaché la cabeza y asentí derrotado.
- Lo haré – murmuré.
- Te haré dos promesas a cambio. No volverás a saber de mí, no regresaré y podrás retomar tu vida sin que yo interfiera. No puedo decir que será como si nunca hubiera existido, tu memoria es demasiado fuerte para eso, pero sí puedo prometer apartarme del camino. Lo otro, haré lo que esté a mi alcance para evitar lo que va a pasar.
- ¿De qué hablas? – musité. Me sentía extrañamente mareado, como si este fuese una imposible pesadilla.
- Estarán a salvo – sonrió con amabilidad -. No te preocupes, los de tu clase se distraen fácilmente.
- ¿Y tú?
- Tengo los problemas suficientes para distraerme por un tiempo. Los de mi clase no olvidamos ni nos distraemos, pero podemos enfocarnos lo suficiente en algo como para ignorar lo demás.
Sonrió, pero la alegría no le llegó a los ojos. Se alejó un paso. Comenzó a llover levemente.
- Supongo que eso es todo. No los molestaré más.
- ¿No te despedirás de los demás?
- No. Debo irme ahora, debería haberlo hecho sin despedirme pero… en fin. No puedo retrasarme más. Dile a mi familia que volveré con los míos.
- ¿De qué…?
- Solo dilo. Ah, y diles que por nada del mundo abran la boca o lo sabré. Ellos entenderán.
Traté de relajarme un poco, lo suficiente para salir de esta situación (he de admitir que fracasé miserablemente).
- Adiós, Edward – dijo con la misma voz suave, pausada y calmada. Volteó y se alejó un par de pasos.
- ¡Espera! – espeté intentando avanzar, pero mis piernas seguían extrañamente entumecidas.
Por un segundo creí que volvía, que no quería irse y diría que se quedaría a mi lado, pero sus cálidas y pequeñas manos se cerraron en torno a mis muñecas y las pusieron a mis costados. Se inclinó para acariciar ligeramente mis labios con los suyos durante un segundo apenas perceptible. Se me cerraron los ojos. La ligera llovizna se transformó en un temporal.
- Cuídate mucho – sentí su hálito acariciar la zona donde me había besado.
Abrí los ojos de golpe cuando sentí una ligera ráfaga artificial. Una flor se agitó levemente con la brisa alzada por su partida. Intenté rastrearla, pero lo único que era capaz de hacer era tratar de que el aire entrara a mi cuerpo. Acaricié ligeramente mis labios, donde permanecía el calor de su último beso como recuerdo de su partida.
Caí de rodillas y me encogí en el suelo en posición fetal. Se había ido tan rápido… y la comprensión llegó a mí. Se ha ido, repetía mi mente una y otra vez. Solté un grito desgarrador y me eché a llorar sin lágrimas.
Había pensado que estaríamos siempre juntos, que éramos el uno para el otro, que me amaba como yo a ella. Pero eso solo quedaría como un sueño, o el sueño de un sueño.
En poco tiempo había conocido el amor y la felicidad en compañía de quien amaba, había desafiado las leyes de la naturaleza al amistar con los enemigos de mi raza, los licántropos, había conocido miles de cosas… pero eso incluía el dolor, la tristeza, el desespero, la pérdida, el abandono y el desencanto… entre miles de otras sensaciones. Porque mi interior era un remolino de emociones, no sabía cómo de mal sentirme.
No tengo idea de cuánto tiempo llevaba ahí tirado cuando un enorme y cálido cuerpo me alzó y comenzó a correr. No hice caso de nada más, y me sumí en la oscuridad.
CHAN-CHAN. ¡Tengo guardaespaldas personales! Ni sueñen con querer matarme, porque sino, ¿quién demonios continuará la historia? Ok, ya me explayé (?)
¡Comenten! Por cierto, creo que no será para tan largo (no más que CE). ¿Se imaginan a Ed en estado zombie, estilo Bella después de NM? Quizás me de la inspiración y lo ponga así... Tsk, bueno. Me voy y las dejo.
PAZ! (RR)
Ayla
