Yes, people, I'm back (?) Ok, se preguntarán porqué rompí mi sagrada regla de subir cada 3 o 4 días... pues, gente, me voy a la playa el lunes. No tendré internet (ToT) sencillamente porque allá no hay. Es como "Ayla, inteligente, sube a la vuelta". Pues, nope gente, vuelvo el viernes y es claro que no voy a estar para subir nada. Así que, les va ahora y el siguiente el domingo. Siiiiiiiiii me puse generosa. Ah pues, la verdad es que me dieron ganitas de dejarles en el suspenso y darles esos cinco días para pensar y repensar como hacer que los Vulturi o algún otro malvado atraviese la barrera de Arcángeles. ¿Por qué harían eso? FACIL, GENTE. Van a querer matarme cuando lo lean. No doy adelantos... aguántense hasta el domingo para saber que maldad voy a hacer.

Bueno, la inspiración no me dio para poner a Edward en un digno estado zombi, no me gusta que se ponga en ese plan... Nah, mentira, me provocaba hacerlo, pero no me dieron ganas de escribir eso y alargarlo más... Así que, gente, van a ver a un Ed depre en los siguientes capis, pero no me voy a poner en plan emo (?) Ok, me estoy andando por las ramas. Sencillamente, no quiero poner a Ed zombi porque creo que eso implicaría poner un capi todo fome pa que se corten las venas y no quiero eso... quiero que lleguemos pronto a la acción!

Ah, a mi buena amiga que ya sabe que pasa en esta historia porque es la única a la que le dije todo antes de empezar a escribir pero aún así está leyendo, te digo tú demente que ESA parte viene al otro capi. ¿Te acuerdas? Esa que te dije que me iban a querer matar... Aps, ya vas a ver. Por cierto, las historias que cierta floja no quiere escribir no las estoy avanzando de momento, pero ya llevo algo.

A lo que estamos aquí.

Advertencia: este fic, debido a ciertos comentarios, puede ser ofensivo a casi todas las religiones existentes (por no decir todas), porque suele descalificarlas y tratarlas de supersticiones. Aclaro que estas opiniones y comentarios no reflejan necesariamente mi forma de pensar, sino la realidad en este universo paralelo.

Disclaimer: Twilight tiene su autor, y lamentablemente no soy yo ni de broma. La trama es totalmente mía, además de unos cuantos personajes, y... bueno, ya saben. El punto es que cada personaje es de su dueño, al igual que lo demás.

Aquí les va, gente. Espero sus coments a cambio de mi pronta actualización (?) Ok, no jorobo más. Disfruten el capi y no me maten si no les gusta.

3pPOV

2a.m., 14 de octubre.

Un águila blanca estaba posada tranquilamente sobre una rama, desde la cual veía perfectamente el interior de casi toda la mansión Cullen. Sus ojos, azules hasta lo imposible, observaban con una infinita tristeza casi humana al vampiro de cabello cobrizo que era consolado por su amiga.

Otra águila igual pero algo más pequeña se posó a su lado.

- ¿Qué haces aquí, Abdón? – preguntó la primera.

- Qué buena bienvenida, Acalia – replicó la otra sarcásticamente -. Ya puse a Herodes a salvo.

- ¿Dónde?

- En las narices de los Vulturi. Está en Volterra.

- Ah – murmuró distraídamente.

- ¿Ellos no son los de Denali? – cambió el tema el pequeño notando el bajo estado anímico de la mayor.

- Sí.

- ¿Los salvaste? – preguntó shockeado - ¿Ignoraste una orden directa de los Supremos?

- Los Supremos pueden meterse sus órdenes por donde les quepan – gruñó lanzándose en picada contra el suelo, donde se transformó en un grácil lince blanco.

- Es peligroso pensar así – dijo el otro imitándola.

- No lo pienso ni lo creo, estoy totalmente convencida de que son unos idiotas. ¡Por el cielo! Si solo son almas comunes y limitadas.

- ¿Sigues creyendo que nuestras peleas son las causantes de todo? – preguntó mientras trotaban por el linde del bosque.

- Estoy convencida de ello. Podríamos haber anulado la decisión de acabar con alguna raza si tan solo Herodes y Azariel no fueran tan idiotas y por una vez se hubieran puesto de acuerdo y nos hubieran apoyado como las veces anteriores.

- Son opuestos, es imposible que hagan eso.

- Ya sabes que Aurora y yo votamos por dejar tranquilos a los mortales y semi-mortales, pero esos dos…

- ¿Qué pasó en esa reunión, hermana?

- Lo típico. El representante del clan Nocturno votó por acabar al clan Lunar, el Lunar por acabar al Nocturno, el Fantasmal por matar al Mortal, el Mortal al Conductor, el Conductor al Alquimista, el Alquimista al Fantasmal , Aurora y yo nulo… solo que esta vez, Azariel votó por acabar con el clan Alquimista, y Herodes convenció al Quileute de votar por el clan Nocturno.

- Tres contra el Nocturno, uno para el Lunar, Mortal, Conductor y Fantasmal, dos para el Alquimista y dos nulos – contó el pequeño, y luego miró a la mayor - ¿Los Supremos no votan?

- Ellos obligan a votar, y luego a algún clan a ser responsable de la misión. ¿Recuerdas que el clan Nocturno tuvo que acabar con el Lunar? Aunque tampoco es que les desagradara… esos dos clanes se odian a muerte desde los inicios de ambas razas. Bueno, el punto es que ahora nos toca a nosotros para no cometer errores en cuanto a la destrucción, porque el Nocturno falló de todos modos. Algunos pocos Lunares sobrevivieron, y esparcieron de nuevo el virus.

- ¿Por eso Kenneth fue castigado?

- Eso, y que tuvo la genial idea de incordiarme.

- ¡Ja! Eso le pasa por idiota.

- Cállate, alguien viene.

- Se pegaron al suelo en el linde del bosque. Desde su posición podían ver perfectamente el ventanal trasero de la casa. Vieron pasar veloces a algunos metamorfos quileute.

- ¿Qué hacen aquí? – preguntó una voz detrás de ellos. La primera lo asesinó con la mirada. Él entendió y se convirtió en un lince más grande que el pequeño pero de menor tamaño que la mayor.

- La pregunta sería, ¿qué haces tú aquí? – preguntó ella en un ligero siseo. El otro, como buen hermano menor, se quedó quietecito, calladito y haciendo guardia mientras sus dos hermanos mayores discutían por algo.

- Terminé la misión, hermana – contestó -. ¿Qué hace él aquí?

- Ya se encargó de esconder a Herodes, pero ese no es el punto. ¿Saliste con Tanya Denali? – imposiblemente, el otro palideció.

- Yo… yo… ella… este… yo… ella… - balbuceó. Se calmó un poco y preguntó - ¿Y tú cómo lo sabes?

- He estado espiando, Azariel – contestó. Azariel se encogió de hombros (salió bastante extraño, viéndose como un lince) y suspiró.

- Yo, no. Gregory sí lo hizo.

- Ya veo. Entonces, ¿no estás decepcionado de que se salvara?

- Como Azariel, quiero causar un par de tormentas. Como Gregory, quisiera hacer llover sobre tierras desérticas – suspiró -. De todos modos, yo quería matar a los alquimistas y dejar tranquilos a los nocturnos. Bueno, enano, vamos a por Herodes. Necesita guardaespaldas el imbécil.

- Azariel – advirtió ella.

- Vale, vale. Me voy.

Dio un salto en el aire, convirtiéndose en una majestuosa águila. Se fue volando, dándose cuenta de que su hermano menor quería hablar con ella y concediéndole por primera vez al pequeño la oportunidad de hacer lo que quería.

- Lo extrañas – empezó él. No era una pregunta.

- Quisiera salvarlo, hermano.

- Puedes hacerlo – le confió en voz baja -. No puedes decirles de partida lo que eres, pero sí advertirles de que se vayan.

- Lo hice, pero él es tan terco que… no creo que quiera irse.

- Lo hará si te lo prometió. Es un tipo chapado a la antigua, al menos para este tiempo. Cumplirá su promesa.

- Me preocupa que no lo haga.

- Estás igual que Azariel – rió él, pero salió más como un ronroneo debido a su forma.

- ¿Ah?

- Nada, nada. Me voy. Cuídate, hermana.

- Como si tuviera de otra – suspiró.

Él imitó a su hermano, pero ella se convirtió en halcón y atravesó una ventana cerrada del tercer piso como si fuese aire. Aspiró y suspiró satisfecha. Ese olor le recordaba tantas cosas… sus ojos se aguaron al recordar la peor blasfemia dicha en su existencia.

En un parpadeo el halcón desapareció, dejando en su lugar a su forma humana, claro que ningún humano sería jamás de tal sobrenatural belleza y palidez. Era alta, quizás un metro ochenta o noventa, fuerte y bien proporcionada. Pálida como un muerto, ojos imposiblemente azules, profundos y sabios, como si hubiera contemplado más que cualquiera. Rostro angelical, increíblemente hermoso, de facciones finas y elegantes. Su cabello rubio (tan claro que podía verse plateado fácilmente si no se le daba la adecuada evaluación) caía en cascada por su espalda, totalmente liso, hasta la cintura. Lo llevaba suelto, e imposiblemente no tenía un cabello fuera de lugar. Usaba una gruesa túnica de tela blanca y sobre ella una fina de seda. Ambas túnicas eran largas hasta los pies y las muñecas, la inferior iba afirmada por una simple y delgada cuerda blanca y la superior por un elegante cinturón plateado con hebilla dorada. Era imposible decir su edad. Podría tener un millón de años como haber nacido el segundo anterior.

Escuchó pasos en el pasillo y se fusionó con el aire. Cinco segundos exactos después se abrió la puerta y por ella entró un devastado vampiro de cabello cobrizo. Se sentó en el sofá, tomado un álbum en sus manos. Ella, curiosa, se acercó a ver y sonrió tristemente. En una fotografía se veían claramente dos pálidos chicos de unos 17 o 18 años, ella de cabello chocolate ondulado y sedoso, mismo tono de sus cálidos y chispeantes ojos. El chico de la foto era el mismo vampiro. Estaban sentados en un tronco blanco de la playa, y a pesar de que sus rostros estaban enfocados hacia la cámara, sus ojos no se separaban, reflejando todo el amor que se tenían. Había sido tomada el día del cumpleaños de la chica.

El vampiro soltó un sollozo.

- ¿Por qué? – susurró - ¿Tan poca cosa era yo para que me dejaras?

- Nunca has sido poca cosa – susurró ella. Él levantó la vista asustado.

- ¿Quién es? – balbuceó.

- Eso no importa. Créeme cuando te digo que fue por tu bien. Su amor no estaba destinado a florecer.

- Yo… yo la amo…

- Lo sé. Y por eso debes entenderla. No te pido que hagas tu vida como si ella no hubiera existido, pero sí que intentes superarlo. Si no por ti, por tu familia. Sufren. Dale este mensaje a Tanya. Greg tampoco hubiera querido que ella sufriera.

- ¿Cómo sabes eso? – no recibió respuesta - ¿Sigues ahí? – recorrió con su vista la habitación, pero ella ya se había marchado, dejando una única pluma blanca a los pies del vampiro.

- Cuando sientas que sufres, toma la pluma con fuerza y recuerda los momentos más felices – escuchó en un susurro cuando la tomó entre sus manos.

No importaba que ella estuviera obligada a acabar con el Clan Nocturno, ella procuraría que, al menos, él y su familia sobrevivieran.

Porque daba igual que los Supremos juraran que Amen-Ra no podía amar. El amor era parte de él, aún cuando algunos de ellos estuvieran destinados a odiar. Por eso se complementaban o rechazaban, porque sus amores eran opuestos.

Y los amores opuestos estaban cansados de pelear. Solo querían un mundo tranquilo, sin preocuparse en exceso por las demás almas, sin enemigos o guerras internas. Solo querían paz.

Amen-Ra, guerrero más eterno que el mundo, despertaba lentamente de su letargo milenario.

Aquí estuvo y aquí llegó (?) , me relajo un poquito. ¿Comentarios? ¿Tomatazos? ¿Felicitaciones? ¿Amenazas de muerte? ¿Teorías? Recibo todo lo que quieran mandarme y lo que no también. Ahm... eso! Me voy ahora y dejo de jorobar porque seguro que tienen cosas que hacer...

Ya, me voy.

Bs

Ayla