Akiiiiiiiiiiii les llegó el otro capi... Ahm, no me voy a alargar, solo que mañana me voy a la playa, y no subire por una semana... ¿Recuerdan que les dije que me iba hasta el viernes? Pues cambio de planes, gente. Parece que vuelvo el lunes en la mañana... o el domingo. Bueno, no me sigo alargando.
Advertencia: este fic, debido a ciertos comentarios, puede ser ofensivo a casi todas las religiones existentes (por no decir todas), porque suele descalificarlas y tratarlas de supersticiones. Aclaro que estas opiniones y comentarios no reflejan necesariamente mi forma de pensar, sino la realidad en este universo paralelo.
Disclaimer: Twilight tiene su autor, y lamentablemente no soy yo ni de broma. La trama es totalmente mía, además de unos cuantos personajes, y... bueno, ya saben. El punto es que cada personaje es de su dueño, al igual que lo demás.
20 de octubre
CPOV
Los Denali aun no se iban. No es que me quejara. Incluso podía decir que era para mejor. Tanya y Edward se habían consolado mutuamente en su dolor, apoyándose como mejores amigos, olvidando el pasado en que ella lo acosaba y él escapaba. Los demás también sufrían por la partida de 'su humano', y entre todos habíamos logrado remitir un poco el dolor, por lo que Jasper pudo volver hace un par de días.
Nada era igual, pero se hacía lo que se podía. Los chicos no tenían planeado volver al instituto en un buen par de años.
Por mi parte, continuaba la investigación sobre Amen-Ra. Cabe decir, no he avanzado mucho. Por eso he dejado de lado el internet para sumergirme en antiguos libros. Tras mucho buscar, logré dar con el libro del aprendiz. Ahora agradecía haber aprendido algo del idioma…
En general, era exactamente lo que Alice y Edward encontraron en internet. Al principio y al final había dos inscripciones que no estaban en la red.
"Esto no debería ser anunciado si mi cabeza sobre mis hombros quisiera mantener. Sin embargo, más me preocupa la verdad que la superstición de mi pueblo. Este es mi legado: las profecías y la información que me ha revelado Amen-Ra, el poder del Universo que se ha creado a sí mismo".
"Ahora que he terminado, la muerte me persigue como un halcón a su presa, así como el fin acecha a mi pueblo. La desgracia caerá sobre Egipto tal como caerá sobre cada Imperio sobre la Tierra. Nuestras riquezas serán robadas y nuestra cultura despreciada, nuestra gente humillada y nuestra tierra poseída. Escucha, Egipto, el clamor de la sangre derramada sobre tu tierra. Seré muerto a manos de los que no creen, considerado un traidor, la vergüenza de mi familia y de mi gente. Mas no me preocupa. Mi alma será destruida, revivida y acogida por todo Amen-Ra, lo que le pase a mi cuerpo no ha de importar. He cumplido mi misión. He advertido a mi gente de lo que acaecerá a Egipto por su falta de Fe".
Eso era lo único nuevo que pude sacar del libro original. No estaba claro el resto del libro, ninguna profecía ni nada. Al menos, quedaba claro que el aprendiz ya sabía de las consecuencias de revelar sus conocimientos.
Levanté la mirada del libro para mirar a mi esposa, que acababa de entrar a mi despacho. Sonreí. Puse el libro a un lado y abrí mis brazos. Se sentó en mi regazo y me besó suavemente.
- Los chicos quieren ir a cazar todos juntos – dijo un rato después -. Las dos familias.
- Vamos entonces – le sonreí.
En la sala encontramos a todos los que querían salir. Es decir, TODOS. Al salir nos separamos, cada uno por su parte.
EPOV
Corría velozmente entre los árboles. Había cazado ya un puma y un ciervo. No tenía muchos ánimos de alimentarme pero… se lo debía a mi familia y a Bella.
No llegué a entender lo que pasó esa tarde en mi cuarto. Vale, la voz podría haberla imaginado, lo admito. Lo extraño fue lo que pasó al final. De la nada, una pluma había aparecido a mis pies. 'Cuando sientas que sufres, toma la pluma con fuerza y recuerda los momentos felices'. Y funcionó.
Cada vez que el sufrimiento se apoderaba de mí, apretaba con todas mis fuerzas esa hermosa pluma blanca y éste desaparecía. Y cuando la soltaba, no tenía nada fuera de lugar. Tan perfecta como cuando apareció frente a mí.
También parecía tener brillo propio. Siempre emitía un sutil resplandor plateado y jamás se ensuciaba. No le dije a nadie de ella.
A Tanya le di el escueto mensaje de esa voz. Que Greg no habría querido que ella sufriera. Después de eso, habíamos tardado tan solo dos días en calmarnos lo suficiente para que Jasper pudiera volver.
Sin darme cuenta, llegué al claro donde todo pasó. Escuché voces. Me escondí tras un arbusto y asomé la mirada.
Eran dos altas figuras vestidas de largas túnicas de seda blanca sobre otras de tela más gruesa. Alcanzaba a ver un cinturón de plata sujetando firmemente la túnica de seda. Eran un hombre y una mujer. Su cabello era largo y rubio platinado, más claro que Carlisle, liso y brillante, él lo tenía hasta los hombros y ella hasta la cintura. Eran más pálidos que un vampiro, pero era más que evidente que no lo eran. Primero, no olían como tal. Segundo, los ojos del hombre eran profundamente azules. Tercero, hablaban más rápido de lo vampíricamente posible. Altos, fuertes y bien proporcionados. Medirían alrededor de un metro noventa.
No podía leer la mente de ninguno de los dos, y hablaban demasiado rápido como para entender alguna palabra o tan solo qué idioma usaban. Estaban parados en el centro del claro, la mujer dándome la espalda. Veía el rostro del hombre por sobre su hombro derecho. Él me sacó de mi ensoñación al hablar con voz grave y firme.
- Tendrás que hacerlo, Acalia. No tienes opción – dijo con una voz serena y persuasiva.
- No tienes que decirme qué hacer, Azariel – replicó ella con voz suave y musical, pero firme a la vez -. Sé cuál es mi lugar aquí – sentí pasos ligeros a mi alrededor y entonces estaba rodeado por mi familia. Los Cullen y Denali estábamos reunidos. Un momento… ¿Acalia? ¿Azariel?
- Eso espero, el tiempo se acerca.
- Confía en mí. Sé lo que hago.
- No se nota, hermana. Tú…quieres a esos Cullen, no creo que te atrevas a desobedecer a los Supremos y dejarlos vivir – sentí a mi familia pegar un respingo a mi lado.
- Acabaré con los Cullen, hermano – susurró ella -. Lo haré cuando llegue el momento. Mientras, déjame disfrutar lo que queda de mi primera vida humana en siglos.
¿Qué eran estas criaturas? No eran vampiros, y desde luego tampoco humanos ni licántropos. Debían ser increíblemente poderosos como para que ella pudiera acabar con todos nosotros. Tenía la certera sensación de que eran los llamados Arcángeles. Los seres volvieron a hablar a toda velocidad, haciendo que nos perdiéramos parte de la conversación.
- Será fácil – replicó ella, volviendo a hablar a velocidad…normal.
- Ya lo creo – desde donde estábamos pudimos ver fácilmente la sonrisita de suficiencia del hombre -. Fue fácil acabar con todos esos vampiros inútiles.
- Kenneth estará furioso cuando volvamos.
- Bueno… él se condenó. Nadie le dijo que se metiera contigo. Sabía que lo ibas a castigar por insultarte, Acalia. Fue ingenioso eso de impedirles salir a la luz del sol y torturarlos con la sed de sangre – ella soltó una risita en respuesta.
Definitivamente esto asustaba. Por lo que entendía, estos seres eran increíblemente poderosos, inmortales como nosotros, podían encarnar en un humano y nos habían transformado en lo que éramos… hijos de la noche. Pero… un momento… Miré a Alice asustado. Ella estaba a mi izquierda, y volteó a verme al mismo tiempo que yo. En sus ojos veía reflejada mi desesperación.
- Ella nos advirtió… - murmuró Alice tan bajo que podría haberlo pensado.
- Estamos en problemas – confirmé en el mismo tono.
Entonces oímos unas fuertes carcajadas y volvimos a mirar. La mujer había volteado y miraba fijamente donde estábamos. El hombre, por su parte, estaba un poco por detrás y a la derecha de ella, riendo descontroladamente. Las facciones de ambos eran armoniosas y muy similares. Podrían ser gemelos fácilmente.
- ¿No son esos los vampiros de esta zona? – preguntó él en tono burlón en cuanto dejó de reír.
- Oh, cállate, Azariel – ella rodó los ojos -. Tan solo son un montón de vampiros asustados.
- A ellos les advertiste, ¿no? – indicó a donde estábamos Alice y yo.
- Claro – contestó vagamente.
- Entonces… hay que darles un escarmiento – sonrió malévolamente.
- No seas tonto. Para eso falta tiempo – él bufó.
- Dame algo de diversión. Como los Denali se fueron, me quedé sin vampiros que matar. Eso no es divertido.
- Tú eres aburrido, hermano – sentí un tirón y entonces estaba en el claro, a unos metros de ellos, paralizado junto a mi familia.
- ¡Hey! – protestó haciendo un puchero.
- Tienes millones de años. Compórtate.
- Soy menor que tú.
- Cállate.
- Como digas.
Volvieron a mirarnos Él comenzó a tararear alguna canción mientras nos evaluaba con la mirada uno por uno. Reía suavemente cuando su mirada se posaba más de cinco segundos en alguno de nosotros.
- Tienen magnetismo, hermana – canturreó. Ella rodó los ojos y se cruzó de brazos.
- ¿Qué quieres, Azariel? – ignoró su último comentario – Deberías estar cuidando a Herodes.
- Sabes que no lo soporto – hizo un puchero -. Y él me molesta.
- De todos el mal menor – murmuró -. Preferiría tener a Abdón conmigo.
- Eso me ofende. Soy mejor compañía que el enano.
- Sigue soñando.
- No puedo.
- Sabes lo que quise decir.
- Me gusta molestarte.
- Me quedó claro.
- Yo pensé que no.
- Hazte honor por una vez, Alvar, y cállate.
- Como digas.
Ella rodó los ojos y nos fulminó con la mirada a Alice y a mí.
- Les advertí que se mantuvieran fuera de mis asuntos – dijo seria.
- ¿La gran Zaida dando advertencias? Te estás ablandando, hermana.
- Cállate, Azariel.
- De acuerdo.
- ¿Y bien? – mi hermana y yo nos encogimos. No lograba encontrar mi voz para justificarme. Solo iba de caza y me crucé con ellos. mi familia me siguió. ¿Tan difícil era decirlo? Sí, si no puedes hablar - ¿Crees que eso justifica espiarme, chico? – me encogí más.
- Lo siento – dije en un hilo de voz -. No fue mi intención…
- Creo que debes darles un castiguito – canturreó él -. Como para que no quieran cruzarse otra vez con nosotros.
- Alvar…
- Solo digo.
- Te iba a decir que continuaras, pero bueno – sonrió cuando él habló a toda velocidad.
- ¿De acuerdo?
- Dilo más lento, para que entiendan y sepan lo que se les viene.
- Para probar que serás capaz de hacerlo y al mismo tiempo para darles una lección, mata a uno de ellos – se encogió de hombros -. Tal vez… a ella – apuntó a Esme. Sonrió sádicamente -. Hey, chico, yo no soy sádico – me miró ofendido.
- Alvar.
- Ok, me callo. Pero hazlo. Porfis. Quiero verte matar. Sería lindo, haber visto algo que los demás no. No es cosa de todos los milenios ver a la gran Zaida acabando con una vida.
- Después de esto, te vuelves con Abdón y Herodes.
- Vale, vale. Pero hazlo – casi rogó.
- Bien – extendió la mano con la palma hacia arriba.
Esme se adelantó como hipnotizada, quedando justo frente a ella. La mujer apoyó su dedo índice sobre la frente de mi madre y en medio segundo… se consumía frente a nuestros ojos. Impotentes, solo podíamos mirar.
Cuando terminó de consumirse, veíamos un montoncito de cenizas en el lugar donde debería estar mi madre. El hombre sonrió satisfecho. Se convirtió en una majestuosa águila y elevó el vuelo, no sin antes inclinar la cabeza respetuosamente en dirección a la mujer. Ella devolvió el gesto.
Cuando el águila blanca se perdió de vista, ella nos volvió a mirar. Rompió a reír. Nosotros… nos hundíamos en nuestra desesperación. Esme, la dulce Esme, había muerto frente a nuestros ojos… sin que pudiéramos hacer nada.
Muajaja! Mate a Esme! No podrán amenazarme de muerte sin RR, recibo las amenazas solo por ese medio. Ok, me voy. Desaparezco por toda la semana. Bye!
Ayla
