CAPÍTULO 05
Unos ojos redondos y de color plata flotaban en un mar de ébano, ondeando con el viento.
La caricia fría y suave de la brisa le arrugaba la piel. Las garras resplandecían bajo la luz de la luna y ella gritó. Con el corazón en la garganta, se quedó helada.
Un hombre, más grande que ninguno que hubiera visto nunca, emergió de la niebla. Sus ojos brillaron mientras se acercaba a ella. Gruñó con el mismo tono profundo con el que lo había hecho lord Cullen en el momento de darle placer con las manos y su lengua.
A ella le temblaron las rodillas de miedo, de frío y de una sensación erótica y placentera que no había experimentado nunca. Sentía un hormigueo en los pechos y sus pezones se endurecieron hasta convertirse en pequeñas cimas.
Cuanto más se le acercaba él, más cambiaba el aire que les rodeaba. El frío de la noche neblinosa se disipaba, y la envolvía en un calor suave y sedoso. La atmósfera crepitaba con la energía que recorría su piel y cosquilleaba su sexo. Sintió cómo le dolían los pulmones; intentó esforzarse por respirar, pero no se atrevía a hacer movimiento alguno.
El hombre no articuló palabra. Se limitó a rodearla en círculos, una y otra vez, fuera de su alcance y oculto en la niebla para que ella no pudiera verle el rostro. Deseaba poder moverse, dar un paso hacia delante y tocarle, pero atravesar la distancia que había entre ellos no era cosa suya.
La presencia del hombre se parecía a la de lord Cullen, pero de alguna manera diferente. Aquel hombre poseía un gran poder, era un hombre cuya esencia era puramente natural, carnal, indómita. No había ninguna limitación en sus movimientos, pero parecía poseer todo el control de la situación.
Ella aspiró una bocanada de aire; un deseo profundamente arraigado le ponía los pelos de punta. Deseaba ser tan natural como el hombre que la acechaba sigilosamente, pero seguía sin poder moverse. Había una fuerza natural en su interior que la mantenía completamente inmóvil.
Le temblaron los brazos y cerró los ojos a su imagen. Se mordió el labio, y distinguió su aliento cálido, una mezcla de anís y oporto, que flotó en el aire hacia su nariz.
Abrió los ojos bruscamente y se encontró con la oscuridad. ¿Dónde estaba? Sus dientes arañaron su cuello y la mordieron. ¡Cielo santo! A ella se le doblaron las rodillas, pero seguía sin ser capaz de hacer movimiento alguno. Se quedó de pie completamente débil, pero erguida e inmóvil. Nada la detenía excepto la noche.
Sus labios besaron y succionaron la carne y continuaron mordiéndole. Un gruñido de profundo placer salió de su boca, y a ella le tembló el cuerpo, sin inhibición. Los dedos calientes y sedosos de la oscuridad recorrieron su piel y presionaron sus piernas hasta abrirlas.
Una fragancia terrosa y penetrante llegó a su nariz, y el hombre que estaba tras ella, aunque no pudiera verle, gimió. Ella giró el cuello hacia un lado para comprobar si realmente estaba a su espalda.
Ella se estremeció y tragó saliva compulsivamente. Un destello de garras blancas captó su mirada con el rabillo del ojo. Ella se sobresaltó y el rocío le fluyó de la piel. La presión de tres afiladas puntas trazó su clavícula con el sonido del algodón desgarrado. Ella gritó de miedo, no de dolor.
—Sssh —el sonido, parecido a un gruñido, tranquilizó sus nervios a flor de piel, y todo su cuerpo se relajó.
Su vestido de noche se deslizó por su cuerpo, dejando solo el aire para calentar su febril carne. Un roce candente trazó la cresta de su trasero y ascendió por su cadera hasta la región lumbar, después se introdujo dentro de la abertura de sus nalgas.
La caricia era tan íntima que le tembló el alma.
El roce la abandonó con un dolorido gruñido. Ella se dio la vuelta para ver cómo los ojos del enorme hombre volvían a adoptar una forma humana. Los ojos de lord Cullen. Ella se quedó sin respiración y levantó la mano en un intento por acariciarle.
—Rosalie —el viento susurró su nombre en un sonido de anhelo, y entonces, se despertó repentinamente. Estaba tumbada en su cama, mirando el techo, con las pinceladas de color dorado y crema de dulces querubines y nubes devolviéndole la mirada.
Él pensaba que era una bestia, un monstruo, cuando para ella poseía todo lo que ella quería. Era un hombre al que amaba con todo su ser, no importaba qué tipo de criatura fuera.
Emmett bostezó. No había podido conciliar el sueño la noche anterior. Su mente luchaba contra sus instintos, y él no había conseguido ni mucho menos ganar la batalla. Caminó con languidez hacia el salón y allí encontró a Carlisle, a Edward y la compañera de por vida de Edward, Bella, acomodados en la mesa, tomando el desayuno.
Carlisle levantó la cabeza para mirarle con una sonrisa retorcida, y Emmett se quedó inmóvil.
—Buenos días —dijo Bella, mientras vertía algo más de té en su taza.
Él gruño su típica frase de buenos días a todos los que a se encontraban y se dirigió hacia su asiento.
El criado le trajo su café y entonces se sentó, inhalando la fuerte fragancia. Diablos, cómo necesitaba aquello.
—Todos deseamos ayudarte, Emmett — Edward le observaba desde el otro lado de la mesa.
— ¿Cómo dices? — ¿Ayudarle? Nadie podía hacer nada para solucionar lo que le pasaba. Además, no quería ni necesitaba ayuda de nadie.
—Así es —los ojos de Carlisle adoptaron un tono suave—. Emmett, vi cómo te afecta ella. También vi las marcas de su cuerpo. ¿A qué tienes miedo, Emmett?
Emmett abrió los ojos de par en par, y se quedó quieto, incapaz de moverse. ¿A qué temía? Temía a comérsela viva, por dentro o por fuera. Frunció el ceno.
—Emmett, no te preocupes. Somos tu familia. Solo queremos ayudarte. Por lo que nos ha contado Carlisle, necesitas nuestra ayuda — Edward se levantó, colocó la silla bajo la mesa y caminó alrededor de ella hasta acercarse a él y apartar la silla que había a su lado.
— ¿Qué te ha dicho Carlisle? —le dijo Emmett, atónito. Sus hermanos querían ayudarle. La familia de monstruos. Y él era el único osezno que no parecía saber quién era su padre. El único que, extrañamente, cuando había sido niño, los había influenciado a todos para hacer lo que él quería, incluso aunque él no lo hubiera pretendido nunca.
Negó con la cabeza y observó con atención a Edward… Edward, que se parecía tanto al duque. Y a Carlisle, que tenía el pelo de su madre; pero el resto eran completamente como el duque, incluso en su personalidad.
Emmett poseía los ojos de su madre, pero lo demás eran rasgos de su abuelo, lo que significaba que o el duque o su hermano podían haber sido su padre, pero por el escándalo que se sucedería de aquello no había manera de saberlo.
Inhaló una profunda bocanada de aire y suspiro.
—Emmett —la dulce voz de Bella vino desde el otro lado de la mesa—. ¿Deseas a lady Rosalie, Emmett? Desde luego que sí, es una mujer apropiada en todos los sentidos. Vas a convertirte en duque. Ella es la hija de un duque, aunque sea inglesa y humana. No podía haber imaginado una pareja mejor para ti, una elección más inteligente.
—Yo... —no quiso expresar ni admitir sus deseos. No, no podía poseerla. Su mente no le permitiría hacerle daño de nuevo—. No es posible, Bella.
— ¿Por qué?
—Me niego a atar a una humana a mí.
— ¿Cómo dices? —Edward enarcó las cejas.
Él no deseaba mantener aquella discusión, pero claro que no tenía elección.
—Yo... yo soy brusco. Soy demasiado brusco cuando monto a una mujer. Nunca he sido capaz de contener mi pasión carnal. Dios, ¡Carlisle la ha visto! Fue atacada por mí. Amoratada, arañada, mordida —tragó con fuerza y se obligó a continuar—. Es un ángel y se merece mucho más que un monstruo que pueda herirla de gravedad. —Emmett bajó la cabeza hacia el líquido denso y negro de su taza, como si el café pudiera esconder alguna solución, como si pudiera hacer algo más que ayudarle a combatir el cansancio.
Nadie habló y, al levantar la cabeza, Emmett vio que todos los ojos le observaban. Diablos. Puso mala cara.
—La amas —Bella curvó los labios hacia arriba.
— ¿Importa eso, Bella? Yo no lo creo. Un gusano ama a una manzana, pero la devora desde el suave centro hacia fuera.
—Sí, el amor importa, Emmett. Nunca le harás daño intencionadamente. Antes te alejarías de tu camino para asegurarte de que ella no sufriera ningún daño.
Emmett apretó los dientes con fuerza y emitió un gruñido.
—No lo entiendes. Yo no soy como el resto de vosotros. He visto como mis hermanos montaban a mujeres muchas veces. Edward, tú solo me has visto una vez, ¿y qué fue lo que viste?
Edward tomó una profunda bocanada de aire.
—Sí, Emmett, tú eres más primitivo que nosotros, pero serlo no significa nada malo. ¿Se ha quejado Rosalie, Emmett? ¿Desea que te quedes inmóvil, Emmett? Esas son las preguntas que tienes que responder si verdaderamente la deseas. Si ella te desea a ti, entonces harás que vuestra relación funcione.
— ¡No! Me niego a despertarme cada mañana con una mujer a la que lleno de moratones cada vez que la toco. Si elijo una compañera de por vida, debe ser una Ursus.
Carlisle le miró fijamente.
—Nosotros no podemos elegir a nuestra compañera de por vida, Emmett. O, mejor dicho, tenemos un porcentaje de elección mínimo. Si te alejas de esto y la necesidad pasa, pensarás en esa mujer el resto de tu vida —Carlisle se movió en su silla, metió la mano dentro de su bolsillo y sacó un mechón de pelo atado con una cinta. Todos se quedaron mirando el recuerdo. Carlisle frotó el mechón entre sus dedos pulgar e índice, sin apartar los ojos de los rizos—. He amado a esta chica desde antes de que me marcaran.
Emmett le observó durante un momento. A Carlisle le resplandecieron los ojos con lágrimas de anhelo por una mujer que ningún miembro de la familia conocía. Diablos. Emmett abrió los ojos de par en par.
—Carlisle, ¿quién... de quién es ese pelo?
Carlisle suspiró y después se guardó los recuerdos en el bolsillo y miró hacia arriba; la tristeza se había borrado ya de su expresión.
—No importa, Emmett. Lo que verdaderamente importa es que si intentas mantener enjaulada a la bestia que hay en ti, solo saldrás perdiendo. Puede que no inmediatamente, pero con el tiempo lamentarás haberte rechazado a ti mismo.
—Emmett —dijo Martin, con un tono calmado de voz. Emmett volvió a mirar a Edward—. ¿Te ayudaría el ritual formal de Orsse?
El ritual formal de Orsse suponía que podía aparearse con la compañera elegida solo después de haber luchado para conseguirla.
— ¿Cómo, Edward?
—Bueno, si crees que eres demasiado brusco, si alivias tu agresión por conseguirla, quizás no te comportes de la misma manera cuando te unas a ella.
—El ritual formal no me hará ningún bien, Edward. La ceremonia irá bien, ¿pero qué pasará durante el resto de nuestras vidas? —Cerró los ojos—. No puedo hacerle algo así.
La pequeña mano de Bella se deslizó sobre la de Emmett.
—Emmett, tu brusquedad puede deberse a que llevas reprimiendo tus necesidades durante mucho tiempo. Puede que te des cuenta de que una vez que satisfagas tus deseos sobre la base que estos requieren, seas capaz de controlarlos —Bella miró a Edward.
—Sí, eso es, tiene razón, Emmett. Yo tengo mucho más control sobre mis instintos desde que conozco a Bella.
Carlisle resopló.
Edward y Bella le miraron con una expresión de censura en los ojos.
—Lo siento. No creo que nunca se pueda llegar a controlar a la bestia del deseo. Yo sacio el mío bastante regularmente, y todavía me siento obsesivo y brutal cuando tengo relaciones. Si hemos de ser sinceros, Emmett, no creo que seas tan violento como crees. Basta un vistazo para comprobar que lady Rosalie tiene buen aspecto y se siente completamente embelesada. No ha sido violentamente golpeada atacada como tú piensas.
¿Era aquello verdad? ¿Podía su idea del aspecto que tenía ella ser solo producto de su imaginación? Apretó las cejas y su expresión se hizo más profunda.
—Puede que tengas razón, Carlisle —dijo Edward desde el otro lado de la mesa.
—Bueno, eso espero... Soy un Ursus después de todo, y tan carnal como el resto de vosotros.
Emmett se giró hacia Bella.
—Bella —después miró a Edward—. Bella, ¿has tenido alguna vez marcas de mordiscos o moratones que te haya hecho Edward?
—Emmett —Edward gruñó en señal de advertencia.
—Es... es importante, Edward. Tengo que responderle —Bella miró a Edward a los ojos.
Una vez más se comunicaron mentalmente. Emmett puso los ojos en blanco, pero en secreto les envidiaba.
—Muy bien, pero te advierto que si se siente lo más mínimo incómoda con esto... Emmett, Bella no tiene que responderte.
Ambos se giraron hacia Bella.
—Sí, Emmett, siempre he tenido marcas. Y me excita cuando las veo. Me recuerdan su pasión por mí y todo lo que hicimos... —Bella se ruborizó de un tono rojizo fuerte, lo que resaltó sus ojos verdes y su pelo rubio.
—Pensaré detenidamente en todo lo que me habéis dicho —Emmett se apartó bruscamente de la mesa, sin haber probado bocado.
YO QUIERO QUE EDWARD ME MUERDA JAJAJAJAJA Y USTEDES?
POBRE EMMETT ESTA SUPER CONFUNDIDO
ME CUENTAN QUE LES PARECIO SI?
BYE
PD: SUBI UNA NUEVA HISTORIA ME ENCANTARIA QUE LA LEYERAN Y ME CONTARAN QUE LES PARECIO
LAS AMOOOO
