No me maten por la tardanza! Digo, cuánto fue, 10 días? El punto es que la semana pasada mi mamá entró a trabajar y se llevaba casi siempre el condenado notebook. Claro, en mi casa hay 2 compus, pero resulta que la de torre no me dejaba subir... el punto es que cuando al fin llego el viernes, sali con mi familia a visitar a una amiga de mi mamá... al día siguiente, paseo con asado todo el día. Al domingo, a qe no adivinan! YES, PEOPLE, fui a comprar los cuadernos para el cole, a+ de algunas otras cosas... Lunes, el uniforme, y entré a clases ayer martes... Casi cada día, cuando volvía el notebook, escribía un poco... anteayer apenas, cuando leí un capi de actualizacion de no-se-quien, me di cuenta de que ya funcionaba para subir... Y ESTOY DE VUELTA!
Ok, no jodo con mi vida xq es ovio qe la unica excusa que sirve es qe demore x asuntos en mi vida personal. Asi que, el capi.
Advertencia: este fic, debido a ciertos comentarios, puede ser ofensivo a casi todas las religiones existentes (por no decir todas), porque suele descalificarlas y tratarlas de supersticiones. Aclaro que estas opiniones y comentarios no reflejan necesariamente mi forma de pensar, sino la realidad en este universo paralelo.
Disclaimer: si Twilight me perteneciera, yo no estaría aquí, subiendo esta historia, y mucho menos en español.
Esme POV, disfruten gente!
Una aclaración: las cursivas son las conversaciones entre Acalia y Esme, y las normales de principio a fin (salvo el último diálogo) son tomadas textualmente del capitulo 10, 'Enigma', con las adiciones pensadas de los dos personajes que ya mencioné.
Frente a mí, majestuosamente inmortalizada en algún fino cristal, se reflejaba una figura femenina. Como si de una obra de arte extremadamente realista se tratase, llegaba a parecer que en algún momento la figura fuese a cobrar vida propia y salir del cristal, pero al mismo tiempo como si un apasionado pintor hubiese plasmado en una burda imagen su más profundo deseo de amor.
Era algo más blanca que un vampiro, pero sin llegar a la sobrenatural palidez de los Arcángeles. Su ondulado cabello castaño claro caía en cascada por su espalda hasta llegar a la mitad de ésta, tan limpio y resplandeciente que no parecía real.
Los ojos brillaban de un modo que cualquier criatura ordinaria envidiaría de tan apasionado que era su fuego. Se distinguían en ellos los más puros sentimientos y emociones, dominando así el amor, la alegría y la calidez propias de una madre consciente de todo lo que puede y, por lo tanto, se siente obligada a entregar a los demás (tanto a su familia y amigos como a un común desconocido). Reflejaban asimismo la pasión de una madre que ama serlo y que ama la capacidad de amar. Tuve que desviar la mirada de sus ojos al cabo de un momento, agobiada por la intensidad del fuego de sus ojos miel, y preferí seguir inspeccionando el resto de su figura.
Usaba una simple pero elegante túnica blanca de mangas largas y anchas, que llegaba hasta los tobillos, afirmada por un fino cinturón plateado. Calzaba ligeras sandalias de un pálido tono grisáceo. Adornaba su cuello una cadena de plata con un disco del mismo metal dividido en cuatro secciones, cada una con un extraño símbolo en relieve. Aún sin saber el significado de ninguno de ellos ni haberlo visto jamás, una parte de mí parecía saber a la perfección cada detalle de las figuras.
Asombrada, levanté la mano notando que la figura imitaba mi movimiento tal como un espejo. Traté de tocar su rostro, o al menos chocar con una superficie que me confirmara que era una criatura de tal pureza que nadie era digno de tocar. Al contrario de lo que pensaba o esperaba, mi mano atravesó su rostro como si fuera de humo. Su mirada reflejaba mi desconcierto, pero sin perder ese brillo que poseía y parecía incapaz de perder.
Volteé a ver a Acalia.
- Eres tú – dijo simplemente comprendiendo mi duda.
- ¿Cómo? Yo no soy así ni de lejos – mire nostálgica la imagen, notando asombrada que su mirada reflejaba mi emoción.
- Como te ves cada día – lanzó sonriendo tenuemente.
- ¿Ah?
- Cada día ves tu encarnación. Esta es tu alma. El cabello y los rasgos son iguales o muy parecidos, si te fijas bien – recién ahí me di cuenta.
- Ya, vale, pero…
- ¿Los ojos? Las emociones que reflejan son tuyas. Amor, alegría, entrega incondicional… La miel es dulce, siempre tan dulce como cuando fue formada. Del mismo modo, tus emociones solo pueden aumentar. Nunca disminuirá tu amor por tu familia, ni la alegría con que compartes con ellos ni tu determinación de hacer lo que sea por ellos. La palidez, tu alma es vampírica, de acuerdo, pero profundamente influenciada por mí y mis hermanos, de ahí a que el tono esté como en medio – asentí, entendiendo el punto.
- ¿Tu alma refleja tu forma de ser?
- Es una forma de verlo, sí – concedió sonriente -. La túnica, bueno, no tengo una explicación para eso. Solo sé que desde siempre la llevamos, incluso desde antes de la Gran Creación.
- ¿Qué…?
- No preguntes, es largo.
- Como quieras. ¿El collar?
- Los cuatro que más influyen en ti. Absalón, Vesta, Herodes y yo misma – señaló cada símbolo -. Asimismo, cada uno de nosotros representa varias cosas y hay un símbolo para cada una. Por eso, tienes un símbolo de cada uno de nosotros cuatro, el que más te representa.
- Entiendo… ¿puedes saber quiénes son las mayores influencias sin ver el collar?
- Claro. Puedo decirte que Alice comparte con todos ustedes, por eso se llevan tan bien. Demoraría en decirte el resto…
- Tenemos tiempo.
- No tanto como crees. En un minuto Rosalie se me tirará encima. Ah, y Edward tendrá las pistas de mi identidad en las narices y no se dará cuenta.
- ¿Cómo…?
- Todo tiene su origen, ya te lo dije. Las decisiones espontáneas, tanto como las meditadas en diferentes grados y las que no son consideradas en absoluto con anterioridad, también. Ahora mismo, ellos están considerando seriamente asesinarme (como si con eso fueras a volver, o fuese siquiera posible), pero no es una decisión fija. Ni siquiera lo piensan, más bien. Lo sienten. Es complicado para los limitados.
- ¿Ah?
- Los ilimitados somos los 20, eso porque podemos expresarnos en totalidad. Los demás clanes o razas no, por lo tanto, son limitados. Tres…
- ¿Qué…?
- Dos…
- ¿… pasa?
- Uno…
- ¡Maldita perra! – bramó Rosalie tirándose encima de Acalia.
- Ah.
- Te lo dije. Qué vocabulario, rubia – su voz destilaba una despreocupación envidiable-. La voy a paralizar – me advirtió.
- No… - me ignoró y vi a Rose paralizada.
- Así es mejor.
- Acalia…
- ¿Qué le hiciste? – siseó Emmett.
- Tranquilo, oso, que no la mataría.
- Que yo sepa, ellos te vieron matarme.
- Claro que no, pero sí mataste a Esme – escupió Rose.
- Nah, no soy de las que mata a sangre fría – chasqueó la lengua.
- Ellos te vieron hacerlo, no saben nada de la verdad.
- ¿Por qué lo hiciste? – gruñó Edward. Miré a Acalia. Su rostro permanecía impasible a pesar del veneno que Edward dirigía en su contra.
- ¿Hacer qué? – preguntó inocentemente.
- Matarla.
- ¿Me crees capaz?
- No te conozco.
- Cierto… - murmuró.
- La verdad… - comencé.
- No me conoce de verdad, no sabe que soy Bella – corrigió.
- Parece que sí eres capaz de matar a sangre fría – gruñó Tanya.
- Yo no he matado a nadie – se defendió ella.
- ¿Y encima tienes el descaro de mentir en eso? – siseó Eleazar.
- ¿En qué?
- En lo de matar.
- Es cierto – se encogió de hombros.
- Pero mataste a Esme…
- ¿Por qué mataría a la que fue como una madre para mí? Espera, eso es raro…
- Bastante – concedí.
- ¿Qué…? – murmuró Edward débilmente. Casi podía ver a Acalia sonreír con burla.
- Cielos, tienen la respuesta en su pasado y ni lo recuerdan – chasqueó la lengua -. Kenneth debería estar decepcionado de los suyos. Ya no les sirve la "perfecta" memoria vampírica.
- ¿Deberíamos entenderlo? – preguntó Carlisle en un susurro.
- Pues… no tanto.
- No deberían entenderlo para nada.
- Tienes razón.
- Deberías dejar de hacerlos sufrir – dije… ¿dije? ¿Ya podía hablar?
- Sí, puedes hablar.
- Como sea. Deja de hacerlos sufrir.
- ¿Por qué? Es gracioso – se defendió al mejor estilo Bella Black. Claro que eran la misma persona…
- Es cruel – rebatí.
- Gracioso – protestó.
- Humor negro.
- Sigue siendo humor – se encogió de hombros.
- Solo te diviertes tú.
- Soy importante, modestia aparte – bufé mentalmente.
- La modestia es lo que más te falta.
- Hieres mis sentimientos – se puso una mano en donde debería llevar el corazón con expresión sufrida. Rodé los ojos.
- Tú… ah, olvídalo.
- Eso, buena chica.
- No soy un perro – protesté.
- No dije que lo fueras.
- Sonó a que sí.
- Una cosa es que lo diga y otra es que lo supongas – replicó.
- Los humanos le dicen eso a sus perros – refunfuñé.
- Algunos lo hacen.
- Sigue siendo una conducta humano-animal – dije molesta.
- Este caso podría parecerse con algo de imaginación y humor negro… espera. No tienes ese tipo de humor.
- Hasta que lo notaste – suspiré.
- Como si pudiera olvidarlo – rodó los ojos.
- ¿Sí sabes que nos están mirando? – apunté.
- Es divertido ver sus caras. ¡Míralos! Son graciosísimos – se rió mentalmente, pero sin dejar esa imperturbable expresión de su rostro.
- Tu humor es extraño – comenté.
- Nope. Tan solo a la antigua – sonrió inocentemente.
- Para mí es extraño.
- Eres muy joven para entenderlo.
- Tú eres la vieja – claro que sí, tiene miles de años…
- Eres una niña a mi lado. No cuenta – hizo un mohín de disgusto -. ¡Y no estoy vieja!
- Para mí que sí… - reí en mi mente.
- Me ofendes.
- ¿Qué? Tienes miles de años… - me defendí.
- Te corrijo. Millones. Pero, ¿quién cuenta los milenios? – estuvo a punto de dejar salir una sonrisa socarrona.
- Tú.
- No es cierto. Arriba pierdes la noción del tiempo.
- Lo parece.
- Espero que no estés diciendo lo que creo que estás diciendo.
- ¿Qué crees que estoy diciendo?
- Creo que sabes lo que creo que estás diciendo.
- ¿Qué sería eso?
- Ya sabes.
- ¿Qué sé? – es tan divertido hacerla enojar…
- Para con eso.
- ¿Con qué? – le pregunté inocentemente.
- Con… ah, olvídalo – suspiró derrotada.
- No los hagas sufrir. ¿Así dices que los quieres? – cambié de tema.
- Hey, que no soy normal – se defendió.
- Ya lo sabía.
- Es lógico.
- Contigo nada es lógico ni esperable ni predecible ni nada – apunté.
- Ya entendí.
- No lo parece.
- Que no soy tonta – protestó molesta cruzando los brazos sobre el pecho.
- Nunca dije eso.
- Lo pensaste – rebatió.
- Deja de meterte en mi mente – exigí.
- No es mi culpa, gritas tus pensamientos así como así. Si fuera humana ya me habría dado jaqueca – hizo una exagerada mueca llevándose una mano a la sien derecha por un par de segundos.
- Quejona – me burle.
- No soy quejona.
- Que sí.
- Que no.
- Sí.
- No.
- Sí.
- No.
- Sí.
- No lo soy.
- Que sí lo eres.
- No es cierto.
- Sí es cierto.
- Que no.
- Que sí.
- No.
- Sí.
- Esto es estúpido.
- Cierto.
- Al fin estamos de acuerdo en algo – sonrió suavemente.
- No es que nos cueste – me encogí de hombros.
- No dije eso.
- No dije que lo habías dicho.
- Sonó a que sí.
- Una cosa es que lo diga y otra que lo supongas.
- No uses mis palabras en mi contra – hizo un mohín algo infantil.
- No lo hago.
- No jodas… - dijo mirándome, o a mis cenizas.
- Olvídalo.
- Mejor.
Volvió a ver a las dos familias, sus ojos manteniendo esa chispa que la caracterizaba aún de humana. Su mirada cambió de hielo a chocolate por un par de segundos, pero los demás estaban lo suficientemente perturbados como para notarlo bien. Probablemente pensarían que estaban imaginando cosas.
- Telescopio – dijo cuando su mirada volvió a ser de su profundo color verdadero.
Edward se estremeció, y pude ver una ligera y casi imperceptible sombra en el azul de Acalia por un segundo. Mi hijo apretó con fuerza algo dentro del bolsillo derecho de su pantalón. Lentamente, su siempre adolorida expresión (desde que 'Bella' se fue) se calmó hasta llegar a su neutra expresión de los últimos días.
Acalia me mostró una escena de sus primeros días humanos con Edward.
- ¿Nos viste? – susurró él cuando terminó la imagen. Solo Alice dio muestras de saber algo.
- Estuve ahí – admitió despreocupadamente.
- ¿Dónde? No sentí a nadie…
- Que no me veas bien no significa que no haya estado ahí – contestó.
- ¿Qué…?
- Acertijos – sonrió maliciosamente -. Ya sabes la respuesta, falta que termines por aceptarlo.
- ¿A qué te refieres? – preguntó sin entender.
- No pienso repetirlo – replicó encogiéndose de hombros.
- A que ya lo sabe.
- Por supuesto.
- ¿Qué haremos ahora?
- En unos minutos, cuando tu energía esté a la mitad, podré devolverte tu cuerpo. Mientras, podemos divertirnos viéndolos…
- ¿Bella? – susurró Edward interrumpiendo a la máxima Arcángel - ¿Eres tú, Bella?
Ella sonrió complacida, mientras los demás se veían confundidos, más que antes… Mientras una única pregunta se repetía en mi mente… Y ahora, ¿qué?
¿Qué tal? ¿Merezco comentarios, incluso con mi tremenda demora? Espero que sí... ¿Ya vieron los coments de A? ¡Dos mas y superan a CC, y eso qe solo con 11 capis subidos V/S los 19 de CC! OMG, ME LLEGA EL SOPONCIO! (?) XDDDDDD Ok, hiperventilo y eso nunca es bueno.
What the hell are you waitin' for? (Numb/Encore, Linkin Park)
Ayla
PD: REVIEWS?
