Apssss se qe no merezco perdon x la demora... pero... pues... duh, bueno, entre el martes 1 a clases, y no tuve tiempo de subir nada... si, me enviaron tarea desde el 1°dia... un asco ¬¬ y, bueno, el sabado, tarea. domingo, fuera todo el dia. ya ven, no tuve tiempo de nada. asi qe, me iba a aparecer ayer... y no encontre el pendrive. un asco, si.
Pero bueno, el punto es qe volvi. piensen que tendre qe reescribir todo lo que tenia por la perdida, a menos que lo encuentre... pero resulta que sino... ya saben. de todos modos, este va. es lo qe me acuerdo, no esta textual a como TENIA qe ir pero... aps, problems in my life
Advertencia: este fic, debido a ciertos comentarios, puede ser ofensivo a casi todas las religiones existentes (por no decir todas), porque suele descalificarlas y tratarlas de supersticiones. Aclaro que estas opiniones y comentarios no reflejan necesariamente mi forma de pensar, sino la realidad en este universo paralelo.
Disclaimer: pocas cosas son mias... el internet, la luz y el PC son responsabilidad de mis QP, la saga Twilight pertenece a Meyer... la historia y varios personajes son MIOS entienden?
No jodo mas, disfruten el capi
Rosalie POV
Apenas Edward dijo eso, pude volver a moverme. Retrocedí lentamente hasta llegar junto a Emmett, quien me abrazó protectoramente fulminando con la mirada a… bueno, a la que me había paralizado.
Ella no quitaba su sonrisa, aunque ahora había adquirido un aire triste y nostálgico. Repentinamente, volvió a ser alegre. Dio un saltito en su lugar dando una palmada, sobresaltándonos.
- ¡Bravo! A Esme le tomó algo más. No creo que se hubiera enterado si no le hubiera dicho…
- Me ofendes – sonó la voz.
- No te insulté, y ahora deja que siga – hizo un mohín -. No discutas.
- Vale.
- Pero… ¿cómo? – murmuró Edward sin quitar sus ojos de ella.
- Cambios de apariencia – le quitó importancia con la mano -. Nada especial entre los de mi raza – sonrió maliciosamente -. Mis hermanos morirían del disgusto, metafóricamente hablando, si se enteraran de que lo saben… bueno, Antígona me aplaudiría…
- Pero… - ahora fue Alice quien habló.
Ella se anticipó a lo que, seguramente, iba a decir mi hermana. En medio segundo, Bella Black estaba frente a nosotros sonriendo de la misma peculiar manera que la caracterizaba, esa que nadie jamás sería capaz de imitar ni de lejos.
- ¿Ahora me creen? – preguntó. Asentimos sorprendidos.
- ¿Cómo… qué…? – balbuceó mi esposo.
- No puedo contestar nada… - hizo una mueca – No es por voluntad. Por mí les digo todo.
- Yo puedo decirles… - sonó la voz nuevamente.
- En ese estado no – negó con la cabeza, dejando que el largo cabello castaño callera sobre su rostro -. Estás atada a los Supremos y a esa maldita orden… tendrías que… pero parece ser muy luego para… aún quedan cosas para que… no puedo… pero… ¡Esme! – reclamó – Deja por lo menos que termine la oración.
- Ni siquiera hablé – se defendió la voz.
- Lo pensaste todo.
- No te metas en mi mente.
- Gritas tus pensamientos, no es mi culpa.
- Mía tampoco, no se bajarles el volumen.
- Claro que sabes. Pero ese no es el punto…
- ¿Cuándo volveré? Me empieza a aburrir esto.
- Piensa que yo estoy todo el tiempo en ese estado – se encogió de hombros -. De cualquier modo, en un par de minutos reuniré la energía necesaria.
El silencio cayó pesadamente sobre el claro. Ella tarareaba alegremente una tonada desconocida en un idioma extraño, mientras nosotros aún intentábamos asumirlo.
Pasaron dos minutos exactos y vimos cómo las cenizas de Esme se alzaban y tomaban forma lentamente, pareciendo una sombra más que una figura humana. De a poco, fue tomando color y textura. Tras cinco minutos, vimos el cuerpo de mi madre frente a nosotros. Sin embargo, sus ojos estaban vacíos. Opacos.
Una neblina blanca del mismo tamaño y forma que el cuerpo fue visible. Se deslizó hacia el costado, hasta fusionarse con el cuerpo. Brilló furiosamente, tanto que tuvimos que cerrar los ojos por la intensidad de la luz que emitía. Cuando se calmó, volvimos a mirar.
Esme estaba frente a nosotros, más hermosa y resplandeciente que nunca. Sus ojos habían adquirido un brillo singular, que jamás había poseído antes, y ahora no eran topacio sino miel. Su cabello caía en cascada hasta media espalda. Vestía un vestido blanco con mangas anchas y largas, y adornaba su cuello una cadena de plata finalizada en un disco del mismo metal, dividido en cuatro secciones marcadas por distintos símbolos.
Se miró atentamente las manos, los brazos y toda aquella parte de su cuerpo que pudiera ver, y luego volteó a verla.
- ¿Nada más era eso? – su voz sonaba mil veces más clara, maternal y musical que antes.
- No te quejes, que la que se esforzó fui yo – se encogió de hombros y nos miró.
Los ojos de Bella adquirieron un matiz melancólico y triste.
- Sabes lo que pasará ahora, Esme – susurró mirándonos fijamente a cada uno de nosotros, deteniéndose más tiempo en Edward y finalizando en ella.
- No tienes que…
- Sí tengo que – la cortó negando suavemente con la cabeza -. Quisiera no…
En un parpadeo, volvía a ser Acalia. Su semblante pálido se mantenía imperturbable, pero sus ojos denotaban una pena infinita. Suspiró.
- Adiós – murmuró dando la vuelta.
- ¡Espera! – dijimos todos, menos Esme, quien cerró los ojos con expresión de dolor. Se detuvo sin voltear.
- Es lo mejor para todos – dijo en voz baja. Edward negó frenéticamente con la cabeza.
- No lo es y lo sabes – afirmó adelantándose.
Ella podría haber desaparecido en un segundo o haberlo detenido, era obvio, pero no lo hizo. Llegó junto a ella y la tomó del brazo, obligándola a voltear. Buscó sus ojos, y ella los desvió. Sus dedos se crisparon y retiró con brusquedad el brazo.
- Ya te perdí una vez, no quiero… no soportaría perderte de nuevo – murmuró Edward acariciando suavemente su mejilla.
- No es cosa que yo quiera o no – susurró ella en respuesta -. Es una orden. Si no… yo… mis hermanos… moriríamos… ustedes también… Solo… intenta… pensarlo así… Yo… no puedo… mi raza…
- No sigas, Acalia – se adelantó Esme -. Yo les diré.
- Es… mi problema… tú no… deberías… hacerlo… - hablaba entrecortadamente, como si se le dificultara el respirar.
- Pero…
- No… Esme – la cortó ella negando con la cabeza. Soltó un jadeo y se llevó la mano al pecho – Huyan… ahora… - respiraba agitadamente – no… pueden… estar…aquí… Canadá… Esme… vayan… - jadeó, agitó la cabeza fuertemente y cayó de rodillas – No… no pueden…
Respiró lo más profundamente que podía en su estado, y comenzó a convulsionar. En dos segundos estábamos frente a una hermosa y enorme loba blanca de ojos azules. Echó a correr hacia el norte, lo más rápido posible. La seguimos.
Después de media hora, se detuvo tan abruptamente que seguimos de largo unos metros. Al detenernos, intentamos retroceder y acercarnos a ella, pero Esme se interpuso y negó con la cabeza.
- Morirán si cruzan de vuelta a Estados Unidos – dijo sin apartar su mirada de ella, que ahora volvía a estar en su forma más humana.
- ¿Por qué? – preguntó Edward con expresión de dolor.
- ¿Cuándo salimos del país? – preguntó Alice entre asombrada y apenada.
- El porqué lo verán luego, y ella no se habría detenido si no hubiera sido seguro para ustedes – contestó enigmáticamente -. Solo les puedo decir algunas cosas…
Comenzó a contarnos desde la verdadera raza de Bella. Todo lo que sabía nos lo dijo. Pero Edward no parecía oír. Su atención estaba totalmente enfocada en Acalia. Ella estaba parada de espaldas a nosotros, en el centro de un prado (en cuyo límite estaba Esme y al otro lado nosotros) con una ligera brisa agitando sus cabellos platinados. Esme terminó de hablar.
- ¿Por qué no puedo leer tu mente, Esme? – preguntó Edward mirándola sin verla en realidad - ¿Qué me ocultas?
- Nada – dijo sorprendida -. No estoy bloqueando mi mente…
- Quizás cuando tu mente se unió a la suya por ese rato, una parte de su escudo quedó adherida a ti – conjeturó Carlisle.
Asentimos de acuerdo. Edward iba a agregar algo cuando Acalia al fin se movió. Se elevó unos centímetros en el aire y alzó sus brazos frente a ella, con las palmas hacia abajo. Comenzó a hablar en un idioma parecido al de la canción.
- ¿Qué dice? – pregunté en susurros. Esme ladeó la cabeza.
- Hijos de la Noche y Kenneth el Grande, ustedes presentes en la Gran Zona de Surnafi, acudan a mi llamado, al llamado de Acalia la Inicial – tradujo con voz rítmica -. Lo repite una y otra vez, parece… es hipnótico – cerró los ojos, dejando que las palabras acariciaran sus oídos -. El canto es como el llamado de las sirenas… igual de atrayente y mortal - suspiró y agitó la cabeza tratando de despejar su mente – La zona a la que se refiere son México y Estados Unidos.
- Parece que cambió lo que dice – opinó Carlisle al notar el cambio en la cadencia de las palabras.
- Sí, ahora dice algo menos amable – asintió Esme -. Acudan a mí, sed quemados por las llamas de la acabada inmortalidad, vengan a mí en este momento, Acalia la Inicial ansía probar el aroma de su fuego – agitó la cabeza -. Sigue repitiéndolo… una y otra vez.
- ¿Cómo sabes lo que dice? – preguntó Tanya.
- Creo que estar unida a su mente me dio la capacidad de entender algunos idiomas – la miró de nuevo -. Ahí vienen.
- ¿Quiénes? – preguntó Eleazar.
- Los condenados – susurró.
Miramos en la misma dirección. Aparecieron corriendo docenas de vampiros con la mirada perdida en Acalia. Se formaron y arrodillaron sin dejar de mirarla con adoración.
- Ahora comienza… - murmuró Esme cuando Acalia se acercó al primero.
Extendió su dedo índice derecho del mismo modo que con Esme horas atrás… y supe qué iba a pasar segundos antes de que el vampiro comenzara a consumirse a partir del punto donde el largo dedo se había posado.
El Apocalipsis.
Aps, como que me acordaba de esto... el resto va para adelante xD ok...
LLEGAMOS A LOS 57 RR! Vamos, gente, solo tres y llegamos a los 60... Mi ser happy! No me castiguen con su silencio, por favor... las qe van al cole entenderan... qe es un asco... alguna va en 2°Medio? a que es molesto?
No sigo jodiendo... el otro va en cuanto pueda escribirlo de vuelta o encuentre el bendito pendrive.
PAZ!
Ayla
