Ya dije ayer: va entre hoy (ayer) y mañana (hoy) y, bueh, fue ahora que lo subo...

Ah! Gracias a las cinco que me comentaron (al momento que escribo esto, ese es el numero de gente que ha comentado...) y no me colgaron por la enormonstruosa demora (alguien sabe si existe esa palabra?).

Advertencia: Este fic puede ofender a los sensibleros religiosos porque las trata (a las religiones, no confundir) de supersticiones y blabladerías. So, si eres de ese grupo ignora eso porque no es personal, solo la realidad en este universo paralelo que inventé.

Disclaimer: Obviamente, no soy Meyer. Y reclamo un derecho de autor... La historia es mía y nadie pero nadie de los nadies en todos los jamás de los jamases puede publicar o plagiar esto sin pedir un permiso por PM o RR. También les digo que los nombres de los Supremos, el de casi todos los Adanes, los nombres raros que se menciona (el lago, el diamante) si los buscan y no encuentran en ninguna parte son totalmente míos y pienso denunciar los usos sin permiso. Dicho esto, creo que es todo.

Lean al final, aclaro cuáles nombres son míos y están con derechos de autor según FF.

Ah, última cosa.

*Flashback*

*Voz rarita salida de la nada*

Nada más que decir. Aquí les va!

3ºpPOV – En algún lugar del universo

- ¡Maldición! – espetó un hombre dando vueltas cual fiera enjaulada.

- Has de estar tranquilo, Ynnus – dijo calmadamente otro, mirando en una fuente a veinte rubios asesinando a un montón de seres de capa negra.

- ¡No quiero estarlo, Vethos! – gruñó Ynnus - ¡Mira lo que están haciendo!

- Tú mismo presidiste la orden de acabar con los Hijos de la Noche, y no protestaste – replicó tranquilo.

- A ti no te afecta porque no es tu raza la que está en problemas.

- ¿Y la inquisición? ¿La quema de brujas? Estúpido, los Conductores casi caen ese tiempo.

- Los humanos son unos incompetentes, era obvio que no lo lograrían y los tuyos estarían a salvo. También hay que decirlo, los míos no son precisamente los mayores destructores… pero cuando se les ocurrió que esos veinte acabaran con mi raza nos condenaron eternamente – gruñó paseándose las manos por el cabello color ébano.

- Ynnus, Vethos, dejen sus discusiones – habló otro cuando Vethos abrió la boca para replicar.

- Lynnys – saludaron secamente al más poderoso de los Supremos. El Supremo Lunar.

- ¿Han visto a Pseiro? – preguntó Lynnys. Los dos negaron. El Supremo Alquímico casi nunca se dejaba ver, obsesionado como estaba con sus fórmulas.

- Khyro preguntó por ti – avisó Vethos apartando por primera vez la mirada de la fuente -. Parece preocupado por los pocos fantasmas que han nacido el último siglo.

- La energía fantasmal se debilita – informó otro hombre entrando al salón -. Es cada vez menor, y no he podido corregirlo.

- ¿En eso llevas todo este tiempo, Pseiro? – preguntó Lynnys.

- Aparte de cargar la energía de los veinte, sí. ¿Cómo van?

- Acaban de activarse juntos en el salón principal de los Vulturi – dijo Vethos sin contener el reproche-. Eso no estaba previsto. Se supone que Herodes se activaría solo, sin nada de ayuda, y su energía se gastaría tanto que estaría inmovilizado por décadas. ¿Algo que decir?

- No fue por mi causa – dijo calmado acercándose a la fuente -. Mi tarea era cargarlos con energía durante 218 meses para obligarlos a explotar con su energía dirigida a los Hijos de la Noche. Luego van y me dicen que tengo que sobrecargarlos lo suficiente para que estallen los 17 restantes al mismo tiempo, de modo que los otros no puedan ayudarlos y queden incapacitados como grupo al perder a 17 de 20 miembros durante años. Como ven, no tuve nada que ver.

- ¡Era al mismo tiempo, te lo dije! – estalló Lynnys. El otro lo miró serenamente. El Alquimista nunca se alteraba, y eso ponía de los nervios a sus compañeros.

- Nada es al mismo tiempo, Lynnys, y sé que lo sabes. Lo más que pude hacer era redirigir energía dedicada a otras cosas para que se activaran lo más seguido posible – miró un momento el disco que colgaba de su cuello, que estaba dividido en 20 secciones de diferentes colores -. Según esto, se activaron Abdón, Azariel y Acalia con separaciones de un mes. El siguiente fue dos días después de Acalia, que fue lo que tardó en redirigirse la suficiente energía para que pasara. Luego se activaron en un patrón cada cinco minutos. Terminaron de activarse y se reunieron en Italia, donde Herodes, que debería haber sido el décimo noveno en activarse según la carga energética, llevaba alrededor de quince minutos aguantando. Les dio margen de reunirse todos y traspasarle energía.

- ¿Qué tan débiles quedarán? – preguntó Ynnus, olvidando momentáneamente su ira.

- No quedará incapacitado nadie salvo Abdón y Maira, si eso es lo que preguntas. Y solo lo estarán unos veinte minutos. Los demás quedarán algo desanimados, pero Acalia sabrá llevarlos adelante.

- ¿No hay forma de sobrecargarla lo suficiente como para que esté imposibilitada unos cuantos siglos? – preguntó Lynnys.

- Gastarías tanta energía que el universo se desmoronaría y congelaría durante todo el tiempo que demore en recargarse. Ya sabes que es el inicio de todo, y mal que te pese es necesaria – explicó Pseiro.

- ¿Cuánto tiempo podría estar sin energía? – preguntó con curiosidad Vethos.

- Un par de horas a lo sumo. Un minuto más y estamos fritos, tanto por el innecesario gasto de energía como por el hecho de que todo el universo se paralizaría y derrumbaría. Y para eso no hay cura.

Siguieron charlando así durante otro par de horas. Ninguno se dio cuenta (Khyro había llegado poco después) de que Pseiro intentaba por todos los medios desviar la atención del tema de mayor importancia en el ciclo vital del universo: la energía de Acalia la Inicial.

Tras una meditación de media hora, decidieron el siguiente movimiento. Le declararían la guerra a Amen Ra. Con acabar a Azariel, Aurora, Herodes, Amaru y Amir podrían dominar a Acalia por un par de siglos bajo la amenaza de destruir a los demás.

Ynnys había sugerido que los controlaran a todos menos a Acalia, y dominarla a ella bajo amenaza de obligar a sus hermanos a destruirse entre ellos. Sin embargo, Pseiro le recordó (amablemente) que el gasto de energía en dominar a Azariel, Aurora y Herodes a la vez sería suficiente para que el resto del universo no la tuviera. Así, quedaron limitados a esperar al momento oportuno, controlar a alguno y hacerlo destruir a los de niveles inferiores, y así hasta que quedaran solo Azariel y Acalia.

Una vez determinado eso, Pseiro se retiró a su estancia, donde experimentaba con diversas energías. Él sabía (aunque no quisiera mencionarlo) que los más poderosos tardaban años en renacer, ni digamos de recuperar su cuerpo y luego su fuerza. Dejar fuera a los cinco más poderosos (salvo Acalia) significaría dominar a Amen Ra durante unos mil años solo por el hecho de tener que recuperar lo perdido. Pero guardó silencio.

Incluso cuando Acalia, con ayuda de sus hermanos, había visitado en sueños a un aprendiz de sacerdote del más grande imperio de la época, él había estado arrepentido. Se dio cuenta de que ellos eran no el equilibrio, o expresiones del poder de lo existente, o una poderosa alma expresada al cien. Notó que ellos eran el universo. Por eso estuvo tan sorprendido con el nombre que el aprendiz les dio. Amen Ra, la personificación del poder del universo. Sin ellos, nada existía. Por eso ellos habían estado antes de todo.

Algo que aun investigaba (a pesar de haber pasado tanto tiempo) era lo que poseían en su interior. Energía se quedaba corto. Poder también. No había una definición para lo que tenían.

Poco después de que su encarnación humana muriera, había sido acogido por Acalia la Inicial en la Morada Suprema. Era el interior de una increíblemente grande estrella. Ahí ella le explicó lo que él era, y le ayudó a aprovechar el potencial de su alma. Ella le había enseñado, en esa tierra fértil y llena de contradicciones, a ser un Alquimista. Ahí conoció a Theiro, el Adán de las almas alquímicas. Juntaron su conocimiento y pronto lograron que sus almas ya no fueran escasas e imposibles de expresarse terrenalmente. Solo costaría un poco. Y copiaron el método para las demás almas, de modo que ninguno fuera único en su especie ni se extinguiera una de ellas.

También, en una investigación poco antes de que Kenneth el Grande fuera asesinado por Licoy el Vengador, logró recolectar partes de los veinte. Usando una piedra de la montaña de Amir el Poderoso, juntó un poco da la energía de cada quien. Pronto Azariel el Prudente le había dado una estancia para investigar a su gusto, ya que Theiro el Transmutador había partido a fundar el plano Alquimista junto a unos cinco o seis de la raza cerrando el pequeño y oscuro lugar en que jugaban con materia y energía. Era la misma estancia en que se encontraba en ese momento.

Pseiro aún recordaba esos días eternos bajo la luz del sol o la lluvia de los valles, descubriendo maravillado infinitas cosas de la Morada Suprema. Los veinte habían estado más que complacidos en otorgarle lo que necesitara para experimentar con las bondades de la Tierra del Equilibrio. Así le habían nombrado Pseiro el Experimental.

Uno de sus mayores logros había sido la creación del lago D'Khali, en que cada quien podía ver lo que quisiera en cualquier parte del universo solo con desearlo. Otro había sido el Diamante de Ytran, que mostraba los niveles y gastos energéticos de cada uno de los Veinte. Él había querido obsequiárselo a Acalia la Inicial, pero ella había insistido en que lo conservara.

Entonces, cuando todo iba bien, Luvbar el Justo y Lynnys el Ofensivo habían sido acogidos en la Morada Suprema. Luvbar había demostrado ser un justo defensor de los que lo merecían, como Licoy, y así agradó inmediatamente a los Veinte. Lynnys, por otro lado, había mostrado inmediatamente su actitud ambiciosa, vengativa y sedienta de guerras. Era tan extremo que ni a los Arcángeles de los respectivos elementos había agradado.

El rencor el Lynnys fue creciendo, y antes de que nadie se diera cuenta, había tomado el control del plano de los Hijos de la Luna. Licoy y Luvbar fueron desterrados. Y Lynnys amenazaba con dominar a los demás planos. Pronto tenía aliados a los Betas de los planos vampírico, fantasmal y conductor.

Pseiro, aislado de su plano como estaba, no supo de nada hasta que Lynnys le visitó en su estancia, acompañado de los otros Betas. Prometió conocimiento, y el Beta Alquimista cayó a sus pies. Prometió sabiduría ilimitada, y tuvo de su lado a Pseiro el Experimental.

Lo primero que hizo dudar al Beta fue la expresión de decepción de Theiro cuando se tomó el control del plano Alquimista en nombre de Lynnys el Ofensivo. Lo siguiente, el rechazo de los Veinte. Pero ya no podía evitarlo. Y estalló la guerra.

Pronto Pseiro fue menospreciado por los demás Betas, a pesar de que también fue 'honrado' (nótese el sarcasmo) con el título de Supremo Alquimista. Él no quería ese título. Quería paz. Quería a sus amigos de vuelta. Pero ya era tarde. Para cuando Pseiro se dio cuenta, la Morada Suprema había sido violada. Sus habitantes, desterrados. Sus tesoros, saqueados. Sus reliquias, profanadas.

El lago D'Khali había sido usado para vigilar a Adanes y Arcángeles, un uso controlador que su creador jamás había concebido. El Diamante de Ytran había sido obligado por Lynnys, y ya tenía bajo su control a los Veinte.

Acalia la Inicial hizo un último esfuerzo. Se coló en los sueños de una persona elegida y le permitió ver visiones del futuro. Terminó con una advertencia de quién era y de que lo que pasaría era real. El aprendiz, llamado luego Aarón el Advenidero, lo creyó inmediatamente y comenzó a escribir. Ella siguió colándose y un año después de que lo visitara por primera vez Aarón ya tenía un libro completo hablando sobre Amen Ra. Ella, en una última visita, le avisó de que si él lo publicaba moriría a manos de los desleales. Él lo ignoró y lo publicó tras hacer una copia y esconderla bajo una piedra del templo en que vivía. Días más tarde, Acalia la Inicial acogía a Aarón el Advenidero en el plano mortal-quileute, único que no había caído en las manos de los Betas.

Pseiro se concentró en sus fórmulas. Esa era otra de las cosas por las que se arrepentía profundamente de su decisión. No había querido verlo hasta que, después de haberse tomado el plano Alquimista en nombre de Lynnys, fue relegado a un cargo de poca monta como el que investigaría y proveería de información científica a los demás Betas. Lo usaban. Cuando daba buenos informes, le sonreían falsamente y lo mandaban a seguir con sus experimentos. Cuando estaban enojados o su informe no les gustaba, lo enviaban de vuelta a su estancia con un seco 'lo puedes hacer mejor, Pseiro. Hazlo' y no le hacían caso hasta que mostraba un informe satisfactorio.

Suspiró profundamente y se apoyó en la mesa que estaba usando. Agachó la cabeza, dejando que sus cabellos negros usualmente bien peinados le taparan el rostro. Una solitaria lágrima cayó de su ojo izquierdo. El derecho ya no podía llorar desde que Theiro lo había rechazado con una flecha de electrones la primera vez que fue al plano mortal-quileute ya empezada la guerra y siendo éste el único libre, aunque influenciado y amenazado por los cuatro Betas que sí tenían interés en ello: el vampiro Ynnus, el conductor Vethos, el fantasma Khyro y el licántropo Lynnys. El ojo se le había curado y lo tenía en perfecto estado, salvo el detalle de que había perdido las lágrimas.

Qué tiempos aquellos en que su única preocupación era que Theiro no notara los elementos faltantes en el laboratorio. Qué parecidos a sueño consideraba los tiempos en que veía cada momento a Acalia, Theiro, Azariel y los demás y éstos le saludaban con una franca sonrisa. Cómo extrañaba los tiempos en que nadie le cobraba cuentas de sus actos ni se le exigía nada más que el hecho de que fuera él mismo.

Inspiró profundamente antes de limpiarse el ojo izquierdo, evitando la caída de la cuarta lágrima.

Flashback – Tiempo indeterminado

- Procura que los niveles de energía no lleguen a rojo – le dijo Acalia mientras chasqueaba los dedos sobre el disco posado sobre la Roca D'Khali, junto al lago del mismo nombre-. Cuando estén en verde, estamos sobrecargados. Azul, la justa. Negra, peligrosa.

- ¿Qué pasa si llegan a rojo?

- Depende de la energía de quién estemos hablando. Pero todos son riesgosos. Por darte un ejemplo, pequeño curioso, si la energía de Azariel llegase a rojo se perderían el sentido común y la inteligencia y ya todo sería monótono.

- ¿Theiro sabe de esto?

- No. Partió hace un rato, antes de enterarse que lo tenías listo.

- Acalia…

- Dime.

- ¿Crees que yo sea un buen guardián?

- Serás el mejor, Pseiro. Sabrás usarlo como se debe.

- Otra cosa… ¿qué hago si llega a rojo?

- Ve a la Sala del Tiempo, ahí te llegarán las pistas.

- ¿Por qué no me lo dices?

- Porque ni siquiera yo lo sé todo, muchacho.

Fin flashback

Cuánto se había equivocado. Él no era digno. Había cedido ante una vana promesa de conocimientos, que aún no se le habían entregado. Él era débil, una vergüenza para el resto del universo.

Alzó la cabeza, y sus ojos azules brillaban conteniendo las lágrimas que uno no podía y el otro no quería derramar. Miró el disco y casi le da un infarto (eso, claro, si fuese mortal…). Casi todos estaban en rojo o negro… salvo Acalia, que tenía un azul oscuro, pero eso ya era alarmante en ella.

Corrió a la Sala del Tiempo, conectada a la estancia por un simple pasillo de piedra. Abrió la puerta y una voz le habló en la cabeza.

Has cedido, Pseiro. Has sido débil.

Claro que era débil. Eso no necesitaba que se lo recordaran.

¿Has intentado remediarlo? No. Esto es tu responsabilidad.

Mentira. No todo era su culpa. También la tenían Lynnys y los otros.

¿Estás seguro?

Por supuesto que lo estaba.

Te creo, Pseiro el Experimental. Ahora escucha con atención, que de esto depende mucho. Aquello que terminó hace milenios ha vuelto a la vida. Aquello por lo que te arrepientes puede ser enmendado, joven Alquimista. El monstruo que desde tiempos inmemoriales consume al universo ha despertado, y esta vez no bastarán escritos y ataques verbales para aplacarlo. Joven Pseiro, en tus manos dejo la clave de la victoria sobre el monstruo: él dormirá decidiendo el fin a favor de uno de los comensales de su mesa, aquél que sacrifique a su más valioso. Sólo así se calmará, y esta vez para siempre. Estará despierto, joven, hasta que reciba el sacrificio.

Confusas palabras… y nada podría hacer él.

No es cierto y lo sabes.

Pseiro cerró los ojos fuertemente, y cuando los abrió ya no había duda en ellos, sino una fiera determinación.

Quizás ya no lo aceptarían. Quizás estaría vagando por el universo, desterrado, el resto de la eternidad. Quizás quisieran asesinarlo apenas lo vieran acercarse. Pero él ya no temía. No tenía nada que perder…

Lo había decidido: iría al plano mortal-quileute, y llegaría a cualquier costo frente a los Adanes. Eran justos… escucharían a un Beta arrepentido.

Él mismo no consideraba 'Supremos' a los Betas que habían tomado el poder. Solo eran eso, Betas ambiciosos que no estaban contentos con sus segundos lugares y habían hecho algo para remediarlo. Sin embargo, los demás no se arrepentían…

Tomó su capa, se la echó sobre los hombros y desapareció. Hora de hacer una visita.

Yeahhhh! Gustó?

Los nombres que me pertenecen son estos:

- Pseiro

- Ynnus

- Lynnys

- Vethos

- Khyro

- D'Khali

- Theiro

- Licoy (bueno, éste es en realidad una palabra griega pero aquí la usé de nombre)

- Ytro

- Luvbar

Si los ven en otra parte, fíjense en la fecha. Si yo voy antes, quizás sea plagio y les pido que me digan (igual con la historia en general). Si yo voy después, díganme igual. Pero de todos modos aclaro que se me ocurrieron en un momento de ocio y no es copia.

Por si no se dieron cuenta, según yo los 'planos' son mundos dentro de estrellas, donde van a parar las almas una vez que el cuerpo muere. Ahora, supuestamente la energía de los Arcángeles está ligada al universo. Es decir, si uno de ellos se debilita entonces lo que represente se va a las pailas hasta que se recupere. Supongo que lo entienden... sino, estoy abierta a preguntas y no pienso crucificarlas porque no entiendan algo.

Creo que eso es todo. Si se les quedó un cable suelto y no entendieron algo, pongan sus deditos a escribir y pregunten, que es gratis. Lo mismo para los RR. Alcanzamos los 81! I'm happy

"Un libro puede ser agradable con muchas imperfecciones y enojosísimo sin un defecto"

Oliver Goldsmith

PD: A que adivinan porqué puse esta frase...

Ayla HC

Bye!