Sep, estoy de vuelta. Algo que decir? Nada, salvo que el siguiente será (si mis cálculos no me fallan) el último capítulo. Aunque no se crean que desapareceré, aun queda el Epilogo. Pues, sí, gente, tenemos Ayla para rato. Ahm, supongo que eso es todo...

Advertencia: si eres medio fanátic religios, esto puede ofenderte porque, según este universo, todas las religiones son pura basura supersticiosa. Repito por enésima vez que no refleja mi forma de pensar, sino la REALIDAD que mi retorcida mente creó en este fic. So, aclarado eso, lees bajo tu responsabilidad.

Disclaimer: todos sabemos quién es la dueña de Twilight y quién es la mentada dueña de lo demás (ejem). No creo necesario repetirlo, pero agrego unos cuantos nombres a la lista que me inventé. Claro, al final los diré (como para agregar algo, no...)

Disculpen si hay un error, aunque no es muy tarde estoy frita de sueño y así no pienso bien. Pero, todo sea por mis FF Readers. No jodo, y aquí les va.

3ªpPOV – Lugar indeterminado

En un gran salón circular, con setos altísimos de 4 metros de alto en lugar de paredes y sin techo, ventanas ni puertas, se encontraban unas cincuenta personas. La mitad estaba apoyada contra el seto, con los brazos cruzados y mirando con el ceño fruncido al centro del salón. El resto estaba también apoyado en el seto con los brazos cruzados mirando al centro, pero su mirada tenía un toque de curiosidad insatisfecha.

Parados al centro destacaban doce figuras, no tanto por estar en medio de todo, sino por la situación. Dos de ellos sujetaban de pie los brazos de un tercero arrodillado, mientras otro de pie le mantenía la cabeza baja. Otros ocho miraban al arrodillado.

Se respiraba la expectación en el aire. Los guardias de la frontera habían avistado a un intruso, que se había defendido con todos los trucos que se le ocurrieron hasta que llegó al salón, de alguna manera logró entrar y se desató una batalla campal. Pronto intervinieron los presentes en el salón y llegaron los restantes, y el intruso cayó. Ahora, tres guardias lo retenían. Habló uno de los del centro, que tenía el cabello y los ojos color ámbar.

- ¿A qué viniste, Pseiro? – a los más nuevos, que no conocían la historia, les sorprendió el tono adolorido del líder. Los demás les explicaron quién era el intruso en rápidos susurros - ¿No te bastó con traicionarnos?

- He venido a hablar contigo, Theiro – dijo en otro sin poder despegar la mirada del suelo por la fuerza que ejercían en su nuca. Escupió un poco de sangre color ámbar y continuó -. Tengo información que podría interesarles.

- ¿Cómo sé que podemos confiar en ti? – replicó él.

- He venido solo, y me rendí apenas estuve frente a ti aunque podría haber caído antes, o haber seguido en la lucha – dijo dificultosamente -. Por favor, Theiro. Te lo suplico, escúchame. Por los viejos tiempos.

- Váyanse – dijo el otro a los demás tras un momento de vacilación.

- Pero, señor… - habló uno de los que estaban en el seto.

- Quiero que se queden los Adanes y Luvbar. Vete, Keiro.

- Sí, mi señor – murmuró arrodillándose. Le siguieron cuatro más, luego todos se levantaron y salieron atravesando el seto.

De a poco fueron saliendo los demás, hasta que solo quedaron los doce del centro. Theiro los miró y señaló el seto con un movimiento de cabeza. Los guardias asintieron y, después de lanzar una mirada escarlata de advertencia al prisionero se marcharon. Este último se derrumbó en el suelo y se incorporó lentamente, escupiendo sangre.

Una vez estuvo de pie, los otros siete pudieron verlo bien (ya que solo Theiro sabía su aspecto). Se veía joven, no tendría más de veinticinco años al morir su cuerpo mortal. Sus cabellos ébano estaban revueltos y le formaban una melena desordenada pero al mismo tiempo elegante. Sus ojos azules destacaban en el rostro pálido, aunque con algunos cortes. Tenía el labio inferior partido, lo que seguramente era una de las causas de que escupiera sangre momentos antes. Su mirada denotaba un profundo y sincero arrepentimiento.

- Te escucho – dijo Theiro adelantándose un paso.

- Lo que quiero decir es al mismo tiempo imposible de hacerlo. No bastan palabras para demostrar cuán arrepentido estoy, Theiro – se enfrentaron zafiro contra ámbar, en una batalla en que se cuestionaba la sinceridad.

- ¿Por qué? – susurró un instante más tarde, y los demás Adanes y el Beta Lunar apenas si lo escucharon. El otro Beta presente, el del clan Alquimista, escuchó con total claridad, como si se lo hubiese gritado.

- Promesas vanas de sueños incumplidos – apartó la mirada, avergonzado e incapaz de enfrentarse a ese cálido y firme ámbar, al tiempo que sonreía débilmente -. Prometieron tanto… y cedí. Fui débil, Theiro, y no sabes cuánto me arrepiento de ello.

- ¿Cuándo te diste vuelta, eh? ¿Hace un tiempo, cuando decidieron hacer esto en uno de esos estúpidos consejos que tienen ustedes? – el otro negó rápidamente con la cabeza.

- No… lo juro. Fue cuando comandé el ataque a nuestro plano – los demás se sobresaltaron. Ninguno sabía que quien fuese como un hijo para Theiro el Transmutador había sido el traidor. Pensaron en cualquiera para comandar la avanzada que haría caer a los Alquimistas, jamás en el mismo Beta -. Quise volver… pero cuando logré escabullirme de Lynnys y venir aquí me atacaron. Tú mismo me enterraste una flecha de electrones en el ojo.

- Te creo – dijo firmemente el Adán largos momentos más tarde -. No sé qué te habrá prometido Lynnys, pero parece ser que no tuviste verdadera intención de traicionarnos.

- Gracias… - el Beta se arrodilló y besó los zapatos de piel de su líder – Tenía la esperanza de que confiarías nuevamente en mí… quisiera darles ahora mismo la información, si no les molesta…

- Adelante – habló otro, al que Pseiro reconoció como Luvbar. El primero lo miró asombrado de que su tono no fuese duro y frío, como se espera cuando se acude a la presencia de aquellos a los que has traicionado -. No me molesta, amigo. Sabía que no eras tú en verdad el que nos atacó esa vez. Vi la sombra de la codicia en tus ojos, y supe que no era verdadera tu intención – sonrió y abrazó al que fuera su mejor amigo. Pseiro sonrió y comenzó su relato.

- Verán, estaba en mi estancia, pensando en algunas cosas que no considero prudente mencionar si no es frente a los Veinte…

Azariel POV

Parpadeé al sentir algo golpearme. No que me hubiera dolido, pero bueno… me incorporé. Estaba en un bosque, junto a un montón de cenizas que tenía el mismo tamaño del de Acalia. Ladeé la cabeza.

- Al fin has despertado – escuché su voz. La miré. Estaba inclinada sobre Aurora, intentando despertarle -. Vamos, ayúdame.

En unos instantes estuvimos todos despiertos, salvo Abdón y Maira. Apenas di un paso en su dirección Acalia se interpuso.

- No es el momento – dijo.

Pasó el tiempo, y entonces Maira parpadeó y se incorporó bajo la atenta mirada de los demás. Inmediatamente después le siguió el ena… perdón, Abdón. Lo que es la costumbre…

- ¿Cómo se sienten? – preguntó Acalia.

- Confundida – contestó Maira.

- Débil – dijo Abdón en un hilo de voz.

- Tus energías volverán pronto, no te preocupes.

Nos miramos sin saber que hacer, y todos miramos a Acalia. Ella suspiró y rodó los ojos, en un gesto muy humano que había tomado de su encarnación.

- No lo sé – contestó a la pregunta silenciosa que debíamos tener tatuada en la frente.

- Zaida… - me miró - ¿Podremos volver? – seguramente vio la súplica en mis ojos, y vaciló.

- Por el momento, no – respondió tristemente un momento después.

- ¿De qué hablan? – preguntaron casi todos.

- De un tema que no les concierne en absoluto – contestó mi hermana.

En silencio nos incorporamos. Siguiendo las instrucciones de Acalia, recolectamos las cenizas y las enterramos en diferentes agujeros repartidos en el pequeño claro. Al terminar, asintió satisfecha. Ordenó volver a América, y buscar un lugar para establecernos un momento. Pronto aterrizábamos en medio de un bosque canadiense.

Dos amaneceres después, cuando el sol estaba asomándose tímidamente en el horizonte, un chasquido nos hizo correr a la cueva donde estábamos esperando al momento adecuado para lo que fuera que quisiera hacer la mayor de nosotros. Entramos y casi nos caemos del susto. Ahí, con una expresión cansada y atemorizada pero triunfante a la vez, estaba Pseiro. Nos tensamos, y Acalia levantó la mano para detenernos.

- Haya paz, hermanos – pensó. Luego se dirigió al Supremo -. ¿Qué quieres?

- No vengo solo – dijo él felizmente. Y a su lado aparecieron ocho personas más.

Reconocí a Valador, el Adán de los Magos. También estaba Kenneth, de los Vampiros, entre el Fantasma Jebho y el humano Yyest. Al otro lado estaban el Adán Licántropo Licoy en medio de Luvbar, el Beta de su raza, y el Adán quileute, Taha Aki. En frente, y junto a Pseiro, estaba Theiro.

Nos explicaron cómo la traición de Pseiro había sido estimulada por una codicia involuntaria (palabras de Theiro) y del arrepentimiento que había acosado al Alquimista desde hacía siglos. Vladik nos confirmó mentalmente que todo lo dicho era cierto.

Acalia no prestaba atención a la conversación. Al igual que Amser, miraba fijamente al exterior, donde el sol ya estaba en lo alto asomándose tímidamente entre las nubes. Parecía que hablaban mentalmente, pues de vez en cuando se miraban y hacían muecas o cosas así. No intenté averiguarlo porque ya sabía de sobra que nadie se metía con la mente de Acalia.

Para cuando terminaron de contarnos todo, Acalia miró al Beta arrepentido como con rabia.

- ¿Nos harías el favor, Pseiro, de contarlo TODO? – él agachó la mirada.

- Ya lo dije, Acalia – murmuró.

- No lo hiciste – negó acercándose a él -. Cuenta también lo que hablaron con los demás estúpidos Supremos y lo de la Sala del Tiempo.

- Lynnys quiere declararles la guerra – nos dijo en voz baja -. No sé cuándo, pero lo hará. Ya está decidido…

- ¿Y lo otro? – preguntó ignorando las exclamaciones de los demás.

- Aquello que terminó hace milenios ha vuelto a la vida. El monstruo que desde tiempos inmemoriales consume al universo ha despertado, y esta vez no bastarán escritos y ataques verbales para aplacarlo. Él dormirá decidiendo el fin a favor de uno de los comensales de su mesa, aquél que sacrifique a su más valioso. Sólo así se calmará, y esta vez para siempre. Estará despierto hasta que reciba el sacrificio – recitó -. Eso me dijo… lo que sea que me haya hablado.

- Fue Meskhenet, la parte de mí que adora perderse entre las nieblas del futuro – dijo Amser. La miramos asombrados. No sabíamos que ella expresaba también las premoniciones… - No me miren así, a ninguno de ustedes les importó nunca el tiempo por todo ese rollo de la inmortalidad. Ustedes y su maldito ego – bufó.

- Amser, tranquila – susurró Acalia. Volvimos a verla. Ella miraba serenamente al cielo, sentada en una roca, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza en las manos entrelazadas -. ¿Cuándo crees que envíen declaración de guerra? – preguntó a Pseiro sin desviar los ojos del cielo.

- A lo sumo en cinco amaneceres terrestres – contestó frunciendo el ceño -. Lynnys es un impaciente, querrá enviarla ahora mismo, pero confío en que los demás lo retrasarán un poco para preparar sus tropas. A todo esto… deberíamos hacer lo mismo.

- ¿Por qué? – inquirió ella.

- Pues, ellos pretenden enfrentarnos con todas sus fuerzas, deberíamos equilibrar la balanza…

- Ya está equilibrada – lo cortó.

- No es mi intención ofender, pero considero prudente el enfrentarnos en igualdad de condiciones numéricas – dijo humildemente el humano, Yyest, sin alzar la voz para hacerse oír (que era, por lo demás, lo que hacíamos nosotros) -. He visto tácticas de guerra en los de mi raza durante milenios, y he visto que el ingenio suele ganar a la cantidad, pero no por eso el número deja de importar. Lynnys podría aprovecharse si usamos la misma táctica de la Primera Guerra, al priorizar la mente sobre la espada.

- Explícate, por favor – dijo Jebho.

- El ingenio es importante, claro, pero el número también influye. Un ejército muy reducido con una increíble técnica está igualado a un ejército de tamaño y técnica regular. Por ejemplo, 400 contra 5000. Si hay táctica y juego limpio, no duden que los 400 tienen tantas posibilidades de victoria como los 5000.

- Veo por donde vas – asentí -. Lynnys no jugará limpio, por mucha ventaja numérica que tenga.

- Eso pensé yo – concedió el humano -. Me he encargado de registrar todas las técnicas de combate a lo largo de toda la historia, y también he analizado las conductas de los estrategas…

- ¿Incluyendo a Lynnys? – saltó Herodes. Él asintió.

- Por eso les digo esto. Él hará trampas, me parece obvio. Lo ha hecho siempre… ¿no fue así como logró dejarte al borde de la muerte antes de partir, Luvbar? – preguntó al Beta. Él asintió.

- Sigo pensando que no es honesto atacar con más guerreros que ellos – dijo uno de mis hermanos, no supe ver quién, aunque probablemente fuera Vladik por todo eso de la honestidad.

La discusión siguió cada vez más fuerte. Cada quien intentaba imponer sus ideas, y debo admitir que estaba entre ellos. Apenas noté que Acalia no intervenía, y se mantenía pensativa mirando al cielo, tan quieta como una estatua.

Fue solo cuando el sol volvía a alzarse cuando la más poderosa de todos los elementos de Amen Ra intervino en la discusión. En cuanto suspiró, todos callamos para escucharla. Siempre podías confiar en sus consejos, porque siempre tenía la razón. Además, era increíblemente razonable y no tenía ideas fijas sobre algo.

- Si perdemos, el universo está acabado – expresó en voz baja -. Lynnys lo sabe, todos ellos, pero son lo suficientemente tercos y ególatras como para creer que pueden mantenerlo ellos solos.

- ¿A qué te refieres? – preguntó Valador.

- ¿Lynnys quiere guerra? Guerra tendrá – se levantó y volvió a vernos con un brillo nuevo en los ojos. A lo lejos retumbó un trueno, y casi inmediatamente comenzó a llover, dándole un marco dramático a toda la situación -. No esperaremos de brazos cruzados, pero tampoco nos aprovecharemos de la situación.

- Entonces, ¿qué propones? ¿Ventaja numérica o táctica? – pregunté.

- Un poco de ambas – volvió a ver el cielo, cruzando las manos detrás de la espalda con gesto pensativo -. Procuremos superarlos en número, pero no excesivamente, y hemos de crear una buena técnica. Y lo principal es que seremos únicamente voluntarios. No arrastraremos a nadie a esta guerra, y tampoco les mentiremos. Quiero que algunos vayan al plano mortal-quileute. Les dirán la verdad: responderemos fuego con fuego, y es seguro que muchos morirán.

- Acalia… - susurró Pseiro – No pretenderás ir a la guerra, ¿verdad? Eres la más valiosa, no puedes morir…

- Nadie me hará daño, y sé que lo sabes – lo cortó.

- Pero la profecía de Meskhenet…

- Por ser la más valiosa no solo iré a la guerra – volvió a vernos, con sus ojos brillando tan furiosamente que nos era imposible sostenerle la mirada – sino que iré al frente.

- ¡Acalia! – exclamamos todos. Si la profecía era cierta…

- ¿A costa de qué ganaríamos? – mascullé – Tu sacrificio no lo vale. Encontraremos otra forma…

- No, Alvar. Es tiempo de enfrentarlos, no sea que vuelvan sus espadas unas contra otras en lugar de contra el verdadero enemigo mientras éste nos ataca por la espalda como la última vez – rebatió, y un relámpago enmarcó su esbelta figura, acentuando su aspecto decidido -. Sabes que renaceré, y el universo puede vivir sin mí sosteniéndolo un corto tiempo. Si el resultado es librarnos de los Tiranos, por mí vale. ¿Quién me sigue?

Renuentes, aceptamos la voluntad de nuestra líder. Sin embargo, era evidente que nadie dejaría que la profecía se hiciera realidad…

Seh, bueno, esto salió... ¿Vieron cuantos RR llevamos? ¡89! OMG, nunca pensé que una historia mía llegaría a ese número... ¿Es mucho pedir que con el epílogo alcancemos los 100? Por cierto, gracias a las personas 'anónimas' que comentaron (sí, ya saben quiénes son).

Hey! ¿Vieron que le di un papel algo más activo a nuestra raza? Y encima en temas de guerra... Como que nos va, no? Seh, me gustó esa parte... Y también aparece Taha Aki, que ya tods deberían saber quién es.

Y eh... qué más? Ah, sí! Los nombres.

- Valador

- Yyest

- Keiro

- Jebho

Creo que eso es todo... Sí, según mi otro yo no falta nada y según yo tampoco (?) So, I'm leaving.

BYE!

AYLA HC

PD: Como que el 'AYLA HC' se me hizo firma... ¿Reviews?