Ok, I'm here. ¿Algo que decir? Nah, solo que supuestamente este era el último capi y a la otra venía el epílogo, pero si lo hacía así me daba un epílogo de cuatrochorrocientas mil páginas, y no quería eso, además de que quedaban los temas muy mezclados y me carga escribir así. So, relax people, que queda Ayla para rato. Por cierto, entre mañana y pasado subo una votación para ver qué historia quieren que suba después de esta. Vale decir, me desapareceré uno o dos meses por recomendación de mi geme, así que es como un tipo trailer para ver que les tinca... Supongo que ya entendieron y yo aquí dando jugo.
Advertencia: no leer si eres super fanático religioso o si te tomas muy en serio el tema, porque nada de lo dicho aquí expresa mi forma de pensar... es, más bien, la realidad de mi universo. Quedas advertid
Disclaimer: ya sabemos de memoria a quién pertenece qué cosa. Por si las moscas, dos nombres nuevos.
- Yvard
- Leyron
Ya saben qué onda con esos, y si no deberían recordarlo.
Vale, ahora sí.
3ªpPOV – Plano mortal-quileute
Varios borrones blancos recorrían cada rincón del atestado Plano Libre, como era conocido entre su gente, anunciando a viva voz las nuevas.
- ¡Reunión! ¡Reunión de urgencia en el lago! ¡Todos asistid, reunión de urgencia! – gritaban corriendo entre multitudes y selvas, desiertos y valles.
- ¿Sabes qué pasa, Ytris? – preguntó un hombre moreno a una mujer pálida, él sentado en el suelo y ella en una piedra. Ella negó con la cabeza.
- No dicen nada, Leyron – contestó levantándose y comenzando a correr. Él la siguió -. Deben haber sido advertidos de bloquear sus mentes.
- ¿Por quién? ¿Lynnys? – inquirió el licántropo receloso.
- No, estos guardias son absolutamente leales. Mira que Yvard, el de allá – señaló a un borrón que comenzaba a escalar una montaña para avisar a sus habitantes (todos humanos, por cierto) – murió luchando junto a Luvbar contra Lynnys. Lo mismo con todos los demás. De hecho, Yvard es el de mayor confianza de Luvbar, y Licoy también le tiene estima, a pesar de que es un vampiro como yo.
Leyron asintió comprendiendo, aunque su desconfianza no disminuía. Tampoco que pudiéramos culparlo, él había apoyado a Lynnys en el ataque contra el vampiro asesino de la esposa de Luvbar. Había confiado en él y muerto luchando a su lado, y vio cómo el poder que obtuvo al morir se le subió a la cabeza hasta hacerse un tirano. Él conocía casi de primera mano lo que podía causar el respeto otorgado por el poder. Fue el primero en huir hacia el Plano Vigésimo a avisar que el Lunar había caído bajo las fuerzas de Lynnys, aprovechando la ausencia de Luvbar.
Cuando llegaron al lugar, notaron que casi todos los habitantes del plano estaban reunidos ya en torno al lago. Nadie estaba en el centro, donde habitualmente se paraba el hablante. Todos charlaban en voz baja y con las cabezas unidas, manteniendo el secreto de sus propias suposiciones. Los dejaron pasar inmediatamente a la orilla. Después de todo, Leyron era muy apreciado por los jefes lunares e Ytris una líder entre los nocturnos.
Pasó un tiempo (alrededor de media hora) antes de que la superficie del lago se agitara. Todos callaron inmediatamente y miraron expectantes. De las aguas emergieron siete figuras, y todos los reconocieron. Iba Azariel en medio, flanqueado por Aurora a su derecha y Herodes a su izquierda. Al costado de Aurora estaban Luvbar y Jebho, y al otro lado de Herodes Yyest y Taha Aki. Increíblemente, todos estaban serios.
- Estoy seguro que se preguntarán que me ha traído aquí, al igual que a mis hermanos, siendo que estábamos de misión y supuestamente no volveríamos hasta un tiempo – habló Azariel, y sus ojos azules centellearon de energía y anticipación. Algunos de los más ancianos reconocieron esa mirada, era la que solía llevar cuando comenzó la Primera Guerra.
- Lynnys y los Supremos nos declararán la guerra – habló entonces Herodes, en un tono más vital que el de su hermano pero, extrañamente, con la misma energía -. Les plantaremos cara, como no nos atrevimos a hacer en tantos milenios.
- ¡Eso! – saltó un hombre pálido - ¡Ya era hora! ¡Contad con mi espada en la lucha, mi señor! – él y unos setenta hombres igual de pálidos se adelantaron y arrodillaron.
- Yvard, no seas impertinente – le reprendió Ytris.
- La impetuosidad de la juventud de su alma le guía, señora – habló Taha Aki calmadamente -. Ser impetuoso no es un defecto, mas tampoco una virtud.
- Visto que el joven Yvard se nos ha adelantado – dijo divertido Jebho – supongo que se dan por enterados. Hemos de advertirles, claro, que es seguro que muchos morirán.
- Ya estamos muertos, señor – intervino una chica con una mueca burlona en su cara.
- Por favor, Leila, hablamos en serio – suspiró el fantasma -. Me refiero a que sus almas podrían ser destruidas, y para eso ni Acalia la Inicial tiene cura.
Muchos se estremecieron ante las palabras mortalmente serias del Adán, sin embargo, fueron más los que se adelantaron decididos, arrodillándose. Leyron miró a su alrededor, con el ceño fruncido. Había algo que olía mal, y no era un vampiro… claro que no. Aquí había gato encerrado, se dijo. Algo no les estaban diciendo. Avanzó junto a Ytris, y todos enmudecieron. Se arrodillaron al mismo tiempo.
- He muerto ya por proteger lo que considero correcto, señor – se dirigió Leyron a su Beta – y ahora volveré a hacerlo. Contad con mi espada en la lucha, esta vez de vuestro lado.
- Mi clan ha sido sacrificado esta vez, señores – se dirigió Ytris a los siete – pero eso no significa que no lucharemos. Nuestros cuerpos han sido destruidos, pero nuestras almas mantienen la fuerza álgida de nuestra… vitalidad. La usaremos en guerra una vez más.
Así, poco a poco cada clan se fue arrodillando, listo para luchar. Salvo algunos cuantos humanos, que permanecían de pie, todos juntos, mirando apenados todo el desarrollo de la situación. Además de algunos niños, ancianos y mujeres, también destacaba ese pequeño grupo de hombres y mujeres de paz, que no soportaban ver cómo se hablaba tan tranquilamente de matar.
Un niño rubio tiró de la manga de uno de los hombres, que estaba vestido de traje que combinaba perfectamente con su piel morena y su cabello oscuro ligeramente canoso. El hombre se agachó a su altura.
- Señor King, ¿por qué hablan de todas esas cosas? – preguntó con lágrimas en los ojos azules. Los hombres lo miraron entristecidos. Niños como ese, al crecer, habrían cambiado el mundo. Pero el destino quiso otra cosa.
- A veces, pequeño Sam, para la paz es necesaria la guerra – dijo apoyando su mano en la cabeza del pequeño británico.
- Martin, no le digas esas cosas – reprendió un hombre -. El niño creerá que es bueno luchar.
- Señor Gandhi, jamás pensaré eso – juró el pequeño.
Así se desarrollaban conversaciones entre los que no irían al frente. Las mujeres consolaban a los niños, los ancianos los hacían reír y la gente de paz les inculcaba que la guerra no era buena, pero que en casos como este, cuando el diálogo no tenía lugar, era totalmente necesaria.
Si hubieras muerto en esos instantes, más o menos, te habrías asombrado de lo visto. Podías ver a grandes guerreros de todas nacionalidades y épocas preparando sus armas o entrenando, a niños correteando de un lado a otro ayudando en lo que podían a los soldados, y a todo tipo de personas haciendo lo que mejor sabían hacer. Pero te habría sorprendido más otra cosa.
¿Imaginas ver, frente a frente, a Martin Luther King, Mahatma Gandhi, Mahoma, Juan Bosco, la madre Teresa de Calcuta, Nelson Mandela y otros varios mártires de la paz? Bueno, lo más sorprendente de todo era que ellos no intentaban convencer de dialogar con los Supremos, sino que daban su apoyo moral a cualquier persona alterada o nerviosa que viesen.
Pronto un chasquido hizo a todos volver la cabeza al lago, donde conversaban los Poderosos. Un nuevo rubio había aparecido. Era algo más bajo que los otros, con los mismos ojos azules, el cabello lacio hasta los hombros, la túnica blanca resplandeciente y un porte noble que aunque no fuese muy marcado inspiraba respeto. Casi inmediatamente todos se contestaron quién era: Abdón el Servicial, mano derecha de Acalia la Inicial. Avanzó rápidamente y entregó una piedra roja a Azariel el Prudente. Intercambiaron unas palabras que nadie escuchó y el más joven de Amen Ra se retiró de vuelta a la Tierra. Azariel volteó.
- ¡Hermanos! Nos ha llegado la notificación de mi hermana, Acalia. Lynnys ya ha declarado la guerra. Partiremos a la Tierra pronto, despídanse y finalicen sus preparativos.
La agitación aumentó. Mujeres llorando desconsoladas y deseando a sus compañeros fuerza en la espada y resistencia en el alma, niños entristecidos al ver partir a sus parientes y maestros, ancianos inexpresivos que por dentro se deshacían en lágrimas al ver partir a sus alumnos y parientes, y la gente de paz consolando a pasivos llorosos y guerreros que por dentro estaban aterrados por lo que les venía.
Luego de un rato, nadie se preocupó de saber cuánto, una luz parecida a un sol brilló furiosamente. Con esa señal, todos se fueron dejando a guerreros y gente de paz. Estos últimos dieron sus mejores deseos y se marcharon también. Los guerreros voltearon a ver a los líderes. Este cargo parecía haberse centrado en cuatro personas. El Arcángel Azariel, el vampiro Yvard, el licántropo Luvbar y el humano Yyest.
Azariel respiró hondo (aunque no lo necesitara, pero era algo que se le había pegado de su encarnación) y dio las últimas indicaciones al ejército. Éste se formó y desaparecieron, dando una última mirada nostálgica al que había sido su hogar.
Acalia POV – Canadá
Mi mirada siguió al sol en su ascenso. Azariel, a mi lado, apretó mi mano. Ellos creían que no lo sabía, pero no estaban dispuestos a permitir que la profecía se cumpliera sin luchar. Yo estaba segura de que pasaría, pero no me preocupaba. Amser me miró la nuca, lamentando haber dado esa profecía. Le contesté que no era su culpa, que era algo que tenía que pasar. A mis costados estaban Azariel y Abdón, a mis espaldas mis hermanos y los Adanes y Betas, luego los líderes de familias, aquelarres y escuadrones, más atrás los de confianza, y al final los demás guerreros, formados y tensos, esperando la orden de atacar.
Sentí una alteración en la atmósfera de la Tierra y miré al cielo. Todos siguieron mi mirada. Un rayo bajó de las nubes de tormenta que amenazaban con desatarse sobre nuestras cabezas. Muchos retrocedieron espantados, pero los más nos mantuvimos firmes. Miré al punto donde el rayo había chocado con la tierra, un kilómetro delante de mí, y ahora se veía un remolino.
- La sutileza y la humildad nunca han sido tus fuertes, Lynnys – hablé al remolino. Éste se desvaneció, mostrando al burlón usurpador flanqueado por los otros y seguidos por todos sus soldados.
- Así como el desequilibrio nunca ha sido el tuyo, Acalia – gruñí.
- Vamos al grano. ¿Qué diablos quieres?
- Quiero que se rindan, que acepten que soy el más poderoso de todos y que se sometan eterna y voluntariamente bajo mi mando – pude notar que los otros Supremos no estaban muy contentos con esas palabras, así que decidí atacar por esa parte.
- Veo que has tomado el control absoluto, Lynnys. ¿Tus ayudantes opinan lo mismo que tú?
- ¿A quién le dices ayudante? – gruñó el Beta vampiro, que si mal no recuerdo se llamaba Ynnus.
- Bueno, como habló solo de él asumí que ustedes le habían dado el poder total – me encogí de hombros -. Como sea, no pretendo caer ahora, Lynnys. Sabes perfectamente cuál es mi opinión en todo este asunto – el licántropo gruñó amenazador, inclinando su cuerpo hacia delante de forma involuntaria. Sonreí maliciosamente y continué -. Además, ¿por qué me sometería a alguien más débil que yo? Sería una estupidez.
- Tú no eres nadie – siseó adelantándose -. ¿Me escuchaste? ¡Nadie!, sin tus hermanos.
- ¿Y quién dijo que estaba sola? – hablaron enojados todos mis hermanos a la vez. El licántropo palideció sutilmente y se echó un poco para atrás antes de volver a atacar.
- ¿Cómo los has convencido, Acalia? ¿Les prometiste algo, dominaste sus mentes, qué? Vamos, puedes decirme – sonrió burlón y le contesté la mueca. Él siempre se había ocultado tras la burla para esconder sus miedos.
- No necesito hacerlo, ¿sabes? Hay gente que sí es razonable.
Ese comentario fue la gota que colmó el vaso, aunque no me explico por qué. Soltó un rugido y se arrojó hacia adelante, seguido por su ejército, directo a atacarme. Estábamos en igualdad de número, quizás un poco más aventajados, pero no llegábamos a ser el doble.
Aguantamos de pie, esperando el ataque. Todos se pusieron en posición de defensa, mirándome asombrados en cuanto notaron que yo miraba todo con una mueca burlona. Definitivamente tenía demasiado de Bella en mí.
Lynnys sacó una espada de su cintura cuando estaba a un par de metros. Cuanto estaba a un metro, quizás un poco más, la dejó caer sobre mi cabeza. Con mi mano izquierda congelé el aire e hice un escudo contra el que chocó la espada del licántropo. Al mismo tiempo, hice como que empujaba con la derecha y él recibió una onda de aire comprimido que lo mandó lejos, causando el mismo efecto que si le hubiese pegado una patada en el estómago.
Su ejército llegó frente al mío. Espadas preparadas, escudos firmes. Arcos tensos, rifles cargados. El sonido de dos espadas al cruzarse, el zumbido de una flecha y un grito de dolor. Los escudos al chocar, un vampiro gruñendo, dos rocas al lanzarse una a la otra, un licántropo transformado, un metamorfo en cuatro patas, una bala disparada… y luego todo fue muerte y dolor.
Azariel POV
Me sorprendí demasiado cuando mi hermana hizo ese simple movimiento para lanzar lejos al usurpador. Antes, ella siempre había sido de hacer grandes demostraciones de poder, atemorizando a todos. Creo que no fue su intención, pero con esa cara inexpresivamente burlona y un par de gestos con las manos había dado más terror que en toda su existencia.
Lynnys se levantó furioso. No pude centrarme en él porque en ese momento, Ynnus se me lanzaba encima con un aullido de ira. Debía admitir que era rápido… pero nada que no pudiera manejar. Estaba siendo guiado por la rabia, la ira y la impotencia, por lo que atacaba ciegamente. Manteniendo fría la cabeza, no tardé mucho en quitármelo de encima
- Tu alma atormentada no alcanzará consuelo en este mundo – le dije cuando se levantó, sacudiéndose las ramas y hojas del árbol contra el que se había estrellado -. Tampoco en el que sigue. Solo puedo darte inexistencia.
Volvió a tirárseme encima, lo toqué y se evaporó en un grito de dolor. Me incorporé (el impulso del vampiro me había tirado al suelo) y miré alrededor. Todo era un caos. Se distinguía a los míos de los traidores por sus capas, ya que los otros llevaban unas de colores café oscuro, gris y negro, y nosotros blancas, amarillo pálido y crema. Creí distinguir a los Vulturi a lo lejos, luchando con lo que vieran enfrente, pero cada vez con más ira al vernos a mis hermanos y a mí.
Volteé a tiempo para bloquear el ataque de uno de los Vulturi, que si mal no recuerdo se llamaba Félix. Era un impulsivo de primera, y su técnica era demasiado básica y confiada en la fuerza bruta. No fue difícil vencerlo a éste también.
Me metí al bosque, siguiendo a un licántropo vivo que intentaba rodear el valle para atacar por la espalda a Acalia, que en ese mismo momento luchaba contra unos siete oponentes a la vez. Escuché un aullido de dolor y apreté el paso.
Mentiría descaradamente si dijera que lo que vi no me sorprendió. Frente a mí, estaban parados todos los Cullen y Denali. Parpadeé cuando una figura se me tiró encima. El olor me indicó que era Tanya, mi Tanya. La abracé.
- ¿Qué hacen aquí? – pregunté sorprendido viendo a los demás. Edward me miró desesperado.
- ¿Dónde está? – supe inmediatamente a lo que se refería. Apunté a mis espaldas.
- En el valle. La última vez que la vi estaba luchando contra unos siete a la vez.
- ¿Qué? – supongo que el shock no le dejó gritar.
- Tranquilo, lo lleva bien. Además, tampoco podrían hacer nada. Por cierto, buenas tardes – me miró avergonzado.
- Pero acabamos de matar a uno – dijo Alice confundida. Negué con la cabeza.
- Mataron a un lunar vivo. Ella está enfrentándose a los muertos. A esos solo otra alma los puede matar. ¿Han visto a Aníbal?
- ¿A quién? – preguntaron sin entender.
- Aníbal. Ya saben, el de los elefantes. ¿No? Demonios, desapareció de la nada. No creo que haya muerto, estaba con Alejandro…
- ¿Qué? – no me entendían… y yo que pensé que no tendría que darles lecciones de historia.
- Alejandro Magno – rodé los ojos -. Aunque odia que le digan así. El último siglo ha sido Jano – sonreí burlón -. Claro que no podemos evitar molestarlo. Díganle Jano Magno y se enfurecerá. Ok, creo que aquí no ayudamos. ¿Quieren venir? Me parece obvio, de otro modo se habrían dado media vuelta. Síganme.
Tomé la mano de Tani y caminamos por el bosque. Cien metros más adelante, Esme se puso a mi lado. Aún llevaba las ropas y el collar de cuando revivió.
- ¿Quiénes están allá? – me dirigí a los demás también en la respuesta.
- De todo. Los de capas oscuras son traidores, los con capas claras son de los nuestros. Ataquen solo a los de capas café, ésos están vivos. A los otros esquívenlos o ignórenlos. Verán a los Vulturi y a otros vampiros muertos, por favor no se sorprendan. Como Esme está con ustedes, los ataques mentales no les harán daño, así que Jane y Alec deben estar echando chispas. Aunque probablemente estén muertos. Como si me importara. ¿Alguna duda?
- Tengo una – miré a Tanya, indicándole con una sonrisa que continuara -. ¿Podremos morir aquí?
- Sí, lamentablemente. Aunque sus almas no morirán, lo que es un consuelo.
- ¿Volverán con nosotros después de esto?
Miré a Edward. Ya estábamos en el borde del bosque. Su mirada reflejaba desesperación y supe que no podía decirle toda la verdad. Un licántropo muerto se nos lanzó encima, me interpuse y lancé el mismo movimiento que había usado Acalia, empujándolo sin tocarlo.
- Wow, sí sirve – dije asombrado cuando cruzó todo el valle y se estampó contra un árbol, arrastrando a cuatro de los suyos en el camino -. A tu pregunta – volteé a Edward y le sonreí comprensivo – no tengo respuesta. Quizás no inmediatamente después de esto, pero lo más probable es que sí. ¿Vamos?
Y cruzamos la línea de los árboles. No lo demostraba, pero sentía que esto complicaba las cosas. Si la profecía se cumplía, ellos la verían morir. Entonces, lo más seguro era que la desesperación lo hiciera cometer una locura y su cuerpo muriera. Me prometí, y le prometí a mi hermana (que ya lo había visto entrar), que no dejaría que nada le pasara. Era una promesa de Arcángel, y un Arcángel jamás rompe sus promesas.
Edward POV
Gruñí a los restos del licántropo vivo que acababa de matar. Azariel me miró con una ceja alzada, al tiempo que arrojaba los restos de su propio licántropo muerto sobre los del mío.
- Alguien no está de humor – comentó, lanzando una enorme esfera de agua a un humano muerto.
- También lo estarías si no pudieras acercarte a Tanya para ayudarla – le contesté partiéndole el cuello a un licántropo vivo.
- La diferencia es que Tanya si puede necesitar ayuda, Acalia jamás ha necesitado nada.
Continuamos luchando y conversando entre medio. A lo lejos, vi a un lobo que reconocí como Ephraim Black arrancarle la cabeza a Jane Vulturi.
Azariel tenía razón, Acalia no necesitaba de mi ayuda. Trepé una montaña siguiendo a un licántropo vivo. Cuando arrojé su cabeza a una pila de extremidades, contemplé el campo de batalla. Debían haber cientos de miles de soldados muertos por lado, y decenas vivos. Si no fuera vampiro, me habría dado un ataque al reconocer a Edward Masen entre los humanos muertos. ¿Qué diablos hacía mi padre ahí? Recién entonces recordé que él, de joven, había sido soldado. Volví a bajar.
La lucha continuaba, cayendo guerreros de uno y otro bando, pero sin ceder ninguno. Pasaron días, y los 'vivos' ya notábamos los efectos de la falta de comida. Incluso tuvimos que turnarnos para salir del campo y matar a un par de ciervos para calmar la sed. Esme fue la única que se mantuvo firme, luchando contra vivos y muertos por igual, sin necesidad de alimentarse (tampoco que lo hubiera hecho desde que revivió, es como si su nuevo cuerpo fuese inmune a la sed).
El día ocho, algo cambió. Un rugido ensordecedor paralizó a cada luchador y todos volteamos a ver. Mi padre me miró sin entender cuando retrocedí un paso.
- Edward, ¿qué pasa? – me preguntó. No se detuvo a analizar que estaba parado a su lado, perfectamente 'vivo', aunque probablemente mi madre le había dicho algo.
- Acalia – murmuré. Siguió mi mirada, viendo lo que todos los demás ya veíamos.
Ella estaba apoyada tranquilamente contra un árbol, ignorando que el licántropo Lynnys apretaba su cuello con una mano y en la otra tenía una espada con la punta a unos centímetros de su pecho. Detrás del Supremo había una pequeña pila de extremidades, que de seguro en un momento habían pertenecido a sus otros oponentes.
- ¿Te crees que puedes matarme, Lynnys? – preguntó burlona. Él contestó con un gruñido.
- Sabes que puedo manipularte y hacer que te suicides – gruñó. Todos nos tensamos, pero ellos parecían rodeados de un aura indescriptible e incapaz de atravesar. Nadie se atrevió a dar un paso.
- Acalia… ¿es eso cierto? – preguntó una de sus hermanas.
- ¿Crees que se los habría dicho, Katyenka? Se habrían separado más, y no estaba dispuesta a permitirlo – contestó sin despegar su mirada del licántropo.
- Qué sentimental – dijo él burlón, pero luego su expresión se endureció -. Me das asco, Acalia.
- Tú se lo das a todos, creí que lo sabías – replicó con una sonrisa maliciosa.
Con un aullido de parte de Lynnys, ella se puso seria. Él dio una estocada atravesando el pecho de la Arcángel, quien miró aburrida la empuñadura de la espada. Él soltó su cuello y retrocedió. Aunque sus pies estaban unos diez centímetros sobre el suelo, ella no lo tocó, demostrando que el arma la atravesaba por completo y se enterraba profundamente en el árbol.
- Vamos, sálvate si eres tan fuerte – gruñó Lynnys. Ella lo miró inexpresiva, para luego soltar una pequeña carcajada.
- ¿Crees que la fortaleza se mide en la capacidad para huir? – se burló del licántropo – Eso lo explica todo.
- No me insultes – le siseó lanzando un golpe a su estómago. Ella ni se inmutó, y lo miró con la misma sonrisa burlona.
- Nunca aprendiste la principal lección que intentamos inculcarte, Lynnys. Fortaleza es enfrentar los problemas, en este caso la muerte. No temo esto, ¿sabes? Solo es una victoria para los míos. ¿No, Meskhenet?
- La profecía se cumplirá – dijo otra Arcángel con la mandíbula tensa. Luego asintió -. El monstruo se calmará con el sacrificio de la más valiosa.
- ¿Lo ves, Lynnys? – se dirigió al Supremo, casi riéndose de su palidez – Acabas de darme la excusa para el sacrificio. Solo tengo que dejar que mi energía se libere por el agujero que me dejaste, y habrás perdido.
- No…
- La profecía se ha cumplido – dijo sonriendo. Luego su cabeza cayó sobre su pecho, y la frente tocó la empuñadura.
Sentí unos brazos aferrarme con fuerza, pero de todos modos no hubiera podido moverme. Apenas noté que los de mi bando se lanzaban con más energía contra los otros, que mi padre humano y mi familia vampírica me miraban paralizados, y que había comenzado un temporal. Mi mirada no se despegaba de la figura clavada por una espada en el pecho contra la madera del único roble de la zona, que poco a poco se desvanecía al mismo tiempo que el árbol se marchitaba.
Así como mi corazón se rompía, los partidarios de Lynnys eran destruidos uno por uno… pero ya nada tenía sentido. Mi amada me había abandonado, y esta vez para siempre.
CHAN-CHAN Seh, me pasé con este.
Aclaro algo que podría no haber quedado muy claro. Cuando hablan de VIVOS o MUERTOS se refiere al cuerpo. En español, hablando de vivos queremos decir que tiene un cuerpo mortal. Cuando está muerto, es solo el alma. ¿Claro?
Otra cosa. Meskhenet es Amser, por si quedó enredado... Lo que pasa es que la primera es su parte "adivina", la segunda ella nada más. Ok?
Ahm... ¿Reviews? Llegamos a 92, gente, podemos llegar a cien para el fin de la historia si se ponen las pilas y me ayudan.
Recuerden estar atents a mi perfil, que pronto les va la votación! ¿Prefieren que suba los prefacios así como historias y ustedes eligen el que quieran o un summary en mi perfil? Díganme, recuerden que los escritores estamos para servirles.
Ya me voy.
Ayla fuera
PAZ!
