Joooooo perdónenme por la enorme demora T_T No tengo excusa, ya cuando subí el one-shot (o intento de) dije que lo iba a subir al día siguiente, y eso ya fue hace mucho. Me explico, estuve un par de semanas enferma y con lesiones pie-mano-rodilla y el cole me absorbió totalmente con todo eso de recuperar las pruebas, después me castigaron por no apagar el PC a tiempo y al final resultó que tuve que escribir el capi de nuevo de papel a compu porque todos los simpáticos 3 compus de mi casa me lo borraron. Ya, que sigo sin excusa, pero de todos modos tienen derecho a saber que mi vida ha estado tan complicada que apenas si he tenido tiempo para mí. Soy humana, después de todo.
Volviendo al tema, estoy de vacaciones así que no le tiro mucha demora para el epílogo…. Sí, gente, este es el último. Muy largo (11 páginas de Word, y no les miento) y un enorme flashback de diez páginas.
Disclaimer: ya saben, todo lo que hayan visto en la saga Twilight es de SM y el resto de mi invención. Es estúpido seguir con estas después de que estamos en el capi 20 (contando el prefacio) pero lo pide.
Advertencia: aquí ya no hay sutil descalificación de las religiones y creencias, sino que se mencionan como basura lisa y llanamente. Oh, ¿te molesta? Pues no leas, o hazlo bajo tu responsabilidad.
EPOV
Azariel no tardó en arrastrarme fuera del valle, aunque no lo noté mucho. Mi mirada seguía fija en el tronco marchito con una espada oxidada clavada a cierta altura. ¿Se habría percatado alguien más de lo extraño que era todo? ¿De lo ridículo que sonaba que Acalia se hubiera dejado morir? ¿De lo que había pasado después? ¿O yo era el único que se estaba fijando tanto en los detalles?
El ahora más poderoso Arcángel me estampó contra la pared rocosa de la montaña que antes habíamos escalado. Me parecía que hubieran pasado años en lugar de minutos o quizás horas desde ese momento. Azariel me sujetó por los hombros y me miró atentamente, obligando a mi mirada a mantenerse fija en la suya (¿acaso habrá dominado mi mente? Es probable que nunca lo sepa). De todo esto fui apenas consciente.
Enfoqué mi mirada y parpadeé al sentir la lluvia más fuerte que nunca. Miré interrogante al Arcángel. Él me soltó y suspiró mientras se pasaba la mano por el cabello rubio, en un gesto que Tanya me había dicho tenía Greg cuando se ponía nervioso o una situación no le gustaba en lo más mínimo.
- Mis poderes se descontrolaron – confesó como si fuera una horrorosa debilidad y no algo posible después de… eso. Tanya rodeó su cintura con los brazos y él correspondió con uno solo (el otro continuaba en su cabello).
- ¿Por qué? – preguntó Carlisle haciendo eco de todos los demás.
- Al… irse, Acalia libero toda su energía – noté que titubeó al principio, y supe que no era eso lo que pensaba decir. Lo dejé pasar ignorando lo mejor que pude el agonizante dolor de mi pecho -. Bueno, esa energía no desaparece ni se queda flotando en el aire. Sería un malgasto enorme.
- ¿Qué pasó, entonces? – preguntó Tanya con curiosidad.
- Se traspasó a los mejores… ¿baterías? No sé, es raro de explicar – frunció el ceño -. Podría intentar compararlo a cuando una persona muere. Ya saben, decide a quién heredarle qué cosas y a quién simplemente ignorar. Eso hizo su energía, más o menos…
- ¿Eligió a sus nuevos portadores? – aventuró mi padre humano. Azariel asintió y continuó con la explicación al ver que habíamos entendido esa parte.
- A los de mi clase se nos dio más porque su energía es enormemente compatible con la nuestra. Acalia tenía tanto poder que resulta que tenemos demasiado como para controlarlo. Miren allá – seguimos la dirección que apuntaba y vimos a un Arcángel apenas un poco menor que el que estaba a nuestro lado quemando todo a su alrededor -. Herodes ya no puede manipular el fuego a su antojo, o no podrá hasta que aprenda a acoplar los dos poderes. No es fácil esto, saben… Mejor no se le acerquen o serán vampiro asado – Tanya le golpeó el brazo molesta -. ¿Qué hice? – preguntó inocentemente.
- ¿Cómo se te ocurre bromear en una situación así? – le reclamó.
Dejé de prestarles atención y volví a mirar al valle. Por todas partes se alzaban montículos de diferentes colores y tamaños, aunque en la gran mayoría se veían trozos de tela oscura. Vi a los de capa clara luchar con más ánimo que los enemigos. Supuse que Acalia habría traspasado energía a todos los de nuestro bando, y así me lo confirmó Azariel.
- Nos dio una ventaja, mal que me pese fue beneficioso para nosotros – contestó antes de volver a discutir con los demás.
Mi padre sacó una escopeta y se fue a continuar peleando. Jasper, Carlisle, Emmett y Eleazar le siguieron, haciendo crujir los dedos mis hermanos y los otros dos mirando atentamente de lado a lado. Más tarde fueron también Kate, Irina, Rose y Alice, hablando de "patear traseros peludos".
Tanya sonrió a Azariel, se tomaron de las manos y ella lo arrastró de vuelta al valle. Suspiré, me encogí de hombros y volví a la lucha. Sentí a Carmen y a Esme seguirme con la mirada, con expresiones apenadas.
No quería compasión. Arranqué la cabeza de un licántropo vivo. No quería que me vieran con lástima. Evité a Herodes y su fuego fuera de control. No quería que me aseguraran que todo estaría bien. Decapité a un vampiro por la espalda que estaba aproblemando a Rose. No quería mentiras de "estarás bien". Hice caer a un licántropo y Carlisle lo acabó. No quería dolor. Acabé a un vampiro por la espalda. No quería sentir nada. Rompí la varita de un conductor. Sólo quería paz. Doble la mano de un alquimista que estaba molestando a Alice. Solo quería a Bella, a Acalia, a mi lado. Para siempre.
3pPOV
Las olas chocaban lentamente contra las rocas y la arena. Las aves descendían en picada hacia el agua para alzarse segundos después, triunfantes, con un pescado entre las patas. El cielo mostraba el atardecer de un hermoso día soleado, extraños éstos en la zona. Ni una sola nube rompía el suave patrón de rosas y naranjas que lo cubría. Una brisa salada alteraba ligeramente los árboles del bosque cercano, moviendo las ramas en un suave vaivén. El más joven del linde, y quizás de todo el bosque, era un ejemplar de poco más de metro y medio de altura, más verde y tierno que los demás.
La playa en forma de medialuna permanecía en una aparente y natural tranquilidad, como una sencilla y hermosa postal en movimiento… hasta que gritos y risas cortaron esa calma idílica.
Dos niños de unos cuatro o cinco años corrían de un lado a otro seguidos de cerca por una niña dos años mayor. El niño reía a carcajadas mientras huía de la menor, que tenía arena en el cabello. La otra niña intentaba no perderlos de vista ni de alcance.
- ¡Vamos, Bellsy, fue una broma! – dijo el niño, jadeante, de espaldas al mar. El cabello oscuro lo tenían casi castaño de toda la arena en él.
- No me sacaré esto en meses – se quejó ella señalándose la cabeza -. Es tu culpa, Jake.
- No es cierto, Emy puede asegurarlo – rebatió. La niña mayor rodó sus ojos chocolate acercándose a ellos.
- Yo no vi nada, a mí no me metan – la otra niña sonrió y sus ojos, del mismo color que los de su hermana, chispearon maliciosamente.
- Jackie – canturreó. Él empalideció bajo la piel morena y retrocedió con las manos en alto -. Yo que tú corro…
Diez minutos más tarde, las dos niñas entraban sonrientes por la puerta de una casa roja. Detrás de ambas venía su primo, chorreando agua y chapoteando con las sandalias.
Los cinco adultos del lugar los miraron divertidos. La niña menor se sentó de un salto en el regazo del que parecía el mayor de todos, un anciano robusto de piel morena, ojos chocolate y largo cabello gris recogido en una coleta baja que le llegaba unos cinco centímetros debajo de los hombros. La niña mayor se sentó entre un hombre y una mujer (también morenos y de ojos oscuros) mientras la otra mujer llevaba al niño a secarlo y cambiarlo de ropa.
Volvieron pocos minutos después y se sentaron, quedando el niño entre ella y el otro hombre.
- Me la vas a pagar, Bella – refunfuñó Jake cruzándose de brazos.
- Espera sentado – contestó ella distraídamente, jugueteando con un mechón de su cabello.
Bella Black era una niña risueña, enérgica y traviesa. A pesar de su aspecto tierno y angelical, era capaz de poner los pelos de punta a cualquiera que la molestaba. Su especialidad eran las venganzas y las bromas, siendo el blanco usual su primo Jacob, cuyos padres vivían al otro lado de la reservación e iban a diario a ver a su hijo. Él adoraba molestarla… claro, hasta que ella se la cobraba. Ahí se arrepentía y la dejaba en paz durante el resto del día.
Emily, la hermana mayor de Bella, era igual a ella. Para diferenciarlas debías ver la altura, que era lo único con lo que podías notar algo que no fueran copias exactas la una de la otra. Ambas eran menudas, con el cabello caoba oscuro hasta un poco por debajo de los hombros, penetrantes ojos chocolate y piel morena con un ligero tono rojizo. La forma de vestir de ambas era muy similar y su actitud la misma quitando el hecho de que Emily era bastante más prudente que Bella. Ella era la voz de la razón, la que impedía que sus jugarretas se exagerasen, la que cuidaba de su hermanita menor (que casi cumplía 5 años), la encubría y hacía lo más difícil y peligroso de sus travesuras.
Pasaron los días y llegó el quinto cumpleaños de la hija menor de la gran familia Black. Jacob, Emily y Bella revoloteaban por la casa roja, hogar del abuelo y los Black-Swan. Entraban y salían constantemente de la construcción. Un adulto los seguía siempre a lo lejos. Esos tres juntos eran capaces de destruir la casa si se lo proponían.
Ni Jake ni Bella iban a la escuela aún. Si bien es cierto que había jardines y guarderías en la zona, era tradición de generaciones en los Black que sus hijos fueran educados en casa, de acuerdo a las leyendas y tradiciones de la tribu antes de juntarlos con los demás jóvenes de la reservación. Es así como la principal casa Black estaba aislada del resto de la reservación, Jake viviría con sus tíos, abuelo y primas hasta cumplir la edad y la familia era la más apegada a las raíces quileute.
Emily ya se relacionaba con los otros niños, a diferencia de Jake y Bella. Estos últimos conocían únicamente a su familia y a los ancianos del consejo de la tribu, quienes eran los principales encargados de introducir a los hijos de esta familia a la tribu como lo que eran: descendientes directos del primer hombre que se convirtió el lobo, Taha Aki, jefe de los quileute. Este papel les correspondía por derecho a los Black antes que a nadie. Era el abuelo Jacob el líder y los herederos sus hijos William y Charles y sus nietos Emily, Jacob e Isabella. Por eso, por el cargo que un día ostentarían, su primera infancia la vivían en la aislada casa roja entre la playa y el bosque con sus madres, los ancianos quileute y los demás herederos de Taha Aki. Ni siquiera un médico o algún otro chico que tuviera el gen o fuese de las familias del consejo los veía antes de que ellos cumplieran seis años, que era cuando los presentaban en sociedad.
Jacob Black era el encargado de vigilarlos en ese momento. Aunque los niños conocían los bosques y la playa como la palma de su mano y los animales confiaban en ellos, existía una raza enemiga que ya había hecho sufrir a su pueblo. Su propio abuelo, en su juventud, había conocido a un clan de esa raza. Eran pacíficos, pero los Black no pensaban fiarse de todos por el compromiso de unos pocos. Los Cullen juraban que no dañaban humanos y Jacob, al igual que Ephraim y Charles (su abuelo y su padre), les creía. Sin embargo, la familia ya había perdido varios integrantes a manos de los vampiros en los tiempos de Taha Aki.
Repentinamente, el bosque se llenó de silencio. El instinto de todos los de sangre Black se disparó, mostrándoles eso como un mal augurio y los hombres entraron con sus esposas, seguidos del abuelo que apuraba a los menores.
Vampiros no eran, de seguro, ya que ningún joven había entrado en fase desde que Ephraim Black fuera uno de los protectores. Lo que había en el bosque era algo más, algo para lo que los quileute no estaban preparados.
Jacob, Billy y Charlie vigilaron por las ventanas de la salita empuñando unos rifles de caza. Las mujeres se sentaron y acomodaron a los niños con ellas.
Los tres hombres fruncieron el ceño. No había nadie en los alrededores… Un toque en la puerta les hizo pegar un salto. Charlie abrió una rendija y miró por ella, para luego abrir totalmente. Era un hombre vestido de azul, de piel pálida pero no tanto como la de un vampiro. Lo hicieron entrar con desconfianza, sin bajar las escopetas, sabiendo que no era un frío.
El hombre se detuvo frente a Bella, que estaba acurrucada entre su madre y su hermana por un lado y su tía y su primo al otro. Ambos ladearon la cabeza y una chispa de reconocimiento relució en sus ojos, aunque ella no parecía muy contenta de verle y él se veía temeroso.
- Acalia la Inicial, tus almas te saludan – pronunció el hombre en una reverencia.
- ¿Pseiro el Experimental? – preguntó ella con algo de recelo.
- ¿Se conocen? – inquirió Charlie frunciendo el ceño, ya que parecía ser que su hija menor había roto una tradición de siglos.
- Él es Pseiro el Experimental, también conocido como el Supremo Alquímico, aunque solía ser el Beta Alquímico hace unos cuantos milenios – contestó la pequeña de mala gana.
- Me has recordado, Acalia – apuntó Pseiro sorprendido antes de que nadie agregara otro comentario -. Ni Abdón ni Azariel rememoraron tanto con solo verme…
- No es sorpresa – contestó molesta, mientras se cruzaba de brazos con una mueca en su infantil rostro -. Ya sabes cómo son esos dos.
- Debo hablar con los tuyos – el Supremo miró a cada Black.
- No me iré de aquí, si eso es lo que sugieres – espetó la chica fulminándolo con la mirada.
- Por supuesto, puedes quedarte – concedió. Ella solo bufó y rodó los ojos.
- Déjate de hacer el payaso y habla, quiero que te vayas luego de aquí.
A_A
- Jake, despierta – una Bella de nueve años removía a su primo para que se despertara. Se la veía preocupada a la luz verdosa del despertador.
- ¿Qué pasa, Bells? – preguntó con voz pastosa y ahogando un bostezo. Se frotó los ojos y vio el reloj – Oye, son las tres y mañana tenemos clase.
- Ellos, Jake. Me hablaron en sueños. Tus padres… no volverán a casa como los mismos – una solitaria lágrima escapó de sus ojos. Ella se apresuró a secarla y él no la notó, ocupado en tallarse los ojos.
En tanto ella hablaba, un autobús que salía de Port Ángeles con destino de Forks chocó de frente con un camión y cayó por un precipicio. Rachel Black moría y su esposo William quedaba inválido irremediablemente. Era 5 de marzo del año 2001, el primer día negro para los Black.
A_A
El 15 de agosto de 2008 era el aniversario de bodas número 19 de Charlie y Renee Black. Salieron a eso de las cinco de la famosa casa roja con rumbo a Seattle para ir al cine antes de tomar su reserva a las nueve, dejando a sus hijas Emily y Bella (de 18 y 15 años) con el abuelo Jacob. La mayor había cumplido años el 10 de agosto, y la otra los cumpliría el 13 de septiembre.
A las once en punto, Emily despertó sacudida por su hermana menor. La chica se sintió casi contagiada de su preocupación y atendió de inmediato. Esa desesperación no podía ser buena en ella.
- ¿Qué pasa, Bells? – preguntó ahogando un bostezo con la mano derecha y acariciando el cabello caoba de su hermanita con la otra.
- Ellos me hablaron, Em – susurró, con sus mejillas llenas de lágrimas.
Esto terminó por despertarla. La menor de los Black nunca, JAMÁS se alteraba, y cuando lo hacía nunca era algo bueno. La última vez había sido cuando Billy y Rachel tuvieron el accidente, y en esa ocasión (la única, por lo demás) ellos también le habían hablado en sueños.
Un trueno retumbó y Emily pegó un saltito y un grito al poder ver a su hermana. Si bien sus palabras la habían asustado, su expresión sinceramente la aterrorizaba. Su hermoso rostro, tan igual al de ella, estaba retorcido en una mueca de tristeza y preocupación. Las lágrimas salían sin control de sus ojos usualmente chocolates (ahora de un marrón turbio) peor ella no parecía darse cuenta. Eso asustó aún más (si es que acaso era posible) a la mayor. Esa no era Bella, no su Bella.
Isabella Black era conocida por ser alegre y risueña, totalmente despreocupada de la vida. Su moreno rostro siempre mostraba una sonrisa sincera, aunque la mayoría del tiempo algo burlona (el resto era solo de burla) y sus ojos brillaban con una mezcla en que todos distinguían diferentes cosas, pero coincidían en la inocencia y la malicia. Ni siquiera la escuela entraba en su lista de preocupaciones, y aún así nunca sacaba una calificación menor a 10. Ella jamás pedía consejos porque sencillamente no los necesitaba, de hecho era ella quien aconsejaba al resto. Lo único que la molestaba eran las bromas de Jake (a las que siempre respondía) y las ofensas a cualquier Black, vivo o muerto, pero había una sola cosa que la sacaba de sus casillas inevitablemente: las visitas anuales de ellos. En esas ocasiones, era mejor apartarse un buen par de metros. Sin embargo, la alegría solo la había abandonado una vez. Era lo que muchos llamarían una chica modelo, en todos los aspectos. Pero nadie se imaginaba lo cerca que estaban de la realidad al decir que ella era casi perfecta porque ella, bueno, lo era.
En su interior dormía Acalia la Inicial, la criatura más poderosa y perfecta del universo. Claro, la clave era que estaba dormida, pero en ocasiones despertaba y su poder se manifestaba en la joven. Inteligencia, belleza, carisma… perfección. La chica atraía miradas por doquier, por el simple hecho de ser Bella prácticamente todos los chicos babeaban tras ella. Pero cuando Acalia se aburría y decidía expresarse, no había quien pudiera quitarle la vista de encima.
Ella tenía un novio, Michael, que era como debía ser un novio. Era caballeroso, atento, tierno, preocupado, lindo, amigable, dedicado, apartaba a los indeseables y se llevaba bien con su familia y amigos. Era un buen chico, pero ni tío Billy, ni el abuelo, ni papá, ni Jake se fiaban mucho de él. Bueno, la verdad era que ellos no se habrían fiado de nadie que intentara acercarse en plan romántico a las hermanas Black-Swan.
- ¿Qué te han dicho? – preguntó Emily repentinamente despierta.
- Papá y mamá no volverán con nosotras, Em – murmuró.
Llovía. Dos autos, un conductor ebrio. Un accidente. Metal, vidrios y huesos rotos. Sangre fluyendo por la carretera. La muerte se tomaba su tributo.
A_A
- ¿Supiste lo de los Black? – cuchicheó un chico casi dando la espalda al pasillo.
- Sí, mira que mi abuela recuerda que hace seis años pasó lo mismo… - contestó su compañero de banca.
- ¿Cómo pasó? – habló el primero. Se veía afligido.
- Escuché que iban ebrios – Isabella, sentada detrás, se tensó inmediatamente.
- No lo creo… ¿Charlie Black, ebrio? ¿Quién te dijo esa idiotez?
- Newton – contestó simplemente. Increíblemente, la chica palideció y apretó el bolígrafo.
- Bromeas. ¿Michael Newton, el novio de Bella? – intervino el otro compañero, sentado junto a la ventana.
Se supone que escuchar conversaciones ajenas está mal, pero en ese momento los primos Black mandaron la educación al tarro de la basura. Su amigo Paul dejó de mirar las nubes y se centró en lo que decían los tres chicos del frente. Por el rabillo del ojo monitoreaba las reacciones de Jake, sentado junto al pasillo, y de Bella, ubicada entre ambos.
- Ya te digo – el chico del medio parecía de lo más encantado destapando los trapos sucios del chico blanco de Forks. No notaba, o simplemente no le importaba, que la chica estuviera justo detrás de él -. Uno diría que ese imbécil sería el último en saltar con esas, pero fue él el que llamó a toda la clase y nos dijo todo apenas Bella le llamó.
- No te creo – saltó el primero, dando completamente la espalda al pasillo.
- Una persona no puede ser tan estúpida, por muy Michael-egocéntrico-Newton que sea – apoyó el otro, apoyándose ligeramente en el muro.
A estas alturas ya nadie hacía caso del maestro de Historia. Todos escuchaban a los tres chicos, salvo el mismo Newton, y los apoyaban silenciosamente. Todo el instituto de La Push sabía de sobra los esfuerzos que había puesto el rubio en salir con la morena, así como que él perdía el rumbo por ella y que ni de broma pensaría en separarse de la chica.
Dicho blanco estaba sentado justo detrás de su novia, y no parecía en absoluto consciente de lo que se comentaba en sus narices. La chica, por su parte, cada vez estaba más tensa y su primo no se quedaba atrás. La gota que colmó el vaso que una nota que le llegó a la morena.
"Hey Bells, ¿te parece si vamos a cenar a Port Angeles mañana? Mike"
La hoja de cuaderno se arrugó en el puño cerrado de la chica. Respiró profundo y contó hasta diez antes de voltear y encarar a Newton, quien le sonrió sugestivamente.
- ¿Estás de broma? – preguntó ella entre dientes.
- Hablo totalmente en serio, linda – contestó recargándose en su silla. Sus compañeros lo miraron entre asombrados y asqueados y se apartaron rápidamente. Sabían lo que podía pasar si Bella Black se molestaba.
- ¡Es que eres imbécil! – rugió ella. Varios se encogieron mientras todo el salón, incluido el maestro, se concentraba plenamente en lo que prometía ser una masacre.
- ¿Por qué no quieres? – inquirió con un aire de inocencia que definitivamente no le cuadraba.
- ¡No te hagas el que no sabe, idiota!
- Oh, vamos, no estarás molesta conmigo… - rápida pero disimuladamente, los más cercanos a la pareja se alejaron.
- ¡Imbécil! – bramó Jake mientras su prima apretaba el libro de Historia tan fuerte que los nudillos estaban blancos - ¡Ya nos tienes hasta aquí con tus idioteces!
- Te pasaste, Newton – gruñó Paul cruzando los brazos para evitar pegarle. No que no quisiera, pero eran los primos Black quienes se merecían ese honor.
- ¡Búscate otra novia!
Después de su último grito, Bella golpeó a su ex-novio con el pesado libro que llevaba en sus manos. Así, entre golpes y patadas enfurecidos de parte de los Black, llantos y gritos desesperados del chico de Forks y algo de diversión de los demás, Newton quedó herido en el orgullo y algo peor. Los nudillos de los primos sangraban a juego con el golpeado y nadie hacía el menor intento de defender al que había pretendido ser un quileute sin tener idea de nada.
El príncipe había resultado ser un cerdo disfrazado.
A_A
Una Bella de 16 años se mantenía serena sin notar o sin importarle los azotes del viento marino. Su costado derecho se apoyaba en el tronco del árbol que, fiel a ella, permanecía joven e inmortal en la misma ubicación que había sido plantado varios siglos atrás. La pierna derecha colgaba de la rama que le proporcionaba calor, sombra y protección a pesar de sus tres metros de distancia con el suelo. La pierna izquierda se flectaba sobre su soporte de madera y el brazo reposaba encima. Estaba absolutamente inmóvil, reclamando el respeto que por derecho le pertenecía. Su mirada se perdía en el horizonte y lo único que no la hacía parecer una estatua era la ramita tierna y verde que asomaba graciosamente por su boca.
- ¿Otra vez pensando en soledad, Acalia? – preguntó una voz burlona.
- Piérdete, Zucobsky – susurró sin dejar de mirar al infinito.
- Ya lo hago, querida – contestó alegre el chico de no más de veinte años y aparentemente humano, apoyándose en el tronco del árbol -. ¿Qué tiene este árbol de especial? Siempre te encuentro aquí y ni siquiera esos humanos de por allá tienen idea.
- Es el símbolo del pacto con los quileutes – contestó simplemente -. Bajo este árbol, le presenté un lobo Alfa a Taha Aki. Él aceptó el regalo y… bueno, ya conoces el resto. Si no, vete a preguntarle a alguien más.
- ¿Por qué no vas a la iglesia a rezar como la mayoría de los humanos normales?
- Primero, no soy una humana y mucho menos normal, de otro modo no estarías aquí. Segundo, todo eso lo encuentro basura hipócrita. Ya sabes, predican pero no practican.
- Entonces… ¿meditas? Un momento, ¿eres budista?
- Eso es otra hipocresía, y la verdad es que me gusta estar sola de vez en cuando. Así puedes escucharte sin interrupciones y pensar un poco, deberías intentarlo.
- Ofrece algún sacrificio a los dioses o alguna cosa así – dijo el otro ignorando el comentario anterior.
- No pienso dar un grano de arena a seres que no existen.
- ¿Peregrinar a la Meca? Caminar un poco puede calmarte.
- Tonterías, una vez más.
- Nos salió irascible la niña. ¿Quizás…?
- ¿Qué quieres? – cortó hastiada. Inmediatamente se puso serio.
- Ellos me enviaron a monitorearlos. Pseiro está preocupado… algo sobre alteraciones en la energía.
- Ah, sí.
- ¿Sólo dices eso cuando hay un desequilibrio?
- ¿Qué quieres que haga? ¿Solución milagrosa?
- No, pero creí que tendrías alguna idea de lo que pasaba…
- O presentimiento.
- Llámale como quieras – el joven alquimista se encogió de hombros.
- Algo pasará – dijo ella rato después mirándolo por primera vez -. No sé cuándo, ni cómo… Deberías hablar con Meskhenet, ella tendría una idea más segura.
- Ya lo hice, y me mandó al demonio – protestó como niño pequeño que no era.
- ¿Qué esperabas? ¿Qué contestara a la primera, o te recibiera con los brazos abiertos? – la voz de la Arcángel tenía un timbre sarcástico que no pasó desapercibido a su acompañante.
- Algo de cordialidad habría venido bien. Has cambiado…
- Brillante observación, genio, y no seas ingenuo. Te uniste a ellos por mucho que intentamos lo contrario, Zucobsky. Ella sufrió bastante cuando le diste la espalda hace cincuenta años, aunque yo no te lo dije – él no pudo evitar sonreír ante la sonrisa y el guiño de ese ojo chocolate -. No esperes que la reconciliación sea inmediata, sobre todo si tu única visita en 17 años ha sido por órdenes de ellos.
- ¿Por qué se odian tanto? – preguntó él sin entender ni gota.
- /Pregúntale a Pseiro, yo no diré nada. Es agua pasada, pero las consecuencias persisten/ - contestó ella en ruso volviendo su vista al mar.
- /No entiendo…/ - confesó en un murmullo vulnerable, abandonando su usual postura segura y arrogante.
- ¡Bella! – un grito de chico llamándola cortó cualquier posible respuesta. Ella bajó de un salto, escupió la ramita al pie del árbol y lo miró inexpresiva.
- /No pretendía que comprendieras/ - luego sonrió, besó su mejilla y corrió de vuelta con sus amigos.
- /Pero…/
- /¡Nos vemos en dos meses, chico!/ - escuchó su grito.
Andrei Zucobsy, un alma alquimista de veinte años mortales y setenta totales, se quedó parado en ese lugar, mirando el punto en el que Acalia la Inicial había desaparecido de su vista. Cuando ya anochecía, volvió a moverse. Rió por lo bajo y negó con la cabeza, absolutamente divertido.
- Ay, Acalia, tú y tus cosas… - definitivamente ella era todo un caso.
A_A
- Jake, Bella, Em, hay noticias – dijo el abuelo sentándose en la butaca -. Tres chicos han entrado en fase, sospechamos de los Cullen.
Estaban los cuatro reunidos en el cuarto de Bella. Ella estaba recostada en su cama, con los brazos cruzados tras la cabeza y mirando pensativamente al techo. Su hermana y su primo estaban sentados en la cama a los lados de la chica, alternando la vista entre ella y el abuelo, y éste último se encontraba en la vieja butaca que había pertenecido a Charlie Black. La menor negó con la cabeza suavemente y los demás la miraron ansiosos.
- Son nómadas – se limitó a decir -. Tres. De los malos.
El abuelo asintió e hizo ademán de irse del cuarto. Se detuvo en la puerta cuando Emily lo llamó con voz temblorosa.
- ¿Quiénes se transformaron?
- Sam, Jared y Paul – contestó cautelosamente. Él y Jake salieron casi corriendo al ver el brillo en los ojos de la mayor.
- ¡Por eso no me habla hace días! – se quejó levantándose y dando vueltas.
Estuvo despotricando largo rato, y su hermana la dejó ser. Después de todo, ella solo tenía 16 años (17 en un mes) y era solo humana… por el momento. Claro, una humana superdotada, extraña, sobrenaturalmente hermosa, recipiente de algo en lo que nadie "vivo" cree, pero humana al fin y al cabo.
- El suelo no tiene la culpa – comentó Bella varios minutos después. Emily la miró entre asesina e interrogante, pero la otra no la miraba -. Harás un agujero en el suelo como sigas así, Em.
- Oh, cállate Bells. Tú no tienes un novio no-humano. Sam me va a escuchar…
- Lo tendré – interrumpió sin dejar de ver al techo. Sonrió alegremente -. Nació hace más de 100 años, y estará solo hasta que nos encontremos.
- Si lo que dices es cierto, podrían pasar siglos antes de que se encontraran. ¿Y si desafía su destino?
- Créeme, no lo hará. Por otro lado, su familia vendrá pronto a Forks. El abuelo me va a transferir a ese instituto, ya hablé con él, y el primer día que nos veamos en la "vida real" su alma reconocerá a la mía.
- ¿A Bella o Acalia? – apuntó Emily. Su hermana se encogió de hombros con expresión indiferente.
- Al caso es lo mismo – contestó -. Bella es mortal, Acalia inmortal, pero en esencia soy yo. ¿Qué te digo? Soy compleja.
- Pero él…
- Quita el tema de mi indeterminada identidad y enfócate en mí, ¿vale? En eso se fijará, o su alma, más allá de quién soy. Mira, si te hubieran dicho que Sam iba a convertirse en licántropo…
- No me hubiera importado – se apresuró en contestar.
- Ese es el punto. Olvídate de Acalia y Bella aunque, de todos modos, Acalia me da la eternidad con él sin tener que morir – se incorporó y miró a la mayor con el rostro radiante de felicidad -. Mira que llevo sola millones de años…
- Ok, no necesitaba saber lo último – Em levantó las manos como frenando a la otra -. Espera, ¿él es inmortal? ¿Su familia vendrá a Forks? – se sentó a los pies de la cama, encarándola – Hay algo que no me estás diciendo. ¿Quién…cómo es? – los ojos de Bella brillaron por un momento con una chispa azul. La mayor, acostumbrada ya a esas reacciones involuntarias cada vez que sufría una emoción fuerte (ya fuera positiva o negativa), la miró expectante. Debía ser verdaderamente bueno para que reaccionara así.
- Te digo desde ya que lo verás seguido por aquí. Es alto, como de la misma altura de Acalia – Em asintió, recordando que la rubia se había aburrido el día anterior y había decidido dar un pequeño paseo -. Tiene el cabello desordenado, como si no se lo hubiera peinado en su vida, y de un tono cobrizo que aunque no me lo creas es hermoso. Es un completo caballero, bastante tradicionalista y sobreprotector pero muy dulce. Lo niega un montón pero es un romántico de primera, como Sam. Es algo desgarbado, un poco musculoso pero no tanto como sus hermanos – meditó un momento -. Lo último que puedo decirte, o que sé más bien, es que suele tener los ojos dorados – eso sobresaltó a Emily.
- ¿Un vampiro? ¿En serio, Bella? – la otra asintió – Huh, al menos no se alimenta de humanos. Es un Cullen, ¿cierto?
- El primero que transformó el líder, en 1918. Se llama Edward Masen, aunque ahora usa el Cullen como los demás.
- Ya, supongo que sabes toda su vida.
- Nope, solo lo que Acalia quiere que sepa. A veces puede ser muy egoísta, ¿sabes?
Emily Renee Black, una quileute de 19 años, sonrió viendo el entusiasmo de su hermana de todavía 16 por conocer a su eterno compañero, lo que pasaría en poco menos de un año.
Era 13 de agosto. Al día siguiente, seis jóvenes quileutes (entre los que estaban Bella y Jake) fueron atacados por uno de los nómadas vampiros que se habían colado en las tierras quileute, provocando el primer estallido licántropo.
A_A
Ese 25 de julio podía verse normal para cualquiera, pero no lo era para el grueso de los habitantes de La Push. Sin embargo, en la casa de los Black una chica de 17 años (no por mucho, se repetía constantemente) estaba expectante por otra razón totalmente distinta. Aquel día, ella tendría su primer día de clases en el instituto de Forks, fuera de su querida reserva. Pero, ¿acaso estaba feliz por el cambio? Para nada. Algo dentro de ella, a lo que algunos llamaban Acalia la Inicial, le decía que el dueño de su no-vivo (pero tampoco muerto) corazón llegaría a ella ese día. Los ancianos lo habían anunciado, y ya era oficial. Los Cullen habían vuelto a la zona.
Bella suspiró sonoramente y recompuso su rostro antes de salir de su cuarto mochila al hombre. Su primo le recogió para llevarla al instituto porque él mismo había estropeado la camioneta de la chica días antes y todavía la estaba reparando.
En todo el camino meditó sobre lo que sucedería en adelante. Meskhenet le había llamado por teléfono durante la noche. Hora del show.
¿Llegaste hasta aquí? Entonces quizás me hayas perdonado por la demora… ¿vale la pena? No prometo próxima fecha, el estar en vacaciones no me deja estar en el compu todo el día.
¡Gente! Anda una Poll dando vueltas en mi perfil, son nueve de las varias historias que llevo y es cosa suya cuál subiré. Anunciaré la fecha para cerrar la Poll cuando publique el epílogo, así que tendrán algo de tiempo para pensárselo. ¡Ah! Y me tomaré un pequeño descanso antes de volver recargada, quiero tener las historias con una media docena de capítulos listos antes de tirarme, ya saben… comodidad.
¡Disculpen otra vez!
Ayla HC
