Larga demora, tanto tiempo que no tengo perdón. Igual resumo mis razones: problemas de salud, líos con el computador y el internet, peleas con mi Musa para poder terminarlo... y también creo que, simplemente, es que no quería dejar ir esta historia.
Advertencia: religiones y creencias tratadas como basura. No es mi forma de pensar, sino la realidad en este universo que inventé.
Disclaimer: a estas alturas, ya saben que algo así como la mitad de los personajes, más las características de este universo y la trama, son míos y los otros personajes son de SM.
POR FAVOR LEER ABAJO
BPOV – Canadá
El monstruo solo se calmará con el sacrificio de la más valiosa. Esa frase nos persiguió durante días. Tenía que hacerse realidad, estaba segura de eso. Si continuábamos en el ciclo, la guerra no terminaría nunca. Y esa palabra era bastante extensa para la inmortalidad.
"La más valiosa", el alma más importante, el líder de cada bando… Lynnys el Ofensivo o Acalia la Inicial. En los planes de él jamás entraría el dejarse vencer, su orgullo era demasiado grande para eso, así que aunque hubiera conocido la profecía no habría hecho nada. De algún modo, solo podía referirse a ella.
Ahora bien, su desaparición no sería buena para nadie. Todo tiene un inicio que ella proporciona, por lo que el universo se paralizaría y terminaría por colapsar en un par de horas sin ella.
Por todo esto, no debería sacrificarse, deberíamos buscar otra forma de vencerlos. Sin embargo, las profecías de Meskhenet o son cumplidas o se paga penitencia, y sinceramente no estamos dispuestas a averiguar cuál es. Siempre se han cumplido…
De acuerdo, llegamos a la conclusión de que hay que hacerlo. Ahora la duda es cómo hacerle para que pueda volver en menos de dos horas si una resurrección lleva como mínimo cuatro años (según los estudios de Pseiro).
- Eres demasiado inocente, Bella – me dijo Acalia. Puse los ojos en blanco. Era tan de ella ese comentario.
Llevaba tiempo en esta… habitación, totalmente blanca y vacía a menos que quisiéramos lo contrario. Era nuestra mente, donde ella me había enseñado todo sobre nosotras. Todavía recuerdo cómo dormía por las noches, con mi esencia en este cuarto.
La primera vez que la vi, la vez que cerré los ojos y me encontré en un vacío blanco e infinito, tenía cuatro años recién cumplidos frente a los aparentes dieciocho de esa extraña.
Ese día, mi cumpleaños, yo había estado tranquila y feliz. Los ancianos y mi familia pasaron todo el día conmigo, alegrándome una semana en que me vi atormentada por terribles sueños, pesadillas, conocimientos y visiones sobre lo que sucedería al despertar. Por la noche ya no le daba importancia a esas visitas de vidas pasadas, tomándolas como consecuencia del pequeño estrés que tenía por causa de un "examen" sobre las leyendas que me iban a tomar. Como fue ese mismo día pensé que ya no soñaría nada, pero llegó Acalia a joderme la vida.
Le costó bastante calmarme. Creo que esa fue la primera vez que perdí por completo el control. Sin embargo, ella se limitó a sentarse en posición de loto con los ojos cerrados, murmurando una antigua canción en el idioma olvidado de su primera encarnación e ignorándome con todas las vueltas que daba a su alrededor haciendo aspavientos y gestos y farfullando incoherencias en el mismo idioma que ella, sin darme cuenta de lo que hacía.
Durante el día lo pensé y al anochecer estuve lo suficientemente calmada para escucharla al aparecer en el vacío blanco. En siete noches me explicó todo. Éramos veinte, todos parte de un mismo ser, conocidos como Arcángeles por separado y Amen-Ra la unidad.
A los demás los conocí cuando el mayor de nosotros, un chico ruso llamado Vladimir Polanski, cumplió sus ocho años de vida humana y dos en el secreto. Yo tenía siete años y diez meses. Esa noche Acalia me dijo que conocería a alguien muy especial, y aparecimos en un prado infinito que únicamente tenía veinte sillas puestas en círculo. Nada de árboles, arbustos ni flores. Solo pasto, un cielo despejado y los asientos.
Me guió a una silla que tenía un aura más poderosa y marcada que las demás y me ayudó a treparme a ella. Se quedó a mi espalda, apoyando sus manos en el respaldo, y al voltear mi mirada encontré a nueve niñas y diez niños, todos de cabello caoba y ojos chocolate o grises.
- Este es el círculo de realidad – dijo Acalia para todos nosotros. Los otros Arcángeles se mantenían serenos y callados, aunque noté cierto recelo entre varios de ellos -. Desde Isabella Black y Acalia la Inicial, hasta Vladimir Polanski y Abdón el servicial – señaló a quiénes se refería -. A partir de ahora serán enseñados en nuestra realidad.
Desde entonces, nos juntamos una vez al mes para equiparar los progresos. La última reunión fue el día que el menor de nosotros cumplió quince años humanos, cuando nos informaron que ya no habría más. Desde entonces, las partes mortales hablamos por teléfono.
- ¿Por qué recuerdas todo esto ahora? – inquirió Acalia. Volteé a verla y me senté, ambas en posición de loto. Abrió los ojos, los clavó en los míos y ladeó la cabeza.
- ¿Qué pasará ahora? – pregunté a cambio. Se encogió de hombros.
- Los demás están discutiendo lo mismo – murmuró. Entonces me dejó ver a través de sus ojos. Estábamos dentro de una cueva, llovía y a nuestras espaldas discutían Adanes, Betas y Arcángeles.
- No encontrarán nada, ¿cierto? – aventuré cuando volví a la sala. Negó con la cabeza.
- Saben que para vencer es necesario mi sacrificio, pero… no quieren aceptarlo – susurró. Por primera vez la estaba viendo derrotada.
- ¿Y si ellos… creyeran que tú… caíste? – me miró con el ceño fruncido. Sus ojos se volvieron hielo cuando se levantó de golpe. La imité pero más calmada.
- ¡Ni se te ocurra pensar en eso, Isabella Black! – siseó amenazante. Vale que yo sea más bajita, joven y débil, pero eso no me hizo amilanarme y le devolví la mirada con desafío.
- ¡Acalia! – reclamé – Sabes que es lo mejor, y si no funciona pues… buscan otra opción.
- ¡Y tu sacrificio sería en vano!
- ¿Tú te crees que me importa? – me mantuve lo más tranquila posible frente a sus gritos – Soy la parte mortal, tarde o temprano iré al Plano y por muy quileute que sea llegará un momento que ni mi condición ayudará en nada. Por favor.
- Pero… ¿y Edward? – noté que era su última baza para disuadirme.
- Estarás tú todavía – musité -. Sabrá entenderlo.
- Eres de lo peor… y, dime, ¿cuál es tu idea? – sonreí triunfal.
APOV
Esta chica está rematadamente loca, pero debo admitir que tiene buenas ideas y sabe cómo convencerme. Da miedo. Oh, esperen, no puedo tratarla en tercera persona… ¡la desgraciada soy yo! Nunca creí que una nueva parte de mí podría vencer a la milenaria.
Me duele, siempre me dolerá, pero Bella nunca terminará de morir mientras alguien la recuerde… y la verdad es que nadie podría olvidarla.
BPOV
Con Acalia nos pusimos de acuerdo en todo, y claro que me dejó gastarle una última broma al mundo antes de desaparecer. Ella permaneció en batalla y me pasó cosas como el habla, las expresiones del rostro y el brillo de los ojos.
Adoré burlarme de Lynnys. Hastiarlo, provocarlo, distraerlo, alterarlo… esa era mi tarea, y como siempre fui una chica tan obediente no podía hacer otra cosa que cumplirla a la perfección.
Por supuesto, todo lo que salió de labios de Acalia fue dicho en realidad por mí. Es que, verdaderamente, ¡adoro burlarme de tipos como ese idiota! Por algo muchas de mis bromas después de lo de mis padres, como la vez que hice la típica trampa de miel y plumas, fueron para Mike. O a Jake cuando le daba por molestarme. Tema aparte cuando iba a cualquier persona para animar a mi primo después del accidente de mis tíos.
Escuché a Azariel hablar con los Cullen y Denali. ¡No! ¡Debían irse, no podían estar en medio de esta guerra! Comencé a temblar, intentando que mi alma quileute no estallara. Entre Acalia y Azariel lograron calmarme sin distraerse en lo más mínimo de sus propias batallas. No era conveniente que apareciera una loba mortal en el lugar del alma Alfa.
Poco a poco me sentí debilitar. Sabía que ella usaría mi energía y parte de la suya para crear la ilusión y todo eso, por lo que no me preocupé. Al contrario, enfoqué el resto de mi poder para burlarme de Lynnys.
Entonces sucedió. El usurpador nos estampó contra un árbol, gruñendo, y preparó su espada. Prácticamente todos abandonaron sus luchas y nos miraron. Sonreí burlona, conteniendo una mueca de dolor al sentir a mi parte inmortal desprenderse de mí y cubrirme con un campo óptico. Ahora solo era yo, Isabella Marie Black, una quileute siendo asfixiada y con una espada sobre el corazón.
Nadie pudo verme. Nadie supo nunca de la mueca y el grito de dolor que a duras penas contuve al sentir el frío acero atravesar mi pecho y mi corazón sin piedad alguna, de lado a lado, dejándome clavada en el árbol.
Acalia continuó el discurso tal cual lo habíamos acordado, una perorata hecha para atemorizar a nuestro enemigo. Mientras tanto, yo me encargué de crear y contener un núcleo con toda mi energía acumulada, preparándome para destruir mi alma cuando mi cuerpo ya no aguantara.
Mi vista se mantenía fija en los míos. Los Cullen, mis antepasados quileute y los demás Arcángeles, cuyas partes jóvenes aprendí a querer y las ancestrales a respetar.
- La profecía se ha cumplido.
Esa era la señal. Solté de golpe todo el núcleo dejando solo mi energía vital, aquella que mantenía mi alma existiendo y su corazón latiendo. Mi cabeza se dejó caer al no haber fuerza alguna que la mantuviera en alto. Mi cuerpo estaba muriendo.
Con dificultad moví mis ojos hacia Edward. Sonreí antes de liberar mis párpados. Lo último que mi cuerpo vería sería al enemigo de mi raza. Mi imprimación.
Sentí unos brazos incorpóreos rodearme y hubiera sonreído de poder. Acalia seguía a mi lado.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, acumulé toda mi energía en mi corazón. Incluso dejé de respirar y pensar. Apenas si podía sentir. Sentir… cómo me paralizaba, dejaba de vivir. No podía hacerlo hasta acumular mi energía vital. Estaba padeciendo una muerte lenta y dolorosa. Voluntaria.
- Tranquila, Bella, tómate tu tiempo… - escuché vagamente el susurro de la que antiguamente había sido mi parte inmortal. El tiempo estaba paralizado.
La energía vital de una persona siempre es superior a la 'móvil'. Mucho mayor en personas que, como yo, son alegres y enérgicas. Vamos, hiperactivas si prefieren ese término. Y cualquiera puede contar con los dedos de una mano las veces que no tuve una pizca de felicidad.
Mi corazón latía con más fuerza que nunca, impulsado por la concentración de energía vital y el conocimiento de que su último segundo se acercaba.
La principal razón por la que Acalia no quería seguir este plan era porque no solo cedería mi energía móvil, sino también la vital. El asunto es simple: sin la primera, el cuerpo muere. Sin la segunda, el alma se desintegra.
Veía mi cuerpo muerto a través de los ojos de mi alma. Acalia me sostenía con firmeza para evitar que me fuera al Plano. Ninguna de las tres (ella, el pedacito de alma que me correspondía y el cuerpo que compartimos) parpadeaba. Mis ojos estaban secos y lo único que veía era la brillante esfera blanca frente a mí, cegándome y llamando mi energía vital.
Con una mezcla de gemido, suspiro y bufido tomé los últimos restos de energía y, simplemente, los dejé ir. Absolutamente todo. Y la oscuridad me recibió.
Inexistencia.
EPOV
La batalla había terminado. En todas partes había montones de cenizas, guerreros heridos. Una pila de personajes (Ephraim Black, Aníbal Barca y Alejandro Magno eran algunos de ellos) se acercaron a rendir tributo y saludar a Azariel.
No sufrimos muchas bajas. A lo más media docena de luchadores vivos que habían terminado, pues… muertos. Y una o dos almas que dejaron de existir. En general, habíamos salido bien parados.
Poco a poco, todos se retiraron. Solo quedamos los Arcángeles, Cullen, Denali y las parejas de Amen-Ra.
- Ganamos – soltó sorprendido Azariel. Herodes le miró con una ceja alzada.
- No me había dado cuenta – murmuró con sarcasmo.
- Me refiero a que ni los Supremos ni sus partidarios existen ya, y hace cuatro horas que Acalia liberó su energía.
Nos quedamos en silencio. Tenía razón. Ya debería estar frito el universo considerando que sin ella podíamos existir la mitad del tiempo que había transcurrido desde su desaparición.
- Es como si no se hubiera ido – comenté. Asintieron.
- Pero la vimos – dijo el menor de los Arcángeles.
- Confían demasiado en sus ojos – escuchamos una voz, que luego de eso comenzó a reír. Miramos alrededor confundidos.
Y la vi. Sobre un árbol, parada en una rama a unos cinco metros de altura, cruzada de brazos y apoyada despreocupadamente contra el tronco. Usaba una larga túnica blanca, de lacio cabello rubio cayendo hasta la cintura, piel más pálida que la de un vampiro, alta y delgada, esbelta, de facciones perfectas, una platinada ceja alzada, chispeantes ojos azules y sonrisa burlona.
Bajó de un salto y caminó hacia nosotros. Nadie más la vio hasta que llegó a mi lado y me tomó la barbilla con suavidad.
- Cierra la boca, ¿quieres? No es lindo cuando alguien con cara de idiota mira tan fijamente a una chica – me guiñó el ojo y besó mi mejilla.
- Pero… ¿cómo? – balbuceó Azariel – Tu energía… te vimos… morir…
- Ah, eso. Fue idea de Bella – hizo una mueca y sus ojos se oscurecieron.
- Hablas como si fueran dos personas distintas – apuntó Tanya. Acalia se encogió de hombros.
- De cierto modo, lo éramos. Puedes decir que éramos dos almas en un cuerpo, más o menos – se mordió el labio, gesto típico de ella cuando se ponía nerviosa -. Esto será difícil de explicar, pero ni modo que se lo prometí…
Nos contó toda su historia juntas, desde el día que le presentó a Bella su realidad hasta el plan que se le ocurrió a la quileute para zafarse de la profecía de Meskhenet.
- Bella ya no existe – terminó cruda pero sinceramente.
Frunció el ceño, arrugó la nariz y se cruzó de brazos mientras alzaba ligeramente la barbilla. Esa era la postura que Bella adoptaba cuando tiraba una bomba y esperaba la reacción. Me la quedé viendo en silencio. Sonrió al captar mi mirada.
- ¿Qué puedo decir? Su alma se formó a través de un pedacito de la mía y convivimos en un mismo cuerpo por unos 19 años, eso condiciona bastante tu forma de ser – sonrió más y se encogió de hombros.
- ¿Quedó algo de ella… o ustedes, más bien?
- El cuerpo, y eso sí que es un nosotras, pero quiero entregárselo a los quileute – meditó un momento -. Según sus tradiciones, el alma no descansa si el cuerpo no duerme, algo así como que si no hay cadáver el alma no pasa al más allá. Y los Black son la familia más apegada a las tradiciones.
- El funeral fue sin cuerpo – murmuré. Todavía me costaba recordar el pensamiento de haberla perdido -. Todos saben que el ataúd está vacío.
- Vale, ahora su personalidad está pegada a mí y el cuerpo, que por cierto era quileute al cien, irá de vuelta a la tierra en que nació. ¿Qué dices?
- ¿Ah? – rodó los ojos exasperada. Eso era tan propio de ella que me hizo sonreír. La extrañaba horrores, fuera del lío Bella-Acalia.
- Mira, una parte de cada uno de nosotros se moldeó para adaptarse a la zona y familia donde nos encarnaríamos. A mí me tocó una familia con el gen de Taha Aki, así que el cuerpo debía poder soportarme a mí y a ese pedacito de alma quileute. ¡Cielos, es complicado! El punto es que su trozo de alma se convirtió en energía, yo me tuve que salir del cuerpo y como ahora está 'hueco' no me puedo regresar así que mejor devolverlo. Una pena, me gustaba estar ahí – todo lo soltó tan rápido que se me dificultó algo entenderle.
- Si tú lo dices… - sonrió y acaricio mi mejilla para después revolver más mi cabello.
- Mira qué lindo, dándome la razón – bromeó. Sonreí medio de lado y la abracé por los hombros.
- Lo dices como si nunca lo hiciera – le seguí el juego fingiéndome herido. Me abrazó por la cintura y se echó a reír.
- Sí, es cierto – se encogió de hombros y besó mi mejilla -. Siempre tengo razón – reí entre dientes.
- La modestia nunca ha sido tu fuerte, ¿verdad?
- Oye, que si eres prácticamente perfecto no hay porqué esconderlo, ¿no crees? – nos reímos nuevamente. Entonces nos separaron bruscamente y Emmett se instaló entre nosotros, abrazándonos por el cuello.
- ¿De qué hablan mis hermanos favoritos? – preguntó apretando el agarre en mi cuello.
- De cómo es posible que tengas la mentalidad de un niño de 5 años la mayor parte del tiempo – dijo ella con tanta seriedad que casi me lo creí -. Le comentaba a Edward sobre un chico que conocí hace un tiempo y nunca quiso crecer. Tenía 90 años y seguía creyéndose un bebé. Peter se llamaba, y lo más sólido que comió en toda su vida sin hacer que se deshiciera en su boca era miga de pan.
- No sé porqué me suena esa historia – murmuró mi hermano. Me mordí el labio para evitar reírme en su cara de perdido total.
- ¿Conoces el cuento de Peter Pan, Emmett? – inquirí alzando una ceja cuando pude controlarme.
- Sí, ¿por? – nos echamos a reír y él nos miró confundido un momento antes de chasquear la lengua y soltarme para golpearse la frente, causando el sonido de dos piedras al chocar - ¡Por eso era! Me estás tomando el pelo, Acalia.
- ¡No! ¿En verdad me tienes esa confianza? – exclamó fingiéndose profundamente herida.
Poco a poco se unió el resto y ahí nos quedamos, bromeando alegres en medio de lo que poco antes fuera un campo de batalla.
Pasadas unas horas, Acalia se fue al bosque y volvió con un cuerpo en brazos, envuelto en una manta blanca. Veía el rostro descubierto con expresión de máxima concentración en el propio.
- No saben lo raro que es verme muerta – comentó.
- Piensa que no eres tú verdaderamente – respondió Meskhenet (Amser, como nos pidió llamarla) sin soltar la mano de su pareja, un alquimista ruso 'muerto' llamado Andrei Zucobsky.
- Lo sé, pero estuve años aquí dentro – frunció el ceño -. Hace apenas un par de meses, lo más muerta que me había visto jamás era dormida en fotos que sacaba Jake – agregó pensativa. Alzó la cabeza y nos miró uno por uno -. Necesito que alguien… me acompañe a dejarla.
- Vamos – Azariel soltó de inmediato la mano de Tanya y Abdón a Leila, su compañera fantasma.
- Gracias, hermanos – sonrió tristemente -. Será mejor que vayan corriendo a La Push si quieren ir al funeral.
Asentí distraído y la vi marcharse seguida de Azariel y Abdón. Llevaba en brazos el cuerpo que una vez ocupó, el cuerpo en que la conocí, la amé… y la lloré y sufrí. El que nos permitió estar juntos.
APOV
Demoramos unos cinco segundos en llegar. Frente a nosotros estaba la tradicional casa roja de los Black. Era tarde, medianoche tal vez. Abdón y Azariel, a mi derecha e izquierda, se veían serios y solemnes, imponentes, y al mismo tiempo un aura de tristeza les rodeaba. Seguramente yo me vería igual, o quizás peor.
Abdón tocó la puerta con suavidad, pero lo suficientemente fuerte para despertar a alguien. Ésta se abrió un par de minutos después, apareciendo un despeinado Sam por ella. Nos miró con cara de malas pulgas (nunca le gustó que lo despertasen, incluso me consta que ha roto una buena docena de despertadores).
- ¿Sí? – gruñó ahogando un bostezo.
- Buscamos a Jacob Black – habló Azariel -. Dile que tenemos lo que más extraña.
Poco después, el metamorfo volvió y nos hizo pasar a la sala, donde el resto de la familia (incluida Leah) esperaba sentada en los sofás. Ocupé el sofá libre de modo que mis hermanos quedaron de pie a mis lados.
- ¿Acalia? – preguntó Emily. Le sonreí con un deje de tristeza. Miré a los dos no-Black – No te preocupes, ellos… les contamos luego del funeral.
- De eso venía a hablarles – descubrí el rostro vacío e inexpresivo -. Un sacrificio útil y necesario, aunque no me hizo la menor gracia.
- Ahora podrán tener el funeral real – Azariel estuvo a punto de sonreír.
- Hace casi un mes fue el otro – informó Billy -. Se cumple en pocos días.
- Sugiero esa fecha – asintieron a mi petición.
- Lo tendremos listo para entonces – aseguró el abuelo -. ¿Irán?
- Ahí estaremos – contesté. Dejé el cuerpo en el sillón después de levantarme y volteé a verlos. Me hacía daño ver el cuerpo así, tan tranquilo que parecía dormido… – pero no nos verán. Por cierto, los Cullen…
- El tratado se ha disuelto – dijo el abuelo levantándose. Hizo un corto asentimiento de cabeza, señal de respeto que correspondí -. La sangre de Ephraim Black reconoce a los Cullen como amigos de la tribu quileute.
- Gracias, Jacob – lo abracé durante unos segundos. Me despedí del mismo modo de los demás y nos marchamos.
El ciclo de los Supremos estaba cerrado. Amen-Ra volvía al trono y Acalia la Inicial daba vuelta a uno de los capítulos más conflictivos de su existencia.
3pPOV – La Push
- … y así como todos descansamos después de un largo día, Isabella ha encontrado reposo… - decía el hombre que oficiaba la ceremonia.
En primera fila estaban los Black, Cullen y los amigos más cercanos de la chica. Unas mujeres sentadas en las filas de más atrás no despegaban la vista del 'joven' Edward Cullen quien, a diferencia de en el primer funeral, se mostraba resignado. Al igual que todos los asistentes.
Durante la primera despedida realizada a la joven, todo había sido desde llanto y gritos de dolor y negación hasta expresiones ausentes, como en el caso del novio de la difunta.
Un mes después, nuevamente estaban reunidas las mismas personas de la ocasión anterior. Sentados en los mismos lugares. Sintiendo el mismo dolor.
Ahora era algo mejor. Entre todos sus amigos (que no eran pocos) se habían organizado para rendirle un tipo de tributo. No habían tenido mucho tiempo, apenas cuatro días, pero era algo alegre, bonito e incluso en ocasiones improvisado. Tal y como había sido Bella. Tan alegre que contagiaba a todos de su humor, de sobrenatural y exótica belleza, y espontánea. Nadie podía imaginar una despedida mejor.
Hasta los medios de comunicación estaban metidos en el cuento. Atendían a todo pero sin intervenir. No habrían podido con la cantidad de personas dispuestas a pegarles un puñetazo si llegaban a molestar o convertir su recuerdo en un payaso de circo.
Una tras otra, varias personas discursearon largamente sobre Bella Black de un modo que a varios se les antojó monótono. Repetitivo.
Casi al anochecer llegó el turno de Edward Cullen. Se levantó respirando hondo y se acercó al pequeño estrado que ocupaba el ataúd. Rozó la fría madera con las yemas de los dedos en una suave y delicada caricia antes de tomar el micrófono.
- No quiero dar un largo discurso. Ella no lo habría querido – comenzó.
Miró disimuladamente hacia los árboles a su derecha al escuchar una risita. La sonrisa de Acalia confirmó sus palabras. Estaba junto a sus 19 hermanos y respectivas parejas en el linde del bosque, encaramada a un árbol como le gustaba hacer.
- Una vez, cuando apenas comenzábamos a salir, me dijo que la vida era demasiado corta para perderla lamentándose de cosas inevitables. Creo que siempre supo que no llegaría a cumplir 19 años. También… pienso que no le importaba. En su último cumpleaños, mi hermana Alice le preguntó cómo desearía que fuera su vida. Contestó que quería ser como una estrella fugaz, vivir rápida e intensamente, causando admiración en todo aquel que la viera (*) – se quedó un momento en silencio y luego sonrió -. Bueno, supongo que cumplió su deseo, ¿no? – todos soltaron risas apreciativas -. Quizás el amor me nuble el juicio, pero… estoy casi seguro que no soy la única persona que la creyó perfecta – todos asintieron y la gran mayoría se sintió enternecida por sus palabras -. Me hizo ver que la vida tiene su encanto, aunque pocas veces lo veamos, y que recibir todo lo que el destino nos depare con los brazos abiertos y una sonrisa sincera es el mejor remedio para cualquier desgracia. Y, aunque ya no esté con nosotros, su alegría y su… energía – todos rieron sabiendo que se refería a la hiperactividad que guió su vida – estarán siempre con nosotros. Dinamita pura le llamó alguien. El llanto está demás, saben tan bien como yo que ella detestaba las lágrimas. Solo… estemos felices porque vivió más intensamente que el grueso de las personas mayores y logró, quizás, más de lo que quería. Vivirá siempre en nuestra memoria.
Después de eso, todo pasó con impresionante celeridad. Cinco o seis discursos más, un nuevo tributo, dos discursos más, un último festejo y bajaron el ataúd donde (ahora sí) reposaba el cuerpo de Bella Black entre alegres tonadas (y otras no tanto, pero qué se le va a hacer, eran sus canciones favoritas).
Nadie se dio cuenta de la ridiculez que era el que se hubiera conservado perfectamente durante todo un mes. Tampoco nadie notó las faltas de heridas que el oso habría provocado en la versión oficial. Estaba tan tranquila y limpia que parecía dormida. A nadie le importó que la historia no encajara con los hechos. Simplemente veían con alegría cómo la chica finalmente encontraba descanso, porque lo merecía.
La multitud se dispersó, poco después también se marcharon los más cercanos, y solo quedaron los Cullen y Denali. Miraban la fría e impersonal lápida sintiendo que algo faltaba. Algo importante.
Arcángeles y parejas se acercaron. Acalia se puso a un lado de Edward y, sin despegar sus ojos azules de los dorados de él, extendió la mano hacia la losa de mármol blanco. Se sonrieron.
Pocos segundos después, no había nadie en el cementerio de La Push. Una brisa bailoteó en torno a la piedra que señalaba la ubicación de la nueva habitante. Pareció sonar el eco de una risa alegre y sincera, tan clara y pura que era comparable a la inocencia de un niño.
Un nuevo ciclo se había cerrado.
Isabella Marie Black
13/09/1987 – 27/09/2005
"Sonríe, porque la vida es muy corta para dejarla ir lamentando lo inevitable"
EsPOV – Plano Vigésimo
Pasaron 200 años terrestres desde que fuera el segundo funeral de Bella. Aún ahora, había quileutes que la tenían presente en su memoria. O más bien, no había quien no la recordara. Una de las principales pruebas estaba en lo que veía a través del lago D'Khali.
Jacob, Emily e Isabella Uley, trillizos de 12 años, encaraban nerviosos el edificio frente a ellos. Un poco más atrás, los hermanos Charlie, Bill y Ephraim (gemelos de 14 y su hermano de 17) Black, les daban su silencioso apoyo.
Era el primer día de clases de los trillizos en la secundaria Isabella Black, ubicada en lo que años atrás fuera el límite entre ambos pueblos, unidos como una ciudad bajo el nombre Taha Aki cien años después de la muerte de Bella.
- ¿Otra vez espiando a los Black, Esme? – me preguntó una voz a mis espaldas. Sonreí y contesté sin voltear ni levantarme de la roca.
- No veo la razón de preguntar si ya sabes la respuesta, Acalia.
Soltó una suave risita antes de sentarse elegantemente a mi lado. Mi mirada se desvió durante un segundo al anillo en el dedo de mi mejor amiga, con el que jugueteaba distraída en una especie de tic que adquirió con el paso de los años.
- No sé dónde está Edward – dije volviendo mi vista el enorme lago.
- Da igual, seguramente está con Herodes y Azariel. Está loco con su nuevo poder.
- ¿Qué puede hacer ahora? – pregunté aguantando una risa.
- Mover cosas con la mente – rodó los ojos, exasperada por la actitud infantil de su marido -. Como si fuera muy sorprendente. Ya se lo había dicho hace algún tiempo, pero para variar no me hizo caso. Ser un ángel lo tiene en las nubes – nos reímos por la ironía del asunto.
Las parejas de los Arcángeles, la mía y yo misma éramos considerados 'Ángeles'. Los 21 eran como yo al momento de renacer. Es decir, no teníamos necesidades como el alimento, el descanso o el sueño, usábamos las túnicas blancas, teníamos los collares con nuestras 'influencias' y… bueno, éramos nuestras expresiones de alma, no las corporales. El haber revivido era lo que me hacía un Ángel como los demás. A ellos hacía 152 años los obligaron a tirarse al lago D'Khali. Desde entonces se me habían unido en el entrenamiento, que yo había terminado hacía solo una década.
Todos estaban 'casados'. La verdad era algo complicado aplicar conceptos tan humanos en Ángeles y Arcángeles.
Acalia era, definitivamente, mi mejor amiga (ella no tenía 'mejor amiga', de hecho la única preferencia que tenía entre sus cercanos era con Edward). Pasábamos horas dando vueltas por el plano, siempre que tuviéramos tiempo libre, sea conversando, 'luchando' o simplemente en silencio. Con ratos libres me refiero a cuando nuestras respectivas parejas estudiaban, entrenaban o hacían el payaso. Y sí, Carlisle Cullen seguía siendo mi pareja. El mismo Carlisle, antiguo vampiro como Edward, Tanya, Louis (pareja de Aurora), Jasmine (la pareja de Herodes) y yo. En ocasiones Alice, Tanya o Rosalie se nos unían cuando sus parejas se comportaban como las nuestras.
Una parte de la personalidad de Bella continuaba viva en Acalia, haciéndola bastante bromista, traviesa, juguetona y enérgica. Edward había sacado a la luz su lado más infantil, y no conocía otra pareja como ellos. Estaban perfectamente equilibrados, pero no en el sentido de Alice y Jasper o Emmett y Rose, sino que eran igual de alegres y ambos sabían en qué momento dejar de serlo.
- Carlisle te estaba buscando – comentó justo cuando los trillizos Uley entraban a su primera clase.
- Que siga haciéndolo – repliqué. Rió entre dientes.
- Estar tanto tiempo conmigo te está haciendo mal, Esme. A propósito, Alice y Rose nos esperan para devolverle la mano a Tanya – me reí recordando la última jugarreta de la 'cuñada' de Acalia, que había terminado en dos vampiresas enojadas y dos Ángeles divertidos.
- ¿Y nada a Edward? ¿Lo perdonaron? – me sorprendí.
- Nah. Ya se la cobré – se encogió de hombros y se levantó con inconsciente y natural gracilidad -. ¿Vamos?
- Adelante.
Nos encaminamos a la cabaña que Alice y Jasper compartían en la zona 'mediterránea' del Plano. Por el camino, pensé en lo mucho que había cambiado el mundo desde que los Arcángeles retornaran al poder.
Sin vampiros (los últimos 'vivos' estaban con nosotros en el Plano Vigésimo, y de todos modos no se alimentaban de humanos) no eran necesarios los metamorfos por lo que el gen de Taha Aki había 'muerto'. Los licántropos ya tampoco existían, aunque nunca he tenido clara la razón.
No había guerras, ni matanzas. Tan solo hechos aislados para mantener el equilibrio entre los Veinte, pero nada más allá.
Bueno, no era espectacular… pero poseía todo el equilibrio y los períodos de tranquilidad que en 9000 años no habían existido.
A mi parecer, el mundo no era perfecto sino verdaderamente inmejorable. Y así seguiría mientras Amen-Ra se mantuviera unido y en el trono, lo que no cambiaría… al menos durante los próximos 4 millones de años.
FIN, SNIF-SNIF
(*) Esto lo tomé prestado del capítulo 11 del Harry Potter Fanfic 'Matrimonio y Mortífagos'. Por si las moscas, lo dice Sirius Black en su carta a Harry y Ginny, por lo que esta frase (pregunta y respuesta) no son de mi autoría, sino de LaPlumadelFenix.
Un par de puntos antes de despedirme:
1.- Poll en mi perfil para ver la siguiente historia que subiré a la red. Cerraré el 30 de septiembre y la nueva historia irá por ahí por la primera semana de octubre.
2.- Hasta volver a la red, estaré editando mis historias. Nada serio, solo cosas que a mí como autora no me encajan. La esencia de los fanfics seguirá igual, de todos modos.
3.- Alguien por ahí me pidió subir un par de prefacios para saber qué votar. Quienes quieran lo mismo, díganme la historia en que quieren un adelanto (aunque sea por PM, no que me haga gracia).
Y, pues... eso es todo.
ARCÁNGEL
AYLA HALE CULLEN
