Cap. 18: Tierra trágame

Los chicos estuvieron burlándose de nosotros todo el camino de vuelta. Quil, Embry y Paul se transformaron y volvieron rápido a la reserva para volver a convocar el consejo con la esperanza de que esta vez sí que pudiésemos llevarlo a cabo. Yo esperaba que sí, que ya no hubiese más malentendidos, porque prácticamente desde que nos habíamos conocido nuestra historia había sido un malentendido tras otro. Esperaba que después de haberle explicado toda la historia ya nunca más nos distanciáramos por nada o al menos si hay un malentendido que nos diéramos tiempo a solucionarlo antes de alejarnos.

Cuando llegamos al consejo ya estaban todos: los ancianos, las chicas… Nada más llegar pude ver como los ancianos me miraban y se sonreían por lo bajo. Mi madre tenía las mejillas sonrojadas y me miraba con una sonrisa y Billy y Quil Ateara Senior se miraban entre ellos y tenían sonrisas cómplices.

¿Qué estaba pasando aquí? ¿Por qué todos me miraban así?

Entonces Rachel me miró y me dijo:

- ¿Una tarde movidita Leah?

Entonces todos se echaron a reír

Oh no

Entonces me di cuenta… ¡Paul! Les había contado lo que pasó a todos y por eso me miraban así. Mi rostro se puso rojo como un tomate. Estaba deseando con todas mis fuerzas que se abriese un agujero en el suelo y me tragase.

Entonces sentí como unos brazos me envolvían por detrás.

- Tranquila Leah, todo estará bien. – me sonrió de forma tranquilizadora y sentí como me tranquilizaba automáticamente. Lo que tuviera que pasar lo afrontaríamos juntos.

Entonces Paul miró a Joel y dijo:

- Pero tío ¿Qué hiciste? ¿Qué son esos pantalones que traes? Pensamos que ibas a desfilar aquí tu nueva colección primavera-verano. O no me digas más Leah te los arrancó directamente… – dicho esto todos se comenzaron a reír como locos. Embry y Quil estaban literalmente tirados en el suelo con un impresionante ataque de risa.

Miré a Joel y vi que estaba súper avergonzado. Él no les conocía demasiado y no estaba acostumbrado a sus tonterías, así que decidí interrumpir y dije:

- Bueno ¿volvemos a suspender el consejo o hablamos de temas serios?

Inmediatamente todos se pusieron serios y comenzaron a contarle a Joel las historias de la tribu, todas las cosas que habíamos descubierto nosotros y las batallas que habíamos librado.

Joel estaba impactado, parecía que iba a salir corriendo en cualquier momento. Al no estar familiarizado con las historias se le hacía más difícil creer que todo era real. Simplemente se quedó callado y dijo que necesitaba tiempo para asimilarlo todo.

Al acabar el consejo todos volvimos a casa. Joel se ofreció a acompañarme y yo accedí gustosa, no había nada que quisiera hacer más que estar con él.

Íbamos abrazados cuando le pregunté:

- Bueno ¿qué te pareció todo lo que te contaron en el consejo? Te quedaste muy callado…

- Si te digo la verdad aún estoy alucinado, es como cuando sueñas situaciones extrañas y por la mañana te ríes de las tonterías que puedes llegar a soñar. –rodó los ojos.

- Sí lo entiendo. A todos nos costó un poco asimilarlo y eso que llevamos escuchando las historias desde niños. Para ti supongo que será aún más difícil.

- Bueno, más que difícil es raro. Aunque me gusta la idea esa de vivir para siempre. Sobre todo sabiendo que tú podrás vivir para siempre conmigo.

Al oír esto mi corazón me dio un vuelco, desde que me había transformado la primera vez había estado segura de que en cuanto fuera capaz de dejar de transformarme volvería a ser una chica normal e iría envejeciendo. Pero ahora la idea de vivir para siempre con Joel me sonaba perfecta. Era justo lo que cualquier persona soñaría.

- ¿Sabes? Me encanta la idea de vivir contigo para siempre

Con una sonrisa me lancé a sus labios y le besé con todo mi amor, él me devolvió el beso gustoso apretándome más contra él.

Era increíble todo lo que amaba a este hombre, no quería separarme de él. Cuando llegamos a mi casa me paré en la puerta y él suspiró, pude ver en sus ojos que estaba igual que yo. En otras circunstancias le habría metido en casa a escondidas para dormir abrazada a él pero claro, tenía un hermano con muy buen olfato y una madre que estaba deseando bombardearme a preguntas. Estoy segura de que lo pillarían y nos harían pasar tanta vergüenza como esta tarde así que tuve que despedirme…

- Buenas noches

- Buenas noches princesa, sueña conmigo

- Eso siempre

Le di un dulce beso de despedida y entré en casa.

Nada más cerrar la puerta suspiré ¿Cómo era posible que ya lo extrañara?

¿Leah desde cuando te volviste tan cursi? me dije a mí misma. No tenía respuesta a eso, solo sabía que era una cursi y me encantaba la idea.

Al llegar al salón me encontré dos personas sentadas en el sillón mirándome suspicazmente.

Por segunda vez en la noche deseé que la tierra se me tragase.

- ¿Leah por qué no te sientas con nosotros? – me dijo mamá

- Estoy un poco cansada, necesito dormir ya hablamos mañana - intenté escaquearme hacia mi cuarto.

Curiosamente no se opusieron. Llegué a mi cuarto, me puse el pijama y me acosté.

Un rato segundo después vi abrirse la puerta, entrar a dos personas corriendo y lanzarse a mi cama.

- Si prefieres podemos hacerlo aquí – me dijo mamá con una sonrisa – Vamos Leah cuéntale a tu madre todos los detalles.

- ¿Detalles? No hay nada que contar, estoy segura de que Paul solo contó mentiras.

- Pues cuéntanos tu versión para que podamos contrastar – me dijo mi hermano

- Seth ¿desde cuándo eres un cotilla? – ver a tu hermano pequeño insinuarte ciertas cosas era realmente incómodo.

- Queremos saber cómo es que tienes esa sonrisita boba en tu cara, hace años que no te la veíamos déjanos aprovecharla un poco.

- ¡Sois imposibles!

Empecé a contarles como nos habíamos imprimado y las cosas que habían pasado ya que ellos solo nos habían visto correr del consejo una y otra vez. Mi madre pedía más detalles jugosos sobre como habíamos llegado a la escena con que se encontraron los lobos y entonces Seth se fue corriendo alegando sobrecarga de información.

Me alegró contarle todo a mi madre. Ella siempre estuvo escuchándome y apoyándome, quería también compartir mi felicidad con ella. Al menos ahora no creía las barbaridades que contó Paul (al que por cierto voy a matar cuando le pille) y estaba súper feliz por "tener a la antigua Leah de vuelta". Y ¿para qué engañarnos? Yo también estaba encantada de tenerme de vuelta a mí misma, todo el rencor y el odio había desaparecido de mí. Ahora por fin podría ser feliz.