MIMABELLS TE DEDICO ESTE CAPITULO GRACIAS POR TUS REVIEWS NOS LEEMOS ABAJO ;)Capítulo 10

El sol ya se ocultaba cuando hicieron el corto y empinado ascenso hacia Masen desde el puerto que se encontraba a sus pies. La galera había sido anclada a medio camino de la carretera y luego la habían asegurado con bloques de madera. Bella eligió caminar por detrás de Edward, con la esperanza de tener alguna privacidad para sus pensamientos, aunque deseaba entrar en las murallas de Masen antes de que oscureciera. Ningún día pudo haber sido más largo. Había habido una impresionante revelación después de otra, sin un respiro. Estaba mental y emotivamente exhausta.

Bella miró hacia el puente levadizo y la caseta del guarda. En otra hora o así oscurecería. El deseo de Bella se encendió. Y Edward lo supo, porque hizo un alto y se volvió a mirarla.

Ya no había ninguna decisión que tomar acerca de su relación. Ella le deseaba intensamente, tanto que casi le podía sentir dentro de ella, caliente y duro, una fricción enloquecida. Sentía una atracción atemorizante por él, una que ya no creía poder resistir, aunque quisiera. Pero no quería resistirse. Esa no era la cuestión.

Su mundo había cambiado. No sabía si iba a vivir mucho tiempo más, y los valores a los que se había aferrado durante toda su vida parecían frívolos ahora. Esperar amor cuando estaba con un hombre como Edward era absurdo, dada la probabilidad de que el resto de su vida fuera a ser realmente corto, a pesar de lo que había dicho Carlisle.

Ella había tenido tiempo para pensar en ello. Si él hubiera visto su muerte inminente, no se lo hubiera dicho. Eso sólo podría conducir a hacer realidad la profecía. Y Bella estaba bastante segura de que, a menos que recibiera superpoderes, no iba a sobrevivir mucho tiempo a un cazador como deamhan. El Deamhanain era jodidamente demasiado fuerte.

Por lo que respecta a su enamoramiento de Edward, lucharía contra la ridícula necesidad de amor de su corazón antes de tener sexo. Y si se equivocaba, qué más daba. Un corazón roto no parecía el peor trato. Parecía bastante mundano, de hecho.

Los hombres desaparecieron tras la caseta del guarda. Edward la esperó junto al puente levadizo. Cuando ella llegó a su altura, sus ojos grises brillaron con anticipación. Bella pasó de largo. Agudamente consciente de él detrás de ella, cruzó la caseta del guarda y el muro exterior del castillo. Los hombres torcieron hacia el vestíbulo y se oyeron los gritos de alegría de algunos niños cuando lo hicieron. Bella estaba aliviada por estar dentro de la muralla, más aún cuando observó que levantaban el puente levadizo, y el rastrillo caía de golpe. Edward sonrió con tanta promesa que su corazón dio un vuelco como respuesta, como si dijera "mala suerte". Su mundo había cambiado pero a su corazón no parecía importarle.

Ella siguió a Ironheart hacia el vestíbulo. Edward se detuvo para cerrar la puerta principal tachonada detrás de ella, y su mirada ya no estaba dirigida a ella. Bella se quedó muy sorprendida al ver a Jasper sentado frente al fuego. Cuando todos entraron en la habitación, él se levantó, ondeando los cuadriceps e hinchando los bíceps.

Edward dio una zancada hacia delante, reuniéndose con Jasper a medio camino del vestíbulo, claramente sorprendido de verle.

— ¿Qué te hizo regresar?

Jasper dijo, con tono evasivo:

—Decidí que estaría bien hacer una visita a Emmett. Me uniré a ti mañana.

Bella vio la expresión de Edward volverse tan vacía como la de Jasper. Se preguntó qué diablos iba a pasar.

Ella vaciló. Ambos, Seamus e Ironheart, se habían sentado en los bancos de la larga mesa, con sendas jarras de vino. Ella podía oler la pieza de caza asada y supo que la comida estaba a punto de ser servida, y que a pesar de sus preocupaciones, se moría de hambre.

Pero Ironheart seguía haciéndola sentirse inquieta. Había sentido sus ojos en ella repetidamente durante el viaje de regreso a Mull y sabía que a él no le gustaba ni confiaba en ella. Ahora, ella le sonrió, sirviéndose también una jarra grande de clarete.

— ¿Puedo? —preguntó Bella.

—Lady Bella, por supuesto que podéis sentaros. Sois la invitada de Edward.

Bella se sentó frente a él, consciente de que Edward la miraba.

—Gracias.

Ironheart la miró.

— ¿Por qué deseáis ir a Awe con Edward?

Bella enfrentó su mirada directamente.

— ¿Por qué no?

—Puede haber batallas por delante.

—Puedo protegerme. —Bella hizo una mueca. Necesitaba un arma. Pero Edward no parecía muy preocupado por enfrentarse a Emmett, y eso era reconfortante. Por otra parte, nada era reconfortante con el conde de Aro. Bella se había enterado que era el Defensor del Reino, el equivalente escocés a comandante en jefe—. Refréscame la memoria, ¿quién es el rey?

Ironheart le dirigió una extraña mirada.

—Jacobo es el rey y antes de que preguntéis, su reina es Juana Beaufort.

— ¿Están en nuestro bando o en el de ellos?

—El rey ha pasado la mayor parte de su vida como rehén del rey Enrique V en Inglaterra. Él tiene un solo bando, el suyo.

Bella dedujo que las palabras de Ironheart querían decir que el rey Jacobo era humano. Si había pasado la mayor parte de su vida en la corte inglesa, estaba probablemente interesado en su propio poder y su propio trono. La mayor parte de los reyes de Escocia habían tenido enormes problemas para mantener bajo control las Highlands. Eso explicaría la llamada.

Por otra parte, existía una nueva fuente de poder, y era maléfica. A ella no le gustaba dónde se encaminaban sus ideas, pero todo lo que Jacobo tenía que hacer era vender su alma y el reino sería suyo, con Aro al frente de sus tropas.

Aro estaba ya allí.

Sus sienes latieron. Tal vez Jacobo había vendido su alma ya.

—Necesito un arma —dijo muy seria, levantando la mirada. Ir a Awe desarmada era una locura—. Necesito una daga, y Edward debe enseñarme cómo usarla.

— ¿Y eso en qué os ayudará, muchacha?

Otro machista medieval, pensó ella. Optó por no molestarse en ponerlo al tanto sobre la condición de las mujeres modernas.

—Bien, estaba pensando en permanecer viva, y defenderme cuando mi protector no esté cerca. Y está el pequeño problema de los Deamhanain. Parecen aparecer de pronto, whoops, fuera del tiempo , y no quisiera volver a enfrentarme a Angela otra vez. —Eso era quedarse muy corta. ¿Pero si no podía vencer a Angela, una humana poseída por el mal, cómo podría atrapar nunca al demonio que había asesinado a su madre?

—Muchacha, nunca encontrareis al deamhan que mató a vuestra madre. Dejádselo a un Maestro.

—Antes arderé en el infierno —dijo Bella suavemente—. Sólo necesito herramientas, armas, conocimiento. ¡Y es una grosería leerme la mente!

Ironheart se quedó mirándola. Entonces habló severamente.

—Si Edward no os enseña, yo lo haré.

— ¿Tu? ¿Por qué harías tal cosa? —dijo con incredulidad.

—He pronunciados los mismos votos que Edward, Bella. Es mi deber protegeros. Si se os ocurre cazar un deamhan, entonces necesitáis alguna habilidad. Pero —añadió misteriosamente—, no tendréis éxito sola. Deberíais convencer a Edward de vuestra causa.

Ella ya había llegado a esa misma conclusión.

—Gracias.

Su atención se desvió cuando dos mujeres comenzaron a colocar humeantes bandejas de carne y pescado encima de la mesa. Ambos hombres comenzaron a llenar sus platos de caza y pescado.

La de Bella también fue desviada, pues Edward y Jasper venían a sentarse. Jasper la sonrió.

Hallo a Chlaire.

Hallo a Rhuari —respondió velozmente en gaélico.

Su sonrisa se amplió.

¿Ciamar a tha sibh?1

Bella había oído esta locución varias veces en el pasado. También había oído la respuesta.

Tha Gu math2 —dijo ella.

Unos sonriente Jasper y Edward empezaron a mirarla fijamente. Jasper murmuró:

—Y también podríais decir, Tapadh Leibh3.

Él estaba coqueteando. Bella no le prestó atención, ¿y por qué iba a hacerlo? Su pecho ondeó bajo la túnica y sus bíceps se hincharon. Hoy vestía un enorme y ancho brazalete de oro en su brazo izquierdo, uno con una cruz de cuarzo amarillo en el centro. Además, tal vez era sólo la mitad de machista que Edward. Ella podría necesitar a un aliado sobre el terreno.

Tapadh leibh —dijo ella.

Él sonrió, revelando el hecho de que tenía hoyuelos, también.

—Tenéis buen oído, muchacha —murmuró él.

— ¿Me has preguntado cómo estoy?

—Sí, y habéis dicho, "Bien, os lo agradezco". —Sus ojos grises eran cálidos, demasiado cálidos.

Edward se sentó al lado de Ironheart, frente a ellos, sus ojos se estrecharon. No estaba complacido.

—Por supuesto, si tuviéramos confianza —dijo suavemente —os preguntaría de forma diferente. ¿Ciamar a tha thu?4

Definitivamente, coqueteaba. Y Edward estaba celoso. Bella estaba encantada. Ella también entendió. Había percibido bastante gaélico en el pasado.

— ¿Tha Gu math, tapadh... leat5?

Los ojos de Jasper brillaron.

—Aprendéis rápidamente, muchacha.

Edward golpeó con su puño sobre la mesa.

—Y yo seré el único que le enseñe a partir de ahora.

Bella sonrió abiertamente, disfrutando de sus celos primitivos. Había un lado bueno en el machismo medieval.

—Pero Ironheart ya se ha ofrecido a enseñarme cómo pelear con una daga y una espada —dijo inocentemente, agitando sus pestañas hacia él.

Ironheart se sofocó.

Edward enrojeció.

—Infiernos. Ya discutimos esto. Acabarás muerta. Ya sé que deseas enfrentarte al Deamhanain, Bella, pero no puedes. Eres una mujer, y una mortal además.

Bella se puso totalmente seria.

— ¿Piensas que creo que tendré éxito? ¡Pero tengo que intentarlo! Mis días están contados, lo sé. Pero haré lo que tengo que hacer. ¡Por eso debes ayudarme enseñándome lo que necesito saber!

Edward recobró la compostura.

—Muchacha. Eres demasiado valiente para tu propio bien.

Él quería decir eso, y si bien estaba equivocado, su alabanza no la conmovió.

— Edward, no soy valiente. Tengo miedo. Pero necesitáis intentar verlo desde mi punto de vista.

—Un guerrero sin miedo es un hombre muy tonto —dijo Edward —. Los hombres pelean porque son fuertes. Las mujeres permanecen a salvo detrás de las murallas para tener niños. Así es como funciona el mundo. Si puedo, cuando terminemos aquí, encontraré al deamhan que asesinó a tu madre.

Ni siguiera iba a intentar escuchar lo que le decía, pensó ella. Bella se tomó un momento para responder.

— ¿Está eso en tus votos? ¿Piensas protegerme cuando salga porque juraste hacerlo? Porque cuando regrese, mi vida es asunto mío.

Su mandíbula se endureció.

—Te he dicho una y otra vez que no deseo verte morir.

Ella alcanzó su mano a través de la mesa.

—No me entiendas mal. Agradezco la protección que me has brindado, Edward, de verdad. Pero podría tardar años en encontrar al demonio que mató a mi madre y estas muy ocupado aquí mismo en 1427. —Ella vaciló—. Sé que nunca me entenderás, lo que quiero, lo que necesito, lo que tengo que hacer, o a mi mundo. —La comprensión dolió.

La cólera inundó sus ojos grises.

— ¡Ah, muchacha, eres arrogante otra vez! ¡Es muy molesto!

— ¡Me oyes, pero te niegas a escuchar una palabra de lo que digo! —gritó ella, contrariada al darse cuenta de la extensión del abismo cultural entre ellos—. Ni siquiera es la costumbre en este mundo, Edward, porque en pocos años en Francia, Juana de Arco guiará a su ejército en combate contra sus enemigos. Y en tiempo de tus antepasados, las mujeres fueron grandes guerreras, peleando junto a sus hombres. En mi tiempo, las mujeres son soldados. Van a la guerra y pelean y mueren al lado de los hombres.

Edward dijo suavemente, peligrosamente:

—Mientras me quede un aliento de vida, te mantendré a salvo. Hice el voto de proteger al Inocente y tú eres mi Inocente, Bella. Incluso cuando me dejes, eso no cambiará.

Se tensó, porque se había referido a ella regresando a su tiempo de una forma muy personal. Y supo que había topado contra una pared del ladrillo.

—Hay una última línea. Si quieres protegerme hasta la muerte, supongo que no te puedo detener. Pero mi vida me pertenece. Si quiero vengar a mi madre, nadie me puede detener. Ahora que sé la verdad, ¿cómo puedo quedarme quieta y no hacer nada? Si ese demonio está vivo, tengo que intentar vengar a mi madre. Harías la misma maldita cosa por la tuya.

Edward palideció.

Y Bella supo que había dicho algo terriblemente malo, porque los otros tres hombres en la mesa enmudecieron. Abruptamente todos dirigieron su atención a sus platos, excepto Edward. Ella lo miró y vio que estaba afligido.

— Edward —dijo cuidadosamente—. Lo siento. Sea lo que sea que dije, fue un error. —Pero no tenía ninguna pista de lo que había hecho para contrariarle así.

Edward apartó a un lado su plato vacío. Por un momento clavó los ojos en ella, luchando claramente con sus emociones, y luego se levantó. Salió andando hacia la noche.

Bella miró a los hombres.

— ¿Qué ha ocurrido?

Jasper dijo suavemente:

—Su madre es un punto sensible, muchacha.

Bella se quedó completamente desconcertada. Luego dio un salto y corrió tras él.

Fuera, era noche cerrada, la oscuridad de las Highlands repleta de un billón de estrellas brillantes. Vio a Edward subiendo por las escaleras de las murallas. Quería estar solo, estaba segura. Bella fue tras él de todas formas.

—Ahora no, muchacha —dijo, sin darse la vuelta, mientras miraba fijamente hacia el océano, una brillante extensión de ébano.

Bella se detuvo detrás de él.

— ¿Puedes contarme lo que dije para afligirte así?

—Tienes razón. La venganza es lo más adecuado. Eres un guerrero de corazón, y ardes en deseos de vengar a tu madre.

Bella se humedeció los labios.

—Glenna me dijo que tu madre era inglesa, pero eso fue todo. ¿Es por tu madre, o por tu padre?

Un manto de silencio.

—Es por ambos.

Y Bella supo que algo terrible había ocurrido. Tomó su mano y la apretó.

Él se encogió de hombros.

—Aro violó a mi madre —dijo repentinamente, en voz baja—. Cuando estaba prometida.

Bella se aseguró de no quedarse sin aliento, pero estaba horrorizada. Y luego se asustó.

—Aro no es tu padre biológico, ¿verdad?

Su mandíbula se tensó.

—Nací tres años más tarde, Bella. No. Soy el hijo de Brogan Mor.

Bella se mordió el labio, más aliviada.

— ¿Fue un crimen por placer?

Él negó con la cabeza.

—Fue una violación. Una violación brutal, sádica, dañina. Fue tortura, Bella. Aro violó a lady Mairead cuando mi padre se fue a la guerra, muchas veces. Pudo haberla asesinado, pero quiso conservarla, empeorar el tormento. Mi madre intentó ahorcarse, pero su criada la encontró a tiempo —añadió él, las ventanas de su nariz se ensancharon—. Ahora está en un convento.

Bella sintió caer las lágrimas.

— ¡Lo siento! ¡Es una historia terrible!

Él la enfrentó, con los ojos brillantes.

—Yo no conocía la verdad hasta que hice mis votos. —Su risa fue ruda, fiera—. A la noche siguiente, mi tío me dijo exactamente por qué Aro era mi enemigo mortal. Y me rogó que dejara tranquilo al hombre que violó a mi madre —dijo sarcásticamente.

Bella comenzó a darse cuenta de lo que sucedió.

—Oh, Dios. Entonces fue cuando fuiste tras Aro. ¿Y él jugó contigo? Fue cuando luchaste, cuándo casi moriste, cuándo te tendió una trampa con la mujer.

Se volvió hacia ella, su expresión era áspera, cruel.

—Mi padre se pasó la vida buscando venganza y falló. Busqué venganza. Fallé. ¡No quiero verte violada, Bella, o algo peor! No quiero ver como mueres.

Bella enjugó una lágrima errante, su corazón se rompía por él, por su madre y su padre, pero el temor floreció. Aro no mató a Mairead, quiso que pasase toda una vida sufriendo. Y la había usado como cebo para la trampa que había colocado para Edward.

Él dijo roncamente,

— ¿Lo comprendes? Debo protegerte. No puedo fallarte.

Bella tragó saliva.

—Sí. Entiendo. — ¿Aro había terminado con los Masen, o no? ¿Había terminado con Edward?

Su mirada mantuvo la de ella.

—Tu mundo puede ser diferente. Yo no lo comprendo. Pero en mi mundo, protejo a las mujeres. En mi mundo, te protejo a ti. O muero en el intento. —Se suavizó—. ¿Me permitirás protegerte, muchacha?

Bella inclinó la cabeza, abrumada. Pero no podía cambiar de idea acerca de lo que tenía que hacer. Ella no era Mairead, o cualquier otra. No importaba cuán fuerte fuera Edward, no podía confiar en él como si fuera una mujer de siglo XV. No tenía más opciones, ya no. Tal vez Edward tenía razón en una cosa. Tal vez en su corazón, era una guerrera, porque tenía que conseguir la venganza.

Pero no iba a discutir. Él nunca cambiaría de idea, eso ahora estaba claro. Estaba lleno de culpabilidad, y su fracaso en vengar a su madre era algo con lo que viviría para siempre. Salvo que el hombre de pie en la oscuridad frente a ella ardía con determinación.

—Eras joven e impulsivo —dijo ella apretando los labios—. Pero ahora es diferente, ¿verdad?

Sus ojos titilaron; él apartó la mirada.

— ¡Oh, Dios! No ha terminado. Esperas tu oportunidad. Nunca descansarás, no hasta que hayas vencido a Aro o de alguna forma haya pagado la deuda, da igual.

Él la enfrentó, sus ojos grises ardían.

—Un día, nos encontraremos de nuevo. Puedo morir. No me importará. Porque le llevaré conmigo, esta vez.

Bella se aterrorizó, no por sí misma sino por Edward.

— ¿Tu poder es igual al suyo? —Ya sabía la respuesta—. Los Maestros no han tratado de vencerle durante siglos. ¡Dos errores no hacen un acierto!

—El día llegará —dijo él, tan suavemente que sintió escalofríos—. No temas por mí. El día en que yo muera, si Aro muere, estaré complacido Bella, muy complacido.

Bella no podía hablar. Machista sin remedio, héroe sin remedio. Maldita sea, él era el que iba a morir.

Él extendió la mano.

— ¿Puedes tener algo de fe en tu hombre, muchacha?

Su hombre. Ella miró hacia arriba y él encontró sus ojos, su mirada intensa la recorría.

—Tengo fe. Sólo estoy algo preocupada.

Su sonrisa comenzó, tan suave y tan hermosa que la dejó jadeante.

—Ah, muchacha, te preocupas por mí. —Su agarre se tensó—. Pero aun así te opondrás.

Ella se mordió los labios. No era una pregunta y ambos lo sabían.

—Algunas veces —dijo cuidadosamente, su corazón latía tan fuerte que pensó que iba a estallar—, una diferencia de opinión entre un hombre y una mujer es algo bueno.

Él la abrazó con otra conmovedora sonrisa.

—Sí —susurró—. Algo muy bueno. Preocúpate por mí, Bella. Deja que me preocupe, deja que luche, deja que te complazca... ahora.

Estaba sus brazos, sus senos aplastados por su pecho de hierro. La noche era terciopelo en su piel desnuda, su mejilla. Y Edward estaba tan duro como una piedra contra su vientre, su cintura. Eso era, pensó a pesar de todo. Y ahora, sólo había una conclusión posible para sus opuestas visiones del mundo.

— Edward —respiró.

Su mirada se movió sobre su cara, sus grandes manos se deslizaban sobre su espalda. Él sonrió, tocando sus labios con su boca, una sola vez.

—Sí, muchacha, entiendo lo que necesitas de mí. Y sé lo que necesito de ti.

Bella inspiró cuando sus manos se deslizaron más abajo, atrapando firmemente su trasero por encima de la falda vaquera y la túnica de lino, atrayéndola contra una erección muy impresionante.

—Oh. —Su excitación la hacía arder, incluso a través de sus ropas.

Recorrió con la lengua su labio inferior. Bella se quedó sin aliento, mientras sus manos exploradoras se movían hacia abajo, bajo el tartán y la túnica, sobre su minifalda, las puntas de sus dedos peligrosamente cerca de donde ella deseaba que estuvieran, en la parte posterior de sus muslos desnudos. Él lamió sus labios, la punta de su lengua bajando en intensidad, murmurando,

—Todavía lleváis puesto el harapo.

—Es... una... falda.

—No —respiró él. Y tomó su boca con la suya.

Bella se olvidó de todo excepto del hombre que quería. Gimió de placer, agarrándose a sus enormes hombros cuando él le dio la vuelta, presionándola contra la pared, su boca firme y dominante, obligándola a separar los labios para él. Su lengua se introdujo profundamente. Si podía hacerla latir casi hasta el clímax con la lengua bajando por su garganta, ella sabía que moriría e iría al cielo cuando hicieran el amor.

El calor que la recorrió, inflamando su sexo hasta lo imposible, era tan fuerte que apenas podía soportarlo. Pero antes de que pudiera rogarle que la llevara a la cama o la tomara allí, contra la pared, él extendió las manos entre ellos, bajo su falda. Al momento sus dedos encontraron su carne turgente, acariciándola allí. Echó la cabeza hacia atrás y sollozó cuando el placer estalló sobre ella. Y luego sintió su macizo miembro, desnudo, caliente y resbaladizo, presionando contra sus labios inflamados. Él se frotó hacia delante y atrás, respirando con dificultar, y ella clavó los dedos en sus hombros, retorciéndose enloquecida, enervada por tanto placer. Él agarró su muslo, ayudándola a envolverlo alrededor de su cintura.

Presionando el rostro contra su oreja, murmuró:

—Agárrate fuerte. —Y empujó dura y profundamente.

Húmedo, caliente, enorme. Bella se quedó sin aliento, cegada por tener a Edward finalmente dentro de sí, dilatándola. Su tamaño era impresionante, y sintió el poder ardiente en su erección. Bella sintió comenzar un clímax violento, causándole un dolor agudo al principio, rodando sobre ella en ondas más y más grandes. El placer se elevó hasta lo imposible, hasta que sólo hubo un éxtasis loco, espasmo tras espasmo, mientras él lenta y deliberadamente movía su ancho y largo miembro dentro de ella. Él se quedó sin aliento y ella sollozó y se excitó más.

Edward comenzó a empujar con verdadera urgencia. Las ondas siguieron creciendo. Bella pensó que podría morir. Esto debía ser a lo que se refería, placer en la muerte. Ella se desharía una y otra vez en un universo negro de éxtasis y nunca saldría. No quería regresar de nuevo a la realidad.

Edward se quedó sin aliento. Ella le sintió expandirse, alargarse, explotar. La semilla caliente salió a borbotones, yendo hasta el fondo. Y no se detuvo...

Bella no supo cuánto tiempo estuvo sintiendo las contracciones de múltiples orgasmos o de uno solo interminable, pero en algún punto lejano en el tiempo, su cuerpo finalmente se suavizó, cediendo su ávido agarre de placer, y comenzó a flotar de vuelta a los brazos de Edward. Él besó su mejilla. Aún aturdida, se percató de que permanecía duro y erecto, su cuerpo entero temblaba, como si no se hubiera corrido. Pero eso era imposible, salvo que ella imaginara cosas. De hecho, a menos que el tiempo se moviese diferente aquí, comenzaba a pensar que su orgasmo también había sido extraordinario por su duración.

Él besó su mejilla otra vez y Bella dio cuenta de que estaba montada en su cintura, su trasero clavado en la áspera pared de la muralla. Y lo que era aún más importante, su cuerpo se excitaba de nuevo mientras la mantenía empalada.

—Déjame que te lleve a mi cama, Bella —murmuró con el tono de voz más erótico que había oído nunca.

El deseo resurgió.

—No necesitamos una cama —dijo ella espesamente. No podría soportar ni la más breve separación.

Y él comenzó a moverse dentro de ella otra vez, largo y lento.

—No puedo follarte adecuadamente contra una pared.

Ella sonrió contra su cara. No podía imaginar lo que quería decir.

—Entonces date prisa.

Se apartó, sujetándola mientras ella se apoyaba sobre sus pies.

—Muchacha lujuriosa —murmuró, con los ojos en llamas.

Ningún hombre la había mirado nunca con tanto ardor. Bella se ahuecó, el deseo se anudó en su vientre, sus rodillas se doblaron. Y luego se congeló.

No habían usado protección.

— ¿Bella?

— ¿Debo dar por supuesto que podrías dejarme embarazada? —logró decir.

Instantáneamente, él la atrajo a sus brazos, sonriendo.

—No estás en esa época del mes, Bella. Si lo estuvieras, no te llenaría con mi semilla.

— ¿Qué? —exclamó ella.

—Puedo sentir cuando eres fértil. ¿Puedes imaginar cuántos bastardos tendría un Maestro si fuera de otra manera?

— ¿Estás seguro?

—Estoy muy seguro —dijo él con una sonrisa taimada mientras la bajaba por las estrechas escaleras.

Ella se rebeló.

— ¿Puedes ponerme en el suelo? No soy una pluma. Mido metro ochenta, ¡por amor de Dios!

—Sí, y la mayor parte son piernas. Soy un hombre afortunado, especialmente cuando las tienes alrededor de mi cintura.

Él abrió de una patada la puerta de su cámara, sobresaltando a Bella. Cerrando la puerta de un codazo, cruzó velozmente el cuarto y la colocó sobre la cama. Su sonrisa se transformó mientras echaba a un lado su kilt. Bella se sentó apoyada contra las almohadas, muy interesada ahora. Él sonrió abiertamente, quitándose las botas una tras otra.

—Me gustan tus ojos cuando me miras de ese modo.

Bella no contestó; no podía. Estaba interesada en una cosa: el objeto que le había dado un placer tan extraordinario. Mientras él apartaba la túnica, ella inspiró.

Él se sentó al su lado, riendo.

—No tienes vergüenza.

Ella se humedeció los labios y recorrió con las puntas de sus dedos su increíblemente gruesa longitud. Su sonrisa desapareció. Lo miró directamente a los ojos, luego se levantó abruptamente.

Bella jugueteó con el broche.

Edward se quedó quieto, mirándola. Sus ojos eran plata derretida ahora.

—Me gustan tus ojos cuando me miras de ese modo —susurró Bella. Él no sonreía y ella sabía que él no podía.

Se quitó el kilt y el cinturón, y después tiró de la túnica sobre su cabeza. Se quedó ante él en minifalda y camiseta. Sus ojos eran tan ardientes que esperaba que se desatara un incendio en la habitación.

Él asintió.

—Adelante, muchacha.

Ella tembló, un goteo ardiente bajaba por sus muslos. Eso había sido una orden y en ese momento le agradaron sus modales machistas. Se quitó las botas, su falda se levantó por encima de su trasero cuando se inclinó. Edward no emitió ningún sonido pero ella sintió incrementarse su lujuria.

Se volvió hacia él, quitándose lentamente la camiseta y haciendo una pausa con las manos en el broche a presión de su falda vaquera.

Edward jadeaba con fuerza. Su pene parecía más lleno, más grande, pero eso era imposible.

— ¿Cómo llamas a esa prenda?

—Un sujetador —dijo ella suavemente. Era transparente y de encaje y Edward parecía fascinado. Se desabrochó la falda y la dejó caer al suelo.

La mirada de Edward voló hacia el tanga.

—Date la vuelta —pidió—. Muéstrame toda la prenda.

Bella no se rió. Estaba a punto de tener un orgasmo simplemente estando allí en pie. Dio una vuelta lentamente, y antes de que hubiera terminado, él se colocó detrás de ella, con la enorme erección presionando entre sus nalgas, la boca a un lado de su cuello, las manos contra el tanga totalmente húmedo, cubriendo su sexo. Bella gritó, palpitando contra su palma.

—Eres tan hermosa, Bella —susurró muy serio. Y entonces la levantó abruptamente y Bella cayó hacia atrás contra las almohadas.

Separó sus muslos. Bella sentía cómo su corazón palpitaba y se aceleraba a causa de la salvaje anticipación. A cuatro patas, Edward enfrentó sus ojos con su ardiente mirada plateada.

—Te necesito ahora. Usaré mi lengua en ti más tarde, muchacha. —Apartó el tanga a un lado.

Bella gimió, mirando hacia abajo mientras se disponía a poseerla, latiendo desasosegadamente sobre ella.

—No puedo esperar —se sofocó ella.

—Sí que puedes. —Descendió lentamente y cuándo ella sintió su calor resbaladizo acariciándola, gritó, arañando su espalda.

—Es mejor despacio —respiró él, comenzando a presionar contra ella.

Bella clavó sus uñas profundamente.

—Te odio —gimió.

—Sí, por el momento. —La besó brevemente y luego empezó a entrar lentamente, pulgada a pulgada.

El placer colapsó su mente. No podía respirar. Él sonrió, empujando cuatro pulgadas más, después cinco. Bella sintió como empezaba a estremecerse. Se escuchó a sí misma jadeando y se dio cuenta de que suplicaba, pero él no aceleró su ritmo. Y antes de que él llegase al final, sintió cómo se rompía.

Ella encontró su mirada y mientras él la observaba, se corrió. El éxtasis la atravesó, arrastrándola a ese oscuro universo centelleante donde las ondas de placer se hacían cada vez más grandes, y Bella gritó, abrazando ansiosamente el vórtice.

— ¡ Edward!

Él sonrió una vez, triunfante, y se movió más deprisa, uniéndose a ella en ese loco frenesí.

—Bella, casi ha amanecido.

Bella apenas sintió cómo Edward la dejaba, volviéndose de espaldas a su lado. Inmersa en un estupor de éxtasis y agonía, la tarde transcurrió en una pura pasión hedonista enloquecedora. Hacía mucho tiempo que había perdido la capacidad de pensar. Cerró los ojos, completamente sin aliento, a la espera de cesaran los pequeños temblores de su excitado cuerpo, a la espera de que su corazón se desacelerara al fin.

Y cuando recuperó la coherencia, llegó la incredulidad. Edward era un insaciable aunque soberbio amante, y su gesta en la cama claramente no era humana. Nadie podía excitar y mantener el placer de una mujer como él había hecho durante horas y horas, sin cansarse o flaquear siquiera. Finalmente se dio cuenta de que estaba exhausta. También fue consciente de un nivel de saciedad que era imposible definir. Y había algo más que eso. Su corazón comenzó un pequeño baile dentro de su pecho. ¡No, pensó rápidamente, no te atrevas a ir por ahí!

Eran amantes, eso era todo, y claramente eso la convertía en una mujer muy afortunada.

Lentamente, giró la cabeza para mirarlo a la luz grisácea del incipiente amanecer. E inspiró ante la tierna mirada de sus ojos.

Él tenía un brazo bajo su cabeza y la miraba fijamente.

— ¿Estás satisfecha, muchacha?

Ella tuvo que sonreír.

— ¿Bromeas? —Y antes de que pudiera decirle que no entendía, ella dijo suavemente—: Estoy muy satisfecha, Edward. Nunca he estado tan satisfecha.

Para su sorpresa, él extendió la mano abruptamente y la atrajo hacia su costado, sonriendo de satisfacción.

Bella estaba asombrada. ¿Quería acurrucarse? Presionó la mejilla contra su pecho y fue recompensada con el lento y fuerte latido de su corazón. Sería tan fácil encariñarse con este hombre, pensó.

La mano de él recorrió su brazo en una caricia, luego jugueteó con los mechones de su cabello.

Tha ur falt brèagha —dijo suavemente.

Bella levantó la mirada.

—Dijiste eso en mi tienda. ¿Qué significa?

—Tu cabello es hermoso —murmuró él, manteniéndole la mirada—. Casi tan hermoso como tú.

Bella sintió una ráfaga de placer. Bajó la mano por su magnífico torso.

—Tú eres hermoso.

Él se rió.

—Uno de nosotros necesita estar vestido. —Se levantó, tratando de alcanzar su kilt, que estaba en el suelo.

Bella se enderezó de forma que pudo observarlo abiertamente. Él le sonrió mientras envolvía hábilmente el kilt alrededor de sus caderas desnudas. Asombrada, Bella sintió que se le hacía la boca agua.

—Eso es de lo más sexy.

Él sonrió y regresó a la cama, tomándola instantáneamente de nuevo entre sus brazos.

—Me agrada que te guste mi virilidad. —La abrazó.

El corazón de Bella bailó nuevamente y ella le recordó que se detuviera.

—A todas las mujeres les gusta tu virilidad —dijo con una sonrisa.

—Sí.

Bella optó por no ir por ahí. Acababa de hacer el amor como si no hubiera mañana, de formas que no eran realmente posibles, y estaba flotando de saciedad y felicidad. Si él hacía el amor con otras mujeres de esa forma, no quería saberlo.

—Nunca he deseado a ninguna mujer como te deseo a ti —dijo él en voz baja, claramente había escuchado sus pensamientos.

— ¿No?

—No. —Le levantó la barbilla—. ¿Y tú, muchacha?

Le llevó un momento. Bella se sobresaltó. ¿Se suponía que debía reconocer que nunca había deseado a un hombre como lo deseaba a él? ¿Y que nunca lo haría? Después de anoche, dudaba que alguna vez quisiera acostarse con alguien más. Dios, cuando se fuera a casa, pasaría el resto de su vida en celibato. Bella no tenía ninguna duda.

Él la atrajo más y la acarició y ella notó que sonreía.

¡Había escuchado sus pensamientos! Bella se apartó.

—Espero que estés contento —dijo tensamente.

—No podría estar más contento. ¿Pero tenemos que pelear otra vez? Estabas tan contenta hace un momento.

Bella buscó las mantas y las levantó hasta su barbilla.

—No tenemos que hacerlo. —Esto era realmente injusto, pensó con temor. Al final él estaría con otras mujeres, teniendo un sexo increíble, y su destino era vivir como una solterona cuando se fuera a casa. Pero así era el destino. Él era un Maestro súper grande, súper poderoso. Y si era lista, lo disfrutaría mientras pudiera.

Bella se preguntó cuánto tiempo sería eso.

— ¿Permaneciste fiel a Glenna?

Él parecía un niño atrapado con la mano en la hucha de su hermano.

—No lo creí —dijo Bella lentamente. Tenía que ser adulta en esto. Eran literalmente de mundos diferentes. No podía tener las expectativas que tendría si él fuera el tipo de al lado y fueran amantes en su tiempo.

Él habló lentamente.

— ¿Me deseas en exclusiva?

Su corazón palpitaba con fuerza.

—Er ugh... yo... ¿qué?

La atrajo más cerca, acomodándose a su lado.

—No me importaría.

— ¿Qué? —repitió Bella. Si le hubiera golpeado en la cabeza, no podría estar más aturdida.

—No me importaría serte fiel —dijo muy serio.

— ¿Por qué? —logró decir ella.

Él sonrió.

—No deseo a otra mujer, muchacha, y si es importante para ti, a mí no me importaría —aclaró—. Sin embargo eso no será fácil al principio. Tendré que ir a Iona cada tarde por el hechizo de Carlisle, hasta que esté seguro de que no uso mis poderes en ti. —Se oscureció—. A él le gustará verme humillado.

Bella se quedó absolutamente horrorizada.

— ¿Me estás ofreciendo una relación estable?

Él le sonrió, esa hermosa y reconfortante sonrisa que le derretía el cuerpo.

—Sí. Por supuesto, tú deberías serme fiel también. Y dejar de mirar a los Maestros y pensar en el que está entre tus piernas.

—Vale. —Bella no tuvo que pensar en ello. Saltó de la cama, tratando de alcanzar sus ropas desparramadas, acallando sus pensamientos porque sabía que él los escucharía si no lo hacía.

— ¿Tienes prisa en dejar mi lecho? —se rió ahogadamente.

Ella le afrontó, sujetando sus ropas, sin ninguna vergüenza por su desnudez. Sus ojos vagaron, cálidos.

—Vamos a Awe —le recordó.

Su rostro se contrajo.

—Iré a Awe con Jasper y con Ironheart. Tú estarás a salvo en Masen con Seamus.

— ¡Demonios! —gritó ella, con los puños en sus caderas, sus ropas cayeron.

La miró de arriba abajo mientras permanecía allí de pie, con una negativa en los ojos.

Bella bloqueó su camino a la puerta.

—Si quieres volver a disfrutar de mis favores de nuevo, me llevarás contigo.

Su mirada se estrechó.

— ¿Me amenazas? No creo que necesite preocuparme por seducirte.

—Entonces viajaré con Jasper el Negro —dijo ella, cortante—. O con Ironheart. Uno de ellos me llevará.

Sus ojos se ampliaron y se volvieron duros.

— ¡No pensarás seducirlos cuando acabamos de acordar nuestro compromiso!

—No tengo intención de seducir a nadie; excepto a ti. No es mi estilo —le apaciguó—. Edward, ¿cómo puedes siquiera pensar en dejarme aquí? ¿Qué ocurre si Angela regresa a por mí? —Lo sujetó por los hombros—. ¿Y qué hay de esta noche? Acabamos de empezar algo maravilloso.

—No estaré bajo el hechizo de Carlisle esta noche y, sin un hechizo, no arriesgaré tu vida. —Fue categórico.

—Estoy más segura contigo que sola. —No era el tipo de mujer quejumbrosa que usaba artimañas femeninas con un hombre, pero batió sus pestañas y suplicó—: Por favor —dijo, usando un tono de voz que no sabía que poseía.

Y ella vio cómo se desmoronaba su determinación a negarse.

— ¿Me estás hechizando, muchacha? —preguntó con incredulidad.

—Ojalá. —Ella sonrió.

La atrajo a sus brazos.

—No quiero discutir otra vez, Bella. Lo digo en serio. Eres testaruda y terca. Me atormentas en vano. ¡Maldito sea todo! Tienes unos ojos que me atraviesan el alma. Quiero complacerte, muchacha, y no sólo en el lecho.

—Entonces hazlo —dijo ella, emocionada. Ahuecó su cara con las manos—. No comprendo por qué no quieres que vaya a Awe.

Su expresión se endureció.

—Pasamos la noche complaciéndonos el uno al otro, pero eso no te da derecho a controlar mi vida.

Bella se sobresaltó. Profundamente herida.

—Bien, me alegro de que dejemos eso claro —inspiró—. En mi tiempo, los amantes son también amigos. Claramente, no me quieres como amiga. Pero tienes razón. Es lo mejor. De ese modo, cuando me vaya nadie quedará herido. —Pero era muy tarde y lo sabía. Había cruzado esa línea emocional el día anterior, en Iona.

Su mandíbula se tensó y extendió las manos hacia ella. Bella tenía la intención de esquivarlo pero falló, y él la atrapó entre sus brazos.

—Lo siento —dijo él—. Tienes razón. Es por Awe. Juré sobre la tumba de Brogan que nunca iría allí. Juré que nunca le daría ni la hora a ese bastardo, ni una inclinación de cabeza de pasada, juré que, por mucho tiempo que viviera, él no existiría.

Los ojos de Bella se agrandaron.

— ¿Quién? ¿Emmett? ¿Por qué?

Una onda de tensión recorrió a Edward y la soltó.

—Porque no es no sólo mi enemigo. Es mi hermano.

OMG! QUE CAPITULO WOW! ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO ASI COMO ME GUSTO A MI…

ME DEJAN UN REVIEW DICIENDOME QUE LES PARECIO SI?

MIREN MI PERFIL ESTA UNA NUEVA HISTORIA SE LLAMA LUJURIA ANIMAL ESTA BUENISIMA ¡

BESOS NIÑAS LAS QUIERO

1¿Cómo estáis? En gaélico en el original.

2 Estoy bien. En gaélico en el original.

3Os lo agradezco. En gaélico en el original.

4¿Cómo estás? El pronombre "thu" indica segunda persona del singular. En gaélico en el original.

5 Estoy bien, te lo agradezco. En gaélico en el original.