Quiero dedicar este capítulo a una chica muy especial: Morenita Black Clearwater. Muchas gracias por todo tu apoyo desde que empezó la historia hasta ahora, creo que eres la mejor lectora que ha tenido, siempre has estado ahí dejando tus reviews y dándome ganas de continuarla así que te mereces que el final vaya dedicado a ti. Un besazo.
Capítulo 20. Una noche especial
(Leah)
Llevaba dos horas dando vueltas por toda la casa. Esta noche Joel me había invitado a cenar y estaba intentando encontrar algo decente que ponerme. Tenía toda mi ropa sobre la cama y ya me la había probado toda sin encontrar nada que realmente me gustase.
Mamá había entrado a intentar ayudarme varias veces. Según ella todo me quedaba bien. Pero yo no quería estar bien no sé por qué pero hoy sentía que tenía que encontrar algo especial.
Sabía cual habría sido mi salvación, pero no estaba dispuesta a hacerlo. Sería humillarme demasiado. Además el olor a chupasangre hubiese ensuciado hasta el más perfecto de los vestidos. Así que tampoco era una gran solución.
Finalmente opté por ponerme un vestido plateado de tirantes con un lacito bajo el pecho y que tenía un poco de vuelo al final. Luego mi madre me ayudó con el pelo.
La parte del peinado siempre era lo peor. Cuando me transformé en loba tuve que cortarme mi larga melena. Eso fue muy duro. Mi cabello largo era la parte que más me gustaba de mi cuerpo y llevarlo corto era todo un trauma para mí. Cuando Joel se enteró sugirió una solución de broma que al final se convirtió en una realidad. Era increíble que no se me hubiese ocurrido antes cuando la solución estaba justo delante de mí. No podía dejarme crecer el pelo porque eso supondría un crecimiento también de mi pelaje con la incomodidad que ello conllevaba. Pero había algo que permitía llevar el pelo largo sin dejárselo crecer: Extensiones.
Al día siguiente de la charla conseguí mis extensiones y con ellas recuperé una parte importante de mí. Ahora siempre las llevaba menos cuando tenía que estar con la manada o ir a algún lugar donde pudiese transformarme. A pesar de ser una buena solución y de haber comprobado que no se destrozaban en la transformación tenían demasiados enganches como para ser algo práctico cuando una va por ahí desnudándose deprisa para no destrozar la ropa.
Así que finalmente opté por hacerme tirabuzones en el pelo y salí de casa corriendo hacia la casa de Joel. Otra vez llegaba tarde. Esperaba que no se enfadase por ello, para una vez que me prepara una cena voy yo y llego tarde.
Por lo que sabía los conocimientos culinarios de Joel no eran demasiado importantes, se alimentaba a base de precocinados y comida basura. Me hacía sentir alagada el saber que había preparado esta cena para mí.
Cuando me iba acercando a la puerta un extraño olor se coló por mis fosas nasales. No podría explicar lo que era, solo podía decir que si eso era la cena creo que mi estómago pasará un mal rato hoy.
Finalmente la puerta se abrió y un sonriente Joel me saludó con un beso. Me cogió de la mano y me arrastró hasta el salón de la casa.
- Bienvenida preciosa.
Lo que vi me dejó sin palabras. Realmente se lo había trabajado mucho. Había flores y velas que le daban al lugar un ambiente realmente romántico.
- Oh Joel, esto es precioso.
- ¿Lo dices por las flores o porque estuve todo el día colocando el desastre que era esta habitación?
- Jajaja, por ambas cosas, debo decir que me encantaron las velas y las flores pero también es agradable ver el verdadero color de los muebles sin que tengan una montaña de cosas encima. -bromeé.
- Sí, lo sé - se sonrojó al instante - había planeado hacer algo bonito y prepararte la cena pero creo que ya no será posible. El resultado ha sido algo que difícilmente puede llamarse comida.
Se acercó a la mesa y destapó la cacerola que tenía la comida. Un horrible olor salió de ella.
- Bueno no importa tampoco tengo mucha hambre. Y en cuanto hacer algo bonito a mí me encanta esto, te quedó realmente genial. ¿Qué te parece si pedimos unas pizzas?
Me senté en el sofá e hice un gesto para que él se sentase a mi lado. Al principio dudó un poco pero finalmente se sentó y me abrazó diciendo:
- Unas pizzas no son precisamente el ideal de cena romántica...
- Comer pizzas en este lugar sí que lo será.
Finalmente nos comimos unas pizzas a la luz de las velas, tal vez no fuese el ideal de una cena romántica pero a mí me parecía genial. No sé era muy propio de él.
Pasamos toda la cena entre risas. Aunque a veces le notaba un poco distante, como si su mente estuviese lejos, en algo que le ponía demasiado nervioso porque todo el rato tragaba saliva ruidosamente.
-Joel ¿qué te ocurre?
- No me ocurre nada ¿por qué dices eso? – mientras contestaba se llevó la mano a la boca y se mordió una uña distraídamente.
Estaba segura de que me estaba ocultando algo.
- No paras de moverte y de hacer movimientos extraños. Estoy segura de que no tienes ni idea de lo que he dicho en los últimos diez minutos.
- Tienes razón – suspiró – estoy un poco distraído. Pero no es por nada malo. Es solo que estoy un poco nervioso, no estoy acostumbrado a estas cosas y me gustaría que todo hubiese salido perfecto.
- Eres un tonto, todo está saliendo perfecto. Fue un gran detalle prepararme todo esto. Además no sé, me gusta estar así contigo comiendo pizzas, es algo muy natural. Es mejor que estar sentados estirados pensando en si estaremos utilizando bien los cubiertos.
- Jaja, tienes razón.
- Además es perfecto porque estamos aquí los dos juntos. Solo necesito eso para que el momento lo sea.
En ese momento Joel se lanzó literalmente a besarme arrastrando con él las cajas de pizzas de forma que acabamos los dos llenos de ella.
Su cara era todo un poema. Podía ver cómo se sentía. El pobre pretendía que todo fuese perfecto y sin embargo no paraban de ocurrir cosas.
Me abracé a él con fuerza y empecé a darle besitos intentando que cambiase su cara. Cuando finalmente sonrió le dije:
- Es una suerte que haya sido pizza y no sopa. -En ese momento los dos estallamos a carcajadas.
Al final optamos por salir a dar un paseo por la playa, esta noche había luna llena. La luna hacía que las rocas de la playa brillasen de una manera muy especial.
Después de un rato caminando en un silencio agradable nos sentamos en una enorme roca que estaba colocada justo en el lugar donde rompían las olas. Yo me abracé fuertemente a él y me acurruqué junto a su pecho. Era muy feliz. Estaría dispuesta a quedarme así para siempre.
- Leah, tengo algo importante que decirte. -¿es mi imaginación o su voz titubeaba un poco?
- Claro, dime ¿de qué se trata?
- Verás, nunca pensé que haría algo como esto. –tragó saliva ruidosamente-. Pero creo que es lo correcto.
Esperé un momento incitándole a que continuase
- Sé que no soy un auténtico Quileute ni tampoco he crecido con todas vuestras tradiciones pero sin embargo me gustaría respetarlas. Son parte de ti y por ello para mí también son importantes.
- Claro que lo eres… -le interrumpí. Pero él me puso un dedo en los labios cortando lo que iba a decir.
- Por favor déjame continuar porque si no lo digo todo seguido no me saldrán las palabras. –se sonrojó.
- Está bien, te prometo que no te interrumpiré más. Es solo que me estás poniendo nerviosa, no sé a dónde quieres ir a parar.
- Leah, sabes que yo te quiero con todo mi corazón. Eres la mujer de mi vida y por eso quiero pasar el resto de mi vida contigo…
En ese momento se llevó la mano a su bolsillo. Y yo empecé a llorar cuando vi aquella pulsera de cáñamo con piedrecitas azules y un lobo colgando en su mano.
- ¿Quieres casarte conmigo Leah?
- Sí, sí, sí – grité. Luego me abracé a él para besarlo con pasión – te amo, te amo, te amo.
Estaba como loca de felicidad. No podía creérmelo ¿esto era real? ¿íbamos a casarnos? Me parecía estar en medio de un dulce sueño. Estuve a punto de pedirle que me pellizcara para confirmar que era real pero luego decidí que prefería vivir este momento aunque solo fuese en sueños.
Desde que había llegado a mi vida todo había cambiado mucho. Me costaba asimilar que al fin pudiera tener todo lo que siempre había anhelado. Ahora tendría a mi lado a alguien dispuesto a pasar el resto de sus días conmigo. Podría formar una familia.
Ese pensamiento hizo que se me hiciera un nudo enorme en el estómago. Había cosas que no habían cambiado, eso seguía siendo un sueño imposible para mí. Seguía siendo un punto muerto genético. Esa familia con la que siempre había soñado nunca sería una realidad…
- Leah ¿qué te ocurre? ¿No te hace feliz la noticia? Pensé que te gustaría la idea, pero si tú no quieres no nos casamos. ¿Me he precipitado verdad? Por favor no estés triste.
Comencé a negar con la cabeza antes de que sus conjeturas fueran más allá.
- No es eso Joel. Estoy feliz porque me hayas pedido que me case contigo. No hay nada que me haga más ilusión. Es solo que comencé a pensar y…
-¿Qué pensaste para estar así?
- Ya sabes que yo soy una loba.
- Sí ¿y eso qué tiene que ver?
- Hay otras consecuencias por ser una loba…
- Leah por favor explícate porque no te entiendo.
- Intento decirte que… aunque nos casemos nunca podremos formar una familia. Yo no puedo tener hijos. Desde que soy una loba eso es algo imposible.
Una lágrima se escapó de mis ojos. Este tema me dolía mucho más de lo que intentaba aparentar.
- No llores pequeña. La verdad es que no había pensado en eso. Pero por lo que tengo entendido en el momento en que dejemos de transformarnos nuestra vida normal continuará y envejeceremos. Podremos tener hijos entonces.
- ¿Dejarías de transformarte para envejecer conmigo?
- Por supuesto mi niña. Mi idea era que por el momento pudiésemos disfrutar de nuestro amor y luego con el tiempo ya veremos lo que pasa. Y hasta que llegue el momento de que tengamos nuestros propios niños tendrás que cuidar de mí que al fin y al cabo no soy mucho más maduro que un niño.
Sus palabras me sacaron una sonrisa.
- La verdad es que tienes bastante razón, estaré bastante ocupada contigo…
Todas las preocupaciones salieron de mi mente y regresó la absoluta felicidad que sentía desde el momento en que me había pedido matrimonio. Ahora más que nunca podía decir que era una mujer increíblemente feliz.
FIN
Bueno hasta aquí la historia.
¿Esperábais algo más?
Estoy un poco desanimada con la historia, no sé si es porque la gente la abandonó o es porque ya me acostumbre a tener historias con mayor número de lectores y de seguidores.
Me queda decir que la historia no está acabada del todo, escribiré un pequeño epílogo con la boda.
Un besito
*Libezzy*
