Carneros: ¿lobos vestidos de oveja, u ovejas vestidas de lobo?

Los labios de la doctora se ensanchan al ver su primera víctima del día. Se iba a divertir un montón.

La doctora Stewart es, en apariencias, ligeramente distinta a lo que Mu se habría esperado; aunque para ser francos, no esperaba nada concreto por parte de quien sería la persona tras la puerta del consultorio. Se trataba de una mujer que ya pisaba los veinte, más joven de lo que cabría esperar de una profesional mundialmente –en palabras de su diosa- conocida; si llegaba a ser mayor que Mu sería por unos dos o tres años a lo sumo. Es morena, de cabello liso asiático recogido en una coleta alta de un lado con la ayuda de un broche rojo de mariposa muy coqueto, y el fleco ladeado. Ese color contrastaba bien con el tono claro, levemente apiñonado de su piel, y combina con sus retinas chocolate, escondidas bajo los lentes de secretaria. Agradece profundamente que su ropa, aunque bajo la bata solo hay un simple escote en ve en su blusa negra, no sea tan reveladora como algunos de sus compañeros han insinuado.

Mu apreció que, en efecto, la doctora era una mujer atractiva. Él ya suponía todo eso de antemano, pues, la imagen que muchos de sus compañeros, y hasta él mismo poseían, era que todos en aquella rama debían lucir, al menos, bien vistos.

Stewart le insta a que se acerque más, la habitación se ve espaciosa gracias al blanco de las paredes, la ventana corrediza tiene vista directa a una calle principal del centro de la ciudad y a los lados hay cortinas de color vinotinto, corridas a los lados para que den buena iluminación. El piso está tapizado en rojo terracota, los muebles son de cuero color crema y se ven bastante mullidos, hay uno que es más largo y sirve para recostarse: ese debe ser dónde va el paciente supone Mu, frente a este hay un sillón donde en su perspectiva se sentaría la doctora. Mu mira un poco las paredes, hay varios cuadros enmarcados, uno de ellos es una nada púdica imagen del Kamasutra: la diosa Kali aprovechándose de Shiva, sentada encima de él, penetrada y dominando el movimiento pélvico. Desvía de inmediato la mirada sintiéndose indiscreto.

—L-lo lamento —se disculpa—, es la primera vez que vengo a una consulta de este tipo.

La doctora asiente, sin borrar la sonrisa profesional que con toda seguridad ha empleado en muchos de sus pacientes primerizos.

—Hay una primera vez para todo —suscita—¿por qué no tomas asiento?, te vez algo tenso cielo.

Cielo, es la primera vez que llaman a Mu por ese apelativo, le resulta extraño y un poco intimidante si lo usa una mujer como Stewart, y en ese tono condescendiente pero terso.

—Gracias —dice, aceptando la propuesta de sentarse junto al escritorio de caoba en el que del otro lado está la doctora, erguida en la cómoda silla giratoria forrada en cuero negro italiano. Trata de lucir tranquilo, pero es obvio a ojos de la doctora que el simple hecho de estar allí le perturba. —Hay algo que no termino de comprender de todo esto —aventura a decir.

—Dime.

—¿Por qué razón la señorita Athe…? quiero decir —corrige de inmediato al ver que estuvo a poco tiempo de meter la pata—¿por qué la señorita Saori programó estas consultas para nosotros?

Terminando de decir eso, Mu tuvo una pequeña y breve revelación producto de no captar en el momento un detalle ocurrido hace unos pocos instantes. La doctora lo había llamado Mu de Aries.

Al ver la cara que ponía, Stewart relajó su expresión profesional y pasó a ser más jovial.

—Saori y yo somos amigas desde mucho antes de enterarse quien era —dice relajada por completo ante la confusión del otro—, cabe destacar que me sorprendió cuando me lo explicó y facilitó los datos para realizar mi trabajo.

—¿Trabajo? —Mu vio que en el escritorio de la doctora habían varias carpetas, y la que tenía abierta era una en la que estaba adjunta una foto suya tipo carnet— ¡esa es mi foto!

—Es tu ficha de perfil, Saori consideró que antes de llevarlos a consulta las revisara para comprenderlos mejor —la mujer enfocó la mirada en el ariano que, por supuesto, no le gustaba nada la idea de que un civil supiera tanto de ellos o el Santuario. —Sólo para que quede claro, no me interesa que sean los caballeros protectores de la tierra, la paz, el amor y toda esa cartilla tan repetida en los mangas e historietas, yo solo hago mi trabajo. Y no te preocupes, se lo que es la omertà.

—De acuerdo —murmura más calmado—, pero sigo sin entender cuál es el propósito de esto.

—Hacerles un pequeño estudio de cómo están sus vidas sexuales y ver si hay anomalías que deban ser tratadas —responde con toda naturalidad, Mu traga saliva con dificultad. —¿Hay algún problema con eso?, es decir, ¿tú lo tienes?

Oh, vaya que lo tenía, comenzando por el hecho de que como sus compañeros… ¡no había pedido ir de consulta con una sexóloga!

—No es exactamente un problema…

—Bueno, hay tiempo para ver eso, ¿comenzamos? —sugiere levantándose e indicándole ir al sillón alargado, donde Mu se tiende. Le resulta cómodo y eso le ayuda a llevar la situación con calma. —Tómalo como si fuera una charla, o una entrevista, yo te pregunto y tú me respondes —le dice con libreta de anotaciones y bolígrafo en mano, sentada en la butaca de en frente con la pierna cruzada y asentando en la rodilla. —¿Listo?

—Eso creo…

—Bien, te llamas Mu, tienes veinte años, y eres nativo del Tibet, ¿voy bien? —el pelilila asiente—dime Mu, ¿ya has tenido tu primer encuentro sexual con alguien?

¿Qué si lo había tenido?, la pregunta resonó en su mente como un eco ensordecedor. Intenta suavizar su expresión aturdida antes de responder, ya que no hay vuelta atrás era mejor asumir el desafío y salir airoso.

—No.

—¡¿Cómo? —por primera vez en todo ese pequeño rato, Stewart no suena profesional, sino a una mujer que se ha llevado una sorpresa inesperada. Mu no comprende a que viene el asombro, claro, ignora que por encima de todo Stewart es una mujer que se pregunta cómo semejante caramelo de uva no se ha estrenado como es debido. —Quiero decir —carraspea recompuesta—así que todavía eres virgen.

—Técnicamente...

—¿Técnicamente? —alza una ceja—, aclárame ese "técnicamente", cielo.

—Cómo seguramente se aprecia en mi perfil, he vivido varios años aislado de las personas, en un valle escondido entre las colinas del Himalaya —la doctora asiente, sabiendo eso de antemano—, el evitarlas, y recluirme específicamente para con mis obligaciones, son las causas de eso.

—Comprendo.

—Así que, es por eso que no entiendo porqué estoy aquí, si no tengo una "vida sexual activa".

Mu sentía que acababa de ganar la partida con eso y que su boleto de salida anticipada estaba asegurado, pero el pensativo rostro de Stewart le daba a entender otra cosa. La vio escribir algo en la libreta, apurada de que las ideas se le escaparan de la mente, luego volvió a mirar a Mu analítica.

—Quiero que sepas una cosa antes de seguir cielo, que seas virgen a esta edad, primero que nada, no es ninguna anomalía —Mu asintió. Claro, no lo era, ¡pero seguía siendo algo increíble!, uno de esos bromazos que te da la vida, riéndose en tu cara por la ingenuidad humana. —Y también, que seas virgen no significa que tengas una vida sexual inactiva —curvó sus labios—todo lo contrario, hay muchas formas de encender el motor sin tener que llegar al acto como tal.

Ante la palidez del muviano Stewart supo que había dado en la diana.

—E imagino que alguien tan solitario como tú se las tuvo que apañar muy bien con eso —rió con picardía ante el muy notable sonrojo que vino después—, ¿sabías que al menos una vez por semana, o dos si somos generosos, el mismo organismo pide la liberación del esperma?, por tu cara me figuro que jamás te lo planteaste.

—L-la verdad no… yo solo…

No lo interrumpió esta vez, fue Mu quien decidió callar al final, sintiéndose un poco avergonzado de sí mismo. Eso por supuesto lo notó muy bien la doctora que decidió intervenir en un punto que consideró importante.

—Leí también en tu ficha que quien se ocupó de tu crianza, o como dice allí, tu "maestro" se llamaba Shion —Mu asintió—, debo asumir que él sería lo más aproximado a una figura paterna para ti, ya que en tus datos apenas figura la fecha en la que naciste y no aparecen los nombres de tus padres.

—Para un caballero eso es normal, todos somos huérfanos o a la larga nos hemos desentendido de nuestras raíces —explicó con toda tranquilidad—, es uno de las tantas consecuencias de seguir este camino.

Stewart asentía mientras escribía en la libreta.

—Bien, entonces partiendo de ese hecho, ¿tu maestro hablaba sobre sexo contigo a menudo? —ahí Mu desvió la mirada, no quería comprometer a su santo maestro en ese asunto, pero tenía que ser sincero.

—Muy, muy pocas veces… o mejor dicho, lo poco que recuerdo fue cuando me explicó "cómo venían los bebés al mundo" desmintiendolos tan famosos mitos que le cuentan a los niños —decía mirando a la pared de en frente, evitando el cuadro de Kali y Shiva, y concentrado en el egipcio donde habían algunas curiosas posturas de Cleopatra, que lejos de parecer escandalosas eran hasta cómicas. Negó con la cabeza. —Desde allí no recuerdo que tocáramos el tema otra vez.

Algo en el interior de Stewart, la mujer que realmente era y escondía tras esa bata médica apenas cruzaba la puerta de su consultorio, protestaba contra la negligencia de su tutor, entre otras cosas. ¿Cómo era posible que siendo un guerrero instruido, un hombre de apariencia sana, por no decir que era el novio que hubiera querido tener en sus años de estudiante, fuera tan ajeno a su propia sexualidad y casi, casi, se notaba que eludía el tema?. Aquel ser no tenía perdón de Dios, o de Athena, o cualquier otra deidad en cuestión. Al menos ella no lo perdonaba.

Intrigado por su silencio, Mu sintió que debía llamar su atención.

—¿Doctora?

—Así que casi no hablaban de sexo, bien —dice volviendo en sí, cual si hubieran pulsado un botón en su cerebro de continuar con la consulta: mecanografía rápido en la libreta y prosigue alzando la mirada a Mu. —Parece el típico caso de los padres pudientes, llevados por la religión, las costumbres cerradas entre otros factores, en fin. Sabes que actualmente hablar y tratar estas cosas ya no es "mal visto", al menos no en las sociedades neoliberales. Pero tú bien has resaltado haberte distanciado de estos círculos, con la excepción de tus obligaciones.

—Sí.

—Creo que después de todo si tienes un pequeño problema —presionó el botón del bolígrafo guardando la punta enfocando toda su atención en él, incluso se quitó los lentes para mirarlo directamente a los ojos—, se que aún siendo sólo una psicóloga, no soy nadie para decirte que hacer y qué no debes hacer, tú ya estás bien grandecito para tomar tus responsabilidades solito, ¿no?

—Es correcto —responde.

—Por eso sólo puedo darte mi opinión cómo profesional y cómo mujer —my God… eso de mujer sonó comprometedor… ¡¿qué diría tu novio Alyson?. Continuó tras ese regaño mental. —Eres joven, guapo, y seguramente bastante viril pues me consta que los arianos son así en la cama —le hace un guiño cómplice y Mu se sonroja hasta las orejas por el peculiar halago—, pero eres como una joya en bruto cielo, hasta que no te pulas, no mostrarás tu auténtico brillo.

—Yo… no pensé que fuera tan… importante —se le acumula la saliva en la boca por los nervios y debe tragarla—, esto del sexo.

—El sexo no es importante por lo que dice la gente, que se siente de maravilla, que es lo mejor del mundo y todo eso. Forma parte de nuestra naturaleza, así lo dictan las etapas de nuestro desarrollo. —Stewart toma las manos de Mu quien se incorpora para quedar sentado frente a frente, era la primera vez que alguien se preocupaba de verdad por su intimidad, que era una parte de sí mismo muy olvidada y casi encerrada en claustrofobia, porque era innegable que alguna vez en su vida hubiese ardido en deseo, pero sofocado dolorosamente al instante. —Y no es el acto físico en sí, es lo que se comparte al hacerlo, estoy seguro que cosas como estas las has oído o leído de la cultura de Oriente.

—Pues la verdad sí —sonríe un poco, se siente con más confianza y hasta un poco acogido por el trato tan familiar. Los ojos de la doctora son casi maternales y lo convencen sin problema a que se abra como un libro para ella. —Mi compañero Shaka tiene algunos libros relacionados con el sexo tántrico, y el ya muy polémico Kamasutra.

—Hum, entonces se puede decir que al menos, estás algo documentado sobre el tema —la doctora retira sus manos palmeándolas cariñosamente antes de volver a su libreta.

—U-un poco, sí —admite con timidez—, usted sabe, la curiosidad…

—La curiosidad es un don humano muy productivo y a veces un poco traidor —comenta—, y por favor cielo, tutéame, me haces sentir más años de los que de verdad tengo.

—Lo siento.

—Pierde cuidado, pero nos desviamos un poco de nuestro cuestionario —se aparta un mechón de la frente que le molestaba—, imagino que con todo lo que me has dicho, tu tensión sexual debe ser liberada mediante… ¿masturbación?, ¿fantasías sexuales estando despierto o dormido? —las dos opciones escandalizan al ariano y su cara alcanza el nivel de un jitomate—, vamos cielo, serás un cordero, pero debajo de esa piel estoy muy segura de que hay un lobo en cautiverio bastante hambriento…~

No puede evitarlo, las caras de los primerizos puritanos siempre eran dignas de fotografiarse, y no todos los días veía ese tipo de cara en un joven que podría haber caído del cielo. Stewart estaba encantada, tenerlo allí era un regalo que su buena amiga la diosa Athena le había dado por adelantado, junto con doce hombres más y sin contar… y sin contar a… Bueno, no valía la pena mencionarlo, menos después de reparar en cierto detalle que casi la delata, detalle que resolvería al terminar con el carnerito.

—Pu-pueden que haya sido todas esas o solo algunas…

—¿Pensando en alguien en especial? —remata ante el titubeo.

—N-no —murmura bajito, conservando lo rojito en la cara—, supongo que son…

—¿Fantasías?, es lo usual —Stewart sonríe ampliamente, más que una doctora, ahora parece esa clase de amigas que te empujan a hablar de tus más escabrosos secretos—, quiere decir que no te has visto con nadie en particular que conozcas.

Ante esa negativa hubo un pequeño silencio por parte de la doctora, que sopesaba una pequeña pero alocada idea. Mu aprovecha el descanso para serenarse.

—Cielo, ¿alguna vez has sentido deseo, o simple atracción hacia alguien?

—¿Eh? —la pregunta lo toma desprevenido.

—Eso, ¿te ha gustado alguien antes?

—Cuando era más joven seguramente… —responde dudando—, pero no recuerdo ningún nombre en especial.

Lo sabía, era tan inocente en el tema como un niño, quizás hasta más, pues la generación actual venía con una especie de chip incorporado para aprender las cosas del mundo a velocidad de un terabyte. Stewart ha conocido personas así, ella misma en su tiempo fue así, y sabía lo doloroso y difícil que era enfrentarse a la primera vez con desconocimiento total, para que el cabrón de turno viniera a romper la poca inocencia que poseías. No iba a permitir que Mu pasara por eso.

Debía entrenarlo.

—Bien cielo… ¿alguna vez has ido a una casa de citas?

.-SZ-.

Camus miraba de muy mala manera como Milo llevaba cerca de media hora con la oreja pegada a la puerta del consultorio y riéndose solo; nadie, con la excepción de él mismo Acuario, se había dignado a regañar y mostrar una clara desaprobación por la actitud del escorpión chismoso. Milo gruñía, ya no escuchaba nada, al cabo de que Camus suelta un suspiro y toma una de las revistas de la mesita de en frente para distraerse, Milo volvía a su sitio mostrándose decepcionado.

—¿Te han dicho que eres un reverendo maleducado y que a veces me avergüenza salir contigo por eso?

—No lo sé ni me importa Camus —replicó hastiado de estar allí sin hacer gran cosa, lo único divertido era lo que Mu le había confesado a la sexóloga, siempre había sabido que era un mojigato como Camus. —Tch, esto es taaan aburrido.

—Compórtate Milo, no estamos precisamente en un parque de diversiones —hasta Saga le comenzaba a fastidiar, Hyoga asintió al lado de su maestro.

Del resto, se podía decir que estaban cómodos. Kanon al lado de Saga se encontraba a gusto con los auriculares en las orejas escuchando en su discman el álbum más reciente de Metallica para la fecha (Master of Puppets), Aioros había ido con Shura y Aioria por café y bocadillos, escoltados por Seiya y Shiryu solo en caso de prever una huída. Death Mask y Aldebarán roncaban en sus asientos, reclinados de la pared. Dohko ojeaba las columnas del periódico, y Shaka tenía en la mira a su discípulo, Haku, para que a la salida de ese infernal lugar, quitarle todos sus sentidos y hacerlo sufrir interminablemente, ¿y por qué?: porque no paraba de sacarle conversación sobre el irónico motivo de porqué el santo de la virgen estaba donde estaba; Shun intentaba suavizar las cosas entre esos dos mientras Afrodita reía divertido con esa situación, y con el otro ojo mantenía vigilado al fetichista.

El secretario afeminado estaba muy ocupado deleitándose las pupilas con tanto cuerpo bueno en un solo lugar, madre mía si me vieras…, dijo su propia voz mentalmente al borde del delirio, suspirante. ¿De dónde habían salido?, ¿es que Alyson se había sacado la lotería en el bar gay o la casa de citas y no le había dicho nada?, no podía ser, ¡se lo habría dicho!, después de todo antes de ser jefa y empleado eran amigas de colegiatura. Además, toda esa manada de sementales no podían ser para ella, después de todo tenía novio, ¿y sí se había pasado a alguna religión que permitiera la bigamia con hombres?. Habían muchas alternativas.

René se irguió con elegancia cuando el teléfono volvió a sonar. Lo alcanza extendiendo la mano y mecánicamente se lo coloca en la oreja, apoyándose en el hombro para sostenerlo sin quitar la vista del salón. Esboza una sonrisa coqueta a los santos que se han arrepentido de recordar que el gay existía gracias al timbre telefónico.

—¿Sí?

—¿Es el consultorio de la doctora Stewart? —pregunta la voz al otro lado del teléfono, una voz masculina, se escucha ansiosa.

—Justamente allí habla, ¿en qué puedo ayudarle?

—Necesito hablar con ella —la voz traga saliva con dificultad y René lo nota—, es urgente.

—¿Puedo saber quien la solicita con tanta prisa~?

Por el tono de voz imperante, se imagina a un hombre intenso (¡ojalá que fuera guapísimo!) al otro lado de la línea. Lo raro es que esa voz se le hace ligeramente conocida… ¿algún paciente anterior que estuviera dentro de su lista de posibles acosos?

—Su novio —dice después de una larga pausa. René ensancha los ojos, ¡entonces el novio de su jefa si era alguien que conocía!

Oh… en ese caso le avisaré —dice y cambia la línea para llamar al teléfono de su jefecita. Tres segundos después escucha el habitual ¿qué sucede René?. —Ni te imaginas querida, tu hombre te busca y no parece tener muchas ganas de sentarse a esperar su turno~

Alyson al otro lado de la línea suspira, ese gesto de pesadez le da a entender que lo que viene no es bueno.

—Dile que llame en un minuto, ya casi termino con su… digo, con un paciente —corrige a tiempo recordando la presencia de Mu allí.

—Cómo tú digas nena —corta la línea y atiende la otra—, dice que llame en un minuto, está terminando la consulta de un paciente.

—De acuerdo, gracias —contesta no muy a gusto con el hecho de esperar un minuto más.

Tras colgar, el secretario se da cuenta de las miradas que acaban de esquivarlo, y después criticaban al bomboncito llamado Milo por escuchar conversaciones ajenas. René no lo hacía, ellos estaban aburridos después de todo, y él con todo el amor de su dulce y gran corazón se prestaría a echarles una manito a sus ánimos. Solo debía esperar la señal.

.-SZ-.

—Bien cielo… ¿alguna vez has ido a una casa de citas?

—¿Una casa de citas? —Mu parpadeó ante el desconocimiento del significado tras esas tres palabras juntas.

—Veo que no —contempla Stewart sonriente—, en ese caso… —comienza a escribir en el extremo inferior de la libreta y después lo arranca en forma de tira para dárselo—, visitarás este lugar.

Mu sostiene el papel entre sus dedos, ahí apunta la dirección de un lugar llamado Garden's Love. Sus puntos se arquean ante la sugerencia de la doctora.

—¿Quiere que vaya a una casa de… citas?

—Esa será tu terapia, puede ser cuando quieras y no estás obligado a hacerlo claro —se encoge de hombros—, a menos que quieras ser destrozado cuando te llegue el momento.

—No entiendo.

—Mu —suspira antes de hablar, dirigiéndole una mirada serena, pero consejera—, con solo verte, con solo escucharte hablar, y con solo leer tu expediente sumando a esta pequeña consulta… puedo saber que para estos temas adultos eres un niño —el ariano no iba a negarlo, mejor dicho, no se atrevía ante tanta obviedad. —Seguramente eres una persona sabia, prudente, que conoce de mucho más cosas que yo, y vive en un mundo distinto al mío pero… para las cosas como estas, que forman parte de la vida, eres un piloto.

Asintió, dándole toda la razón. Estaba confundido en ese aspecto ya que jamás le había parecido algo tan importante, para el estilo de vida que llevaba. Sin embargo se planteaba una pregunta: ¿no habría reprimido ese lado humano de sí mismo a propósito?, y si fuera así, ¿Cuándo iba a enfrentarlo?

—Gracias por todo, doctora.

—No agradezcas, es mi trabajo, y llámame Alyson —le dijo con total informalidad. Mu sonrió con levedad, le agradaba esa mujer, y se notaba que tras el deber de cumplir su trabajo también se preocupaba por ayudar a las personas. Bueno, ¿qué no se trataba de eso a final de cuentas? —¿Puedes esperarte un minuto?, quiero darte mi número y…

El teléfono de su escritorio comenzó a sonar, Alyson lo agarró.

—¿Qué sucede René? —Mu vio como el rostro de la doctora cambiaba ligeramente, algo acababa de molestarla por cómo se escuchaba ese suspiro que acababa de dar—dile que llame en un minuto, ya casi termino con su… digo, con un paciente.

¿Su qué?, por un momento le pareció que hablaba con una persona que él conocía.

Cuando colgó volvió a ser la misma, Mu entendía que los profesionales de esa área debían ser personas acostumbradas a manejar sus emociones, así como a enmascararlas bajo gestos engañosos y mucho control en la mirada. Justo así le pareció que hacía Stewart al terminar de hablar por teléfono.

Cómo no era su problema, lo dejaba ahí.

—Disculpa, parece que alguien me solicita —Mu asintió comprensivo—, a lo que iba… —ralló en la libreta su número telefónico y nombre completo, arrancó el trozo de papel y se lo dio—, llámame si tienes alguna inquietud —guiña un ojo—, dile a la casamentera que vas de parte de Alyson y ella entenderá.

—Está bien, gracias por todo doc-… Alyson —rectifica, el pelilila se despide con una pequeña inclinación de cabeza muy oriental y sale del consultorio, mucho más tranquilo que como entró.

Alyson se arranca la peluca morena de la cabeza y la azota contra el suelo con rabia, un par de mechones rosa chicle saltan a su frente desperdigándose. Se lleva las manos a la cabeza, enredando los dedos en las hebras teñidas de su cabello real, y respira profundamente buscando su centro… Cuando lo encuentra, vuelve a ser ella misma en un cuarto por ciento más, un progreso algo significativo. Aprovecha el pequeño silencio en su despacho para quitarse la bata médica, un pequeño recreo para salirse del papel de la doctora y volver a ser sólo Alyson, la chica que en su teléfono celular tenía una calcomanía de Firion del juego de RPG Final Fantasy II y escondía en la gaveta derecha de su escritorio varios tomos del Agente Cobra junto con unos comics de Marvel.

La misma chica que ahora siente ganas de estrangular a su novio.

Hace un rodeo rápido al despacho mientras dura ese descanso, y esta no se hace esperar más. Toma el teléfono a vuelo apenas escucha el timbrazo, con cierta brusquedad, y se lo pega a la oreja.

—¿Alyson?

Es él sin duda.

—No puedo creerlo… —comienza a decir ella sin dejarlo hablar—, me lo esperaría de cualquier persona, enserio, ¡pero menos de ti!

—¿Ah? —confundido—, ¿de qué estás hablando?

—¡De que tu discípulo acaba de salir de su consulta! —exclama modulando su voz, para que no se vuelva grito y los de afuera la escuchen—, ¡y es un niño!, ¡es un pobre niño, Shion!, ¿cómo…? —se frena, porque se escucha a sí misma demasiado afectada, decide mandar ese detalle de controlarse al diablo. Quería dejar la bomba explotar. —¿Cómo es posible que lo hayas dejado crecer con tanto desconocimiento hacia su sexualidad?

Al otro lado de la línea Shion apretaba los párpados, ya era demasiado tarde para avisar ese detalle, y también para lo que pensaba hacer.

—Tranquilízate —mas que sugerencia es una petición—, las cosas no son como las estás imaginando…

—¿Ah no?, ¿entonces como son? —reta—porque no me explico cómo tú, con lo calentón que eres no hayas sabido ponerte los pantalones y hablarle a ese chico con propiedad sobre sexo.

Fulminado por ese último comentario, Shion intenta devolver las cosas a su carril a pesar de que esa mujer lo destroce en el proceso.

—Escucha, sobre Mu podemos discutirlo cuando termines con las consultas de los caballeros —comenzó a decir, pero Alyson lo interrumpe sin contemplación.

—Nada de eso, apenas termine con el último de tus nenes me voy con mi hijastro al Garden's Love —Shion se puso lívido al escuchar eso, quiso replicar pero ella no lo dejó—, si tú no le enseñas, lo haré yo, y a mi manera.

—¡No puedes!, ¡Alyson! —protesta el Patriarca nada acostumbrado a que le lleven la contraria, menos que le quiten el control de las cosas—, ¡ni se te ocurra pervertir a Mu!

Sabía que la palabra pervertir sonaba un poco fuerte, pero era la que mejor encajaba para el tipo de cosas que ella y sus amigos podían armar si se lo proponían.

Shion podía imaginarse la sonrisa traviesa que la doctora acababa de componer ante su pretensión de autoridad, que era lo más parecido a la desesperación.

—¿Ah?, ¿pervertir?, que sucio suena cuando lo dices así Shion~~ —emplea un tono meloso que consigue irritarlo, porque no lo está tomando enserio, solo juega con su paciencia—, cariño, sabes como es mi trabajo, y que ciertas cosas son necesarias para que se obtengan los resultados deseados~

—Alyson… —Shion rechina los dientes.

—Si me disculpas, tengo que continuar con las consultas —lo corta indolente dejándolo con la palabra en la boca.

Y es así como vuelve a ser la doctora Stewart de siempre, solo que esta vez necesitaría un poco del ingenio de Alyson para hacer de las consultas algo más dinámicas y confusas… para birlar al enemigo que acababa de ganarse. Uno que la conocía tanto por fuera como por dentro.

Porque después de ese desafío indirecto tan directo, era capaz de ir allí al mismo edificio con tal de sacarla de su posición privilegiada al estar rodeada de la gente que él dirigía… la que no sabía del pequeño y sucio secreto de su respetadísimo líder. Mientras siguiera con las consultas estaría a salvo, Shion no se aparecería en el mismo lugar donde estuvieran los santos dorados, esperaría a que estuviera sola… desprotegida…

—Maldición, suena tan excitante cuando lo pienso así —se mordió el labio inferior con fuerza por pervertida. Frotándose las sienes borra ese tentador pensamiento de su cabeza—, pero para esto necesitaré refuerzos. Ese carnero es un veterano y ha estado en dos guerras contra el dios del Inframundo, obviamente mi genio no podrá ganarle a eso sin apoyo de algunos elementos~

Se sienta en el escritorio y cruza una pierna, marca un número que aparece en la lista automática del teléfono, pulsa el botón donde señala en un lado de la pantallita un nombre.

Teddy.

Espera tres tonos y escucha la llamada caer.

—Código oro, repito, código oro —dice en tono militar—, tendremos a un elemento cornudo en el edificio si es que ya no está aquí…

—¿Qué plan abordaremos? —la voz de la persona llamada Teddy suena profunda y neutra.

—Todos los planes, pronto le daré tarjeta verde a René para que llame al equipo Rainbow, apuesto a que lo espera —murmura con seriedad propia de las películas de espionaje—, es posible que para esta misión requiramos de toda la AF del edificio…

—…

—¿Teddy?

—¿Quieres que te lleve un latte de vainilla o prefieres un moka?

—Mm, tráeme un moka, con leche condensada~

—Moka con leche condensada mandando. Cambio y fuera.

La voz neutral se despide y Alyson cuelga. Deja salir el aire en forma de suspiro, las cosas comienzan a marchar, y en su cabeza ideas llueven como balas en pleno ataque terrorista. Demasiado tiempo sin hacer nada loco, y justo cuando tenía un día libre que pensaba desperdiciar jugando en el centro de maquinitas y releyendo viejos tomos de manga de su colección, su queridísima amiga Saori la llamaba para ofrecerle trece hombres de buen ver para que los –fastidiara- analizara. Ella sabía que lo hacía por desquite, se le notaba en el tono capcioso con el que le pidió ese peculiar favor por teléfono.

No solo había aceptado por tan obvias razones, y porque Saori fuera su amiga, sino también por el hecho de fastidiar a cierto novio suyo que no veía desde hace un mes, que seguro le daría algo de imaginarse que sus lindos jovencitos, y en especial, su alumno, fuera a una consulta con ella. Shion sabía por qué había aceptado y eso le molestaba, él siempre quería llevar la batuta de las cosas, y al ver que finalmente se la quitaba y quedaba a su merced… estaría desesperado.

Marca al teléfono de su secretario y compinche.

—Código dorado: René, puedes traerte al equipo Rainbow.

—Esperaba que lo dijeras en cualquier momento querida~ —los verdes ojos del secretario continúan fijos en el grupo de santos, aunque a su parecer, de santos solo debían tener el título… —, se echa de menos algo de color con tanto galán aquí~

—Lo suponía, solo trata de que no los espanten demasiado… alguno podría ir a refugiarse con Vee y eso no sería bueno.

—¿Darle estos pastelitos de crema a esa devoradora de hombres?, ni hablar querida —de solo imaginarlo se le ponía la piel de sus piernas de gallina.

—Lo dejo en tus manos entonces —decide, René asiente—, y dentro de diez minutos haz pasar a… ¿Death Mask?, sí, así se llama o hace llamar según su ficha… —dudosa, ¿quién no dudaría de ese nombre tan creepy?

—Pues no sé si sea la máscara pero me gustaría creer que tiene otra razón para estar de muerte… —musita paseando la vista por el cuerpo dormido y tendido del Cáncer, mira de reojo como Afrodita le gruñe cual gato erizado. —De paso también me servirá para quitar a ciertos estorbos del medio.

—¿Disculpa?

—Nada querida, yo me entiendo.

—Cuento contigo.

Tras cortar, se quita las lentillas con habilidad diestra conferida por la práctica. Sus retinas azul pálido descansaron un instante en la humedad de la película gelatinosa del glóbulo ocular y los párpados. Tenía diez minutos para improvisar otra apariencia. Se incorporó del escritorio y fue a las gavetas, de las que sacó una peluca castaña y un estuche de lentillas verdes. Era hora de sacar otra de las tantas versiones de Stewart.

.-SZ-.

Shion azotó el teléfono público por el que había estado hablando segundos antes de que esa descarada lo dejara con la palabra en la boca.

No iba a negar que una de las cosas que le atraían de Alyson, era su manía por retarlo, por usar su ingenio para poner su mundo de cabeza. Eso había iniciado el magnetismo entre ambos y así habían acabado, con una peculiar relación donde usaban sus influencias para ponerse en apuros mutuamente, él sabía que se estaba cobrando el tenerla tan abandonada por sus obligaciones, sumando que no le había dicho a nadie lo suyo, ni siquiera a esos dos –Mu y Kiki-, que eran como su familia. Solo Athena lo sabía.

Pero ahora todo eso perdía su gracia, y lo sustituía una furiosa impotencia, al no quedarle más que jugar a lo que Alyson proponía jugar tras retarlo con ese último comentario. No podía permitir que se supiera aún, no estaba listo, y las cosas en el Santuario todavía no estaban lo suficientemente en orden cómo para salir con eso. ¡Por Dios!, ¡era el Patriarca!, ¿qué ejemplo les iba a dar si de la noche a la mañana lo veían con…?

El intestino se le revuelve al pensar en lo que inevitablemente llegó a pensar, era culpable por avergonzarse de salir con alguien que todos los días trataba con las historias sexuales de distintas personas, y hasta casos mucho más escabrosos. Sabe que ella lo sabe sin que se lo diga, ya lo ha demostrado y para su desgracia, su noviecita no es nada lenta, después de todo, era una psicóloga reconocida.

—Se está vengando —dice para sí mismo al salir de la cabina de teléfono público, vestido como un civil más, aunque más cubierto que los que pasaban junto a él. Llevaba una gabardina que aumentaba el misterio en su apariencia, un gorro a juego y unos lentes de sol. Parecía un espía o un investigador privado de los clásicos.

Avanza por la calle con cuidado, el edificio donde Alyson trabaja le queda cerca. Podía teletransportarse allí si quería, directamente a su consultorio, pero hacer eso era un riesgo que no se podía tomar estando los santos ahí. Tendría que planear una infiltración meticulosa, todo fuera por hablar con ella antes de que terminara, se fuera con Mu y lo terminara de corromper. En el peor de los casos, si no podía hablar con ella, la secuestraría.

Shion intuye que acabará haciendo eso con lo extremista que ambos por igual han demostrado ser.

Todo sea por salvar la integridad de Mu, y su reputación como Patriarca.

—No va a ser fácil —sus ojos violetas miran al edificio a lo lejos, identificando la ventana del consultorio—, ella nunca lo hace fácil.

.-SZ-.

—Death… —le movió el hombro y solo obtuvo balbuceos—, ¡Death! —llamó agitándolo con más fuerza.

Afrodita tuvo que darle un par de cachetadas para que terminara de volver en sí, a saber que lo habría sumido en semejante sopor. Quizás el aburrimiento o el desfase horario le pegó tanto como le pasaba a Aldebarán que casi competía con un coro de ópera gracias a esos monumentales ronquidos. El cangrejo se fue desperezando mientras se sobaba las mejillas con ambas manos, su colega era todo menos delicado cuando quería ganar atención, así fuera a golpes.

—¿Qué…? —ahogó un bostezo.

—Es tu turno —informó Afrodita, eso sí logró avispar al italiano que se restregó los ojos con rapidez, agilizando el trámite de abandonar el país de los sueños.

Por lo visto a Mu le fue bien, eso pensó al verlo tan tranquilo, ocupando silenciar los ronquidos –él los llamaría mugidos- de Aldebarán con algunas técnicas de mover sutilmente su cuerpo para que pudiera respirar mejor; sin obtener mucho éxito. Shura y los otros no regresaban todavía con el café y los dulces, Milo y Camus estaban cada uno sumidos en las apáticas revistas, Dohko tenía el periódico en la cara –se había dormido-, Shaka hablaba con su discípulo mientras que Hyoga y Shun esperaban en silencio a sus amigos. Ellos no habían desayunado como los otros.

Saga y Kanon no estaban, misteriosamente, ¿a dónde se habían metido esos gemelos con complejo megalomaniaco?

—Deathy~ —ronronea el secretario, a Mask se le hiela la sangre y esa sensación termina por despertar todos sus sentidos –incluyendo el de conservación y supervivencia-. —, es tu turno —termina de decir con una sonrisita.

De no haber sido tomado por sorpresa le haría saber un par de cosas a ese amanerado de los lentes raros, y jamás en su vida se le volvería ocurrir la idea de ponerle motes tan azucarados alterando su seudónimo.

Su mirada de asesino desquiciado no le afectó ni un poco, ¿qué le pasaba a esa gente?, ¿acaso no reconocían el peligro cuando lo tenían en frente?. Porque de ser así no estaría recibiendo esa boba sonrisa de colegiala por premio.

Decide que mejor es dejarlo por ahora… después de salir de allí le haría conocer el miedo a ese rubiecito marica.

Ignorante de que ese mismo rubiecito marica levanta el teléfono cuando él entra al consultorio de la doctora Stewart, y marca un número aprendido de memoria. Algo en la mirada del secretario enciende la alarma en la cabeza de Afrodita, gracias a su curioso sexto sentido para cierto tipo de gente que a veces no suele resultarle nada agradable. Ese bichito fetichista pronto empezaría a mostrar las zarpas.

—Código oro —murmura apurado—, que todo el equipo Rainbow se reporte en el edificio, sí, ese edificio —aclara—, AF los necesita muchachotes~

Afrodita tenía que averiguar qué estaba pasando allí, porque ya ese molesto y útil sexto sentido suyo le advertía que les esperaba algo más que unas consultas con la sexóloga.

.-SZ-.


Sábado 04 de febrero de 2012, 12:25 p.m. hora Venezuela:

No sé, no quedé muy conforme al final, pienso que pude hacer más pero el sueño y las presiones de la universidad me pudieron. Siento si suena a excusa barata pero es la verdad u.u

Quitando eso… ¿qué les pareció Alyson Stewart?, ¿y la sorpresita de quien era su novio?, la que se va a armar por culpa de la inocencia de Mu que está en juego xDU, ¿ustedes que creen?, ¿quién ganará esta guerra silenciosa?, ¿Stewart o Shion?, ¡ni yo misma lo sé!, Shion es un personaje astuto, impulsivo, pero que sabe jugar sus cartas, y Stewart (o Alyson para hacerla más informal) es una mujer de cuidado, ni hablar de sus aliados que comenzarán a aparecer en los siguientes episodios…

¡No sé nada!, los párpados se me caen xD y ya debería estar por el quinto sueño. Ustedes dirán que tal y si la historia tan peculiar va bien y es de su agrado.

¡Hasta otra!