Cangrejos: lo que hay debajo de la coraza
Alyson repasa el maquillaje de su cara por segunda vez buscando imperfecciones, las pecas de su nariz ya estaban mejor disimuladas y el lápiz de ojo le daba un aire gitano a esos falsos ojos verdes, combinado con la peluca castaña de rizos proporcionados y de adecuado volumen. Satisfecha con el resultado le dedica una pequeña sonrisa al espejo de mano antes de guardarlo de nuevo en la gaveta, con todos los utensilios que usa para esos bruscos cambios de imagen que bastaban solo con modificar la apariencia de su rostro, ¡cuanto cambia la gente con solo eso!
La razón por la que Stewart acostumbraba a modificar su aspecto en algunas consultas especiales como el caso de los santos dorados, era con el propósito de lograr ciertas impresiones. No es que actuara de manera distinta, era cosa de la imagen, sabía como buena psicóloga que la vista es el sentido más fácil de cautivar, el más sensible a la captación de ideas, y por ello buscaba enviar mensajes adecuados según el tipo de paciente. Aunque a veces, también lo hacía según su sentir, y por gusto, no por nada cada seis meses ideaba un proyecto de cosplay nuevo.
Y porque la experiencia lo dictaba, lidiar con una consulta masiva de múltiples personalidades de un mismo entorno que catalogó con los adjetivos: conflictivo, caótico, extremo e impredecible, requería de poner en práctica todos sus conocimientos y teorías, por poco ortodoxas que fueran, para complacer a su querida amiga Saori. Siendo francos, si la cuestión solo fuera eso, no pondría tanto empeño, lo que quiere decir que Stewart tenía sus propios motivos para ayudar a esos jóvenes: como profesional, y como novia curiosa.
Si Shion no iba a decirle como era la vida de caballero de Athena, ella misma lo averiguaría a través de esas consultas, sus mismos subordinados se la contarían sin darse cuenta. Los aspectos técnicos los conocía gracias a los perfiles de las carpetas, pero ella necesitaba una impresión palpable, necesitaba percibirlos como realidad. ¿Y es que a quién, con al menos un pequeño grado de curiosidad, no le resulta fascinante descubrir una sociedad tan antigua que ha protegido la tierra y a la humanidad por siglos?. En lo personal, sentía cierta realización al saberlo y con la posibilidad de conocerlo tan de cerca.
Alyson vuelve a poner la cabeza en el trabajo, echa un vistazo a la hoja de vida del caballero que representaba al signo del cangrejo -eso de que todos vinieran con perfiles zodiacales le resultaba un detalle curioso-. El sujeto apodado Death Mask no había revelado su nombre verdadero ni siquiera a los altos mandos de su orden, y eso fue lo primero que le llamó la atención del sujeto, después cuando leyó más y más sobre las acciones que marcaron su reputación, se convenció de que no solo tenía entre manos a una persona interesante, sino además altamente peligrosa.
Ni porque no fuera la primera vez que trataba casos tan peliagudos como ese disminuían sus nervios, pero como profesional de la mente, tenía puesta su traje de batalla para iniciar la consulta sin que se notara.
La puerta se abre dando paso al hombre, que tenía la mirada de un asesino en serie. Stewart recuerda bien ese tipo de mirada, la había visto en otros hombres y mujeres, siempre causándole el mismo efecto de inquietud y cautela. Sin quererlo vino a la memoria el caso de cierto pedófilo que hizo de las suyas en una escuela primaria por doce años, ¡12 años!. Toda una generación perturbada quizás de por vida. Sabía que era un error comparar una filia con la psicopatía, pero era inevitable que ambas le causaran la misma sensación, una mezcla de curiosidad y miedo, más de lo segundo que de lo primero si sentía su vida al borde de la navaja.
Death Mask no hace el mismo ritual que Mu al entrar, simplemente abre y cierra la puerta soltándola con poco cuidado, localiza el mueble largo y se echa en él con los brazos encima de la nuca para apoyar su cabeza a gusto. No tiene la más mínima intención de perder el tiempo.
—Empiece de una vez y terminemos con esto, doctora —suelta sin merodeos. Stewart asiente sin sacar ninguna de sus sonrisas profesionales de repertorio. Estaba ante un reto, y de mucho dependía el éxito de esa consulta, incluyendo quizás, su propia vida.
Alyson temblaba de miedo por dentro, y lo mejor que podía hacer era hacerse la valiente mientras rogaba a los minutos que pasaran de prisa.
Se levanta del asiento de su escritorio y va al que daba frente al mueble, sin hacer esperar mas a su peligroso paciente. Lleva consigo la libreta de anotaciones y el bolígrafo, ajusta los lentes de secretaria al nivel adecuado y procede:
—Bien, Death Mask, supongo que por cortesía y antes de comenzar debo preguntarte si sabes porqué estás aquí.
—Porque a esa pe-... —se apura en corregir carraspeando con poco disimulo—, porque nuestra jefa quiso, de lo contrario nos despedía, ¿suficiente motivo?
—Supongo, la mayoría haría lo mismo en tu lugar —comenta.
—Es cierto, pero eso no significa que me deje arrastrar por la gente como usted, que se cree que las sabe todas —el modo en que lo dijo ofendió a Alyson, más fingió indiferencia.
—Puedo entender con eso que no tendrás ningún problema en llevar esto como una pequeña entrevista, sin ánimos de imponerte nada.
—¿Una entrevista?
—Como un cuestionario, yo te pregunto, tú me respondes. Es sencillo.
—Sé lo que es una entrevista, signorina, y también sé como rebanarle la lengua a los sabelotodos que hablan de más —añade esto último con un tono que le recuerda a Don Vito Corleone del Padrino. —Así que hagamos una cosa, usted pregunte que yo respondo como vea, ¿capisci?
Alyson siente la humedad en las manos, le han comenzado a sudar las palmas. Death Mask sonríe levemente con aire malicioso, si a su diosa se le había ocurrido la flamante idea de mandarlo con una psicológica pues esta iba a pagar los platos rotos, para que no se le ocurriera hacerle la misma gracia de nuevo. Prometía un buen entretenimiento, se iba a divertir volviendo loca a esa mujer, y quien sabe si hasta le dejaba un trauma de por vida y le hacía arrepentirse de haberse dedicado al campo psicológico. La doctora Stewart ve como su paciente se relame los labios con ese placer propio de los psicópatas que se hayan realizados ante lo que necesitan para hacer una obra maestra que sacie sus necesidades destructivas.
Está a punto de librar otra batalla en su consultorio, afuera se lleva a cabo otra, y de esa sí que no tiene control alguno.
.-SZ-.
Los gemelos del tercer templo zodiacal acababan de resolver el dilema del día.
—¡Una!, ¡dos!, ¡tres!
A piedra, papel o tijeras.
—¡JA!, ¡toma esa!
—¡Mierda, hiciste trampa!
La suerte sonrío por segunda vez en el día a Kanon, concediéndole una hora más se música pesada cortesía del dicsman, que le pertenecía en un cincuenta por ciento, la otra mitad, por supuesto, era de Saga; pero el universo conspiraba para que eso valiera madres y pudiera permanecer con Metallica, por no decir que también le daba un gusto magno ver frustrado a su hermano mayor.
A ambos les dio por ir al baño a la vez, cual si sus relojes biológicos se hubieran puesto de acuerdo para una perfecta sincronización, y antes de entrar Saga aludió que tenía demasiado rato ocupando el reproductor de música. Kanon se defendió conque él lo había tenido todo el viaje a San Francisco y que incluso tuvo que comprarle baterías nuevas porque se agotaron las que tenía. Así acabaron discutiendo de nuevo, en frente de la puerta del baño de hombres.
Ahora Kanon disfruta del coro de Master of Puppets, dejando que sus necesidades fecales se satisfagan dentro del cubículo. Sigue el solo moviendo sus dedos frenéticamente como si tuviera en su regazo una guitarra eléctrica invisible, adora esa parte y quiere rendirle homenaje.
Fuera, Saga mira con extrañeza a un hombre aparentemente de mediana edad que se aproxima a entrar en el baño público, le hace un espacio apartándose unos centímetros de la puerta. Lo raro de ese hombre es que lleva un sobretodo encima, de apariencia calurosa y nada apropiada para esa época del año en San Francisco, le pareció por un momento que no llevaba zapatos, ni pantalones...
—¡CON UNA MIERDAAAAAAAAA!
Saga se despega de la pared golpeado por el grito de su hermano menor, su primera reacción es abrir la puerta del baño, alterado, y con la idea de saber que ha provocado que Kanon grite de tan espantosa forma. Su segunda reacción es quedarse estupefacto, mirar con estupor al hombre de la gabardina enseñando cuanta miseria poseía, era una imagen incluso más grotesca que muchas de las que había visto en su vida como caballero; lo que no sabía era que Kanon tenía la cara más trastornada por el shock que él, lo vería una vez que el tipo se apartara de la entrada del cubículo donde estaba y se diera vuelta para quedar frente a Saga, afortunadamente se cubría la parte frontal de sus miserias con la tela de la prenda.
—Me disculpo, pensé que estaba vacío —dice el hombre muy educado, en contraste con su propia apariencia nada educada.
—No se preocupe... —atina a decir Saga en un hilo de voz, le hace, de nuevo, espacio al hombre en la puerta para que se largue de ahí. Así ocurre después de que el extraño improvise una pequeña reverencia y se pierda.
Solo quedan Saga, y la cara de Kanon, más pálida que si hubiera visto al Chupacabras en persona, con nauseas visibles y las retinas heridas, quizás de por vida.
La tercera reacción de Saga es la de echarse a reír, a carcajada limpia, de su hermano menor.
.-SZ-.
El hombre que iba desnudo por todo el piso del hospital psiquiátrico perteneciente al área de sexología se llama Freud von Hansen, un respetable empresario británico que había perdido metafóricamente la cabeza cuando descubrió que su queridísima esposa figuraba en varios vídeos clandestinos de pornografía ligera, o mejor conocido en Estados Unidos como porno light, nada de explícitos, todo muy implícito, dejando la presencia de órganos sexuales a la imaginación y haciendo de protagonistas al desnudo. Tanto le marcó el descubrimiento y la maravillosa actuación de la mujer que entró en una crisis moral y sentimental, se desmoronó cuando debido al estrés que generaba su trabajo constantemente causó la quiebra de su imperio, y entonces, dentro de la moraleja que había encontrado en medio de su locura, salió a la luz un lado muy oscuro de su personalidad. La pasión por el desnudo, el exhibicionismo. Una forma vulgar y directa de desquitarse contra el mundo y enorgullecerse de lo que era, por lo que era, y no por lo que tenía en el bolsillo.
Su esposa lo había dejado tras quedar en la calle, pero un nuevo y bizarro mundo le acogió. Había sido difícil que alguien de su edad y condición con aspiraciones de protagonizar desnudos terminara en Estados Unidos, con un trabajo de streaper en un conocido bar gay de San Francisco, en parte se lo debía a Alyson por tratar de ayudarlo a controlar su manía compulsiva de desnudarse o mantenerse con la menor cantidad de ropa posible. Si la situación de ahora echaba por el caño los esfuerzos de su amiga, era porque alguien le había cambiado la medicación por altas dosis de cocaína. Estaba más excitado que una cabra. Por ello le había resultado en un principio, extraño, la cara de espanto de aquel atractivo hombre de cabellera larga que en un inicio le pareció una mujer, solo hasta cuando gritó y la imagen fue mas nítida.
Freud estaba volviendo en sí a medias, y era lo suficientemente consciente de su situación como para pensar en que debía esconderse bien y encontrar algo de ropa, unos pantalones por lo menos. No sabía si los de seguridad notaron su estado, pero era más que seguro, que el susto dado a ese joven de cabellera azulada le iba a acarrear una serie de problemas con los vigilantes, no sería la primera vez tampoco, y tampoco deseaba otra denuncia más por exhibicionismo público.
Sin vacilar, se mete en el cuarto de limpieza antes de que un par de enfermeras lo vean caminando por los pasillos. Respira hondo y ruega al primer dios o divinidad que se le cruce porque no lo encuentren mientras se recupera de los efectos de la droga.
.-SZ-.
—¡Ah!, ¡este café es fantástico! —Seiya se limpia la espuma de los labios que le deja el capuccino con la servilleta que le extienden—, gracias.
—No hay de qué, jovencito.
Seiya sonríe con cierto aire coqueto a la mujer, que parece una de esas fantasías mestizas que combinan lo fino de lo europeo y lo exuberante de lo latino, aunque no sea del todo seguro adivinar su procedencia por todo lo que encubre su perfil. Hay algo que la hace ver rara, no es tanto su apariencia algo inusual para atender un simple puesto de café y bocadillos rodante, o el tono misterioso que acompaña palabras precisas, con la formalidad de alguien que pertenece o perteneció a la milicia, o a alguna organización de seguridad nacional.
La mujer no debe superar los veinticinco, la forma de su cara es la de un diamante que acaba con un afilado mentón, redondeado. Su tez es clara y limpia, hace buen contraste con el negro azabache de su cabello y las cejas gruesas pero correctamente delineadas. El corte recto, a medio cuello, viene separado en cortinas oscuras, y su frente está parcialmente cubierta por un flequillo cortado en diagonal, tan recto como si hubieran trazado una línea a propósito allí. Es imposible verle los ojos ya que los lleva protegidos bajo unos gruesos lentes de sol, de esos que usan los Black Mens en sus películas, y solo para acentuar -y hacer más raro- su estilo, viste por completo de negro con una cuello de tortuga manga larga, pantalones ajustados y botas altas; encima tiene el delantal con el sello publicitario de su puesto impreso en el pecho y un gorrito de papel improvisado.
Teddy observa con serenidad a sus mas recientes clientes que venían del consultorio de Alyson. Aioros troncha a mordiscos un bollo relleno de chocolate, Shura se deleita con la amargura y el sabor a pura cafeína del expresso, Aioria se apodera de los muffines de crema pastelera y Shiryu bebe un simple vaso de té. Seiya acaba de darse cuenta de que Aioria se terminó los muffines de fresa y suelta su protesta contra el león ante lo inevitable. La mesa de plástico donde esos cinco hombres están sentados de repente parece muy animada.
—Te han tocado pacientes interesantes, Alyson.
Lo dice para sí misma con aire complacido, antes de ver al fondo de la escena a una figura escabullirse a la entrada del edificio del hospital psiquiátrico. El puesto de Teddy es al otro lado de la calle, de frente en una avenida donde tiene absoluta visión periférica de ese lugar, y lo ha reconocido con suma claridad a pesar de las ropas que lleva encima para disimular su identidad, la cabellera rubio verdosa lo delata por completo.
Los labios pintados de café claro de Teddy forman una línea recta. Vigilando que sus clientes sigan disfrutando de su desayuno, saca el walkie del cinturón que está disimulado por el delantal de vendedora. Presiona la tecla para hablar al que tiene el aparato gemelo.
—La oveja entró al corral, repito, la oveja entró al corral. Hay que descarriarla de inmediato.
La voz del otro lado contestó.
—Entendido, ya tenemos tres colores dentro del corral, la oveja quedará ciega.
—¿Cuál es el primer plan?
—Retraso, obligarlo a que se mueva despacio, pero necesito que te encargues de eso, al menos mientras esté en la planta baja.
Teddy sonríe con aire enigmático.
—No hay problema, cambio y fuera. Verde. —Cortó la comunicación y guardó el aparato en su lugar. Mira de soslayo a los jóvenes y empieza un lento movimiento de su carro de café y dulces con rueditas. Seiya es el primero en notarlo.
—¿Se va tan pronto?
—Debo proveer mis servicios a las personas del hospital —contesta, con el mismo tono neutro y preciso.
—Entonces, ¿no sería mala idea que le llevara café a los otros? —pregunta, una parte a sus compañeros y la otra como sugerencia a la vendedora.
—No suena mal, deben estar aburridos y el café podría animarlos —dice Aioros incorporándose, los otros asienten afirmativamente imitándolo.
—Le vendría bien a Aldebarán, así no perturba con sus ronquidos —comenta Aioria comenzando a cruzar la calle.
Shura es de reservarse su opinión, está mas ocupado pensando en que si fueron ideas suyas o le pareció un instante sentir el cosmos del Patriarca.
.-SZ-.
—Veamos, te haces llamar Death Mask, tienes veintitrés años, entrenaste en la isla de Sicilia y... —Stewart hace una mueca imperceptible—tu templo está decorado de pies a cabeza con los rostros de tus víctimas...
—Todo eso es correcto —afirma el santo de Cáncer sin darle importancia a como rayos una persona normal tiene toda esa información, suponía que si era conocida de su diosa, algo le habrá dicho, y total, la discreción nunca fue algo que le importara, ni antes, ni ahora.
—De acuerdo —la doctora teme elaborar la primera pregunta del cuestionario, no por la reacción del sujeto, sino por la respuesta que podría obtener, y ni sabía si quería escucharla. ¿Acaso la sexualidad de un psicópata como ese hombre puede ser normal? —¿Has tenido ya tu primer encuentro sexual con alguien?
—Si ese alguien incluyen personas no-vivas, se puede decir que sí. Entenderá, que calladitas se ven mas bonitas, vivas chillan mucho —el rostro de Alyson pierde bastante color ante esa respuesta y la sonrisa de Death Mask, que está al borde de las carcajadas con la cara de susto que acababa de poner la doctora. Entonces el orgullo femenino y de profesional hace que Stewart recupere la batuta, volviendo el rostro a la normalidad. No iba a permitir que un paciente, por peligroso que fuera, la mangoneara, no en su trabajo, no en su oficina, y no en su terreno.
—Oh, vaya, ¿entonces debo suponer que nunca has estado con una mujer viva?
La cara de Death Mask hace que Alyson sonría victoriosa, es la cara de alguien a quien acaban de darle en un punto flaco. Escribe en la libreta una nota rápida mientras escucha la voz, menos altanera, de su paciente hablarle.
—Claro que he estado con mujeres vivas —afirma—¿y qué demonios escribe?
—Nada, no hagas caso a lo que escriba, son solo anotaciones de mis impresiones.
—¿Ah sí?, ¿y qué impresión le doy?
—No tienes el perfil de un necrofílico como tal, sin embargo el deseo de someter a una persona asesinándola y después tener relaciones con su cadáver es un patrón de conducta psicópata de alguien que no desea abrirse íntimamente con una persona que considere superior, o eso puedo decir enarbolando un pobre análisis. —Explica con nula delicadeza, mientras que internamente, Alyson se despide del mundo con la siguiente perorata: "Hasta aquí me llevó el río, hoy, viernes, no iré a la tienda de comics en la noche porque una ambulancia vendrá aquí cuando descubran mi cadáver en la oficina y lo llevarán a la morgue para que algún conocido lo retire y haga los trámites de mi entierro. Se horrorizará porque seguro no encontrará mi rostro, estará en un futuro colgado de la pared o en el piso de la supuesta casa de Cáncer, en algún lugar Grecia..."
Death Mask se le queda mirando en silencio, parece que escruta su rostro antes de lanzar un golpe mortal, pero en realidad mira al fondo de la habitación, a ningún punto en específico.
—Nunca me ha gustado hablar de mi intimidad con nadie, si me entiende —Stewart parpadea saliendo de su fatal ensoñación—, es cierto que no tiendo a ser muy escrupuloso en mis maneras, y no me avergüenza eso, pero aunque el sexo y el asesinato tienen cierta similitud para mí...
Stewart le jura a la misma Kali que si logra salir viva de esa consulta escribirá un libro inspirado en el trastorno de Death Mask, sin que este lo sepa, claro. Alyson sabe que el miedo tiene un efecto bipolar en las personas, pero solo la mayoría se inclina por el rechazo, y otras muy contadas por la atracción. René y Shion debían tener razón con eso de que carecía de instinto de supervivencia.
—Solo que durante el sexo, eres vulnerable, ¿me equivoco? —le pregunta siendo directa, Death Mask asiente. Las cosas no le han salido como había esperado, la mujer tenía más valor de lo que pensó, y también, mas habilidad que él para acabar deduciendo sus debilidades y haberlo obligado sutilmente a exponerlas.
Quizás, solo quizás, esa consulta no iba a ser tan mala.
—Me recuerda a un amigo, él a veces saca estos temas a colación a pesar de saber que me fastidia hablar de ello —Death niega con la cabeza—, y solo porque le tengo un poco más de confianza que al resto para hablarle a veces piensan que salgo con él...
—¿Es uno de los de fuera? —el cangrejo afirma—, lo que me cuentas lo encuentro normal, todos hablamos de eso alguna vez en nuestras vidas.
—Supongo.
—En fin, Death Mask, imagino que con el estilo de vida que llevas habrá sido difícil mantener relaciones estables. Aún con tu perfil lleno de escabrosidades, es un poco difícil encontrar a alguien que acepte todas esas... "particularidades"
—¿Particularidades? —Mask suelta una carcajada—, yo lo llamo hobbie, doctora.
Alyson siente otro escalofrío, pero no presta atención a eso.
—Debo deducir de eso que en parte, pueda que tengas definido un fuerte perfil de lo que buscas para en tu caso, sea una pareja viva con la que disfrutar una sexualidad normal —se acomoda los lentes de secretaria. Su paciente medita esa teoría unos segundos antes de responder.
—Puede ser, pero nunca me lo he planteado de esa forma; si quiero sexo no tengo conflictos morales para buscarlo como quiera, aunque ya últimamente no es tan sencillo como antes.
—¿No lo es?
—Si nos matan, nos resucitan, nos vuelven a matar, y nos vuelven a resucitar, ¿en qué tiempo cree que puedo dedicarme a satisfacerme sexualmente? —Alyson empezaba a creer que el mundo de los santos atenienses era más ambiguo y voluble que una montaña rusa, con sus subidas y descensos. Death Mask prosigue: —Y yo no soy de esos que se conforman con lo primero que tienen al frente para echarle diente.
En verdad, empezaba a sentir pena por ellos, incluyendo por el asesino psicópata que tenía en frente como paciente.
Stewart escribe algo más en la libreta, un recordatorio, y retoma la entrevista.
—Diría que requieres de algo más o menos estable, como muchas personas —rueda el bolígrafo entre sus dedos—, si en un caso hipotético, encontraras a una persona con esas características, ¿dejarías de lado tus prácticas poco saludables?
Aunque la doctora adivinaba la respuesta, la pregunta escapa sola, y obtiene su recompensa. Death Mask sonríe con ese aire demencial que hace saltar sus escasas alarmas de supervivencia.
—Hay doctora... ¿cree que renunciaría al placer de oírlas gritar y de regodearme con esas caritas atacadas por el pánico?, costaría un poco más que un par de muertes y resurrecciones para que pierda el gusto a eso.
Dicho eso, Death Mask piensa que por la parálisis facial de la mujer se da por concluida la consulta, se incorpora del sillón estirando los brazos con pereza y la espalda. Pone una mano conciliadora en el hombro de la doctora, como una pequeña disculpa por el trauma inicial, va a la puerta y deja un último comentario antes de irse:
—Espero con ansias la siguiente consulta, doctora~
Cuando la puerta se cierra, Alyson tiene hartas ganas de gritar como desquiciada, pero enseguida las ganas se aplacan por las continuas respiraciones hondas que toma para ahogar ese acceso de pánico. Había sido fascinante y aterrador, todo al mismo tiempo, eso la dejó exhausta mentalmente. Por eso tardó en recordar su situación respecto al reto que le impuso a Shion y su acción de llamar a la AF al edificio para que hicieran lo posible por retrasarlo hasta que saliera de allí con Mu a la casa de citas, después de pasar por la tienda de comics para ver los últimos volúmenes que debían de venir hoy.
Tomaría un descanso de cinco minutos antes de improvisar otra apariencia y elegir entre los perfiles un nombre al azar. Mientras, se echa en el sillón giratorio de su escritorio como si acabaran de exprimirle el cuerpo.
.-SZ-.
El secretario de Alyson corta la comunicación con Teddy al salir del baño que tiene el símbolo de los hombres pero en color rosa, dando a entender la clase de hombres que usan esos sanitarios. A su lado hay un hombre negro robusto, alto, de brazos desarrollados a base de peleas callejeras y no de gimnasios donde vendían esteroides. Esta rapado de la cabeza, y viste un mono de mecánica que se ajusta a sus pectorales, los que rivalizan seriamente con los de Aldebarán de Tauro. Tiene todo el aspecto de un técnico que viene de visita a reparar alguna interferencia menor, o solo a hacer una simple revisión de rutina para que los inspectores estatales quedaran satisfechos.
René guarda el walkie en su cartera negra con textura afelpada y continúa la conversación interrumpida por la llamada de Teddy, mientras caminan de regreso a la sala que pertenece al ala de la doctora Stewart.
—Bien, como te iba diciendo, esas bellezas parecen sacadas de una revista de modelos —reanuda el tono de colegiala emocionada que venía usando para referirse a los santos de Athena—, todos unos Adonis, cuando los veas vas a sentir que llegaste a los Elíseos~
—¿Y de dónde Alyson los sacó, así de la noche para la mañana? —la voz de Bruce, al contrario de su colega, es gruesa y muy masculina, acorde a su apariencia.
—Yo que voy a saber, Bruce, le preguntaré apenas pueda —responde y suspira después—, pero, no todos son encantadores como se ven, hay uno que parece una gata rabiosa y quisiera sacármelo de encima cuanto antes —hace un gesto exagerado de sentir escalofríos, abrazándose a sí mismo.
—¿Una gata rabiosa?, debe ser un bomboncito entonces —Bruce le enseña su hermosa e increíblemente blanca dentadura a René, bajo una sonrisa pícara y burlona. Y esa sonrisa adquiere un matiz ligeramente atontado cuando llegan al supuesto Elíseos y la voz de su amigo dice las palabras mágicas:
—Hablando de la gata rabiosa, es ese.
Bruce queda sin aire, y literalmente, sin palabras ni nada en el cerebro cuando la imagen de esa hermosa criatura se cruzó con sus retinas. René tenía razones para odiarlo, nada más había que verlo, ¡era una belleza!, una seria competencia para su andrógino amigo orgulloso de su afeminada estética. Afrodita no se sintió observado, o no le prestó atención al hecho en el momento, él ocupa una corta charla con Death Mask donde le pregunta por curiosidad y ligera preocupación si le fue bien con la doctora: "más o menos", responde él muy parco, y el pez dorado no tiene ni ganas ni voluntad para insistir. En ese momento piensa que es buena idea ir por algo de comer para distraerse, y es cuando, finalmente, se da cuenta de que lo están desnudando con la mirada.
—Hola, guapo —sonríe Bruce alzándose en sus casi dos metros de alto.
Afrodita tiene que darse bofetones mentales para reaccionar hacia la horrible visión que acaba de herir su psiquis. Lo primero que se le ocurre es ignorarlo, nada gana respondiendo con algún comentario tajante, y su orgullo no le permite huir cual mujer asustada. Claro que no. Así que prefiere fingir demencia y hacer como que no ha pasado nada, no sin antes fulminar con la mirada al secretario marica que seguro lo ha traído para amargarle la existencia, y quien sabe qué cosas. René en cambio sonríe con suficiencia y toma la palabra.
—Ven, Bruce, te presentaré a los muchachos, y podrás seguir con lo tuyo.
—Por mi bien, no tengo prisas —alude el negro antes de seguir a la salita, no sin antes guiñarle un ojo al sueco.
Los dejan solos, y Death Mask estalla en risas; Afrodita lo patea en los muslos tratando de darle en el trasero como desquite. No por las risas de Death, sino por lo exasperado que le traía el maldito secretario marica con complejo fetichista, y Death parece un saco de patadas muy tentador a golpear ahora.
—¡Joder, Afro!, ¡tú tienes uuunaaaa suerte!
—¡Ya cállate, idiota! —ladra, masculla unas cuantas groserías en danés y luego dice con aire furioso y resuelto—, si lo que quiere ese bichito es guerra, guerra va a tener, ¡y guerra de la buena!
—Ya, venga, ¿esta bien que te lo tomes tan a pecho?, recibes esas y peores insinuaciones siempre que salimos fuera del Santuario —Death Mask no tiene tanta imaginación como para darse cuenta de la pequeña rivalidad que le atañe con el mentado secretario.
—No es por el tipo ese, y mejor olvídalo, Death —le sugiere, estrujándose las sienes con las manos. Death Mask prefiere hacerle caso a su amigo y no indagar mas en el asunto—, solo, cuídate del secretario y los bichos que se le peguen, estoy casi seguro que toditos están cortados por la misma tijera.
—Eso ni me lo tienes que decir —ahoga un bostezo con la mano y divisa al lado opuesto del pasillo a los gemelos venir de regreso—, hey, ¿y esa cara?, ¿qué diablos le pasó al renegado favorito del Santuario?
Kanon no está de humor para soportar los sarcasmos de Death Mask, y los de nadie, suficiente tiene con Saga que a su lado anda con la boca tapada por los dedos de la mano, ocultando una sonrisita de chiste cruel. Afrodita en cambio se da cuenta de que algo habrá pasado en los baños que dejó sin reacción alguna al gemelo menor, más que la de un perrito rabioso que está demasiado impresionado como para saltar y ladrarte, y se limita a poner su mejor cara de "no me jodas".
—Saga~, querubín~, es tu tuuuu~rnoooooo~
La voz empalagosa de René no solo le hiela la sangre, también le quita esa sonrisa de mal chiste de la cara. Esa pequeña descomposición mejora el semblante de Kanon, que repentinamente recupera el habla tras el trauma del nudista drogado:
—Ya oíste, querubín~
El gemelo mayor quiere decirle algo más a la fanfarrona expresión de Kanon, desistiendo al final para encaminarse al consultorio de la Dra. Stewart.
.-SZ-.
Martes 27 de Marzo de 2012, 8:00 p.m. Hora Venezuela:
¡Hola de nuevo!, aquí con otro capítulo de las intimidades de nuestros dorados preferidos. Antes que nada, quiero agradecer a todos los que dejaron reviews, por sus comentarios, correcciones y críticas al fanfic. Me agrada estar tan bien respaldada en ese aspecto, y siento que puedo contar con ello para ir mejorando. Saben que sigo abierta a sugerencias y críticas que me ayuden a mejorar ;3
No voy a disculparme, eso sí, por la consulta de Death Mask. Este personaje tan polémico no merece censura alguna que aplaque los aspectos que hacen de él un personaje muy genial, desde mi punto de vista (tengo fascinación con los personajes de mente torcida, no todos, pero a Masky lo incluyo). Lo considero muy falto de escrúpulos en muchos aspectos, no por eso iba a denigrarlo -y espero no haberlo hecho-, tan solo quise adaptar su personalidad a un prospecto de su conducta en este ámbito. A costa de la pobre Aly que seguro le dejó una impresión muy fuerte.
Veo que el orden de las consultas causó algo de confusión. No estoy siguiendo el orden de los signos zodiacales, sino uno aleatorio. Hice una lista de los signos, y con la ayuda de una paginita mágica saqué un orden aleatorio para las consultas. Así que será sorpresa~
Sobre la AF y Rainbow, je, ¡quedan 10 consultas para descubrir quienes son!, si apenas han salido algunos. Espero no haber herido ninguna sensibilidad con la intervención del nudista -aparte de la de Kanon, que debe odiarme- pero entiéndase que el campo de la sexualidad y tendencias es basto, y que pienso abarcar varios de sus aspectos con algunos personajes un tanto excéntricos, mas no fuera de lugar.
En fin, les dejo~ ¡hasta otra, preciosos!
PD: reviews anónimos están contestados en mi perfil.
