Capitulo III.- Un Corazón Roto.
Se puede observar la figura de dos jóvenes abrazados en las raíces del Goshimboku, uno de ellos se encontraba despierto, era el chico, estaba acariciando el cabello y la espalda de la chica que se encontraba durmiendo recargada en su pecho, parecía un bello ángel, la que se encontraba durmiendo entre sus brazos, y es que eso era Kagome para él, un ángel… su ángel, su princesa, su pequeña Kagome, la mujer que le enseño lo que verdaderamente es amar.
Ya pronto amanecería y tarde o temprano tendría que despertarla, y ese momento era ahora, aunque le fascinara tenerla entre sus brazos, tenía que ir a su casa, le había dicho a su madre que regresaría pronto pero por culpa de él no lo hizo. Ella tenía que estar en su habitación antes de que su madre despertara.
- Despierta pequeña –lo comienza a decir moviendo un poco a la chica para así tratar de despertarla-.
- Mmmm… -es la respuesta de la chica para luego acurrucarse más en el pecho del hanyou-.
- Despierta –lo repite- tienes que ir a tu casa.
-comenzando a despertarse y abrir sus ojos lentamente para ver a su Inuyasha con una gran sonrisa- ¿por que tengo ir a mi casa?
- Porque… de seguro tu madre se preocupara al no verte en tu habitación, ya que tú dijiste que regresarías pronto… pero te confieso que me encantaría quedarme así contigo todo el día.
En ese momento Kagome recordó en el estado que estaba, completamente desnuda ante él, y también todo lo que sucedió la noche anterior, haciendo que sus mejillas se tornaran de un color rojo.
Se separo del hanyou, para sentarse tomando el haori de Inuyasha para cubrir su desnudez, pero sin dejar que él quedara completamente desnudo ante ella, Inuyasha también se sienta y besa el hombro desnudo de la chica.
- Imagino que tendrás que vestirte para ir a tu casa ¿o no? –lo dice de forma divertida y a la vez sensual, al ver que la chica que no hace ningún movimiento para comenzar a vestirse, mientras continua besando el hombro y cuello de la chica-.
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El chico ya se encontraba casi totalmente vestido, solo le hacia falta su haori rojo, ya que lo tenía la chica que estaba detrás de él. La chica se lo pidió prestado para poder cubrirse mientras se ponía su ropa, y también que se volteara, el hanyou al principio se extraña un poco, y más después de todo lo que sucedió entre ellos hace algunas horas, pero de igual forma hizo lo que la chica le pidió.
- Ya puedes voltear –le dice Kagome al terminar de arreglarse el cabello que lo tenía revuelto después de la noche que acababa de pasar y solo recordarlo se sonrojaba-.
El chico mirada ambarina se voltea y puede observar la figura de aquella joven de cabello azabache, con el mismo conjunto de la noche anterior, su falda de azul cielo y la playera color rosa, y además era combinación perfecta con aquel collar que colgaba en su cuello, al verla allí solo siente deseos de abrazarla y es lo que hace, así que acerca a ella y la abraza de tal forma que la espalda de la chica se apoya en el pecho de él.
- Te amo… –le dice al oído-.
- Yo también te amo… -lo dice para acurrucarse más a aquel abrazo- ¿Inuyasha? –lo llama-.
- ¿Mmmm? –es la única respuesta del ojidorado, se encontraba muy ocupado aspirando el aroma a jazmín de la chica-.
- ¿Me acompañas a mi casa? –lo pregunta como niña chiquita-.
- Mmmm……si es lo que quieres, si, pero antes me tienes que dar algo.
- Si –lo dice para voltearse y quedar frente a frente con el chico- toma –le dice dándole el haori-
- Eso no es lo que quiero –lo dice con una gran sonrisa en su rostro-.
- Entonces ¿que es lo que quieres?
- Esto –le dice acercando su rostro al de la chica y darle un tierno beso-.
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Dos semanas han pasado desde aquel día, Kagome permaneció una semana en su época, semana en al cual Inuyasha no se separo de ella, al igual que con la segunda, la cual han estado en la aldea de Kaede, ya que cuando estaban listos para emprender su viaje nuevamente, el pequeño Shippou se resfrió, y aunque ya se encontraba mucho mejor, todavía no pueden partir.
Todos se encuentran en la cabaña alrededor de una fogata pasando el frió de la noche, bueno casi todos, solo faltaba el hanyou que se fue hace algunos minutos sin decir nada. Había un silencio incomodo desde que el hanyou se fue, silencio que fue interrumpido por la chica de cabello azabache.
- Ya regreso –dijo levantándose y dirigiéndose a la salida-.
- ¿A donde vas Kagome? –lo pregunta Sango-
- Solo voy a buscar unas plantas que hacen falta para Shippou, no te preocupes, regreso pronto –dijo esbozando una sonrisa y saliendo de la cabaña-.
Kagome se dirigió al bosque, camino un poco y ya había encontrado la planta que buscaba, peor cuando ya estaba a punto de regresar con sus amigos vio algo que la hizo detenerse, las Shinidamachu de Kikio.
- Kikio… –lo susurra la chica-.
Kagome se fuera ido sin darle importancia si no fuera sido porque las Shinidamachu comenzaron a llamarla para que las siguiera, ella las comenzó a seguir y se dio cuenta que la llevaban al Goshimboku.
Antes de llegar al Goshimboku, Kagome se detuvo en seco, al ver escena tan dolorosa en la cual Inuyasha se estaba besando con Kikio. Sus ojos comenzaron a volverse cristalinos, llevo su mano a su boca para contener sus sollozos mientras las lágrimas comenzaban a recorrer sus mejillas.
Cada segundo que pasaba mientras los veía juntos sentía que su corazón se rompía en mil pedazos y sin esperar un instante más, comenzó a correr lo más fuerte que pudo. El aire comenzó a faltarla, tenía que detenerse. Se sentó sobre una roca tratando de respirar pero se le hacía muy difícil por lo sollozos que tenía.
- ¿Por que? ¿Por que? –se repetía una y otra vez- ¿Por que lo hiciste? ¿Por que me mentiste? –lo dice entre sollozos- ¡TE ODIO! Inuyasha -lo grita con todas sus fuerzas- te odio… no, no puedo odiarte, te amo demasiado, pero yo no quiero seguir sufriendo de esta manera…… sabiendo que todo fue un juego –dice otras dos lagrimas recorren sus mejillas-.
Kagome metió su mano en el bolsillo de su falda y saco una hoja de papel y una pluma, y comenzó a escribir. En ese momento solo las estrellas que alumbraban el manto nocturno podían entender su sufrimiento.
Al terminar de escribir la carta regreso a la cabaña con sus amigos. Al llegar se detuvo en la entrada y seco las pocas lagrimas que estaban en su rostro, no tenía que dejar que ellos la vieran así.
- Hola ya regrese –lo dice fingiendo una sonrisa-.
Solo Sango y Miroku se encontraban despiertos.
- ¿Que sucedió Kagome? –lo pregunta al ver a su amiga, no se veía nada bien-.
- Nada, Sango no te preocupes.
Kagome se acerco a Sango y le entrego la planta.
- Cuando Shippou despierte se la das al igual como yo lo hago, y luego se lo repites tres veces, así se mejorara por completo.
- Pero no entiendo, ¿por que no lo haces tu?
- No, yo no podré, yo me tengo que ir ahora, no puedo quedarme por más tiempo –lo dice mientras las lagrimas comienzan a acumularse en sus ojos ya cristalinos- y por favor entrégale esto a Inuyasha –lo dice dándole la carta- es hora de irme, espero que nos volvamos a ver –acercándose a la salida- adiós amigos.
- Kagome esp… –trata de salir a buscarla pero es detenida por Miroku-.
- No lo hagas Sango –lo dice sujetándola por el brazo-.
- ¿Acaso esta loco? ¿No ve como estas? Tengo que saber que le sucede –dice tratando de soltarse-
- Si te entiendo, yo también estaría así después de lo que ella pudo haber visto.
- ¿Que dice? –lo pregunta al no entender las palabras del Houshi-.
- Hace un rato pude sentir la presencia de las Shinidamachu de Kikio cerca de aquí, y de seguro lo que vio la Srta. Kagome no fue nada bueno, así que es mejor dejarla sola -dice serenamente-.
- ¿Que? Por culpa de ese baka Kagome esta sufriendo de esa forma.
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Kagome se encontraba parada enfrente del pozo.
- Este será para mí, el día más triste de mi vida, tener que separarme de él... para siempre -lo dice entre sollozos- Será el motivo de mi nostalgia… pero lo mejor es decir adiós, no quiero seguir sufriendo, y además todo fue una mentira –dice mientras otra lagrima recorre su rostro el cual es iluminado por la luz de la luna-.
Luego de eso salta al pozo, para así tratar de olvidar todo lo que acaba de suceder.
-.-.-.-.-
En la cabaña de al anciana Kaede se encontraban aun dos jóvenes despiertos, la chica furiosa con solo imaginar por lo que paso su amiga.
Se comienzan a sentir unos pasos para luego dejar ver al hanyou entran a la cabaña. Sango se para de inmediato seguida por Miroku.
- ¿Donde esta Kagome? –pregunta al no ver a la chica-.
- ¿Y todavía te atreves a preguntar por ella después de lo que le hiciste? –le dice molesta-.
- Sango tiene razón Inuyasha, ¿como pudiste hacerle eso a la Srta. Kagome?
- Pero… ¿de que hablan?
- Como que de que hablamos, no te hagas el estupido Inuyasha, sabemos muy bien que estabas con Kikio –lo dice una Sango cada vez más furiosa-.
- Es cierto y la pobre Srta. Kagome te vio con ella, no puedes negarlo.
El ojidorado se quedo sorprendido, y no menciono ninguna palabra después de todo era cierto él había ido a ver a Kikio pero no para lo que ellos pensaban.
- Sango es mejor que le entregues la carta a Inuyasha.
- ¿Que carta? –lo pregunta casi sin voz-.
- Esta carta –lo dice aun molesta y enseñándole la carta al ojidorado- Kagome me pidió que te la entregara –le dice dándosela- aunque si fuera por mi no te diera nada de ella, tu no la mereces.
El hanyou se fue de la cabaña al recibir la carta y escuchar las palabras de Sango, realmente le dolieron, pero y ¿si ella tenia razón? ¿Si no merecía a Kagome? después de todo le ha hecho mucho daño, la ha hecho sufrir demasiado. Es en lo único que pensaba mientras se dirigía al Goshimboku, el único que sabe lo que verdaderamente sucedió esa noche.
Continuara…
