Los personajes no me pertenecen, pero la historia si.

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Capitulo 13

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Esto es abrumador.

Tanta gente con su ropa elegante, sus joyas costosas, exudando lujo, narcisismo y presunción. Me sentía fuera de lugar como regularmente sucedía cuando acudía a este tipo de eventos con Edward, a donde acudía toda la crema y nata de Londres. Me sentía mal vestida alrededor de esta gente, aunque Edward me había asegurado que me veía hermosa y estaba perfecta, por supuesto me hizo sonrojar cuando me lo dijo y me sentí un poco más tranquila, pero al llegar aquí fue una cosa distinta, tan solo llevaba un sencillo vestido entre dorado y cobre que me llegaba arriba de la rodilla, medias negras, zapatos y abrigo del mismo color, nada espectacular en mi cabello ni en mi maquillaje tampoco, llevaba mi cabello suelto, solo remarque un poco las ondas con la secadora y mi maquillaje era sencillo, nada dramático.

-Deja de ponerte ansiosa, estas perfecta y mírame a mí, apoco me ves vestido como los demás hombres de aquí?- cuestiono y me di cuenta de que en realidad no lo estaba, todos los demás llevaban trajes hechos a la medida o esmoquin, Edward ni siquiera llevaba corbata. Solo llevaba un pantalón y saco de vestir y una camisa azul oscuro que estaba abierta de los 2 primero botones y se veía perfecto. Ahora entendía lo que me decía, por eso lo amaba, es sencillo y no le importaba ser falso para agradarle a la gente.

Siempre tenía este tipo de inseguridades cuando asistíamos a este tipo de eventos, tenía que recordarme que lo hacía por él, por acompañarlo cuando estas salían a flote. Edward había estado muy emocionado por este día desde hace dos semanas cuando consiguió las entradas para el concierto de apertura de temporada de la filarmónica de Londres, o bueno su madre se las regalo. Él estaba muy entusiasmado, decía que no importaba a cuantos conciertos como este venia, que siempre era una experiencia nueva y ahora más por compartirlo conmigo. Con eso me gano por completo y eso me recordaba para dejar el abrumador sentimiento atrás.

Al irnos adentrando en el Royal Festival Hall varias personas iban saludando a Edward, pero no les seguía con mucho agrado la conversación, a la menor distracción por parte de su o sus conversadores me hacia la señal y huida y eso hacíamos. Yo estaba más entretenida observando la arquitectura del lugar, la entrada era moderna, limpia y sencilla pero en cuanto entramos al auditorio me quede maravillada, era enorme e imponente.

-Es precioso verdad?- me pregunto Edward, yo solo asentí con la cabeza mientras miraba a todos lados atesorando cada detalle en mi cabeza.

-En donde nos sentaremos?- le pregunte cuando vi que seguíamos caminando y caminando hacia el frente.

-Los asientos de primera fila se terminan rápido- me informo con pesar- pero obtuvimos unos lugares muy buenos-me indico y se detuvo 3 filas detrás de la primera y no me quejaba.

-Esto es perfecto.- dije entusiasmada, Edward me sonrió, me beso el dorso de la mano antes de ayudarme a ir hasta nuestros lugares que estaban más o menos en el centro de la fila.

Había mucho movimiento a nuestro alrededor, con gente tratando de encontrar sus asientos, pláticas, saludos por aquí y por allá. En la primera fila alcance a divisar a la madre de Edward platicando con otras señoras. No sé realmente porque me sorprendió verla, era lógico que estuviera aquí, ella le había conseguido las entradas a Edward y aquí estaba la crema y nata de la sociedad de Londres, era más que lógico que estaría aquí. Pero olvide cualquier asunto con mi suegra cuando Edward beso mi cuello, me tomo por sorpresa e hizo que me estremeciera y me sonrojara.

-Mmm fresas.- murmuro complacido.- vas a ver que esto te va a encantar.- me aseguro.

-Eso no lo dudo.- dije con convicción y muy emocionada, nunca había escuchado a una gran orquesta en vivo, había escuchado conciertos de la banda de mi escuela en Forks, eran buenos, pero vamos no se puede comparar.

Cuando el bullicio de la gente comenzó a calmarse y la mayoría de la gente estaba en sus lugares, las luces se fueron haciendo cada vez más tenues señal de que el concierto estaba por comenzar mi emoción creció, presione la mano de Edward pala dejar escapar un poco de esta, él me sonrió y me beso el dorso de la mano nuevamente. Los dos dirigimos la mirada hacia el frente en donde la cortina se estaba apartando dejando a la vista a la orquesta, hubo unos cuantos aplausos cuando el director de la orquesta salió y se posiciono en su lugar.

-Algún día me gustaría estar ahí.- murmuro Edward, voltee hacia él.

-Lo estarás amor.- le asegure con convicción besando su mejilla, él me sonrió agradecido.

Volvimos a concentrarnos al frente cuando comenzó la música dándole la bienvenida a las 4 estaciones de Vivaldi, comenzando con Primavera. Era maravilloso observar de tan cerca la ejecución de cada uno de los instrumentos, ver los rostros de los ejecutantes, como con tanta pasión producían esos hermosos sonidos, estaba fascinada. A esta le siguieron las demás estaciones, después dieron paso a piezas de Schumann, Debussy, a Mozart con su sinfonía número 40 y otras. Reconocí algunos de los nocturnos de Chopin y sobre todo mi favorito el nocturno op 9 numero 2, por supuesto no pudo faltar la presencia de Beethoven y muchas más melodías que no pude reconocer de quienes eran, pero que igualmente disfrute. La última pieza fue perfecta para el final, con una exquisita ejecución del concierto para piano número 2 de Rachmaninov. Juro que al concluir tenia lagrimas en mis ojos de todas las emociones que había recorrido a lo largo de cada melodía.

-Oh cariño, estas llorando?- me pregunto Edward al voltear hacia mí, de acuerdo, corrección, las lagrimas no habían permanecido en mis ojos, algunas traicioneras había logrado escapar, las limpie rápidamente, un poco apenada. Una señora de edad mayor me vio con ternura antes de levantarse de su asiento e irse con su acompañante.

-Perdón por ser tan boba, solo que la música clásica siempre me pone así de emocional y escucharla aquí fue muy abrumador.

-Oh no amor, no te disculpes. Lo entiendo por completo, la primera vez que acompañe a mi madre a ver a esta orquesta me sucedió lo mismo.- me conto, sonriéndome.- no te sientas apenada.- me pidió limpiando una de mis lagrimas con sus pulgares, me acerco hacia él y vi su intención de besarme pero una voz a sus espaldas nos interrumpió.

-Edward.- dijo simplemente esta voz autoritaria y femenina que sabía perfectamente a quien pertenecía.- los dos volteamos hacia Elizabeth quien se veía estoicamente elegante con un vestido azul medianoche recatado y elegante, medias y zapatos del mismo azul y un abrigo negro en el cual en la parte derecha brillaba un broche hermoso en forma de mariposa.

-Que sucede madre?- cuestiono Edward con voz cansina, pude ver el indicio de fastidio en su rostro por la interrupción.

-Nos han invitado a la fiesta por la apertura de la temporada. Vamos.- ordeno sin siquiera saludarme y sin preguntar si queríamos ir, comenzó a caminar por el pasillo.

-Pero madre.- comenzó a decir Edward jalándome caminando detrás de ella.

-No Edward, no hay ningún pero. No podemos desairar esta invitación.- aseguro.

-Pero puedes ir tu en nuestra representación, a ti te encanta ir y socializar con esta gente.- replico Edward.

-Como dije no hay ningún pero Edward.- y sin decir más comenzó a caminar de nueva cuenta hacia la salida, Edward suspiro fastidiado.

-Odio ir a estas fiestas, todos con su altanería y su presuntuosidad. Nunca me ha obligado a ir a estas fiestas, no sé porque lo hace ahora.- dijo Edward claramente molesto. Yo si sabía porque lo hacía ahora, claramente por mí, para demostrarme de una nueva forma que no pertenecía a tu mundo. Caminamos en silencio hacia la salida, un señor canoso y robusto acompañado de una mujer muy delgada y con el cabello cano detuvieron a Elizabeth. Yo me iba a detener pero Edward rodeo mi cintura con su brazo y me jalo para que siguiera caminando alejándonos de donde su madre seguía platicando con sus amistades.

-Que haces?- pregunte desconcertada pero divertida por su traviesa expresión.

-Nos estamos escabullendo, vamos.- me indico, no podía ir más rápido por lo zapatos que traía, pero trataba de seguirle el paso para saber a dónde planeaba ir. Primero pensé que íbamos a irnos en su auto, pero dejamos atrás al valet parking que empezaba a entregar los automóviles de los asistentes.

-A donde vamos Edward?- pregunte cuando comenzábamos a caminar por la calle alejándonos del auditorio.

-A hacer algo más divertido que su estúpida fiesta.- me aseguro sonriendo divertido. Me encogí de hombros y simplemente lo seguí, cualquier cosa sería mejor que ir con su madre. Conforme seguimos caminando por la calle iluminando la noche con sus faros, divise algo y voltee a ver a Edward sorprendida y emocionada.

-Vamos al London Eye?- pregunte cual niña pequeña preguntando si la llevarían a la feria.

-Te agrada la idea?- respondió con una nueva pregunta, asentí enérgicamente.

-Claro que sí!- exclame emocionada. Ya había venido en una ocasión con Angela, pero venir ahora con Edward era una cosa distinta, además de que ya era de noche y estaba segura que la vista que ofrecía esta gran noria que de por si era magnifica, de noches seria aun mejor. Pronto llegamos hasta Jubilee Gardens y comenzamos a caminar por el pasto, aunque era difícil para mí pues mis tacones se enterraban en este. Edward sugirió que me los quitara, me encogí de hombros y simplemente lo hice no importándome y solo dejándome llevar por el momento, que más daba, además el pasto estaba suavecito.

Al llegar al pie de la gran rueda casi no había gente haciendo fila, nos pusimos detrás de los últimos. Ya comenzaba a hacer frio, Edward mantuvo nuestro calor corporal a salvo rodeándome con sus brazos y así permanecimos hasta que fue nuestro turno de subir, solo había otra pareja más en la cabina que nos toco y lentamente esta comenzó a subir. Cuando llego a una altura considerable comencé a apreciar la vista del rio Támesis y de algunos edificios, Edward nos tomo unas cuantas fotos y le pidió al chico de la pareja que estaba con nosotros tomarnos una y el hizo lo mismo con ellos. Cuando llegamos a la máxima altura pude ver el edificio del parlamente completamente iluminado y el Big Ben también. Un poco más lejos la Abadía de Westminster con su gótica arquitectura y aun mas lejos el palacio de Buckingham.

-Es hermoso.- murmure Edward estaba detrás de mi rodeando mi cintura con sus brazos y con su rostro recargado en mi hombro derecho.

-Sabes, esto me recuerda a nuestro primer beso- dijo, primero no comprendí a que se refería, pero pronto lo recordé. La rueda de la fortuna de Winter Wonderland- aunque no recibí la reacción que esperaba- recordó con pesar.

-Como querías que reaccionara? Estabas con ella recuerdas?- le recordé.

-Pero ahí fue cuando me di cuenta de que solo quería estar contigo- murmuro besando mi cabeza- pero no recordemos ese asunto, está en el pasado.- me aseguro y yo le creí.

Permanecimos en silencio y poco a poco fuimos bajando y bajando.

-Tu madre se enfadara mucho.- le dije como si el hecho de que estuviéramos bajando a tierra firme implicara que volvíamos a la realidad.

-Seguro si, pero ya la controlare.

-Otra razón para odiarme.

-Ella no te odia.- aseguro como siempre hacia, él nunca se daba cuenta que su madre me aborrecía, su amor de hijo hacia ella lo cegaba. Pero antes de amargarme asegurándole que en realidad si lo hacía y entrar de nuevo en la discusión que siempre teníamos por culpa de Elizabeth fue nuestro turno de bajar y pronto olvide el tema.

Nos encontramos con un puesto de fish and chips y nos dimos cuenta que ya teníamos un poco de hambre, así que compramos un poco y seguimos caminando por Jubilee Gardens, yo descalza con mis zapatos en una mano y mis fish and chips en otra. Pronto comencé a sentir mis pies cada vez mas fríos hasta darme cuenta que mis medias se habían roto. Comenzamos a reírnos.

-El pasto no estaba tan suave después de todo- reí- ni modo tendré que ponerme los zapatos de nuevo.- dije con pesar, pues realmente no aguantaría el camino de vuelta al auditorio donde habíamos dejado el auto.

-Pues no se hable más, te cargare.- dijo Edward decidido.

-Como crees…

Antes de que continuara hablando él ya había puesto sus fish and chips en mis manos y me cargaba al estilo novia, solté un gritito de sorpresa.

-Edward que haces?- me reí mientras el caminaba por la calle que nos había traído hasta aquí.

-No es obvio? Cargando a mi hermosa novia hasta nuestro destino, mientras ella me alimenta con la comida rápida de Reino Unido.- agrego, reí mas fuerte mientras le daba una papa.

Y así seguimos hasta que llegamos de vuelta al Royal Festival Hall, él cargándome, yo con mis zapatos y nuestros fish and chips en mi regazo, mientras lo alimentaba.

Estaba había resultado ser una noche más atesorada en mi memoria, como una de las mejores en compañía de Edward.

Y ciertamente seguía atesorada en la mente de Bella, cada uno de los momentos los recordaba bien, las risas, las lágrimas. Todos buenos momentos. Y sobre todo lo recordaba ahora, pues estaba experimentando un cierto tipo de deja vu, de nuevo frente a un auditorio, solo que esta vez en Roma, para asistir a ver a la orquesta filarmónica, esta vez no la de Londres. Ahora no estaba en compañía de Edward, sino de la hija que juntos tenían, él no estaba con ellas, pero solo porque estaba adentro preparando los ultimo toques para su gran noche de apertura.

De nuevo había gente vistiendo elegante por todos lados, pero era un aire menos pretencioso, más relajado. Aun así no dejaba de abrumar a Bella, pues no conocía a absolutamente nadie.

-Vamos a buscar nuestros asiento mamá.- pidió Carlie emocionada, miraba a todos lados observando cada cosa, quería adentrarse más en ese enorme edificio, pero su madre parecía no querer lo mismo.

-Pero no sabemos a donde están, hay muchas puertas.- dijo Bella notablemente abrumada y es que en efecto, había puertas por todos lados, había varias muchas salas.

-Pues vamos a seguir a la gente.- propuso Carlie jalando la mano de su madre, tana venturera como era ella, se moría por ver el resto del edificio y sobre todo el auditorio donde verían a su padre.

Tranquila Carlie, para allá vamos.- le dijo Bella riendo por el entusiasmo de su hija, daba saltitos a cada paso, haciendo que la falda de su vestido ondeara. Carlie se veía preciosa, pensó Bella. Suerte que Alice había sugerido traer ropa formal al viaje, si no hubieran tenido que ir de compras de nuevo como hacia una semana cuando habían ido a buscar trajes de baño. Bella había empacado un vestido rosa de tul con una cinta dorada en la cintura y varios detalles del mismo color en el pecho para Carlie, que era lo que ahora vestía, con sus flats doradas, había insistido dejar su cabello suelto, tan solo con una diadema brillante rosa y sus cobrizos rizos ondeaba a cada salto al igual que su falda.

Carlie estaba que no cabía de felicidad y emoción, a Bella le encantaba verla de ese humor, ella en cambio estaba que moría de nervios, emoción también sentía, pero eran nervios principalmente lo que hacía que las mariposas revolotearan en su estomago. Desde el sueño que había tenido la noche de hace una semana había preferido mantener la distancia con Edward, si había la posibilidad de que se quedaran solos en una habitación ella salía huyendo, aparte de eso su estadía en este país ha sido muy placentera, Edward como prometió estaba enseñándole a Carlie a nadar, eso los tenía muy entretenidos cuando Edward no estaba ocupado con los ensayos de la orquesta. Había mantenido una relación cordial con Margaret, era una mujer amable aunque de vez en cuando podía notar que le dirigía ciertas miradas, también habían conocido a su marido, Leonardo, un hombre muy amable que trabajaba como jardinero y tenía muchos oficios en esa casa, además de ser al igual que su esposa, como parte de la familia de Edward

-Disculpe, usted es Isabella Swan- interrumpió una voz masculina con acento italiano los pensamientos de Bella, volteo a ver a quien había hablado, era un hombre joven de expresión amable, no encontró razón de porque ese tipo sabia su nombre.

-Ehh si?- respondió muy confundida y mas como una pregunta mirando al hombre con desconfianza, este al notarlo le sonrió.

-Hola, mi nombre es Marcus, soy el asistente del señor Cullen, me dijo que las esperara para indicarles donde estaban sus asientos y estar seguro que todo estuviera en orden.- le comunico. Bella lo miro con cierto recelo pero lo creyó pues sabia como era Edward, se preocupaba y se ocupaba de todo. Volteo a su alrededor buscando a Carlie quien había desaparecido por un momento pero venia corriendo con su ondeante falda y cabello, miro al hombre curiosa.- oh, usted debe de ser la señorita Carlie.- saludo el hombre, Carlie frunció el ceño no entendiendo porque ese hombre sabia su nombre, volteo a ver a su madre buscando respuestas.

-Es el asistente de tu padre, viene a llevarnos a nuestros asientos.- le explico.

-Oh que bien, hay mucha gente.- dijo la niña.

-Por esa razón estoy aquí, para que las chicas de mi jefe no se pierdan del espectáculo.- replico el chico, amabas mujeres sonrieron, Marcus les indico hacia una puerta con su mano y ellas caminaron.

Al entrar o mejor dicho salir hacia el auditorio donde se llevaría a cabo el concierto las dos chicas quedaron asombradas, era al aire libre muy grande y espacioso, se podían apreciar dos de los llamados escarabajos o tortugas que predominaban en la construcción del Parco della Musica. La noche era cálida por el verano y el cielo estaba despejado dejando ver las brillantes estrellas que parecían como pequeñas lucecitas que iluminaban a todo el anfiteatro. Marcus llevo a las dos maravilladas mujeres hasta sus asiento que justamente eran en la primera fila, Marcus permaneció con ellas que siguieron observando todo mientras las gente poco a poco se iba acomodando en sus asientos y cuando las cortinas que cubrían el escenario se apartaron para dejar a la vista a la orquesta un millón de mariposas revoloteo en el estomago de las dos chicas que presas de los nervios se tomaron de las manos emocionadas y más aun cuando Edward salió con su felino andar, la gente aplaudió, las chicas no podían moverse de sus asientos por los nervios. Edward les dedico una mirada y su característica sonrisa antes de levantar la batuta, Bella sintió ese segundo solitario como en cámara lenta antes de que la batuta comenzara a moverse y las notas de la sinfonía número 9 de Beethoven comenzaran a sonar.

El concierto entero fue una mezcla de emociones para Carlie, era la primera vez que escuchaba una orquesta en vivo y era emocionante ver a su padre ahí enfrente, Bella de vez en cuando la volteaba a mirar y recordaba la primera vez que ella había escuchado a una orquesta en vivo, junto con Edward, esa noche en Londres. Para Bella también fue todo un cumulo de emociones escuchar las diferentes sinfonías de Beethoven, Nocturnos de Chopin, escuchar las melodías de Bach, Schubert, el concierto número 3 de Rachmaninov ejecutado a la perfección, pronto le siguió Mozart con la Pequeña serenata nocturna y el concierto concluyo con Réquiem, el final perfecto. Todas esas emociones estaban dentro del cuerpo de Bella cuando la última nota resonó en el aire, pero estaba vez fue distinto pues todas esas hermosas melodías estaban dirigidas por Edward, verlo parado, en medio de todos esos músicos con tanta seguridad, dirigirlos con precisión, con tanta pasión. Era glorioso. Su corazón se oprimía cuando lo veía cerrar los ojos sonriendo cuando un compas había sido tocado a la perfección.

Puede que nadie nunca se diera cuenta, pero cuando el concierto termino, la mujer de cabello castaño y la niña de cabello cobrizo fueron las que más aplaudieron, como si las vidas se les fuera en ello. Edward recibió los aplausos gustoso, pero su mirada y sus sonrisas solo eran para esas dos chicas, sus chicas.

Cuando Edward se unió a ellas en su camerino lo primero que recibió fue un enorme abrazo por parte de su hija, la alzo en sus brazos para poder abrazarla de vuelta a sus anchas. Fue curioso, tantos años dirigiendo esa orquesta, tantos conciertos y nunca se había sentido como hoy, nunca había sido tan gratificante, sabía bien la razón y eso le gustaba. Aun abrazando a Carlie vio a Bella parada a unos pasos mirando la escena en silencio, le sonrió, él le devolvió la sonrisa, aunque lo que en verdad quería era jalarla para que se uniera a su abrazo, lo que quería era besarla, quería tantas cosas que tenía miedo y no sabía cómo obtener.

-Eso fue maravilloso papá, eres maravilloso.- le dijo Carlie dándole un gran beso en la mejilla- estoy sin palabras, todo fue tan- comenzó a mover las manos gesticulando sin sentido- tu…la batuta…la orquesta… todo fue tan…wow!- termino exclamando haciendo un gran gesto con sus manos, Edward y Bella rieron.

-Me alegra que te haya gustado. Me alegra que hayas, que hayan estado aquí. -Corrigió viéndolas a ambas.- y que les parecería ir por algo para cenar? No tienen hambre?- pregunto, Carlie asintió.

-Señor Cullen asistirá a la fiesta?- interrumpió Marcus, todos se habían olvidado por completo que el chico aun seguía ahí.

-Ya te he dicho que puedes llamarme Edward, Marcus y ya sabes que nunca me quedo.- le recordó.

-Lo se se…- Edward lo miro advirtiéndolo con la mirada- Edward- se corrigió el chico- solo pensé que como su familia estaba aquí.

-Vamos Edward, sigues siendo igual de arisco con estas fiesta?- pregunto Bella recordando su escapada al London Eye aquella vez- no puedes simplemente no asistir esta vez, es tu noche, tienes que celebrar.

-Ha habido muchos conciertos como estos y solo he asistido a una sola fiesta, en mi primer recital. Y si tengo algo que celebrar prefiero hacerlo con las personas que yo elija.- espeto determinante mente, Bella rodeo los ojos, siempre había sido así con las reuniones sociales, prefería pequeñas reuniones con gente conocida a grandes fiestas de sociedad, donde apenas la cuarta parte se conocía, el tipo de reuniones que a su madre le encantaban. – Así que, Marcus discúlpame con quien pregunte por mi y disfruten de la fiesta.- el chico asintió- ah y gracias por cuidar de mis chicas.- agrego poniendo a Carlie de nuevo sobre sus pies y tomándola de la mano.

-Fue todo un gusto señor.- replico Marcus despidiéndose con un inclinamiento de cabeza y desapareciendo por la puerta del camerino.

-Nos vamos señoritas?- pregunto Edward sonriéndole a su hija y ofreciéndole el brazo a Bella, ella lo miro dubitativa pero dejo de importarle y simplemente se agarro de él.

-A donde vamos?- pregunto ella cuando las guio por un camino diferente al que habían llegado.

-Saldremos por atrás, si salimos por la puerta principal, habrá mucha gente que me detendrá a cada paso que demos y para serles sincero, ya tengo un poco de hambre.- les confesó.

-No puedo creer que hagas esto, se supone que salgas victorioso recibiendo todos los aplausos por tu actuación.- le dijo Bella.

-Sabes que nunca me ha gustado la atención sobre mí.

Bella lo sabía, en eso se parecían, eso lo había gustado a Bella de él, aun siendo un niño rico, con la madre que tenía no le gustaba estar bajo escrutinio público como la mayoría de los niños en su posición lo hacían.

-A donde vamos a ir a cenar?- pregunto Carlie cuando ya estaban en el auto de Edward con este conduciendo sobre las transitadas avenidas.

-Aquí no hay fish and chips.- recordó Bella riendo, Edward igual rio contento de que ella recordara esa noche y reproduciendo esos mismo recuerdos en su cabeza.

-No, no los hay, pero hay algo muy delicioso que es la especialidad de este país.

-Pizza!- grito Carlie emocionada cuando se pararon frente a un pequeño restaurante que pregonaba servir pizza y comida tradicional italiana.

Juntos entraron al restaurante de ambiente acogedor y cálido, un mesero los recibió con cortesía y al parecer Edward era un cliente asiduo pues este lo saludo en italiano obviamente por su nombre y cuando iban caminando hasta la mesa que les iba a asignar varios meseros más y el encargado de la barra lo saludaron con familiaridad.

-Qui ci sono i suoi solito tavolo.- les dijo ayudando a las chicas a sentarse, les entrego la carta y les dio un momento para ordenar.

-Si me permiten ordenar recomendar algo. La Pizza margarita que aquí hacen es la mejor, podemos pedir una grande para comer todos.- les propuso Edward.

-Pareces el conocedor aquí- le concedió Bella dejando de mirar la carta que contaba con infinidad de pizzas, unas que en realidad nunca había escuchado y no entendía demasiado de que estaban hechas pues estaban en italiano.

-Confiamos en ti.- concedió por su parte Carlie quien tampoco había entendido mucho lo que decía la carta.

Cuando el mesero regreso Edward pidió la orden acompañado de dos Coca-Cola y una limonada para Carlie. Comieron tranquilamente manteniendo una conversación tranquila mayormente monopolizada por Carlie que seguía hablando sobre el concierto. Pero cayo rendida una vez todos subieron al auto para regresar a la casa, debido a esto la primera parte del camino estuvo en completo silencio. Bella miraba hacia la ventana nerviosa por no saber que decir o no saber si sería mejor permanecer en silencio, Edward mantenía la vista clavada en el camino buscando en su mente algún tema con el que pudiera crear una conversación. Escucharon murmuros por parte de Carlie en el asiento trasero donde estaba profundamente dormida. Edward rio.

-Habla dormida, como tu.- comento.

-Si.- afirmo Bella simplemente demasiado cohibida como para decir algo más.

-Me alegra que haya disfrutado la noche y que le haya gustado el concierto. A ti te gusto?- pregunto Edward, era algo de lo que sentía real curiosidad, Carlie había expresado abiertamente su opinión pero Bella apenas y había hablado en la noche.

-Bromeas? Fue genial, en verdad me gusto mucho. – expreso Bella con total sinceridad, Edward sonrió satisfecho de escucharla- me alegra que hayas logrado esto Edward, recuerdas, yo te lo dije. Te dije que lo lograrías.- Edward recordó esa noche que el exteriorizo su deseo de estar enfrente de esa orquesta y ella creyó en él, creyó que algún día lo lograría.

-Gracias Bella.- le dijo, Bella lo volteo a ver extrañada.

-Gracias porque?- cuestiono, siempre se sentía confundida cuando Edward le agradecía por algo, ella realmente no hacía nada.

-Porque tú creíste en mí.

-Pero como no hacerlo, solo el verte ahí esta noche fue maravilloso. Eres tan talentoso Edward, lo vi hace 9 años y lo sigo viendo. No había porque no creer en ti. Y no tienes porque agradecerme, no hago más que lo que es correcto.- rio amargamente- aunque no lo haga siempre- murmuro más bajito y mirando sin darse cuenta al espejo retrovisor hacia Carlie, Edward entendió a que se refería.

-Fue lo correcto Bella, al principio pensaba que no lo había sido porque perdí la oportunidad de ver parte de su infancia, pero la perdí yo, yo fui quien hizo las cosas mal, que perdiéramos la oportunidad de tenerlo todo, lo pudimos haber tenido todo.- para este momento ya estaba estacionado frente a la casa y era muy oportuno pues quería concentrarse en lo que estaba diciendo- Pero quiero avanzar y no seguir lamentándome, no pude ver algunas cosas sobre su vida, pero quiero aprovechar cada momento a partir de ahora. Por eso tengo una cosa más sobre la que agradecerte, por permitirme estar cerca de ella.

-No, por eso no tienes que agradecerme tampoco, es lo correcto. Y no tienes que culparte por lo que paso, no fue tu culpa, ahora sé que no lo fue.- aseguro Bella, Edward la miro y sintió algo en su pecho, algo parecido a la esperanza.

-Propongo algo, porque no dejamos de pensar en lo que es correcto o incorrecto y simplemente hay que hacer lo que sintamos. Estoy arto de vivir lamentándome y no poder disfrutar el presente, no quiero seguir lamentándome.-confeso aunque Bella no sabía hasta donde implicaba esa confesión, Edward ahora sentía esperanza.

-Me parece perfecto, nada de lamentarse entonces? Es un trato?- inquirió Bella y como si estuviera cerrando un trato extendió la mano hacia él quien se la estrecho sin dudarlo, no dudaría cualquier oportunidad que tuviera de tocarla.

Cuando sus manos se estrecharon una sensación que no era desconocida para ambos, pero que habían olvidado por el tiempo que había trascurrido desde que la había experimentado volvió y ambos lo sintieron con más fuerza. Esa corriente que los recorría cada vez que se tocaban, esa corriente ahora hacia que les pareciera imposible separar sus manos, esa corriente que ahora tenía sus miradas conectadas varias imágenes pasando por las pupilas de cada uno, imágenes felices, nada por que lamentarse.

Bella de repente recordó su sueño, nada ha cambiado, eso lo había dicho ella en su sueño y era verdad, nada había cambiado y ahora veía que incluso era más fuerte. Él había dicho que necesitaba saberlo fuera de su sueño, pero no podía, sentía tanto miedo. Y ese miedo hizo que se alejara y Edward lo lamento, pero su esperanza hizo que no dejara caer su ánimo, tenía que ir lento, poco a poco.

Bella bajo del auto sin decir nada y fue al asiento trasero para cargar a Carlie, pero cuando abrió la puerta Edward hacia lo mismo por el otro lado.

-Déjame llevarla.- dijo y la cargo sin ningún esfuerzo pero tratando de no despertarla, la pequeña murmuro algo intangible y se acomodo en los brazos de su padre sin inmutarse.

Edward y Bella caminaron en silencio todo el camino hasta el cuarto de las chicas, Bella pensando en el miedo, Edward en la esperanza, dos sentimientos tan distintos y que no podían convivir juntos, alguno tendría que prevalecer. Edward dejo a Carlie en la cama y olvidándose el ir lento y poco a poco, sin pensárselo dos veces fue hasta donde estaba Bella, la tomo por los hombros y casi violentamente estampo sus labios contra los suyos.

Bella se quedo pasmada, deseo pellizcarse para estar segura que esto no era un sueño de nuevo, pero él la tenia aprisionada sin poder hacer nada, sintió los labios de Edward moverse sobre los suyos, cerró los ojos para dejarse llevar, fuera un sueño o no prefirió disfrutarlo, pero tan fugaz como había venido se había ido, sintió su respiración en su oído.

-No lamento eso, recuérdalo, nada de lamentarse.- escucho su susurro, ella seguía pasmada y lo vio salir de su habitación sin poder moverse.

Ahora en ninguna de esas dos mentes prevalecía el miedo. Siempre un sentimiento era más fuerte.


Hola:::

Aquí les traigo un nuevo capítulo, estoy loca por andar aquí a estas horas y mas porque mañana o mejor dicho al rato me mudo de casa, aquí sin las 2:30 de la madrugada, pero como permaneceré sin internet por varios días, prefería apurarme con el capitulo para no tardarlas más. Ah y los dos atuendo de Bella y el de Carlie están en mi perfil.

Gracias por sus reviews, favoritos y alertas del capítulo pasado, saben que los aprecio demasiado y espero contar con sus opiniones para este pues vamos avanzando, cosas buenas vienen en camino.

Reviews?

Saludos.

Chaoo…