Los personajes que reconozcan son propiedad de Meyer.
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Capitulo 17
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Elizabeth Masen siempre había sido muy privilegiada. Había nacido en una familia prestigiada en Londres y había sido criada como las clásicas niñas ricas a las que no se les niega nada.
Era la chica más bonita, inteligente de su clase desde que iba en jardín de niños, por su posición social todas querían ser sus amigas y cuando fue mayor y creció con gracia, elegancia y hermosura todos querían salir con ella, por supuesto ella no quería salir con todos, al igual que su familia era muy selectiva, le gustaba la atención y le gustaba tener a los pobres chicos adolescentes suspirarando por alguna mirada, una palabra de la guapa Elizabeth, pero ella nunca les daba ninguna esperanza. Siempre había sentido afinidad por las artes, sabia tocar el piano, el cello, pero su especialidad era el violín. Le gustaba pintar y era buena, pero más que nada le gustaba apreciar las maravillosas obras de arte de los pintores más reconocidos.
Cuando era pequeña, como cualquier niña pedía muñecas, su gusto se fue refinando y más tarde pedía instrumentos musicales, el gran piano que estaba en la sala de música lo había obtenido al cumplir 12 años, su más valioso y hermoso violín lo había obtenido al cumplir 16 años y el Cézanne, Monet, el Velázquez entre muchas obras de arte que estaban distribuidos por la estancia, la sala de música y el corredor principal era uno de los muchos otros regalos con que su padre la consentía. Cuando tenia 18 y asistió a un evento de caridad con sus padres y vio a un chico rubio cruzar la pista de baile estuvo muy segura de que era lo que quería para su próximo cumpleaños.
Un joven y rubio Carlisle estaba demasiado aburrido en ese, que él consideraba tonto evento, otro evento mas donde los ricos hacían creer que les importaba alguien más que no fueran ellos mismos. Había vuelto hace algunos días del internado en Berlín donde estuvo desde que inicio en la primaria, si hubiera sido por él se hubiera quedado allá pero su padre enterándose de sus planes para la universidad hizo que regresara para hacerlo entrar en razón. Y ahora estaba atascado en esta reunión donde solo conocía a lo máximo al 10% de los invitados. Estuvo a punto de ir a donde su padre conversaba con algunos amigos para pedirle que lo dejara ir, cuando una chica se acerco a él y lo saludo, la chica era muy hermosa, cabello de un peculiar tono castaño cobrizo recogido de forma elegante, ojos de un electrizante e hipnotizante color verde enmarcados por unas largas pestañas, rasgos elegantes y distinguidos, delgada pero con un buen cuerpo que su vestido verde, que combinaba con sus ojos, hacia resaltar. A Carlisle se le hizo ligeramente conocida, "nuestras madres son amigas, cuando éramos pequeños jugamos juntos algún par de veces" le recordó ella. Se quedaron en su mesa conversando entretenidamente, a Carlisle se le olvido cualquier intensión de marcharse solo por estar con ella, por disfrutar el placer de su compañía y el placer de mirar su belleza. Mientras ellos conversaban y más tarde bailaban un par de piezas, no sabían que eran observados por sus padres, quienes sonreían pues veían un buen futuro.
Los jóvenes después de ese evento volvieron a verse en varias ocasiones, las familias estaban encantadas y muy pronto sus madres se juntaban a tomar el té y a conversar sobre planes de boda. Pero Carlisle no tenia esos planes en su cabeza, si, disfrutaba mucho salir con Elizabeth, pero el tenia su sueños propios que eran ir a la escuela de medicina, había obtenido medias becas en algunas escuelas no muy importantes, él deseaba ir a Oxford, pero por supuesto su padre teniendo la educación que tuvo, quería que su imperio no pasara a manos extrañas y que su gran empresa fuera manejada por su heredero, pero Carlisle odiaba todo ese mundo de negocios, a él le gustaba ayudar a las personas, salvar vidas. Elizabeth se daba cuenta de que él no estaba en la misma sintonía que ella y que la familia, comenzó a sentirse frustrada pues ella quería esa vida, ella quería un matrimonio, hijos, una familia, una familia perfecta. Ella se mostraba comprensiva y apoyaba a Carlisle respecto a sus sueños, pues ser la esposa de un doctor tampoco era algo malo y porque tenía que mostrarse empática con él. Pero también se mostraba cautelosa pues sabía muy bien que si Carlisle escapaba para lograr sus sueños, no recibiría el apoyo de su familia y por lo tanto su familia seria blanco de las habladurías de todas las amistades. Por eso lo alentaba a llegar algún acuerdo con sus padres, lo que menos quería era una pelea familiar.
Carlisle se sentía frustrado y demasiado presionado después de un año de noviazgo con Elizabeth, todos hablaban de matrimonio e incluso aunque ella no lo mencionara cada vez que veía esos ojos verdes, veía la esperanza de que de repente él se arrodillara de la nada y le pidiera matrimonio. Estaba cansado y muchas veces estuvo a punto de terminar esa relación, tomar sus cosas y largarse, pero siempre lo detenía el hecho de que en realidad caía en los chicles de su sociedad, solo era un niño rico que no sabía hacer absolutamente nada, nunca había trabajado y no tena dinero, también lo detenía su madre, la única que le había dado un poco de cariño en esa familia y que últimamente había estado muy enferma. Pero un día su padre lo llamo a su despacho y puso las cartas sobre la mesa.
–Dejare que vayas a esa estúpida escuela de medicina su te casas con Elizabeth Masen-
Para Phillip Cullen era de extrema ventaja que su hijo se casara con la chica, dos familias tan prestigiosas unidad como una sola, era muy provechoso para los negocios y el prestigio. Carlisle miraba sorprendido a su padre, claro que adivinaba las razones de esa propuesta, poder y dinero. Se sentía entre la espada y la pared, por un lado podría estudiar lo que tanto había deseado sin perder el apoyo de su familia ni el cariño de su madre que era la única que le interesaba, pero por otro lado, tendría que atar su vida a un matrimonio que no deseaba, si, le tenía aprecio a Elizabeth, pero no estaba enamorado y no quería estar en un matrimonio sin amor y solo por interés.
-Vamos chico, por lo menos concédenos eso, podrás no encargarte de la empresa pero nos harías muy felices si te vemos casado con una buena chica, tu madre estaría muy ilusionada y tendrás todo nuestro apoyo económico para ir a Oxford, tengo un amigo que es el que concede las entrevistas de admisión, puedo hablar con él en cuanto me des una respuesta- eso era chantaje puro, en los ojos de Phillip Cullen, hombre exitoso de negocios se podía ver la victoria segundos antes de que su hijo respondiera que se casaría con ella.
La señora Cullen organizo toda una elegante cena al otro día y mando a llamar muy temprano a la joyería para que trajera su selección más costosa y elegante de anillos de compromiso, Carlisle miro todos sin micho interés y aburrimiento, su madre termino eligiendo el que sería perfecto para la chica. Así fue como esa noche, después de pedirle a Elizabeth que la acompañara al jardín a caminar un poco, a las 9:48 se arrodillo frente a ella entre las rosas rojas y las violetas y le pidió que fuera su esposa. Elizabeth con lágrimas en los ojos le respondió que sí y lloro tanto porque una vez más obtenía lo que quería y en dos meses seria su cumpleaños.
La boda fue tan ostentosa y todos se maravillaron de que en tan poco tiempo, solo dos meses como la novia lo había exigido, se hubiera preparado tremenda fiesta. De nuevo Carlisle se vio envuelto en ese festival de vanidades donde solo conocía al 10% de los invitados. Elizabeth estaba radiante, encantada con la atención, encantada de ahora poder ser llamada la señora de Carlisle Cullen.
El nuevo matrimonio se mudo a Oxfordshire, a un bien acomodado departamento. Elizabeth continuo con sus estudios en historia del arte y Carlisle se concentro de lleno en sus estudios de medicina. Estaba encantado con todo ese mundo que se le habría ante sus ojos en cada clase, odiaba cada vez que terminaba su última clase del día, porque tenía hambre de aprendizaje y porque tenía que volver con su esposa. Trataba de darle la atención que necesitaba, pues si lo pensaba un poco gracias a ella estaba estudiando en la universidad en que soñaba, la carrera que soñaba, pero ella se volvió cada día más demandante y sofocante, lo llamaba a cada momento para saber donde estaba, a qué hora volvería y comenzaba a obsesionarse con la idea de ser madre, aunque él le había dicho que era muy pronto para serlo y no sería conveniente pues ambos eran estudiantes. Aun con las negativas, un año después ella le anunciaba que estaba embarazada y pasados otros nueve meses, después de un parto complicado dio a luz a un hermoso bebe al que llamo Edward.
Carlisle tuvo un poco de paz después del nacimiento de su hijo, Elizabeth estaba demasiado ensimismada con los cuidados del bebe, al fin tenía a su bebe perfecto, de buen carácter, con mejillas sonrojadas, cabello y ojos del mismo color que ella, con la misma elegancia y distinción que los Masen, lo adoraba por ser tan perfecto y se ocupaba a cada momento de él dejando de lado a su marido. Cuando estaban en público eran la familia perfecta, la envidia de todas sus amigas, lo que tanto soñó. Eran perfectos o eso ella pensaba, por eso se sorprendió demasiado cuando unos meses después de que Edward cumpliera 2 años Carlisle le pidió el divorcio, ella de inmediato respondió que no se lo daría, que solo se divorciarían sobre su cadáver. Estaba tan molesta, tan enojada de que todo su mundo perfecto se estuviera viniendo abajo, no iba a permitir que le arrebatara eso. Pero Carlisle estaba decidido, no quería vivir más esa charada de familia feliz, su madre había muerto un año atrás, le había dado la felicidad de ver su único hijo casado y de conocer su nieto, amaba a su hijo y por lo mismo no podía condenarlo a vivir en una familia vacía y superficial, no quería enseñarle a su hijo a vivir de esa forma, se fue a vivir a otro departamento, Elizabeth se encontraba en negación sobre lo que estaba sucediendo y la primera vez que llegaron rompió los papeles que tenía que firmar para su separación. Ella también estaba decidida a no divorciarse. Pero la gente comenzaba a hablar y su madre le aconsejo que le diera el divorcio sin dramas que hicieran las habladurías de la gente más grandes y así con la humillación del fracaso, a regañadientes le dio el divorcio en forma pacífica.
Desde ese momento vivió con rencor hacia Carlisle Cullen por haber roto su fantasía de una familia feliz, por meses no quiso ir a eventos sociales, ni salir con amigas por la humillación que sentía de ser una mujer divorciada, se concentraba aun mas en la educación de Edward, si, iba a hacer de él un hombre de bien, un hombre distinguido, de buena posición, su pequeño niño perfecto. Comenzó a trabajar en el museo de arte de Londres, mientras Edward iba a creciendo cada día más como un niño encantador. Convivía obligadamente con Carlisle cada vez que pasaba por Edward para llevarlo a algún lado, iba a su casa a pasar un rato con él o en cada cumpleaños del pequeño que no tenía la culpa de lo que pasaba entre ellos dos, pero su rencor hacia él siempre estaba presente y creció cuando 4 años después se entero de que se volvería a casar y que la zorra con la que vivía estaba esperando un bebe.
Vivió en la amargura viendo como otra persona, que según ella no lo merecía, vivía su vida, se casaba con el hombre con el que ella tendría que haber pasado su vida en un feliz y perfecto matrimonio. Como la mayoría de la gente de su circulo la aceptaba, aunque no todos, como tenían una imagen buena, dando lastima por su vida y dándose imagen de puritana por la labor que hacía. Trato con todas sus fuerzas de alejar a su hijo de ella, no iba a dejar que también le quitara el cariño de su hermoso niño, le hablaba mal de ella, trataba de que no fuera a su casa cuando ella estaba ahí, pero la maldita se fue ganando su cariño y el pequeño Edward que nada sabía sobre odios ni rencores comenzó a quererla. Porque todos las querían? No terminaba de entenderlo, ella se ganaba a todo el mundo. Elizabeth creía que poco a poco se estaba robando su vida y ella se estaba quedando sin nada.
Más que su hijo, trato de educarlo con sus costumbres, desde pequeño le transmitió su amor por las artes, pero él a diferencia de ella se inclinaba más por la música que por la pintura. A la semana de haberlo llevado a clases de piano su maestra le dijo que su hijo era un prodigio de la música y ella se sintió la madre más orgullosa del mundo. Cuando llego a la adolescencia se convirtió en un joven muy apuesto y talentoso. Siguió por el camino de la música volviéndose cada vez más talentoso. Cuando Edward tenía 19, su mejor amiga murió en un accidente de auto junto con su esposo, una tragedia. Tragedia que trajo consigo el regreso de su hija, quien también era su ahijada, Victoria.
Victoria, quien desde pequeña había estado en un internado en Italia, desconsolada por la perdida y solo quedando al cuidado de sus fríos y estrictos abuelos, se refugió en los brazos de su madrina Elizabeth. No volvió a Italia y transfirió sus estudios a Londres, poco a poco se fue haciendo cada vez más cercana a Elizabeth y una vez el luto quedo de lado, comenzó a poner sus ojos en su apuesto hijo, los dos ya se conocían de su niñez, siendo sus madres tan amigas habían jugado juntos alguna vez. A Elizabeth no le pasó por alto el gusto de la chica por su hijo y para nada le desagradaba la idea de que los dos se hicieran pareja. La invitaba a cenar cada vez más a su casa para que los dos convivieran y pronto se dio cuenta de que la atracción era mutua, lo que la hizo en extremo feliz y aun más feliz cuando se entero de que eran novios.
Respiraba tranquila mientras el tiempo pasaba y veía a su hijo ser pareja de una chica de buena posición y familia, estaba feliz de que él fuera a terminar con alguien así. Por lo menos su hijo iba a tener esa vida perfecta y ella estaba satisfecha por haberlo educado tan bien para que escogiera a una chica que valía la pena.
Pero dos años después comenzó a cuestionarse porque la vida se empecinaba en arruinar sus planes, en arruinarle la vida. Se lo cuestiono cuando esa chica americana apareció en sus vidas. Cuando llego con su novedad y su simpleza. Edward estaba tan empecinado con ella, al principio decidió no preocuparse, era solo eso, una novedad, su hijo solo estaba un poco deslumbrado, pero pronto entraría en razón.
Había estado tan feliz con la idea de Edward y Victoria juntos, que se había olvidado de todas las amarguras y rencores acumulados a lo largo de su vida, pero volvieron con más fuerza cuando Edward rompió su relación con su ahijada y comenzó a salir con Isabella. No lo podía aceptar, no. Su hijo tenía que casarse con Victoria Brigham, no con un poco cosa Isabella Swan. Trato de hacer de todo para abrirle los ojos a Edward, trataba de sabotear sus salidas, le hacía ver a la chica que no era para nada bienvenida por ella, aconsejaba a Victoria para recuperarlo. Pero nada servía y tuvo que soportar la presencia de esa insignificante chica en su casa, en eventos sociales, el solo hecho de verla y ver la expresión de Edward al verla le recordaba que había fallado de nuevo, que su vida y la de su hijo, se había arruinado de nuevo.
Por eso cuando Victoria llego en un mar de lagrimas diciendo que estaba embarazada de Edward, comenzó a ver un poco de luz en su panorama. Esto era lo que necesitaba para que los planes volvieran por el camino correcto. Aun con todo lo que había pasado sabía que había educado a Edward demasiado bien y asumiría sus responsabilidades. Era perfecto, desde el momento en que Victoria le dio la noticia comenzó a añorar el hecho de ser abuela, un nieto y no sería de cualquier chica, seria de Victoria. Edward y ella terminarían casándose y luego la harían abuela de un niño o niña hermosa.
Pero esa no era la única noticia que Victoria traía consigo y antes de que comenzara a ver más hacia el futuro, la chica le comunico que el suyo, no era el único bebe con genes Masen que venía en camino.
…
Edward observaba a su madre paralizada en sus pensamientos después de haberle dado la noticia sobre Carlie, no sabía qué hacer, ella parecía estar asimilando la noticia y él lo entendía, pero estaba comenzando a frustrarse un poco por no obtener respuesta y sobre todo porque para ser sinceros y conociendo a su madre, él esperaba que ella comenzara a gritar y maldecir, cualquier reacción más violenta, que la que tenia frente a sus ojos.
-Mama…- comenzó a decir y logro captar su atención, ella parpadeo un par de veces saliendo se sus pensamientos y lo volteo a ver, pero ninguna palabra salía de su boca.- escuchaste lo que dije? Estas bien?- le pregunto para asegurarse.
-Si…si yo… yo te escuche…yo… pero ella se había ido.- dijo Elizabeth tratando de recomponerse.
-Si, pero la encontré. Tenía que encontrarlas, a ella y a mi hija.
-Y estás seguro que es tu hija?- pregunto, Edward la miro como si no pudiera creer que estuviera preguntándole eso.
-Por supuesto que estoy seguro madre- espeto un poco a la defensiva- si la conocieras, en cuanto la vieras te darías cuenta de que lo es.-agrego suavizando el tono de su voz, sus ojos se iluminaron al pensar en su hija. Elizabeth soltó un pesado suspiro, esa mirada de nuevo, la misma mirada de su hijo cuando veía o hablaba de Bella- es tan hermosa madre, tiene el color de cabello de los Masen, los ojos son como los de su mamá y es tan inteligente y brillante, que a veces uno olvida que estás hablando con una niña de 9 años- le describió sonriendo como un padre orgulloso, Elizabeth reconoció esa sonrisa- ella quiere conocerte madre.- le comenzó a plantear.
-No estoy en condiciones de viajar.- se excuso creyendo que con eso evitaría una situación que ya no sabía cómo manejar
-Ella está aquí en Londres, vino conmigo.-anuncio Edward. Su madre tardo en responder, con su expresión inescrutable, él ya no sabía que esperar.
-Está bien, quiero conocerla.
…
Bella miraba por la ventana con los brazos cruzados ansiosa como Edward ayudaba a Carlie a subir al auto y cerraba su puerta, para después caminar hacia el lado del conductor.
-Tranquila, todo estará bien. Edward estará con ella.- le recordó tratando de tranquilizarla Esme, quien se acerco a su lado observando como el auto se alejaba.
-Lo sé, lo sé. – Asintió Bella, él se lo había asegurado la noche anterior cuando le dijo que llevaría a su hija a conocer a su madre, prometió que estaría al pendiente- Es solo que no sé como visualizar esto. Puede ser que de verdad quiera conocerla o que haya aceptado con otra intención y no quiero que la lastime. Se como con un simple comentario puede herir o hacer sentir menos a alguien.
-Créeme, yo más que nadie te entiendo- le dijo Esme, a través de los años ella también había recibido comentarios despectivos, desplantes de su parte- siempre hay que estar en guardia con esa mujer. Pero no creo que sea así con Carlie, confió en que no lo será. Dejando de lado todo es su nieta y la sangre llama.
Carlie y Edward llegaron a la enorme casa de Elizabeth. La niña estaba nerviosa y se sintió algo intimidada al ver tremenda casa y aun más cuando entro viendo todo tan elegante, tan caro y sofisticado. Edward coloco su mano en el hombro de su hija y le dio un par de apretones tratando de reconfortarla pues veía lo temerosa que estaba, ella lo miro y cuanto vio la sonrisa de su padre se tranquilizo un poco, solo un poco.
Dorotea los recibió muy amablemente, a Carlie le recordó mucho a Maggie, con su mirada tierna y sus modales amables. Edward pregunto su el doctor ya había llegado, la ama de llaves le indico que aun estaba con ella en su habitación revisándola pero que no tardaba en salir, Edward decidió ir para hablar con el médico. La dulce mujer le ofreció galletas a Carlie, la niña volteo a ver a su padre, no segura de que hacer, este le sonrió amorosamente y asintió.
-Voy a hablar con el médico, regreso enseguida si?- le pregunto, la niña solo asintió, él le sonrió y le dio un beso en la frente antes de irse caminando por el pasillo.
Carlie siempre se sentía cohibida cuando conocía a nueva gente y desde que llego a la casa se sintió intimidada, no sabía cómo se iba a sentir cuando conociera a su abuela. Pero por lo mientras Dorotea se gano su confianza cuando le dio unas galletas de canela recién horneadas por ella, estaban deliciosas, la mujer estaba enternecida y emocionada viendo a la niña comer, era la perfecta combinación de su madre y padre en cuanto a lo físico y cuando comenzó a hacerle preguntas inocentes solo para conocerla mejor se dio cuenta de lo inteligente que era. Se entristeció un poco porque no pudo conocer a la niña desde antes, Dorotea era como de la familia y se entristeció aun más que nada no por ella sino por la señora Elizabeth que se había perdido de conocer a esta niña tan perfecta que tenia frente a ella, sintió lastima por su ama.
Edward en el piso superior dio unos suaves toque en la puerta de la recamara de su madre, escucho una voz masculina que le indicaba que podía entrar, había un hombre con bata blanca de pie a espaldas a lado de la cama tapándole la vista de su madre, se sorprendió al no ver la cana cabeza del doctor Bradley, el doctor de cabecera de la familia, su madre no le había dicho que había cambiado de doctor, pero se sorprendió aun mas cuando el misterioso doctor se dio la vuelta y él lo reconoció.
Era Benjamin Cheney o Ben como él lo llamaba, su amigo desde la preparatoria. Habían continuado su amistad en la universidad aunque cada uno estudiaba carreras totalmente opuestas. Habían perdido un poco el contacto cuando Edward se fue a Italia y se aisló de todo, al verlo Edward se dio cuenta de que había extrañado a su amigo, él había sido su confidente, siempre había contado con su apoyo y cuando necesitaba un consejo ahí estaba el para brindárselo, siempre estaba en contra de las ideas de su madre aunque siempre se había portado cortes cuando iba a su casa y se le hizo extraño que él precisamente estuviera aquí atendiendo a su madre.
-Vaya que sorpresa encontrarte aquí.- le dijo con una sonrisa mientras lo saludaba con un abrazo fraternal.
-Lo mismo digo, es raro verte por estos rumbos.- le respondió su amigo con una sonrisa de sincera felicidad por verlo. Las facciones de Ben se habían hecho más maduras por supuesto por el paso de los años, pero aun seguía esa expresión juguetona y vivaz de su adolescente amigo.
-Benjamin ha tomado el lugar del doctor Bradley desde hace un par de semanas.- interrumpió Elizabeth, ambos voltearon a ver.
-Si, desde que comencé a hacer mi internado trabaje a las ordenes del doctor Bradley, así que ahora que se ha retirado me ha dejado a cargo de sus pacientes.- termino de explicar Ben, Edward asintió.
-Y como va todo? Como está reaccionando mi madre al tratamiento?- pregunto Edward. Benjamin de inmediato cambio su expresión a una profesional y seria.
-Las descompensaciones son algo normal por los efectos secundarios de la quimioterapia, pero esta vez fue más severa. Presento un cuadro severo de anemia, que ya estamos tratando y está mejorando. El tratamiento ha ido funcionando lentamente pero bien porque lo que nos dio la oportunidad de bajar la intensidad de la quimioterapia para disminuir las descompensaciones.
-Y esto no afecta el tratamiento contra el cáncer?- cuestiono Edward.
-No, como te digo, todo va funcionando bien. Ha sido un proceso lento y aun no podemos causar victoria, pero por el momento podemos estar satisfechos y tranquilos con el progreso. Ahora solo nos queda mantener los efectos secundarios a raya para que no haya otras complicaciones ni otra decaída como esta.- concluyo Benjamín.
Edward respiro un poco tranquilo volteando hacia su madre que sonrió ligeramente, él por su parte le brindo una sonrisa mas ancha y se acerco a darle un rápido abrazo. Benjamin termino de explicarlo algunas cosas más y se despidió, Edward le dijo que lo acompañaría a la puerta. De camino a la salida Edward le pregunto qué había pasado en su vida en el tiempo que no habían hablado. Ben se había casado con Angela un año después de que ella había terminado su carrera universitaria, Edward había asistido a la boda y se había enterado que habían tenido una pequeña niña llamada Caroline que ya tenía 7 años, lo nuevo para él y que le platico su amigo es que habían agregado a la familia a unos gemelos llamados Samuel y Liam que ya tenían 2 años, además que apenas hace 2 semanas habían dado la bienvenida a otra pequeña a la que habían nombrado Marian, tenían casa llena y se veía que al hombre le faltaban unas cuantas horas o días de sueño pero aun así a Ben se le llenaban los ojos de amor y orgullo al hablar de su familia y Edward se alegro que su amigo tuviera una vida feliz. Edward no pudo platicarle muy bien todo lo que había pasado con él pues el localizador de Ben sonó llamándolo a una emergencia, pero intercambiaron números y prometieron llamarse para encontrarse y platicar con más calma.
Después de que Ben se fue Edward fue en busca de Carlie y la encontró platicando y riendo animadamente en la cocina con Dorotea. Después de que se comió una de las deliciosas galletas, ambos padre e hija se dirigieron a la recamara de Elizabeth. Todo el nerviosismo volvió a Carlie y se oculto detrás de su padre como una niña pequeña cuando entraron al cuarto, analizando todo a su alrededor pero sin atreverse a mirar hacia la cama que estaba en medio de la habitación. En cambio Elizabeth, quien también estaba nerviosa trataba de mirar ansiosamente a la niña que se encendía detrás de Edward, primero vio un poco de su largo y ondulado cabello del mismo color del de ella, que con el tratamiento se había caído de su cabeza, era pequeña, su cabeza apenas llegaba a la altura de la mitad del torso de Edward, su pequeñas manitas se agarraban de la camisa de su padre, él miro la escena, su madre tratando de verla y su hija ocultándose, volteo hace la pequeña, ella miro hacia arriba, él le sonrió y extendió su mano, cuando la tomo la alentó a salir de su escondite y esta poco a poco se fue asomando.
Elizabeth se llevo las manos a la boca conmovida, sorprendida. Era hermosa, su nieta era hermosa. Con esos grandes ojos color chocolate que la miraban con curiosidad enmarcados con largas pestañas, su cabello peinado en media cola de caballo cayendo en cascada sobre sus hombros, su piel pálida pero con sus mejillas con un lindo rubor color cereza, su facciones una mezcla entre las de su padre y su madre, pudo ver algunos rasgos propios en ella. Trato de controlar sus emociones pues estaba abrumada.
Edward se agacho a la altura de su hija pasando una de sus manos por su cabello que caía sobre uno de sus hombros.
-Ella es tu abuela Elizabeth cariño.- aun de cuclillas dirigió la mirada hacia su madre- ella es Carlie madre, ella es mi hija.
-Eres preciosa.- murmuro Elizabeth aun con shock, Carlie sonrió ligeramente de lado.
-Gracias –susurro un poco apenada. La habitación permaneció unos segundos en silencio.
-Dorotea acaba de hacer unas deliciosas galletas de canela, es una experta haciéndolas…- comenzó a decir Elizabeth concentrándose en temas más banales.
-Cuando llegamos las probo.- interrumpió Edward, Elizabeth solo mascullo un "Oh" estaba nerviosa como nunca lo había estado. – voy a bajar por unas cuantas más para que todos comamos algunas. Quieres venir conmigo o te quedas con la abuela?- le pregunto a la niña que aun sostenía la mano de su padre, lo pensó por unos segundo para responder con voz queda.
-Te espero aquí.
Edward asintió y le acerco una silla para que se sentara a lado de la cama. Elizabeth miro con pánico como su hijo salía de la habitación, luego dirigió la mirada a la niña. Estaba intimidada y no podría creer que ella estuviera intimidada y nerviosa ante la presencia de una niña de 9 años.
Carlie miraba a Elizabeth con interés, de la señora que los diarios de su madre describía no había nada ahí, dejando de lado las diferencia físicas debido a la enfermedad, ahí no estaba esa mirada despectiva, ese aspecto altanero y con aires de superioridad, en cambio frente a ella solo estaba esa mujer que se retorcía las manos nerviosa y con ojos cristalinos. Ninguna de las dos sabia que decir, como empezar una conversación. La niña recorrió la habitación una vez más con la mirada.
-Es un cuadro muy bonito.- murmuro quedito señalando el cuadro que estaba frente a la cama, era un paisaje colorido y a la pequeña le gustaban las formas y los colores.
-Te gusta el arte?- le pregunto Elizabeth a quien le encantaba hablar de esas cosas y estaba aliviada de finalmente poder intercambiar algunas palabras con la pequeña, aunque estaba molesta de no haber sido ella la que tuviera el valor de romper el hielo.
-No sé mucho sobre arte, mi mamá y la tía Alice me han enseñado un poco, pero solo se sobre los cuadros que me gustan. Me gusta Van Gogh .- respondió Carlie.
-Cual es tu favorito de él?
-La noche estrellada y Melocotonero en flor.
-Si tú quieres en cuanto pueda salir puedo llevarte al National Gallery. Yo solía trabajar ahí- le conto, hacia menos de un años que el doctor le había ordenado que tenía que dejar el trabajo, aunque ella lo hubiera hecho a regañadientes, no era necedad, simplemente amaba su trabajo, era una de las pocas cosas que le apasionaban en la vida- no tenemos La Noche Estrellada aquí, pero tenemos el cuadro de Jarrón con tres Girasoles y La Venus del espejo de Velázquez, él es uno de mis pintores favoritos.- concluyo, se alegro cuando vio que la niña la escuchaba con interés y asentía a su propuesta con avidez y emoción, ella sintió emoción en su interior también.
Carlie de repente se levanto de la silla, Elizabeth la miro con curiosidad y pensó que se iría pero en vez de eso camino hacia la cama y como si nada se subió a esta y se sentó a su lado. Toda una revolución sucedió en su interior cuando la pequeña tomo su mano y le dio dos apretones con cariño.
Elizabeth abrió los ojos con sorpresa, no sabía cómo tomar esto, miles de sentimientos la embargaban. Emoción, felicidad, culpa, amargura, tantos sentimientos unos buenos y otros malos. No sabía con cuales quedarse, pues había vivido tanto tiempo con todos esos malos que ahora no sabía cómo alejarlos, como sentir algo más. Todo el tiempo, desde su niñez, criada para vivir una vida perfecto, fría, vanal, se había preocupado solo por eso, por la perfección, por ser perfecta, por tener una vida perfecta; pero allí viendo a esa pequeña tomándole la mano, tan dulce, inocente, con esos ojos tan expresivos y llenos de todos esos sentimientos tan puramente hermosos, se dio cuenta de que había estado en busca de algo inexistente y en su inútil busca se había privado de vivir lo que en realidad importaba en la vida, de disfrutar las cosas simples, como un beso de amor, una caricia inocente, un abrazo amoroso, fraternal, una sonrisa, una mirada. Pues siempre estaba pensando con beneficios que tendría, la adición que podría tener a su vida perfecta.
Pero poco a poco solo iba perdiendo más y más.
Primero Carlisle, su matrimonio, aun sin haber permanecido casados pudo haber conservado su amista, era un hombre bueno, pero no, la había perdido también. Más tarde alejo a su hijo también, le quito la oportunidad de ser feliz y lo alejo, alejo a la mujer que su hijo amaba y alejo a su hija.
Ni siquiera tenía amigos reales, estaba rodeada en cada reunión social por toda esa gente hipócrita que sonríe al saludarte y en cuanto te das la vuelta de miran con envidia y hablan mal de ti. Ninguno de sus "amigos" había puesto un pie en su casa para saber de su salud, se había preocupado toda su vida por lo que pudieran decir todos ellos, pero en donde estaban todos ahora? En cambio esta niña, que aun cuando apenas fue una pequeña célula creciendo en el vientre de su madre, sin saber lo que sucedía en el mundo, ella había alejado y lastimado, esa niña que ni siquiera podía defenderse, ella en cambio estaba aquí, frente a ella con sus mejillas llenas y sonrojadas como su madre, su sonrisa sincera y su toque delicado, queriendo conocerla, interesándose en ella.
Elizabeth entonces supo que en su camino a encontrar y formar una familia perfecta, había fallado, había alejado a todos y para empezar ni siquiera tenía una familia.
Hola:::
Disculpen de nuevo la tardanza, las vacaciones de me atravesaron y un poco de problemas de concentración. Pero aquí lo tienen! Un nuevo capítulo de esta historia.
Un poco más de historia de fondo, ya pudieron conocer más de Elizabeth, como fue su vida. Y bueno el encuentro entre Carlie y Elizabeth! La sangre llama, un muy cierto dicho. Que les pareció? Como ven la reacción de Elizabeth, de Carlie? Les sigue cayendo mal la mamá de Edward? Creen que cambiara o todo su razonamiento mental servirá para nada?
Quiero agradecerles por sus reviews del capítulo pasado, así como sus favoritos y alertas. Gracias por comentar a Robmy, Fran Ktrin Black, anitakarina1983 y JosWeasleyC, aprecio cada uno de sus comentarios.
Ahora si me regalan un review? Saben que me encantan sus opiniones y sirven de retroalimentación para esta historia. Que creen que pasara? Que tal les pareció? Espero sus comentarios :)
Soy m11_quirky por si gustan contactarme y seguirme.
Saludos, les mando un gran abrazo.
Chaoo…
