Capitulo XVIII.- Nacimiento y ¿Perdida?
Camina de un lado a otro, estando delante de la habitación que comparte con su mujer. Sus orejitas se movían inquietas a cualquier sonido proveniente de aquella habitación.
Siente como alguien comienza a halar su hakama haciéndolo detenerse, dirige su vista hacia abajo, y se encuentra con sus dos cachorros viéndolo con preocupación, se acuclilla a su lado, no se había dado cuenta que al actuar de aquella forma preocupaba a sus pequeños.
- ¿Mami se pondrá bien, cierto? –lo pregunta el pequeño Inutaisho viendo a su padre y estando a un lado de su hermana-
- Claro que si cachorros –lo dice al acariciar suavemente la cabeza de cada uno de los niños y alborotar un poco su cabello-
Escucha un leve grito alertándolo, y poniéndose de pie rápidamente. ¡Rayos! Como quisiera poder estar con la chica en este momento, sabía que ella lo necesitaba y él necesita estar a su lado, asegurándose de que estuviese bien ella y aquel pequeño que estaba a punto de nacer.
- Niños, ¿porque no vamos a su habitación y les cuento alguna historia? Ya mañana podrán ver a su madre y a su hermanito o hermanita –escucha como lo dice Souta el cual desde hace algunos momento que los observaba-
Ve como ambos niños asienten y se encaminan hacia donde estaba su tío.
- Gracias –lo murmuro Inuyasha hacia Souta, viendo como luego este se dirige con los niños hacia la habitación de ellos-
Escucha como la cerradura de la puerta es abierta, dirigiendo su vista hacia ella, viendo como al abrirse la puerta la madre de la chica salía de la habitación.
- ¿Cómo esta ella? –lo pregunta inquieto-
- Esta bien, en menos de dos horas tendrán a ese pequeño entre sus brazos –se lo dice sonriendo y cerrando la puerta-
- ¿Puedo ir con ella? –pregunta al ver como la madre de la chica se dirigía hacia las escaleras-
- Claro. Yo regresare en unos minutos, solo iré a buscar unas toallas limpias –lo informa antes de comenzar a bajar las escaleras-
Se acerca más a la puerta y comienza a abrirla lentamente, al entrar a la habitación vuelve a cerrar la puerta. Dirige su mirada ambarina hacia la cama, viendo a su mujer recostada en la cama, siendo cubierta por una manta, pudiendo notar como mantenía sus piernas un tanto dobladas.
- Kag –lo llama al caminar hacia ella, viendo como ella abría sus ojos-
Se sienta en la cama a un lado de ella, y toma la mano de ella entre las suyas.
- Te ves cansada, pequeña –se lo dice dulcemente al acariciar con una de sus manos el rostro de ella, y colocar un travieso mechón de su cabello detrás de su oreja-
- Estoy bien, mi cansancio valdrá la pena –lo dice sonriéndole al hanyou con dulzura-
El por su parte, se inclina un poco a ella, y le da un dulce beso en su frente.
- ¿Y los niños? –lo pregunta ella pocos minutos después-
- Souta los llevo a su habitación –lo responde simplemente besando la mano de la chica que sostiene-
Luego de unos minutos entra la madre de Kagome. Inuyasha pidió poder quedarse con Kagome a la cual la madre de ella estuvo de acuerdo.
Aquella noche resultaba ser hermosa, como muy pocas en aquella época, una noche calida, acogedora, perfecta para el comienzo de una nueva vida que al florecer traería alegrías, esperanza, sonrisas, y más, a todos aquellos que la rodeen.
Por aquella fecha, la primavera, los cerezos habían florecido, mostrando su total esplendor solo por unos pocos días, pero ofreciendo esperanza al haber podido apreciar tan hermosa maravilla.
Un llanto se logra escuchar, una suave brisa mueve las flores de Sakura haciendo caer unas pocas como si de nieve se tratase, había nacido una nueva esperanza para el pasado, y el futuro.
-.-.-.-.-
Mantiene su vista ambarina fija en la chica que se encuentra a su lado profundamente dormida, cansada por el esfuerzo al traer al mundo a aquella pequeña que se encontraba también dormida a un lado de su madre.
Una sonrisa se muestra en su rostro al ver como aquella cachorrita parecía hacer pequeños pucheros, intuyendo que ya comenzaría a llorar para pedir alimento.
Su cabello era totalmente de color azabache, al igual que el de su madre, no tenia sus características orejitas a diferencia de sus otros dos cachorros, pero seguramente si tenia aquellos orbes dorados.
A simple vista parecía ser un bebé normal, pero algo en su interior le decía que seria una pequeña muy especial, al momento de su nacimiento sintió algo especial, no solo la alegría de ver a la pequeña nacer, era algo más.
Ella había nacido levemente rodeada por una energía, no era algo de temer, pudo sentir un nuevo anhelo, una esperanza cercana a su futuro. Y sabe que la chica también pudo sentirlo. Pero aquello de cierta manera también le turbaba, alguna parte de su instinto le advertía un peligro próximo.
-.-.-.-.-
- Yo quiero verla primero –lo dice con entusiasmo la cachorrita al caminar a la habitación de sus padres siendo cargada junto a su hermano por su padre-
- No, yo quiero verla primero –lo reprocha Inutaisho-
- Tranquilos cachorros, ambos verán a su hermanita juntos –lo dice al ya estar frente la puerta la cual comparte con Kagome, y tan solo la empuja un poco ya que esta se encontraba abierta-
Al entrar a la habitación ven como la pelinegra acostada sobre la cama estando recostada en un montón de almohadas, con la pequeña bebé entre sus brazos, cómodamente dormida.
Inuyasha deja con cuidado a los cachorros sobre la cama, y estos se acercan gateando hacia su madre, para poder ver a su hermanita.
- Es tan pequeña –lo dice Izayoi al contemplar a la bebita dormida en brazos de su madre-
- Tú eras aun mas pequeña de bebé –lo informa Kagome viendo a su hija de cinco años y medio a un lado de su hermano-
- ¿De verdad? –lo pregunta ingenuamente-
- Así es –lo responde el hanyou al sentarse a un lado de sus cachorros y su mujer-
- ¿Puedo cargarla? –lo pregunta animosamente Inutaisho al ver a su pequeña hermanita en brazos de su madre-
- Ten mucho cuidado –se lo dice Kagome, al incorporarse un poco más, y con sumo cuidado entregarle la bebe a Inutaisho-
Inutaisho toma a su hermanita entre sus brazos, también recargándola un poco entre sus piernas, la pequeña por un momento pareció que fuese a llorar por apartarla de los brazos de su madre, pero al sentir el calor del cuerpo de Inutaisho se acurruco en los brazos de su hermano, para poder seguir durmiendo.
- Yo también quiero cargarla –lo dice una Izayoi ilusionada viendo a su hermanita y luego a su madre la cual solo asiente con una sonrisa-
- ¿Cuál será su nombre? –lo pregunta Inutaisho sin dejar de ver a la pequeña-
Inuyasha y Kagome se miraron por unos pocos segundos, aun no habían pensado en que nombre ponerle a aquella pequeña, cuando nacieron Inutaisho e Izayoi ya tenían sus nombres pero con aquella pequeña no.
- Aun hemos decidido cual será su nombre –lo dice Kagome al dirigir su vista ahora hacia Inutaisho y la pequeña-
- ¿Podría ser Saki? –pregunta Izayoi al ver a su pequeña hermana-
- ¿Por qué Saki? –lo pregunta Inuyasha al tomar a su cachorra entre sus brazos-
- Por que me gusta, y algo me dice que es el apropiado –lo responde viendo a su padre, y luego dirigir a su hermanita-
- Bien entonces su nombre será Saki –lo dice Kagome con una sonrisa-
Luego de algunos minutos Inutaisho le entrega a Izayoi su hermanita, para que la sostenga por unos minutos, antes que comience a pedir su alimento. Inuyasha y Kagome se mantienen observando aquello, resultaba una escena absolutamente hermosa, algo que nunca podría haber llegado a imaginar.
Sus sentimientos lograron traspasar barreras de tiempo y espacio, se mantuvieron juntos a pesar de ser de especies distintas, ahora tienen su familia. Han logrado superar los obstáculos en su camino, saliendo victoriosos en sus batallas, pero ahora la batalla final estaba mas cerca de lo que esperaban.
-.-.-.-.-
El hanyou estaba ayudando a la madre de la chica a acomodar unas cosas que habían ido a comprar hace un rato. Por su parte Kagome era quien esta vez jugaba con los niños, a la sombra del Goshimboku.
Ya había pasado mes y medio desde el nacimiento de la pequeña Saki, como la nombro Izayoi.
No se les había hecho tan difícil el acostumbrarse a los horarios con el nuevo miembro de la familia. Fue mas difícil cuando Inutaisho e Izayoi nacieron, no es nada fácil ser padres primerizos y tener mellizos. Pero por nada en el mundo cambiarían todo aquello que vivieron y experimentaron juntos.
Cuando ya les faltaba poco por terminar, las orejitas del hanyou se movieron atentas cuando el llanto de su cachorrita llego a él.
Al terminar de ayudar a la madre de la pelinegra se encamina hacia la sala de estar y escucha como alguien entra, voltea a ver y observa como es su mujer, viendo como esta tenia sus brazos cruzados sobre sus pechos.
- ¿Despertó, cierto? –pregunta la pelinegra al ver como Inuyasha se dirigía hacia las escaleras-
- Si, ¿Cómo lo supiste?
- Solo lo supuse –responde al acercarse al ojidorado- y al parecer necesita comer –moviendo sus brazos hacia los lados de su cuerpo-
Inuyasha ve como la blusa que llevaba puesta la chica se encontraba un poco manchada en la parte correspondía a sus pezones.
La pareja sube a ver a su pequeña. Al llegar Kagome toma a Saki entre sus brazos para luego comenzar a alimentarla, al terminar se encarga de sacarle los gases, luego se la entrega al hanyou para que la cambiase.
Poco después Izayoi e Inutaisho se reúnen con ellos, permanecen en la habitación hasta que Saki se vuelve a quedar dormida, luego los dos niños llevan de nuevo a sus padres afuera para continuar jugando.
-.-.-.-.-
Ya tenían dos semanas de regreso en el Sengoku, la pequeña Saki ya tenía cuatro meses y medio.
Kagome estuvo hablando mucho con Sango, la cual ahora ya tenía poco mas siete meses de embarazo, se pusieron al tanto de todo lo ocurrido durante el tiempo que estuvieron alejadas.
Ahora la joven miko junto a su hija caminaban en medio del bosque alejadas un poco de la aldea. La chica se había asegurado de que el hanyou no las siguiese.
- ¿Por qué hemos venido solas hasta aquí, mami? –pregunta la pequeña al momento que Kagome se detiene y ella hace lo mismo-
- Debo entregarte algo –lo dice al sentarse sobre sus rodillas y poder estar a la altura de su hija-
La pelinegra lleva una de sus manos hacia unos de los bolsillos de la falda que tenia. Abre la palma de su mano derecha mostrando en ella un fragmento de la perla.
- Quiero que guardes esto por un tiempo ¿Puedes hacerlo? –termina preguntando viendo las orbes doradas de su hija idénticas a las de su padre-
- Si –se lo dice la pequeña con una sonrisa-
Kagome le entrega el fragmento a Izayoi, viendo y sintiendo como este se purificaba aun más que cuando estaba en sus manos. Algo le decía que debía hacer aquello, que no guardase ella todos los fragmentos y estaba segura que en manos de su hija estaría totalmente protegido y purificado.
Izayoi aun siendo una niña no podría ser corrompida por la maldad, como lo fue ella en varias ocasiones en el pasado.
- ¿Qué es exactamente? –lo pregunta curiosa la niña al ver el fragmento- sentí una energía extraña cuando me los mostraste –termina diciendo ahora viendo a su madre-
- Es un objeto muy valioso y tu lo protegerás por un tiempo –se lo dice al tomar el fragmento y colocarlo en una especie de collar para luego ponérselo a Izayoi alrededor de su cuello-
- ¿Y por qué me entregas solo este fragmento y tu permaneces con los demás? –pregunta señalando al pecho de Kagome al haber sentido como ella tenía los demás trozos guardadas en aquel lugar-
- ¿Puedes sentirlos? –pregunta un tanto sorprendida viendo como la pequeña asiente-
- Desde hace tiempo puedo sentir la energía que desprende de ellos –se lo dice al tomar entre su mano el fragmento que cuelga en su cuello- entonces ¿Por qué solo me entregas este?
- Porque soy yo quien debe cuidar de ellos, pero te pido que me ayudes a cuidar de ese por un tiempo ¿Si? –termina por preguntar y ve como la pequeña solo asiente-
- Pero nadie más debe saber que tú lo tienes ¿De acuerdo? –informa la misma Kagome-
- ¿Ni siquiera papá e Inutaisho?
- Ni siquiera ellos, será un secreto entre nosotras dos –ve como su hija vuelve a asentir-
Permanecieron unos minutos mas en aquel lugar, Kagome le dijo a Izayoi como hacer para esconder la presencia del fragmento con su poder espiritual, sorprendiéndose al ver como su hija lograba dominar aquello rápidamente.
El atardecer comenzaba a mostrarse en el Sengoku y la chica junto a su hija regresaron a la aldea, el hanyou debía estar totalmente preocupado por ellas al igual que Inutaisho y la pequeña Saki de seguro ya querría alimentarse.
-.-.-.-.-
Una semana había pasado desde que Kagome le entregase el fragmento a Izayoi.
En el tiempo que llevaban de regreso en la aldea no había señal alguna de Naraku, pero no por ello podían estar completamente tranquilos. La joven miko era quien más se encontraba angustiada, tenía un muy mal presentimiento que no lo dejaba tranquilizarse. Fue por aquella razón principalmente que le entrego el fragmento a Izayoi.
Dirige su mirada al gran firmamento que ahora se encontraba totalmente oscurecido. Una suave y fresca brisa mecía sus cabellos azabaches.
Siente como alguien la rodea entre sus brazos sabiendo bien que se trata de su hanyou, se acurruca en el abrazo que él le ofrecía.
- Ya es tarde, vamos a dormir –escucha como se lo dice Inuyasha-
Ella solo asiente para luego voltearse entre el abrazo de ojidorado y quedar cara a cara con él.
- ¿Podríamos dormir esta noche con los niños? –pregunta al recostar su cabeza en el pecho de Inuyasha-
- No me molestaría –escucha como se lo responde el hanyou, cosa que la hace sonreír-
Ambos se encaminan hacia la cabaña, el hanyou se dirige a la habitación que le corresponde a Izayoi e Inutaisho, mientras que Kagome se dirige a la habitación de ellos en la cual también dormía la pequeña Saki por ahora.
Inuyasha alcanza a su mujer, trayendo a sus dos cachorros entre sus brazos totalmente dormidos.
Ve como la chica ya se encontrada acostada sobre el futon estando su pequeña cachorrita a su lado dulcemente dormida. Con sumo cuidado acuesta a Izayoi e Inutaisho sobre el futon a para luego el también acomodarse en aquel lugar, estando toda la familia unida.
Sonríe al ver a sus tres cachorros dormidos entre él y su mujer formando aquella escena totalmente prefecta la cual ni en sus mejores sueños pudo llegar a imaginar.
Kagome mantiene su vista fija en sus hijos, y luego de unos segundos la dirige hacia su hanyou, le sonríe dulcemente viendo como el regresaba el gesto.
Deseaba que aquella batalla por la perla de Shikon terminase, para poder ser enteramente feliz con su familia.
-.-.-.-.-
- ¿Crees que debamos ir? –pregunta Kagome hacia Inuyasha luego de haber escuchado de uno de los aldeanos de la aldea vecina como unas extrañas nubes negras junto con una fuerte energía se acercaba a ellos-
- Si no lo hacemos, vendrá hacia acá –lo dice al saber de quien podría pertenecer aquella energía-
- No pueden ir ustedes solos –lo dice Miroku viendo a ambos jóvenes-
- Tu debes quedarte con Sango –dice Kagome dirigiendo su vista hacia donde estaba la taijiya junto a Inutaisho, Izayoi y el kitsune-
- Y tu debes quedarte con Saki, y los cachorros –escucha que lo dice seriamente el hanyou, dirigiendo ahora su mirada hacia él-
- No iras solo –se lo dice firmemente-
Miroku se retira dirigiéndose hacia donde estaba Sango con los niños y Shippou, sabía que no podría interferir en alguna discusión que tuviesen el hanyou y la miko.
- Iré con Miroku y tu te quedaras con Sango y los niños –al decir esto ve como al chica se voltea dándole la espalda-
- No lo harás, no me quedare aquí esperando con los brazos cruzados –lo dice seriamente-
- Kagome, por favor, tengo que ir… -se lo dice tratando de mostrar calma y paciencia en sus palabras-
- Solo si yo te acompaño. No te dejare ir solo
- Pero…
- ¡Pero nada! –exclama al darse vuelta y quedar frente a frente con el ojidorado-
Inuyasha ve como los ojos de ella de encontraban cristalinos. Tan solo se acerca un poco más a ella y la abraza, refugiándola entre sus brazos y su pecho.
- No te dejare ir solo –lo repite- no quiero perderte –lo murmura al expresar su miedo-
Permanecen de aquella forma unos cuantos minutos, aquel miedo persistía en ambos, el miedo de perder lo que mas se ama, de perder a la familia.
- Solo iremos a ver ¿de acuerdo? –dice el hanyou separándose un poco de la chica- nos regresaremos lo antes posible
Kagome tan solo asiente levemente y luego vuelve a recostar su cabeza en el pecho del chico.
-.-.-.-.-
Hace unos minutos que habían llegado a la aldea que les había mencionado, hasta ahora no habían sentido la presencia de Naraku, tan solo una energía maligna que nos les resultaba conocida, pero de cualquier forma la estaban siguiendo.
Al llegar al lugar del cual provenía aquella presencia maligna no encuentran más que una cueva muy alejada de la aldea.
- Han venido –escuchan que lo dice una vos suave desde el interior de la cueva haciéndoles dirigir su vista hacia allí-
- Kanna –lo dice Inuyasha al ver como se trataba de aquel ser quien los esperaba-
- Nos esperabas ¿cierto? –pregunta Kagome al acercase-
El hanyou hace que la pelinegra se detenga parándose delante de ella y luego desenvaina su espada.
- No estoy aquí para pelear con ustedes. Tan solo obedezco órdenes -lo dice al voltearse un poco y alejándose del hanyou y la miko-
- ¿A dónde vas? –lo pregunta Inuyasha-
- Mi misión aquí ha terminado. Su pelea no es en este lugar –murmura sin detenerse para luego desaparecer entre la espesura del bosque-
- ¿Acaso será…?
- La aldea, los niños… -lo susurra Kagome viendo con angustia al hanyou-
-.-.-.-.-
Al llegar a la aldea se dirigen rápidamente hacia su hogar, y encontrar este totalmente vació.
- Es la presencia de Naraku –lo dice la chica con su voz entrecortada al comprobar como aquella presencia se encontraba a todo alrededor-
- Kikio también estuvo aquí –lo dice al dirigirse a la salida de la cabaña junto con Kagome-
Se detiene bruscamente al escuchar un llanto muy especial y familiar para él, seguido también las voces pertenecientes a Izayoi e Inutaisho gritando el nombre de la pequeña Saki.
- Están en el bosque –lo dice rápidamente, tomando a la chica entre sus brazos, y dirigirse hacia el lugar donde provenían aquellos gritos y llanto-
-.-.-.-.-
Logra divisar como sus cachorros están siendo protegidos por un campo de fuerza seguramente hecho por el houshi, se apresura un poco más. Al llegar deposita a Kagome en el suelo a un lado de los niños.
- Han llegado tarde –se escucha la voz de Naraku decir aquello-
Inuyasha y la miko dirigen su mirada hacia aquel ser, viendo como este se mantenía sonriendo con ironía.
- Maldito –dice Inuyasha al desenvainar a colmillo acero-
- No lo ataques Inuyasha –se lo dice Miroku parándose a su lado, deteniendo que ataque sin saber las consecuencias-
- Has caso al monje, no querrás destruir a tu hija junto a mi –lo dice Naraku al moverse a un lado y dejar ver a Kikio con la pequeña Saki en sus brazos-
El futuro aun es incierto, nada es claro, ¿Habrá dolor, lágrimas, sonrisas? Nadie lo sabe, lo único seguro es que la esperanza y el anhelo estarán presentes… en un solo ser.
Continuara!!
