Capitulo XIX.- Deseo.

Abre sus ojos dejando ver el color chocolate en ellos, se reincorpora quedando sentada sobre el futon, se da cuenta como nadie más se encuentra en aquella habitación. Le habían dado algo para que se durmiese después de lo que sucediese aquella tarde.

- Has caso al monje, no querrás destruir a tu hija junto a mi –lo dice Naraku al moverse a un lado y dejar ver a Kikio con la pequeña Saki en sus brazos-

No mueve ni un músculo de su cuerpo al ver a su pequeña en brazos de aquella miko de la cual es la reencarnación. Mantiene su mirada fija en su niña, la cual había comenzado a llorar.

- Malditos –lo gruñe Inuyasha guardando a colmillo de acero no atacaría estando su pequeña en peligro-

- ¿Por qué hacen esto? Su pelea es con nosotros –lo dice Kagome dando un paso hacia delante- devuelvan a Saki y enfréntense a nosotros

- No será tan sencillo, si quieren recuperar a su hija deberán entregarme la perla –dice con una sonrisa en su rostro-

- Los estaré esperando –lo dice el mismo Naraku al desaparecer junto a Kikio y Saki-

Por las mejillas de Kagome comienzan a recorrer algunas lagrimas, tan solo unos segundos después comienza a caminar hacia la dirección por la cual podía sentir la presencia de Naraku.

- ¿A dónde crees que vas? –se lo pregunta Inuyasha al detenerla, parándose delante de ella-

- Voy a recuperar a mi bebé –lo dice al intentar contener sus lágrimas y queriendo pasar al hanyou pero este la detiene sosteniéndola por uno de sus brazos, para luego abrazarla-

- No te dejare ahora, no así. Recuperaremos a nuestra hija –lo dice al intentar que se tranquilice un poco pero bien el moría de miedo al solo pensar en su pequeña-

- Déjame, suéltame, quiero a mi bebé de vuelta –lo dice al comenzar a golpear el pecho del hanyou mientras solloza con fuerza-

- La recuperaremos –lo dice al acunarla en su brazos, intentando aplacar sus miedos pero sabia que aquello no seria suficiente-

- ¿Por qué a ella? Ella no tiene nada que ver con la perla. Es tan pequeña, nos necesita… -murmura levemente al dejarse abrazar por el ojidorado-

- Mami, papi –escuchan las voces de sus hijos llamarlos, haciéndoles fijar su vista en ellos que ya estaban a su lado-

- ¿Nuestra hermanita estará bien, cierto? –lo pregunta Inutaisho al tratar de contener su llanto, presentía que algo no estaba bien, a su lado Izayoi ya dejaba recorrer las lagrimas por sus pequeñas mejillas-

- Si… -lo murmura Inuyasha mas para si mismo que para cualquier otra persona-

Luego de aquello fueron a la aldea, y le dieron algo para que se durmiera y se tranquilizase, como si eso le fuese ayudar en algo, ella lo único que quería era recuperar a su bebita.

Lleva sus manos a sus pechos, le dolían, pudo ver como la blusa que llevaba estaba manchada en la parte correspondiente a sus pezones. Su bebé necesitaba comer, la necesitaba a ella.

Se pone de pie, se cambia de ropa y luego tomando su arco y flechas y sale de la habitación, ni el hanyou ni los niños estaban en la cabaña. Estaba completamente decidida a recuperar a su hija, y no pensaba esperar a que el hanyou le dijese cuando fuese el momento adecuado, ella quería recuperar a su bebé ahora, y haría cualquier cosa por recuperarla.

Lleva su mano derecha hasta su pecho, y toma entre su mano el trozo de la perla que llevaba consigo, la batalla final se llevaría a cabo dentro de muy poco.

-.-.-.-.-

Ya comenzaba a anochecer, Inuyasha aun estaba en la cabaña de Kaede, hablando con ella, Sango y Miroku, sobre lo que podría y debería hacer ahora, no sabia que hacer, estaba completamente preocupado por su pequeña, debía pensar muy las cosas antes hacer algo, no quiera que la pequeña Saki resultara lastimada por cometer acciones sin pesarlas antes, ya había cometido ese error en el pasado muchas veces, pero ahora no podía arriesgarse a perder a su cachorrita.

Escucha como sus hijos llegan corriendo hasta la entrada de la cabaña, deteniéndose allí, tomando un poco de aire.

- ¿Dónde esta mamá? –lo pregunta Inutaisho al ver a su padre-

- Esta en casa… -se pone de pie y se acerca a sus cachorros-

- No, no esta allí, fuimos a buscarla pero no esta –dice Izayoi al ver a su padre completamente sorprendido-

- No pudiste haberlo hecho, Kagome… -murmura antes de salir corriendo de la cabaña de Kaede y dirigirse a la suya-

- ¿Crees que…? –intenta preguntar Sango-

- Conociendo a Kagome, estoy totalmente seguro de ello… -responde el houshi al saber que era lo que iba a preguntar su ahora mujer-

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Ya se encontraba siguiendo el rastro de Kagome, pero le resultaba casi imposible, al parecer había creado un campo de fuerza para que no pudiese alcanzarla, ¿Qué demonios le pasaba? Sabia que quería recuperar a Saki, pero el también quería hacerlo, debían hacerlo juntos, ambos debían estar juntos para recuperar a su hija.

Les había pedido a Sango y Miroku que cuidasen de Izayoi e Inutaisho, al estar Sango embarazada debía quedarse en la aldea, y Miroku acompañarla. Sus hijos le habían pedido acompañarlo, pero se opuso absolutamente, sabia que estaban preocupados pero no permitirá que ellos también estuviesen en peligro.

Apresura un poco mas su paso, al captar el olor de Kagome, era sutil pero podría decir que estaba cerca.

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- ¿Ya están dormidos? –lo pregunta la niña en susurro hacia su hermano-

- Eso creo, no logro escuchar nada –se lo responde de la misma forma-

Escuchan a Shippou moverse volteando a verle, cerciorándose que aun estuviese dormido. Ya habían pasado un par de horas desde que su padre se marchara, ya pasaba de ser la media noche. De seguro sus padres se molestarían por lo que iban a hacer, pero querían estar con ellos.

- Vamos –lo dice el pequeño al tomar la mano de su hermana y luego dirigirse juntos la salida de la cabaña-

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Ya tenían unas pocas horas caminando y pronto amanecería, se habían alejado mucho de la aldea, siguiendo el rastro de su padre.

- Deberíamos descansar –sugiere Izayoi al detenerse bajo la sombra de un árbol-

- De acuerdo…

Ambos se sientan a las raíces de aquel árbol. Ya su padre les llevaba mucha ventaja y les costaría mucho alcanzarlo pero aun así ellos querían intentarlo, querían estar al lado de sus padres.

Inutaisho se levanta rápidamente al captar un aroma familiar para él, al igual que Izayoi.

- ¡Es el tío Sesshoumaru! –lo exclama Inutaisho al echarse a correr seguido por su hermana en la dirección que percibían su aroma-

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Se detiene al captar un olor familiar para él, haciendo caso omiso a aquello continúa caminando siendo seguido por Rin y Jaken, hasta escuchar unos gritos detrás de él.

- ¡Tío Sesshoumaru! –escucha como el hijo de su medio hermano se acerca gritando aquello mientras corría hacia él siendo seguido por Izayoi-

Los ve detenerse delante de él respirando agitadamente. Espera a que sus respiraciones se tranquilicen un poco antes de hablarles.

- ¿Dónde esta su padre? –pregunta con su voz fría, viendo como ambos niños se afligían al preguntarles aquello-

Inutaisho fue quien le dijo todo lo que había sucedido, mientras Izayoi solo sollozaba suavemente mientras Rin trataba de calmarla manteniéndola entre sus brazos.

Sesshoumaru escucho todo lo que dijo el niño sin decir ni expresar nada.

- Se que nunca te llevaste bien con nuestro padre –comenzó a decir Izayoi de repente al sollozar un poco mas- que lo desprecias y quizás a nosotros también, pero… quisiera pedirte que nos lleves con nuestros padres –lo dice al fijar su mirada ambarina en la fría mirada de Sesshoumaru-

- Izayoi… -murmura Inutaisho-

- Suban junto a Rin y Jaken a Ah-Uhm –es lo único que dice al darse media vuelta evitando de alguna manera la mirada de la pequeña Izayoi-

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Se detiene al ver formado un campo de fuerza delante de ella, ve como una parte de aquel campo de desvanece permitiéndole la entrada libremente, siente la precensia del hanyou cerca de ella, pero no se detiene, al estar ya dentro del campo de fuerza, ve como la entrada que se había formado para ella entrara, se cierra.

- ¡Kagome! –grita al ver como la chica atravesaba el campo de fuerza, corre más rápido pero el llegar ya la entrada por la cual había entrado la pelinegra se había cerrado-

Desenvaina a colmillo de acero disponiéndose a destruir aquel campo de fuerza con alguno de sus ataques.

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Al despertarse por los constantes movimientos de su bebé, se reincorpora sin despertar a Miroku que se encontraba a su lado profundamente dormido, dirige su vista hacia donde esta el pequeño kitsune dormido junto a Kirara alertándole no poder ver a los niños allí.

- Miroku –llama al monje al comenzar a moverlo, para despertarlo- Izayoi e Inutaisho no están

- ¿De que hablas? Si ellos estaban… -no termina de hablar al ya haberse incorporado un poco y ver como Izayoi e Inutaisho no estaban- ¿Pero como…?

- Quizás…

- Eso me temo Sango. Intentare alcanzarlos, es peligroso que estén solos –lo dice al ponerse de pie-

- Ten cuidado…

- Lo tendré. Te amo –lo dice al inclinarse y besar los labios de su mujer para luego salir de la cabaña-

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Camina acercándose cada vez mas a la presencia de aquellos seres que le arrebataron a su niña. El llanto de su pequeña llega hasta a ella, apresurando aun mas su paso hacia la dirección de la cual provenía.

- Has venido pronto –escucha la voz de Naraku decir aquello para luego aparecer de entre las sombras-

- ¿Dónde esta mi hija? –es lo único que articula al encarar a aquel ser-

- Ella esta bien –lo dice al momento que a su lado aparecer Kikio con la bebé en brazos la cual lloraba-

- Devuélvemela –dice al ver a Saki y luego a aquel despreciable ser-

- Entrégame la perla y Kikio te entregara la niña –lo dice al momento que la miko avanza lentamente hacia su reencarnación-

- Si lo que quieres es esto –mostrando la perla casi completa en su mano derecha- tómala –la arroja hacia Naraku cuando Kikio se encuentra delante de ella-

Toma a Saki entre sus brazos quien deja de llorar solo unos instantes después. La pequeña instintivamente comenzó a buscar alimento del pecho de su madre.

Naraku une el trozo que le entrego la chica con los fragmentos que el poseía, dándose cuenta que aun faltaba un fragmento.

- ¿Dónde esta el fragmento faltante? –pregunta al ver a la pelinegra-

- No tengo idea ¿Qué hay del fragmento que posee Kohaku? –miente y termina preguntando al dirigir su vista a su enemigo-

- Se lo arrebate antes de que llegaras –señala hacia un pequeño claro del bosque que se encontraba a sus espaldas-

Dirige su vista hacia donde le estaba señalando Naraku, pudiendo ver tan solo la vestimenta y armas que solía tener Kohaku. Aquella seria una gran impresión para Sango y mucho mas en su estado, pero de una u otra forma ella siempre tenia que tener en cuenta aquella posibilidad. Al menos ahora el houshi estaba a su lado y ya dentro de poco nacería su primer hijo.

- ¿Y bien, donde esta el fragmento restante? –pregunta nuevamente al ver como la chica no decía nada-

- Ya te he dicho que no lo se –dice sin mirarlo y tan solo prestarle atención a su pequeña-

- Ella no posee ningún otro fragmento –lo dice Kikio al estar viendo a su reencarnación y no sentir la presencia de cualquier otro fragmento-

Naraku siente como su campo de fuerza es destruido, sabiendo bien que era obra del hanyou.

- Al parecer el ultimo integrante para nuestra batalla ha llegado –lo dice para que tan solo unos segundos después llegase el hanyou corriendo por la misma dirección que había llegado Kagome-

El hanyou se acerca hacia donde está la joven miko y su pequeña sin tomar en cuenta que Naraku y Kikio lo observaban. Ve como la pelinegra se mantiene viéndolo mientras aun alimentaba a la pequeña Saki.

- Inuyasha… -lo murmura Kagome al ver al hanyou acercándose a ella-

- ¡¿Por qué te viniste sola?! –se lo pregunta exaltado y sumamente preocupado al ya estar delante de la pelinegra-

- No podía seguir esperando un minuto mas, Saki me necesitaba…

- ¿Pero por que no me avisaste?

- Tú no querías arriesgarte, querías pensarlo y planificarlo todo y yo no quería perder mas tiempo –se lo dice algo alterada, el solo hecho de pensar que Naraku o Kikio le hicieran daño a la pequeña Saki o a cualquiera de sus hijos le aterraba-

El hanyou no dice nada mas, tan solo ve a su cachorrita que aun se alimentaba del pecho de su madre. En el pasado siempre había actuado imprudentemente y sin pensarlo dificultando las cosas aun mas y poniendo en riesgo la vida de todos, en esta ocasión quería estar preparado para enfrentar a Naraku y recuperar a su hija, si que esta resultase lastimada por actuar impulsivamente.

Kagome al ver como su pequeña se separa de su pecho al ya estar satisfecha apoya la cabecita de Saki en su hombro para luego darle pequeñas palmaditas en su espalda.

- Ya me canse de ver esta estupida escena familiar –lo dice Naraku- ¿Dónde esta el fragmento faltante, Kagome? –se lo pregunta nuevamente a la pelinegra-

- Ya te he dicho que no lo se, esos eran todos los fragmentos que poseíamos –lo responde simplemente-

- ¡Mientes! –lo grita Kikio al dar un paso hacia delante-

Kagome le entrega la bebé al hanyou, y este la recibe algo extrañado, ve como la pelinegra se aleja un poco de él dando algunos paso hacia atrás para luego darle la espalda.

- Kag… -lo murmura el hanyou al ver a la chica avanzar unos pasos-

- Cuida de nuestros hijos –se lo escucha decir a la pelinegra, asustándose al escuchar aquellas palabras, ¿a que se refería con eso?-

Estira uno de sus brazos mientras con el otro aun se mantenía sosteniendo a Saki, y da un paso hacia delante pero es detenido por un campo de fuerza creado por Kagome.

- Aléjate de este lugar –se lo escucha murmurar al verla alejarte cada vez mas, acercándose así mas hacia Naraku y Kikio-

- ¡Kagome! –lo grita, sintiéndose atado al no poder hacer nada, sostenía a la pequeña Saki y no podía intentar deshacer aquel campo de fuerza-

Kagome se detiene a tan solo unos pocos metros de Naraku y Kikio.

- ¿Intentaras enfrentarte a nosotros tu sola? –pregunta Naraku con algo de diversión-

- Conmigo será más que suficiente –se lo dice con seguridad-

Demuestra total firmeza en su mirada al ver a sus oponentes. Estaba decidida a terminar con aquella batalla por la perla de Shikon de una vez por todas. Deseaba poder estar con su familia sin tener que preocuparse o temer de algún enemigo. Al finalizar aquella batalla se aseguraría de que la perla fuese destruida para que así no pueda causar mas desgracias.

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Sesshoumaru que se encontraba flotando por sobre algunos árboles siendo seguido por Ah-Uhm quien llevaba a Rin, Inutaisho, Izayoi y Jaken, percibe el aroma del hanyou identificando que se encontraba cerca de Naraku.

- Es el aroma de papá –se lo escucha decir a Izayoi, cosa que lo hace avanzar con mas prisa-

Comienza a descender al sentir que esta lo suficientemente cerca del lugar donde se encuentra su medio hermano. Al estar ya en tierra camina y aparta unos arbustos de su camino, al ya poder ver al hanyou ve como este se mantiene viendo en la dirección en que el se acerca.

Inuyasha ve atento como Sesshoumaru se acerca hacia él, ¿Qué podía hacer en aquel lugar? ¿A que había ido?

- ¡Papá! –escucha aquellos gritos reconociendo la voz de sus cachorros y luego los ve corriendo hacia él-

- Izayoi, Inutaisho –lo susurra al colocarse de cuclillas y recibir a sus hijos-

- ¿Por qué los trajiste? ¡No ves que este es un lugar peligroso! –pregunta y expresa alterado hacia Sesshoumaru-

Se limita a responder aquello, después de todo no tenia porque explicarle nada a nadie.

- Fui yo quien le pidió que nos trajera… -lo dice Izayoi al separarse un poco de su padre-

Y luego comenzar a decirle lo que les había sucedido hasta ese momento.

- Creo que debo agradecerte –se lo Inuyasha hacia Sesshoumaru-

- Feh! Has lo que quieras… -lo dice al ver hacia otro lado-

- ¿Esa es mamá? –lo pregunta un preocupado Inutaisho al ver dentro del campo de fuerza-

Inuyasha ve hacia el campo de fuerza y observa como la chica se mantenía esquivando los ataques de Naraku mientras intentaba apuntarle con sus flechas. Le entrega la bebé a Rin pidiéndole que la cuidase, para luego el desenvainar a colmillo de acero, debía destruir aquel campo de fuerza para así poder ayudar a Kagome.

Ve como la pelinegra se detiene y se mantiene apuntándole a Naraku al este dejar de atacarla. No logra ver a Kikio cosa que lo extraña y alarma inmensamente.

La joven miko prepara su arco y flecha con firmeza, suelta la flecha en dirección a Naraku quien era protegido por un campo de fuerza creado por Kikio, no lo fue muy difícil a su flecha destruir aquel campo, ella había superado el poder espiritual del aquella miko de la cual es la reencarnación.

- ¡Kagome cuidado! –escucha como lo grita el hanyou sin ella poder reaccionar, mantiene su vista fija en Naraku atenta a cualquier movimiento-

Escucha como el sonido del viento es cortado reconociendo que es el sonido de una flecha cuando es lanzada, mira a la dirección por la que escucho aquel sonido, encontrándose con Kikio, y sin darle tiempo de formar un campo de fuerza a su alrededor, la flecha lanzada por aquella mujer que una vez fue humana se le es incrustada en su hombro derecho.

- Fue un grave error el querer enfrentarte a nosotros estando tu sola –se lo dice Naraku al mirarla sonriente-

En ese momento Naraku dirige varios de sus tentáculos hacia la chica, Kagome se preparo para crear un campo de fuerza a su alrededor y cierra sus ojos.

Escucha de nuevo como el viento es cortado, pero esta vez es diferente, abre sus ojos y ve como delante de ella estaba el hanyou quien había cortado los tentáculos que se dirigían a ella.

- ¿Estas bien? –pregunta preocupado el hanyou pero sin voltear a ver a su mujer-

- Ehh... Si –se lo responde-

Kagome dirige su mano hacia la flecha que se encuentra en su hombro, y rompe un parte de ella, ya que si la retiraba perdería mucha sangre.

El hanyou había logrado abrir el campo de fuerza cuando la chica fue herida, en ese momento el campo se debilito y pudo aprovechar para atravesarlo.

Inuyasha sin pensarlo mas lanza uno de sus ataques primeramente hacia Kikio, ya hace varios años atrás le había dicho que si intentaba de nuevo lastimar a Kagome no se lo perdonaría y el mismo acabaría con ella.

Aquella miko logra protegerse con un campo.

- ¿Podrías destruir el campo de fuerza de Kikio? –pregunta simplemente hacia Kagome con voz baja-

- Si... –lo dice para luego preparar su arco y apuntar hacia Kikio, arruga un poco su entrecejo, haciendo una mueca de dolor, al sentir una punzada en su hombro derecho ocasionada por aquel trozo de flecha que aun tenia incrustado-

Dispara hacia donde estaba apuntando, y aunque no le fue totalmente sencillo destruir aquel campo de fuerza pudo hacerlo finalmente.

- Ahora me encargare de destruirte por completo –lo dice el hanyou hacia aquella miko que conoció hace ya casi sesenta años-

- Inuyasha… -lo susurra Kagome al ver como el hanyou alejarse un poco de ella y dirigirse hacia aquella miko de la cual es reencarnación-

- Estaré bien Kag, cuando acabe con Kikio, juntos destruiremos a Naraku y regresaremos con nuestros hijos –lo dice dirigiendo su mirada hacia donde estaban sus hijos junto a su medio hermano Sesshoumaru-

Kagome dirige su mirada hacia donde ve el hanyou, y se sorprende al ver a Sesshoumaru y al lado de él a sus dos hijos mayores y a Rin con Saki entre sus brazos. ¿Qué estaban haciendo Izayoi e Inutaisho allí? Estaba segura de que Inuyasha no lo había hecho, si no la había querido dejar a ella ir hacia allá, mucho menos seria capaz de arriesgar la vida de esos pequeños.

Y también se preguntaba que hacia Sesshoumaru en aquel lugar, ¿a que pudo haber ido?

- No te descuides –lo escucha como se lo dice Naraku-

Voltea a ver a aquel ser y logra ver como se le acercaba rápidamente y se detenía justo delante de ella.

- No cabe duda de que te has vuelto muy fuerte estos últimos años, has incrementado tu poder espiritual indudablemente, pero aun así no serás capaz de destruirme, aunque la perla no este completa aun así me permitirá regenerarme cuantas veces lo necesite, y eso tú lo sabes… -lo dice Naraku al mantener viendo fijamente a Kagome-

- Te destruiré cuésteme lo que me cueste –se lo dice la joven miko al estar segura de si misma-

- ¿Serás capaz de sacrificar tu propia vida y abandonar a tu familia? –se lo pregunta de tal manera que hace que la chica se atemorice un poco con aquellas palabras-

¿Abandonar a su familia? Eso es algo que no ocurriría, ella permanecería con su familia durante muchos años, no moriría en manos de Naraku, lo destruiría y todo acabaría de una vez por todas.

Escucha como una especie de explosión viniendo desde la dirección donde se encontraba el hanyou, dirigiendo su mirada hacia aquel lugar. Ve como Inuyasha estaba intentando destruir el campo de fuerza que Kikio había construido nuevamente.

- Al parecer Kikio me esta causando problemas –lo dice Naraku-

Se separa un poco de Kagome, de sus extremidades forma unos cuantos tentáculos y los dirige rápidamente hacia el hanyou y la antigua miko.

- ¡Cuidado Inuyasha! –lo grita Kagome, logrando alertar al hanyou a tiempo-

Inuyasha de un salto logrando esquivar facialmente aquel ataque y ve como uno de los tentáculos atraviesa la barrera que tenía formada Kikio y también el cuerpo de barro y huesos de aquella miko.

- Que lastima no pudo detener mi ataque, al fin y al cabo ya solo me estorbaba –lo dice al ver como las almas que contenía el cuerpo de Kikio empezaban a ser liberadas-

- ¿Cómo… pudiste? –pregunta Kikio en un susurro, cayendo sentada sobre sus rodillas, tratando de evitar que todas su almas escapasen-

Inuyasha llega al lado de Kagome y ambos se alejan un poco mas de Naraku hasta un punto desde el cual pudiesen atacarlo, la pelinegra toma una flecha de su carcaj y prepara su arco, pero antes de poder lanzarle una de sus flechas queda totalmente paralizada, y de un momento a otro algunas de las almas que habían sido liberadas del cuerpo de Kikio comienzan a entrar en su cuerpo, aquellas almas que Kikio le había absorbido en el pasado.

- ¿Kagome? –la llama al ver como la chica parecía haber entrado en una especie de trance- ¡Kagome! –le grita al dejar su espada a un lado y zarandearla un poco-

La joven mantiene su mirada perdida mientras aquellas almas terminaban de entrar en su cuerpo. Es sostenida por el hanyou al perder sus fuerzas por unos instantes.

- ¿Estás bien? –lo pregunta el hanyou al ver como la chica parecía volver a la normalidad-

- Creo que… si… -lo dice al incorporarse y separándose del ojidorado- debemos terminar con esto de una vez por todas –lo dice ahora viendo Naraku-

- ¿De verdad aun quieren intentar destruirme? –lo dice en un tono de descarada ironía-

Kagome toma una flecha de su carcaj para luego preparar su arco y apuntar hacia a Naraku.

- Kag… no deberías… -intenta decir pero la mirada que la chica le ofreció le hizo callar-

- Estaré bien, ahora terminemos con esto… -se lo dice al sonreírle, viendo como el hanyou tan solo asiente-

Y así juntos continuaron con aquella batalla en la cual resultaron victoriosos, destruyendo a Naraku y obteniendo así la perla de Shikon por la cual se conocieron y unieron en su búsqueda hace ya más de diez años.

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Más de dos meses habían pasado desde aquella última batalla por la perla. Luego de terminar con aquella pelea la joven miko se vio seriamente afectada, no solo por la herida recibida en su hombro la cual había sido infectada al estar en contacto con el veneno que liberaba Naraku durante su enfrentamiento, sino también por la gran pérdida de su poder espiritual utilizada en aquella batalla.

Aquello tenía sumamente preocupados a todos, especialmente al hanyou y sus cachorros, pero al cabo de unos días la miko comenzó a recuperarse rápidamente,

El hecho de que Kohaku muriese en manos de Naraku había afectado mucho a Sango pero luego de la llegada de su bebé, hace ya un par de semanas, se encontraba muy feliz al igual que el houshi. Habían tenido un niño precioso de ojos azulados y cabello café.

Sesshoumaru y Rin permanecieron en la aldea unos días a petición de esta última, quien también estaba preocupada por la joven miko, ya que le tenía un aprecio muy grande al igual que a aquellos pequeños.

Ahora Inuyasha junto al houshi jugaban con los mellizos, mientras sus mujeres se encargaban de los más pequeños, Saki y Kazuki, estando en la cabaña que ahora compartían Miroku y Sango como una familia.

- No cabe duda de que Kazuki se parece mucho a Miroku –lo dice la pelinegra al ver a Sango mientras se encargaba de cambiar al pequeño, y ella se mantenía entreteniendo a Saki quien jugaba con un mechón de su cabello-

- Y esta pequeña es igual a ti, y será como tú en el futuro al igual que Izayoi…

- Si es así, entonces creo que Inuyasha tendrá muchos problemas –lo dice para luego reír junto a Sango al imaginarse a un hanyou celoso al cuidar a sus hijas de sus pretendientes-

- Pa… pa –lo escuchan ambas mujeres decir de la pequeña Saki, haciendo sonreír a ambas-

- Al parecer mi pequeña extraña a papi –lo dice la pelinegra con dulzura a la pequeña viendo como esta sonreía- vamos a buscarlo… -y ella junto a Sango salen de la cabaña para buscar al hanyou y Sango a su marido-

Se dan cuenta como sus hombres no están fuera de la cabaña, imaginándose que de seguro fueron a jugar con los niños a alguna parte del bosque, y se encaminan hacia allí.

Escuchan unas risas reconociendo que eran las de Izayoi e Inutaisho, y continúan caminado en esa dirección. Al llegar al lugar pueden ver como la pequeña Izayoi era perseguida por Miroku. Kagome se percata de no ver ni al hanyou ni a su otro hijo.

- Mami estamos acá arriba –escucha la voz de Inutaisho haciéndola subir su vista hasta un gran árbol que se encontraba delante de ella-

- Inuyasha… -lo dice viendo al ojidorado y aun lado de este estaba su pequeño- baja a Inutaisho de allí ahora mismo –se lo dice en forma algo "dulce"-

- Pero mami… -intenta decir el pequeño hanyou-

- Pero nada… Inuyasha ya me escuchaste –lo dice viendo como su hanyou se sacudía para luego tomar a Inutaisho entre sus brazos y bajar rápidamente-

- Así me gusta –lo dice al sonreír al ya estar el ojidorado con su hijo en el suelo-

- Kagome lo tiene dominado por completo –se lo susurra Miroku a Sango, hace ya poco se había reunido con ella-

- Pues sí, y yo quisiera poder hacer lo mismo –lo dice al mirar al houshi fijamente-

- Pero Sanguito, si tú sabes que yo hago lo que tú me pidas –se lo dice de forma obediente-

- Kag… -dice algo temeroso el hanyou al acercarse a su mujer- yo…

- Si ya lo sé, me dirás que él te pidió subir y tú no pudiste decirle que no… lo sé –suspira- pero debes aprender a ponerles sus límites también, es peligroso que este allí arriba y lo sabes…

- Pero yo estaba con él… -se apresura a decir-

- Lo sé, pero aun así sigue siendo peligroso, así que nada de volver a subir a los arboles con los niños hasta que crezcan un poco más, ¿entendido? –lo informa como ultimátum viendo como al hanyou y luego a su pequeño viendo como ambos asiente y ella tan solo sonríe-

- Ahora ten… -lo dice la misma Kagome al entregarle la bebé a Inuyasha- te estaba llamando –sonríe de nuevo al ver a la pequeña en brazos de su padre-

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Inuyasha intentaba separar las manitas de la pequeña Saki de sus sensibles orejitas, que al igual que cuando Inutaisho e Izayoi eran bebés era lo que más les entretenía. Ya hace un rato que anocheció y su mujer con los cachorros aun no regresaban de tomar su baño como todas las tardes.

Escucha como la puerta de la entrada de la cabaña se abre dejando ver a la pelinegra llegar con los dos pequeños, teniendo estos dos últimos el cabello mojado. Ve como la chica se acerca a él con una sonrisa.

- Ven acá pequeña –lo dice al tomar a Saki entre sus brazos y alejarla de las lindas orejitas de su padre- eso no es un juguete –se lo dice al sonreír al ver como la pequeña hace un puchero-

Inutaisho se sienta a un lado de su padre mientras su hermana se siente entre las piernas de este.

Saki fija su mirada ambarina en el centro del pecho de su madre llamándole la atención el objeto brillante que colgaba del cuello de esta, mueve sus manitas hasta el pecho de su madre e intenta abrir un poco la camisa que es esos momentos llevaba Kagome.

- ¿Acaso tienes hambre pequeña? –se lo pregunta dulcemente al ver a su niña buscar en su pecho, pero se sorprende al ver como la pequeña toma entre sus manitas la perla de Shikon comenzando esta a brillar con gran intensidad-

Inuyasha y Kagome se miran unos instantes y luego dirigen sus miradas hasta la más pequeña de sus hijos.

- ¿Segura que eso será lo mejor Kaede?-lo pregunta la joven miko al estar sentada delante de aquella anciana, estando a un lado del hanyou-

Había pasado tan solo una semana desde que destruyeron a Naraku, y Kagome comenzaba a recuperar sus fuerzas.

- Si aun no tienen pensado pedir ningún deseo a la perla, eso será lo mejor, sellar los poderes de la perla hasta que sepan qué hacer con ella –lo dice viendo como la chica mantenía su vista fija en la Shikon no Tama que sostenía en su mano derecha- de esa forma los demonios y demás seres que quieran apoderarse de ella se mantendrán alejados al no sentir su presencia…

- Lo hare –dice decidida sin dejar de ver aquella perla, si aquello le daría un poco de tranquilidad para estar con su familia lo haría-

- Pero Kagome, apenas te has recuperado de la batalla contra Naraku, es peligroso que selles la perla ahora. No lo permitiré –lo dice Inuyasha seriamente al tomar la mano derecha entre una de las suyas y haciendo que la chica lo mirase-

- Yo…

- Inuyasha tiene razón, para poder sellar la perla necesitas un gran poder espiritual y tal como estas ahora resultaría muy peligroso que lo intentaras, lo mejor será esperar un par de días más –lo dice Kaede viendo como la pelinegra no hacía otra cosa que ver la mirada seria que conservaba el hanyou-

- Esta bien… -es lo único que dice al asentir-

Luego de aquel día esperaron una semana más para que la chica sellase la perla. Kaede les había dicho que solo ella misma podría romper el sello para cuando fuese necesario. Y les extrañaba y alarmaba de cierta manera el hecho de que la pequeña Saki de tan solo un poco más de ocho meses pudiese haber roto aquel sello al tan solo tomar la perla entre sus manos.

Cada vez estaban más seguros de que aquella pequeña sería sumamente especial en un futuro.

- Mami ¿Cuándo iremos a casa de la abuela? –lo pregunta Inutaisho al intentar cambiar la atmosfera que se había creado luego de que su hermanita comenzase a jugar con aquella joya que protegían sus padres- quiero jugar con el tío Souta

- Mmmm… no lo sé, podríamos ir la próxima semana –se lo responde viendo como su hijo sonreía ante aquello-

- Bien ya es hora de que esta pequeña coma para ir a dormir, al igual que ustedes –lo dice viendo a sus hijos mayores junto a su padre- Inu encárgate de ellos por favor –se lo dice para luego acercarse al él agacharse un poco y darle un corto beso en los labios y luego dirigirse a la habitación donde dormía Saki-

Mantiene su vista en la pequeña que mantiene entre sus brazos y que aun mantenía entre sus manitas la perla de Shikon, al llegar a la habitación que comparte con el hanyou se sienta sobre el futon.

- Ya deja de jugar con esto pequeña –se lo dice dulcemente al retirarle aquella joya de sus manitas para luego ella comenzar a desabotonar los primeros botones de la camisa que llevaba-

Al ya tener uno de sus pechos al descubierto coloca a Saki de tal forma de que comience a alimentarse de ella. Al cabo de unos minutos la pequeña se queda profundamente dormida prendida aun al pecho de su madre, Kagome sonríe al ver a la pequeña dormida, se había acostumbrado a dormirse mientras comía, aquella era la manera de dormirla durante la noche.

- Ya deberías de quitarle esa costumbre –escucha que se lo dice el hanyou al entrar en la habitación-

- Y tú de complacer tanto a Inutaisho –se lo contraataca con una sonrisa-

- Feh! –es lo único que articula al sentarse delante de su mujer-

- Además no es ninguna molestia que se duerma de esta manera –viendo a Saki plácidamente dormida-

- Habla por ti solamente –lo murmura entre dientes el ojidorado-

Kami sabia mejor que nadie que el amaba a aquella cachorrita, pero desde que había tomado aquella costumbre de dormirse en el pecho de la chica hace ya más de un mes, no había podido tener nada de intimidad con su mujer ¡nada! Y aquello comenzaba a frustrarlo. ¡Él quería disfrutar de su mujer! ¡Kusso!

- ¿Qué insinúas?

- Oh vamos Kag, no es que me moleste mucho, pero es que desde Saki se duerme de esa forma no hemos podido hacer nada –lo dice de manera exasperada suspirando al final-

Kagome permanece callada por un instante y luego no puede evitar comenzar a reírse por lo bajo sin llegar a despertar a la bebé.

- ¿Te parece divertido? –se lo pregunta aun más frustrado que antes, se pone de pie y rápidamente sale de la habitación-

- Inuyasha espera… -intenta detenerlo al llamarlo pero bien sabe que será imposible-

Se para con cuidado y se acerca a la cuna donde debería dormir su pequeña hija, la separa de su pecho notando como esta tenía la intención de despertar y comenzar a llorar, toma con una de sus manos un chupón que estaba sobre la cuna, el cual había traído desde su época, y se lo coloca a la pequeña en la boca para que lo succione. Luego de eso acuesta a Saki en su cuna para ella irse en busca de su orgulloso hanyou.

Antes de salir de la cabaña se encarga de volver a sellar la perla, para así no tener algún imprevisto al estar fuera.

Al ya estar afuera se encamina hacia el bosque sabiendo que el ojidorado iría a algún lugar alejado. Camina por un par de minutos sin conseguir ninguna pista del ojidorado. Se detiene al escuchar un ruido detrás de ella haciéndola voltear rápidamente, no logra ver nada debido a la espesura del bosque y la poca luz que ofrecía la luna aquella noche, pero bien sabía que alguien la seguía, no podía sentir ninguna presencia maligna así que no podía tratarse de algún demonio.

Vuelve su vista al frente para seguir su camino.

- ¿Adonde fuiste Inu? –lo pregunta en susurro al viento al continuar caminando-

-.-.-.-.-

Había olfateado el aroma de la pelinegra a un par de metros de donde estaba y decide alejarse aun más de aquel lugar. Se detiene al haber corrido tan solo un par de metros, aunque se hubiese enfadado un poco por la actitud que había tomado la chica, no dejaría que estuviera sola en el bosque, se da media vuelta y comienza a correr hacia la dirección donde había percibido a su mujer.

Al captar su aroma más fuertemente se detiene y comienza a dar pasos lentos. Ve como la chica se encuentra a tan solo unos metros de él y tan solo se mantiene viéndola sin intención de acercarse hasta ella, al dar un paso más adelante pisa una pequeña rama, escuchándose aquel sonido algo fuerte debido al total silencio del bosque.

Ve como la chica voltea hacia su dirección, pero poco después ve como vuelve su vista hacia delante para continuar con su camino.

- ¿Adonde fuiste Inu? –se lo escucha decir en un susurro, haciéndolo estremecer un poco al escuchárselo decir de aquella forma-

Al notar como lo joven miko ya se había adelanto unos cuantos metros más, se adelanta también para no perderla de vista.

-.-.-.-.-

Se detiene al llegar a un pequeño riachuelo, se sienta en la orilla de este viendo su rostro reflejado en el agua. Cierra sus ojos al abrazarse a si misma al tener un poco de frio, quizás no había sido buena idea salir de la cabaña vestida de aquella manera, unos pantaloncillos cortos y una camisa sin mangas, y aun mas sabiendo que el hanyou no estaba con ella para refugiarla entre sus brazos.

Siente como algo cae sobre sus hombros, haciéndola abrir sus ojos notando que era el haori del ojidorado.

- Inu… -lo murmura al ponerse de pie y darse vuelta rápidamente para quedar frente a frente con el hanyou-

- No debiste salir de la cabaña –dice simplemente en un tono un tanto seco-

Al ver como la chica se abrazaba a sí misma no pudo evitar acercarse y darle su haori, después de todo ella era su mujer, su hembra, y era su deber y obligación estar con ella y protegerla de cualquier cosa, así tan solo fuese el frio de la noche, su instinto se lo exigía, y no tan solo eso, también todo lo que sentía por aquella chica.

- No te detuviste cuando te llame, y no me quedaría esperándote, debía venir a buscarte –se lo dice al fijar su vista en la ambarina de él-

- Es peligroso que estés fuera con la perla…

- Volví a sellarla antes de salir –se lo dice antes de que el continuase hablando-

- Con más razón aun, te debilitaste al hacerlo…

- No soy tan débil

- Ja! Si claro, pero no puedes soportar tan solo una noche fresca –se lo dice al cruzar sus brazos sobre su pecho-

- Eres un completo idiota, y yo que venía a disculparme contigo

- Feh! Haz lo que quieras –lo dice al voltear su vista hacia otro lugar-

- Es lo que pienso hacer –muestra una leve sonrisa que es pasada inadvertida por el hanyou-

Vuelve su rostro para ver a la pelinegra luego de escucharla decir aquello, y se sorprende al sentir los labios de ella sobre los suyos en un sorprendido pero ardiente beso, el cual no tarda mucho en corresponder.

Hace tanto tiempo que el hanyou no se comportaba de aquella manera, orgullosamente, tan solo solía ser tierno y complaciente, pero ahora volvía a ser ese hanyou arrogante y vanidoso del cual se enamoro, debía admitir que extraña de cierta manera aquellas tontas peleas que solían tener en el pasado. Tal vez porque de esa forma fuese como si el tiempo no estuviese transcurriendo.

Siente como el hanyou coloca sus manos en su cintura acercándola más a él, gruñendo él a hacer aquello, quizás ya había olfateado su excitación.

Inuyasha tomo su haori de los hombros de la chica y lo tira sobre la hierba, para improvisar con aquello el futon. Kagome por su parte coloca sus manos sobre el pecho de su amante por sobre el haori blanco, queriendo quitárselo de una vez por todas.

Se separan del beso por falta de aire y ella libera un gemido al sentir una de las manos de él acariciar uno de sus pechos por sobre su camisa, al igual que había comenzado a besar su cuello.

- Creí que estabas molesto –lo dice al sentir como el hanyou la toma entre sus brazos para luego recostarla sobre su haori-

- Lo estaba –es lo único que dice al continuar con su labor de besar a la chica que ahora se encontraba debajo de su cuerpo-

Besa sus labios, mejillas, y desciende hasta su cuello y un poco más, por el contorno de la camisa que ella tenía puesta, con sus manos se encarga de desabrochar los botones de aquella prenda rápidamente, sentándola luego para quitársela por completo, y también quitarle el brasier que mantenía apresadas a aquel par de montañas que adornaban el cuerpo de su mujer.

Los ve durante tan solo unos instantes, apreciándolos completamente, un poco más grandes por estar amamantando aun a su cachorrita, comienza a besar el contorno de ellos escuchando a la chica suspirar. Ella por su parte recorre con su manos la espalda ahora desnuda de él, clavando sus uñas en ella al sentir como el había comenzado a morder sus pezones, haciéndola gemir aun mas.

Inuyasha con sus manos comienza a acariciar los contornos del cuerpo de su mujer, desde su rostro, pasando por su cuello, senos, hasta llegar a la cintura de esta, para luego lentamente comenzar a quitarle con suavidad aquellos pantaloncillos que llevaba junto con la última prenda que cubría aquel cuerpo exquisito para él.

Kagome mueve sus piernas para que el hanyou pudiese retirarle aquellas últimas prendas que cubrían su cuerpo. Al estar ella completamente desnuda delante de él, coloca sus manos en el pecho del ojidorado y comienza a bajarlas lentamente pasando por aquel firme abdomen sin ninguna cicatriz, aquel mismo abdomen que ha recorrido con sus manos miles de veces anteriormente, baja un poco más hasta llegar al nudo del hakama y desatarlo lentamente.

- Kusso! Mujer –murmura entre un gemido al sentir las manos de la chica cerca de aquella zona tan sensible y que justo en aquellos momentos precisaba atención-

- Calma, mi hanyou –lo dice al alzar su rostro e intentar alcanzar una de las orejitas del ojidorado, porque bien sabía que aquella acción tan solo lo excitaría aun más-

Suelta un gruñido ante lo que acababa de hacer la chica, ella sí que sabia como enloquecerlo, pero el también sabia el cómo enloquecerla a ella. Con su mano derecha se encarga de ofrecerle caricias desde el centro de sus senos pasando por su plano vientre y continúa bajando aun más, encontrándose con los vellos rizados de su intimidad.

Ella gime al sentir la mano de él en aquel lugar, y luego sentir como el bajaba un poco mas hasta llegar a su centro, haciéndole estremecer. Al desatar por completo el nudo del hakama de Inuyasha, recorre con sus manos una vez más su pecho, rodeando luego el cuello de él con sus brazos.

Introduce uno de sus dedos en ella, y luego otro viéndola arqueándose un poco. Busca besar los labios de ella consiguiéndolo, y ella le responde ansiosamente. La pelinegra se separa del beso al sentir como los dedos de él habían comenzado a moverse en su interior, gimiendo con ello.

- Inu…-dice su nombre entre gemidos y mueve su pierna derecha subiéndola un poco, rozando con su rodilla el miembro ya avivado de él, escuchándolo entre gemir y gruñir-

Inuyasha retira sus manos de la cavidad de ella, escuchándola suspirar insatisfecha. Termina de quitarse el estorboso hakama y se acomoda sobre su mujer, besa su cuello, luego su mejilla y por ultimo su boca. Aleja un poco su rostro del de ella para poder verla, mantenía los ojos cerrados y sus labios entre abiertos por su respiración entre cortada.

- Di que me deseas –se lo ordena Inuyasha, y ve como la chica abres sus ojos para verlo fijamente-

- Bien lo sabes mejor que nadie en este momento –se lo dice al mantener su vista fija en la ambarina de él y sonreír-

- Te deseo –lo dice la misma pelinegra al alzar su rostro y besar los labios de él levemente- hazme tuya una vez más –susurra con una voz que resultaba exquisitamente sensual para el hanyou-

Inuyasha al escuchar a la chica decir aquello mueve sus caderas rozando con su miembro la húmeda intimidad de ella, hasta dejar la punta de este en la entrada de aquella cavidad, gimiendo ambos ante eso. La chica aun manteniendo rodeado el cuello del ojidorado con sus brazos se arquea un poco y alza su rostro. Susurra el nombre de aquel hanyou que se encuentra sobre su cuerpo logrando que su aliento chocase con una de las sensibles orejitas de aquel ojidorado.

Gruñe con cierta fiereza y luego en un rápido movimiento entre en ella, resultando tal vez algo brusco y violento, cosa que a ella no pareció importarle y tan solo se aferro aun más a su amante y gimió de puro placer.

Comenzó con sus embestidas rápidas, firmes y enérgicas, quizás en aquel momento sus instintos salvajes eran más fuertes, o quizás tan solo era el deseo que tenia por aquella pelinegra que ahora se encontraba debajo de su cuerpo gimiendo y suspirando su nombre, tanto tiempo sin poseer a aquella mujer le acumulaba el deseo hacia ella.

- Bésame –exige ella al buscar el rostro de su amante-

Él sin pensarlo cumple aquello, uniendo sus labios con los de ella en un beso ardiente. Al sentir como su miembro era apretado deliciosamente por la intimidad de Kagome, se separa del beso, para respirar profundamente al igual que la pelinegra. Ahora lame una de las mejillas de ella saboreando el exquisito sabor que tenia la piel de su mujer.

Baja el ritmo de sus embestidas al ser estas un poco mas dificultosas, ve como ella recuesta su cabeza sobre la hierba quedando fuera de su hakama, sabiendo bien que el orgasmo de ella estaba presente, al verla estremecerse debajo de él, y al sentir su miembro aun mas apresado por las paredes contraídas de la pelinegra.

Embiste en ella unas pocas veces más, hasta él también llegar a aquel paraíso de sensaciones que solo conoció y disfruta con aquella chica a la cual ama con gran locura, y por la única por la cual daría la vida, al igual que por sus cachorros claro está.

Sale de ella, y se recuesta a su lado.

Kagome se refugia entre sus brazos. Al ya tener sus respiraciones calmadas, ella dirige su mirada achocolatada hacia el rostro de él, ve como mantenía los ojos cerrados y tenía una sonrisa en su rostro, con una de sus manos acaricia su rostro, él seguía igual que hace más de diez, tal vez solo haya madurado un poco pero su apariencia seguía siendo la misma. En cambio ella si había cambiado, quizás no mucho, pero lo había hecho, y sabia que dentro de algunos años aquel cambio se notaria aun mas.

Y ¿Qué haría ella? No podía hacer nada, no podía detener el tiempo, no podía detener su tiempo. El tiempo es algo que trascurre frecuentemente, y nadie es capaz de detenerlo. Y quizás así debían suceder las cosas, después de todo el amor entre ellos solo podría darse por un breve tiempo, en el cual tendrían que encargarse de disfrutarlo al máximo siendo felices.

Deja de acariciar el rostro de él, y ahora dirige su mirada hacia el cielo poco estrellado. Dentro de algunos años su tiempo se detendría y no podrán hacer nada, el hanyou y los hijos que tienen ahora deberán continuar sin ella.

Tal vez aquella era la razón por la cual los hanyou y demonios no debían relacionarse con los humanos y mucho menos enamorarse de ellos, mas sin embargo sucede, ya que el amor nunca conoce leyes ni se deja llevar por cosas irrelevantes, tan solo se da, nace, existe y se fortalece hasta que llega el momento en que una de las llamas que encendieron ese amor se extingue, pero aun así la otra se mantiene en pie, esperando… tal vez volver a encontrarse con aquella persona a la cual se mantendrá unida por siempre.

Inuyasha al sentir como la chica había dejado de acariciar su mejilla abre su ojos para fijarse en el rostro de ella, ve como mantenía su vista fija en el cielo nocturno y tiene su mirada algo perdida percibiendo en ella un dejo de tristeza, alertándole.

- ¿En qué piensas? –se lo pregunta ahora acariciando una de las mejillas de ella, haciendo que voltease a verlo-

- En el tiempo… -se lo responde simplemente ofreciéndole una sonrisa-

- ¿El tiempo? ¿Qué tiene el tiempo? –pregunta sin entender-

- Que no se detiene, siempre corre, y tan solo deja sus huellas –le responde al volver su vista al cielo-

- Kag… ¿Qué intestas decir? –pregunta ahora un tanto preocupado-

- Tan solo que… mírate –vuelve su vista hacia él- no has cambiado en estos diez años, en cambio yo…

- Eso es porque soy un hanyou y tu una…

- Humana –le interrumpe- lo sé, y es lo que intento decirte, el tiempo para mí no se detiene, y para ti pasa más lento –permanece en silencio unos instantes- y sabes que en algunos años yo… -es interrumpida por un fugaz beso por parte del hanyou el cual hace que quede tumbada de espalda en la hierba una vez más-

- Inuyasha… -menciona su nombre al sentir los besos de él ahora en su cuello- yo…

- Calla –se lo dice como una orden al fijar su vista en la de ella- no quiero seguir con esta estúpida conversación –lo dice como ultimátum al volver al besar a la pelinegra-

En pocos minutos comenzaron a hacer el amor nuevamente, intentando borrar lo antes mencionado. Esta vez él le hizo el amor de manera lenta extendiendo así la locura del placer que le ofrecía a su joven miko.

-.-.-.-.-

Se encontraba de regreso a casa con la chica plácidamente dormida entre sus brazos cubierta con su haori. La había hecho el amor hasta dejarla completamente exhausta. Él no quería escuchar lo que ella terminaría por decir, ya que eso era su mayor miedo.

Escucha el llanto de la pequeña Saki, apresurando su paso, de seguro su cachorrita tendría hambre. Al llegar a la cabaña se dirige rápidamente hasta su habitación, coloca con cuidado a Kagome sobre el futon quedando esta acostada de lado con ayuda de un par de almohadones, y luego va a buscar a la pequeña, vuelve hasta el futon sentándose a un lado de la joven dormida.

Descubre uno de los senos de la chica, para luego acostar a Saki a un lado de su madre de tal forma que pudiese alimentarse y que ambas estuviesen cómodas.

Ve como la pequeña toma con una de sus manitas la perla de Shikon que colgaba del cuello de su madre mientras se alimentaba. Saki cierra sus ojitos concentrándose solo en saciar su sed y hambre para luego volver a dormirse.

Inuyasha mantiene su vista fija en la manita de su cachorra en la cual guarda aquel objeto tan preciado, capaz de conceder cualquier deseo, pero bien sabe que la perla solo se purificaría al pedir un deseo puro y de corazón, sin ambiciones pérfidas, bastaría con… un deseo de amor.

Sentía miedo desde que la chica comenzase a hablar hace un rato, aquello le turbaba, no quería que ella se fuese de su lado por nada del mundo, ni siquiera el tiempo los podría separar, aunque ella fuese una humana había alguna forma de que su tiempo trascurriese en la misma forma que en el de él.

- Pequeña –lo murmura hacia la cachorrita acariciando suavemente una de sus mejillas, ella abre sus ojitos ámbares- ¿podrías hacer lo mismo que hiciste hace un rato con esto? –termina preguntado ahora acariciando la mano con la cual Saki sostenía la perla-

Saki se aleja del seno de su madre y dirige su mirada hacia su padre y luego hasta donde su mano, parpadeando un par de veces, ve de nuevo a su padre y luego continua alimentándose de su madre, pero esta vez apretando un poco mas aquella joya entre su manita y cerrando los ojos.

Inuyasha ve como la perla estando en la mano de la pequeña comienza a brillar tenuemente y luego con más intensidad, y después volver a como se encontraba anteriormente tan solo que con un poco mas de brillo.

Sonríe al ver aquello, y luego coloca su mano sobre la pequeña de Saki. Cierra sus ojos y pide aquel tan anhelado deseo en silencio. La perla brilla con leve intensidad para después dejar de hacerlo, y así pasar a ser una simple joya como muchas otras.

-.-.-.-.-

Despierta al momento que los rayos solares chocan contra su rostro, abre sus ojos lentamente dejando ver el color marrón en ellos, lo primero que logra ver es a su pequeña dormida a su lado, seguramente el hanyou la había acostado a su lado.

Siente como alguien la mantiene medio abrazada por la cintura sabiendo bien que es Inuyasha. Ve como Saki comienza a moverse un tanto incomoda para luego escucharla llorar.

- Ya despertaron mis dos pequeñas dormilonas –se lo escucha decir al hanyou en su oído para luego sentir como él besaba su mejilla-

Inuyasha es quien se para primero, toma a su cachorrita y la lleva al lugar donde suelen cambiarla.

Kagome se sienta sobre el futon, cubre un poco mas su pecho con el haori del ojidorado pero su mirada se percata de algún cambio en la perla de Shikon que colgaba en su cuello, lleva una de sus manos hasta ella y la tomo entre esta, se queda viendo aquella joya con suma sorpresa.

- Inuyasha –llama al hanyou y dirige su mirada hacia él, el susodicho voltea la vista- ¿Qué le sucedió a la perla?

El hanyou se mantiene en silencio y continua con su tarea de cambiar a Saki, al terminar se dirige hacia la chica y se siente a su lado manteniendo a la pequeña entre sus brazos.

- Anoche cuando estabas diciendo esas cosas, me hiciste temer, el solo pensar que algún día te perderé es mi mayor miedo, no importa que sea en alguna batalla o por lo que intentabas decir –lo dice sin mirar a la joven miko, y tan solo fijar su vista en Saki- el perderte, no lo soportaría –voltea su mirada para encontrarse con dos orbes chocolates viéndolo-

- Inu…

- Pedí el deseo Kag… y esta pequeña me ayudo –viendo de nuevo a Saki-

- ¿Cuál fue tu deseo? –pregunta con su voz un poco entrecortada-

- El estar por siempre juntos, como una familia –lo responde simplemente sin dejar de ver a la cachorrita y sonreír levemente-

- Tu…

- Fui egoísta –lo dice al imaginar que aquello era lo que la chica le diría- fui egoísta al no pensar en nuestros amigos o en tu familia, y tan solo querer permanecer junto a ti el resto de mi vida, y al no querer volver a perder a alguien importante en mi vida, al permitir que nuestros hijos crezcan felizmente al tener a su madre con ellos, al evitar…

- Basta –lo interrumpe ella, mientras intentaba contener su llanto- no digas mas, por favor

Vuelve su mirada ambarina hacia Kagome y ve como esta lo observa con sus ojos completamente cristalinos.

- No pienso que seas un egoísta, lo único que puedo pensar ahora, es que eres un hombre maravilloso que tan solo quiere lo mejor para su familia –se lo dice al sonreír y dejar que unas cuantas lagrimas rueden por sus mejillas-

- De seguro Sango y Miroku entenderán, al igual que mi familia, todo estará bien ahora… -lo dice la misma Kagome-

- Kag…

- Estaremos juntos por siempre, compartiendo nuestras vidas –dice al sonreír aun más y ve como el hanyou tan solo asiente sonriendo también-

Poco después Izayoi e Inutaisho entran a la habitación para estar con sus padres, mientras peleaban entre ellos para ver quién de los dos jugaría con la pequeña. Inuyasha le entrega la pequeña a Izayoi quien sonríe victoriosa.

El hanyou se acerca hasta la joven miko y se sienta a su lado, esta apoya su cabeza en su hombro, entrelazan sus manos, ven con dulzura a sus tres hijos y luego cruzan sus miradas demostrando en ellas los sueños e ilusiones que se llevarían a cabo en su futuro juntos.

"En mi vida junto a ti he vivido, conocido y aprendido muchas cosas. Quizás había muerto antes de conocerte, pero me permitiste volver a vivir al liberarme, luego comenzamos nuestro viaje, decidiste quedarte conmigo a pesar de todo, me amaste tal y como soy, y yo te ame por como eras conmigo, me has dado esperanza, felicidad, y una familia. Cada día que pasa te amo aun más y lo seguiré haciendo por la eternidad. Veremos crecer a nuestros hijos, seguiremos amándonos, seguiremos juntos el camino que nos tiene preparado el destino, y sé que ahora podre superar cualquier cosa, ya que estarás a mi lado, como lo has estado hasta ahora, estarás presente en mi vida, ya que mi vida tan solo depende del estar junto a ti."

¡Fin!

¡Konnichiwa! ¿Cómo están? Espero que my bien n_n

Acá estoy reportándome con el capítulo final de esta historia. Muchas gracias por el apoyo ^^ nos estaremos leyendo en una próximo fic! ^^

Bye! Bye!

Atte: La futura Sra. Pattinson *-* ( xD )