Capítulo Cuatro. Cumpleaños y una carta.

Harry, que ya tenía diez años, bostezó y se estiró despertando completamente. Miró alrededor de su gran y confortable habitación y tiró hacía atrás el cobertor azul, finalmente se levantó. Rápidamente hizo su cama y se dirigió al baño para darse una ducha; se vistió para comenzar el día y después de darle los buenos días al vacío retrato del director Black, bajó saltando las escaleras y se dirigió al comedor. Era el cumpleaños número once de Dudley, y Harry le había conseguido algo que le gustaría: el libro "Historia de Smeltings", ya que Dudley asistiría a la misma escuela a la que había ido su padre. Harry incluso lo había envuelto en los colores favoritos de Dudley: verde y dorado. Su primo y amigo era un poco malcriado, pero porque era hijo único (al igual que él, Harry), pero tenía a sus padres y por eso tenía mucha, mucha suerte.

Harry vio a Moody sentando a la mesa disfrutando su cuarta taza de café, Remus bebía la primera y ambos leían el periódico.

—Buenos días, Harry— le saludó Remus sin dejar de mirar el diario— ¿Dormiste bien?

—Si, tío Lunático— respondió Harry mirando a Moody, que se veía demasiado inocente para su gusto— ¿Estás bien, tío Al? ¿Qué hiciste?

— ¿Qué te hace pensar que hice algo, Harry?— dijo Moody en tono inocente.

—Estás demasiado tranquilo…—. Harry se agachó por instinto y con increíbles reflejos cerró su mano sobre una pequeña bola— ¿Está perdiendo su toque, señor?

— ¿Eh?—. Moddy miró a Harry con los dos ojos— ¿Qué quieres decir con eso?

—Puedo leerte como un libro, y sé cuando estás tramando algo— respondió el niño.

—Bueno, debes estar preparado. Alerta Permanente— dijo Moody sonriendo un poco.

—Si, lo sé. Y también "inocente hasta que sea probado culpable", "no mates a menos que sea necesario", "la tortura es mala" y "el veritaserum es tu mejor amigo en una interrogación" ¡Oh! Y "cuando las probabilidades están en tu contra, reza por caer luchando, porque podrías ganar"

—Esa última no es mía, chico.

—No, señor. Es mía.

—Eres un muchacho muy inteligente— le sonrió Moody.

Harry se sentó con una sonrisa y comenzó a comer con ánimo su desayuno, avena con crema y azúcar, tostadas y jugo de naranja. Después de comer hasta que estuvo satisfecho fue a buscar a Kreacher para hablar con él sobre la familia a la que había servido. Harry adoraba escuchar al viejo elfo sobre las generaciones a las que había servido y quiénes habían sido sus mejores amos. A Kreacher le gustaba Harry porque era un amo justo y bueno, él no le permitía castigarse a sí mismo, en vez de ello, tenía que ir con él, Harry, o con Remus o Moody si sentía que había hecho algo malo. La mayoría de las veces no era nada que Harry o los otros dos hombres vieran necesidad de castigar, y después podía volver al trabajo.

Otra razón por la que Kreacher era feliz, era porque Abby, que después de que Moody vendió su casa (para ayudar con su retiro porque había perdido dinero en algunos tratos) había venido a vivir aquí. Abby y Kreacher habían tenido dos pequeños elfos, y Harry sabía que pasarían por lo menos diez años antes de que pudiera verlos, porque los elfos pequeños tenían que ser instruidos por sus padres en la magia que necesitarían toda su vida. Era una cosa muy privada y personal, y tomaba años enseñarla. A Harry no le molestaba porque sabía que los elfos serían muy buenos trabajadores cuando crecieran.

Kreacher estaba sumido en una historia sobre Sirius cuando Remus entró a la habitación para buscar a Harry. El chiquillo levantó la mirada y se puso de pie al darse cuenta de que era hora de irse.

— ¿Podemos terminar la historia después, Kreacher?— le preguntó al elfo.

—Si, amo. Será un honor— contestó la criatura haciendo una profunda reverencia.

— ¿Tienes todo, Harry?— inquirió Remus.

—Si, ¿el tío Al viene?

—Sólo estará mirando, es el cumpleaños de tu primo— contestó Remus sonriendo—. Creo que tus tíos tendrán suficientes problemas conmigo allí, ya que soy un mago adulto.

—¡Imagina si supieran que eres un hombre lobo!— exclamó Harry riendo.

—Creo que tú tía tendría un ataque al corazón— comentó Remus mientras se dirigían a la chimenea— ¿Listo?

—Si… ¡Casa de la señora Figg!— gritó Harry.

Arrojó el polvo flú al fuego y entró a la chimenea con Remus. Después de unos minutos dando vueltas por ahí, Harry tropezó al salir de la chimenea y se encontró en la casa de la señora Figg, una mujer mayor que vivía en zapatillas de dormir y un viejo vestido gris (bien planchado); su suelto cabello gris estaba cubierto por un pañuelo floreado y tenía en los brazos a uno de sus gatos. Ella le sonrió dulcemente y le cerró un ojo a Remus mientras caminaban a la salida de la casa. Los dos magos acortaron la distancia hacía el número cuatro de Privet Drive e hicieron sonar el timbre. Abrió la puerta el señor Dursley, y le dijo a Harry que pasara.

—Venga a recogerlo como a las cinco— le dijo a Remus.

—Aquí estaré. Nos vemos, Harry. Diviértete.

— ¡Está bien, tío Lunático!— dijo Harry entrando a la casa—. Gracias por invitarme, tío Vernon.

—Si, bueno… Dudley quería a sus amigos y eso te incluye a ti, chico.

—Hola, Harry— le saludó la señora Dursley mientras entraba al pasillo.

—Hola, tía Petunia.

—Dudley está en la sala.

Harry fue directo ahí y encontró a Dudlye con dos de sus amigos de la escuela muggle: Jack Fenny y Thomas Martin hablaban y le hicieron señas para que se les uniera. Pronto fue tiempo para que Dudley abriera los regalos de sus amigos (había abierto los regalos de su familia en la mañana), así que lo hizo. Recibió un nuevo juego de video para su play station de parte de Jack, Thomas le obsequió una película que realmente quería ver. Desenvolvió el obsequio de Harry y sonrió, ese libro era exactamente lo que quería.

—Ahora sabrás todo sobre Smeltings— dijo Jack.

—Si, cuando supe que iría a la antigua escuela de su papá pensé que le gustaría el libro— comentó Harry.

—Me encanta, gracias Harry.

— ¿A qué escuela irás tú, Harry?— preguntó inocentemente Thomas.

—La Academia San Andrew, mi papá fue allí— contestó Harry—. Está en Escocia.

— ¿Es una buena escuela?— preguntó Jack.

—Si, debe serlo. Claro, no tan buena como Smeltings, ¡escuché que está a lado de un río!— exclamó Harry volviendo la conversación hacía Dudley.

Fuera de la habitación, el señor y la señora Dursley suspiraron mentalmente de alivio. Hasta el momento habían tenido que lidiar con Harry hablando de magia alrededor de ellos y era bastante respetuoso. ¡Se esforzaba por hacer que su pequeño se sintiera especial como era en realidad! De todas formas, sabían que algún día tendrían que ponerse firmes con él y no dejar que Harry viniera más a la casa. El único aspecto negativo del día fue la visita de la tía Marge.

La tía Marge era la hermana del señor Dursley y se parecía mucho a él. Criaba perros en el campo y no era la mejor mujer. Harry estaba feliz de no tener que quedarse, pero sintió pena por Dudley que sí tenía que hacerlo. Con todo, Harry fue muy educado con ella y se fue exactamente a las cinco, como había prometido.

— ¿Cómo te fue?— le preguntó Remus mientras volvían a casa de la señora Figg.

—No estuvo mal. Fue muy bueno que me llevaras a la escuela de Dudley, tío Lunático— contestó Harry pensativo—. Quiero decir, él pudo haber sido peor, sólo necesitaba un amigo.

—Tú has sido eso para él. Tenía que cumplir esa promesa a tus padres: conocerías tanto el mundo muggle como el mágico.

—Si, y ahora recibiré mi carta

—Lo harás.

Cuatro semanas después, Harry recibió su carta y estaba extremadamente emocionado por decir poco. Moody y Remus lo llevaron a comprar sus cosas al Callejón Diagon, y el niño estaba plétorico cuando consiguió los libros y su varita, al final dejaron las túnicas. Se encontró de pie junto a un pálido niño rubio que lucía tan malcriado como no creía posible. Harry sabía quién era por lo que Moody le había contado sobre el padre del chico, ese era Draco Malfoy, el hijo único de Lucius y Narcissa Malfoy.

—Espero que me pongan en Slytherin, Padre dice que es la mejor casa y Madre dice que todos los sangre pura van allí— dijo Draco.

—Eso suena interesante— comentó Harry intentando con fuerza ser educado.

—Odiaría ser un nacido muggle. Imagina no saber nada hasta que recibas tu carta…

Harry iba a responder que su madre era hija de muggles, pero las túnicas de ambos estuvieron listas y Harry pagó por las suyas. Se encontró a Remus afuera de la tienda. Lunático miró al malcriado chico Malfoy pasar a un lado y luego a Harry, que parecía decaído. Quería preguntarle qué le pasaba, pero justo en ese momento llegó Moody con una gran jaula y dentro de ella una gran lechuza blanca. Harry abrió desmesuradamente los ojos y tomó la jaula. Miró a la hermosa ave y luego a Moody. Ese era el mejor regalo que había recibido. ¡Tenía ya un gato y ahora una lechuza!

—Para las cartas y esas cosas— explicó Moody—. La necesitarás.

— ¡Gracias, señor!— exclamó Harry sonriendo— ¡Es genial! ¿Tiene nombre?

—En la tienda la llamaban Hedwig.

—Entonces así la llamaré. ¡Muchas gracias!

Moody adoraba darle regalos a Harry, y Harry amaba cada regalo que recibía y lo disfrutaba mucho. No era malcriado, la mayoría de regalos eran prácticos y servían para ayudarlo, como Hedwig, y Harry lo agradecía. También amaba compartir, cuando recibía una caja de dulces o chocolates, los compartía con sus amigos. Era más feliz cuando compartía y sus amigos eran felices. Era igual que sus padres, más como su madre, y eso era lo mejor que ellos podían esperar.

Remus veía a la madre de Harry en él, más y más y a veces le apenaba ver que Harry se veía, caminaba y hablaba como su padre, pero actuaba como su mamá, y tenía esa inteligencia, la de Lily. Moody le sonrió contento al chico y se percató de que él y Remus habían logrado criar a un niño bueno y reflexivo.

En el cumpleaños de Harry hubo una celebración con sus mejores amigos Ron Weasley y Neville Longbottom. Neville era un niño tímido, cuyos padres habían sido torturados hasta la locura por Bellatrix Lestrange. Moody y Remus tenía el presentimiento de que había sido testigo de aquello y lo había marcado, quizá esa era la razón para que el niño fuera tan temeroso y nervioso. Aún así, y alrededor de Harry y Ron era más valiente y querido, porque en los mejores amigos.

Harry tuvo pastel de cumpleaños y regalos. Recibió una mochila con un hechizo extensible para sus libros de parte de Moody. Remus le dio una gran caja de chocolates y un set para cuidados de lechuzas. Neville le dio un libro de Quadpot, y Dudley le mandó un juego de video. Harry no podía haber estado más emocionado por sus regalos y estaba cada día más excitado por el momento en que podría ir a Hogwarts. Crecía cada día más.

Moody y Remus iban a extrañar a su niño cuando se fuera al colegio…