Disculpen la demora pero por toda la locura de fin de año casi no tengo tiempo para traducir, así que tendrán que tener paciencia con todas las historias. Que lo pasen muy bien en estas fiestas.
Traducción de la maravillosa historia de RebeccaRoy.
Gracias a LatexoHPo por betear esta historia
Capítulo Diez. Nuevo Trabajo y Sirvientes.
La señora Weasley levantó la mirada de su libro para ver a Severus Snape parado frente a ella. Era verano nuevamente y él estaba de vuelta en la Madriguera buscando a Remus, ella estaba segura de que era para la poción. El año escolar después de la muerte del basilisco y la exoneración de Hagrid por abrir la Cámara había ido bastante bien. Remus había tomado el puesto de profesor de DCAO, y fue un éxito inmediato entre los estudiantes. Incluso Severus Snape estaba impresionado del gusto de los estudiantes por el licántropo. Pero antes muerto que decirlo.
— ¿Qué tal la posición de editora en el Quisquilloso, Molly?— preguntó el hombre.
—Muy bien. Xenophilius ama mi trabajo y las sugerencias que le doy para mejorar la revista— contestó ella—. Las subscripciones han aumentado y ahora ingresa más dinero.
—Me alegra. Eres talentosa.
—Gracias, Severus— sonrió Molly al joven maestro de pociones. Él jamás daba cumplidos a la ligera.
—Digo la verdad. ¡Oh! Miren quién llegó— añadió Snape mirando entrar a Remus que traía un pastelillo y se dejó caer en una silla—. El hombre lobo favorito de los estudiantes. Me percaté de que las chicas se derretían por ti.
—No tanto como lo hacen por ti— dijo Remus intentando alcanzar la poción, y haciendo una mueca cuando Snape la alejó.
— ¿Qué quieres decir?— preguntó el pocionista fríamente.
— ¡Oh, vamos! El oscuro y peligroso maestro de pociones. Las chicas se derriten por ti— respondió Remus estirando una mano para recibir la poción— ¿Me la puedes dar ahora por favor?
—Umh. Bueno, lo único que puedo hacer es agradecer a los cielos por las protecciones— dijo Snape recordando de repente— ¿Quién aprendió más sobre ellas en la escuela?
—Sirius. Intentó tener algunas relaciones… a falta de una mejor palabra. Poppy no estuvo para nada contenta de tener que llamar a un sanador para que se hiciera cargo de los hechizos de escozor en su virilidad— contestó Remus tomando la poción—. James lo molestó por eso durante semanas.
—Claro. Todos supimos lo que sucedió al ver la forma en que caminó durante una semana— sonrió Severus.
—Sería bueno que pudiéramos compartir esos hechizos y protecciones con los muggles— intervino la señora Weasley mirando un artículo sobre el profesor de la semana en Hogwarts—. Mantendría a los chicos seguros.
—Y a los profesores. Imagina en cuántos problemas se habría metido "Ricitos de Oro"— dijo Snape—. Aunque pudo haber terminado muerto por mis manos al estilo muggle. Nadie tiene derecho a aprovecharse de un estudiante.
—Estoy de acuerdo— comentó Remus mientras terminaba la poción.
En ese momento entró Harry a la habitación, Snape lo miró y sus ojos se abrieron por el shock. Harry ya no usaba anteojos, Moody había leído un artículo que hablaba sobre un tratamiento muggle con láser para corregir la vista y, por supuesto, él y Remus habían logrado que Harry tuviera la cirugía. Y eso no era todo, Harry había crecido unas cuantas pulgadas y sus ojos sin anteojos se notaban de un increíble verde, iguales a los de su madre.
Harry sonrió al ver la reacción de Snape. El hombre miró a la señora Weasley que reía.
—Harry, ¿por qué no traes anteojos?— le preguntó Snape al chico.
—Oh, es gracias a una cirugía muggle con láser que corrige la mala visión— respondió Harry con sus iluminados ojos verdes.
— ¿De verdad, Harry?
—Si, señor. Y me ha llamado Harry dos veces. Es genial.
—Los halagos, señor Potter, no lo llevarán a ninguna parte— dijo Snape recuperando su frialdad.
— ¿Y serviría el soborno, señor?— inquirió Harry sonriendo.
—Harry, respeta a tu profesor— le advirtió la señora Weasley.
—Si, tía Molly. Lo siento, señor. Sólo estaba bromeando.
—Agradece que no estamos en la escuela o Gryffindor habría perdido puntos— puntualizó Snape.
—Si, señor. Lo sé— sonrió Harry.
— ¿Y ahora por qué sonríes?— preguntó Snape.
—En realidad usted me cae bien, señor. Es el mejor Maestro de Pociones que existe.
Harry tomó un panecillo y salió por la puerta antes de que Snape pudiera responder. Era seguro que Harry era un chico interesante. Podía torcer las reglas justo un poco para no meterse en líos, ya que le gustaba ayudar a los gemelos Weasley con alguna que otra broma. Pero aún así era un chico preocupado y amable, y era claro que su magia era poderosa. Había sido una buena elección que Moody y Remus le hubieran criado sacando sus más fuertes habilidades mágicas. El año anterior le había tomado menos de quince minutos destruir el Horrocrux de Voldemort. Snape estaba seguro ahora de que había sido un Horrocrux.
Una semana después la Orden fue llamada porque alguien había visto a Sirius Black al este de Inglaterra, y era claro que Voldemort estaba usando Horrocruxes para poder regresar. Moody había tirado una bolsa en la mesa de la recién unida Orden como bienvenida. Había estudiado sobre horrocruxes y se había dado cuenta de que sólo algunas cosas podían destruirlos: veneno de un basilisco, un ave Fénix y acero fabricado por duendes. Por eso había investigado y no sólo descubrió que Voldemort había logrado casi la imposible tarea de crear horrocrux, sino que había hecho más de uno. La mayoría de los magos y brujas que habían intentado hacer más de uno habían terminado muertos o locos.
— ¿Qué hay en la bolsa?— preguntó Remus mientras comía un poco de cecina—. No es comida, huele como a metal.
—Porque eso es lo que es— contestó Moody sacando unos objetos— ¿Alguien sabe lo que es un horrocrux, aparte de Remus, Severus y el director?
—Ah, es un objeto oscuro donde un mago malvado guarda una parte de su alma— dijo la señora Weasley—. Se tiene que asesinar y hacer unos encantamientos para eso. No sé el encantamiento y no quiero saberlo.
—Bien. El diario era uno— dijo Moody—. Es por eso que la joven Ginny fue presa fácil.
— ¿Encontraste más?— inquirió Dumbledore muy impresionado— ¿Tú solo?
—Estaba aburrido— sonrió Moody—. Sin Harry no tengo que preocuparme de que destruya la casa.
—Él no es tan malo. Es muy respetuoso y un gran muchacho, ¡y lo sabes!— protestó Remus.
—Me arroja cosas— respondió Moody.
—Porque tú comenzaste con todas esas pruebas de alerta permanente.
—Entonces supongo que tú destruiste estos— intervino antes de que Moody respondiera un hombre negro, calvo y con un arete de oro en la oreja, Kingsley Shacklebolt.
—Sí, lo hice— dijo Moody sosteniendo un cuchillo hecho por duendes—. Y me divertí haciéndolo.
— ¿Cuántos hay?— inquirió Dumbledore.
—Bueno, estaba el diario, éste guardapelo que devolveré a Kreacher, un cáliz, un anillo que usted puede conservar, director; y es todo lo que encontré, dudo que sea todo, tengo la impresión de que hizo seis o siete.
— ¡Esa es demasiada maldad!— exclamó la señora Weasley— ¿Cómo pudo hacer eso? ¡La mayoría termina muerto simplemente tratando de hacer uno!
—Cierto. Sin embargo estamos muy por delante de él— gruñó Moody—. Podrá volver, pero no se quedará mucho tiempo.
— ¿Y Sirius Black?— preguntó Arthur— ¿Él ayudará a traerlo de vuelta?
—No, ya lo habría hecho si quisiera. Él se dirige a Hogwarts— respondió Moody.
— ¿Y sabes el por qué?— inquirió Remus.
—No tengo idea, pero con los dementores protegiendo la escuela cualquiera que tenga niños ahí y quiera que estén bien protegidos, Remus y yo le podremos enseñar el encantamiento Patronus.
—Hablaré con mis hijos— dijo Molly.
Unos días después Moody comenzó a enseñar en serio a todos los que quisieran aprender el encantamiento Patronus. Harry, Ron, Hermione, Fred, George y Percy se tomaron las lecciones muy seriamente. Aún así sólo Harry logró uno en su primer intento. Miró alrededor avergonzado al notar que había mostrado más habilidad incluso que Hermione. Su Patronus se volvió más y más fuerte durante las semanas siguientes, y ayudó a sus amigos a mejorar. Era considerada magia altamente avanzada, de hecho era de nivel EXTASIS. El Patronus de Harry era un ciervo, el de Ron un león, los de Hermione y Neville eran nutrias, Fred y George tenían zorros, y Percy una lechuza.
La última semana del verano los adolescentes se dirigieron al Callejón Diagon a comprar sus libros y útiles escolares. Ron fue capaz de conseguir una nueva varita, ya que Molly ganaba buen dinero en su trabajo. Se compraron también túnicas nuevas para Ron y Ginny, además de una lechuza para Ginny porque ella realmente quería una. La chica estaba muy feliz con su regalo. Hermione había entrado con su amiga a la tienda de mascotas para comprarse también una lechuza, pero no salió con un ave, en su lugar se llevó un enorme gato naranja de cara aplastada, del que le habían dicho se llamaba Crookshanks. Ron no estaba contento; estaba seguro de que el gato iría tras su mascota, Scabbers, que había tomado la costumbre de esconderse lo más posible durante las últimas semanas.
—Nadie quería comprarlo, pero es tan dulce— dijo Hermione acariciando a su gato.
— ¡Sólo mantenlo alejado de mi rata!— exigió Ron.
—Pero Scabbers no está ahora contigo, ¿cierto?— respondió Hermione molesta.
—Está en casa, durmiendo en alguna parte— contestó Ron justo cuando Remus apareció.
— ¿Sabes? Yo nunca he visto a Scabbers— comentó el hombre—. Parece que sólo le gusta esconderse y dormir.
—Si, así es él— dijo Ron—. Estúpida rata floja.
—Si, pero te preocupas por él— le señaló Harry.
Remus les compró helado a todos en Fortescue y tomaron asiento bajo el cálido sol veraniego, disfrutando del clima. Cuando el día terminó se dirigieron nuevamente a la Madriguera para empacar y alistar su regreso al colegio. Harry había esperado con ansias este nuevo año escolar, Remus seguiría enseñando Defensa. Y lo que era mejor, Moody enseñaría Historia de la Magia, ya que Binns finalmente había cruzado al otro lado. Harry sabía que éste curso iba a ser genial.
