Traducción de la maravillosa historia de RebeccaRoy.

Gracias a LatexoHPo por betear esta historia

Capítulo Doce. Clases de Historia y Quidditch.

Aunque las clases eran más difíciles para los de tercero, Harry estaba pasando un buen tiempo. Amaba sus clases y, por lo que Hermione había dicho sobre Adivinación, estaba contento de haber tomado Aritmancia. Hermione se veía cansada y estresada todo el tiempo, y con razón, su horario estaba abarrotado; los chicos se preguntaban cómo podía ir a todas sus clases ya que algunas eran a la misma hora. La única manera que Harry conocía para explicarlo era el uso de un giratiempo, pero esos artefactos mágicos estaban protegidos y no todas las personas tenían la habilidad de manejar uno adecuadamente. Harry se dirigía a su segunda clase de Historia de la Magia y podía jurar que Hermione venía tras ellos, pero su amiga no llegó al salón. No tuvo mucho tiempo de pensar en ello cuando tomó asiento junto a Ron y Neville.

Una vez más, al igual que sucedía con la mayoría de sus clases, compartían con Slytherin. Draco no estaba muy complacido de que Moody fuera su maestro ya que éste no tenía ningún reparo en ponerlo en su lugar. Le quitaría puntos y Harry sabía que luego le diría a Snape el por qué, ya que al Slyhterin le caían bien Snape y Draco. Aunque Moody se rehusaba a tener favoritos y quitaba puntos a cualquier estudiante que iba contra las reglas, aunque fuera un Slytherin. Este día estaba escribiendo sobre la pizarra "El encanto del mal", y Harry supo que tendrían una buena clase. Moddy se giró y escaneó la sala con su ojo mágico. Para entonces los alumnos ya sabían que el profesor no les aguantaría ni una en clase, ya todos estaban al tanto de su ojo y de que no podrían salirse con la suya.

—Entonces, hoy tenemos un tema muy importante— comenzó Moody—. Como ustedes saben ya que leyeron los capítulos que les asigné, hoy hablaremos sobre el Encanto del Mal y Voldemort. Ahora, ¿quién puede decirme por qué un mago o una bruja buenos se cambiarían al lado malo? ¿Sí, señorita Brown?

— ¿Por qué un Señor o una Dama Oscuros hacen promesas y eso?— contestó Lavender.

—Esa es una razón. Señor Malfoy, ¿podría decirnos otra?

—Bueno, si el Señor Oscuro promete a los sangrepura supremacía sobre todos los demás, entonces sería muy tentador, señor— respondió Draco.

—Correcto. Señor Longbottom, ¿tiene algo más que añadir?

—El poder para gobernar el mundo para que haya paz suficiente para todos— dijo Neville pensativo—. El Señor Oscuro ofrece poder para hacer el bien, algunos deberán morir por el bien común y además los muggles estarán mejor si son gobernados por los que tenemos magia, ya que sólo viven en guerras. Aunque la verdad es que no funciona de esa manera.

— ¿Por qué no?— inquirió Moody.

— ¿Qué se hace con aquellos que quieren libertad?— respondió Neville—Tendrían que ser asesinados o mutilados por el bien común claro está, pero en realidad todo es por el poder.

—Correcto. Creo que comprendo a Voldemort, que ofrecía y prometía el poder a todos sus seguidores— dijo Moody—. Míreme, yo no terminé así sentándome en casa, terminé así protegiendo a todas aquellas personas que Voldemort vio que estaban en su camino o simplemente le molestaban. Tuve que enfrentarme a muchos magos y brujas que lo seguían porque era mi deber. Yo les enseño sobre Voldemort de esta manera porque deben saber el por qué hay gente que se le unió y cómo alguien puede volverse como él, simplemente perdiendo el foco de lo que es correcto y lo que no. El poder no siempre es positivo. Ahora, con eso en mente, aprendamos algo sobre Voldemort y qué causó que se convirtiera en lo que terminó siendo.

El resto de la clase la pasaron aprendiendo sobre Voldemort, cómo había nacido como Tom Sorvolo Ryddle y había usado variadas y oscuras transformaciones para convertirse en Lord Voldemort. Aprendiendo cómo había engañado a muchos magos y brujas buenos para que se le unieran, y cómo mató a otros tantos que se le opusieron, como los padres de Harry, los hermanos de Molly Weasley, la familia Bones y muchos más. Muchos niños aquí habían perdido a alguien, padres, hermanos mayores, tíos, primos, o amigos de la familia en aquella guerra. Tantos muertos, tantas familias despedazadas cuando hermanos pelearon contra hermanos o padres contra hijos.

Cuando la clase terminó Draco Malfoy tuvo mucho en qué pensar. Estaba consciente de lo que su padre quería que hiciera, pero sabía que no era correcto, así como que Voldemort volvería. Amaba mucho a su padre, pero sabía que estaba equivocado y le dolía mucho el pensar que tendría que desafiarlo y no unirse al Señor Oscuro. No quería lastimar a su padre, pero no podría unirse a alguien que destrozaría al mundo mágico una vez más.

No tuvo mucho tiempo para seguir pensando en ello, ya que el primer partido de Quidditch se acercaba: Gryffindor contra Hufflepuff. Ambos equipos estaban igualados en fuerza y habilidad y necesitarían aprovecharlo en el juego. Era un día frío y lluvioso con mucho viento, pero eso no quería decir que el partido se cancelaría, de hecho haría las cosas más interesantes. Los equipos quedaron empapados apenas salieron de los vestidores; Harry se estremeció al montar en su escoba. Madame Hooch sopló su silbato y despegaron. Harry encontró que era un desafío volar con ese clima, pero lo amaba igual. Sentía como si hubiera estado volando durante horas y ya estaba congelado cuando sintió el frío característico de un Dementor. Maldijo y miró hacía abajo, vio entonces unos cuantos a unos pies de distancia.

— ¿Necesitas ayuda?— le preguntó Cedric Diggory, el buscador del equipo contrario. La snitch estaba olvidada por el momento.

—Sí, un poco de ayuda estaría bien.

— ¡A las tres!

Ambos chicos lanzaron sus Patronus y el ciervo de Harry junto al perro de Cedric salieron de las varitas alejando a los Dementores. Los destellos de luces le indicaron a Harry que más habían sido lanzados mientras volvía su atención al juego. Vio la snitch al mismo tiempo que Cedric y estaban cuello contra cuello; Harry obligó a su escoba a moverse más rápido, estiró su mano y atrapó la snitch. Aterrizó en el suelo sonriendo mientras Wood y el resto del equipo lo acorralaban, él sostenía la snitch en alto. Se liberó de sus compañeros y se acercó a Cedric para agradecerle su ayuda.

—Gracias por ayudarme.

—No es nada. Se supone que no tendrían que entrar a los terrenos del colegio, sólo se apostaban en las puertas— respondió Cedric—. No sé lo que está planeando Fudge al dejarlos aquí.

—Podríamos alejarlos completamente— dijo Fred acercándose para ver qué sucedía.

—Si, les demostraríamos que los Dementores no son una buena medida para la escuela— añadió George.

—Tenemos nuestras escobas.

— ¡Entonces echémoslos!

Antes de que alguno de los profesores pudiera detener a los adolescentes, éstos ya estaban sobre sus escobas y en persecución de los Dementores. McGonagall se veía bastante molesta y tomó una de las escobas de un miembro del equipo que no sabía lanzar un Patronus y se disparó tras los engreídos adolescentes. ¿Qué es lo que se creían? ¡Les diría un par de cosas por salir tras Dementores! Llegó a ellos justo cuando habían logrado echar a todos los Dementores de los terrenos de la escuela e iban a seguir persiguiéndolos. Se detuvieron al verla, sabían que estaban en grandes problemas.

— ¿Qué creen que están haciendo?— les gritó ella.

— ¿Deshaciéndonos de unas criaturas oscuras, profesora?— respondió Fred dándole una sonrisa triunfal.

—Si. Quiero decir, cualquier persona que lance un Patronus puede hacer lo que hicimos, ¿y dónde queda la protección para el colegio?— secundó George.

—No deberían existir— dijo Cedric.

— ¿Dónde está Harry?— preguntó McGonagall buscando con la mirada al más pequeño de los adolescentes.

—Oh, no. Probablemente fue al Bosque Prohibido— dijo Fred.

—Iremos a buscarlo— ofreció George—. Es decir, en teoría, conocemos el bosque muy bien.

—Si, estaremos bien.

—Lo traeremos de vuelta sano y salvo— concluyó George.

—No sé por qué les permito hacer esto, si no han vuelto en media hora enviaré a su madre tras ustedes.

Media hora después Fred y George volaban lentamente hacía la escuela seguidos de Harry. Con Harry venía un feroz y salvaje centauro con cabello y pelaje negros y piel humana negra como el ébano. Estaba vestido para la guerra con un gran arco en sus manos, su negra barba cubría parte de su poderoso pecho y sus poderosas piernas terminaban en igualmente poderosos cascos. Hablaba con Harry, quien le mostraba mucho respeto al centauro que desde el año anterior se había hecho cargo de la manada cuando Morgan había muerto peleando contra Aragog. Harry se bajó de su escoba y guió al centauro hacía el castillo donde se encontraron con un asombrado Ministro que recién había terminado una reunión con Dumbledore sobre la seguridad de la escuela.

—Señor ministro, Lord Bane quisiera ofrecer el servicio de su manada al colegio— le dijo Harry a Fudge.

— ¡Oh! ¿En serio?— dijo Fugde mirando al fiero centauro—. Los Dementores hacen su trabajo muy bien.

—Señor, cualquiera que pueda lanzar un Patronus puede también entrar a la escuela— objetó Harry—. Si Lord Bane y sus guerreros tienen permitido protegernos estaremos más seguros, conocen los terrenos mejor que cualquier humano.

—Veo las señales en las estrellas. Una gran guerra viene a menos que la casa humana y la casa centauro se unan y trabajen juntas— dijo Bane—. Hablé con mi gente, protegeremos la escuela.

—Bueno, eso no haría daño, ministro— intervino McGonagall—. Después de todo, los centauros conocen el lugar mejor que nadie.

—Muy bien, pero si Black llega a pasar…

—Me preocuparía más en atraparlo con vida, señor— dijo Harry con firmeza—, porque si lo atrapo primero lo mataré.

—Ya veo. Bien, debo irme— se despidió Fudge.

Salió del colegio y Bane esperó para hablar con Dumbledore, éste bajó rápidamente. Moody tomó a Harry de un brazo y se lo llevó casi a rastras. Harry tenía el claro presentimiento de que no se sentaría muy bien en un par de días. Habían pasado varios años desde que había sido golpeado por última vez, pero estaba seguro ahora de que Moody le daría una buena paliza por desaparecer como lo había hecho. Debió haberlo pensado mejor y ahora estaba en grandes problemas. Se encontró de pronto en la oficina de Remus, con Remus esperándolo. ¡Oh, oh! Estaba en muchos problemas. Debió haber esperado para ir al bosque, debió hacerlo, ¿pero acaso no trajo a los centauros?

— ¿Qué estabas pensando, Harry?— le preguntó Remus con seriedad.

—No lo estaba haciendo, señor— respondió Harry mirando sus zapatos.

—Claro que no— gruñó Moody— ¡Fuiste al bosque solo rompiendo las reglas!

— ¡Los centauros protegerán ahora la escuela!— exclamó Harry defendiendo sus acciones— ¡Traje a Lord Bane y Fudge accedió!

—Eso pudiste hacerlo en la mañana; de cualquier modo ya estaba planeado hacer eso— dijo Remus—. He estado hablando con ellos, igual se habrían reunido con el ministro.

—Oh, lo siento— se disculpó Harry—. Sólo trataba de ayudar.

—Fuiste al bosque— habló Remus seriamente—¡Jamás debes hacerlo sin nuestro permiso!

—Nos desobedeciste— intervino Moody con firmeza—. Conoces las consecuencias, chico.

—Si, señor— dijo Harry en voz baja sabiendo lo que venía.

—Trece por cada año que tienes. Ven acá, chico— ordenó Moody firmemente.

Harry se encontró sobre las rodillas de Moody y sabía que su tutor no usaría su mano o un cinturón como cuando era pequeño. Usaría una regla y Harry se preparó para el primer golpe. A Moody no le gustaba castigar a Harry de esa manera, pero el chico se había puesto en peligro, y a Fred y a George al ir a buscarlo. Harry pensaba mucho mientras su trasero cada vez se ponía más adolorido. Finalmente, después del golpe número trece le permitieron ponerse en pie y le dieron algo de tiempo para recuperar la compostura antes de volver a la sala común. Un fuerte estruendo lo recibió al entrar a territorio Gryffindor, y todos sus amigos lo rodearon.

— ¡Pensé que Moody iba a matarte!— exclamó Fred.

—Si, amigo. ¿Fue muy malo?— preguntó George.

—Bueno, no perdí puntos. Pero desearía no pasar por eso de nuevo— se lamentó Harry.

—Toma. Trata con esto. Ayuda— le dijo Fred pasándole un pequeño contenedor.

—Servirá. Mamá también nos agarra a veces— secundó George.

— ¡Pero no al pequeñín de Ronikis!— dijo Fred viendo que Ron se acercaba.

— ¡Te he dicho que no me llames así!— reprochó Ron lanzándole un hechizo que volvió el rojo cabello de Fred en azul.

— ¡Oye, eso no fue gracioso!— respondió George lanzando de vuelta un hechizo que Ron bloqueó, ahora George tenía el cabello rosa.

— ¡Muy bien, Ron!— rió Harry olvidando su dolor por un momento.

Las siguientes semanas fueron bastante interesantes. Hermione salió furiosa de su clase de Adivinación y se rehúso a volver; Fred y George lograron encantar las velas para que cantaran en la cena y Harry derrotó a su primer Boggart. Un frío día de invierno Harry, Ron y Neville habían prácticamente arrastrado a Hermione fuera del colegio para ver a Hagrid porque uno de sus hipogrifos estaba enfermo, y ella claramente estaba a punto del colapso. Tomaron té, conversaron con Hagrid y pasaron una buena tarde. Iban de vuelta al colegio cuando vieron a Draco, que justo tuvo que ser desagradable con Hermione en ese momento.

—Bien, está aquí la carne de cañón— dijo el rubio orgulloso de saber la frase muggle—. Los Gryffindor apenas sobreviven las guerras, ¿sabías?

—Oh, cállate— dijo Ron con fuerza.

— ¿Qué harás? ¿Acusarme con tus hermanos? Llamaría a mi padre.

—No es mejor que la madre de Ron— dijo Harry fulminando con la mirada a Draco.

—Vámonos. Él no lo vale— terció Hermione.

— ¿Qué sabes tú sangresucia?— habló Draco firmemente.

— ¿Cómo te atreves?— exclamó Hermione sacando su varita tan rápido que Draco ni siquiera alcanzó a pestañear— ¡MALDITA Y MALVADA CUCARACHA! ¡SON LOS DE TU CLASE LOS QUE CONSIGUEN QUE MUERA TANTA GENTE!

—Hermione, quizá esto no…

— ¡Cállate, Ron!— gritó Hermione furiosa. Tenía la varita en la garganta de Draco pero no lo hechizó. Optó por darle un puñetazo en la nariz— ¡Me dices eso nuevamente y te lastimaré tanto que ni tu madre te reconocerá!

Hermione se marchó y los tres chicos Gryffindor miraron a Draco que gemía de dolor aferrando su sangrante nariz. Se alejaron y no vieron a Snape, que lo había observado todo. El profesor caminó hacía Draco, lo puso de pie y lo llevó a la enfermería. Un punto para Hermione Granger ya que Draco se merecía lo que había recibido, y Snape se lo dijo. Draco tendría que aprender que este era un mundo nuevo, y sus antiguos prejuicios no tenían cabida en él.