Traducción de la maravillosa historia de RebeccaRoy.
Gracias a LatexoHPo por betear esta historia
Capítulo Diecisiete. El Torneo de los Tres Magos.
Una vez más un nuevo año escolar comenzó y con él más seguridad en el colegio que nunca antes. Era por eso que además de los armados centauros había magos y brujas ayudando a proteger la escuela. Entre los guardias se encontraba Sirius Black, y Harry sabía por lo que le había contado Remus que Snape y Sirius no se llevaban nada bien. De hecho Harry esperaba ver un duelo entre ellos en cualquier momento.
El sorteo había sido divertido y Harry había disfrutado la pasmada mirada en el rostro de varios estudiantes cuando se enteraron que el Torneo de los Tres Magos sería realizado en Hogwarts este año. En un mes más Durmstrang y Beauxbatons vendrían a Hogwarts y todos lo esperaban con ansias.
El día señalado Harry estaba de pie junto a los miembros de su casa esperando que llegaran los invitados. Luna Lovegood señaló hacía el cielo y todos miraron una docena de enormes caballos tirando de un coche del tamaño de una casa. Aterrizaron con gracia en los terrenos y la puerta del carruaje se abrió, de ella salió un chico con una túnica de lana azul. Una mujer casi tan alta como Hagrid salió también. Vestía una elegante túnica negra; caminó elegantemente con veinte alumnos tras ella. Era muy bonita aunque bastante alta. Miró a los estudiantes de Hogwarts y sonrió gentilmente.
—Me encuentro muy honrada de estar aquí, Dumbledore— dijo con un ligero acento.
—Es un honor tenerla aquí, Madame Maxime— respondió Dumbledore.
— ¡Miren al lago!— gritó Neville señalando hacía allí.
Todos miraron y la punta de un mástil pudo verse emergiendo del agua. En menos de tres minutos un barco con tres mástiles y velas salió del lago. Navegó hasta la orilla, cayó el ancla y se apoyó la tabla. Los alumnos salieron del barco y Harry pensó por un momento que todos tenían la contextura de Crabble y Goyle. Al acercase vio que todos vestían con capas de pieles; caminando frente a ellos, vestido con una túnica de piel plateada, estaba un hombre alto de cabello corto gris y barba de chivo. A Harry no le agradó porque sentía en él algo malvado. El hombre caminó hacía Dumbledore y rígidamente inclinó la cabeza.
—Es un placer volver a verle, Dumbledore— saludó el hombre, Karkaroff.
—Es bueno verte, Igor. Entremos para comenzar el banquete.
— ¡Mira! ¡Es Krum!— exclamó Ron cuando Viktor Krum pasó a su lado.
—¡Genial! No sabía que todavía estaba en la escuela— sonrió Harry.
Caminaron hasta el Gran Comedor. Los de Beauxbatons se sentaron en la mesa de Hufflepuff y los de Dumstrang en la de los Slytherin; una vez todos estuvieron sentados el festín apareció. Harry vio la bouillabaisse casi al mismo tiempo que Hermione y la dejó servirse primero. Él había probado ese platillo cuando vistió Francia hacía unos veranos, y le había gustado; la encontró tan rica ahora como aquella vez. Una vez el festín terminó y los platos brillaban de limpios, Dumbledore se puso de pie para dirigirse a todos.
—Me gustaría dar la bienvenida a nuestros invitados que han venido de muy lejos para estar con nosotros. En un minuto el cáliz de fuego será traído, sin embargo, para mantener este torneo seguro, sólo los mayores de edad tendrán permitido poner sus nombres.
— ¡Pero tendremos diecisiete en abril!— protestó Fred.
—Si, ¿por qué no podemos entrar?— secundó George.
—Una línea de edad será puesta alrededor del cáliz— añadió Dumbledore—. Los candidatos mayores de edad pondrán sus nombres. ¡Qué gané el mejor!
—Una poción de edad podría funcionar, sólo necesitamos ser unos meses mayores— murmuró Fred.
— ¡Qué tengan buenas noches!— concluyó Dumbledore.
Para Harry entrar al Torneo de los Tres Magos no era un asunto importante, él ya tenía fama suficiente y sólo deseaba ver a los campeones competir. Se fue a costar junto a los miembros de su casa y despertó temprano. Bajó las escaleras y vio a Fred y George dirigirse hacía el Cáliz, supo entonces que habían tomado la poción. Observó conteniendo el aliento mientras los gemelos pasaban la línea de edad, por un momento pareció funcionar. En un segundo, con un chirrido, fueron arrojados fuera del círculo y arrojados el piso. En ese momento a ambos les salieron idénticas barbas blancas. Se miraron mutuamente y se largaron a reír, el flash de una cámara se disparó. Harry se giró para ver a Sirius allí sonriéndoles a los dos chicos.
—El señor Jordan está en la enfermería para que le retiren su barba— dijo Dumbledore acercándose— ¡Pero diré que sus barbas son más bonitas!
—Voy a rebelar esto— dijo Sirius mientras Dumbledore se alejaba—. La pondré en la Sala Común de Gryffindor.
—Me darás una copia— le dijo Remus acercándose—. No necesito más que eso, Severus necesita reírse.
—Él es demasiado malo para tener sentido del humor— replicó Sirius sin notar que Snape estaba justo tras él.
—Ten cuidado, Black— dijo Snape suavemente, haciendo que Sirius se diera la vuelta con rapidez—. Podría volver tu cabello verde.
— ¡El director no te lo permitiría!
—Claro… sería un accidente. Además, ¿a quién crees que le creerá el director? ¿Al respetado Jefe de la Casa Slytherin o a ti, Black?
Harry observó cómo Snape se alejó con su túnica flotando tras él. Sirius odiaba a Snape, pero sabía que si peleaba con él se metería en problemas y no quería eso. Vio el miedo y el asombro que los estudiantes sentían por Snape. Había leído las estadísticas increíbles del hombre. Snape tenía más estudiantes de EXTASIS que ningún otro maestro de Pociones. Era estricto pero esperaba lo mejor de sus alumnos y ellos cumplían. Snape era aún más duro consigo mismo, y eso Sirius lo sabía muy bien. En el colegio el pocionista había sido pequeño, pero un gran duelista y adversario, y Sirius pronto descubrió que Snape podía defenderse solo bastante bien. Él, Sirius, había terminado golpeado varias veces, pero nunca habían culpado a Snape.
—De verdad no me gusta ese hombre— le dijo a Harry.
—No es tan malo— replicó el chico.
—Ese hombre prepara mi poción— intervino Remus—. Es un hombre muy privado, como un soldado.
—Yo creía que era un vampiro— dijo Neville acercándose a ellos—. De verdad, quiero decir, parece uno.
—Bueno, pero es genial en pociones— dijo Hermione.
—Él te llama "insufrible sabelotodo"— se unió Ron al grupo.
—Pues lo soy. Me siento orgullosa de ser inteligente, Ron.
Harry sabía que era mejor no reír, si lo hacía era probable que Hermione lo hechizara. En lugar de ello se dirigió a desayunar y luego a las clases del día. Estaba cansado para tener mucha atención y el día parecía pasar en cámara lenta mientras esperaba la elección de los campeones, cosa que sucedería por la noche. Finalmente llegó la hora de la cena y Harry deseó, por primera vez, que terminara rápido. Estaba ansioso por saber quién sería elegido por Hogwarts. Al fin desapareció el último plato y el comedor se quedó en silencio cuando llevaron el Cáliz. Hubo un flash y un trozo de pergamino salió del artefacto mágico, Dumbledore lo tomó y lo leyó.
—Por Dumstrang… ¡Viktor Krum!
Krum se levantó, caminó hacía la mesa de los profesores y se dirigió hacía una puerta que estaba atrás.
— ¡Genial! Lo hará muy bien como campeón— le dijo Fred (ya sin barba) a Ron.
— ¡Miren! Otro pergamino— exclamó Neville cuando el segundo pergamino salió y Dumbledore lo atrapó.
—Por Beauxbatons… ¡Fleur Delacour!— dijo Dumbledore y la chica, que parecía una Veela, se levantó y siguió a Krum.
— ¡Oh! Miren, sus compañeros no están felices— dijo Hermione. Y era verdad, varios estaban llorando.
—Nuestro turno— dijo George y tenía razón. El último nombre salió y el Cáliz se oscureció.
—Por Hogwarts— comenzó Dumbledore—… ¡Cedrid Diggory!
Se oyó un aplauso proveniente de todas las casas cuando Cedric Diggory se levantó de la mesa Hufflepuff y se dirigió hacía la otra sala. Harry sonreía; se preguntó qué tareas tendrían que enfrentar los campeones y las esperaba con ganas. Hufflepuff merecía esta gloria y Harry no podía haber estado más contento con el campeón de Hogwarts. Se fue a costar muy feliz sabiendo que éste sería un gran año.
Unos días después se dirigía a Cuidado de Criaturas Mágicas cuando vio a Sirius bajar las escaleras, parecía relajado. Llegó al último escalón justo cuando Snape iba pasando por el balcón encima de ellos, entre dos alas del castillo. Sirius le hizo un rudo gesto con la mano y Harry se quedó boquiabierto. ¿Cómo Sirius le hacía algo así a Snape? La respuesta de Snape no fue completamente inesperada. El pocionista se detuvo en la baranda del balcón, movió su varita y saltó. La quijada de Harry llegó hasta el piso cuando Snape flotó hacía ellos con facilidad y se paró frente a Sirius, que estaba sin palabras. El animago se preguntó si lo harían volar en mil pedazos con una horrible maldición.
—Buu— dijo Snape suavemente y pasó a lado de Sirius. Miró a Harry allí parado, con la boca abierta— ¿Qué sucede, señor Potter?
—Señor, eso es lo más asombroso que he visto nunca— balbuceó Harry.
—Si está esperando que le dé puntos, señor Potter, estará decepcionado.
—No, señor, no espero puntos. Usted es genial.
—Entonces vaya a clase.
—Si, señor— sonrió Harry se marchó.
— ¿Cómo hiciste eso?— le preguntó Sirius a Severus—. Nadie puede hacer eso.
—Entonces yo soy Nadie— sonrió Snape sarcásticamente, conciente de los estudiantes que estaban mirando— ¡Si los encuentro fuera de clases en los próximos cinco minutos les quitaré diez puntos a cada uno!
—Wow— exclamó Sirius mientras los alumnos salían corriendo—. Disfrutas el poder, ¿cierto?
—Me lo he ganado— respondió Snape fríamente—. Ahora, tengo estudiantes a cuáles enseñar, y tú un colegio que proteger.
—Claro.
Ambos hombres se alejaron y Snape sonrió sabiendo que era mejor mago que Black, y que éste lo sabía. ¿Qué de bueno tenía que Sirius Black fuera un sangrepura? Snape sabía que era superior a él en poder y que no podría superarlo en cerebro y en nada, excepto en apariencia. ¿Pero de qué le servía a Sirius la apariencia? Severus caminó hacía su clase sabiendo que su pequeña "acrobacia" sería comentada. Un punto más para el serio profesor de Pociones, sería más respetado y temido una vez terminara el día…
