Traducción de la maravillosa historia de RebeccaRoy.

Gracias a LatexoHPo por betear esta historia

Capítulo 24. Cartas y el Nuevo Trabajo de los Gemelos.

Harry estaba sentado tranquilamente leyendo la carta de su primo Dudley. Sabía que Dudley era inteligente, pero no tanto como para que se diera cuenta de lo que él, Harry, era. Harry nunca le había dicho nada, incluso cuando lo visitaba un par de días durante el verano jamás había mencionado la magia. Pero de alguna manera su primo se había enterado y lo mantenía en secreto a sus padres. Harry había leído y releído la carta y se sintió confortado de que Dudley parecía estar feliz por él, así que sacó papel y lápiz y se acomodó para responderle a Dudley. Mientras escribía se escucharon voces cada más fuertes y cercanas.

—¡Canuto! ¡Regresame eso de inmediato! ¡Esa es mi carta!

—¡Es de mi prima!— gritó Sirius corriendo hasta la sala donde Harry escribía— ¡Tengo derecho a saber en qué andas!

—¡No es gracioso, Canuto! ¡Devuélvemela!— gritó Remus tras él.

—¡No! ¡Quiero leer lo que dice!

—¡Devuélveme eso, maldito perro!—. Remus se lanzó hacía Sirius con la intención de quitarle la carta, pero sólo se encontró en el suelo cuando su amigo lo empujó.

—¡Oigan! Estoy intentando escribir una carta— exclamó Harry.

—¡Dame eso!— gruñó Remus luchando con el animago.

—¡No, quiero leerla!

Los dos magos pelearon por la carta por todo el piso de la sala. Remus tuvo cuidado de no pegarle a Sirius con demasiada fuerza, podría lastimarlo debido a que era más fuerte por su pequeño problema peludo. Harry a iba a abandonar la sala cuando vio entrar a Snape con los ojos entrecerrados al ver a un profesor de Hogwarts y a un mago del equipo de seguridad peleando; los hombres se maldecían y gruñían mientras se disputaban la carta, que por cierto ya no estaba cerca de ninguno de los dos. Snape la convocó y se la pasó a Harry rigidamente. Los sonidos de la pelea se habían extendido hasta el piso de abajo, y por supuesto, Molly apareció en la sala.

—Profesor, sería mejor que nos marchemos ahora— dijo Harry cuando Molly se puso roja de rabia ante lo que estaba presenciando.

—Quiero ver esto— dijo Snape.

—Yo no, señor. Sé lo que va a suceder.

—Será divertido.

—¿QUÉ CREEN QUE ESTÁN HACIENDO?

—¡Él me quitó mi carta!— se defendió Remus pegándole a Sirius.

—¡Es de mi primita y quiero saber en qué andan!— refutó Sirius— Eh, ¿dónde está la carta?… ¡Ay! ¡Lunático, eso dolió, creo que me rompiste una costilla!

—¡SUFICIENTE!— gritó Molly y tomó a cada hombre de una oreja— ¡SE PONEN A PELEAR ASÍ DELANTE DE HARRY! ¡SE SUPONE QUE TENDREMOS UNA REUNIÓN AQUÍ Y USTEDES SE PONEN A HACER ALGO COMO ESTO! ¿DÓNDE ESTÁ LA CARTA?

—Yo la tengo, tía Molly— dijo Harry dándosela.

—Gracias, Harry, cielo— le sonrío Molly para enseguida volverse a los hombres— ¡YA QUE USTEDES NO PUEDEN COMPORTARSE POR UNA SIMPLE CARTA YO ME LA QUEDARÉ! La reunión será aquí. Severus, ¿quieres algo mientras esperas? ¿Té, pastelitos?

—Estoy bien, señora Weasley. Gracias.

—¡Quiero pastelitos!— se quejó Sirius.

—¡No te pregunté a ti!

Snape tomó asiento cerca del fuego con una leve sonrisa. Era divertido ver a Molly Weasley de esa manera; ella siempre lo procuraba a él y eso le gustaba, aunque actuara como si le molestara. Levantó una ceja cuando Remus y Sirius lo fulminaron con la mirada. El director llegó con el resto de la Orden y vio que Snape parecía un poco más relajado. Sonrió al saber que su chico ahora estaba más interesado en todo lo que tenía que hacer. Una vez que la guerra terminara lo llevaría a un viaje al extranjero como recompensa por todo lo que estaba haciendo por ellos.

—Creo que eso significa que debo irme ahora— dijo Harry dirigiéndose a la puerta mientras Moody tomaba asiento—. Aunque no sé por qué, ya sé que Voldemort me quiere muerto.

—¿Y cómo sabes eso?— preguntó Snape con fríaldad.

—Porque soy más guapo que él, más inteligente, y le pateé el trasero al comienzo del verano— contestó el chico.

—Chiquillo arrogante— fue la respuesta del hombre.

—Gracias. Oh, y él cree que debe matarme antes de que yo lo haga. Algo sobre que el mejor sobrevivirá, pero se le olvidó que yo soy el mejor.

—Estás en buen camino, chico— le dijo Moody—. Te crié muy bien.

—¿Y yo? Yo también ayudé— protestó Remus.

—Por supuesto. Ah, Voldemort debe tener horrocruxes para haber vuelto. Sirius, tienes libros bastante tenebrosos en tu biblioteca, tal vez deberías deshacerte de algunos— concluyó Harry y se marchó dejando a los miembros de la Orden sin palabras.

¿Cómo podía saber tanto? Snape estaba impresionado, pero no lo demostraba, aunque pensándolo bien, no era tan sorprendente que Harry se hubiera dado cuenta de las cosas de esa manera, después de todo tenía el cerebro de su madre. Snape adoró ver las miradas de hilaridad en los rostros del resto de los miembros de la Orden. Sólo Moody, Remus y Dumbledore mostraban serenidad. McGonagall palideció y Kinglesy se veía pensativo. Remus vio que Dora estaba impresionada y la abrazó.

—Este chico es…. ¿Cómo supo todo eso?— inquirió Kingsley.

—Es muy inteligente. Yo no revisé la biblioteca y a él le gusta leer— respondió Remus.

—No sabía que tenía esa clase de libros oscuros— murmuró Sirius.

—Quizá si en lugar de mascar los libros los leyeras, lo sabrías— dijo Snape.

—¡Severus! Muestra amabilidad— le advirtió McGonagall.

—Soy amable, Minerva.

—En tus sueños— dijo Sirius.

—Creo que lo mejor será comenzar con la reunión— tajó Dumbledore.

La siguiente hora discutieron sobre lo que Snape había descubierto sobre Voldemort y lo que el ministro estaba haciendo para ayudarlos. Públicamente iba a hacer sus vidas un infierno, privadamente les daría todos los recursos para ayudarlos. Como se había dicho antes, nadie sospecharía de él. Fudge también hacía todo lo posible para que los gobiernos de otros países los ayudaran cuando llegara el momento de la batalla. Una trampa estaba siendo preparada para atraer a Voldemort y exponerlo al mundo. La reunión finalmente terminó y los miembros de la Orden dejaron la casa, todos menos Dumbledore y Snape y aquellos que se quedaban allí. Molly se acercó al pocionista.

—Debes quedarte a cenar.

—No puedo. El perro no me dejará.

—Puedes hacerlo— intervino Sirius—. Hará feliz a Remus por alguna razón.

—Quédate, chico. Así dejaremos de escuchar los reclamos de Molly— dijo Moody.

—Está bien— aceptó Snape finalmente.

Molly llamó a los chicos para cenar y los miró fijamente cuanto ellos vieron a Snape. Se sentaron alrededor de la mesa, Harry cerca de Ginny y Tonks con Ron, Fred y George al otro lado. Los gemelos le sonrieron a Snape, aunque éste los fulminó con la mirada. Si se atrevían a hacerle una broma… vale, no se atreverían. Molly los mataría. A Snape le ponía nervioso el hecho de que les agradaba, parecía que ellos lo veían como una especie de mentor y amigo más que como su profesor, sin importar cuántos puntos les quitara o cuantas detenciones les diera. La cena fue bastante tranquila hasta el final, cuando Harry le preguntó a Tonks sobre su don.

—Te vi en el Baile de Navidad, tu cabello era bastante diferente. ¿No duele cuando cambias, cierto?

—No, pero debo concentrarme— respondió Tonks con una sonrisa, de inmediato cambió su rostro para copiar el de Snape—. Sirius, ¿podrías pasarme ese vaso por favor?

—Aquí tie… ¡Maldición, Tonks! ¿Podrías no hacer eso?— exclamó Sirius casi botando el contenido del vaso de la impresión— ¡De entre toda la gente tenías que escogerlo a él!

—Le hago eso todo el tiempo— dijo Tonks dándole la espalda—. Una vez me vestí toda de negro y me transformé en la tía Bella.

—Eso fue cruel— dijo Remus—. Pensé que Sirius moriría del shock.

—Bueno, pero ella está encerrada— sonrió la metamorfomaga—. Pensé que sería gracioso.

—Pagaría por ver eso— comentó Snape.

—Se lo merecía, por lo malo que fue con usted, profesor— le respondió Tonks—. Algún día se lo mostraré.

—Gracias, Dora. No necesitas llamarme profesor, puedes llamarme Severus.

—O idiota grasiento— dijo Sirius.

—Eso es mejor que Perro Sarnoso— contraatacó el pocionista.

— Mortífago.

—Bastardo sin bolas.

—A…

—¡Suficiente!— les advirtió Molly— ¡No más! ¡Y no te atrevas a preguntarle sobre eso, Sirius, o sentirás mi ira!— le ordenó a Sirius refiriéndose a que éste iba a decirle a Snape que mostrara su marca.

—¡Sólo iba a preguntarle que cuándo se lavaría el cabello!

—¡Oye! Eso no fue amable— dijo Fred.

—Sí, él es muy limpio, pero su pelo es realmente graso— añadió George.

—Estamos creando un shampoo que funcione para su tipo de cabello— siguió Fred.

—Un noble uso de su tiempo— dijo Snape sedosamente— ¿No deberían pasarlo mejor estudiando? Recibieron sólo ocho TIMOS, entre los dos.

—Eh… vamos a crearlo para dárselo en agradecimiento por los puntos extras en los EXTASIS, señor— dijo George intentando darle una sonrisa ganadora—. ¡Usted es…

—Nuestro favorito…

—Grandioso…

—Valiente…

—Profesor de Pociones de todos los tiempos!

Snape no sabía si reír o fulminarlos con la mirada. Optó por fulminarlos con la mirada, pero eso no impidió que esos chicos siguieran sonriéndole. Molly miró a sus hijos, era claro que respetaban y querían a Snape. De todos sus hijos tenían que ser lo gemelos quienes apreciaban a Snape. Al menos era apreciado en el colegio por dos estudiantes. Él era tan joven y probablemente sentía que debía ser estricto y serio para que lo respetaran. A Bill no le caía bien el profesor, pero por supuesto, sólo era diez años menor que Snape.

—Fred, George, sean respetuosos con Severus.

—¡Lo somos, mamá!— exclamaron al unísono.

—Bueno, al menos les cae bien mi muchacho— sonrió Dumbledore—. Severus, deberían estar contento de tener unos estudiantes tan dévotos y talentosos.

—¡No necesito un aprendiz, menos dos!

—¡Seremos buenos!— exclamó Fred.

—¿Alguna vez le hemos hecho alguna broma, señor?— inquirió George.

—Bueno, nuestro cumpleaños no cuenta ¿cierto, señor?

—Me superan en número— gruñó Snape.

—Bueno, con tu trabajo este año te sería útil una mano extra— dijo Dumbledore— ¿Qué dicen, chicos?

—¡Sí! ¿Cuándo comenzamos?

Snape gruñó mentalmente, realmente no quería esto. Aunque sabía que lo necesitaría. Voldemort planeaba usarlo la mayor parte del verano y eso significaba que se atrasaría con sus pociones. Fred y George eran de sus mejores estudiantes, sus pociones nunca salían mal y tomaban su trabajo con seriedad. No conseguiría a nadie mejor que ellos.

—Muy bien. Sin embargo espero que trabajen duro y bajo mis estrictas especificaciones. Si no me gusta lo que hacen, los despediré.

—¡Sí, señor!

—Bien, comienzan mañana temprano.

—¿A qué hora, señor?

—A las ocho en punto.

—Allí estaremos— sonrió Fred.

Molly miró a Snape y notó el destello de alivio en sus ojos. La mayoría no se daría cuenta, pero ella sí. Sabía que él estaba bajo mucho etres ahora y necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir. Severus se había suavizado con los años, confiaba en ella lo sudficiente para hablar cuando necesitaba a alguien. Él sabía que Molly nunca lo traicionaría y de verdad se preocupaba por él. Ahora dos de sus hijos trabajarían para él como aprendices. Tenía que sobrevivir, Voldemort sabría que su traición sería su caída, y Snape necesitaba estar ahí para dar el último golpe al malvado señor Oscuro…