Traducción de la maravillosa historia de RebeccaRoy.

Gracias a LatexoHPo por betear esta historia

Capítulo Veintiocho. Inspecciones y Una Venganza Inesperada.

El invierno del quinto año de Harry fue el más frío que pudiera recordar. Incluso el viejo director no había sentido un invierno como ese en más de sesenta años. Los estudiantes y profesores se acurrucaban frente a las chimeneas y Filch podía ser visto trabajando con enanos sellando ventanas y puertas que habían quedado abiertas. Los centauros vestían calidas pieles bajo sus armaduras de cuero y Hagrid tenía siempre un fuego encendido para los alumnos en sus clases, con salamandras de fuego incluidas. Harry esperaba con ansias la clase de Pociones, ya que le permitiría alejarse del frío de los pasillos con el calor de las pociones.

Umbridge estaba tan horrible como siempre, adjudicándose el puesto de Suma Inquisidora de Hogwarts y todos en el colegio la odiaban. Casi había logrado despedir a Trelawney después de supervisarla en una de sus clases. Lo que había sucedido después había hecho feliz a muchos en el castillo; Trelawney había hecho una predicción, no una que remeciera las fundaciones de la tierra, pero si una que remeció a Umbridge. Lo que Umbridge no supo (ni el resto del colegio), es que Severus Snape había metido mano en la predicción. A él no le gustaba mucho Trelawney, la veía como un fraude, pero quería vengarse de Umbridge, la odiaba. Snape había puesto en marcha la predicción colándose en la sala de Adivinación e influenciando a Trelawney para que la tuviera. Luego preparó todo para que sucediera. Casi rió al ver la expresión de horror en la cara de Umbridge cuando se hizo realidad, así se vengó de la mejor manera que pudo.

Harry todavía estaba hablando de "la predicción" con Neville y Hermione mientras caminaban a las mazmorras. Ron llegó un poco más tarde con las puntas del pelo aún verdes por haber probado uno de los productos de broma de sus hermanos. Claro que no sabía lo que era hasta que se puso completamente verde y ahora estaba planeando la desaparición de Fred y George. Tomó asiento en la misma mesa que en los últimos cinco años junto a Harry, Neville y Hermione. Snape ya estaba allí y no se veía contento. La razón era que Umbridge también estaba allí, vestida con la más horrible túnica rosa imaginable. Harry no pudo evitar pensar en cierta medicina muggle para el dolor de estómago cada vez que la miraba. Snape les dio las instrucciones para el día y fulminó con la mirada a los alumnos y sus pociones. Harry no se atrevió a hacer nada mal, sabía que Snape no estaba de buen humor.

—Así que ésta es su clase de quinto— dijo Umbridge— ¿Les ha mandado preparar pociones fortalecedoras?

—Sí, vienen en los TIMOS— respondió Snape secamente.

—Interesante. ¿Entiendo que usted solicitó el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras?

—Sí— contestó Snape y Harry supo que el profesor no quería nada más que hacer volar en mil pedazos a esa bruja.

— ¿Y no tuvo éxito?

—Eso es obvio— la voz del hombre sonó fría como la muerte.

—Sus alumnos parecen ser muy exitosos, ¿tiene la taza más alta de EXTASIS aprobados?

—Sí.

—Impresionante. ¿Pero qué es lo que piensan de usted sus estudiantes?— se preguntó Umbridge girándose hacía los alumnos.

Harry sabía lo que iba a suceder, esa mujer le preguntaría qué opinaba de Snape. La verdad era que a Harry no le molestaba para nada el profesor, era un hombre muy serio y con una lengua ácida. Sin embargo era un gran profesor, esperaba lo mejor de sus alumnos y los incitaba a dar su mejor esfuerzo. Umbridge probablemente había leído los archivos de los días escolares de Snape y lo que sucedió con el padre de Harry, y esperaba encontrar animosidad, al menos, entre el chico y el profesor. Pero Harry había sido criado por Remus y Moody después de la muerte de sus padres, y ellos le habían enseñado el respeto y la comprensión. Harry estaba conciente de que su padre había sido un bravucón y que había sido su madre quien lo domó, pero no había sido muy querido fuera de Gryffindor.

—Señor Potter— se acercó Umbridge a Harry mientras él hervía su poción.

— ¿Sí, profesora?— respondió el chico tan inocentemente como pudo.

— ¿Qué es lo que piensa del profesor Snape? Puedes ser honesto, él no puede quitarte puntos por decir la verdad.

— ¿La verdad, señora?— dijo Harry lentamente—. Creo que es genial.

— ¿En serio?— inquirió Umbridge un poco sorprendida.

—Sí, señora. Es el mejor maestro de Pociones de nuestra época. Quiero decir, todos sabemos que quiere el puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero si no fuera nuestro profesor de Pociones, ¿quién lo haría entonces? He aprendido mucho de él.

—Ya veo. ¿Y usted qué opina, señor Weasley?

—Es un hombre serio, pero un gran profesor— respondió Ron.

—Bien. No esperaba eso— dijo Umbridge en voz baja mientras se alejaba.

Harry no se atrevió a levantar la mirada cuando sintió que Snape lo observaba. El profesor estaba una vez más confundido con Harry. Ahí había un chico que se parecía mucho a su padre, pero sin los anteojos sentía dolor al mirarlo. Hacía años que esos anteojos le hacían ver en Harry a James; pero el niño no era su padre y era tan parecido a su madre que le dolía al pocionista. Los alumnos terminaron sus pociones, las envasaron para que Snape les pusiera nota; limpiaron los calderos y guardaron sus cosas y salieron del aula. Umbridge ya se había ido pero Snape seguía de mal humor. Vio a Harry dejando el salón y lo llamó.

— ¡Potter!— dijo con fuerza y el adolescente se paró frente a su escritorio.

— ¿Sí, señor?

— ¿Por qué sentiste la necesidad de defenderme?

—Yo sólo dije la verdad, señor— dijo Harry mirándolo a los ojos—. Usted es genial.

— ¡No necesito que me defiendas, Potter!

—Lo sé, señor. Sé que no le importo mucho. Yo no soy mi padre, señor; jamás sería un bravucón como lo era él.

—Oh, ¿en serio?— inquirió Snape con frialdad, deseando echar a Harry pero conteniéndose.

—Sí, señor. Usted sabe que si me comportara así en la escuela jamás podría sentarme. Sé que mamá domó a papá, el tío Lunático me lo contó.

—Vete ahora— ordenó Snape.

—Sí, señor—. Harry se marchó y se detuvo en la entrada—. Fue genial lo que hizo por la profesora Trelawney.

Con eso Harry se marchó definitivamente y Snape se puso de pie sobresaltado. ¿Cómo se había enterado ese chico? Snape sabía que Harry era muy poderoso, pero que adivinara lo que había hecho…, bueno, ese chico estaba lleno de sorpresas. Snape volvió a sentarse, se sobó el puente de la nariz y suspiró. Había sabido que enseñarle a Harry seria un desafío, ¡pero no uno tan grande! Cada vez que trataba que el chico le cayera mal, él hacía algo como esto. James Potter probablemente se estaba riendo de él desde el infierno (porque alguien tan cruel como James Potter jamás entraría en el cielo y Snape estaba seguro de ello). Aquí estaba Severus Snape ahora, comenzando a apreciar al Niño que Vivió, a Harry Potter.

Los meses pasaron y Umbridge se volvió cada vez más cruel. Sin encontrar motivos para despedir a nadie del personal, desquitó sus frustraciones en los estudiantes. Mayormente en Harry Potter, no le caía bien para nada. Harry tenía que ser un santo para aguantar cada vez que ella intentaba incitarlo. No ayudaba que El Quisquilloso siguiera imprimiendo cada ofensa de ella en detalle y aunque El Quisquilloso había sido prohibido en Hogwarts los alumnos sabían lo que ocurría. Umbridge no sabía sobre Rita Skeeter y su forma animaga, ya que Skeeter se dedicaba a espiar a la bruja y a Voldemort. Ganaba mucho dinero por sus historias en El Quisquilloso y Umbridge recibía un vociferador cada día. La bruja comenzaba a mostrar la tensión y los alumnos sabían que sería cosa de tiempo para que colapsara completamente. Sucedió en una clase de Defensa que Harry tuvo con ella, sin razón le dio una detención y lo hizo hacer líneas, con una completamente ilegal pluma de sangre.

Harry estaba avergonzado y furioso, y no sabía a quién acudir después de la detención. No podía comprender cómo Umbridge podía salirse con la suya con un acto tan cruel. Su mano le dolía e hizo todo lo posible para que nadie lo notara. Sin embargo, para el almuerzo del día siguiente Kingsley Shacklebolt llegó a la escuela con dos Aurores y ordenó que Harry y Umbridge fueran al vestíbulo. Harry estaba comprensiblemente nervioso, ¿qué había hecho mal? Snape vio esto con temor en su corazón, sabía que Harry no había hecho nada malo y esperaba que Kingsley no estuviera ahí por él. Kingsley tenía una copia del Quisquilloso en la mano y en él había un artículo sobre la secreta práctica de Umbridge de usar una pluma de sangre en los alumnos durante las detenciones. Una vez más Skeeter había salvado a Harry aunque éste no lo supiera.

—Muéstranos tu mano, Harry— le pidió el Auror.

—Sí, señor—. Harry mostró su mano que todavía tenía el hechizo de desilusión.

— ¿Qué es lo que sucede?— inquirió Moody cojeando hasta Harry, miró la mano del chico y vio el daño bajo el hechizo— ¿Quién hizo esto?

—Pregúntale a la profesora Umbridge— le dijo Kingskey con calma.

—Debo mantener a los niños en orden— se defendió la bruja.

— ¿Usted utilizó una pluma de sangre a sabiendas de que es un objeto oscuro?— inquirió Kingsley.

—Bueno, sí…, pero…

—Dolores Umbridge, está bajo arresto. Entregue su varita— sentenció el Auror.

— ¡No puede arrestarme!— chilló la bruja— ¡El ministro no lo permitirá!

—El ministro sigue la ley, señora Umbridge, y él no la defenderá ahora— acotó Kingsley estirando la mano para que ella le entregara la varita.

Umbridge no tuvo opción y la entregó, y fue guiada fuera del colegio. Los alumnos y personal que se habían reunido estaban anonadados; habían escuchado los rumores, pero nadie había dicho nada directamente. Harry estaba allí parado, asombrado por lo que había sucedido. Moody se acercó a él y lo llevó a la enfermería. Harry no se atrevió a protestar, pensó que estaba en problemas por no haber dicho lo que Umbridge le había hecho. Moody sacó el hechizo de la mano del chico y Poppy frunció el ceño ante el daño. Feas líneas rojas recorrían el dorso de la mano y comenzaban a ponerse púrpuras en los bordes. Formaban palabras y Poppy no estaba nada contenta con ello, le costaría sanar la mano de Harry.

—Umbridge estaba usando una pluma de sangre— gruñó Moody.

—Eso pensé, y explica por qué ningún estudiante dijo nada— respondió Poppy.

— ¿Por qué?

—Cuando se usan plumas de sangre provocan que la víctima se sienta avergonzada, no desea admitir lo que sucede— respondió Snape desde la puerta—. Si alguno de mi Casa sufrió ante sus manos…

—No te atrevas. No podré sacarte esta vez, y tampoco podrá Dumbledore si le haces algo a esa mujer— le advirtió Moody—. Yo también quiero lastimarla, pero no terminará en nada bueno.

Poppy terminó con Harry y lo dejó ir a su próxima clase. El director tendría que buscar un reemplazo para Umbridge. Ya que Remus estaba todavía oficialmente desaparecido y no podía enseñar, le dejaba un opción que sabía que Snape odiaría.

El pocionista se dirigió a la oficina del director y vio a ahí a Sirius; se puso blanco de la furia. Una vez más había sido sobrepasado y por ese… ¡ese malvado perro recibiría el puesto de Defensa! ¡Pero si tenía medio cerebro! No, él se marcharía, ¡al diablo con enseñar! ¡No iba a ser desairado una vez más! Ya iba en la puerta cuando Dumbledore lo llamó.

—Severus, sé que estás molesto, muchacho, pero te necesito como profesor de Pociones— dijo el director con calma.

— ¡Tú sabes que quiero el puesto de Defensa! ¡Me insultas al dárselo a Black!— gruñó Snape de forma infantil.

—Severus, sabes que no puedo darte ese trabajo; sé que lo harías de forma extraordinaria, pero entonces, ¿quién te reemplazaría en Pociones? Tú eres el mejor en ese puesto, los mejores puntajes en los EXTASIS vienen de tus alumnos.

—Quiero el puesto de Defensa. Black es demasiado estúpido para enseñar—. Sirius lo miró choqueado y se puso de pie—. Incluso es capaz de atacarme en tu oficina.

— ¡Horrible bastardo grasiento!— le gruñó Sirius—. No quiero el trabajo pero me pidieron que lo aceptara. ¡Alastor debería tenerlo!

—Alastor está donde él lo desea— intervino Dumbledore y miró a Snape—. Sabes que no siempre puedes tener lo que quieres, pero sí lo que necesitas.

—Sabía que no debí enseñarte música muggle— bufó Snape molesto.

— ¿Un caramelo de limón?— ofreció el director a ambos hombres.

—No, gracias director— dijo Snape.

— ¡Gracias!— exclamó Sirius comiéndose uno. Sus ojos se abrieron como platos y lucía como si se hubiera comido un limón entero— ¡Está ácido!

—Pero muy bueno, ¿quieres otro?

—No, gracias señor.

—Ahora compórtense ambos, cualquier pelea y se meterán en problemas— dijo Dumbledore seriamente—. Severus sabe exactamente de qué tipo, ¿no es así, mi muchacho?

—Sí, señor. No atacaré a Black, pero si el me ataca a mí dejaré sólo lo suficiente de él para la próxima generación Black.

—De verdad te odio, Snape.

—Bien, porque yo me siento de la misma manera.

Snape se marchó de la oficina con Sirius tras él, ambos de mal humor. Esperaría hasta la tarde para dirigirse a ver a Lucius y quejarse sobre Black. Narcissa se podría de su lado, siempre lo hacía, cosa que era graciosa porque ella era pariente de Black, no de él. Su amiga lo veía como a un hermano y más familia de lo que veía a Sirius. Los alumnos abrieron camino al verlo hasta que llegó a las mazmorras para su siguiente clase. Afortunadamente era de primer año y a él le encantaba asustarlo completamente. Tenía que admitir que había cosas buenas en su trabajo. Y asustar a los de primero estaba casi hasta arriba de su lista.