Traducción de la maravillosa historia de RebeccaRoy.
Gracias a LatexoHPo por betear esta historia
Capítulo Treinta y Uno. Protegiendo a los Seres Queridos.
Severus Snape estaba de muy mal humor; había sobrevivido a la daga envenenada de Bellatrix, pero ahora era virtualmente un prisionero. Sabía que el santo mocoso que vivió tenía algo que ver con esto. Después de su colapso despertó en la enfermería con Poppy, McGonagall y el maldito director alrededor suyo. Fue entonces que se le informó que ya no arriesgaría más su vida espíando a Voldemort. Dumbledore amablemente le dijo que no permitiría que su chicofuera lastimado y que actuaría como un padre debía hacer, protegiendo a su hijo. Un día después de esa información, Severus había ido a la oficina del director completamente furioso, recordando lo que había sucedido:
Había entrado a la oficina temblando de furia. Estaba más pálido de lo normal y sus ojos brillaban con rabia. Su magia crepitaba en torno a él mientras estaba de pie frente al escritorio. Dumbledore sabiamente le había quitado la varita y le había ordenado que se sentara. Severus se rehúso y permaneció de pie frente al director, incapaz de hablar por un momento porque su rabia era muy grande. Era clara la razón por la que estaba molesto, después de que Dumbledore hablara con él dos globins habían arribado, le pusieron un brazalete en el tobillo que le impedía ir a cualquier lugar que no autorizara el director. Severus Snape estaba más que molesto, en esos momentos sentía una furia homicida y Dumbledore estaba conciente de ello, pero no perdería a su chico de ninguna manera.
—¿Te atreves a hacerme esto?— rugió Severus de pie, con los puños apretados por la rabia.
—Sí. No es que no confíe en ti, mi muchacho, es precisamente porque lo hago, confío completamente en ti, pero no puedo dejarte volver. No volveré a fallar en mi misión de protegerte; me prometí a mi mismo que me encargaría de ti como si fueras mi hijo y eso es lo que haré.
—¿MANTENIÉNDOME PRISIONERO?
—Si es necesario, sí— dijo tranquilamente Dumbledore, observando cómo Severus prácticamente echaba espuma por la boca—. De verdad me preocupo por ti, muchacho, si te perdiera no sé qué haría. De verdad eres el hombre más valiente y noble que conozco.
—¡Yo soy malo y perverso y no seré influenciado por sus palabras, director!
—Te quedarás donde pueda cuidar de ti.
—No.
—No tienes opción.
—Tomaré veneno, ¡así no me tendrás de ninguna manera!
—No puedes…
—Oh, ¿acaso encantaste esta cadena de esclavo para que no pueda hacer algo así?— inquirió Severus con una voz que podía congelar la sangre—. Cómo te atreves…
—Severus, estás entrando en terreno peligroso— interrumpió Dumbledore con calma, aunque sus ojos habían perdido el brillo característico y lo miraban fijamente, demostrando que él también estaba enojado—. Tranquilizate ahora.
—¡NO LO HARÉ HASTA QUE ME LIBERES! ¡DESEARÁS NUNCA HABER HECHO ESTO!
—¡Es suficiente, Severus!— adivirtió Dumbledore con seriedad.
—¡NO! ¡YO…!
El pocionista nunca terminó la sentencia ya que Dumbledore, un hombre muy paciente, ya había tenido suficiente. El director se puso de pie y se acercó al joven, se sentó en la silla en la que Severus debería estar sentado y lo puso sobre sus rodillas. Convocó una regla y comenzó a trabajar en el joven mago. Severus chilló, maldijo y lo amenazó, pero nada funcionó. Se había pasado de la raya y lo sabía; a diferencia de Voldemort, que usaba castigos como táctica de terror para mantener a sus seguidores en la línea, Dumbledore castigaba raramente, y sólo cuando Severus había pasado el límite. Había adoptado a Severus hacía muchos años, y a veces una mano firme era necesaria. Finalmente logró la reacción que quería; Severus se calmó, y Dumbledore terminó su trabajo.
—Lo siento, director— se disculpó el joven en voz baja. No lloraría, no él, pero se sometería y tranquilizaría—. Estuve mal en faltarle al respeto.
—Sí, mi muchacho, así fue. Me preocupo por ti y por eso hice lo que hice. Con el tiempo lo comprenderás y espero que me perdones.
—¿Puedo retirarme, señor?
—Sí, pero como bien sabes, sólo puedes ir a unos cuantos lugares.
—Sí, director.
Le devolvieron su varita y se marchó.
Ahora estaba escondido donde el director nunca lo buscaría ¡y no saldría más! No le importaba lo infantil que estaba siendo, estaba molesto y sentía que no confiaban en él, ¡y lo mantenían lejos del trabajo que tenía que hacer! Le debía al mundo, después de todo, lo malo que había hecho…
Mientras tanto, Sirius Black procesaba las noticias lentamente, una expresión de asombro cubría su rostro. Severus Snape no volvería a su vida de espía y ahora estaba escondido. ¡De todos los lugares en su casa! Aquello se lo contó Harry, que había visto a Snape entrar a la casa y marchar a un cuarto de arriba. Remus le había contado lo que Dumbledore había hecho (bueno, lo que sabía), y por qué Severus estaba ahí. Sirius destapó otra cerveza de mantequilla y bebió un gran trago, dejó la botella y le dio a Remus una gran sonrisa.
—Déjalo en paz, Canuto, no está de humor para que lo molesten— le dijo Remus.
—Ya lo sé. Aprecio mi vida, ¿pero no es gracioso que haya escogido mi casa para esconderse y estar de mal humor?— rió perrunamente Sirius mientras tiraba su cabeza hacía atrás— ¡Esto es genial!
—Sí, pero el que lo molestes no será divertido— dijo Harry entrando a la habitación y tomando asiento; tomó un refresco y comenzó a beber—. De verdad creo que quiere que lo dejen solo.
—Dumbledore es muy valiente— habló Remus—. Le envió una carta a Voldemort, explicando que Severus era sumaestro de Pociones y que él, Voldemort, no podría tenerlo de vuelta o algo así.
—Aurores en toda Ingalterra están esperando la tormenta que estallará— dijo Sirius—. Al menos ya no hay dementores de los que preocuparse.
—La mayoría de ellos han desaparecido o han sido destruidos— respondió Harry—. Me gustaría agradecer a la persona que supo cómo hacerlo.
—A mí también— sonrió Remus—. Tuviste suerte de que en la prisión en la que estabas no los usaban, Canuto.
—Cierto, ¡aunque era muy aburrido! Los globins no son tan malos como los dementores, pero aprendes rápidamente a hacer lo que te ordenan o pueden ser muy desagradables. Te dejan encerrado en una celda oscura durante un tiempo para que pienses.
—Pensé que usaban tortura— dijo Harry pensativo.
—¿Y arriesgarse a matar o mutilar a quienes tenían a cargo?— inquirió Sirius sonriendo amargamente—. No, eso bajaría el valor de un prisionero, mientras más sano más vales.
—Bien, pensé… que destruirían la casa mientras yo no estaba— dijo la voz de Moody desde la puerta, apoyándose en un bastón—. Escuché que Severus está aquí…
—¡Tío Al!— exclamó Harry con alegría.
Saltó sobre la mesa y abrazó a Moody, no lo soltaba. Creyó que había perdido a su tío y estaba muy preocupado después de la batalla en el Ministerio. Moody dejó claro que por esa vez el adolescente lo guíara hacía una silla para descansar sus cansados huesos de la batalla. Tenía suerte de estar vivo, la maldición que le habían lanzado debió matarlo, si no hubiera sido por su armadura de batalla que estaba probando para los gemelos Weasley…. El que se encontrara ahí era una prueba de que había funcionado, sólo tenía un nuevo juego de cicatrices para mostrar por el daño del hechizo. Harry se sentó mucho más feliz, y Sirius estaba contento de que su ahijado hubiera crecido con esos dos grandes magos. Él debió hacer el trabajo, pero no fue así; ahora estaba y eso era lo importante. Como Moody había dicho sobre criar a Harry: "Mientras más, mejor", y era cierto, Harry brillaba por todo el amor que le habían dado. El chico se vio serio por un momento mientras pensaba en algo.
—Le lancé un Crucio a Bellatrix cuando pensé que te había matado— dijo mirando su botella de refresco—. Lo disfruté y eso me molesta. Si no hubiera sido por el tío Lunático estoy seguro de que la habría matado.
—Bueno, con el calor de la batalla esas cosas suceden— explicó Moody mirando al chico fijamente.
—¡Pero lo disfruté! ¿Eso me hace tan malo como Voldemort?
—En absoluto. Sientes remordimiento por lo que hiciste, sientes horror por haber usado esa maldición. Él no siente nada, tú eres mejor que él y debes darle las gracias a tu madre por ello. ¿Por qué no vas ahora a hablar con el profesor Snape?
—¿Por qué él puede ir y nosotros no?— se quejó Sirius.
—Porque ellos necesitan hablar— sentenció Moody.
Severus se rehúso a mirar cuando la puerta del ático se abrió y Harry entró en silencio. El chico se sentó con la piernas cruzadas en el suelo, frente al maestro de Pociones que seguía sin mirarlo. Claro que el mocoso que vivió iba ahí, probablemente quería hablar y Severus no estaba de humor para ello. Acercó más su piernas hacía él y miró al piso. Sus acciones era defensivas e infantiles al mismo tiempo. Harry sólo se sentó y no dijo nada, Severus comenzó a irritarse. ¡Oh, qué alegría! ¿El mocoso esperaba que él hablara primero? No iba a hacerlo, se quedó ahí echando humo por una hora y Harry no se movió en todo ese tiempo. Finalmente Severus no pudo soportarlo más.
—¿Qué quieres, Potter?— ladró.
—Sólo quería asegurarme de que estuviera bien, señor.
—Estoy bien. ¡Ahora vete!
—El director no es un mal hombre— dijo Harry sin moverse—. Él de verdad se preocupa mucho y a veces eso interfiere su juicio, como me dijo una vez. Sin embargo tiene razón en que usted no vuelva con Voldemort.
—¡Devo volver!
—¿Por qué?— preguntó Harry provocando que Severus lo mirara— ¿Por qué, señor? No hay razón para que vuelva. Además el director le escribió una carta a Tom diciéndole que ya no regresará.
—¿No es eso adorable?— dijo Severus con amargura— Ahora el señor Oscuro me cazará.
—Bueno, en realidad no. Ahora cree que el director lo mantiene aquí para vengarse de él— sonrió Harry—. Me hubiera gustado ver su cara cuando recibió la carta.
—¿Encuentras eso gracioso, Harry?—. El pocionista levantó una ceja.
—Sí, señor. Lo es. Él va a perder, el mal no puede ganar sin importar cuánto lo intente.
—¿Entonces de qué sirvo? No tengo nada más que ofrecer.
—¡Eso no es cierto, señor! Usted es un excelente maestro de Pociones y un gran mago. Yo lo he admirado desde que era muy pequeño.
—¿En serio?— inquirió Severus mirando agudamente al chico— ¿Estás loco?
—Tal vez, pero entiendo lo que usted ha hecho, señor. De verdad intenta salvar vidas. La muerte de mis padres no fue su culpa, señor. Voldemort los mató con la ayuda de Peter Pettigrew, y ahora está muerto; y yo planeo encargarme de Voldemort.
—¿Y cómo harás eso?
—Bueno, tiene que ver con el poder que él no conoce— respondió Harry pensativo— ¿Y si le disparo con una Glock o una ametralladora, señor? ¿No sería eso genial?
—Lo sería, Harry— sonrió Severus—. Me encataría ver eso.
—Entonces así lo mataré— dijo Harry poniéndose de pie— ¿Bajará? Tía Molly se preocupa por nosotros y estoy seguro de que ella cree que estamos muy delgados.
—Te estás poniendo peligrosamente informal conmigo, Harry— respondió Severus poniéndose de pie con una pequeña sonrisa en el rostro.
—Lo siento, señor.
Guió a Severus del ático hasta la cocina, donde Molly puso un plato de pastelillos frente a ellos. Severus tomó un pastelillo con forma de caldero y se sentó a comerlo mientras Remus y Sirius lo miraban, enseguida volvieron a su conversación. El pocionista no resistía hacer bromas cuando se le presentaba la oportunidad, así que colocó su varita bajo la mesa y apuntó a los dos merodeadores. Sin palabras lanzó hechizos de cambio de color de cabello, guardó su varita sin que nadie lo notara y puso su mano sobre la mesa. Molly se dio la vuelta y vio a Sirius con cabello púrpura y a Remus con cabello azul, se les quedó mirando, luego recorrió con la vista la cocina para encontrar el culpable.
—¡Ah! Lúnatico, tu cabello está azul— exclamó Sirius mirando el pelo de su amigo.
—Canuto, tu cabello está púrpura.
—¿Hay algún problema— preguntó inocentemente Severus, al ver los cabellos levantó una ceja— Interesante elección de colores, caballeros.
—Estamos de su lado— habló Fred.
—Sí, defenderemos a nuestro querido profesor— añadió Geroge.
—¡Si alguno de ustedes pelea aquí se arrepentirá!— gritó Molly mirando a los magos que ya habían sacado las varitas— ¡Limpiarán la casa sin magia!
Los magos se calmaron y Moody sonrió al ver lo que había hecho Severus. Miró a Remus y Sirius, que ya planeaban la venganza contra Snape. Moody sabía que nunca lo lograrían, Severus siempre estaba un paso delante de ellos. Convocó un pastelillo y comenzó a comerlo mirando cómo Severis hablaba con Fred y George. Gracias a Harry ahora estaba lidiando bien con la elección del director. Era necesario tenerlo con vida, y Dumbledore había hecho bien al no permitirle volver con Voldemort…
