Traducción de la maravillosa historia de RebeccaRoy.
Gracias a LatexoHPo por betear esta historia
Capítulo Treinta y Seis. Sirius Recibe Algunas Respuestas.
Había pasado un mes desde el fin de la guerra, los mortífagos que se habían negado a rendirse estaban muertos o prófugos y no pasaría mucho tiempo antes de que fueran castigados. Sirius estaba bastante pensativo y la razón era porque su prima había entrado a la habitación. Él había citado a Narcissa porque finalmente había figurado quién lo había puesto en Nurmengard. No la culpaba, de hecho se sentía seguro con ella. La rubia había actuado por amor y honor y no la culpaba de nada.
—Me tomó un tiempo darme cuenta que fuiste tú quien me puso allí— le dijo en voz baja—. Y como soy, creo que me tomó más tiempo del que le habría tomado a Remus o incluso a Severus.
— ¿Estás muy molesto conmigo?— le preguntó ella—. Sabes cómo lucía todo, habías traicionado a gente inocente, a tus amigos…, y además habías matado a doce personas mas Pettigrew. Tenía que actuar rápido y hacerte desaparecer. Aunque eras culpable, eres de la familia, y no podía permitir que te pudrieras en Azkaban.
—Gracias. Me mostraste más piedad de la que habría recibido. Estoy orgulloso de llamarte familia.
—Yo también lo estoy, aunque Severus diga que eres el perro de la familia— respondió ella con una sonrisa burlona.
—Bueno, soy un perro lindo. Ahora cuéntame, ¿por qué te casaste con alguien más tonto que yo? Pudiste tener al mejor, sé que él es rico y todo eso, pero hay otros más ricos.
—Cierto, pero lo amo. Lo amaba desde el colegio, él era bueno conmigo. Creo que en realidad me enamoré de él por cómo trataba a Severus— al ver la mueca que Sirius hacía, añadió—. No hagas eso. Severus es un hombre inteligente, y totalmente Slytherin, como tú y tus amigos averiguaron más veces de las que puedo contar. Lucius trataba a ese pobre chiquillo con respeto, y le enseñaba. Desde entonces son buenos amigos.
—Lucius torturó a Dobby— le señaló Sirius.
—Tú tampoco tratabas a Kreacher tan bien como debías. Y eras un bravucón en la escuela, no lo niegues. Odiabas a Severus porque él se defendía y aunque nunca los delató a ti y a tus amigos ustedes recibieron su merecido en detenciones y castigos.
—Odio cuando tienes razón. No odio a Snape, realmente no… ¡Pero aún me molesta!
—Eso es porque ambos son viejos perros y ambos quieren ser el más importante. Puede ser algo divertido de ver en ocasiones.
—Yo soy un sangrepura y él no— sonrió Sirius con sarcasmo.
Se acomodó en la silla y recibió una taza de té que Abby llevó junto con pastelillos y galletas. Narcissa era una mujer muy lista que había criado a su hijo muy bien. Su marido tenía el problema de haber servido a Voldemort, pero se había redimido en la batalla y después de ella. Varios de sus amigos mortífagos lo habían seguido y también renunciaron a aquél mago oscuro; Rookwood, Crabbe, Goyle, Nott y Avery fueron de los que rechazaron a Voldemort, y ahora ayudaban a atrapar a aquellos que le seguían siendo fieles, aunque su amo hubiera muerto. Draco era un jovencito inteligente y eso se lo debía a su madre. Sirius bebió su té sin perder la sonrisa sarcástica.
—Sirius, no te atrevas a hacer algo por lo que deba castigarte— le advirtió su prima.
—Tú me conoces, Cissy. ¿Acaso hago cosas que merezcan castigo?— respondió Sirius mirándola con toda inocencia.
—Pues Molly no estaba muy contenta contigo la semana pasada que vine a verte. Ella no es una bruja a la que debas molestar, Sirius.
—Ella me trata como un niño.
—Déjala. Tómalo como un honor.
— ¿Cómo es que te llevas bien con Molly y Arthur y Lucius no?
—Por la misma razón por la que a ti y a Severus les gusta pelear— contestó ella fríamente—. Ustedes los hombres piensan con lo que tienen entre las piernas en lugar de con lo que tienen entre las orejas.
—Touché.
Antes de que Narcissa respondiera algo Lucius subió las escaleras, parecía molesto. Tenía una muy buena razón ya que su cabello no tenía el normal color rubio. Estaba verde oscuro; Lucius fulminó con la mirada a Sirius, furioso. Moody venía saliendo de la biblioteca con un libro y miró a Lucius, estudió su cabello con curiosidad. Sonrió y miró a Sirius, quien levantó su taza de té en saludo. Narcissa intentaba no reír, y hasta el momento lo estaba logrando, su marido con cabello verde era un espectáculo realmente digno de ver.
— ¿Te atreves a hacerme esto?— le ladró Lucius a Sirius.
—Sí, lo hice— respondió el pelinegro con cinismo.
— ¿Puedo preguntar por qué?— inquirió Moody.
—Por supuesto. Lucius decidió que mi cama era un buen lugar para acostarse con su esposa. Considera esto mi venganza.
—Sirius, tengo una pregunta para ti…— se escuchó la voz de Harry que venía corriendo por las escaleras y casi choca con Moody— ¡Oh! Lo siento, tío Al— enseguida vio a Lucius— ¿Está buscando un nuevo look, señor Malfoy?
— ¡Por supuesto que no, mocoso insolente!— gruñó el aludido.
— ¡No te atrevas a tratar mal a Harry, Malfoy!— advirtió Moody.
— ¿Quién lo hizo?— preguntó Harry sonriendo.
Lucius lo fulminó con la mirada, no le gustaba que se burlaran de él, pero lo merecía. Severus bajaba las escaleras y vio también a Lucius, fulminó también a Sirius. Sacó su varita, pero Moody levantó la mano y le impidió lanzar algún hechizo. Severus se giró hacia Lucius e intentó volver el cabello de su amigo a la normalidad. No funcionó, ahora el cabello del antes rubio quedó azul oscuro. Severus se tomó el puente de la nariz cerrando los ojos. Los abrió de nuevo y suspiró; esperaba llevarse bien con Sirius, pero cosas como estas lo hacían bastante difícil.
— ¿Puedo preguntar por qué hiciste esto?— le inquirió a Sirius.
— ¿Recuerdas que la semana pasada Lucius llevó a Narcissa a mi habitación para divertirse un poco?
—Sí.
—Pues es mi venganza. Dudo que vuelva a hacerlo de nuevo. ¡Y quizá tú harías algo peor si lo encontraras en tu cama con mi prima!
—Bueno, yo…—. Narcissa comenzó a reír y Sirius y Harry abrieron los ojos como platos.
— ¡Señora Malfoy, oídos vírgenes!— gritó Harry cubriéndose las orejas.
—Siempre quisimos hacerlo en la cama del Jefe de Casa— continuó Narcissa—. Fue mi idea.
—Pero lo de tu cama fue idea mía— sonrió malévolamente Lucius mirando a Sirius. Luego se puso serio y sacó su varita del bastón—. Arregla mi cabello, ya te divertiste.
—No puedo.
— ¿Por qué?
—Porque tiene que salir solo.
— ¿Cuánto tiempo?— siseó Lucius.
—Unas cuantas horas. Apuesto a que nunca más harás algo así.
—Bueno, tu habitación es lo más cercano a la del Jefe de Casa de Gyffindor— le dijo Severus.
— ¡Pondré protecciones para mantenerlos alejados!
—Suerte con eso— sonrió Severus.
Moody aclaró su garganta y entró completamente a la habitación dando por terminada la conversación. Lucius se sentó a lado de su esposa, Harry a lado de Sirius y Moody. El chico sabía lo que había hecho Narcissa, Moody habló con él antes de que Sirius lo hiciera con su prima. Harry se molestó, obviamente, pero Moody le explicó y entonces se dio cuenta de que Narcissa había hecho lo correcto. Además, ahora no era el momento de destruir las frágiles alianzas que se habían formado.
— ¿Y cómo fue que logró que Sirius escapara de aquella calle?— le preguntó el chico a Narcissa.
—Estaba cerca, haciendo compras. Llegué justo antes que los Aurores. Vi a todas esas personas muertas y a Sirius parado allí con su varita en la mano. Lo aturdí e hice que lo encerraran en Nurmengard. Creí que era culpable, yo vi los cuerpos.
—Nunca me dijiste eso— habló Lucius—, pero creo que lo comprendo. Pensaste que él era un mortífago yo lo sacaría de prisión y continuaría matando, ¿no es así?
— ¡Lucius piensa!— exclamó sarcástico Sirius.
—A veces puedo pensar— dijo Lucius en voz baja—. Aunque fui bastante idiota al seguir con el señor Oscuro.
—Pero no siguió con él— le sonrió Harry—. Arriesgó su vida para detener a Voldemort.
—Tenía que hacerlo. Era por honor.
—Ahora la guerra terminó y el director me quito esa maldita cosa de la pierna— dijo Severus.
— ¿Por qué no te cortaste la pierna?— le preguntó Malfoy.
—Uno, porque me gustan mis piernas. Y dos, porque él hizo algo para que no pudiera hacerlo.
—El viejo debe preocuparse por ti en verdad si hizo algo así— susurró su amigo.
—Lo hace. Es un viejo horrible y molesto, pero totalmente grandioso— sonrió Severus a medias.
Tomó una taza de té y la bebió pensativo. La guerra había terminado y él estaba vivo, y libre, y tenía amigos de verdad. Miró a Harry y fue a tomar su varita, pero una mirada de Moody detuvo el hechizo que iba a lanzarle. En su lugar tomó un pastelito.
