Bueno, aqui os dejo el ultimo capitulo del fic sobre Lavender Brown

los personajes no son mios...si lo fuesen, otro gallo cantaria

DIECINUEVE AÑOS DESPUES

A Lavender le parecía mentira. Habían pasado diecinueve años desde la ultima vez que había ido a King Cross. Pero las circunstancias eran muy diferentes de las de esa última vez: entonces era una chica de dieciocho años la que bajaba del tren y venía de una guerra. Ahora era una mujer de treinta y siete años y llevaba a su hija mayor, Celeste, al anden 9 y ¾, ya que ese año iniciaba su educación mágica en Hogwarts. Al ver el tren de color escarlata no pudo evitar sentir como le invadía la nostalgia de esos días.

Recordó su primer viaje en el expreso, en un compartimento con dos niños y una niña, que luego acabarían en otra casa: Terry, Hannah y Justin. Estuvieron todo el viaje explicándole a Justin cosas sobre el mundo mágico, ya que él era muggle y no sabia nada de nada. Ahora Justin ya no estaba, y a pesar de que habían pasado casi veinte años desde su muerte en la guerra, Lavender no pudo evitar sentir un nudo en su garganta. Pero no era momento de sentirse triste.

Celeste tiraba de su mano y metía prisa a sus padres para llegar cuanto antes a la barrera de la que tanto había oído hablar en casa, la barrera sólida a primera vista que separaba el mundo mágico del mundo muggle.

- Vamos mamá, papá!! Me tenéis que explicar como hacerlo.

Lavender se agacho a la altura de sus ojos y le dijo:

- Es muy fácil cariño. Solo tienes que dirigirte a ese muro con decisión, pero tranquila. No te va a pasar nada –y le tendió la mano mientras le decía -. Vamos Celeste, yo te ayudo.

- No mami. Lo voy a hacer yo sola y os veré en el otro lado.

Lavender sonrió: la primera vez que había cruzado la barrera lo hizo aferrada a la mano de su padre y con los ojos fuertemente cerrados. No cabía duda que su hija estaría en Gryffindor, y eso la hizo sentir estupidamente orgullosa, ya que ahora no se daba tanta importancia a las casas como cuando ella estudiaba. Tomo la mano de Roger y cruzaron.

Roger...quien le iba a decir a ella en sus tiempos de colegio que acabaría casándose con Roger Davies. Pero la vida da muchas vueltas. Después de la batalla habían coincidido en las obras de reconstrucción de Hogwarts y habían pertenecido al mismo que equipo encargado de la reparación de los invernaderos, dirigidos por Pomona y Neville (a este se le daban sorprendente bien las dotes de mando; había aprendido mucho en la guerra), y poco a poco se fueron conociendo. Aunque Parvati siempre dice que lo engatusó como a Ron, con un aleteo de pestañas y riéndole las gracias. Pero no. Ambas sabían que Lavender, al terminar las obras estaba profundamente enamorada de Roger.

Poco después coincidieron en el Ministerio, adonde Lavender había ido a arreglar unos papeles referentes a la herencia de su tía Berenice. Esta por fin había fallecido sin recobrar la consciencia desde que fue atacada por Avery y Mulciber, hacía ya tantos años. Los medimagos dijeron que no sufrió, pero ella sabía no era así. Su tía había sufrido muchisimo. Allí se encontró con Roger, que entonces estaba estudiando la carrera de Derecho Magico, y como ella no se aclaraba con todos los papeles que tenían que presentar, le propuso tomar algo en la cafetería del ministerio mientras la ayudaba a poner orden a todos esos pergaminos de propiedades y cuentas en Gringotts.

A ese café siguió otro, y otro mas. Después una cena, un paseo, una salida al cine, al que Lavender no había ido nunca y al principio se asustó un poco por que pensó que la iban a atacar unos gigantes. Y por fin, una noche, cuando la dejaba en la puerta que del apartamento que compartía con Parvati, la besó. Fue un beso tímido, dulce, tierno, nada que ver con el rudo beso que le había dado Ron en sexto, en el que parecía que estaba marcando su territorio. Fue todo lo contrario. Lavender respondió levantando un poco la barbilla y pensó que las cosas empezaban a arreglarse.

Lavender seguía siendo propensa a las divagaciones, por lo que no se dio cuenta de que habían atravesado la barrera y su hija tiraba de su brazo para despedirse de ella. Roger ya había subido su baúl al tren y Celeste tenía mucha prisa por subir al expreso y conocer a sus compañeros de colegio. La mirada de Lavender recorrió todo el anden y pudo ver a varios de sus compañeros de colegio.

A poco mas de un metro de ellos estaban Draco Malfoy y su mujer, Astoria, con el pequeño Scorpius. El niño era una copia de su padre cuando se habían conocido, pero parecía haber heredado algo de la dulzura de su madre, ya que su mirada era menos dura que la de Draco a sus edad y su barbilla no apuntaba al cielo. La mirada de Draco se poso en ella un instante y la paso por alto. Quizás no la había reconocido. Habían pasado muchos años desde la ultima vez que se vieron tan cerca y Lavender llevaba ahora el pelo mas corto, y de un rubio mas oscuro que cuando estudiaban juntos. O quizás Draco no queria recordar el momento en el que los Malfoy se tuvieron que inclinar por primera vez ante alguien después de la batalla.

Detrás de ellos estaban Angelina y George, con Fred, que si a Lavender no le fallaba la memoria iba a empezar tercero. Saludo a George con un leve movimiento de cabeza y este le correspondió con un guiño que le recordó a otros tiempos, cuando los dos gemelos se dedicaban a ligar con todas las chicas del colegio.

También estaban Cho Chang y su marido con su hijo Brendan, un adolescente guapísimo con el cabello negro como el carbón y los ojos ligeramente rasgados, herencia de su madre. Cho se había casado con un muggle llamado Dylan, al que conoció por casualidad una vez que le dio por coger el metro en Londres, por pura curiosidad. El la vio desesperada intentar meter en el billete en la ranura y se había enamorado de ella al instante. Tras muchas vacilaciones, ya que Cho no sabia como iba a encajar que ella fuese una bruja, decidió darle una oportunidad, y resulto que Dylan se adaptó rápidamente al mundo mágico. Todo esto se lo contó en la cafetería de San Mungo en una de las visitas que Lavender hacía a su tia Berenice, ya que Cho era medimaga. Y a pesar de la envidia que sentía Lavender por Cho en Hogwarts, ya que se llevaba a todos los chicos de calle (incluyendo a su marido) en el colegio, se alegro muchísimo por ella.

Siguió paseando su mirada por el anden 9 y ¾ y al final encontró lo que inconscientemente había estado buscando desde que entraron. Un poco alejados de la muchedumbre estaban Ron, Hermione, Harry y Ginny, con sus hijos. Con todos sus hijos, cinco en total, los dos pequeños mas apartados y hablando entre ellos. Todos ellos formaban una grupo alegre, muy feliz, que no parecía haber pasado por todo lo que ellos pasaron. Ron y Hermione parecían muy enamorados y Lavender no pudo evitar echarse a reír cuando recordó como Hermione le había lanzado al que entonces era su novio una bandada de canarios asesinos. Ginny, que ya había dejado de ser cazadora del Holyhead Arpies miraba amorosamente a Harry mientras este parecía darle unos últimos consejos a sus hijos.

Todavía faltaban unos quince minutos para que partiese el expreso y aprovecho para acercare a la ventanilla desde la que se asomaba su hija Celeste, que la llamaba con una mano:

- Mamá, mamá, mira, ya tengo una amiga Clodagh Finnigan, y dice que su papá te conoce.

- Claro, claro me conoce. Fuimos juntos a un baile – no pudo dejar de sentir sorpresa. Ignoraba que Seamus se hubiese casado, y menos que tuviese una hija. En ese momento, rodeada de escolares sintió resurgir en ella la cotilla que había sido a la edad de su hija -. Clodagh, guapa, como se llama te madre?

- La niña la miro extrañada, pero muy resuelta y levantando un poco su puntiaguda barbilla contesto:

- Mi mamá se llama Romilda Vane.

Por Merlín, eso si que era una sorpresa. Seguro que Parvati no lo sabía.

- Pues encantada de conocerte Clodagh. Saluda a tus padres cuando les envíes esta noche una lechuza. Y ahora escucharme las dos – No quería ponerse seria, pero no pudo evitarlo -. Os veo juntas y me recordáis a dos niñas que estudiaron en Hogwarts hace muchos años. No se por que me da que las dos vais a acabar en la misma casa y que vais a ser buenas amigas. Pero no os centréis en vosotras. Intentad conocer al resto de compañeros de vuestro curso, de vuestra casa y del resto de las casas. Aunque vayan a Slytherin.

- Pero mamá – intento protestar Celeste.

- Si Celeste, intentad compartir con vuestros compañeros todo el tiempo posible, por que cuando acabéis el colegio, no os acordareis de la mitad de las cosas que os explicaran en clase – Lavender hablaba por experiencia: ella solo se acordaba de hechizos defensivos y maldiciones, y la verdad, hubiera preferido no aprender nada de eso -. Pero recordareis cada instante pasado con vuestros amigos.

Y recordando, no sabía por que, a Daphne Greengrass, agregó:

- Además, nunca se sabe de donde puede veniros la ayuda cuando la necesitéis.

- Si mamá, lo intentaremos- dijo Celeste.

- Si señora Davies, no se preocupe, lo haremos – contesto la pequeña Clodagh Finnigan de forma mas convincente que su hija.

- Hala, no os entretengo más, meteros dentro y portaos bien. Si no – añadió guiñando un ojo-. Tendré que pedirle al profesor Longbottom que os vigile de cerca.

Ambas niñas rieron ante la "amenaza", ya que ambas sabían que el profesor de Herbología había sido compañero de sus padres.

Viendo el tren partir, Lavender dejo caer una lagrima que pugnaba por salir de su ojo desde hacia rato. Roger, que había contemplado toda la escena, la rodeo con su brazo por los hombros y le dijo al oído:

- Tranquila cariño, le irá bien. Si nos fue bien a nosotros con todo lo que pasamos, a ellas les ira de perlas.

Al darse la vuelta para volver a cruzar la barrera, vio como Harry y Ginny aun contemplaban como se perdía el tren en el horizonte, mientras Harry se llevaba una mano distraídamente a la cicatriz que tenia en la frente. Y supo que estaba pensando lo mismo que ella, lo mismo que Roger, quizás lo mismo que pensaban todos los padres de su generación que habían ido allí a despedir a sus hijos. Sacudiéndose esa idea de la cabeza y tranquilizándose con respecto a su hija, se dijo que debía enviar una lechuza a Parvati cuanto antes contándole el matrimonio entre Seamus y Romilda Vane.

Había costumbres muy difíciles de perder y, que demonios, ella era Lavender Brown y seguiría siendo la misma el resto de su vida.

FIN


Pues ya está, se acabo con todo el dolor de mi corazón, jajajajaja. La verdad es que me ha gustado tanto escribir sobre Lavender Brown que el fic que en un principio iba a ser de un solo capitulo, luego paso a ser uno de siete y al final han sido doce capitulos.

Claro está que muchos me habeis animado con vuestros reviews. Seguramente mañana comience uno nuevo, no se si largo o corto, a ver esta noche si me inspiro.

Muchas gracias y nos vamos leyendo,

Peter Mayfair