2 Un encuentro inesperado...

Rápidamente la castaña tomó su varita y sin mas salió corriendo al encuentro con el mago.

Solo cuando sus pies tocaron el frío suelo de los corredores, se dio cuenta que estaba descalza. Nunca el camino desde su habitación hasta las afueras de Hogwarts le resultó tan largo. Quería encontrar a algún fantasma, a Filch o a Pevees para avisar que algo raro estaba sucediendo, sin embargo, solo el sonido de sus pies al chocar el piso la acompañaba en esa carrera interminable.

Finalmente llegó a las grandes puertas de roble que separaban el Gran Comedor de las afueras del castillo. Con un movimiento de su varita la castaña abrió las puertas y se encamino sigilosamente a la cabaña de Hagrid.

Sus ojos grises estaban más fríos que de costumbre, irradiando poder y seguridad, mas sus facciones estaban totalmente relajadas. Llevaba más de media hora intentando alejar a aquella criatura de los terrenos de Hogwarts, sin embargo por alguna extraña razón nunca lograba alcanzarla.

"Si no fuera por ese estúpido gigante" pensaba mientras caminaba fastidiado hacia la huerta de la cabaña. Tenía todos sus sentidos alerta, sus ojos captaban todo a su alrededor, mientras que su nariz lo advertía de la ubicación de la bestia y sus oídos de la llegada del semi-gigante.

El ruido de las puertas de roble al abrirse llamó su atención, obligandolo a desviar la mirada. Estaba consiente de que alguien lo podría descubrir ahora que se encontraba en el corazón de los terrenos de Hogwarts. Se imaginaba que algún profesor, la directora, inclusive Potter saldrían a su encuentro, pero nunca se le cruzó por la cabeza la idea de que la persona que se animaría a enfrentarlo fuera Hermione Granger, no estaba a su altura, era una sangre sucia. "imprudente" pensó concentrándose en lo que debía.

- Suelta tu varita, ahora – ordenó la castaña apuntando a la espalda del encapuchado – No me obligues a obligarte

Una carcajada fría se escapo de los labios del mortío erizando la piel de la castaña.

- No me hagas reír Granger – esa voz, le resultaba tan conocida.

- ¿Cómo sabes mi nombre? – preguntó, mientras caminaba con paso firme hacia el desconocido.

- Porque lamentablemente te conozco, ahora cállate y no te muevas – ordenó el mago.

Esta vez la que rió fue Hermione

- Acá la que da las ordenes soy yo, y como tal te ordeno que sueltes la varita y te quites la capa – declaró aun más decidida que el extraño, pero al ver que este ni se inmutó con sus palabras optó por actuar – Expelliarmus

Draco movió firmemente su mano para un costado creando un escudo que lo protegió del sortilegio. Con otro movimiento de su mano izquierda desarmó a la castaña, haciéndola caer y creó un campo mágico alrededor de ella para que no pueda moverse "¡Maldita seas Granger!" pensó. Ya por culpa del gigante del bosque había perdido a la bestia, no quería perderla ahora que estaban a pocos metros de la entrada al castillo "Si se me escapa, será una masacre".

- ¡Te ordené que te callases, no me gusta que me desobedezcan! – dijo aun sin mirarla, mas intimidándola por completo con su tono autoritario.

- ¿Qué me hiciste? ¡Suéltame ya! – gritó histérica Hermione

En ese preciso momento Draco vislumbro la cola de la bestia y se acerco sigilosamente. A sus espaldas todavía se escuchaban los gritos de la Gryffindor y sus forsejeos. Había ocurrido lo que Draco tanto temía, Hermione había captado toda la atención de la bestia, atrayéndola a ella, quien estaba a pocos metros de las puertas de roble.

- Silencio – susurró en la noche, mientras enfrentaba cara a cara a su peor enemiga y colocaba uno de sus finos dedos en su boca, en ademán de silencio.

Hermione no tuvo tiempo de reaccionar ante aquella horrorosa revelación, ya que algo peor había entrado en su campo de vista. Una mezcla de hombre con lobo se había materializado frente a ella, aproximándose peligrosamente y relamiéndose frenéticamente sus rojos labios. Hermione pudo sentir como el licántropo la fulminaba con sus penetrantes ojos verdes con platinadas cejas, mientras sonreía ante el terror de la muchacha.

- No temas pequeña niña – dijo la bestia en un duro intento por hacerse comprender – una vez que te muerda, será puro placer... para mi

Hermione no dijo nada, estaba mas preocupada viendo los amarillentos, pero filosos dientes del hombre-lobo. "Maldita sea" pensaba histérica, era obvio, al menos para ella, Malfoy había traído a aquella bestia para que mordiera a su gusto, eso era realmente terrorífico y asqueroso.

Poco a poco el licántropo fue tomando velocidad, golpeando al correr el pasto con sus cuatro garras "Solo un poco más cerca" pensaba Draco, sumido en la oscuridad "Un poco más y serás historia". Hermione sentía como el terror calaba sus huesos y la imposibilitaba, más de lo que ya estaba

- Malfoy, maldito cerdo, suéltame – gritaba, mientras forcejeaba por no ser alcanzada por el hambriento hombre-lobo.

- Si te callas Granger, no morirás, de lo contrario si – susurro Draco, apuntando con su varita al licántropo "Eres historia" pensó y sin mas gritó – Avada Kedavra

Con un ruido sordo la bestia calló sin vida a los pies de Hermione.

Draco caminó hasta quedar a pocos centímetros de la castaña. Sus glaciares ojos irradiaban ira y odio, no podía dejar de sentir asco cada vez que la tenía cerca. La odiaba de sobre manera... la odiaba por existir.

- Siempre igual Granger, una sangre sucia inmunda, altanera y desagradable – con un movimiento de su mano rompió el campo mágico que inmovilizaba a la Gryffindor y la tomo fuertemente por el cuello - De no haber sido por el hombre-lobo, ya estarías muerta.

- No, puedo respirar... suéltame – gritó la castaña con la poca fuerza que tenía, sentía como el cuerpo no le respondía y su vista empezaba a fallar.

La mano del mortífago soltó su delicado cuello, para tomar con firmeza su brazo, llevándola con él a la fuerza. Hermione buscaba furiosa su varita, la había tomado cuando Draco rompió el campo mágico que la inmovilizaba, estaba segura. Tenía que desarmar a Malfoy, él era un mortífago al igual que el traidor de Snape, lo odiaba.