Sentimientos inevitables... que feo es amar y no poder evitarlo, por más que así lo querramos, no?
La Espía
by
Mel
5 Sentimientos inevitables...
- Gracias Hermione, ahora me siento mucho mejor...
Las clases transcurrieron como solían hacerlo el primer día de clase. Alumnos recostados sobre las mesas levantando las cabezas de vez en cuando para disimular ante el profesor su aburrimiento, papeles volando de un lado a otro, e insultos por parte de los Slytherins a los Gryffindors. En la hora de transformación, la ultima de aquel día, para alivio de Harry y Ron y desesperación de Hermione; el trío planeaba la salida de aquella noche.
- Repítelo Harry, porque no entiendo... Hermione va con nosotros bajo la capa? – preguntó Ron
- No, solo vos y yo salimos de la sala común escondidos, Hermione después nos alcanza.
- Exacto – aseguro la castaña inclinando la cabeza.
Ron los miró un momento, como quien no entiende la cosa.
- Pero... ¿por qué no viene con nosotros? Así sería más fácil que encontrarnos allá, correríamos menos riesgo de ser vistos por algún alumno o Filch... no debemos ser vistos por nadie. – dijo Ron.
Hermione miró nerviosa a la profesora McGonagall; en menos de veinticuatro horas había mentido más que en tres años, y ahora venía otra mentira más.
- Conozco las reglas Ron pero tengo que hacer cosas, soy prefecta no lo olvides – dijo zanjando el tema.
Tomó su varita y transformó su mano en una plancha. Ron y Harry la miraron para segundos después romper en una carcajada.
Las campanas sonaron indicando el fin de las clases de la tarde. Hermione respiró profundo y se restregó la cara con las manos; le dolía la cabeza y lo que tendría que hacer en media hora no la ayudaría precisamente. Harry y Ron la miraron preocupados; como si alguien la hubiera hechizado, la cara de Hermione había cambiado de su color natural a un pálido alarmante.
- ¿Estas bien Hermione? – preguntó Ron
- Si, no te preocupes, solo un dolor de cabeza – dijo Hermione – mejor me voy a leer algún libro a la biblioteca.
- ¿Segura? – pregunto Harry – con Ron vamos a ir a ver a Ginny y Luna
Hermione miró a Harry y este de dio cuenta que su tono despreocupado había sido desmantelado por Hermione. La Gryffindor percibió como a Harry lo incomodaba de cierta manera tener que ir a verlas y se lamentó. Esta vez no podría acompañarlo y ayudarlo.
- Segura – contestó aun mirándolo.
Los dos amigos abandonaron el pasillo dejando a Hermione sola y preocupada. Todavía no sabía que era lo que debía hacer por Malfoy en Hogwarts. Sin tener otra opción mejor, Hermione se encaminó a la biblioteca, leer no le haría mal.
Su cabello rojo fuego bailaba en el viento, tenía todos sus sentidos alerta. A su lado se encontraba Luna Lovegood quien tenía la vista clavada en el lago, examinándolo. Cómo si obedecieran a la orden de un pitido ambas chicas inclinaron sus escobas y bajaron en picada a donde, segundos atrás, Luna miraba.
Ginny cerró los ojos y se dejó invadir por esa sensación de vértigo que tanto le gustaba. Luna inclinó su escoba hacia la derecha y se pegó más es ésta, tomando así mayor velocidad. Un reflejo dorado bailó ante los ojos de las buscadoras e intentó escapar de sus garras como siempre lo hacía. Ginny giró con velocidad y cambió de rumbo tal como lo hizo Luna detrás de ella. La bola de oro volaba a tan solo centímetros de ella, estiró el brazo y sintió como unas alas acariciaban frenéticamente las yemas de sus dedos. Luna se pegó aun más al palo de la escoba, no tenía el dominio que su amiga tenía para volar, pero aún así lo intentaba. Al igual que Ginny estiró la mano e intento tomar la snitch, pero ya era demasiado tarde, se había escapado nuevamente. Ginny pateó el aire frustrada y comenzó el ascenso veloz. Luna iba a la cabecera girando, siguiendo a la snitch dorada. Ginny volaba con tanta facilidad que parecía moverse en su ambiente. Luna miró hacia atrás, quería saber cuanta ventaja le llevaba; no podía creer que iba adelante. Ginny aprovecho el descuido de su amiga y tomo aún más velocidad adelantándose a la rubia. La Gryffindor volaba dibujando arcos en el aire distrayendo así a su contrincante. La snitch descendió nuevamente y ambas amigas inclinaron las escobas sintiendo el aire golpear su rostro. Dos brazos se estiraron y la snitch perdió su libertad. Luna abrió su mano y solo encontró vacío. Ginny Weasley había ganado.
Luna miró a Ginny y le sonrió. Era la tercera vez consecutiva que le ganaba.
- Bien Luna, esta vez me costó ganarte – dijo la pequeña Weasley desmontando su escoba – es más, creo que ya no hay nada que tenga para enseñarte, sabes volar y tenes talento para ver a la snitch, no todos tienen esa capacidad.
- Gracias Ginny, vos también lo hiciste bien – dijo la rubia sonrojándose ante los comentarios de su amiga.
Ginny se recostó sobre un árbol y bostezó. Llevaba entrenando a Luna desde el verano para que aprendiera a volar y a jugar al Quidditch. Ahora la veía, tan despistada como siempre, volando sin temor alguno en su escoba y dejando que el viento hiciera bailar su larga cabellera rubia. Poco a poco Luna se había ganado su cariño y confianza. Ginny sabía que podía contar con ella para lo que fuere y eso era lo que tanto admiraba. Sin embargo Luna era un enigma para todos, vivía en un mundo tan irreal, pero a la ves tan real que desconcertaba a todos a su paso. Ginny pensó que quizás aquella cualidad era lo que la hacía tan especial y tan necesaria para aquellos que llegaban a conocerla. Luna sabía bien cuando debía pisar su mundo fantástico y cuando debía pertenecer al real, al existente.
Ginny escucho la voz de Ron y se estiró tranquila relajando cada músculo de su cuerpo. "No debo tensionarme" pensó, recordando los consejos de Hermione.
- Siempre te lo dije Harry, esa chica me gusta – dijo Ron acostándose junto a su hermana - ¿Qué tal van los entrenamientos?
- Muy bien, ya casi maneja sola la escoba – contestó alegre.
- Lovegood! – llamó Ron tomando la escoba de Ginny – ven, te juego una carrera.
Luna sonrió y bajo hasta quedar a la altura de Ron.
- De acuerdo, prometo no aplastarte.
Ron montó la escoba y pateo el suelo. Se elevó hasta quedar a la altura de Luna.
- Quien vaya hasta la torre sur del castillo y vuelva primero será el ganador – dijo – a la cuenta de tres...
Luna se pegó contra el palo de la escoba para arrancar con velocidad y agudizó la vista. Harry los miró y comenzó la cuenta regresiva.
- 3... 2... 1... Fuera!
Harry vio como ambos competidores se alejaban a toda velocidad tomando una curva peligrosa, pero inexistente para Luna y Ron.
Ginny volvió a acostarse sobre el pasto intentando controlar su mente y cuerpo. Harry caminó, sabiendo al peligro que se exponía, hasta llegar al lado de Ginny. Al igual que la pelirroja se acomodó a orillas del lago y perdió su vista por unos momentos la espesura del Bosque Prohibido. Harry la contempló mientras dormía a su lado y el monstruo que dormitaba en su interior se removió intranquilo. Parecía una pintura enigmática, tan hermosa, tan angelical; y a la vez tan triste, tan destruida. Sabía que estaba bien apartarla y apartarse hasta que todo terminase, pero también sabía que la estaba lastimando. Harry la observó recordando todos los momentos en que la hizo suya sólo con palabras, caricias y besos. Nuevamente el monstruo que dormitaba en su interior se removió intranquilo y la mente de Harry se llenó de contradicciones ¿Estaba seguro que eso era lo mejor?¿Estaba seguro que no debía decirle a Ginny lo que sentía?¿Y si perdía, y si las cosas no salían bien? De lo único de lo que estaba seguro es que jamás le diría a Ginny lo que sentía cada vez que la tenía cerca. No, si ella era capaz de arriesgar su vida por él creyendo que Harry solo la quería, ella sería capaz de hacer una locura si Harry blanqueaba su situación.
Ginny abrió lo ojos y vio a Harry, tenía la esperanza de que él ya no estuviera allí sentado. Entre ellos sobraban las palabras y ella lo sabía. Sus miradas se encontraron y de esa manera mantuvieron una discusión que ya conocían de memoria, mas que siempre tendrían, era algo inevitable. Nuevamente Ginny declaró expresamente su decisión de seguirlo, de vivir con el y enfrentar lo que tuviera que afrontar. Le daba hasta rabia saber que Harry la consideraba una persona incapaz defenderse por si misma. ¿Qué debía hacer para poder estar a su lado? No lo sabía. Solo Harry podía ver más allá de ella como lo hacía, enterarse de todo cuanto la molestaba. Ginny sabía que eso le daba cierta tranquilidad al Gryffindor y aunque ella no lo sabía, la tranquilizaba la idea de saber que Harry siempre estaría para protegerla hasta de sus pensamientos.
Harry cerró los ojos y soltó un bufido de cansancio
- Sé lo que quieres – declaró – pero no puedo dártelo, entiéndelo de una vez.
- No Harry, tu entiéndelo, por más que me apartes siempre voy a estar a tu lado – dijo Ginny – es inevitable.
Harry la miró y se dio cuenta que no mantendría su postura mucho tiempo más cerca de ella. El viento le golpeó el rostro cuando se levantó con velocidad. Con paso decidido caminó lejos de Ginny y antes de apartarse de su lado sintió como la suave mano de la pelirroja acariciaba la suya, torturándolo. Harry deseó que aquello terminara y que de una ves por todas Ginny entendiera.
"Sin embargo Ginny no lo haría y esa noche le demostraría a Harry lo entregada que estaba a su decisión de mantenerse a su lado"
