Les dejo un chapter mas! besitos.
La Espia
by
Mel.
6 Agua y aceite...
"Sin embargo Ginny no lo haría y esa noche le demostraría a Harry lo entregada que estaba a su decisión de mantenerse a su lado"
La biblioteca del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería estaba prácticamente vacía, solo la bibliotecaria y una Gryffindor de ojos almendra y pelo ligeramente enmarañado la ocupaban. Irma Pince caminó silenciosamente con su característica cara de buitre y su nariz ganchuda hasta quedar detrás de Hermione quien releía entretenida un libro titulado "La Historia de Hogwarts".
- Ya es hora de cerrar – anunció – devuelve todo lo que tomaste a los estantes correspondientes... ¡ahora!
Hermione sintió como su corazón se paró en seco por el sobre salto. Asintió levemente y se fue lo más rápido que pudo. No entendía porque la bibliotecaria siempre le hacía lo mismo ¿Por qué era tan maldita?. Las campanas sonaron y devolvieron a Hermione a la realidad, ya era hora de encontrarse con Malfoy; la sola idea de tener que pasar tiempo con ese mortífago le repugnó y la puso molesta.
Hermione se abrió paso en un grupo de Hufflepuff y los miró a todos con la plena idea de descargar toda su frustración del día con ellos.
- ¿En que año están? – preguntó haciendo uso de su poder
Una chica pecosa que parecía ser bastante tímida murmuró algo que sonó como un "primer año" y bajó la vista en un intento de demostrar respeto. Fue curioso, pero por primera vez Hermione estaba disfrutando lo que Ron llamaba "ventajas de prefecto o en tu caso Premio Anual"
- ¿Primer año? – repitió Hermione irguiéndose imperiosamente.
Todos los alumnos presentes asintieron y dejaron escapar un inaudible "si" de sus bocas. La Gryffindor sabía que no estaba bien hacer lo que estaba apunto de hacer ¿pero que más le daba? No iba a ser la primera vez que castigaran o mal tratasen a una persona que no se lo merecía; sin ir más lejos ella misma era un ejemplo, toda su vida fue la perfecta hija, la perfecta estudiante, la perfecta amiga, la perfecta en todo ¿Y cómo estaba ahora? Bajo el poder de su desquiciado enemigo de toda la vida, mintiéndoles a sus amigos y fastidiando a pequeños alumnos que no se merecían ser tratados así.
- ¿Saben qué? Creí haber escuchado las campanas de las siete de la tarde hace unos minutos, lo que quiere decir que ya tendrían que estar en sus respectivas salas comunes – dijo Hermione sonando totalmente molesta e indignada por el comportamiento de los niños – en estos tiempos de peligro y terror no deberían quebrantar estas normas, solo los premios anuales y los aurors ¡que protegen sus vidas! Tienen el permiso de rondar por los pastillos.
- Lo siento... lo sentimos – dijo un niño regordete mirando sus pies y pisándose nervioso.
- ¡Por supuesto que lo sienten! Ahora váyanse, ya es tarde... espero no volver a verlos caminando a estas horas por los pasillos, no me obliguen a castigarlos.
Por una extraña razón, después de comportarse como lo hizo, Hermione se sintió mejor. Había tenido razón en todo lo que les había dicho, sin embargo aquel hecho no justificaba su comportamiento. Hermione decidió deshacerse de su conciencia por una vez y sólo caminó con la mente en blanco hasta llegar al claro del bosque... ya era tarde.
La neblina espesa rondaba por el bosque robando escalofríos por parte de Hermione, odiaba los días de niebla desde que había leído porque se ocasionaba. "Dementores" murmuró. Deseó con todo su ser que pronto la neblina cayera y el clima seco se apoderara del bosque, aunque bien sabía que eso era prácticamente imposible. Aquel cambio de clima significaría que los dementores habían sido asesinados y solo con la magia negra se podría acabar con la "vida" de un dementor, nadie tenia tanto poder, ni era capaz de hacerlo... era imposible. Hermione miró su reloj impaciente, eran las 19:15 y Draco no había llegado; la castaña se sentó sobre un tronco caído, era claro que Malfoy la haría esperar. Como si alguien hubiera encendido un fuego dentro de ella, el odio comenzó a brotar nuevamente. La Gryffindor sabía que si Malfoy no hubiera tenido el poder de ejercer magia sin varita ella lo habría vencido; poder hacer magia con las manos era como hablar parsel... se nacía con ese poder, no se aprendía. Hermione aún se maravillaba al pensar que personas como Dumbledore, Godric Gryffindor e inclusive Voldemort y Draco Malfoy tuvieran esencia de animales mágicos en sus venas. Era casi milagrosa aquella composición, el poder que poseían aquellos magos se debía a que sus genes, su sangre estaba contaminada de la sangre de animales como el fénix y el unicornio; "Al final su sangre es superior a la del resto, felicitaciones" pensó irónicamente moviendo su varita entre sus manos.
Pasaron quince minutos más y Hermione seguía esperando a Malfoy en aquel bosque prohibido, tenebroso y oscuro. El frió estaba calando poco a poco los huesos de Hermione "Si vuelvo a la enfermería por esperar a Malfoy me las pagará" pensó llenándose de ira. ¿Cuál era la gracia de hacerla esperar en el medio del bosque, prácticamente muerta de frió, media hora? Ella no le veía la gracia y si Draco no hubiera estado ocupado el sí le hubiera encontrado su mote cómico "La sangre sucia esperando al príncipe de sangre azul" pensó Hermione y la verdad hasta le causó gracia su propio pensamiento, realmente Draco tenía sangre azul, bendecida, y eso era lo más triste y patético que le pudo ocurrir a la Gryffindor.
El rumor del trotar se hizo audible y Hermione se paró de un salto ¿Era un caballo o un centauro?. Ante la duda la mejor idea que se le ocurrió fue esconder su varita en un lugar práctico. Si era un centauro fingiría estar perdida y se iría sin mencionar nada que se asemejara a la idea de "híbridos" y en el caso de que fuera un caballo tomaría su varita para protegerse del jinete.
Finalmente apareció en el claro un imperial caballo negro, el cual estaba montado por Draco Malfoy con su capa de mortío, detalle que no se escapó a los ojos almendra de Hermione "Maldito" pensó sintiendo como el odio, la ira y el remordimiento brotaban por su ser sin ningún reparo.
- Menos mal que a las siente tenía que estar en el claro – dijo Hermione estallando de furia - ¿sabes? No tengo todo el día para perderlo en un estúpido claro esperándote a vos y a tu arrogancia que ya me tienen cansada. Hace media hora tendrías que haber llegado.
Draco desmontó del caballo con tanta habilidad que pareció simplemente deslizar por la suave cabellera del caballo, su rostro no denotaba ningún sentimiento, estaba imperturbable, mas sus ojos ardían de odio e indignación. Odiaba a aquella Gryffindor que se creía tan poderosa como para gritarle como lo estaba haciendo. Draco sintió como su sangre hirvió de furia recientemente encontrada ¿Quién se creía que era Granger para recriminarle algo a él? No era nadie, solamente una impura que con solo diez segundos había derribado toda la tranquilidad del mortífago. Draco sintió como su sangre comenzaba a evaporarse en dirección a sus manos y bien sabía que eso no era bueno, sus poderes se estaban descontrolando por su descuido. Respiró hondo tranquilizándose y tomando nuevamente el control sobre la magia que abrazaba su sangre.
- ¿Se puede saber donde diablos te metiste? – preguntó Hermione incrementando el odio y la tensión entre ellos.
La mirada del mortío se clavo en la Gryffindor haciéndole entender que la había dejado ir muy lejos, ahora debía pagar su insolencia. Draco caminó hasta quedar a unos centímetros de Hermione, quien comenzó a retroceder a medida que lo sentía cerca. Los pasos nerviosos de la castaña se chocaron con el pié de un árbol obligándola a apoyarse sobre este para apartarse de un Draco que ya la tenía acorralada entre sus fuertes brazos.
- Lo que haga o deje de hacer es mi problema, por lo tanto no pienso contestarte – la tranquilidad, pero gravedad de la voz del mortífago heló la sangre de Hermione trayéndola a la realidad y demostrándole a quien se había atrevido a desafiar. El cuerpo de Draco aprisionó a Hermione contra el árbol ejerciendo fuerza, lastimándola. Los labios del mortío se pegaron al oído de la Gryffindor – Que sea la ultima vez Granger... la última vez que me faltes el respeto o me desafíes – Draco apoyó sus manos en la cadera de Hermione y la apretó contra el árbol con toda la rudeza que le fue posible – De ahora en más bajarás la mirada antes de dirigirte con respeto hacia mi ¿Queda claro? – preguntó bajando sus labios al cuello de Hermione y mordiéndolo.
Hermione sentía todas las imperfecciones de la corteza del árbol incrustadas en su espalda y hasta sintió como la tibieza de su sangre abrazaba de a poco la piel de su espalda. El odio que sentía hacia Malfoy fue lo suficientemente fuerte como para evitar que las lagrimas cayeran de sus ojos; el dolor la estaba matando y su orgullo protegiendo. La suavidad de los labios del mortío en su cuello la alarmaron del peligro, debía decir algo para pararlo pero sin caer tan bajo como para aceptar las ordenes de Draco.
- Me estás lastimando – soltó en un gemido de dolor – ¡suéltame!
Aquella orden lo único que logró fue incitar a Draco a que siguiera con su trabajo de torturarla de a poco. Se sintió estúpido al pensar que había decidido darle tregua aquel día; ella sola se había buscado una represalia, a Draco llegó hasta sonarle un tanto masoquista las rebeliones de Hermione. Separó sus labios hasta que estos apenas rozaran la delicada piel del cuello de Hermione al hablar.
- Esa es la idea Granger... lastimarte y que de esa manera pagues tu impureza – comentó. Hermione sintió que las palabras de Draco se clavaron como dagas en su pecho; intentó alejarlo de su cuerpo, separarlo de aquel roce esquizofrénico... pero lo único que logró fue sentirlo aún más pegado a su cuerpo – hoy no viniste vestida tan zorra como anoche – Draco besó con suavidad la línea de la mandíbula de Hermione quien posó sus manos sobre su rubia cabellera, enredado sus dedos en ella. Draco se dejó llevar por sus instintos de hombre y colocó sus manos en los muslos de Hermione comenzando la ascensión.
