Gracias por leerme!


La Espía

by

Mel.

11 Theodore Nott...

al mismo tiempo, en esa fracción de segundos, Harry empuñó su varita e inmovilizó al mortífago a centímetros del cuerpo de Hermione.

El aire limpio abrazó a los cuatro Gryffindors; Harry, Ron y Hermione sólo en ese momento se dieron cuenta de que su "escudo" contra el olor que invadía aquel lugar había dejado de actuar tiempo atrás.

- ¿Qué demonios fue eso Hermione? – preguntó Ron - ¿Estás loca¿Por qué le contestaste así?

Harry y Hermione se miraron incrédulos¿Dónde metía Ron su cabeza cuando investigaban en el verano?

- Joseph, investigamos mucho acerca de los mortífagos para conocerlos Ron y justamente Joseph tiene afición por violar a hijas de padres muggles – contestó Hermione – tendrías que acordarte.

- De todos modos – dijo Harry - ¡Qué buscabas viniendo acá Ginny!

La más pequeña de la familia Weasley sintió como la rudeza en las palabras de Harry la atravesaban, mas no se dejaría intimidar.

- Buscaba hacerte entender que me puedo defender sola Harry, que no necesito un mecías que me cuide, sino un hombre que me ame.

Ron actuó antes que su amigo cayera y no mantuviera su postura en pie; abrazó a su hermana y dijo:

- Te podrían haber matado Ginny, no lo vuelvas a hacer...

Los cuatro amigos volvieron a Hogwarts sin dirigirse la palabra en ningún momento, el silencio era su mejor aliado. Al llegar a la torre sur del castillo Hermione tomó a Ginny de la mano y despidiéndose con un gesto de los dos Gryffindorianos, se dirigió a su sala común. Caminaron a lo largo de diversos pasillos desérticos, donde el único sonido que se escuchaba era el ruido del choque de sus pies con el frío suelo de mármol. La castaña miró de reojo a su mejor amiga y suspiró, algo le decía que aquella no sería la ultima vez que Ginny actuaría de esa manera.

- ¿Cómo sabías donde estábamos? – preguntó Hermione.

- Te seguí – contestó Ginny y por primera vez desde que estaban en el castillo la miró a los ojos - ¿qué hacías en el bosque prohibido sola y a esas hora de la noche?

Hermione recordó el ruido de pisadas antes de abrir la puerta de la torre sur y se lamentó, si ella hubiera llegado a tiempo Ginny no la habría seguido. La castaña sabía que podía confiar en su mejor amiga, sin embargo prefería callar, mentirle.

- A veces es necesario hacer cosas que no nos gustan Ginny y éste fue el caso – contestó finalmente – tenía una obligación que cumplir.

Hermione miró al frente y suspiró, prefería no hablar más, prefería la soledad antes de arrastrar a su mejor amiga con ella a su destina incierto.

El silencio las acompaño hasta llegar al retrato de la dama gorda

- "Pánfilos" – dijo Hermione.

La puerta con el retrato se abrió dándole paso a las Gryffindor, que sin pensarlo ni una vez, entraron a su sala común. Hermione quiso decir algo que pudiera hacer entrar en razón a Ginny, pero no supo que decir; en esos momentos ella no era ejemplo de nada. La pelirroja miró a su amiga y sonrió amargamente.

- No tenes que decir nada Hermione – dijo – yo ya sabía que esto pasaría.

- ¿Y por qué quisiste que pasara de todos modos? – pregunto Hermione.

- Porque quería verlo con mis propios ojos, quería ver el terror de Harry impregnado en sus rostro... quería que él sintiera esa sensación de que estás a punto de perder lo que más queres en la vida, esa sensación que siempre está presente en mi.

Hermione miró a su amiga preocupada, esas actitudes terminarían destruyéndola, tanto a ella como a Harry.

- Cuidado Ginny, no confíes en el mar, que después te lleva la marea – sentenció la castaña y subió las escaleras.

- Lo mismo para vos Hermione... – dijo la menor de los Weasley y sin más, desapareció por la puerta de su habitación.

La castaña ignoró el comentario de Ginny y entró a su cuarto de Premio anual, necesitaba dormir.

El despertador sonó a las ocho de la mañana y despertó a Hermione. La castaña se levantó, tomó una ducha y bajo a su sala común. La chimenea crepitaba silenciosamente en la desértica habitación, Hermione, sin pensarlo dos veces, abrió la puerta de la solitaria sala común y salió camino al Gran Salón.

Las imágenes de la noche anterior llenaron su cabeza, aun no lo podía creer, dementores "muertos" era lo último que esperaba encontrarse en aquel castillo. Su estómago se retorció al recordar aquel fétido olor que invadía cada una de las paredes del criadero de aquellas bestias, Hermione sintió nuevamente en su paladar el sabor a carne podrida y supuso que sería una maldición de aquellas criaturas.

Las mesas de las cuatro casas del castillo estaban dispuestas como todos los días, algunos grupos de pocas personas ocupaban sectores de las largas tablas de madera, cuchicheando entre ellos y comiendo sin preocupaciones. Hermione sacó un libro de su bolso y se concentro en leer una novela del renacimiento para olvidarse de las imágenes que la atormentaban. Poco a poco la Gryffindor se fue sumergiendo en ese mar de ideas, en aquel mundo paralelo de la lectura, donde toda realidad queda sedada por las letras que juegan formando palabras, oraciones y párrafos que quedaran grabado en nuestras mentes, que nos abandonan en un año diferente, una casa distinta, nos deja libre de decisiones, nos encuentra con sentimientos fresco, nos libera, nos libera de preocupaciones, obligaciones y pesares... nos libera de ser hipócritas, de llevar una mascara, de mentir... nos libera y nos deja ser nosotros mismos, ser auténticos.

A medida que leía, Hermione iba sintiendo más cada palabra escrita sobre el amarillento papel, admiraba tanto a los novelistas, tan grande era su pasión por la escritura y las grandes historias que deseaba algún día poder tener el suficiente tiempo y la inspiración necesaria para impregnar en el papel todos los sentimientos que la embargaban.

Tres mesas delante de Hermione un Slytherin de ojos azul ceniza y pelo negro, tomó un lugar que antes le pertenecía a Draco Malfoy. A su izquierda estaba sentada Pansy Parkinson, tan ida como siempre, parecía una muñeca de porcelana que acompaña a su dueño porque éste así lo desea; mientras que a su derecha se encontraba sentado Jack Spencer, clavando su mirada, con un cierto tinte de celos mezclados con odio, en un Slytherin de aspecto enclenque.

- Spencer, deja de mirar de esa manera a Nott, el se merece más honores que vos y eso es todo – dijo el recién llegado.

- Theodore no merece más honores que yo, Paul – dijo Jack, aun fulminado con la mirada al aludido.

Paul Lawson clavó sus ojos imperturbables en Spencer, quien agachó la cabeza y susurró un inaudible "lo siento señor"

- Que sea la ultima vez que me hablas de esa manera Jack – amenazó Paul y se paró de la mesa – ya hasta me arruinaste el desayuno.

El Slytherin caminó elegantemente hasta llegar al lado de Theodore; en el trayecto todas las mujeres que estaban en el Gran Salón voltearon sus cabezas para admirar la belleza y la perfección que abrazaban aquel cuerpo masculino. El perfume de su cuerpo trabajado inundó la sala y hasta la imperturbable Hermione Granger volteó su vista, para perderla en aquellos ojos que la miraron al pasar y le recordaron un sentimiento que solo tenía cuando sentía cerca a Draco Malfoy: el odio por tener tanta fascinación por un cuerpo humano inundado de sentimientos falsos de un Slytherin, "Un bombón echado a perder" lo caracterizaba Ginny. Paul Lawson le sonrió como solo Malfoy sabía hacerlo y se sentó junto a Theodore Nott.

- Hola Hermione – saludó Luna sentándose frente a ella - ¿con quien te toca tener clases hoy?

- Lunita – dijo la castaña a modo de saludo. De su bolso sacó su itinerario y lo leyó – la dos primeras horas tengo Aritmancia, la tercera Defensa y la cuarta Pociones ¿por?

- Me parecía que tenias Aritmancia, la profesora McGonagall me ordenó que avisase a todos los que tuvieran Aritmancia el día de hoy, que tendrán horas libres, la profesora no esta disponible.

- ¿Le pasó algo? – preguntó alarmada Hermione.

Luna sonrió como una niña divertida y miró hacia todos lados.

- Parece ser que intentando hacer una poción del amor algo le salió mal y no pueden revertir por el momento los efectos contra producentes – dijo y se puso de pie – como sea, me falta poner al tanto a 50 alumnos, mejor me doy prisa.

- De acuerdo – dijo Hermione sonriendo – nos vemos.

- Adiós – dijo Luna yéndose por la puerta principal.