12 Una visita a la cabaña...

- Adiós – dijo Luna yéndose por la puerta principal.

No paso mucho tiempo de que Luna se fuera dejando sola a Hermione, sumergida en su lectura, cuando un par de ojos se clavaron en la castaña. Ella sintió un calor acosador apoderarse de su cuerpo, ese sentimiento últimamente la perseguía donde quiera que fuera. La incomodidad fue aumentando poco a poco, logrando que Hermione apartara su vista de las amarillentas paginas para clavarla en aquellos ojos azul ceniza que la miraban sin pudor alguno. Los ojos de Paul la advertían de algo, mas sus facciones delicadas y elegantes no denotaban ningún sentimiento.

Las campanas sonaron devolviendo a Hermione a la realidad, debía ver a Malfoy, no tenia ganas, pero tenia que informarle todo lo que supiera, y gracias a Merlín ya tenia una noticia. Paul Lawson vio a Hermione abandonar el Gran Salón y la imitó, las clases habían comenzado.

Hermione caminó sin apuro y con tranquilidad hasta llegar a la fortaleza de flores y ramas que cubrían la cabaña de Malfoy. Con toda la seguridad que le fue posible juntar en su delicado pero valioso cuerpo, siguió caminado hacia la alcazaba, la cual, ante su sorpresa se abrió dejándola frente a la cabaña del mortífago. La castaña golpeó tres veces la puerta y suspiró, a Malfoy le encantaba hacerla esperar en la puerta. Al cabo de unos segundos la Gryffindor volvió a golpear la puerta con mayor intensidad, sin embargo nadie respondió.

- Maldito seas vos y toda tu asquerosa elite Malfoy ¡abre la puerta! – gritó, pateó la puerta y se sentó sobre un tronco.

Sus ojos grises, expectantes, se clavaron en Hermione y una sonrisa surcó su rostro: amaba verla furiosa; para él, poder sacarla de quicio y molestarla era lo más placentero que podía hacer; sin duda alguna, la haría esperar más tiempo. Draco tomó lugar entre dos enormes pinos y se recostó sobre un tronco a medio crecer, cruzó sus piernas y guardo sus manos en los bolsillos del pantalón negro; la camisa blanca caía fuera de los pantalones y los primeros botones estaban desabrochados, mientras que las mangas estaban arremangadas hasta los codos.

Los minutos pasaron y Draco no apareció, Hermione se puso de pie, no podía creer que había perdido tiempo y energía en maldecirlo y esperarlo, cuando él seguramente estaría torturando, matando y destruyendo el mundo que Dumbledore había intentado mantener en pie. La castaña no entendió porque el odio que había sentido al pensar en lo que Malfoy podía estar haciendo, se transformo inesperadamente en decepción ¿a caso esperaba algo mejor de parte del mortío?. Con la mente perdida en sus preguntas sin respuestas, Hermione se puso de pie y comenzó a caminar, sin dirección aparente; el viento golpeó su rostro y trajo consigo un perfume especial, embriagador. La castaña cerró los ojos y respiro con fuerza para sentir aquel aroma que con solo sentirlo la volvió adicta, pronto sus pasos tropezaron con pies ajenos y Hermione sintió un par de brazos fuertes sostenerla para no caer. El torso trabajado de Draco Malfoy choco contra el pecho de la Gryffindor y por unos segundo que para ellos duraron décadas, se mantuvieron la mirada sin respirar y sin parpadear.

- ¿Perdida Granger? – preguntó Draco y curvó nuevamente sus labios en esa sonrisa que Hermione no podía dejar de ver hermosa.

El mortío acarició suavemente el brazo de la castaña, quien se estremeció y por una fracción de segundos, quiso que el rubio no se detuviera.

Hermione cerró los ojos y respiró con fuerza, tenia que aclarar sus ideas antes de hablar, pero como era posible aclarar ideas cuando solamente una ocupaba su mente: ¿cómo era posible que una persona tan joven y bella fuera tan despiadada?.

- No Malfoy, no estoy perdida... solo me distraje – contestó y se separó con cierta brusquedad del cuerpo de Draco – venia a contarte algo, nada mas.

El mortífago la inspeccionó de arriba abajo y descolocándola completamente, preguntó:

- ¿Estás comiendo como es debido Granger?

Hermione miró su cuerpo, ante la mirada sorprendida de Malfoy, esperando ver un esqueleto asqueroso, sin embargo, vio su figura, su pequeña panza y su "poca gracia"

"Puede se que en ese momento, no me veía como correspondía, y aunque no lo supiera, mi imagen me atormentaba"

- Si como o no, es mi problema, ahora ¿podemos hablar? – dijo Hermione restándole importancia al tema.

Draco la fulminó con sus ojos fríos y con un movimiento de la cabeza le ordenó entrar a la cabaña. La castaña se abrió paso en la cabaña en penumbras, y se dirigió a los sillones.

- Sentate en la mesa – dijo el mortío aun en el marco de la puerta – quieras o no vas a comer.

Hermione lo miró incrédula y soltó una carcajada fría.

- Malfoy, no tengo hambre y si no quiero comer no como.

El mortífago se acercó a Hermione y la tomó del brazo. Realmente no le sorprendía a Draco que después de todo la Gryffindor siguiera siendo igual de testaruda que siempre ¡como la odiaba!.

- Poco y nada me importan tus ganas de comer – dijo el mortío y deslizó una de sus manos al abdomen plano de la castaña. Hermione sintió su cuerpo vibrar con el solo roce de Malfoy y se asustó ¿realmente no controlaba estremecerse ante él? – se supone que tenemos "algo" que hace que no se nos noten los huesos en la cadera y en tu caso este "algo" no está y ¿sabes por qué?

Hermione intentaba escucharlo, sin embargo su concentración estaba fija en dejar de estremecerse ante él. El mortífago notó el cuerpo de la castaña vibrar cuando la tocó y le gustó, le gustó que ante algo tan insignificante como una caricia, ella se estremeciera; algo que a Pansy nunca le había ocurrido.

- ¿Por qué? – preguntó finalmente Hermione intentando sonar desinteresada.

Draco pronunció más su sonrisa y algunos mechones de su cabello cayeron sobre su frente, parecía un ángel, un ángel maldito, sus facciones finas, perfectas; mas sus ojos fríos, reculadotes, llenos de odio.

- Porque no comes Granger, así que ahora ve y siéntate en la mesa – contestó en un susurro escalofriante.

Sin replicar nada más, Hermione se dirigió a la mesa y tomó asiento en una silla negra y verde. Se sentía mal, había perdido contra Malfoy y lo peor de todo era que había demostrado debilidad, debilidad pura. Draco se ubicó en la cocina y con simples movimientos de su varita preparó algo de comer para Hermione. El mortífago respiró el aroma de la victoria y volvió a sonreír: Granger había caído, ya no podía demostrarse tan fría como antes; de cierta manera eso alegró a Draco, sabía que Hermione estaba empezando a disfrutar de sentirlo cerca, sus ojos eran tan sinceros que lo decían a gritos... en cambio los suyos eran fríos y muertos, no decían nada... porque él no quería que dijesen algo.

Draco depositó el plato de comida ante Hermione

- Come.

Hermione lo fulminó con la mirada y tomo los cubiertos.

- Esta bien, pero cuando termine hablamos, tengo algo que contarte.

Los ojos de Malfoy destellaron por una fracción de segundos y se apagaron nuevamente.

- Si se trata de una sangre sucia con un Slytherin te escucho... de lo contrario, vos me vas a escuchar a mi.

Hermione sintió aquellas palabras como una amenaza y suspiró, sabía que aquel encuentro no terminaría bien... sabía que el la terminaría degradando e insinuando que es una inútil, lo sabía.

- Sangre sucia asquerosa... te falto el asquerosa – dijo con dolor y sin más tomó carne de plato y se lo llevó a la boca.