En este capitulo se conoce una Pansy que será fundamental en la historia
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La Espia
by
Mel.
15 El ángel negro...
Abrió la puerta y caminó en dirección a la puerta de salida a los terrenos de Hogwarts.
Su pelo negro se desparramaba sobre la almohada y sus ojos fríos se perdían en el techo de la cama; una jugada más, un ataque nuevo a su propio ser, otro castigo por ser como era, tan imperfecta, tan sucia. Retiró el brazo de su nueva presa de su cuerpo y se puso de pié, necesitaba tomar un baño. ¿Cómo había hecho para convertirse en una persona tan menospreciada? Ella misma había atentado contra su propia vida pero ¿por qué?. Contempló su figura esbelta, con curvas perfectas, senos deseados, piernas largas y bronceadas; un cuerpo por el que muchos hombres matarían por poseer entre sus brazos alguna vez, sin duda alguna. Su cara perfecta, hermosa; sus ojos negros delineados con una línea de perfectas pestañas largas y curvadas, su piel blanca, nariz respingada y labios rojo como el fuego. Parecía un ángel bendecido por todos los dioses y amado por todas las criaturas de la tierra, mas detrás de sus ojos se escondía la tristeza y desazón del mundo entero, la desesperación y el desconsuelo; sin duda alguna: era la imagen más hermosa y más triste que alguien pudiera contemplar.
"Sin saberlo, ella estaba reflejando el sentimiento que atormentaba al mundo entero, una maldición de pequeña, algo irreparable"
Retiró sus ojos del espejo, se odiaba, era tan insignificante, le faltaba la luz que todas las demás mujeres tenían, ella era solo una figura, el resto era hueco, no brillaba por si misma, no tenia porqué brillar, su vida era un desastre... ella misma era un desastre.
Prendió la ducha quería limpiarse, por más que supiera que eso era imposible; muchas manos la habían ensuciado, a ella, su nombre, su apellido y su prestigio de mujer. No valía nada y lo sabía. El agua cayó golpeando suavemente cada centímetro de su piel, librando su alma encadenada al encierro y a la oscuridad. Pasó su tersa y blanquecina mano por su pelo negro sintiendo que por más que lo lavase su interior, su persona seguiría tan podrida como estaba o más. Miró a su alrededor y vio la misma oscuridad y soledad que la rodeaba y acompañaba donde iba.
Lavó su pelo y su cuerpo tomándose su tiempo, intentando atravesar su piel y llegar a su ser. Miró su mano y contempló el anillo que simbolizaba su compromiso con Malfoy, su futuro matrimonio no haría más que reafirmar lo que otros quisieron para ella y la vida que ella misma se encargo de destruir. Salió de la ducha desnuda y caminó a la habitación donde aun su presa dormía. En ese momento, cuando vio que no sentía nada cuando miraba a los hombres que la acompañaban por las noches se dio cuenta de que no tenia razón de ser, mas que la de destruir a los que creía culpables de su vida patética. Y por mas de saber todas sus verdades seguía adelante, seguía con su misión autodestructiva.
- Pansy ¿ya te despertaste? – pregunto su acompañante. Su mirada atravesó el cuerpo perfecto de aquella mujer y sus ojos se ennegrecieron de puro deseo - ¿queres jugar un poco más?
Si, quería jugar más, quería seguir destruyéndose, ensuciándose. Pansy Parkinson, la Reina de las Serpientes caminó hasta la cama y se recostó sobre el pecho del Slytherin que la acompañaba aquella noche.
- Juguemos hasta que amanezca – susurró Pansy – y te juro que te voy a ganar.
Pasó la lengua por el cuello del Slytherin y todo volvió a empezar, su cuerpo se entregó a manos ajenas a su alma para ensuciarse, como siempre lo hacia.
Hermione miró el gran reloj que adornaba el pasillo por el que ella caminaba; era demasiado tarde, ya había marcado las dos de la madrugada, le parecía una exageración ir al bosque prohibido en busca de Malfoy, lo mejor sería ir a dormir y faltar a las primeras horas de clases si era necesario. La castaña se desvió de su camino y encaró a las escaleras en dirección a su sala común, necesitaba descansar. Sus pies tocaron el primer escalón de la movediza escalera, intentó hacer el menor ruido posible, cualquier movimiento en falso podría ser terrible.
- Tendrías que estar durmiendo – dijo una voz a su espalda – ¿no te das cuenta que no son horas para que estés despierta a menos que estés conmigo, en mi cabaña?.
Hermione giró en seco y se encontró cara a cara con Draco Malfoy, sus ojos fríos la fulminaron y la castaña sintió que la estaba examinando más allá de su mirada "legeremancia" pensó. Rápidamente apartó su vista de aquellos ojos que lograban intimidarla e intentó aparentar enojo; era imposible tener tanta mala suerte, excepto para ella.
- ¿Qué haces acá? – preguntó, omitiendo la indagatoria de Malfoy – tenes la entrada prohibida al castillo. ¿acaso queres que te descubran?
El mortífago la miró y por unos momentos sus ojos brillaron de satisfacción. Hermione se dio cuenta que le había demostrado demasiado interés con su pregunta, cuando en realidad estaba evadiendo una respuesta.
- ¿Te importa? – preguntó Draco y curvó sus labios en una sonrisa.
Caminó hasta llegar a estar pegado a Hermione. La castaña se ruborizó y recobrando rápidamente su postura indiferente contestó:
- Por mi mejor si te atrapan, me libraría de sentirte cerca todas las noches. En todo caso al que le importa lo que yo hago o no, es a vos.
- Granger, no tengo problema en reconocerlo, si, yo me preocupo por tu bienestar, sos patrimonio mío y no deseo tener que buscarte un suplente – dijo el mortífago.
Hermione lo miró incrédula ¿patrimonio suyo?. Malfoy le sonrió y tomándola de la cintura la hizo bajar el escalón que segundos atrás había subido. La castaña salió de su estupidísimo mental y lo apartó de ella. La ira y el odio empezaron a correr por sus venas como siempre pasaba cuando lo tenía cerca, ella no era de nadie y se lo haría entender.
- Yo no soy de nadie Malfoy, mucho menos tuya – dijo ácidamente.
- Tarde Granger – dijo Malfoy y se acercó a ella nuevamente. Hermione sintió su cuerpo estremecer con el rozar del cuerpo del rubio y cerró los ojos intentando ocultar su nerviosismo. Draco la miró y sonrió triunfante, estaba cayendo, más lento que las demás, pero estaba cayendo a sus pies. La castaña quedó acorralada entre el frío mármol de la pared y el cálido cuerpo de Malfoy. El mortío pegó sus labios al oído de Hermione y susurró – lo hubieras pensado antes de aparecer con tu vestimenta de zorra en los terrenos de Hogwarts ¿realmente pensaste que me podrías vencer?
Hermione abrió los ojos y clavó su mirada cargada de furia en aquel témpano gris que la observaba constantemente, sin pudor alguno, con sentimientos muertos.
- No lo pensé, lo pienso – contestó Hermione desafiante – no por nada soy la mejor bruja de Hogwarts.
Draco soltó una carcajada y sintió como la piel de Hermione se erizaba.
- No sos la mejor bruja de Hogwarts – dijo, manteniendo una sonrisa en sus labios – sos la única bruja en este castillo, las demás son zorras. A demás, si pudieras vencerme, no estarías acorralada ¿o me equivoco?
Hermione buscó su varita en su túnica sin éxito alguno; Malfoy le sonrió y le mostró como antes había hecho, la vara mágica de la Gryffindor.
- No aprendes Granger, lo primero siempre, es tener tu varita con vos; no buscarla cuando la necesitas.
La castaña le clavó una mirada de odio e intentó separarlo de su cuerpo, sin embargo cuanto más fuerza ejercía para alejarlo, más pegado lo tenía a su cuerpo.
- Creí que te había dejado en claro que no quería que me toques – dijo secamente y con sus facciones cargadas de odio y frustración.
Draco borró la sonrisa de su rostro y demostró seriedad.
- Creí que te había dejado en claro que me informaras de todo lo que te enteraras y no lo haz hecho – dijo el mortío. Sus ojos fríos ardían de furia, mas sus facciones estaban totalmente relajadas – Peter Tremaine y Olivia Artua¿te recuerdan algo esos nombres?
