Los personajes no son míos son de la maravillosa S.M la historia es una AD

-Advertencias: Hay escenas explicitas y lenguaje muy fuerte, creo que a muchas nos gusta, pero en avisar no hay engaño.


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—Robots del placer? —La voz de Isabella hizo eco de sus propios pensamientos.

Los dos hombres compartieron una mirada confusa. ¿De qué demonios estaba hablando ella?

—¡Ups! —Bella se mordió el labio—. Necesitamos apurarnos. Nuestra nave está en camino para rescatarnos.

A Edward no le gustaba la forma en que Emmett la estaba mirando de arriba abajo, o la sonrisa un poco atontada que curvó sus labios.

—Simplemente regresa a tu coche, Isabella —dijo él—. Sabes que tengo que irme. Tú te quedas.

—Pero Ed, no puedes regresar a tu nave. Ellos estarán allí, esperándote.

—¿Quiénes?

—¿Ellos? —Ella se encogió de hombros, su mirada descendió a su pecho —. Pregúntale a Bree.

—Clientes, probablemente —dijo Emmett—. ¡Cojones!

—¡EMMETT!

—Lo siento, Capitán. ¡Maldición! —Finalmente Emmett arrancó su mirada de Bella—. Capitán, si ella está en lo correcto, no pueden estar demasiado lejos de nosotros. Metámosla dentro de la furgoneta. Lo resolveremos de camino.

Edward suspiró y la sujetó del brazo.

—Tendremos que dejar el auto por ahora. Más tarde pediremos un taxi. —Él se dirigió hacia la camioneta.

—¡Mis cosas! —Bella tiró de su brazo hacia atrás y se encaminó hacia la furgoneta.

—Métela en la furgoneta, Emmett.

Bella frunció el ceño.

—Pero...

Emmett bajó su hombro, la embistió con gentileza en el abdomen, y la levantó.

—No te olvides de Bree ni de mi maleta. Oh, ¡Y del cojín! —Se elevó una vez más y le sonrió a Emmett, mientras este caminaba a grandes pasos hacia la camioneta—. A propósito, mi nombre es Bella aunque prefiero que me digas Bella.

—Por supuesto, amor.

Edward maldijo por lo bajo. Solamente se requirió de una morena chiflada para echar a perder una huída perfectamente planeada. Corrió hacia el auto y tomó una maleta púrpura, una pequeña caja rosa y un cojín que, sospechosamente, se parecía a uno de los del sofá de ella.

Emmett detuvo la furgoneta junto a él, y Edward lanzó las cosas a través de la puerta, a las manos de su tripulación que lo estaba esperando. Cuando se giró, encontró a Bella encaramada sobre el regazo de Jasper.

—He decidido llevarlos a todos con nosotros —dijo ella, su brillante sonrisa resplandeciendo como un arco iris.

Su tripulación sonreía abiertamente mientras él tomaba asiento en la parte delantera.

—Ven aquí, Isabella —dijo entre dientes.

Él la observó en el espejo. Los ojos de ella se dilataron, y luego sus cejas descendieron en un fiero ceño.

—Estoy perfectamente cómoda.

—Jasper, si en dos segundos ella no sale de tu regazo y tu mano no está apartada de su cadera, voy a matarte.

Jasper no pudo apartarla lo suficientemente rápido.

Bella alisó con una mano la parte trasera de sus pantalones y dio un paso entre los asientos. Se tomó su tiempo para situarse de costado sobre su regazo. Para cuando se hubo acomodado a su gusto, la verga de Edward estaba tiesa como un atizador.

—¿Qué demonios te pusiste? —preguntó, advirtiendo por primera vez los pantalones negros que se ajustaban como una segunda piel, y el suéter de cuello alto.

—Esto es todo lo que tenía que podía llevar para esconderme entre las sombras. Tenemos que escabullirnos a bordo de la nave cuando el sol se ponga.

—¡Oye, que estás sobre mis pelotas! —bramó él.

Bella dio un respingo.

—¿Es que tienes que gritarme? Estoy bien aquí.

Edward tomó un profundo respiro y comenzó a contar.

—Tu cara se está poniendo roja.

—¡Ejem! —Emmett se aclaró la garganta—. Ha llegado el momento de que te quedes quieta, Bella.

—Estoy sobre mis p…

—¡Isabella! —la advirtió Edward.

—Está bien —resopló ella—. Te estoy salvando de un destino peor que la muerte, y esto es todo el agradecimiento que obtengo.

—¿Salvándome? Yo estaba salvándome a mí mismo y a mi tripulación hasta que estuviste cerca de acabar con mi vida con tu maniobra de conducción kamikaze.

—Pero yo no estaba conduciendo —dijo ella, con los labios apretados.

—Entonces ¿Quién demonios era?

—Bree. La había conectado.

Edward sintió un tic nervioso en la esquina de su ojo.

Él cubrió sus manos entrelazadas con la suya y las apretó, una amenaza no tan sutil para que ella se comportara.

—Ahora, me dirás de qué se trata todo esto.

—No diré ni una palabra más. —Ella inhaló por la nariz y fijo su atención en la carretera que se hallaba frente a ellos.

—Lo harás, amor, o te pondré sobre mi rodilla.

Su barbilla se elevó aún más, pero su pecho subía y bajaba más aceleradamente.

Interesante.

Él se inclinó aún más para susurrarle al oído.

—Te daré unas nalgadas en tu culo desnudo delante de toda mi tripulación si no comienzas a hablar ahora.

Ella lo observó de forma cortante.

—No te atreverías.

—Ponme a prueba, cariño —sonrió él.

—Necesito a Bree —dijo ella.

—No regresaremos por ella.

Bella señaló con la cabeza por encima de su hombro.

—Está justo detrás de nosotros.

Él miró hacia el cielo, rogando por paciencia.

—¿En qué bolsa?

—¿Bree está en una bolsa? —preguntó Emmett, con expresión consternada—. ¿Qué hiciste, amor? ¿La cortaste en trozos?

Emmett le miró encolerizado.

—¿Cuál es la condenada bolsa?

—La pequeña rosada. Es el estuche de ella.

—Jasper, alcánzale su maldita bolsa.

—Sí, capitán.

—Sé cuidadoso con Bree —gritó Bella, logrando alcanzar el estuche.

Edward divisó una pequeña caja que lucía como esas que las mujeres portaban con su maquillaje. Bella presionó un botón que se hallaba en el costado, y se alzaron los paneles.

—¡Guau! —La voz de Bree sonó desde los pequeños altavoces, ubicados debajo de los paneles—. Veo que Bella te alcanzó justo a tiempo, contrabandista.

—¿Qué es eso acerca de mi nave? —gruño Edward

—Pienso que debo haberme dañado en el camino. —Ella tosió—. Necesito suspender mis operaciones temporalmente para accionar un poco de mantenimiento.

—¡Bree! Suelta la lengua.

—No hay necesidad de gritarle —dijo Bella—. Solamente está tratando de ayudar. Aunque ahora, estoy pensando que he cometido un gran error de juicio. ¡No hay forma de que pudiese amar a alguien tan terco e irascible como tú!

Edward se quedó quieto.

—¿Me amas, Bella?

Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas.

—¡Mierda!

—¡Capitán! —Gritó la tripulación entera.

—Lo siento. —Él ahueco su mejilla con la palma de su mano—. Únicamente piensas que me amas, Bella. No soy hombre para ti.

—Soy una mujer adulta —dijo ella, con fiera cólera en sus ojos—. No te atrevas a decirme que no sé lo que siento. Estoy sacrificando todo lo que poseo, todo lo que soy, por ti.

Edward rozó el labio inferior de ella con su pulgar.

—¿Y si te pido que te vayas a casa y te olvides de mí?

Los ojos de Bella se cerraron y le besó la yema de su pulgar.

—No me iré —dijo con su voz quebrándose. Abrió los ojos y lágrimas corrieron por sus mejillas—. No puedo.

Él asintió con la cabeza y la acercó hacia su pecho. Su corazón estaba tan lleno que temió hablar a través del nudo que tenía en su garganta, al menos mientras su tripulación estuviese escuchando tan atentamente. Mejor esperaba a decirle a ella cómo se sentía más tarde.

—Capitán ¿La nave? —preguntó Emmett discretamente.

Bella se apartó del pecho de Edward y se secó las lágrimas de sus mejillas con el dorso de la mano. Se giró en redondo hacia Emmett.

—Bree te dirá a dónde ir.

—Ya lo hice, jefa —dijo Bree en voz baja.

Las cejas de Emmett se alzaron juntas.

—Eso significa que es la misma…

Edward movió su cabeza negativamente para silenciar a Emmett. Bree se traía algo entre manos. Estaba llevándolos hacia La Tua cantante, la misma nave que ella le había informado a Bella que iban a robar. No quería que Bella se alterara aún más por causa del juego de Bree.

—¿Qué es un Robot del Placer?

Si los brazos de Edward no hubieran estado ocupados con bella, le daría a Emmett un puñetazo.

Bella se puso rígida como una columna y su cara perdió el color.

—Al parecer yo esperaba que no repararais en eso.

—¿Cuál es el problema, amor?

Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas nuevamente.

—No sé cómo decirte esto Edward. Vosotros no sois contrabandistas.

—¿No lo somos?

Ella asintió tristemente.

—Vosotros sois robots. Habéis sido programados con recuerdos y personalidades individuales, y para pensar que son reales. No quería que lo supieras.

—¡Br…eeee! —dijo él, rechinando los dientes.

—Ahora no vayas a darte aires de suficiencia conmigo, Eddy. Si tú no hubieras forzado la entrada de su casa en primer lugar…

—¿Forzaste la entrada de mi casa? —la cara de Bella mostraba su confusión.

Edward se encogió de hombros.

—Sí, estaba huyendo. Te lo dije.

—Pero eso era sólo parte del guión que Playthings construyó para ti.

—Bree, ¿con qué clase de mentiras has estado alimentando a esta chica?

—No te enojes con ella —dijo Bella, el color regresaba a su cara con intensidad.

—No soy un condenado robot. Tampoco lo son mis hombres. Díselo, Bree.

—Bells, cariño. Está diciendo la verdad. Tu Robot del Placer no había sido devuelto a la tienda. Cuando Edward irrumpió ilegalmente, la situación se presentó por sí misma…

—¡Construiste esta historia para salvar tu lamentable trasero! —dijo Bella, sintiéndose como una tonta—. Tenías miedo de que formateara tu disco duro. Bree ¿Cómo pudiste? ¡Me entregaste a un total extraño!

—Hice lo que había que hacer. Te di tu fin de semana de placer.

—Me manipulaste. —Ella miró a Edward—. Ambos lo hicisteis. —Luego luchó por ponerse en pie—. Paren la furgoneta. Paren ahora. ¡Quiero bajar!

Edward apretó sus brazos alrededor de ella.

—No te irás a ningún lado. Emmett, llévanos a la nave. Lo resolveremos una vez que estemos a bordo.

—¡Sí, Capitán! ¡Ella pensaba que éramos Robots del Placer! —Su boca hizo una mueca en las comisuras—. Me han llamado de muchas maneras…

—¡Emmett!

—¿Sí, capitán?

—Recuérdame que te pase por la quilla más tarde.

Bella envolvió sus brazos alrededor de sus rodillas y apoyó su barbilla sobre ellas. Había sido encerrada en el camarote de Edward por lo que parecían horas, mientras él y su tripulación se ocupaba de sus asuntos, trasladando furtivamente el cargamento a bordo y preparándose para el lanzamiento.

Edward no había dicho ni una sola palabra tras dejarla en brazos de Emmett con órdenes de sentarse encima de ella si trataba de huir.

Se preguntó por qué él estaba tan molesto. De ninguna manera podría querer a una idiota como ella.

Bella escuchó un grito amortiguado y fijó su mirada en la caja que estaba sobre la cama junto a ella. No había abierto los paneles de Bree. La traidora podía cocerse en su propia salsa mientras tanto. Había arruinado su vida.

Bree gritó otra vez.

Bella suspiró y alcanzó a empujar el botón para alzar los paneles.

—¿Qué quieres?

—Conéctame.

Ella sacudió su cabeza, no importaba que Bree no pudiera verla sin su red de monitores.

—Permanecerás alejada de los problemas. ¿No has causado bastantes ya?

—Pobre bebé. Te di un hombre al que puedes amar, y ¿esa es la manera en la que me lo agradeces?

—Me engañaste. Se suponía que estabas para servirme. —Las palabras le sonaron inapropiadas—. Pensaba que eras mi amiga —corrigió.

—Lo soy, jefa. ¿Pensaste que lo hice únicamente para evitar un reinicio?

—Mira, si Edward hubiese sido otro tipo de hombre, lo habría notificado a las autoridades en el momento en el que mis sensores se activaron. Pero lo chequeé y realmente se ajustó a tu perfil.

Bella gruñó.

—Nunca pensé que se ajustara a mi perfil. Pero confiaba en que me cuidarías. ¿Piensas que me habría sentido atraída a él, dejándole que me poseyera tan fácilmente, si yo hubiese sabido que era un hombre real? Eso fue únicamente porque…

—Pensaste que tenías todo el control —dijo Bree—. Creíste que lo habías comprado… únicamente por un fin de semana. El domingo, si él hubiese sido el robot, lo habrías devuelto y continuarías con tu vida de siempre.

Bella sintió que frunciría el ceño otra vez.

—No siempre quiero tener el control.

—Eso lo sabes ahora —dijo suavemente Bree—. Si Edward hubiera sido una cosa real nunca te habrías enamorado.

Bella sintió su rostro tensarse. ¡Maldición! No iba a llorar.

—¿Porque nunca tuve intención de abrir mi corazón a alguien? ¿Eso es lo que estás diciendo?

lo dijiste. Cada vez que has tenido algo mínimamente serio, cubriste todas las bases… firmas pre-acuerdos de convivencia, depósitos sobre las llaves de la puerta, control de la natalidad…

La cabeza de Bella se levantó rápidamente.

—Te encuentras condenada y horriblemente calmada. Dime, no dejaste caducar tu receta médica.

—Pensé que no la necesitaba —dijo ella sintiéndose ya con náuseas—. ¿Por qué no me lo recordaste? Es tu trabajo ser regañona. —Bella golpeó su frente contra sus rodillas—. ¡Estúpida!

—Te lo recordé, pero no puedo llevarte a la consulta del doctor por tu inyección. Y odio decirte esto, ¡Estás ovulando…!

Bella se soltó las rodillas y salió a toda prisa fuera de la cama. Era difícil gritar sentada.

—Lo sabes todo acerca de mí —recriminó Bella—. ¿Cómo podrías no saber que no fui?

—No vas a tomar ninguna responsabilidad por tus acciones ¿No? ¿Es culpa mía que no te molestaras en ir a la consulta del doctor? ¿Es culpa mía que no seas feliz ahora? ¿Eh?

—¡Has acertado absolutamente! —Bella se paseaba de un lado al otro en frente de la cama. Gritar se sentía bien… al infierno con los sentimientos de autocompasión—. Me permití hacerme dependiente de ti… ¡Eso es completamente culpa mía!

—No era aquí adonde yo quería llegar con esto —replicó Bree.

—¡Mala Suerte! —se pavoneó Bella. Bree había pensado que ella aún podía doblegar su pensamiento—. No voy a permitir que me manipules con otra de tus estupendas, y precipitadas, ideas.

—Yo estoy fuera de todos tus planes, cariño. Ahora es tu decisión. La única cosa que tienes que preguntarte es si todavía quieres a Edward.

—¿Cómo demonios voy a saberlo? Me llevaste al huerto para que pensara que me estaba enamorando.

—¿Y ahora estás teniendo dudas?

—¡El hombre forzó la entrada de mi casa!

—Entonces ¿Qué es un pequeño allanamiento de morada? Lo amaste cuando pensabas que era biónico.

—Según tú, lo amaba porque era biónico… y yo tenía el control.

—¿No debes descubrir por ti misma si lo que sientes es real?

Bella detuvo su paso.

—¿Qué hay de él? Acaba de enterarse que mi computadora personal nos embaucó a ambos. ¿No piensas que él podría tener algún problema con esto?

—Tal vez. Pero fíjate que eso no lo ha frenado para traerte con él.

—Él simplemente podría estar esperando hasta el último minuto para deshacerse de mí sobre la pista de despegue de tal manera que yo no llame a las autoridades.

—Nop. Estamos preparándonos para despegar.

—¿Cómo puedes decirlo? No estás conectada.

—Puedo detectar un cambio en la vibración. Los motores ya están activados.

Al escuchar esto, Bella se relajó un poco. En realidad Edward no pensaba dejarla atrás. Aunque él estuviera enojado, ahora tenía tiempo para pasar con él y averiguar si el amor que ella sentía era mutuo.

Él no había dicho esas palabras. Ella las necesitaba.

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Esward se detuvo afuera de la puerta de su camarote.

Recordando lo que Bree le había dicho acerca de que la desnudez rompía barreras, se quitó la camiseta por la cabeza, se sacó las botas con las puntas de los pies, y se sacó los pantalones.

—Es fácil ver lo que hay en tu mente —dijo Emmett, apoyado contra la pared del corredor con su mirada en la ingle de Edward.

—Te encargué que nos sacaras de aquí —dijo Edward, entrecerrando sus ojos a su amigo de otros tiempos—. ¿Por qué no estás en cubierta?

—Olvidé mis píldoras contra el mareo ocasionado por el movimiento. Recuerda, los despegues tienden a hacerme vomitar. —Agitó una mano en su dirección—. ¿Hay alguna razón por la cual te estés quitando la ropa en el pasillo antes que en tu camarote? ¿Planeando sorprender a tu chica?

—Métete en tus condenados asuntos —gruñó Edward.

—Si quieres algún consejo...

—¿De ti? ¿Quién te hizo un experto?

Emmett alzó ambas manos en señal de rendición.

—Sólo una observación de alguien con un poco de objetividad… ella está un poco avergonzada por todo el asunto… ya sabes, pensando en que éramos robots del placer. —Su boca se expandió ampliamente y se rió entre dientes.

—Lamento esto. —Entonces bufó y le dio la espalda—. Dame un minuto —dijo, sosteniendo en alto su mano. Su espalda temblaba por la risa.

Finalmente, Emmett se controló y lo encaró otra vez.

—Tienes que admitirlo —dijo, enjuagándose unas lágrimas de los costados de sus ojos—. Es condenadamente divertido que alguien te haya tomado por una cosa por la cual una compañía hubiese gastado un montón de dinero para su desarrollo.

—Te diré algo acerca de la chica que tienes allí —dijo Emmett, su cara tornándose seria—. Ella pensaba que eras especial..

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no hay disculpa por la desmora... pero la universidad me agota¡ ahora estoy de vacaciones y solo queda un capitulo mas el cual sin falta subire mañana :D