Hoy es…¡rayos! 14 de Agosto (¡Ah, genial! Es el cumpleaños de un amigo n_n). De verdad perdón por no haber actualizado antes, éstas son cuatro simples razones:

1. Mi cerebro aún estaba en recuperación. ¡Y todo por culpa de mi sobrino de 9 años! Jugó wii seis días en mi casa sin parar…y ahí estoy yo también y ¡ya me tenía harta! ¡¿Quién quiere un wii?! ¡Es rojo! Es más…¡¿quién se lleva a mi sobrino?! (les doy su domicilio xD).

2. Mi laptop estaba en el hospital y me rehusaba a usar la PC o computadora de escritorio, como quieran llamarla (¿Por qué? ¡Porque esa cosa es prehistórica! Bueno, no tanto, pero una tortuga camina más rápido…).

3. Como mis vacaciones de verano terminan, me puse a hacer otras cosas en las que me enfoqué más.

4. Amm…tenía otra razón…¿cuál era? ¡Ah, sí! Estuve armando dos nuevas historias, one-shots (espero) y próximamente les daré noticias de ellos.

Bueno, creo que es todo…hehehe…^^

Disclaimer: Todo lo relacionado a Naruto es propiedad del gran Masashi Kishimoto.


Capítulo 9: Y después del entrenamiento.

El sol había salido hacía un par de horas. El clima estaba hermoso, típico de la región. Grandes nubes blancas cubrían una parte del cielo tremendamente azul. La brisa salada refrescaba el cálido ambiente. Y varias gaviotas revoloteaban sobre las aguas azules, en busca de comida.

Sí, todo parecía tan calmado y plácido, hasta que…

—¡Todos despierten ahora!

Tsunade había entrado derribando la puerta de la habitación de los chicos. Muchos gritos se escucharon y varios shinobis terminaron en el suelo. El pelirrojo entró por una ventana al escuchar el escándalo.

—¡No, zombies! ¡No se coman mi cerebro! –y Naruto cayó de bruces—. Creo que me rompí la nariz…

—¿Qué rayos está pasando? –Sai se incorporó en su cama.

—Por cierto…¿quién arregló la puerta desde la última vez que Sakura la demolió? –inquirió Lee igualmente en el suelo.

—Olvida eso –intervino el marionetista—. Tsunade—sama, ¿a qué se debe esto? –trataba de no perder los estribos.

—¿Algo pasó? ¿Hay alguna misión? –el Hyuuga se puso alerta.

La rubia simplemente negó con la cabeza.

—Me había hartado de sus ronquidos. Se oían hasta nuestra habitación.

A Chouji comenzó a darle un severo tic nervioso en el ojo.

—Gracias por hacer que mis probabilidades de infarto sean mayores.

—¿Sólo nos despertó por eso? –inquirió Shino.

—No –respondió la Hokage—. Por eso y por el hecho de qué son las once de la mañana.

—¡¿Qué?! –exclamó el Inuzuka—. ¡¿Cómo puede ser tan tarde?!

—Recuerda que ayer casi morimos –respondió Shikamaru—. No por mal dormimos tanto.

—En ese caso, ¿por qué no despertó primero a las chicas? –el rubio subió nuevamente a la cama y se cubrió el rostro con una almohada.

Tsunade se retiró un poco de la puerta, mostrando a kunoichis somnolientas, despeinadas y cansadas. Entre ellas, la pelivioleta estaba recargada contra la pared con los ojos cerrados.

—Aún así –habló Gaara—. No veo el problema en que siguieran durmiendo hasta tarde.

—Bueno, si nadie quiere desayunar y mejor esperarse hasta la hora del almuerzo… —siguió la Godaime.

Muchos se levantaron automáticamente.

—¡¿A qué horas se acaba la comida?! –inquirió el pelinegro.

La mujer miró hacia su reloj de muñeca.

—En unos…quince minutos.

—¡Maldita sea! –Kankuro se levantó en busca de una camisa.

En menos de un minuto, todos los chicos estaban listos. Tsunade se fue junto con Shizune.

—No sé si tengo más hambre, cansancio o sueño –dijo el del expándex blanco.

—Todos nos preguntamos lo mismo –respondió la Haruno mientras empezaban a caminar en dirección al restaurante.

—Haruka…¡Haruka! –Temari movía bruscamente a la Hayashi.

—¿Eh? ¿Qué? Yo lo mato –y soltó un puñetazo al aire.

La mayoría la miraron.

—Perdón, perdón –contestó recobrando la cordura—. Me faltaron horas de sueño.

—A todos… —murmuró el ojiperla.

-o-o-o-

Los shinobis vestían prendas frescas (a excepción de Lee…). Poco después, llegaron a desayunar. Se sentaron todos juntos en una gran mesa. El lugar seguía repleto de grandes cantidades de alimentos.

—¡¿Hay tan poquita comida?! –exclamó Naruto.

—Éste ya está ciego –dijo el Nara.

—No puedo creer que haya pizza a estas horas –se asombraba Tenten.

—¿Qué tiene de malo? Me importa un pepino qué comida sea, necesito alimentarme –habló Kiba.

—¡Jajaja! ¡Un pepino! ¡Porque se refiere a comida! ¡Qué gracioso! –y los demás vieron a Lee, que continuaba sumido en risas.

Una mujer alta, con cabello en tono verdoso, y de complexión delgada, se acercó a los chicos.

—¿Qué desean que les traiga? –preguntó con una libreta y pluma en manos.

Todos comenzaron a hacer pedidos, y la mesera se esmeraba en escribir lo más rápido posible.

—Disculpe… —habló el Akimichi—. No sé que sea esto, pero quiero una tembladera de huevo al golpe de calor con espejo de caramelo.

Y ahora…todos dirigieron sus ojos hacia Chouji.

—¿Qué? Aquí dice eso –señaló en el menú.

—Bien, una pizza grande, 2 órdenes de hot cakes… —repasaba la mujer los pedidos.

—Y pidieron la pizza… —murmuraba una rubia.

—C-Creo que no será tan malo, Ino —le dijo la Hyuuga.

—3 omelettes, 4 órdenes de chilaquiles, 2 tostadas francesas, 3 órdenes de quesadillas y 2 panqués de vainilla. Por cierto, ¿cómo quieres tus huevos? –preguntó dirigiéndose al Uzumaki.

—Con mucho amor… —respondió el rubio recibiendo un golpe por parte de la pelirosa.

—Digo…con jamón y tocino…

La mujer asintió.

—Bien, y de beber, 6 vasos de jugo de naranja, 2 de zanahoria, 3 de lima, 2 vasos de leche y 2 cafés. En seguida regreso –y la peliverde se fue.

El portador del Kyuubi se cruzó de brazos mientras cerraba los ojos y asentía levemente con la cabeza.

—¿Qué sucede, Naruto? –inquirió la pelirosa.

—Yo tengo cuatro preguntas –comenzó a hablar—. Número uno. Gaara, ¿no vas a comer nada o qué?

—Ya lo hice hace un par de horas –respondió el pelirrojo—. Cuando todos estaban dormidos. Vine con Tsunade y Shizune.

—Bueno… —continuó el rubio—. Número dos. Shino, ¿dónde rayos dejaste a tus insectos? ¿Y nunca te quitas tus gafas? –cuestionó, ya que el Aburame vestía sólo con una camisa ligera y unos shorts.

—Naruto-kun, técnicamente ahí ya son dos preguntas –dijo Lee.

—Cállate, ya sé contar –reclamó el Uzumaki,

—Mis insectos están en la gabardina que usualmente traigo –contestó el chico—, colgada en uno de los roperos del cuarto.

—¡¿Qué?! –exclamó Kiba.— ¡Shino! Si alguno de tus insectos se mete en mi ropa interior, te voy a matar.

—Eso no pasará. Y mis gafas –continuó el Aburame—, me las quito sólo para dormir, pero ya las traigo puestas para cuando todos se levantan.

Naruto entrecerró los ojos.

—De acuerdo. Número tres. Kankuro., ¿nunca te quitas esa pintura morada de la cara? La has traído desde que llegamos.

—No me quitaré mis líneas sólo por el hecho de que estemos en la playa –respondió el marionetista—. Sigo siendo un shinobi de la Arena. Además, me quiero evitar "incidentes" –dijo haciendo comillas con los dedos y dirigió su mirada a la Hayashi.

—La, la, la, la –tarareaba la pelivioleta mirando al techo.

¿Qué ocurrió? –cuestionó Sai.

—Pues verás… —el mediano de los Sabaku No recordaba—. Una inteligente kunoichi no me reconoció y casi me mata con el abanico de Temari, juzgándome de ladrón.

—¡Ya te dije que no fue mi culpa! –y Haruka se cruzó de brazos.

—Y… —siguió Naruto cambiando el tema—. ¿Acaso te vas a meter a nadar con ella?

—Naruto-kun, esa también es otra pregunta –dijo Lee.

—¡Ah, que te calles!

—Puedo usar pintura indeleble –contestó Kankuro.

—¡Ja! ¡Lo sabía! –exclamó el Inuzuka—. ¡Sabía que te robabas el maquillaje de Temari!

La Sabaku No y la pelivioleta rieron por lo bajo y el marionetista se golpeó duramente en la frente.

—¡Que no es maquillaje de ninguna chica!

—Bueno, bueno. Número cuatro y última pregunta. Chouji, ¿qué rayos fue lo que pediste para desayunar? ¿Temblor de calor o qué?

—Tembladera de huevo al golpe de calor con espejo de caramelo.

—¿Realmente te lo aprendiste? –se sorprendió el Hyuuga.

—¿Y qué se supone que es? –preguntó Hinata.

—No lo sé –indicó el Akimichi—. Pero sonaba delicioso.

Minutos después, varios meseros repletos de platos llegaron con los shinobis, dando los platillos pedidos por cada uno. Al final, colocaron un pequeño postre en el lugar de Chouji.

Todos miraron el famoso alimento.

—Esa cosa…¡¿es un flan?! –gritó Tenten.

—Así es –respondió la mujer que anteriormente los había atendido—. Su compañero me pidió uno –y apuntó al Akimichi.

—Chouji…pediste un flan… —decía la Yamanaka.

—Ya lo noté. ¡¿Por qué simplemente no ponen "flan" en el maldito menú?! Además…¡esa cosa es diminuta! ¡¿Qué les pasa a esos chefs?!

—Esto es problemático –dijo el Nara—. Cómete eso y toma una rebanada de pizza.

—¿Se las parto?* —se acercó la mesera.

—No, nada más rebane la pizza por favor –se burló Naruto y recibió otro golpe por parte de su compañera de equipo.

—No tenías por qué hacer eso…Sakura-chan…

-o-o-o-

Después de haber comido, todos se dirigían a duras penas a sus habitaciones. El cansancio no se había esfumado ni en una mínima parte.

—Entonces, ¿qué haremos? –preguntaba Sai—. ¿Ir a la alberca o a la playa?

Y al fin se decidió la suave arena y un conjunto de olas.

Los shinobis se dispersaron para ponerse algo de ropa adecuada.

-o-o-o-

—¡Pachoncito! –el del expándex entró corriendo a la habitación.

—¿Pachoncito? –preguntaron los demás al unísono.

Lee levantó un oso de peluche blanco del suelo y lo colocó delicadamente sobre su cama.

—Lee…dime que no acabas de hacer lo que vi –se lamentaba el Hyuuga.

—¿Qué? Es mi amado osito, es tan lindo –la bestia blanca lo abrazaba con ternura.

—Kankuro, dime qué hago aquí con ellos –le dijo su hermano menor.

—Lo mismo me pregunto, Gaara. ¿Crees que lo noten si nos deshacemos de él?

—No sé lo que planean, pero los apoyo –les contestó el Inuzuka.

—Por cierto Kiba –dijo Shino—. ¿Y Akamaru?

—Amm…no lo sé…

—Y eso que es su perro –Naruto miró hacia el suelo—. ¿Um? ¿Qué es esto? –y el rubio levantó un sobre del suelo.

—¿Una carta? –inquirió Shikamaru leyendo el destinatario—. ¿Rock Lee?

—Un momento, ¿quién volvió a arreglar la puerta? –cuestionó el Aburame.

—Oi Lee –interrumpió el Akimichi ignorando el comentario del domador de insectos—. Te llegó una carta.

El del expándex la tomó entre sus manos, oliendo el dulce aroma que desprendía el papel.

—¡He recibido una carta! –exclamó.

—Sí, creo haber dicho eso hace unos segundos –replicó Chouji.

—¡Es de una mujer! ¡Y me ama! –seguía el chico.

—Ahh, ¿qué dice tu mami? –le preguntó el marionetista.

—No es de mi mamá –Lee seguía oliendo la carta.

—Bueno, ¿qué dice Gai-sensei? –indagó el kage.

—¡Gai-sensei no es mujer! –reclamó el del expándex.

—Cálmate Lee –le dijo el Hyuuga—. Es que desde que usas los calzoncillos de tu prima y cargas con ese "osito", ya se puede pensar cualquier cosa.

—Pues no –contradijo—. Es de mi novia.

—¡¿QUÉ?! –exclamaron todos al mismo tiempo.

—La posibilidad de que Lee tenga novia es de…cero –comenzó a decir el Nara—. Y sólo encuentro tres respuestas lógicas: que sea su novia imaginaria, que haya vuelto a besar al trapeador o "trapeadora" de su casa o que Gai-sensei se haya vestido de mujer.

—¡Ya les dije que no es de Gai-sensei! –objetó nuevamente la bestia blanca—. ¡Es de Kristen! ¡Mi novia de Konoha!

—¡¿QUÉ?! –volvieron a gritar todos.

Naruto tomó rápidamente la carta, escrita con tinta rosa y letra cursiva, con las "i" adornadas con corazones en vez de punto. Sai sacó una lupa (no sé de dónde) y observo detenidamente cada palabra.

—¡Maldición! ¡Sí lo escribió una chica! –y casi se desmaya.

—Pensé que Lee era del otro bando –murmuró el Uzumaki.

—Yo opino que todos lo creíamos –Kankuro estaba con los ojos muy abiertos.

Poco después de la sorpresa, los shinobis se pusieron diversos trajes de baños que llegaban a la rodilla, la mayoría con diversos colores y estampados. Por último…apareció Lee.

—El hecho de que tenga novia…no significa que deje de estar mal de la cabeza –aclaró el Hyuuga.

—Hasta un chango lo habría adivinado –contestó el pelirrojo.

—¿Acaso vas a ir a nadar con eso puesto? –preguntó Kiba viendo al chico vestido con un expándex verde, idéntico a los otros.

—Éste está diseñado especialmente para realizar actividades dentro del agua.

—Kami-sama, ¿por qué nos torturas? –Shikamaru miraba hacia el techo.

—Déjenlo que se ahogue –dijo Shino—. Vámonos ya.

—Si se ahoga, Tsunade-sama nos matará –contestó el Akimichi.

—Neh, no lo creo, no sería tan problemático.

—Creo que hasta le haríamos un favor. Nos lo haríamos a todos –y el rubio salió por la puerta.

-o-o-o-

—Todavía no puedo creer que mis piernas se muevan –dijo Sakura pensando que para esas horas, estaría tirada sobre su cama.

—A mí me duelen todos los músculos –contestó la de las cuatro coletas sobándose las pantorrillas.

—Yo no dije que no me dolían –repuso la pelirosa.

—¿No estás cansada después de esa carrera, Haruka? –Tenten la miraba asombrada.

—No realmente, pero sí tengo sueño –contestó la pelivioleta quitándose la camisa.

—E-Etto, yo iré a cambiarme al baño… —murmuró tímidamente la .

—Por favor, Hinata –habló la Yamanaka—. Somos mujeres. Lo aterrador sería ver a Tsunade-sama desnuda.

—Maldición…tendré un trauma por tu culpa –Sakura trataba de borrar imágenes triple x de su cabeza.

Minutos después, las chicas también estaban listas. Bolsas repletas de accesorios las acompañaban, y todas vestían bikinis igualmente, de diferentes colores y diseños.

La Hyuuga realmente no quería salir.

—Vamos Hinata –Temari la jalaba un poco del brazo—. Verás la expresión que Naruto va a poner cuando te vea.

—P-Pero y-yo…no sé si…

Sin embargo, al final la hicieron salir. Al otro lado del pasillo, se encontraban los shinobis, esperando por las chicas.

—Hasta que se dignan a aparecer –dijo Naruto—. Llevábamos espe…

El Uzumaki no pudo terminar su frase. Al igual que muchos otros de sus amigos, estaban viendo estupefactos a las kunoichis, sumidos en sus propios pensamientos. Varias chicas sonrieron de lado.

—¿Nos vamos a ir o se quedarán mirando? –inquirió Haruka—. Si quieren les puedo traer un balde para que no babeen el suelo.

Los muchachos recobraron la cordura.

—Hmp –Sai se aclaró la garganta—. Sí, vámonos.

Y comenzaron a caminar con dirección al hermoso mar.

—Qué te dije Hinata –la Sabaku No la codeaba—. A Naruto casi se le salen los ojos.

—N-Naruto-kun… —la Hyuuga se ruborizó tremendamente.

-o-o-o-

—Las chicas se ven muy bien –decía Lee por el otro lado.

—S-Sí…muy bien –Kankuro repitió sus palabras mirando hacia otro lado.

—Oi…¿por qué Lee trae puesto esto? –inquirió Ino mirando al del expándex, interrumpiendo los pensamientos de los chicos.

—Por demente –le contestó el Hyuuga.

—Creo que su cerebro ya se afectó seriamente –dijo Tenten.

—Un chango te lo podría haber dicho –repuso el pelirrojo.

—¿Y tú que traes con los changos? –le preguntó su hermano.

—Sólo quiero resaltar lo que es obvio hasta para los animales –contestó Gaara—. En este caso, los changos.

—Si preguntan, no lo conocemos –Kiba se alejó un poco.

Finalmente, todos llegaron a la hermosa playa.

—Que la diversión…¡comience! –y la Haruno comenzó a correr en dirección de las sillas de playa, mientras sus amigos la seguían por detrás.

Continuará…


*Se las parto. Este…es un término grosero de… "Les parto su madre", que en este caso significa "proporcionar una paliza". Hehe…disculpen la expresión.

¡Ay, esos finales! ¡Asco, asco, asco! Bueno, ya pasó. Nuevamente me disculpo por no haber actualizado antes y a partir de hoy, comenzaré a actualizar los domingos. Espero poder hacerlo, ya que mañana entro a la escuela (¡¿Por qué?! ¡¿Por quééééééé?!) y tal vez no tenga mucho tiempo de escribir, pues me dejan mucha tarea incluso en la primera semana u_u. Y hablando de los fics de los que les escribía al principio, serán unos one-shots dedicados especialmente a Gaara (*¬*) y espero darles noticias la siguiente semana, por si los quieren leer.

¡Arigato gozaimasu to sayonara! (¡Quiero estudiar Japonés! T.T).