Al fiiiiiiiin! Mil perdooones! Mi ordenador se murió de viejito, así que me regalaron uno por reyes, pero no iba. He estado todas las fiestas sin ordenador, hasta que hoy por fin mi papá lo fue a buscar a la tienda de informática. Es tan liiiindooo mi nuevo compu! Lamento mucho el retraso, de veras. Espero que este capi les guste! En compensación subiré dos hoy, y otro el sábado!
La historia se situa en el sexto libro, por lo que habrá algunos spoilers.
Disclaimer: todos los personajes y lugares le pertenecen a J.K. Rowling, yo solo los uso porque tengo demasiado tiempo libre.
Parejas: la principal sera Harry/Draco. Lucius/Narcissa; Blaise/Pansy; Severus/Remus; Ron/Hermione
Aclaraciones: - diálogo; -"pársel"; -[Hechizos] ; -#pensamientos#.
Capítulo 8
- No es así, Harry?
Draco y Severus sintieron como su mundo se deshacía bajo sus pies. Ahora todo tenía sentido. Pero no podía ser, no podía ser Harry Potter.
-Ajá- contestó el chico sin dejar de maltratar a la pobre rata.
- Oh, vamos Harry, deja de jugar. – El chico de ojos verdes se levantó, mostrando su rostro y matando las pocas esperanzas de los dos Slytherins. Clavó su mirada en la rata ,que huía deprisa, soltando un gruñido. – Tranquilo, Harry, hay muchas de esas por aquí, aunque creo que tú quieres una en particular, no es así?
Harry sonrió de forma perversa, encarando por primera vez a Tom.
- Sólo practico antes de hacerle entender a ese gusano que nunca debió traicionar a un Potter.
- Sabes que no me opongo a tu pequeña venganza, es tu recompensa por lo bien que trabajas, pero hoy tienes otra misión, e irás con Draco. Es en Kengsinton, en Riverside nº10. Quiero que los mates a todos. Es la primera misión del joven Malfoy, así que enséñale como debe hacerlo, serás su mentor. Severus os acompañará para llevaros luego a Hogwarts.
- Muy bien – respondió Harry tranquilamente.
- Tal vez mañana también debas venir – le dijo Tom, excluyendo ahora a los otros dos de la conversación, aunque podían oírla perfectamente.
- Bufff, pero mañana tengo entreno de quidditch, y un montón de ensayos atrasados…
- Eso son solo escusas para irte Merlín sabe dónde y con quién, así que te quiero aquí en cuanto acabe el entreno.
Harry no era tonto, y aunque sabía que su trato con Tom era mejor que el de los demás mortífagos, era consciente que tampoco debía jugar con la paciencia del hombre, menos cuando había gente delante.
- Bien, como quieras. Hasta mañana entonces. Aunque seguro habrá reunión de la Orden, así que supongo que llegaré tarde.
SE volteó y se fue con los otros dos. Nadie habló ni dijo nada hasta que llegaron al lugar indicado. Era consciente del par de miradas clavadas en su persona. Sabía que querían respuestas, pero ahora no era el momento. Tenían una misión y debían cumplirla. Su señor no se caracterizaba por ser paciente, precisamente, y él gustaba de ser eficiente en su trabajo.
- Es aquí – dijo girándose para encarar a sus acompañantes - entraremos Draco y yo, usted espere aquí con el traslador listo para activarse en 10 minutos.
- ¿10 minutos? Es demasiado justo –objetó el adulto.
- Es tiempo suficiente, y no podemos demorarnos al partir, no podemos arriesgarnos a ser descubiertos. –su tono de voz fue firme, dejando claro que no aceptaba replica alguna a su argumento, así que Sanpe no pudo hacer nada más que asentir. – Bien, vamos Draco, esto no puede llevarnos mucho rato.
Draco asintió, ausente, siguiendo al moreno. No podía creer como, en unos minutos, su vida se había desmoronado por completo. La única esperanza que lo ayudaba a seguir hacia delante, era el creer que podría conseguir la ayuda de Harry, pero todo el optimismo que le daba el pensar que el plan podría llevarse a cabo, acababa de desvanecerse. ¿Potter era mortífago? ¿Sirviente del Dark Lord? Avanzaba siguiendo a Harry, sin ser consciente de lo que hacía. Él no quería matar a nadie. Tenía miedo. Lo único que quería era salir corriendo, ya le daba igual su orgullo. Sentía sus ojos arder y le picaban por las lágrimas que retenía. Sentía su pecho oprimido, y cada vez le costaba más conseguir que el aire que inspiraba le llegase a los pulmones. La cabeza le martilleaba, las piernas le temblaban… sentía que caería en cualquier momento. Se giró hacia Harry y vio en su rostro tranquilidad, parecía que estaba estudiando la situación. El ojiverde se giró hacia él y clavó su mirada en la del rubio. Suspiró, y Draco pudo ver en sus ojos la lucha interior que sostenía el león. Harry cruzó los brazos sobre el pecho y cambió su peso de pierna mientras se mordía el labio inferior. Parecía indeciso. Al final habló:
- No tienes qué hacerlo si no quieres, y sé que no quieres. Además hay dos niños, cosa que lo hace aún peor. – Draco sintió un escalofría al imaginarse la luz desaparecer en una mirada tan inocente como la de un niño. –Tú solo espérame aquí, yo ahora bajo.
- Pero…
- No te apures, sé como cubrirte. – y dicho eso, se dirigió a las escaleras y las subió con determinación.
El rubio esperó en el recibidor, incómodo. Esperó oír gritos, llantos, pero no se escuchaba nada. Al cabo de dos-tres minutos, Harry bajó. No lucía bien, estaba blanco y sudoroso, y ¿llevaba dos niños en brazos?
- ¿Pero qué coño…?
- Hay que borrarles la memoria. Luego la Orden se encargará de reubicarlos.
Draco no entendía muy bien qué clase de juego era ese, las órdenes eran claras: matarlos a todos. Pero desde luego no iba a oponerse a salvarle la vida a esos dos chiquillos. Al acabar, salieron apurados, iban algo justo de tiempo, y se reunieron con Snape.
- ¿Lo hicieron? – los dos chicos asintieron, y Snape levantó la varita e invocó la marca tenebrosa.
Justo en el momento en que la marca se hubo proyectado en el cielo, los tres tomaron el traslador, que se activó y los transportó a Hogwarts. Segundos después los primeros aurores empezaron a aparecer.
Cuando por fin se sintieron seguros entre las frías paredes del despacho del profesor, Draco soltó un suspiro de alivio y se dejó caer en el sofá. No iba a aguantar esa tensión cada vez, él no había nacido para esas cosas.
- Bien, Potter ,¿hay algo qué quieras contarnos?
- No, señor. – contestó el moreno mientras se deshacía de la túnica. Ignorando al pocionista, fue hacia donde se encontraba el rubio y se sentó frente a este. – Bien, Draco, creo que debemos empezar a montar tu coartada. – el rubio se deshinchó en el sillón, estaba agotado.
- ¿Coartada? ¿Para qué?- preguntó el mayor, sentándose junto su ahijado.
- Yo… no hice lo que me tocaba. –dijo Draco con la cabeza gacha.
- ¿Qué? – inquirió Severus, temeroso. Sabía lo que le iba a pasar si el Lord se enteraba que Draco no había cumplido su misión. - ¿Te das cuenta del lío en el que te has metido? El Dark Lord no va a atender a razones. ¡Nada va a salvarte de un buen castigo, Draco!
- Claro que sí. – rebatió Harry, fijando su mirada en Snape. Luego se giró hacia el rubio y empezó a explicarle su plan. – Bien, para empezar, necesitas otra varita, una que no esté registrada. – explicó, haciendo aparecer una en su mano. – esta es la tuya, el Lord me la dio cuando llegué. Lo que haré, será insertar en tu nueva varita las maldiciones cruciatus i asesina. Así cuando el Lord te la revise, estas serán las que él creerá que tú usaste. Nunca debes usar esta varita si no es para una misión. El hechizo es uno muy complejo y antiguo, tan antiguo que dudo que ni el Lord ni ninguno de sus mortífagos haya oído hablar de él. Lo descubrí de casualidad en la biblioteca de la mansión, donde hay manuscritos muy arcaicos. No creí que fuera a servirme para algo, pero ahora me alegro de haberle echado una ojeada. Llamaré a Kreatcher para que me lo traiga y mañana lo llevaré a cabo.- Draco miraba asombrado a Harry, él no se creía capaz de formar un plan así. – En cuanto a tus recuerdos, el Lord entrará en tu mente para verificar que no le mientes. Lo que haremos es algo muy complejo al principio, pero en cuanto le pillas el tranquillo es mucho más fácil. Se trata de cubrir el recuerdo con un hechizo indetectable. Este hechizo copia el recuerdo en cuestión y te permite modificarlo a tu gusto, mostrándolo de la forma que tú quieras. No podemos simplemente quitarte el recuerdo, porque entonces tendrías que crearlo de cero, eso, además de ser mucho más arduo, puede fallar. Y… creo que eso es todo. – concluyó Harry pensativo. - ¿Tienes alguna duda?
- Eee… creo que no. ¿Cómo ideaste todo eso?¿Cuánto llevas planeándolo?
- Pues se me ocurrió cuando entramos en la cada- dijo Harry sentándose más cómodo- lo de la varita aún no lo he probado nunca, pero lo de los recuerdos lo usó bastante a menudo, así que no te preocupes.
- Bueno – dijo el rubio con un suspiro, relajándose contra el sofá. -¿Así que tú eres el gran espía del Lord? Supongo que realmente es algo que nadie se espera.
- Ahí está la gracia de la sorpresa.
- Has condenado al mundo mágico, Potter – dijo Snape, en un suspiro.
- Ellos se han condenado solos, yo no iba a acabar con la oscuridad del mundo entero. Usted lo dijo, profesor, no tengo nada que me haga especial, no soy más que un mocoso arrogante en busca de fama.
Severus sintió como se le helaba el cuerpo enteró, y quiso morirse en ese momento. ¿Por qué tenía Potter que haberle hecho caso? Él se limitaba a insultarlo y humillarlo pensando que sus palabras ni siquiera le afectarían. La había cagado, Albua iba a matarle, y Lupin iría detrás.
Harry vio como el profesor palidecía, probablemente creyendo que su conversión era culpa suya.
- No se confunda, señor. No lo hice porque usted me robó todas mis inocentes esperanzas con sus mordaces comentarios – dijo el joven con un ligero toque de sarcasmo – Simplemente me ofrecieron un pacto que no pude rechazar.
- ¿Y cuál fue? – le preguntó Draco.
- Ah – iba a responderle, pero no pudo. ¿Por qué se había unido a él? – No lo recuerdo, pero no importa. Me gusta más este bando. Tengo más libertad, y no me esconden cosas. Me tratan como a uno más, no como a un niño.
- Eres un niño.
- Hace mucho que dejé de serlo.- dicho esto se levantó y se dirigió a la puerta. Antes de abrirla se giró – Ve mañana al salón de los requerimientos y llevaremos a cabo el plan. Y usted, señor, procure que Dumbledore no se entere de mi cambio de ideales. Si no, puede escapárseme que es usted el traidor. – le dijo al mayor con una sonrisa cínica. – Buenas noches.
Y con pasos silenciosos, Harry Potter desapareció de las mazmorras hacia la Torre de Gryffindor, dejando a dos hombres con sus esperanzas completamente hechas añicos.
Draco no podía evitar en lo curioso del caso. Él, junto con sus padres y su padrino, había ideado un plan para ganarse la confianza de Potter y que este lo ayudara a salir del lado oscuro. Ahora, Harry Potter era un Death Eather que le estaba ayudando a superar sus misiones sin tener que matar a nadie y que el Lord no el fría el culo. Harry siempre era el centro de sus planes.
- Bueno, al menor está claro que estamos en el bando ganador. – dijo Draco, con su humor negro fruto de la frustración del momento.
- ¿Qué pasó en la casa?
- Nada, Harry simplemente me dijo que esperara a bajo mientras él se ocupaba de todo, y luego bajó…- de repente Draco se levantó al acordarse de los dos niños- Ahora vuelvo.
Y deshaciéndose de la túnica se dispuso a seguir al Gryffindor. Corrió por los pasillos hasta verle a lo lejos. Llegó hasta el chico, que se paró mirándolo, curioso. Draco intentaba recuperar el aire, lo que le llevó un minuto.
- ¿Podemos hablar un momento?
Harry estaba agotado, le había costado más de lo normal concentrarse en la misión, pues su cabeza no podía abandonar el hecho que Draco se encontraba bajando las escaleras. Pero sabía que Draco aún tenía dudas, así que asintió y guió al chico hasta un aula en desuso que había cerca. Selló la puerta y puso complejos hechizos de privacidad. Se sentó sobre una mesa y le indicó que se sentase frente a él.
- ¿Y bien?
- ¿Qué pasó con esos niños? Quiero decir, las órdenes eran claras, ¿no?
- ¿Serías tu capaz de hacerlo? – Harry clavó sus esmeraldas en Draco, que se removió incómodo ante la intensidad de la mirada - ¿Verdad que no? Aunque no lo creas, no soy una máquina asesina. Los niños no son responsables de los actos de sus padres. Sea por el motivo que sea, el cual no me interesa, ellos se han ganado el odio del Lord. Yo cumplo sus órdenes, porque sus rivales son los míos, pero a diferencia de él, yo soy capaz de ver que los niños no tienen culpa alguna. Por eso no los mató, les borro la memoria, para que no recuerden nada y por si tenían alguna información de sus padres, y dejo que la Orden los rehabilite, los integra en una familia muggle y ya está.
- ¿Siempre lo haces? – el moreno asintió – Oh. ¿Por qué?
- Hombre pues, me queda algo de sentido común y-
- No, eso no. ¿Por qué te uniste a él?
- Oh – desvió la mirada, fijándolo en nada, como si buscara un recuerdo perdido. – No lo sé. No… no me acuerdo, la verdad. A veces, no sé, intento recordar cómo empezó todo, pero – comenzó a frotarse las manos, nervioso – no lo recuerdo, sé que hicimos un pacto, que, bueno, que él me ofreció algo, pero ya no me acuerdo. – suspiró. Le dolía la cabeza horrores. – Olvídalo, Draco.
Se quedaron un rato en silencio, simplemente disfrutando de la compañía del otro, cada uno perdido en sus recuerdos.
- Gracias- rompió el silencio el rubio. Ante la cara de desconcierto del otro, aclaró :- por ayudarme.
- Tú no estás con él porque quieras, es un simple método de supervivencia, y lo entiendo, por eso te ayudo. Además, no sé, me sale de dentro. Supongo que algo del espíritu de héroe sigue dentro mío. – dijo en broma para amenizar el ambiente. Draco le sonrió y se levantó para marcharse. Pero otra duda le asaltó.
- ¿Cuándo usas tu el bloqueador de memoria? Es decir, eso significa que le mientes al Lord, no?
- Bueno, no era la primera misión en la que habían niños involucrados, y realmente nunca me vi capaz de hacerlo. Por eso, cuando vi que no serías capaz de llevar a cabo la parte que te tocaba, y la verdad es que tampoco quería que lo hiciese, se me ocurrió el plan. – Draco asintió, conforme - ¿Nos vemos mañana en el salón?
- Sí, sí, claro, sin problema. A última hora tenemos pociones, SLughorn no dirá nada si faltamos a una clase.
- Bien, entonces no vemos a las 15 en el séptimo piso. – dijo Harry, despidiéndolo y retirando los hechizos.
- Vale, hasta mañana.
Harry cerró los ojos y se recostó hacia atrás, apoyando las manos tras su espalda y recargándose en ellos. A Draco esa imagen le pareció realmente sexy, con el cuello de la camisa abierto los 2 primeros botones y mostrando esa piel bronceada. Si saber muy bien que hacía, ni por qué, se acercó hasta Harry sin que este se diese cuenta y le di un rápido beso en la mejilla, para luego girarse y marcharse corriendo.
Por su parte, el moreno había abierto los ojos de golpe. No entendía a que venía ese beso, ya que no era un comportamiento muy común entre chicos. Pero lo que le preocupaba era lo que había sentido. Sentía un ligero hormigueo en la zona que habían rozado los labios del rubio, y, por el calor que sentía en su rostro, estaba seguro que se había sonrojado. Sentía que el corazón le latía más rápido y un revoltijo de emociones se mezclaban en su pecho.
Desde que el curso había empezado, le había llegado a coger cariño a las tres serpientes, pero Draco había sido especial. En seguida habían congeniado, y la forma de ser del rubio le encantaba, siempre lograba hacerle reír. Pero lo que más le extrañaba, era esa sensación de sobreprotección que sentía hacia él. No sabía por qué tenía tantas ganas de evitarle sufrimiento, de quererle ver despreocupado y feliz. Suspiró. Eso era un problema, porque era una debilidad. Además solo le haría daño. Él sabía que las personas eran egoístas y solo miraban para ellos, y que no dudaban em dañar a los demás. Por eso no quería abrirse con nadie, no quería sufrir más, pero Draco estaba consiguiendo romper esa barrera que había creado. Sería estúpido plantearse alejarse de él. Sabía que no podría, además Draco era su compañero de misiones. Volvió a suspirar mientras se levantaba. No quería pensar, lo único que quería era hundirse entre las sábanas de su mullida cama y no despertar hasta el día siguiente.
Lejos de allí, protegido por los muros de las mazmorras, Draco intentaba entender su comportamiento. No sabía porque lo había hecho. Simplemente lo idea le había parecido demasiado atractiva. Al principio había querido besarlo en los labios, pero al último momento se había acobardado y había cambiado se destino. Escondido tras los doseles de su cama, tenía que admitir que Harry le gustaba. Nunca antes le había pasado, no sentía ninguna atracción por los chicos ni nada. Lo de Harry era una atracción diferente, no era físico, sino por su forma de ser. No negaba que el chico era muy guapo y seguramente tenía uno de los mejores cuerpo de Hogwarts, pero no era eso.
Cuando estaban solos, los dos, Harry abandonaba un poco su máscara y se permitía ser él mismo. Se sentía especial por saber que él era el único con el que se abría, y le gustaba ese Harry gracioso. Pero además, le gustaba esa sensación de seguridad cuando estaba con él. Se sentía como si nada fuese a pasarle. Cierto que cuando había descubierto que era el espía, parte de esa ilusión se había ido, pero cuando le ayudó, en la casa, volvió con el doble de fuerza. Sabía que algo no andaba bien, lo intuía. Las reacciones de Harry cuando le preguntaba por los motivos de su alianza con el Lord lo delataban. Bien, él también ayudaría a Harry, le ayudaría a volver al lado correcto. Y así, sintiéndose alguien importante para Harry, cayó en un sueño plácido sin pesadillas, como nunca creyó que sería la noche después de su primera misión.
Qué les pareció?
