Pues aquí está el segundo que les prometí!
La historia se situa en el sexto libro, por lo que habrá algunos spoilers.
Disclaimer: todos los personajes y lugares le pertenecen a J.K. Rowling, yo solo los uso porque tengo demasiado tiempo libre.
Parejas: la principal sera Harry/Draco. Lucius/Narcissa; Blaise/Pansy; Severus/Remus; Ron/Hermione
Aclaraciones: - diálogo; -"pársel"; -[Hechizos] ; -#pensamientos#.
Capítulo 9
Harry se levantó a la misma hora que cada día pese a lo cansado que se encontraba. Había cogido la costumbre de pasear por los jardines antes del desayuno, eso le ayudaba a acabar de despejarse. Cuando llegó a las puertas de la entrada, se apoyó en el muro, esperando. Cada mañana acababa encontrándose con Draco y al final acabó volviéndose rutina que salieran juntos a los terrenos. No quedaban, ni tenían un compromiso con el otro, pero cada mañana Harry sabía que estaría allí.
Pero hoy tenía dudas. Después de lo de anoche, Draco a lo mejor no se atrevía a venir, aunque tendrían que verse igualmente. Sus dudas quedaron resueltas cuando el rubio apareció por el pasillo que venía de las mazmorras. Lo vio llegar hasta él, y le saludó como siempre, actuando como si nada hubiese sucedido.
- Buenos días – se enderezó y vio como un ligero sonrojo cubría las mejillas del Slytherin.
- Em.. hola- desvió la mirada y empezó a andar, seguro que Harry le seguía.
No hablaron durante su paseo matutino. No que eso fuese extraño, pues muchas veces se limitaban a gozar de la compañía del otro, sin necesidad de platicar. Normalmente, les rodeaba un ambiente tranquilo, que demostraba como se sentían ambos muchachos. Pero hoy no era así. Draco estaba tenso, porque no sabía comportarse después de la conclusión a la que llegó ayer. Vale, admitía que Harry le gustaba, pero ahora eso le ponía nerviosos, como nunca se había sentido. Harry notaba la tensión del rubio y no le gustaba estar así, pero él mismo necesitaba aclarar sus ideas para calmar los del otro. Cuando ya volvían al gran comedor, Harry rompió el tenso silencio que les había acompañado durante todo el paseo:
- Recuerda que a última hora debemos ir a la sala.
- Sí, lo sé. –respondió sin mirarle. Sabía que en cuanto mirara a Harry a la cara, la suya propia se volvería una bombilla ardiente.
- bien, tendremos que ir rápido, tengo reunión luego. –vio como Draco hacía un gesto con la cabeza, asintiendo. Bueno, él no estaba hecho para sutilezas, y una cosa era que el rubio se sintiera avergonzado y otra que ni siquiera lo mirase a la cara, no lo soportaba. Se paró antes de entrar al castillo, obligando al otro a hacerlo. - ¿Vas a evitarme por mucho tiempo más o tienes pensado volver a hablarme antes del final del días? – le replicó molesto.
- Eh? – inquirió Draco sin levantar la vista aún. Notó como Harry se iba sin despedirse, pero no encontró el valor para llamarlo.
Ese fue el primer día desde que Harry había vuelto a Hogwarts, que estuvo todas las horas con los Gryffindors. Para Ron y Hermione fue un gran paso y pensaron que al fin su amigo estaba volviendo a ser el de siempre. El ojiverde no fue especialmente amable, sino que mantuvo una fría cordialidad con todos. No entendía porque se sentía tan molesta. Le había sentado fatal que Draco le ignorase, como si no fuese nadie para él. Llevaba toda la mañana rompiéndose la cabeza entre hipótesis sobre por qué se sentía tan mal.
Cuando salió de transformaciones se despidió del grupo y se separó. Se apuró y llegó unos pasillos más arriba, donde los Ravenclaws salían de su clase. Buscó entre la gente a una persona en especial. Cuando le encontró sus ojos se cruzaron y Harry le dedicó una sonrisa lujuriosa que hizo al otro sonrojarse. El muchacho se disculpó con sus amigos y se dirigió hacia Harry. Era algo más bajito que el león, de quinto, y tenía carita de inocencia.
- Ho-hola Harry, ¿querías algo?
Harry se aseguró que no quedaba nadie en el pasillo, y entonces se inclinó hacia el chico hasta casi rozar sus labios.
- A ti.
Durante el verano, Harry se había despojado de toda inocencia. Salía por las noches camuflado con la poción multijugos a un pub que había en el pueblecito cercano a la mansión. Primero había empezado con besos y fajes con chicas, pero pronto eso había sido demasiado poco y había querido más. El sexo con chicas había sido revelador, mas no tan fascinante como había esperado. No se sentía tan satisfecho como había pensado. Descubrió el sexo con chicos de pura casualidad. Un día bebió más de la cuenta y, sin saber cómo, acabó empotrado contra una pared con un chico metiéndole la lengua hasta la garganta. Al principio su parte racional le había instado a marcharse, pero la curiosidad pudo más, ya que esos simples besos le estaban gustando más que lo que había hecho con cualquier mujer. Fueron a la casa del muggle, lugar donde Harry perdió toda la inocencia que le quedaba. La primera vez lo no disfrutó mucho, pero pronto le encontró el punto y pudo cambiar el rol de sumiso a dominante. Fue ese verano cuando Harry descubrió que era gay.
Cuando llegó a Hogwarts, debía ser cuidadoso, pues las relaciones homosexuales no eran muy bien vistas en el mundo mágico, y si se descubría que él gustaba de chicos, pronto la prensa se haría eco de eso. Así pues tuvo que localizar algunos chicos discretos que le pudiesen satisfacer. Se decidió por tres jóvenes, dos de Ravenclaw, uno de quinto y el otro de séptimo; y el otro de Slytherin, de quinto curso. No podía arriesgarse a juntarse con nadie de Gryffindor, pues era demasiado fácil que corriese el rumor, y era bien sabido que los Hufflepuff no eran los más indicados para guardar secretos. Todos los chicos sabían que no debían contar nada a nadie si no querían enfrentarse a él, y tenían muy presente que eso era sólo sexo y nunca iría a más.
Él y el chico más joven se dirigieron a un aula de esa planta que estaba vacía donde Harry pudo, por fin, descargar toda su frustración.
Draco iba hacia el cuadro del séptimo piso. Harry había desaparecido después de transformaciones y no le había vuelto a ver. Pansy y Blaise habían estado toda la mañana intentando sonsacarle qué les había pasado. Se había sentado mal tosa la mañana. Se había acostumbrado a la compañía de Harry, a tenerlo todo el día con él. Y hoy no le había vuelto a dirigir la palabra desde la mañana, y empezaba a dudar que se presentase y lo dejase plantado. Se lo merecería por idiota, por cobarde. Si hubiese tenido el valor para enfrentar a Harry y hacer como si nada hubiese pasado, ahora estaría andando hacia allí con el león.
Cuando llegó, vio que Harry estaba apoyado en la pared, sin la túnica ni la corbata, que colgaban de su mochila, y despeinado. Draco no quiso saber por qué presentaba esa apariencia. Reuniendo su valor, dio los pasos que le separaban del moreno y se paró frente a él. Quería decir algo. Debía hacerlo si no quería que Harry se fuese otra vez. Empezaba a desesperarse al darse cuenta que no sería capaz de abrir la boca. Era la primera vez que alguien le gustaba como Harry, y aún no había tenido tiempo de acostumbrarse a la situación.
De repente sintió algo en su mejilla. Un beso. Harry acaba de darle un beso en la mejilla. Sus ojos se abrieron y buscó rápidamente la mirada del otro chico. Éste sonreía socarrón.
- Ves, no es el fin del mundo. Ahora que estamos en paz, ya puedes volver a hablarme como siempre. – se volteó para tomar su mochila, y pasó tres veces frente al muro para abrir la sala. – Vamos.
Ambos chicos entraron en la sala. Era cómoda, con colores cálidos, una chimenea y frente a ella dos sillones y un sofá mullidos, una mesita, y al fondo una librería. Harry cabeceó con aceptación y fue hasta el sofá, dejó la mochila en el suelo y se dejó caer sobre el mueble. Draco le siguió.
- ¿Dónde estuviste las dos últimas horas? – Harry soltó una risita.
- La curiosidad te corroe, eh? Digamos que estaba con un "amigo", por así decirlo.
Draco lo miró sorprendido. La imagen que él tenía de Harry era la del típico chico que esperaría a casarse con su chica o a llevar mucho tiempo juntos antes de tener sexo. Aunque claro, Harry había cambiado. Pasada la sorpresa, vinieron los celos al saber que el chico que le gustaba se había acostado con una chica. Y luego, vino la tristeza al pensar que él nunca compartiría la cama con el Gryffindor, porqué estaba seguro que en eso el león no debía haber cambiado. Se esforzó para mantener sus emociones a ralla y no mostrar nada en su cara y escuchó lo que el moreno le decía.
- Bien, dame la varita que te di ayer. Vamos a empezar.
Tal como Harry le había advertido ayer, a Draco le costó bastante poder proyectar un recuerdo. Aunque una vez que hubo entendido el procedimiento le resultó más fácil. Supuso que, como casi todo en la magia, a base practicar le sería más fácil. Mientras Draco practicaba, Harry se encargó de la parte de la varita. Libro en mano, releyó la información y practicó en su varita ilegal hechizos más cotidianos. Cuando lo hubo dominado, lo llevó a cabo en la del rubio. Era cerca de la hora de la cena cuando habían terminado.
- Por cierto Draco, sería mejor que no les costases nada de esto a Pansy y Blaise. Supongo que ya sabrán que eres un mortífago, pero es mejor que no sepan nada de esto. Si el Lord llegase a sospechar en algún momento, investigaría a las personas de tu alrededor, y si ellos saben algo el Lord podría sonsacárselo y ponernos a los dos en peligro. Lo entiendes, ¿verdad?
- Claro, no hay problema. No tenía pensado decírselo, de todos modos. No quiero que se involucren mucho en esto. ¿Esta noche debes ir con el Lord? – le preguntó.
- Ajá, supongo que tendrá alguna misión para mandarme, aunque espero que no sea muy largo, estoy muerto.
- ¿Cuándo empezaste tú como mortífago?
- Me inicié la misma noche que tú.
- Ya, pero, ¿cuándo empezaste a cumplir misiones para él?
- Unos días después del inicio de clases. Era su manera de ponerme a prueba, ver si era capaz de burlar las barreras de la escuela para ir a cumplir las misiones que él me mandaba. Yo no necesito ir hasta la mansión para que me informe, así también evitamos que me cruze con otros mortífagos. Sólo voy cuando debo darle un informe.
Cayó un silencio entre ellos mientras acababan de recoger sus cosas.
- ¿Vamos a cenar? – le preguntó el rubio
- Tengo reunión con la Orden.
- ¿Ahora?
- Sí, aunque lo prefiero. Así tendré información para el Lord y con un poco de suerte me libre de currar.
- Bien, pues entonces yo me voy. Pansy y Blaise estarán preocupados, me marché sin decirles nada.
- Ok, pues nos vemos mañana.
Camino hacia el despacho del director, se encontró con los dos gryffindors.
- ¿Por qué creéis que nos habrá llamado? Ya tuvimos reunión ayer. – dijo el pelirrojo.
- Tal vez haya habido algún ataque, no Harry?
- No sé, ahora lo veremos.
- Por cierto, ayer te fuiste muy rápido. Lupin nos dijo que te pasarás por su habitación al terminar la reunión. – le dijo la castaña,
- No puedo, tengo cosas que hacer.- no dijo nada más hasta que llegaron. - ¿Sabéis la contraseña?
- Malteada crujiente.
Los tres chicos subieron hasta el despacho donde ya se encontraban Lupin, Sanpe, Tonks, Kingsley, McGonagall y Dumbledore.
- Buenas noches, muchachos. Sentaos, por favor. Ayer por la noche hubo otro ataque. Fue una casa particular, de un mago que se había exiliado al mundo mágico.
- ¿Qué relación tenía con Voldemort? – preguntó Harry. El Lord siempre le daba órdenes pero nunca le explicaba el motivo de sus misiones. Ahora podría sacarle información a Dumbledore.
- En la primera guerra, el señor Finn fue una fuente de subvención para el lado oscuro. Pero cuando Tom cayó, huyó al mundo muggle. Allí se enamoró de una chica y formaron una familia. Cuando Voldemort volvió, Finn se negó a ayudarle de nuevo. Como sabes, Tom no perdona la traición. – explicó el director. – Ha sido un trabajo rápido, sólo el hombre mostraba signos de tortura y, lo más sorprendente, los niños estaban bien.
- ¿Eso es bueno, no? – preguntó Hermione.
- Granger, el señor Tenebroso adora torturar a la gente, y más si son niños. Hay algo que no cuadra. – Mientras decía eso, miró a Harry, sutilmente.
- Creemos que es el trabajo de un principiante. –apuntó el licano. - ¿No tienes idea de quién ha podida ser, Severus?
El maestro miró a Harry disimuladamente, y este asintió con la cabeza, respondiendo la muda pregunta.
- Es el chico desconocido, sale solo del colegio y a mí no me informan de cuando entra y sale.
La sala quedó en silencio mientras todos pensaban en las palabras del maestro y barajaban sus hipótesis. Severus no podía entender en qué pensaba Potter al salvar a esos niños, y Harry rezaba por poder escapar antes que Snape le atrapase. No tenía ganas de darle explicaciones, además que seguro le preguntaría acerca de su cita con el rubio, y él no tenía tiempo. Hermione fue la que rompió el silencio:
- ¿Qué ha pasado con los niños?
- Están bien. El autor del ataque se tomó la molestia de borrarles la memoria. La orden se ha encargado de rehabilitarlos en el mundo muggle. Esto no es nuevo para nosotros. Desde hace un mes más o menos se han dado algunos casos como este. Por eso dudamos de la lealtad del famoso espía, y trataremos que Severus se acerqué a él para traerlo de vuelta al camino correcto. Bien, y vosotros, ¿hay algo que queráis contarnos?¿Habéis descubierto algo entre los alumnos?
- No – contestó el pelirrojo – al menos nada nuevo. Todos los Gryffindor están de nuestro lado, los Slytherin muestran abiertamente su apoyo hacia el lado oscuro, y los Ravenclaw y los Hufflepuff prefieren no meterse, aunque si tienen que escoger, se decantan por el nuestro, salvo algunas excepciones.
- ¿No habéis intentado buscar aliados en Slytherin?- les preguntó Remus. Ron y Hermione miraron a Harry.
- No hay mucho. Hay algunos que no apoyan a Voldemort pero no lo dicen abiertamente, por eso no hay problemas internos. Los de primero y segundo hacen lo que les dicen, no tienen ideas propias. Supongo que podríamos intentar acercarnos a ellos.
- # ¡Maldito Potter!# - pensó Snape.
- Bien, Remus encárgate tu de ellos. Sería demasiado arriesgado que Severus revelará su verdadera posición y que algún alumno se lo contase a sus padres. ¿Has hablado de algo con el señor Malfoy, Harry? – el cuerpo de los dos espías se tensó imperceptiblemente.
- ¡Pero si te pasa todo el día con él! Algo de información podría haberle sacado si hubieras querido. – le acusó el pelirrojo.
- ¿Insinúas algo, Weasley? – inquirió impasible el moreno.
- si no les sacas información es porque no quieres. Te pasas el día con esas serpientes para sacarles información pero nunca tienes nada. Empiezo a pensar que realmente solo estás con ellos porque disfrutas de su asquerosa compañía.
Las miradas de todos se centraron ahora en el moreno, esperando sus escusas.
- ¿Crees que son tan idiotas? – dijo ácidamente. Se había levantado para estar a la par con Ron. La ira refulgía en sus ojos. Le dolía la cicatriz porqué Voldemort le estaba llamando y eso hacía que su cuerpo reaccionase a la magia del mago oscuro. Debía salir de allí cuanto antes pero no podía por culpa del patético Weasley- Soy Harry Potter, el enemigo de su adorado Señor. No puedes pretender que en mes y medio de curso les haga creer que me he deshecho de todos mis ideales y ahora quiero seguir a ese megalómano que mató a mis padres, Weasley. No se lo creerían y se darían cuenta de lo que estoy haciendo idiota. Debo ir despacio para ganarme su confianza, y es lo que estoy haciendo. Cada vez son más abiertos conmigo. Es solo cuestión de tiempo. – y sin decir nada más, salió del despacho dándole una mirada a Snape para indicarle que le cubriese.
Cuando Harry salió, Remus hizo el gesto de seguirle, pero el pocionista se lo impidió.
- Déjalo, Lupin. Tenemos cosas que aclarar y el Gran Héroe debe aprender a soportar la presión.
El licántropo buscó la mirada del más anciano, y cuando éste asintió, volvió a sentarse pesadamente en el sillón. La reunión siguió sin más altercados.
Lejos de allí, Harry ya estaba dirigiéndose a Hogsmeade a través del camino de detrás del espejo. Lo había reparado y aplicado un hechizo ilusorio para que la gente lo siguiese viendo derruido. El camino de la bruja tuerta estaba descartado, al igual que el del sauce boxeador, pues demasiada gente lo conocía ya. Por eso había buscado esa alternativa, un camino que nadie usas ya ni pensase hacerlo. Durante el camino, Harry pensaba en lo que le había dicho Ron. Era cierto que disfrutaba más de su tiempo con los Slytherin, y era un cambio demasiado radical de un año para otro. Eso y el no poder recordar que era lo que lo había llevado a unirse a Voldemort le hacía creer que algo se le escapaba de las manos.
Una vez hubo llegado a Hogsmeade, con un movimiento de varita se vistió con su túnica negra y la máscara y activó el traslador que Voldemort le dio a principio de curso. Llegó hasta la puerta tras la cual sabía se encontraba el Lord, y llamó.
Cuando entró se dio cuenta que no estaba solo, había con él el círculo interno: Lucius, Bellatrix, Rodolphus, Rabastan y McNair. Le extrañó que no estuviese allí Snape, que no le hubiesen llamado, y eso le hizo preocuparse. Inclinó su cabeza a modo de respeto y ocupó su lugar en el círculo, a la derecha del Lord.
- Buenas noches, señores. Bien, ahora que estamos todos, podemos empezar.
El hecho que no hubiese castigo para el novato pese al retraso, más la posición que había adoptado en el círculo, junto al Lord, confirmó la importancia del chico para su señor.
- Hay un espía en mis filas. Alguien muy estúpido que ha conseguido engañarme, pero muy iluso si creyó que no me daría cuenta. Supongo que todos suponéis quien es el traidor, dada su ausencia en esta reunión. Pero, como todos sabéis, soy alguien bueno y benevolente. Por eso antes de llamarle para matarle, voy a confirmar mis sospechas. – se giró hacia Harry – dime, ¿es Severus Snape el traidor?
- No, mi Señor. – la estupefacción se reflejó en todos los rostros, ocultos tras las máscaras. – Snape finge ser un espía de la orden, pero nunca les da información verdadera, y normalmente se interpone en su camino. Él le es fiel a usted.
Lucius Malfoy estaba asombrado. O ese espía no era tan bueno como creía el Lord, o acababa de salvarle la vida a Severus. El Lord no dijo nada, parecía estar estudiando al chico. Finalmente habló:
- Bien, pues así pueden retirarse. – Todos se inclinaron y fueron desapareciéndose. Harry quedó el último. – esperó que no me hayas mentido.
- No es como si tuviera algún motivo para hacerlo. Snape no es santo de mi devoción.
- Lo sé, por eso confío en tu palabra. Pero entonces, ¿quién es el verdadero espía? – se preguntó el Lord sentándose cómodamente en el sillón. Miró fijamente al chico que se había quitado la máscara y la capucha y se había sentado frente a él, en el suelo. Parecía molesto por algo.
- No lo sé. Al principio pensé que era Snape, pero cuando me di cuenta que le ocultaba cosas a Dumbledore, deseché esa opinión. Pero no puedo preguntarle al viejete directamente, sospecharía al ver que sé que Snape le miente. Además, creo que el director cree que tú no le das más información al profesor y por eso no desconfía de él. Intentaré descubrir quién es el espía, pero no puedo asegurarte cuanto tardaré.
- Bien – bufó molesto el mayor – no puedo reprocharte nada, está siendo más efectivo que algunos de mis más antiguos seguidores.
- Podrías recompensarme con la semana libre, no está siendo la mejor. – dijo el chico, luciendo decaído.
- Tsk, está bien, lárgate.
Harry sonrió, se levantó y tras una inclinación de cabeza se fue. Realmente Snape le debía su vida, ahora. No sabía bien porque lo había hecho. Ese hombre no le caía especialmente bien. Pero sabía que Draco se pondría muy triste si le pasaba algo. Bufó, molesto consigo mismo. Allí estaba de nuevo el rubio metiéndose en sus pensamientos. Odiaba la forma en que. A lo largo del curso, el Slytherin se había colado poco a poco en su vida y la había desbaratado. No es que fuera un gran cambio, más que nada lo notaba en el hecho que, durante el verano, se había vuelto frío, distante, y egoísta, pero cuando el rubio salía a flote, su muro invisible flaqueaba, y en su mundo, donde solo él era importante, aparecía ese nuevo habitante.
Tan metido estaba en sus pensamientos, que activó el traslador automáticamente. No pensó que a la vuelta le llevaba directo a Hogwarts, al despacho de Snape desde la noche anterior. Ni que ya no llevaba la máscara y estaba totalmente descubierto. Craso error. No fue consciente de cómo la había cagado hasta que oyó el grito de incredulidad:
-¡¿Potter?
Saltó, volviendo a la realidad, y se congeló al ver frente a él a Snape y Draco y, además, a Lucius Malfoy atónito de pie junto a su hijo.
- Oh, genial… - masculló el moreno volviendo a su máscara de impasibilidad.
- Él... tú… es…?- Lucius era incapaz de unir un solo pensamiento. Sabía lo que esa túnica significaba, él mismo llevaba la suya puesta aún.
- Qué elocuente- dijo socarrón. Se giró hacia Snape, ignorando al rubio mayor- Está en deuda conmigo, acabo de salvarle de una muerta lenta y dolorosa – y soltó una risita divertida mientras lo miraba maliciosamente.
- ¿Y a qué debo el gran honor de que hayas hecho semejante acto por mi?- dijo el pocionista con sarcasmo.
Harry simplemente se encogió de hombros. No sabía qué decirle, no era como si fuese a admitir allí que lo había hecho para que Draco no estuviese triste. Entonces con una sonrisa cínica dijo:
- Siempre deseé tener al gran profesor Snape a mis pies.
- Así que tú eres el famoso espía.- Por fin Lucius había conseguido reponerse- ¿Quién lo iba a decir? El gran Harry Potter… - dijo mientras evaluaba la chico que tenía delante.
- Padre, el señor Tenebroso no puede saber que lo descubriste, nos hizo jurar a mí y a Severus que no diríamos nada- Harry chascó la lengua, ganándose de nuevo la atención de los otros tres.
- Obviamente él sabrá que vosotros no digistéis nada. Hicisteis un juramento inquebrantable, si se lo hubieseis dicho estaríais muertos. – Draco se sonrojó al ver la verdad en lo que dijo el moreno. – Aunque supongo que podría pensar que le distéis pistas para que él lo descubriese. – reconsideró para hacer sentir mejor al rubio.
- Aún así, lo mejor será que nadie se entere de esto. Y usted, Potter, retírese. Y la próxima vez que tenga que irse, al menos avíseme, que le recuerdo que estos son mis aposentos.
- Lo siento, señor- dijo sin mostrar nada de arrepentimiento. Hizo desaparecer su túnica con su varita y se fue hacia la puerta. – Me voy.
- Espera, voy contigo. Adiós padre, Severus.
Lucius miró con el ceño fruncido como ambos jóvenes desaparecían tras la puerta. Luego se giró hacia su mejor amigo con aire preocupado.
- ¿Y ahora qué vamos a hacer? ¿Cómo está Draco?- dijo, sentándose en el sillón.
- Bien. Aunque te cueste creerlo, Potter le está ayudando. Le evitó tener que matar a nadie en su primera misión e ideó un plan bastante bueno para cubrirle. Ambos han congeniado en seguida y se han hecho muy buenos amigos. Pero Draco está preocupado por el comportamiento de Potter.
- se está involucrando demasiado. Ese brillo en sus ojos… - Suspiró.- Me voy. Cissy estará preocupada. Adiós Severus, cuídame a Draco.
El profesor asintió y vio como el rubio desaparecía por la chimenea. Hoy no había sido su mejor día. No entendía el comportamiento de Potter. ¿salvar a los niños? No que le sorprendiese, suponía que algo del complejo de héroe aún debía seguir en el joven, pero se estaba arriesgando mucho. Como el Lord se enterase nada iba a salvarlo. Ese chico era raro. Con un suspiro se dirigió hacia su habitación para poder irse a dormir de una vez.
Pues bien, aquí está! ¿Qué les pareció? Espero sus reviews que son lo que me da fuerzas para seguir escribiendo! En el proximo capitulo Remus saldrá más, y hablará con Harry al fin! Nos vemos el sábado!
